ABUSO DE PODER

(Mullholland Fall, Estados Unidos, 1996)

MulhollandFall1

Dirección. Lee Tamahori/ Guión. Pete Dexter y Floyd Mutrux, inspirados en un argumento de ambos/ Fotografía en color. Haskell Wexler/ Música. David Grusin/ Edición. Sally Menke/ Diseño de Producción. Richard Sylbert/ Dirección de arte. Gregory Bolton/ Vestuario. Ellen Mirojnic/ Producción.
Lili Fini Zanuck, Richard D. Zanuck, Largo Entertainment, Metro Goldwyn Mayer, Polygran Filmed Entertainment/ Con. Nick Nolte (Max Hoover), Chazz Palminteri (Elleroy Coolidge), Michael Madsen (Eddie Hall), Chris Penn (Arthur Relyea), Melanie Griffith (Katherine Hoover), Jennifer Connelly (Allison Pond), John Malkovich (General Thomas Timms), Treat Williams (Coronel Nathan Fitzgerald), Daniel Baldwin (McCafferty), Andrew McCarthy (Jimmy Fields) / Duración.
107 mins.

SINOPSIS

En 1954, un escuadrón de cuatro detectives del Departamento de Policía de Los Ángeles, frustrados con las reglas y las debilidades del sistema legal que les impide combatir el crimen de manera más agresiva, hacen una extradición extrajudicial cuando arrojan a Jack Flynn, un poderoso gángster de Chicago, de un acantilado en Mulholland Drive, apodado «Mulholland Falls» por todos los criminales que han arrojado a la muerte. El líder del escuadrón, el teniente Maxwell Hoover, y sus compañeros: Ellery Coolidge, Eddie Hall y Arthur Relyea son contratados para investigar la muerte sospechosa de una joven cuyo cuerpo es encontrado en un sitio de construcción. Un examen revela que todos los huesos de su cuerpo están rotos y el forense comenta que parece que «saltó de un acantilado» a pesar de que no hay acantilados cerca. La mujer resulta ser alguien que Hoover conocía muy bien: una aspirante a actriz y prostituta ocasional llamada Allison Pond. Los detectives reciben una película de Allison teniendo sexo en la habitación de un motel, tomada por una cámara escondida detrás de un espejo de dos vías. Un amigo gay de Allison, Jimmy Fields, admite que él y Allison hicieron numerosas películas de este tipo, incluida una con Hoover.

        En un pie de Allison se encuentra vidrio radiactivo, lo que lleva a los detectives a un sitio de pruebas atómicas de Nevada, donde la seguridad de la base los captura. Su superior, el coronel Fitzgerald, amenaza con arrestar y procesar al escuadrón por invadir una instalación secreta del gobierno, pero el equipo puede escapar de su situación cuando el hombre de la película es identificado como el comandante civil de la base, el general retirado Thomas Timms, jefe de la Comisión de Energía Atómica que confirma su relación con Pond, pero tiene una coartada para el día de su muerte. Un agente del FBI visita la policía de Los Ángeles y pide al jefe que detenga la investigación; cuando se niega su solicitud, el hogar de Hoover es saqueado por agentes federales con una orden de registro y no logran recuperar la película, éste entonces, agrede brutalmente al agente del FBI, quien después le hace llegar a su esposa Kate, una película de su esposo y Allison teniendo sexo en el motel.

       El chantajista resulta ser Fitzgerald, quien exige, le lleven la película de Timms con Allison. Hoover se percata que las imágenes de la película de Timms y Allison incluyen imágenes de militares que Fitzgerald utilizó como conejillos de indias para las pruebas de la bomba atómica antes de ser trasladados a una sala de hospital militar. Hoover y Coolidge vuelan a la base y entregan en secreto la película a Timms, que tiene una enfermedad terminal de cáncer, para que pueda exponer las fechorías de Fitzgerald.

         En su viaje de regreso a Los Ángeles, Hoover y Coolidge abordan un avión de carga C-47, donde se les unen Fitzgerald y su ayudante. Durante el vuelo, Hoover deduce cómo fue asesinado Pond e intuye que Fitzgerald los matará de la misma manera, arrojándolos fuera del avión en pleno vuelo. En una lucha feroz, los detectives pelean por sus vidas. Antes de morir, Coolidge celebra el aterrizaje hasta darse cuenta que ha sido herido. Con la noticia de que su unidad ha sido disuelta para proteger la imagen de la policía de Los Ángeles, Hoover se queda sin nada…

“Un noir magistralmente atmosférico…” –Roger Ebert: Chicago Sun Times-

«Contundente thriller de cine negro de ambientación deslumbrante. Reparto inmejorable…” -Javier Angulo: Cinemanía, España

La ciudad de Los Ángeles, a mediados de los cincuenta. Estados Unidos acaba de salir de dos contiendas terribles: la segunda guerra mundial y la de Corea y Hollywood, Meca del cine, se nutre de un nihilismo desesperanzador reflejado en la pantalla a través del cine negro. Un país de perdedores sociales con seres traumatizados por la guerra y centenas de aspirantes a actrices que llegan por oleadas a California para encontrar salidas sórdidas y deprimentes.

