LA VIDA Y MUERTE DE PETER SELLERS (The Life and Death of Peter Sellers, EU-Gran Bretaña, 2004)

Dirección. Stephen Hopkins/ Guión. Christopher Markus e Stephen McFeely, inspirado en el libro de Roger Lewis/ Fotografía en color. Peter Levy/ Música. Richard Hartley/ Edición. John Smith/ Dirección de arte. Chris Lowe, John Ralph, Lucy Richardson/ Diseño de Producción. Norman Garwood/ Vestuario. Jill Taylor/ Efectos especiales de maquillaje. Greg Cannom y Davy Jones/ Producción. Simon Bosanquet, Pilar DeMann, HBO Films, BBC Films, DeMann Entertainment Company/ Con. Geofrey Rush (Peter Sellers), Charlize Theron (Britt Ekland), Emily Watson (Anne Sellers), John Lithgow (Blake Edwards), Miriam Margolyes (Peg Sellers, mamá de Peter), Peter Vaughan (Bill Sellers, padre de Peter), Sonia Aquino (Sophia Loren), Stanley Tucci (Stanley Kubrick), Stephen Fry (Maurice Woodruff, el astrólogo), Henry Goodman (Dennis Selinger, agente de Peter)/ Duración.122 mins.

SINOPSIS

Richard Henry Sellers, mejor conocido como Peter Sellers (Hampshire, 8 de septiembre de 1925- Londres, 24 de julio de 1980) saltó a la fama en la serie de comedia de la BBC, The Goon Show. Su capacidad para hablar con diferentes acentos y su habilidad para dar vida a personajes cómicos, contribuyeron a su éxito como una figura de la radio y más tarde de la pantalla grande, lo que le valió nominaciones y premios nacionales e internacionales.

Impulsado por una madre posesiva y controladora, Peter Sellers, luchó siempre por conciliar su relación con las mujeres, su popularidad y sus varias personalidades. Nunca se mostró seguro de sí mismo, a pesar de sus numerosos matrimonios, sus alabanzas por parte de la crítica y sus éxitos profesionales. Peter Sellers, en realidad, tenía una vida tormentosa y llegó a confesar que odiaba todo lo que hacía. Sellers aparece aquí, como uno de los comediantes más prolíficos y con más talento del mundo, cuyo don para la mímica lo convirtió en un icono cultural. Pero también pone de manifiesto su atormentada vida personal. Quizá la extraordinaria habilidad de Sellers para adoptar diferentes personalidades explicaría su incapacidad para aceptarse a sí mismo.

Su fama llega gracias a la serie de películas británico-estadounidenses de La pantera rosa dirigidas por Blake Edwards. En total, filmó cinco películas de la saga bajo el mismo director y con las que generalmente se le asocia más en su carrera bajo el papel del divertido y torpe inspector francés Jacques Closeau. Sus diferentes personajes en Doctor Insólito (1964) de Stanley Kubrick quien lo dirigió en Lolita (1962) le otorgaron nominaciones en los Óscares y los BAFTA. Sellers filmaba de manera obsesiva sus casas, su familia, la gente que lo conocía, hasta el final de su vida. Being There/ Un jardinero con suerte (1979) de Hal Ashby, le mereció su segunda y última nominación a un Óscar mismo que ganó.

Pese a su trabajo cómico siempre fue señalado como inestable y con tendencia al abuso de drogas, superó un ataque cardiaco recién casado con la actriz sueca Britt Ekland y consultaba periódicamente al astrólogo Maurice Woodruff, quien ejercía mucha influencia en el actor. Su fuerte personalidad le llevaron a discutir con amigos como Blake Edwards y con sus mujeres como Anne Hayes, madre de sus hijos Michael y Sarah, la segunda Britt Ekland, se quejó del comportamiento obsesivo y los celos de Sellers. Tal vez por ello, el actor se culpaba a menudo del fracaso de su matrimonio. Tanto fue así que en una entrevista admitió que “No es fácil convivir conmigo”.

 

La vida y muerte de Peter Sellers fue merecedora del Globo de Oro a Mejor Película para televisión y Mejor Actor de telefilme (Geofrey Rush). Emily Watson y Charlize Theron fueron nominadas a Mejores Actrices de Reparto. Rush ganó además el Premio a Mejor Actor que concede el Sindicato de Actores y el Emmy a Mejor Actor en Película para televisión. Asimismo el guión de La vida y muerte de Peter Sellers obtuvo el Emmy a Mejor Guión de telefilme y el Premio otorgado por el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos. Y a su vez, la cinta fue nominada a Mejor Película en el Festival de Cannes.

 

Personalidad explosiva, delirante y anómala dentro de los cánones de la comedia, Peter Sellers encarnó al nuevo mimo de la contracultura inglesa de los sesenta y sin duda, la aportación más original del cine británico para un género tan sobreexplotado como lo es el humor. Aunque Sellers sólo pudo encontrar competencia con el estadunidense Jerry Lewis rebasó las expectativas de éste y otros cómicos brillantes, debido a su camaleónica capacidad para desarrollar todo tipo de personajes, inclusive siniestros como el de Never Let Go (1960) y Lolita

Un actor que impuso un estilo novedoso, casi histérico y multiparódico en cintas como: La persecución del zorro (After The Fox, 1966), Casino Royale (1967), El magnífico bobo (The Bobo, 1967), I love you, Alice B. Toklas (1968), o su último trabajo para el cine: Un jardinero con suerte, donde encarna a un hombre alejado de la contaminación mundana, en esta ácida crítica al american way of life y la enajenación televisiva.

