Luna Papa, Austria-Alemania-Rusia-Suiza-Francia-Japón-Uzbekistán-Tajikistán, 1999

Luna Papa

Luna Papa

Dirección. Bakhtiyar Khudojnazarov/ Guión. Bakhtiyar Khudojnazarov e Irakli Kvirikadze/ Fotografía en color. Daniar Abdurakhmanov, Martin Gschlacht, Dusan Joksimovic, Rostislav Pirumov, Rali Raltschev/ Música. Daler Nazarov/ Edición. Evi Romen y Kirk von Heflin/ Dirección de arte. Negmat Jouraiev y Viktor Ushakov/Vestuario. Zebo Nasirova/ Con. Chulpan Khamatova (Mamlakat), Moritz Bleibtreu (Nasreddin), Ato Mukhamedshanov (Safar), Polina Rajkina (Khabidula –la voz del niño-), Merab Ninidze (Alik), Nikolay Fomenko (Yassir), Lola Mirzorakhimova (Zube), Dinmukhamet Akhimov (ginecólogo)/ Duración. 100 mins.

SINOPSIS

Enuna aldea próxima a Samarcanda vive la familia de los Bekmouradova, compuesta por la ingenua y explosiva Mamlakat, una muchacha de 17 años, Safar, su padre viudo y su hermano Nasreddin, que sufre un problema de memoria como consecuencia de la guerra de Afganistán: sólo recuerda 33 palabras y parece tener un retraso mental ya que se cree avión o automóvil. Ese desolado rincón de Asia Central entre Uzbekistán y Tajikistán está plagado de soldados enloquecidos, delincuentes de poca monta y actores de teatro que recorren los pueblos en una avioneta. Como la policía no tiene mucho control, la ley y el orden están representados por un grupo de ex-soldados que recorren la región a bordo de un tanque. Mamlakat sueña con ser actriz y pasa mucho tiempo merodeando por los teatros y escuchando a los actores. Cuando se anuncia una función de Otelo que se celebrará por la noche, Mamlakat se retrasa debido a que su padre, que vende conejos, tiene un percance con los militares y además, se ve en la necesidad de cambiar una rueda de su camioneta. Unos comerciantes en lancha, serán los que trasladen a Mamlakat hasta el teatro, sin embargo llega tarde y la función ha terminado. Esa noche, en la que brilla en los cielos una misteriosa luna llena, es seducida por un hombre que dice ser actor profesional y que desaparece inmediatamente después. Mamlakat no tarda en descubrir que ha quedado embarazada. Intenta abortar acudiendo al ginecólogo, pero éste muere de una manera absurda mientras intenta comprar un refresco. Cuando la joven confiesa su situación en casa, la familia clama venganza para limpiar tal deshonra. A partir de entonces el padre y el hermano, inician la búsqueda del enigmático forastero que ha embarazado a la hija, recorriendo teatro por teatro. En ese trayecto, se topan con un joven médico que trafica con sangre, con una bruja, una vaca que cae del cielo y el rechazo del pueblo entero. Sin embargo, en el cada vez más abultado vientre de Mamlakat, Khabibula el niño por nacer, compartirá con su futura madre, su abuelo y su tío las tribulaciones de tan peculiar viaje. Un insólito itinerario tragicómico, triste y esperpéntico al mismo tiempo.

 

Luna Papa fue nominada al Oscar como mejor Película Extranjera en el año 2000. Obtuvo el Premio Fipresci y una Mención Especial para su Director: Bakhtiyar Khudojnazarov, en el Festival de Cine de Bruselas, Bélgica. Asimismo, ganó el Premio del Público en el Festival de Cine de los Tres Continentes de Nantes en Francia y el Premio a la Mejor Contribución Artística en el Festival de Tokio, Japón.

 

 

Pocas veces una película tiene tantos elementos de interés desde su producción multinacional, como su impresionante trabajo fotográfico, de dirección de arte y musical. A lo que se suma su exótica ubicación geográfica en un pueblo perdido en la provincia de Tajikistán donde el equipo de producción levantó una aldea completa, incluyendo los canales, las calles y la playa y en la que además, el rodaje se veía constantemente interrumpido  debido a las extremas condiciones climatológicas de ese lugar de Asia Central, obligándolos a emplazar por varios meses la filmación. Luna Papa es una de esas rarezas donde todo resulta importante y trascendental: desde la ambientación del lugar, al diseño de personajes, incluyendo al nonato Khabidula. A ello se suma, la impresionante coordinación de extras, de animales y de vehículos que coinciden al mismo tiempo en varias escenas: caballos que cruzan el encuadre, una avioneta en pleno despegue que pasa rozando a motocicletas y otros vehículos. Y al mismo tiempo el vestuario cotidiano y el de los actores de las obras de teatro y las bailarinas. Y sobre todo: los números musicales y la propia instrumentación, inspirada en la música tradicional persa de esa región llamada maqam, así como los instrumentos populares del lugar.

