EL ÚLTIMO CAZADOR/ EL CAZADOR (The Hunter, Australia, 2011)

Dirección. Daniel Nettheim/ Guión. Alice Addison, Wain Fimeri y Daniel Nettheim, inspirados en la novela de Julia Leigh/ Fotografía en color. Robert Humphreys/ Música. Andrew Lancaster, Michel Lira, Matteo Zingales, Vivaldi, Dvorak, Bruce Springsteen/ Edición. Roland Gallois/ Dirección de Arte. Amanda Sallybanks/ Diseño de Producción. Steven Jones-Evans/ Vestuario. Emily Seresin/ Producción. Vincent Sheehan, Porchlight Films, Screen Australia, Screen Tasmania/ Con. Willem Dafoe (David Martin), Frances O’Connor (Lucy), Sam Neill (Jack), Morgana Davis (Sass, la niña), Fin Woodlock (Bicicleta, el niño), Callan Mulvey (el cazador rival), John Brumpton (el dueño del bar), Dan Willye (el jugador de billar), Sullivan Stapleton (Doug), Dan Spielman (Simon)/ Duración. 97 mins.

SINOPSIS

Una poderosa y secreta corporación de biotecnología envía a David Martin, un mercenario y hábil cazador en una misión secreta en Tasmania: localizar a un tilacino o tigre de Tasmania, una especie prácticamente extinta cuyo código genético guarda el secreto de un arma peligrosa. El cazador a sueldo llega a una remota zona de la isla de Tasmania. Su lugar de residencia será una aislada casa en la que habita Lucy, una profesora universitaria y sus dos hijos pequeños: la niña Sass y su hermano al que apodan Bicicleta, cuyo padre zoólogo desapareció en la selva. Su enlace es un cazador de la región: Jack. Su llegada genera tensión y violencia, ya que una buena parte de los hombres de la zona, trabajan principalmente en la tala de árboles. Éstos, no sólo se enfrentarán a Martin, sino a Lucy y a otros compañeros suyos, todos ecologistas que intentan detener la destrucción de los bosques.

 

 

El último cazador fue ganadora de los premios a: Mejor Fotografía y Música por parte de la Academia de Cine y Televisión de Australia y nominada a Mejor Película, Guion, Dirección, Actor, Actriz, Actor de Reparto y Producción. A su vez, ganadora a Mejor Actriz por parte del Círculo de la Crítica del cine australiano.

 

 

“Dafoe es una presencia poderosa, y en su mayor parte, se trata de una película intrigante y atmosférica, que mantiene la persistencia del misterio” – Steve Rose, The Guardian-

 

 

El Tigre de Tasmania, Tilacino o Lobo de Tasmania

 

“El último Tigre de Tasmania conocido murió en el Zoológico de Hobart en 1936. La especie fue perseguida hasta la extinción en particular por los agricultores indignados ante el número de ovejas muertas por esos animales carnívoros.

Sin embargo, en décadas posteriores se han reportado miles de avistamientos en Tasmania y de Australia continental. En 2005, la revista The Bulletin ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura de un Tigre de Tasmania vivo. –con información de BBC.com-

 

El Tigre de Tasmania estaba condenado a la extinción mucho antes de que los humanos comenzaran a cazar a este marsupial australiano, informaron un grupo de científicos, quienes indicaron que su ADN mostraba que sufría problemas de salud. Los científicos elaboraron un mapa del genoma del animal, también conocido como lobo marsupial o tilacino, utilizando los restos de un cachorro guardados durante un siglo en un frasco. La investigación mostró que la criatura comenzó a sufrir una declive en la diversidad genética hace más de setenta mil años, lo que lo hizo menos resiliente a los cambios del entorno, antes de la llegada del hombre a Australia, que ocurrió hace cerca de 65.000 años. –con información de Infobase.com-

“El lobo marsupial o tilacino (Thylacinus cynocephalus), también conocido como lobo de Tasmania, tigre de Tasmania o tilacín, fue un marsupial carnívoro, surgido en el Holoceno. Era nativo de Australia, Tasmania y Nueva Guinea y se cree que se extinguió en el siglo XX. Se trataba del último miembro viviente de su género, cuyos otros miembros vivieron en tiempos prehistóricos a partir de principios del Mioceno.

Son fáciles de distinguir de un perro auténtico por las rayas de la espalda, pero el esqueleto es más difícil de distinguir. Aun cuando ya llevaban mucho tiempo extintos en el continente australiano cuando llegaron los colonos europeos, los lobos marsupiales sobrevivieron hasta la década de 1930 en Tasmania. En tiempos de la primera colonia europea, la zona de población más densa de los lobos marsupiales era el norte de la isla. Desde los primeros días de colonización europea, los lobos marsupiales eran poco comunes, pero poco a poco se los empezó a culpar de numerosos ataques a ovejas; esto llevó a ofrecer recompensas en un intento de controlar su número.