Escrita por Neil Simon y bajo la dirección de un envejecido Vittorio de Sica, La persecución del zorro, por ejemplo, se trastocaba en una bizarra parodia del cine mismo debido al carisma de Sellers quien repite su hábil talento para interpretar varios personajes como líder de una estúpida banda de ladrones de oro. Casino Royale era a momentos, una inquietante sátira de una serie de espionaje, sexo y crimen que rozaba la autoparodia como lo era la saga del agente 007. Sellers encarnaba aquí a un falso Bond que rondaba eróticamente a Ursula Andress.

Detective frustrado a los 15 años, brillante animador para las tropas durante la segunda guerra, popular actor de radio capaz de imitar toda clase de voces en su legendario “Show de los Goon”, donde Sellers desarrolló su extraño humor esquizofrénico, aparece como el antecedente directo de otros brillantes comediantes ingleses como Rowan Atkinson mejor conocido como Mr. Bean. Compulsivo coleccionista de automóviles, marido, entre otras, de la atractiva modelo y actriz Britt Ekland -por cierto, chica Bond-, Sellers abandona en un arranque de histeria su compañía de music hall para trabajar en el cine su mayor meta.

Con tal de aparecer en pantalla hizo de todo a principios de los cincuenta. Aprovechando su capacidad de imitador dobló a Humphrey Bogart en una escena de La burla del diablo cuando John Huston necesitó un diálogo adicional. Interpretó a uno de los frustrados criminales en la farsa negra El quinteto de la muerte (The lady killers, 1955) de Alexander Mackendrick, al lado de Alec Guiness y Herbert Lom. Encarnó a un camarógrafo-proyeccionista en El espectáculo más pequeño del mundo (The smallest show on earth, 1957) de Basil Dearden, en la historia de una pareja que hereda una avejentada sala de cine junto con sus antiguos cinéfilos. Y muy pronto, en 1959, obtiene el Premio de la Academia de Cine Británico por su papel protagónico en I’Am all right, Jack de John Boulting, superando a Laurence Olivier, Richard Burton y Peter Finch.

El rugido del ratón (1959), La treta del dos por uno (1962), La pantera rosa (1963) donde hace una deliciosa interpretación del Inspector Closeau, Lolita, tragicomedia sobre la paranoia de la infancia erotizada, Doctor Insólito en la que encarna a un científico ex nazi, un oficial de la RAF y al presidente estadunidense y La fiesta inolvidable (68) forman parte de su legado.

En La vida y muerte de Peter Sellers, película producida por HBO, destaca no sólo la ironía de los guionistas para jugar con la capacidad camaleónica y la sicopatía histérica de Peter Sellers (la escena donde destruye los juguetes de su hijo, el rodaje de La persecución del zorro donde discute con Ekland, el juego infantil que mantenía con su primera mujer, la secuencia del baño en Casino Royale, o el último encuentro telefónico con su madre), sino sobre todo, el impresionante trabajo de actuación de Geoffrey Rush, el gran actor de Al mejor postor de Giuseppe Tornatore, El discurso del rey o Claroscuro.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Junio 2017

FUNDIDO A NEGRO (Fade To Black, Gran Bretaña-Italia-Serbia, 2006)

Dirección. Oliver Park/ Guión. John Sayles y Oliver Park, inspirado en el libro de Davide Ferrario/ Fotografía en color. John de Borman/ Música: Charlie Mole/ Edición: Guy Bensle/ Dirección de arte: Jasna Dragovic y Paul Ghirardani/ Diseño de Producción. Luciana Arrighi/ Vestuario. Louise Stjernsward/ Producción. Jonathan Olsberg, Massimo Pacilio, Barnaby Thompson, Piero Amati/ Con: Danny Huston (Orson Welles), Paz Vega (Lea Padovani), Diego Luna (Tomasso MOreno) Christopher Walken (Brewster), Anna Galiena (Aida Padovani), Violante Placido (Stella), Nathaniel Parker (Viola), Frano Lasic (Dellere), Paolo Lorimer (Tufano), Kwame Kwei-Armah (Joe Nero)/ Duración. 99 mins.

SINOPSIS

  1. Orson Welles termina el rodaje de La dama de Shanghai protagonizada por Rita Hayworth, de quien se separa. En un intento por recuperarse de su fracaso matrimonial y reiniciar su carrera, Welles viaja a Italia para protagonizar la película Black Magic/Cagliostro/El mago negro dirigida por Gregory Ratoff, junto a la bella actriz italiana Lea Padovani. Ahí, será atraído a una peligrosa red de intriga, asesinato y política cuando un actor es asesinado en plena filmación. Su llegada a Italia pasa casi inadvertida y uno de los periodistas insiste en llamarlo Sr. Hayworth.

