REGRESIONES DE UN HOMBRE MUERTO (The Jacket, Gran Bretaña-Estados Unidos-Alemania, 2005)

Dirección. John Maybury/ Guión. Tom Bleecker, Marc Rocco, Massy Tadjedin/ Fotografía en color. Peter Deming/ Música: Brian Eno/ Edición: Emma E. Hickox / Diseño de Producción: Alan MacDonald/ Con: Adrien Brody (Jack Starks), Keira Knightley (Jackie Price), Kris Kristofferson (Dr. Thomas Becker), Jennifer Jason Leigh (Dra. Beth Lorenson), Kelly Lynch (madre de Jackie), Daniel Craig (Rudy Mackenzie) / Duración. 103 mins.

Sinopsis

Tras recuperarse de una herida de bala en la cabeza, el soldado veterano de la Guerra del Golfo Pérsico, Jack Starks regresa a su pueblo natal Vermont. En un camino solitario y cubierto por la nieve, se topa con una mujer alcoholizada y drogada que viaja con su pequeña hija en una camioneta que se ha descompuesto. Jack les ayuda pero la mujer lo rechaza. Más tarde, un hombre lo recoge en el trayecto y éste tiene un altercado con un policía de caminos en el que Jack resulta herido y además se colapsa su trauma amnésico. Se le acusa del asesinato del policía y por ello es enviado a un hospital psiquiátrico. Ahí, el director del lugar, el Dr. Becker, le somete a un tratamiento extraño y controvertido: se le inyectan drogas experimentales, le colocan una chaqueta de fuerza y le encierran durante horas en un depósito de cadáveres. Drogado y desorientado, la mente de Starks lo proyecta hacia el futuro, donde conoce a Jackie, una joven traumatizada por su pasado y descubre a su vez, que está destinado a morir en pocos días. En efecto, producto de las sádicas terapias de aislamiento del médico, Jack desarrollará la sorprendente habilidad de viajar en el tiempo. Pero ¿Son reales sus viajes, o son tan sólo parte del delirio de un hombre, cuyo cerebro ha sufrido un trauma irrecuperable? Starks y Jackie buscarán la forma de enfrentar y salvar su destino trágico.

En efecto, el Mal puede adquirir formas represivas. El entrenamiento militar, la disciplina bélica, las terapias conductivas y agresivas que acaban por destruir la mente de las personas. Sin embargo, la trama de Regresiones de un hombre muerto se aproxima más a los delirios que sufre el protagonista de Alucinaciones del pasado (Adrian Lyne, 1990) y al acoso clínico como microcosmos de una sociedad represora en Atrapado sin salida (Milos Forman, 1975), que a aquellos relatos sobre implantación de códigos enajenantes como ocurría en El embajador del miedo (John Frankenheimer, 1962) y su secuela dirigida en 2004 por Jonathan Demme, o aquel intrigante thriller protagonizado por Charles Bronson en 1977, Teléfono rojo dirigida por el gran artesano Don Siegel y escrita por el también eficaz realizador Peter Hyams.

Por si ello fuera poco, Regresiones de un hombre muerto, apuesta por una suerte de thriller fantástico en tono oscuro y sórdido que juega con las posibilidades de alterar el futuro como ocurre con varios relatos que van de La máquina del tiempo (George Pal, 1960) inspirada en la novela de H.G. Wells a la exitosa y muy entretenida trilogía de Volver el futuro (Robert Zemeckis, 1985-1990), pasando por Peggy Sue, su pasado la espera (Francis Ford Coppola, 1986). Pero sobre todo, conecta en particular, con otras historias de corte pesimista como: Alas de mariposa (1991) del vasco Juanma Bajo Ulloa, Desafío en el tiempo (Gregory Hoblit, 2000) y El efecto mariposa (2003) de Eric Bress y J. Mackye Gruber.