Una compañía, la Van Diemen’s Land Company, ofreció recompensas por matar lobos marsupiales desde 1830 y entre 1888 y 1909, el gobierno de Tasmania pagó una libra esterlina por cabeza. En total se pagaron 2184 recompensas, pero se cree que se mataron muchos más lobos marsupiales de los que se reclamaron. Su extinción suele atribuirse a estos esfuerzos constantes de los granjeros y cazadores de recompensas.  Aun así, es probable que múltiples factores contribuyeran a su declive y su extinción definitiva, incluyendo la competencia con perros salvajes (introducidos por los colonos),  la erosión de su hábitat, la extinción de especies que eran sus presas, y una enfermedad parecida al moquillo que afectaba a muchos ejemplares en cautiverio en aquellos tiempos.

Fuera por el motivo que fuese, el animal ya era extremamente raro en estado salvaje a finales de los años veinte. Hubo varios intentos de salvar la especie de la extinción. En 1928, el comité de consejo de la fauna nativa de Tasmania recomendó proteger a todos los lobos marsupiales que quedaban, en zonas como los ríos Arthur y Pieman, al oeste de Tasmania. El último lobo marsupial salvaje conocido fue abatido en 1930 por un granjero.

El último lobo marsupial en cautiverio, conocido más adelante como “Benjamin” (aun cuando nunca se confirmara su sexo), se capturó en 1933 y fue enviado al zoológico de Hobart, donde vivió tres años. Este ejemplar murió en 1936. Se cree que murió por negligencia; aislado en el exterior de su refugio, quedó expuesto durante un raro evento meteorológico en Tasmania de calor sofocante durante el día y temperaturas glaciales por la noche. Este lobo marsupial aparece en la última película conocida de un ejemplar vivo; 62 segundos de filmación en blanco y negro lo muestran moviéndose de arriba a abajo en su recinto fueron rodados en 1933 por el naturalista David Fleay.

Los resultados de búsquedas posteriores indican que la especie pudo haber sobrevivido en Tasmania hasta los años sesenta. Eric Guiler y David Fleay buscaron ejemplares vivos en el noroeste de Tasmania y encontraron huellas y excrementos que podrían haber sido del animal, escucharon voces animales que correspondían a la descripción de la de los lobos marsupiales y reunieron relatos anecdóticos de gente que afirmaba haberlos visto. No obstante, ninguna de estas pruebas arrojó datos concluyentes sobre su existencia en estado salvaje. –Wikipedia-

 

El último cazador resulta un intrigante y bello filme australiano que propone un relato metafísico y al mismo tiempo hace coincidir el cine de aventuras al estilo de Las minas del Rey Salomón (Compton Bennett y Andrew Marton, 1950), La reina africana (John Huston, 1951) o Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990), con drama interior en el exótico escenario de la isla de Tasmania. No sólo eso, sino que además la historia, muestra la transformación del protagonista, un cazador solitario y muy profesional, aislado del mundo (su comentario sobre las cosas que hay que ver en París, por ejemplo, lo pintan de cuerpo entero) obsesionado con localizar al supuesto último ejemplar de Tigre de Tasmania que queda vivo, cuando entra en contacto con esa mujer devastada y deprimida por la desaparición de su marido activista ecológico y sobre todo con los pequeños y sensibles hijos de ese matrimonio. Así, Martin, de a poco establece un vínculo emocional con la familia, al tiempo que pasa algunos días en los bosques de Tasmania colocando trampas, cámaras de video y rastreando a su presa.

 

La segunda película del director Daniel Nettheim, dedicado de lleno a la realización de series televisivas en su natal Australia (Vidas secretas, La princesa elefante, Rush, La tierra de las mareas y algunos episodios de Dr. Who), no sólo muestra a un sólido protagonista como lo es el siempre eficaz Willem Dafoe (Vivir y morir en Los Ángeles, La última tentación de Cristo, La sombra del vampiro, Spiderman, Passolini, Van Gogh a las puertas de la eternidad), cuya presencia es esencial para mantener el suspenso y el interés en la trama. Sino que El último cazador va ganando en emoción con un tercio final muy revelador y reflexivo y un final inquietante y al mismo tiempo conmovedor. En el que entendemos que tanto el cazador como su presa son en suma muy parecidos y a su vez una suerte de especie similar en total peligro de extinción, donde ambos se reconocen y saben su destino está sellado, ello en un final excepcional.

 

La cinta avanza con muchas acciones y pocos diálogos y algunos saltos extraños que involucran al muy ambiguo personaje de Sam Neill. Y también con algunas escenas muy bellas como el momento en que Martin consigue echar a andar el generador de la planta de luz y la voz de Bruce Springsteen suena en los altavoces que el padre de los niños ha colocado en el jardín exterior de la casa. Y sobre todo el momento en que el protagonista y el Tigre de Tasmania se observan por vez primera y él lo sigue con su arma en el bosque nevado. Todo ello, para enfrentar al espectador con la naturaleza y con el horror que también puede estar no sólo en la cacería, sino en la ciencia misma que busca evolucionar a través de una situación brutal como sería liquidar familias enteras o especies en extinción por el bien de la “ciencia”. A su vez, la fotografía enmarca el espectacular paisaje de Tasmania en un relato místico metafísico sobre el encuentro de un hombre consigo mismo y con la belleza que le rodea cuando descubre esa otra inasible belleza de ese ser prisionero de sí mismo y de su especie moribunda, al tiempo que Martin logra dar sentido a su existencia en el último minuto de la película.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

29 octubre 2019

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