El rodaje comienza en los legendarios Estudios de Cinecittà, todo es un caos, que el director Ratoff intenta controlar. Para empeorar las cosas, la co protagonista, la preciosa Lea Padovani, no parece sentirse a gusto con Welles. Dellere, actor secundario que ha recuperado las pastillas para adelgazar de Welles muere justo en brazos de éste y le susurra la palabra: Nero, al tiempo que descubre una lista con los nombres de destacados demócratas cristianos. La curiosidad hace que Welles siga los motivos detrás de las muertes, como la de Dellere, que resulta el padrastro de la Padovani. La policía intenta demostrar que se trata de un suicidio, pero a Welles, esta teoría no le convence.

Luego de la derrota del fascismo, Italia está en ruinas e intenta reconstruirse en medio de miles de refugiados que viven en la miseria y las pugnas entre el partido comunista con una fuerte presencia y los demócratas cristianos ligados a personajes oscuros como el estadunidense Brewster, algo que Orson Welles advierte enseguida. Con la ayuda de su joven chofer, Tommaso, Welles se sumerge en un territorio desconocido de violencia y poder político al tiempo que intenta enamorar a la bella Padovani y va descubriendo una red de situaciones muy peligrosas que le tocan de cerca.

 

 

Kenneth Branagh (Enrique V, Hamlet, Mucho ruido y pocas nueces, Thor) había sido contratado como el realizador original pero fue sustituido por el también británico Oliver Park (Otelo, Dorian Grey, Johnny English, recargado). Asimismo, Christopher Walken sustituyó a Kevin Bacon en el papel del siniestro y encantador Brewster.

 

 

A partir de un guión de John Sayles, riguroso realizador independiente y eficaz guionista de filmes de género (Lianna, Matewan, Fuera de línea, Hombres armados), el cineasta Oliver Parker mezcla realidad y ficción en una historia ambientada en la Italia de la segunda posguerra. Orson Welles que encarna con gran carisma Danny Huston, protagoniza Cagliostro bajo las órdenes del realizador Gregory Ratoff y se involucra en una conspiración que intenta impedir la victoria de los comunistas en las elecciones, en una trama que retoma varios elementos verdaderos de la carrera de Welles.

Poco antes del final del rodaje de La dama de Shanghai filmada en San Francisco y en Acapulco, en enero de 1947, Welles y Hayworth habían solicitaba su pasaporte para irse a Europa: él a filmar con el productor Alexander Korda y ella a buscar la posibilidad de hacer una película en Gran Bretaña. Los celos de Rita regresaron y ella siguió con los trámites de divorcio y Welles no hizo nada por impedirlo ya que no soportaba hacerle daño a quien quería tanto, según una de sus biógrafos, Barbara Leaming. Finalmente Welles no pudo irse a trabajar de inmediato con Korda, perdió a su mujer y acabó yéndose a Italia a protagonizar Cagliostro/El mago negro iniciada en 1947 y finalizada en 1949. Rita se quedó prudentemente en Hollywood filmando La diosa de la danza (1947), que le dio la oportunidad de interpretar a la Diosa Tepsicore, al tiempo que se hablaba de un idilio entre Welles y la actriz italiana Lea Padovani en Italia, quien en realidad no co protagonizó con él Cagliostro –fueron las actrices Nancy Guild, estadunidense y la italiana Valentina Cortese-.

Mientras Rita esperaba la sentencia del divorcio, disfrutó de unas vacaciones en Europa que costeó la Columbia y en compañía de su hija, en tanto que Welles preparaba el rodaje de Macbeth (1948), filme de bajo presupuesto para la compañía productora Republic, dedicada principalmente a realizar seriales de aventuras. Se trataba de una versión de su propia adaptación teatral sobre la obra de Shakespeare que había montado deslumbrando a la crítica en 1936. Welles puso la obra en Salt Lake City en el marco del festival de UTA Centennial Arts con un casting similar al que utilizaría en su película. Entre el 28 y el 31 de mayo de 1948 montó seis representaciones y el rodaje inició el 23 de junio y finalizó el 17 de julio de ese año en Hollywood. Filmó íntegramente en Estudio y con una banda pregrabada (para evitar que se volvieran a doblar los diálogos, cosa que ocurrió a fin de cuentas). Con una duración de 104 mins y un acento escocés en los diálogos la cinta tuvo críticas severas por lo que el colaborador de Welles, Richard Wilson, la redujo a 87 mins. Después, Welles partió para Europa para incorporarse a la supuesta filmación de Cyrano de Bergerac de Alexander Korda que no se llevaría a cabo y desde ahí intentó infructuosamente controlar el destino de Macbeth.