Más curioso aún, se trata de una coproducción europea-hollywoodense producida por los exitosos socios: el actor George Clooney y el realizador Steven Soderbergh, atentos siempre a propuestas novedosa en géneros que van del suspenso, al drama y el thriller,  dirigido por John Maybury, un cineasta británico que debutó en la industria -luego de una carrera en el cine experimental y el cortometraje-, con un relato inspirado en la vida íntima del iconoclasta artista irlandés y pintor gay, Francis Bacon (1909-1992). En efecto, con cierta influencia del cineasta Derek Jarman, Maybury emprendió dicha biografía artística desde un punto de vista intimista bajo el título de: El amor es el diablo (1998) centrada en una anécdota en la vida de Bacon, quien sorprende al ladrón George Dyer en el interior de su casa y a partir de ese momento, el joven se convierte en amante y modelo favorito del artista. Se trataba sobre todo, de un filme atmosférico más que una introducción a la personalidad de Bacon interpretado por Derek Jacoby y a su vez, una descripción de sus demonios interiores y su masoquismo intelectual y sexual compartido por Dyer, protagonizado por el entonces joven y desconocido actor inglés Daniel Craig, futuro James Bond cinematográfico del presente siglo.

Regresiones de un hombre muerto, segunda película industrial de John Maybury, responsable por cierto de la exitosa teleserie dramática e histórica: Roma (2005-2007), deja muy rápido la intriga bélica para sumergirse en una trama de corte existencialista-fantástica, protagonizada por el neoyorquino Adrien Brody, sin duda, uno de los más solventes actores del nuevo milenio y cuya carrera arrancó en los noventa. Brody obtuvo el Premio a la Mejor Actuación en Cannes por El pianista (2002) de Roman Polanski y a su vez, ha protagonizado otros tantos relatos intrigantes como: Hollywoodland, Manolete, El detective cantante, King Kong o GIallo del maestro del gore italiano Dario Argento.

Su rostro cadavérico, su espigada y delgada figura paradójicamente en un cuerpo fuerte, aportan la fragilidad emocional del personaje, que sin embargo es capaz de transmitir la fuerza de la insistencia para apostar por lo que considera trascendental y cuyo personaje logra traspasar las barreras de la realidad y el tiempo, en una historia que arranca en 1991 durante la llamada “Operación Tormenta del Desierto” en el Golfo Pérsico, donde el protagonista es dado por muerto en un inicio. De alguna manera, resucita y un par de años después, es enviado a su casa luego de un tiempo de crisis y cuadros de amnesia, para acabar acusado falsamente de un asesinato, torturado, saturado de drogas médico-experimentales y con una camisa de fuerza, en una clínica donde se practican métodos poco ortodoxos que le llevan a saltar en el tiempo hacia el año 2007, cada vez que es encerrado en una gaveta del depósito de cadáveres como parte de la terapia de rehabilitación practicada por el Dr. Becker.

Más interesante aún, como apunta el ensayista Sergio González Rodríguez: “Se puede entrever en el relato de The Jacket el caso de David Morehouse (cf. Psychic Warrior, St Martin Press, 1998), quien recibió una bala mientras era soldado en el Jordán y a partir de entonces, comenzó a tener visiones remotas, premoniciones y experiencias de desprendimiento de sí mismo, que lo llevaron a ser incorporado en un programa secreto del Gobierno de Estados Unidos aplicado a prácticas de espionaje psíquico, en el que intervinieron sus principales agencias de inteligencia. Desde el punto de vista científico, la existencia de un “sexto sentido” era parte del folclor universal hasta que a últimas fechas los neurólogos Joshua W. Brown y Todd S. Braver encontraron signos de actividad cerebral, como lo divulgó la revista Science el 18 de febrero de 2005, que podría referirse a una capacidad de prever acontecimientos futuros mediante la percepción de indicios sutiles en la zona llamada en inglés “anterior cingulate cortex”.