 

En Luna Papa no hay personaje secundario fuera de lugar. Todos tienen su razón de ser: el ginecólogo que fallece en una escena aparentemente sin sentido al encontrarse en medio de una balacera entre dos facciones, o la vendedora de refrescos que viendo a su cliente en los últimos estertores de vida, aún le pregunta por el sabor de su bebida. Lo mismo sucede con ese exitoso actor de teatro que parece obsesionado con el sexo, la amante madura a la que visita unos minutos para hacerle el amor en ausencia del marido, el líder de los mercenarios que viajan en un tanque, o el propio piloto de la avioneta que conduce el hábil Mikhail Avdeyev, o los violentos jugadores de cartas que arrojan desde un tren en marcha al médico de una apócrifa Cruz Roja que es salvado de morir por la atractiva y atrabancada Mamlakat, quien a su vez es rescatada del suicidio por el mismo Doctor, quien decide casarse con ella y convertirse en el padre del hijo que espera: un niño concebido de una manera casi fantástica a lo largo de una pendiente de tierra y hierba donde el actor forastero le hace el amor y la embaraza esa misma noche de luna llena.

 

La película abre con una pequeña dedicatoria: “A nuestras madres”. La cámara avanza desde los cielos siguiendo las llanuras, las aldeas y el Mar Caspio de esa zona de Tajikistán o Tayikistán de donde es oriundo el realizador tayiko Bakhtyar Khudojnazarov y que aquí aparece como el ficticio pueblo de Far-Khor, una suerte de aldea en construcción permanente. Esa cámara, de hecho, se convierte en uno de los personajes centrales: Khabidula, el niño por nacer que parece llegar del cielo para presentarnos a la incauta, idealista y entusiasta jovencita Mamlakat que se convertirá en su madre. Si El ocaso de una vida/Sunset Boulevard(Billy Wilder, 1950) está narrada por un muerto y tanto las historias de Atrapado por su pasado/ Carlito’s Way (Brian De Palma, 1993) como Drugstore Cowboys (Gus Van Sant, 1989) son relatadas por hombres a punto de fallecer, en Luna Papa, el cineasta soviético propone contar la trama de su historia por la voz de un narrador omnipresente que aún no nace pero que se comunica con el espectador desde el vientre de su madre, incluso antes de ser concebido. Lo curioso, es que además de ese nonato, de su madre, la estupenda actriz Chulpan Khamatova, posteriormente, la enfermera y novia del protagonista Daniel Brühl en Adiós Lenin (Wolfgang Becker, 2003) y protagonista de la delirante fábula Tuvalu (Veit Helmer, 1999). Del estupendo Ato Mukhamedshanov en su última cinta como el explosivo, violento y al mismo tiempo, tierno padre (véase la escena del vestido que le compra a su hija, o el momento en que abraza a sus dos vástagos) y del espléndido actor alemán Moritz Bleibtreu, co protagonista de Corre, Lola corre (Tom Tykwer, 1998) y estrella de la fascinante cinta El experimento (Oliver Hirschbiegel, 2001), el hermano con aparente retraso, obsesionado con volar y que recorre las polvorientas calles sin pavimentar de la aldea arrojando bombas como si fuera un avión bombardero o cruzando las calles como si de un automóvil humano se tratase, sin duda, el otro gran protagonista de Luna Papa es la impresionante y rítmica banda sonora que parece llenar todos los espacios y al mismo tiempo ser omnipresente, compuesta por el talentoso músico pop-folk, cantante y actor, originario también de Tajikistán, Daler Nazarov, quien se vale prácticamente de la guitarra y la cítara para crear brillantes y cadenciosas armonías que consiguen hacer aún más agradable este extraño y fascinante relato tan mágico y exotista como realista.