No obstante filmaría con Korda como productor, una de sus películas más celebradas: El tercer hombre (1949), bajo la dirección de Carol Reed, que arrancó en el invierno de 1948 y en la que interpretaría al misterioso y cínico Harry Lime. En ella, Joseph Cotten su co estrella en El ciudadano Kane, encarna al estadunidense Holly Martins, un escritor de novelas policíacas que llega a Viena de la posguerra ocupada por los aliados de la Segunda Guerra Mundial, para localizar a un amigo de la infancia, el propio Lime, que le ha prometido trabajo. Pero el mismo día de su llegada coincide con el supuesto entierro de Harry, involucrado con el mercado negro. Antes, en junio de ese mismo 1948 iniciaría su proyecto cinematográfico de Otelo que le llevaría cuatro años y finalizaría hasta 1952 y que lo ligaría sentimentalmente con la actriz Lea Padovani, prevista para el papel de Desdémona que acabaría en manos de Suzanne Cloutier.

 

Fundido a negro es una muy divertida y entretenida combinación de situaciones reales y otras totalmente inventadas por Davide Ferrario autor del libro y del propio e inventivo guionista estadunidense John Sayles que centra su premisa en la Italia destruida al término de la Segunda Guerra y de la rapiña política de que fue objeto por los demócratas cristianos que se apoyaron en personajes como el ficticio Brewster. Al término del conflicto bélico el país está en total agitación y grandes segmentos de la población viven en extrema pobreza. A esto se suma una amalgama suelta pero amenazadora de ex nazis, narcotraficantes, neofascistas, mercenarios de las fuerzas estadunidenses y de otras fuerzas aliadas que actúan bajo la apariencia del paraguas político llamado Demócratas Cristianos que supuestamente quieren democratizar a Italia y convertirla en una refugio seguro para la democracia, fuera del alcance del Partido Comunista de Stalin. Welles se tropieza con estos personajes a medida que avanza intentando encontrar más pistas que rodean el asesinato del actor Dellere, que le lleva a un traficante negro: Joe Nero. Lo que ve, escucha y aprende de uno de sus antiguos compañeros estadunidenses (el papel de Walken) y de otros en ese peligroso y oscuro grupo político que toma protagonismo en la última parte de la película. La idea del filme y esencialmente de Ferrario y de Sayles es imaginar si todos estos sucesos ocurrieron realmente en esos años caóticos de la Segunda Guerra Mundial en Italia.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Ciudad de México 30 de mayo de 2017

EL NUDO DEL DIABLO (Devil’s Knot, EU-Canadá, 2013)

Dirección. Atom Egoyan/ Guión. Paul Harris Boardman y Scott Derrickson, inspirado en el libro de Mara Leveritt/ Fotografía en color. Paul Sarossy/ Música. Mychael Danna/ Edición. Susan Shipton/ Dirección de arte. Thomas Minton/ Diseño de Producción. Phillip Barker/ Vestuario. Karen Perkins/ Efectos especiales. Troy Cloud/ Producción. Armen Aghaeian, Paul Harris Boardman, Elizabeth Fowler, Scott Jurgensmeyer, Shara Kay, Clark Petersen, Richard Saperstein, Bab Simmons, Paula Graybill Smith, Christopher Woodrow/ Con. Reese Whiterspoon (Pam Hobbs), Colin Firth (Ron Lax), Alessandro Nivola (Terry Hobbs), James Hamrick (Damien Echols), Seth Meriwether (Jason Baldwin), Kristopher Higgins (Jessie Misskelley), Amy Ryan (Margaret Lax), Robert Baker (Detective Brain Ridge), Collette Wolfe (Glori Shetties), Rex Linn (Inspector en Jefe Gitchell)/ Duración.114 mins.

SINOPSIS

La historia real: En 1993, tres niños de 8 años fueron brutalmente asesinados en un barrio de Memphis en Arkansas. Las autoridades locales se vieron sometidas a una gran presión popular para que encontrarán lo antes posible a los culpables. Una serie de pruebas circunstanciales unidas a las habladurías de la gente dieron pie a una auténtica caza de brujas contra tres jovencitos que solían vestirse con indumentaria gótica y tenían interés por el satanismo y el rock pesado y metalero. “Los tres de West Memphis” eran los sospechosos perfectos para satisfacer a la opinión pública. Sin embargo, ni la madre de una de las víctimas ni un vehemente investigador que trabajaba para la defensa estaban convencidos de que ellos fueran los verdaderos responsables. La afición al heavy metal y a las novelas de terror de los sospechosos fue suficiente para acusarlos, incriminarlos y encerrarlos en la cárcel de por vida, y en el caso de uno de ellos, Damien Echols, el único mayor de edad, sentenciarlo a muerte; Jason Baldwin, de 16 y Jessie Misskelley fueron condenados a cadena perpetua.

Al horror y paranoia provocada por la carnicería de niños se sumaba el espanto por la injusta encarcelación de tres jóvenes inocentes víctimas de la superstición, el revanchismo, la ineficacia y en último término, la estupidez. Las pruebas de ADN realizadas entre 2005 y 2007 no encontraron ninguna evidencia que vinculara a los tres jóvenes con las muertes, pero sugirieron la posible presencia de otras personas en la escena del crimen. La película se inspira en los hechos y personajes reales.