Como en Alucinaciones del pasado, el protagonista intentará sobrevivir en un mundo moral y emocionalmente devastado. Por ello, no es casual las referencias a la Guerra del Golfo en los años de George Bush: la nueva pérdida del sueño americano y la antesala de los horrores terroristas por venir. Al igual que aquella, los delirios y alucinaciones empezarán a asfixiar el universo del héroe ¿Qué es real, que es imaginario? Es decir, Jack Starks se trastocará literalmente en un muerto en vida, una suerte de zombie que deambula entre un espacio temporal y otro, entre recuerdos fragmentados en donde hacen falta pequeñas partes que armen su rompecabezas emocional. Y a su vez, el amor o la posibilidad de encontrar un amor que le otorgue paz, será el motor que mueva al protagonista a enfrentar su destino. Así. Irá superando su amnesia posbélica y al mismo tiempo, explorando los peligros que corre al enterarse en el futuro que murió varios años atrás.

A destacar sin duda el trabajo visual, así como las presencias de actores como: Kris Kristofferson, ese sádico médico que resulta un engranaje más del sistema y su gaveta experimental, la metáfora de toda la película: esa especie de cámara opresora del hombre común sometido a un tratamiento maligno. La Dra. Lorenson que encarna esa actriz de excepción que es Jennifer Jason Leigh, quien a su vez, encontrará ayuda en la experiencia atemporal de Starks, mientras busca solucionar el estado casi vegetativo del pequeño hijo de una amiga, quien sale de su mutismo gracias a una terapia moderada de electro choques. Asimismo, la aparición de Daniel Craig, un año antes de convertirse en el nuevo agente 007 en su papel de maniático que ayuda al héroe a encontrar respuestas muy en la línea de los “locos” de Atrapado sin salida. Y por supuesto, el encanto de esa hermosa e intrigante joven actriz que es Keira Knightley, capaz de aporta una sensibilidad muy especial a la jovencita amargada que busca sanar las heridas del pasado como proyección misma de una nación triste, sin esperanza y sin rumbo en una trama romántica que coquetea con los saltos en el tiempo de manera audaz.

En apariencia, Regresiones de un hombre muerto es un relato de entretenimiento más en la línea del mainstream de Hollywood, que trastoca la historia de la máquina del tiempo en una gaveta de la morgue y una camisa de fuerza, para rematar con un ilusorio happy end y una moraleja sobre la importancia de apreciar la vida, la fragilidad de ésta y la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, va más allá de eso. Se trata de una suerte de thriller metafísico sobre los errores del pasado y la saturación de la memoria. El olvido como una barrera contra la ignominia y la capacidad de enfrentar la realidad incluso por encima de la muerte.

RAFAEL AVIÑA

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EXPIACION, DESEO Y PECADO (Atonement, Gran Bretaña-Francia, 2007)

AtonementDirección. Joe Wright/ Guión. Christopher Hampton, inspirado en la novela Atonement/ Expiación de Ian McEwan / Fotografía en color. Seamus McGarvey / Música: Dario Marianelli / Edición: Paul Tothill / Diseño de Producción: Sarah Greenwood/ Con: Keira Knightley (Cecilia Tallis), James McAvoy (Robbie Turner), Saoirse Ronan (Briony Tallis, 13 años), Romola Garai (Briony Tallis,18 años), Vanessa Redgrave (Briony Tallis anciana), Juno Temple (Lola), Benedict Cumberbatch (Paul Marshall) / Duración. 123 mins.

Sinopsis

Gran Bretaña, 1935. Pese a la amenaza de un nuevo conflicto bélico mundial, los Tallis viven confortablemente y despreocupados del mundo en su enorme mansión victoriana en el campo. Toda la familia se reúne para el fin de semana, justo en el día más caluroso del verano, con el fin de esperar al hermano mayor, Leon, quien estudia en Londres y llega acompañado de un amigo, heredero de una importante imperio del chocolate. No obstante, el opresivo calor y las emociones reprimidas empiezan a crear una extraña sensación de inquietud y de confusión. A partir de una serie de malas interpretaciones sobre algunos sucesos, Briony, una adolescente de 13 años, escritora precoz, fantasiosa y con una  imaginación desbordada, provoca que Robbie Turner, joven inteligente que trabaja para los Tallis, hijo del ama de llaves y amante de su hermana Cecilia, vaya a prisión, al señalarlo como responsable de abuso sexual contra Lola, su prima menor de edad. La acusación destruye el amor y la pulsión sexual creciente entre Robbie y Cecilia y cambia dramáticamente el curso de sus vidas, incluyendo la de la propia Briony, más aún con el inminente anuncio de la segunda guerra mundial. Robbie se ve en la necesidad de elegir entre la cárcel y la guerra. Ya como soldado, empieza su calvario para salir de Francia y regresar a Gran Bretaña para reencontrarse con Cecilia, quien se ha convertido en enfermera, al igual que Briony, quien ha abandonado sus ambiciones intelectuales para purgar de alguna manera su culpa, aunque encuentra en la escritura una manera de resarcir los errores del pasado.