 

Se trata sin duda de la mejor película de Bakhtiyar Khudojnazarov (1965) nacido en Dushanbe, Tajikistán, quien se inició desde muy joven como reportero televisivo y de la radio en Moscú. A la edad de 20 años, asistió en la dirección a Konstantin Arazaliev en una serie de televisión sobre Asia Central, para ingresar a mediados de los años ochenta a la Escuela de Cine de Alk en Moscú. Luego de algunos cortos, debutó en 1991 con: Bratan, premiada en Turín y Ojo por ojo/ Kosh ba kosh, donde se llevó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia en 1993. Luego de Luna Papa en 1999, dirigió en 2003, otra estupenda cinta: El traje, centrada en tres jóvenes de 18 años, habitantes de una aldea rusa junto al Mar Negro, quienes buscan huir de las pobres perspectivas y la realidad cotidiana y ese escape llega cuando descubren en una gran ciudad costera, el aparador de una tienda donde exhiben un elegante traje. A ésta le seguiría Tanker “Tango” (2006) y Esperando por el mar (2012), sobre un marinero que vaga por el desierto con una barcaza con la que ha naufragado.

Su filme Luna Papa, recuerda los recorridos mágico-poético-folclórico-realistas del yugoslavo Emir Kusturica (Tiempo de gitanos, Underground, Gato negro, gato blanco) y su herencia gitana. Soldados que pelean en una guerra absurda, una compañía shakespereana que recorre la región en avión, enfermeros que trafican con sangre y más, en medio del viaje de una adolescente embarazada, ambientada en Tajikistán, una de las muchas naciones independientes de la ex República Soviética. Ello, en un tono de farsa permanente en ocasiones violenta, con algunos momentos tragicómicos, como reflejo del caos y desorden interno de Rusia años después de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. El deterioro social como metáfora de un relato con toques surrealistas y de realismo mágico que la conecta con aquella espléndida cinta armenia-rusa-francesa de Hiner Saleem: Vodka Limón (2003), ambientada en una aldea kurda del Cáucaso. Aquí como en Luna Papa, se aplica una máxima del realizador kurdo Hiner Saleem: “Nuestro pasado es triste, nuestro presente es catastrófico, pero afortunadamente no tenemos porvenir”.

Se trata de un enigmático, enternecedor, divertido e inesperado relato de humor extraño y surrealista (el toro que cae del cielo y mata a dos de los personajes principales), que ofrece además unos increíbles paisajes de Tajikistán y un viaje por su cultura islámica, que incluye el rechazo de la sociedad conservadora del pueblo hacia la protagonista, instalado más en la ley musulmana que en la fallida modernidad ex-comunista. Una nación sin rumbo con ausencia total de autoridad, donde reina el dinero cada vez más escaso y las tradiciones se niegan a fallecer, y en la que predomina el humor, la violencia o el ingenio para estafar (por ejemplo: la falsa ambulancia que paga cinco dólares por transfusión de sangre pero que “se pagan por correo”). Y es que no hay duda, que a partir de la caída de las Repúblicas ex-Soviéticas las naciones que las componían se sumergieron en todo tipo de situaciones delirantes al derrumbarse sus sistemas ideológicos avanzando hacia el caos y el capitalismo salvaje. Luna Papa es un fascinante y vigoroso relato sobre el amor de los padres por los hijos, acerca de la libertad y los sueños, que se mueve entre la triste realidad y la fantasía más bella y escapista como lo muestra ese arrebatado y hermoso final con ese techo impulsado por ventiladores donde la inocencia de la joven Mamlakat y de su hijo por nacer, triunfan sobre la locura, la violencia y el Mal.

RAFAEL AVIÑA

Noviembre 2012

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En el corazón de la mentira. (Au coeur du mensonge, Francia, 1999)

Dirección. Claude Chabrol/ Guión. Claude Chabrol y Odile Barski/ Fotografía en color. Eduardo Serra/ Música: Matthieu Chabrol/ Edición: Monique Fardoulis/ Con: Sandrine Bonnaire (Viviane Sterne), Jacques Gamblin (René Sterne), Antoine de Caunes (Germain-Roland Desmont), Valeria Bruni Tedeschi (Frédérique Lesage), Bernard Verley (Inspector Loudin), Bulle Ogier (Évelyne Bordier)/ Duración. 113 mins.

Sinopsis.