 

 

El nudo del diablo fue nominado a la Concha de Oro, galardón principal del festival de San Sebastián, España

 

 

Relatos como: El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez y secuela, Jeepers Creepers/El demonio 1 y 2, ambas de Victor Salva, La cabaña sangrienta de Eli Roth, Camino hacia el terror de Rob Schmidt, La casa de los mil cuerpos de Rob Zombie, la australiana Wolf Creek de Greg McLean y La matanza de Texas del cineasta debutante Marcus Nispel que recuperaba y actualizaba con inteligencia la cinta de culto de Tobe Hooper, Masacre en cadena (1974), acuden a aquella teoría. Sitios que pueden esconder situaciones violentas y demoniacas; espíritus malignos y horrores primigenios con clanes dementes de carniceros caníbales. Un entramado, que apuntó en su momento Amarga pesadilla (1972) de John Boorman.

En efecto, mucho antes de que Jason, Krueger y Michael Myers, hicieran acto de presencia, la pesadilla más violenta ya tenía nombre: Leatherface o Cara de cuero, el robusto descuartizador de la sierra de motor que se trastocó en uno de los máximos horrores del inconsciente colectivo en aquel afortunado debut de Tobe Hooper, cuyo crédito como productor ejecutivo, ligado al de Michael Bay (La roca, Dos policías rebeldes, Pearl Harbor), aparece en el remake de Marcus Nispel. El cineasta conseguiría con Masacre en cadena, uno de los espectáculos sanguinolentos más repulsivos y violentos en la historia del género. Las andanzas de una familia tejana de caníbales dedicada a agredir y a masacrar a un grupo de jóvenes, no sólo propició varias copias, sino que coincidió con el surgimiento de una nueva generación de realizadores como: Wes Craven, John Carpenter, Brian De Palma, o Abel Ferrara, quienes encontraron en el cine de bajo presupuesto y en los excesos del horror y la sangre, la materia prima de las oscuras obsesiones del espectador.

 

 

La tarde del 5 de mayo de 1993, en West Memphis en Arkansas, tres niños de ocho años: Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers, fueron reportados como desaparecidos. Los pequeños, salieron en bicicleta y se internaron por un bosque llamado Robin Hood y cruzaron por un tubo de desagüe en un arroyo conocido como “El nudo del diablo”. Esa misma tarde se reportó la presencia de un hombre negro, desorientado, que sangraba profusamente y con la ropa sucia de barro y lodo, quien se ocultó momentáneamente en el baño de mujeres de un restaurante de esa localidad.

Al día siguiente, el oficial Steve Jones encontró un zapato flotando en la zona más pantanosa del arroyo. Ahí mismo, fueron localizados los cuerpos de los menores. Estaban desnudos, atados de pies y manos a la espalda con las agujetas de su calzado y uno de ellos, había sufrido mutilaciones en el pene. Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley Jr., de 18, 16 y 17 años, fueron acusados del horrendo crimen catalogado como de ritual satánico. Pocos meses después fueron condenados a la pena de muerte el primero y los otros dos a cadena perpetua.

Los sucesos de West Memphis, mostraron un caso de miopía, ignorancia y rechazo a lo otro, en el que se condenaba a jóvenes inocentes por su aspecto, gustos y aficiones, sin ninguna prueba contundente que los incriminara en realidad. La policía de Arkansas apoyó su investigación en la confesión forzada de Misskelley Jr., que padecía retraso mental, quien a su vez, inculpó a los otros dos. Pero sobre todo, por el hecho de que Echolls llevaba cabello largo, vestía de negro, tenía cortes en los brazos y era fanático del Heavy Metal.

El nudo del diablo (Devil’s Knot, EU, 2013), inspirada en el libro homónimo de Mara Leveritt, resulta una sobria recreación de los hechos a cargo del armenio-canadiense Atom Egoyan. Un realizador potente y minimalista, responsable de títulos como: Partes habladas, Exótica, Dulce porvenir, seducido por los temas de infancia y adolescencia vulnerada y los procesos de duelo, a través de historias ligadas a sentimientos de culpa, frustración sexual, nota roja y pérdidas físicas y amorosas.

La película no es tanto un thriller de suspenso gore, que recree los asesinatos, sino un acucioso drama de juzgados. El tema central no es el homicidio infantil, sino la estupidez, la ignorancia y la irresponsabilidad de la justicia. A su vez, sugiere con cierta sutileza, los horrores que subyacen en la América profunda. Las tranquilas comunidades alejadas del caos urbano que ocultan horrores primigenios trastocados en familias disfuncionales adictas a la sangre o anómalos y amorales asesinos, vistas en filmes como en las citadas: Masacre en cadena, El proyecto de la bruja de Blair, La cabaña sangrienta y decenas más. No en balde, el guión está firmado por el realizador Scott Derrickson y Paul Harris: El exorcismo de Emily Rose, Siniestro, Líbranos del mal.

Además del absurdo testimonio de un niño cuya madre estaba en líos con la policía, la obstrucción deliberada del juez a cargo del proceso que rechazó pruebas como la de un joven vendedor de helados que había solicitado una foto de Stevie y la pérdida absurda de evidencias, El nudo del diablo, apunta que los padrastros de dos de los niños, pudieron ser los homicidas. De hecho, la muestra aportada por la madre de Stevie Branch (una navaja) logró que los jóvenes acusados fueran liberados en 2011 luego de 18 años en prisión. Tres documentales de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky: Paradise Lost (1996, 2000 y 2011) expusieron información importante y el documental de Amy Berg, West of Memphis (2012) propone, en efecto, que el padrastro de Stevie fue uno de los asesinos, en un filme sobre el horror, el linchamiento moral y la paranoia que la ignorancia provoca.