El Mal puede tomar varias formas: una de ellas, la mentira. Un falso testimonio que puede destruir sueños, ilusiones y sentimientos. En este caso, el Mal involuntario en este filme se materializa en las fantasías excesivas de una adolescente de profundos ojos azules, despechada por un turbio sentimiento de amor infantil que sólo existe en su cabeza y por ello, hace pagar la traición al objeto de su amor e idealización y de paso, a su hermana mayor. Briony no encuentra mejor oportunidad que imputar un delito no cometido a Robbie, debido tan sólo a lo que sus ojos creen ver y a lo que su imaginación compone. En raras ocasiones un filme puede igualar la complejidad dramática de una novela de tanta riqueza narrativa como lo es Expiación (2001/ Anagrama) del escritor inglés Ian McEwan (1948), autor llevado al cine en anteriores ocasiones como sucede en: Juego veneciano (Paul Schrader, 1990), El ángel malvado (Joseph Ruben, 1993) o El intruso (Roger MIchell, 2004).

Expiación, deseo y pecado, es el segundo filme realizado por el británico Joe Wright (Londres, 1972), luego de dirigir la miniserie para televisión, The Last King (2003) sobre las crónicas de Carlos II en el trono y Orgullo y prejuicio(2005), nueva adaptación fílmica de la novela de Jane Austen, protagonizada por la talentosa, bella y joven actriz británica Keira Knightley: aquí, heroína trágica de una película que obtuvo siete nominaciones al Óscar, obteniendo el de Mejor Música (bellísima y poderosa banda sonora a cargo de Dario Marianelli). Ganadora a su vez de 2 Globos de Oro: Mejor Película de Drama y Música, catorce nominaciones a los premios BAFTA a lo mejor del cine inglés, conquistando el de Mejor Película del año y Mejor Diseño de Producción y el Premio Forum de Cine y Literatura en el Festival de Venecia donde el director Joe Wright compitió a su vez por el León de Plata, entre otros.

La guerra, la expiación de culpas, el poder de la escritura y el destino implacable, son algunos de los temas de una obra fílmica de un fatalismo absorbente, de un impacto visual trágico y demoledor y con ecos de otros clásicos relatos de amor trágico del cine y la literatura –de Casablanca a Orgullo y prejuicio, de El puente de Waterloo a Lo que queda del día, pasando por El paciente inglés-, que recrean de una manera amargamente nostálgica, aquellas y otras grandes épicas furiosamente románticas. El filme de Wright contiene imágenes casi surrealistas de una terrible y delirante belleza, como aquellas impresionantes secuencias en la playa de Dunkerque (Francia), en la que soldados aliados matan el ocio en una feria, un cine, una taberna, o simplemente asesinando caballos para comer, en los primeros meses del segundo conflicto bélico.

Expiación, deseo y pecado, resulta una obra dramática imprescindible: un recorrido no tanto por los laberintos de la memoria, sino por los estrechos, enigmáticos y a su vez deslumbrantes paisajes de la ficción ¿Qué tan real es aquello que se cuenta? ¿Qué tanto hay de imaginación o de realidad en lo que vemos o creemos  ver? ¿Qué sentido tiene evocar un pasado que no existe? Se trata sin duda de una notable reflexión sobre las culpas que se pagan con la materia prima de la ficción y la literatura y que sólo tienen cabida en la representación de lo real. Aquí, la verdadera gran protagonista del filme, no es la bella y delicada Keira Knightley, joven de sociedad tendiente a la frivolidad, que decide dedicarse a la enfermería durante la guerra, ni su amante y enamorado encarnado por James McAvoy, un inteligente joven de clase baja acusado injustamente de abuso sexual contra una menor, sino la hermana adolescente de aquella, Briony Tallis (Saoirse Ronan, extraordinaria protagonista de Desde mi cielo -2009- de Peter Jackson), escritora en ciernes, cuya mente enfebrecida y frustrada, le lleva a provocar una tragedia desproporcionada en un mundo donde los finales felices sólo tienen eco en la ficción, echando a perder la vida de dos enamorados y de paso la suya propia.