El cuerpo de Eloise Michel, una niña de 10 años, es localizado con signos de estrangulamiento y violación en el claro de un bosque en el pueblo de Saint-Malo en Bretaña. La jefa de policía de la región, la parisina Frédérique Lesage inicia su interrogatorio con René Sterne, pintor sin éxito, obligado a sobrevivir ofreciendo clases de dibujo y última persona que vio con vida a la pequeña. Aunque René y en especial su mujer, Viviane, que trabaja como enfermera a domicilio, son respetados en el pueblo, no son originarios de la región y las sospechas se ciernen sobre ellos, debido a que él se siente cada vez más atormentado por los crecientes rumores sobre lo ocurrido. A su vez, Viviane inicia una breve relación con Germain-Roland Desmot, un exitoso periodista y escritor local que se vende al mejor postor al tiempo que defiende a su marido frente a las investigaciones de Lesage, que escucha con atención a todos los vecinos del pueblo. Más tarde, un segundo y violento asesinato termina por crear un halo de paranoia en el lugar.

A fines de los años cincuenta surgiría en Francia uno de los movimientos cinematográficos más revolucionadores en la historia fílmica mundial denominado simplemente nouvelle vague o nueva ola francesa. En 1960, la proyección en el Festival de Cannes de Sin aliento de Jean Luc Godard y Los 400 golpes de Francois Truffaut -ambas de 1959- colocan al movimiento en la cresta internacional. Elipsis brutales, una cámara siempre móvil, locaciones auténticas, iluminación natural, escenarios parisinos en su mayoría, relatos personales, poéticos, intimistas e intelectuales, historias de amor al límite y una serie de obras como: Los primos de Claude Chabrol, Ascensor para el cadalso de Louis Malle, El año pasado en Marienbad e Hiroshima mi amor de Alain Resnais, a los que se sumaban importantes filmes de otros realizadores como: Agnes Varda, Éric Rohmer, Jacques Rivette, Chris Marker y Jean Pierre Melville como precursor del movimiento, entre otros, otorgan a ese nuevo estilo visual y esa particular manera de narrar, editar y exponer la sicología de los personajes, el ambiente idóneo para que esa propuesta atípica y novedosa, superior incluso al expresionismo alemán o al neorrealismo italiano, se instalara como marca de fábrica de un nuevo cine que hoy casi 60 años después, aún perdura.

Correspondiente a su tercera etapa cinematográfica una de las más extensas y exitosas: las obras realizadas bajo el apoyo de productor Marin Karmitz y a la que pertenecen títulos notables como: Un asunto de mujeres, La ceremonia, Madame Bovary, El Infierno y La flor del mal, entre otras, protagonizadas en buena medida por atractivos personajes femeninos, En el corazón de la mentira es un relato en el que confluyen prácticamente todos los aspectos de la obra de Claude Chabrol, uno de los pilares de la nueva ola francesa desde su promisorio debut con El bello Sergio (1958). Con 80 años de edad y en plena actividad y lucidez, Chabrol abandona aquí sus coqueteos hitchcokianos, sus comedias negras y sus buenos intentos de serie noir con ambiciones comerciales y regresa con un filme suma de sus temas y obsesiones: la claustrofobia, las verdades a medias y en particular esa plácida y enfermiza vida burguesa de provincia como un Mal que va corrompiendo a un pequeño pueblo.

Chabrol el ex crítico de la afamada revista Cahiers du Cinema y gran admirador de Henri-Georges Clouzot uno de los grandes maestros del cine de suspenso francés, a quien homenajeó con El infierno, filme que debió realizar Clouzot sobre el tema de los celos patológicos, consigue darle la vuelta a su etapa anterior plagada de tramas policiales en la que el autor de Landrú, El carnicero, o Las ciervas, abandona sus relatos urbanos para situar sus acciones en una zona rural como microcosmos de la nación entera. De esa manera, sus historias de novela negra del tipo Pollo en vinagre, Inspector Lavardin o Gracias por el chocolate, ocurren en provincias asfixiantes y en donde la ley es un simple ejercicio de moral. Así, En el corazón de la mentira, los juegos de pistas y búsquedas del asesino al igual que las indagaciones policiacas típicas del género hollywoodense pasan a un plano menor, ya que a Chabrol, le interesa ahondar más en la sicología de los personajes y en sus contradicciones, que centrar el discurso narrativo del filme en resolver la escalofriante intriga.

En ese sentido, la trama de En el corazón de la mentira pareciera retomar las enseñanzas de aquel viejo capítulo televisivo de La dimensión desconocida, Los monstruos están llegando a la calle Maple (1960) escrita y narrada por Rod Serling. La trama era más o menos la siguiente: en un tranquilo suburbio un extraño sonido y una falla de energía eléctrica alertaba al vecindario. La incertidumbre y el temor, provocaba que todos empezaran a sospechar y a tener miedo del otro hasta que unos a otros acaban despedazándose entre sí ante la mirada burlona de unos extraterrestres que conocían la principal debilidad humana: la paranoia y la desconfianza.