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Mayo 2017

UN HOMBRE SERIO (A Serious Man, Estados Unidos-Gran Bretaña-Francia, 2009)

Dirección. Joel Coen (y Ethan Coen)/ Guión. Joel y Ethan Coen/ Fotografía en color. Roger Deakins/ Música: Carter Burwell/ Edición: Joel y Ethan Coen bajo el seudónimo de Roderick Jaynes/ Dirección de arte: Deborah Jensen/ Diseño de Producción. Jess Gonchor/ Vestuario. Mary Zophres/ Producción. Tim Bevan, Robert Graf, Eric Fellner, Joel Coen, Ethan Coen/ Con: Michael Stuhlbarg (Larry Gopnik), Richard Kind (Tío Arthur), Fred Melamed (Sy Ableman) Sari Lennick (Judith Gopnik), Aaron Wolff (Danny Gopnik), Jessica McManus (Sarah Gopnik), Peter Breitmayer (Sr. Brandt), Brent Braunchsweig (Mitch Brandt)/ Duración. 106 mins.

SINOPSIS

La película se ambienta en la población de Saint Louis Park en Minnnesota en 1967. Larry Gopnik, acude al médico para hacerse una valoración total, es un profesor universitario de Física judío que vive en un barrio de clase media en las afueras de Minneapolis, buen vecino, buen profesor, buen marido, buen amigo y buen padre que ha construido su vida con trabajo y dedicación. La historia se centra en la lucha espiritual y existencial que sufre Gopnik cuando su esposa Judith decide abandonarlo por su colega Sy Ableman, quien convence a Larry de que se mude a un motel a donde llega se lleva a su hermano Arthur, un hombre extraño e inteligente quien por falta de recursos y habilidad para cuidarse a sí mismo, tiene que vivir con él y tiene deudas de juego. Es cuando Larry comienza a cuestionar el valor de su vida, a la vez que soporta estos asuntos y otros que se suman como el hecho de que su hijo Danny, quien está a punto de tener su Bar Mitzvah, le roba dinero de su billetera para comprar marihuana. A su vez, su hija, Sarah, también toma efectivo para financiar su cirugía de nariz. Después, uno de sus alumnos intenta sobornarlo para pasar de grado y lo amenaza con demandarlo, al tiempo que se fascina con una sensual vecina suya que se asolea semi desnuda. Larry decide entonces solicitar consejos a tres rabinos distintos en un intento de resolver sus problemas y recuperar su aura de hombre devoto. Larry busca respuestas, todas las tentaciones lo rodearán e intentarán confundirlo y distraerlo de su misión más importante: resistir. Mientras tanto, se verá inmerso en situaciones irónicas en medio de los cuales, sólo intentará recobrar el sentido de su vida y convertirse en un hombre serio.

 

“Recibe con sencillez todo lo que te suceda” –mensaje al inicio de la película-

 

La cinta de los hermanos Coen fue nominada al Oscar a Mejor Película del año y Mejor Guión original. Asimismo, el protagonista Michael Stuhlbarg fue nominado al Globo de Oro como Mejor Actor, premio que ganó en el Festival de Santa Bárbara, California. El American Film Institute la premio como la Mejor película del año. La Asociación de Críticos de Nueva York y Boston le otorgó el Premio a Mejor Guión, al igual que la Asociación nacional de críticos de cine estadunidenses. Obtuvo el premio a Mejor Fotografía, directores, guionistas y casting en los premios a lo mejor del cine independiente estadunidense y fue nominada a la Mejor Película Extranjera en los premios David Di Donatello de Italia.

 

 

De Simplemente sangre (1983) a ¡Salve César! (2016), los hermanos Joel y Ethan Coen han construido una de las visiones más ácidas de la sociedad estadunidense, manteniendo una enorme autonomía respecto a las fórmulas y los mecanismos que la industria de Hollywood impone. Una épica sanguinolenta y delirante del paria social y el marginado de una ciudad como Los Ángeles o de un pueblito perdido en el medioeste. Ya sea el desempleado sucio y vulgar y fanático del boliche en los años setenta, los criminales ambiciosos que piensan salir de pobres con un secuestro jugoso, el gángster segundón y sus conceptos de lealtad, el escritor aterrado ante la hoja en blanco, el mediocre vendedor de autos que pretende plagiar a su esposa, los intrincados planes para estafar maridos estúpidos en una sociedad enajenada que clama por más morbo, el profesor judío cuya vida perfecta se derrumba o el actor arrogante del Hollywood de los años cincuenta que un día es secuestrado por un grupo de escritores con tendencias socialistas.