    Abuso de poder segunda cinta del neozelandés Lee Tamahori, es un inquietante, sensual y violento ejercicio noir sobre aquellos años de aparente prosperidad social y política con sus rutilantes estrellas que miraban a los mortales desde sus pedestales. Una época de crimen, corrupción y ambigüedad judicial representada por una unidad policiaca de élite que existió realmente: la llamada «Brigada del sombrero»; elegantes y violentos policías cuyo objetivo era mantener la tranquilidad de Los Ángeles sin importar los medios utilizados.

    A partir de la investigación del asesinato de Allison Pond bellísima aspirante a actriz filmada de manera clandestina durante sus abundantes encuentros sexuales, Abuso de poder va develando una trama de corrupción en la que se halla implicada la policía, el ejército y un excéntrico científico experto en experimentos nucleares. Y al mismo tiempo, se centra en la impotencia de Max Hoover (un espléndido Nick Nolte) -líder de la Brigada y uno de los amantes de Pond-, ante los secretos de Estado que justifican los crímenes perpetuados con fondo de pruebas nucleares en el desierto californiano.

    Luego de su explosivo debut con Somos guerreros (1994), una cruda y descarnada radiografía de la tiranía masculina y el choque cultural en un suburbio neozelandés, Lee Tamahori, hijo de padre maorí y madre europea, llega al cine de Hollywood con un filme por encargo del que sale bien librado.  El desasosiego de una sociedad pos apocalíptica con sus deshuesaderos, paredes repletas de graffittis y cuerpos musculosos tatuados de manera espectacular es cambiado por la épica de una sociedad sin ley, descompuesta por los fantasmas de la ciencia, la mafia, el comunismo y el cine.

    Abuso de poder no sólo resulta una suerte de velada ficción sobre el caso criminal jamás resuelto de la Dalia Negra ocurrido en 1947, sino una reflexión-homenaje del cine negro y sus alegorías sobre la paranoia y la descomposición social con personajes marginados. En efecto, Jennifer Connelly -una de las mujeres más atractivas de Hollywood- resulta casi una calca de Elizabeth Short, la bellísima Dalia Negra, que soñaba con convertirse en actriz y que se prostituía como última salida, cuyo cuerpo fue encontrado partido en dos por la cintura y con evidentes señales de tortura.

     Al mismo tiempo, Tamahori ha recreado con enorme sensibilidad y vigor, una película de detectives con elementos de western y a la vez, un filme de grupo al estilo de La pandilla salvaje (Sam Peckinpah, 1969), o Los siete magníficos (John Sturges, 1960). No obstante, Abuso de poder se aproxima más a la brillante teleserie Historia del crimen creada por Abel Ferrara y ambientada a su vez en los cincuenta -uno de los episodios hacía referencia a los experimentos nucleares en California- y en parte a Los intocables (1987) de Brian De Palma. El retrato del antihéroe de ambigua moralidad perteneciente a un rudo equipo policiaco que enfrenta aquí la destrucción de su propio hogar.

     Aquí, más allá de las referencias noir que pueden encontrarse en Laura (Otto Preminger, 1944) -el detective obsesionado por la imagen de una mujer-, destaca el tema de la criminalidad legalizada por el propio estado (los soldados que agonizan de cáncer debido a experimentos atómicos, o la muerte de Allison Pond al percatarse de ello). Al margen de la sociedad civil y de los enfrentamientos entre el FBI y esa policía de élite, se encuentran los secretos gubernamentales y el intocable territorio militar con sus códigos legales.

    A partir de un ejercicio nostálgico que tiene tanto de Chinatown (Roman Polanski, 1974), como de varios clásicos noir de los cuarenta y cincuenta, Tamahori muestra de nuevo su endemoniada habilidad para las secuencias de violencia física. Golpizas brutales, muertes impactantes y personajes de dudosa moralidad en un relato donde las fronteras entre ley, criminalidad y abuso de poder parecen no existir. Se trata de una alegoría sobre una sociedad enferma, enajenada y poblada de chivos expiatorios: seres marginales fácilmente sacrificables como lo serían, un homosexual o una exuberante aspirante a estrella con un erotismo explosivo. Ese es el gran hallazgo de un filme romántico, melancólico, nihilista y desesperanzado con una de las bandas sonoras más bellas del nuevo Hollywood a cargo del enorme Dave Grusin.

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de abril 2022

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