A escenas magistrales como las que suceden en Dunkerque, o aquellas imágenes desoladoras de los escolares muertos, o los trágicos desenlaces de los protagonistas, se anteponen de manera notable un doble punto de vista de sucesos muy simples que resultan sin embargo trascendentales para los derroteros que tomará la trama: la reinterpretación de Briony sobre la secuencia de la fuente y la escena de la biblioteca. En ese sentido, tanto Wright como el laureado y experimentado argumentista británico Christopher Hampton, responsable de los guiones de Las relaciones peligrosas (1988) de Stephen Frears y de Carrington (1995, dirigida por él mismo), consigue hacer  partícipe al espectador de ese cruce inquietante de pasiones y discrepancias en la aburguesada mansión campestre de los Tallis: la frustración de Briony cuando los niños no quieren participar en el montaje de su primera obra, su recelo y obsesión por Robbie, a quien descubre en amoríos clandestinos con su hermana Cecilia, la falsa relación de concordia entre dueños y servidumbre que se viene abajo cuando Robbie es detenido de inmediato: el joven que antes ha sido apoyado y se le ve como “miembro de la familia”, cae en desgracia y es rechazado por simple posición social, por ello, resulta altamente sospechoso.

A diferencia de cintas como Infamia (1936) y La mentira infame (1961), ambas de William Wyler, inspiradas en una obra de Lillian Hellman, sobre el romance lésbico entre dos maestras y la indiscreción de una alumna chismosa que desata una tragedia por una acción irresponsable ante un acto de sexualidad irrefrenable, Expiación, deseo y pecado muestra a una niña que no peca de maldad a priori, sino que resulta incapaz de medir las consecuencias de sus actos. Ello, le llevará a arrastrar un sentimiento de culpa feroz que toma sentido en los últimos y espléndidos minutos finales del filme. Asimismo, la cinta de Wright, profundiza en ese ambiente de hipocresía moral burguesa que se puede resarcir con una boda por ejemplo (Paul Marshall, el amigo de Leon Tallis y violador de la pequeña Lola, se casa con ésta, varios años después, para evitar un desaguisado en el futuro).

La primera parte, sencilla, lánguida y agobiante en apariencia, resulta vital, ya que describe justamente ese ambiente de ociosidad en ese supuesto ambiente idílico bucólico previo al conflicto bélico, que precipita una tragedia irreparable. Se trata del anticipo de ese horror que vendrá en la segunda mitad: una guerra sangrienta donde no hay vencedores sólo vencidos, pérdidas de inocentes y vidas devastadas. Todo ello, en un relato donde se entrecruzan distintos puntos de vista narrativos y sucesos en el tiempo a través de un montaje sólido y hasta poético que arranca en 1935, continúa en 1940 en pleno frente de batalla en la costa francesa donde Robbie contrae septicemia, y en hospitales londinenses, donde las hermanas Tallis ejercen de enfermeras al tiempo que buscan encontrar una paz interior que no llegará jamás y finalmente, la expiación de la culpa redimida por una novela, la última debido a una enfermedad progresiva e irreversible, escrita por una anciana Briony (Vanesa Redgrave espléndida). En ella, la responsable de destruir la vida de su hermana decide, aunque sea a través de la ficción, redimir a la pareja y restituir a los amantes ese momento de felicidad que su inconsciencia les arrebató y que no pudo devolver en vida, en un filme cautivante y profundamente conmovedor.

RAFAEL AVIÑA