Un universo tan caótico como anómalo y a su vez sensible y filosófico que resulta un reflejo de una sociedad descompuesta que convive con la nota roja y la frustración cotidiana. Tensión, sangre, sexo y elementos de thriller, cine negro y comedia de errores, relatos familiares que bien podrían remitirnos tanto al cine de Hitchcock como al de David Lynch, pasando por Frank Capra, sobre todo por sus personajes patéticos, grandilocuentes o inocentes redimibles. Es el cine de Joel Coen y Ethan Coen, los maniáticos hermanos de Minneapolis que sorprendieron a público y crítica con su primer e inquietante ejercicio de estilo en la mejor tradición del cine negro serie B y que en Un hombre serio recuperan algo de sus años de infancia y adolescencia y de esa época de los años sesenta en la que crecieron rodeados de conceptos religiosos y morales en un mundo en apariencia perfecto.

 

 

“Es algo en lo que hemos estado pensando durante mucho tiempo y de pronto un día simplemente nos sentamos y lo escribimos. Es un guión que escribimos hace ya unos cuantos años, supongo que porque nos interesaba recordar aquellos años en que crecimos en esa comunidad”. Joel señala: “Podría pensarse que el contexto es autobiográfico porque la historia se desarrolla en una comunidad muy parecida a donde nosotros crecimos: la Minnesota de 1967. Además, hay un par de similitudes muy superficiales con nuestra familia… aunque, de hecho, la única es que Larry Gopnik es académico y nuestro padre fue profesor de la universidad, pero más allá de eso, su personalidad no tenía nada que ver con la del personaje de la película. La historia es inventada y no tiene nada que ver con nuestra infancia”. –La entrevista con los hermanos Coen ha sido tomada del Periódico digital La vanguardia-

 

 

Un hombre serio abre con una breve secuencia-fábula hablada en yiddish que no tiene nada que ver con el resto de la historia, ambientada en los pueblos judíos de la Rusia zarista de donde emigraron los antepasados de los Coen hacia los Estados Unidos…

… “La verdad es que no conocíamos ningún cuento folklórico judío y teníamos muchas ganas de incluir uno, así que directamente nos lo inventamos. No sabemos muy bien por qué lo pusimos allí y tampoco sabíamos si cumplía con algún propósito, pero te juro que la película queda mucho mejor con ese prólogo que sin él”, y Ethan agrega: “Tal vez haya sido porque al presentar un cuento folklórico al inicio del filme, la audiencia pueda pensar que la siguiente historia que van a ver también es un cuento folklórico, aunque con otro contexto”.

 

El filme relata el descenso a los infiernos cotidianos de un hombre común que intenta comprender por qué su vida es una catástrofe recurriendo antes a los rabinos que a los psicólogos o a los psiquiatras. Gopnik vive el sueño americano en su más pura expresión; es un hombre respetado en apariencia, padre de familia, profesor de universidad, buen judío que sigue los preceptos religiosos de la comunidad. Y a su vez dueño de todas las comodidades que la sociedad de entonces podía desear: un hogar en los suburbios, esposa, hijos, un buen trabajo con posibilidades de ascenso y automóvil. Sin embargo, un día, todo empieza a colapsar. La visión que plantean los Coen no es de melodrama sino de ironía y una finísima sensibilidad rodeada de sarcasmo y humor negro, con un reparto de actores prácticamente desconocidos, la gran mayoría de ellos judíos, incluso el propio protagonista gran actor de teatro en Broadway, más bien tiene un perfil discreto en cine como actor secundario y en filmes independientes.

La rectitud y los valores del protagonista le impiden actuar mal, a pesar de que todo lo conduce a ello. Por eso, sólo pide explicaciones. Todo resulta una suerte de paráfrasis del relato bíblico de Job: al perder todo, Gopnik tendrá que elegir entre sus preceptos y sus dudas de fe y la disposición de arreglar sus problemas como hombre con defectos y virtudes. Como en la gran mayoría de sus obras, los hermanos Coen proponen por medio del humor una reflexión sobre la sociedad y el individuo común enfrentado a la enajenación y el marasmo cotidiano. Un hombre serio toca fibras muy sensibles para mostrar los miedos, malestares, taras y escapes del hombre contemporáneo con el fin de meditar sobre la manera en que vivimos, nos conducimos y afrontamos la realidad, a través de historias en apariencia muy simples y sin embargo muy profundas, con un final devastador y al mismo tiempo sutil.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Ciudad de México

Martes 25 de abril 2017

UNA RELACIÓN INTIMA (Une liaison pornographique/ An Affaire of Love, Francia-Bélgica-Suiza-Luxemburgo)

Dirección. Frédéric Fonteyne/ Guión. Philippe Blasband, inspirado en su obra de teatro/ Fotografía en color. Virginie Saint-Martin/ Música. Jeannot Sanavia, André Dziezuk, Marc Mergen/ Edición. Chantal Hymans/ Diseño de Producción. Véronique Sacrez/ Dirección de arte. Marc-Philippe Guerig/ Vestuario. Anne Schotte/ Producción. Patrick Quinet, Rolf Schmid, Claude Waringo/ Con. Nathalie Baye (ella), Sergi López (él), Jacques Viala (entrevistador fuera de cuadro), Paul Pavel (Joseph Lignaux), Sylvie Van den Elsen (Madame Lignaux), Pierre Gerranio (recepcionista del hotel), Hervé Sogne (conductor de ambulancia) Christophe Sermet (empleado del hospital)/ Duración. 77 mins.