“El mundo está enfermo” comenta el forense a la huidiza y reservada comisaria Losange, un personaje gris en apariencia que poco a poco va colocando las partes de un rompecabezas emocional sostenido justamente por la paranoia y la desconfianza. Además del brutal y perverso primer asesinato, al que se suma uno más, así como el robo de piezas de arte sacras, Lesage se percata que en esa pequeña localidad abundan los celos, los resentimientos, los chismes y la frustración. Todo mundo ve la paja en el ojo ajeno menos en el propio. Así, Chabrol se aleja de los típicos telefilmes de suspenso y se concentra en una trama inquietante con personajes cargados de debilidades y temores.

Por un lado René, el pintor temeroso y hosco que arrastra una cojera permanente, producto de un accidente en un atentado y que empieza a percatarse de las pequeñas mentiras y ausencias de Viviane, su mujer de sonrisa melancólica, que intenta sobrellevar la frustración del marido y a pesar de que es evidente que ambos se aman y aún se gustan, termina enredada en los ingeniosos juegos de palabras (“Soy explosivo, combustible, sumergible”) y el falso encanto de Germain-Roland, ese cínico y arrogante entrevistador televisivo que poco a poco la va seduciendo: la secuencia de la cena entre los tres es muy ilustrativa, por ejemplo,

A ellos, se suman otros personajes menores aunque no menos atractivos: Regis Marchal, amigo de René y traficante que mantiene los costosos gustos de su novia, la propia Lesage y su particular trato, el comisario Loudin que sospecha de la gran figura local que es Desmot, la chismosa Sra. Bordier y su marido, o Víctor el jovencito con aspiraciones detectivescas que descubre el cuerpo de Eloise. A través de ellos, el cineasta reflexiona sobre las enfermedades del alma: es un poco como sacudir el árbol para derribar las frutas podridas bajo la hermosa y fría luz de Bretaña.

En el corazón de la mentira guarda varios puntos de contacto con La humanidad realizada el mismo año de 1999 por el también cineasta galo Bruno Dumont: un relato asfixiante casi minimalista, que centra su acción en un ingenuo y extraño inspector de policía a quien le asignan el sórdido caso de la violación y muerte de una niña en una pequeña localidad de provincia. Y, al mismo tiempo, como sucede en Un dulce olor a muerte (1998) –cinta mexicana de Gabriel Retes-, se retrata la monotonía de un pequeño pueblo sacudido por el asesinato y violación de una jovencita. Es en efecto, el mismo caso de la cinta de Chabrol, la radiografía oculta de un apacible pueblo –en apariencia- de la costa de Bretaña, donde coinciden un matrimonio en crisis, la sospecha de adulterio y una niña de 10 años violada y estrangulada.

A partir de una puesta en escena rigurosa el veterano realizador cuya filmografía supera los 50 títulos, va descubriendo una red cotidiana de hipocresías a través de un guión original suyo co escrito con Odile Barski argumentista de varias de sus cintas, cuyo hilo conductor es la cotidianidad de un matrimonio brillantemente interpretado por Sandrinne Bonnaire y Jacques Gamblin, así como la presencia de la enigmática y reservada mujer detective, Lesage (Valeria Bruni-Tedeschi), forastera con una hija pequeña que intenta resolver el asesinato, en el que aparece como sospechoso mayor René, sin duda el personaje más complejo, acosado a su vez por el intrigante y deshonesto periodista y escritor Germain Desmont.

En el corazón de la mentira es el retrato de una pareja que necesita la ilusión del amor entre sus vidas para salvar su convivencia natural en un ambiente que no les pertenece rodeado de hipocresía e insanidad. Una historia de sobrevivencia de la pareja, envuelta en una subtrama de suspenso policiaco en la que la crisis creativa del protagonista luego de un accidente se contrapone con la fatuidad de un escritor que elabora una serie de mentiras más dañinas quizá que el propio crimen: “Qué suerte que existe la mentira. Sin ella, la vida en sociedad sería insoportable”, comenta. Se trata sin duda de un relato turbador que se encuentra entre lo mejor de un cineasta magistral como Chabrol.

RAFAEL AVIÑA