SINOPSIS

Un hombre y una mujer relatan a un entrevistador el encuentro que ambos tuvieron poco tiempo atrás. El y Ella, se conocieron por medio de un anuncio de una revista para adultos. El respondió a su anuncio y se encontraron en un café cualquiera de París. Se trataba sólo de sexo: alguien que cumpliera su fantasía: “un asunto pornográfico o una relación íntima”. Ella es delgada, menudita y atractiva. Él no es muy alto pero es atractivo y de origen español. Ella le comenta que ha alquilado una habitación de un hotel cercano. Ella bebe café el pide un cognac para calmar los nervios. Finalmente el asunto se lleva a cabo. No existe aquí el espacio para el cortejo, se trata de una relación exclusivamente sexual; cumplir una fantasía. Ambos deciden seguir viéndose de manera regular todos los jueves e imponen una regla: no hablar de sus vidas, no saben sus nombres, teléfonos, dirección, trabajo. No hay nada que los una más ese encuentro casual cada jueves. Se percatan que congenian muy bien: ríen, platican, se llevan bien en la cama. Ambos son sensibles. Pronto ella le pide que intenten tener sexo normal. Poco a poco empiezan a aflorar las dudas. Tienen un pequeño altercado, pero ambos saben que se han enamorado, él uno del otro y que no pueden vivir separados. Los sentimientos de afecto y cariño crecen día a día. Ella incluso le declara su amor. Un día por azar se encuentran con un anciano que tiene un desmayo en el hotel; le ayudan y él les pide que no llamen a su mujer, sin embargo los de la ambulancia la contactan: ese episodio les sirve para darse cuenta que la vida es sólo una y que es difícil encontrar a la pareja ideal. El dilema se encuentra en tomar la decisión del compromiso. ¿Su miedo al amor les permitirá reconocerlo? No obstante la indecisión y la incertidumbre hacen que decidan separarse pese a que ambos saben en el fondo que no será la mejor decisión.

 

Natalie Baye obtuvo el Premio a la Mejor Actriz y Sergi López el Premio Mejor Actor en el Festival de Venecia. Baye a su vez, fue nominada a Mejor Actriz en los galardones a lo Mejor del Cine Europeo. Una relación íntima ganó el Premio del Público en el Troms Film Festival de Noruega.

 

“En el cine el sexo es el infierno o el paraíso. Nunca un punto medio como en la vida cotidiana” –diálogo de la película-

 

¿Qué clase de amor es aquel que se filtra en una relación íntima, sexual, pornográfica? Quizá se trata del más auténtico; aquel que surge justo en donde nadie imaginaría que aparezca.

 

El guionista Philippe Blasband nació en Therán en 1964; de madre iraní y padre judío-belga. Estudió en Gran Bretaña, Irán, Bélgica y Estados Unidos hasta que la revolución de 1997 le obligó a trasladarse en definitiva a Bélgica. Su obra Una relación íntima ha sido adaptada decenas de veces en el teatro a nivel internacional.

 

 

 

Marlon Brando y Maria Schneider se convirtieron en 1973, en una de las parejas más escandalosas imaginadas por un guionista en la polémica El último tango en París. Él, era un hombre maduro y ella una jovencita desinhibida, ninguno conocía a ciencia cierta la identidad del otro y lo único real en su relación llevada a cabo en un departamento amueblado únicamente con un colchón colocado en el suelo, era su sexualidad extrema, su pasión erótica que rebasaba cualquier asomo de amor o ternura bajo los acordes jazzísticos de Gato Barbieri.

Más de 25 años después, Nathalie Baye y Sergi López sorprenden al espectador con sus pulsiones sexuales en una intrigante reflexión sobre el amor carnal en la epidérmica Una relación íntima del belga Frédéric Fonteyne, la historia de una pareja que se conoce en un café, alquilan una habitación de hotel y se entregan al acto sexual sin miedos ni reservas en encuentros que se repiten hasta que esa relación pornográfica como reza el título original, empieza a quebrantarse cuando consiguen rebasar sin darse cuenta, el simple deseo físico. Un año después de ésta, Intimidad (2000) del francés Patrice Chereau, ganadora en Berlín, intenta seguir ambos modelos, en un relato que no oculta su teatralidad (incluyendo los diálogos) y que resulta incapaz de involucrar al espectador (como si lo hacía El último tango en París y Una relación íntima) con la tensión que provoca, el sexo y el amor, la pasión y el sentimiento.

 

 

El tema del fracaso amoroso en la pantalla se convirtió en una premisa común a partir de los años sesenta a pesar de algunos antecedentes otorgados una década antes, por el cine negro en su fase sicótica. De algún modo, Sin aliento (1959) de Jean-Luc Godard, inauguraba una suerte de nueva y realista temática, en la que va a prevalecer el nihilismo, la desesperanza, la imposibilidad de las relaciones personales y el triunfo del desasosiego emocional sobre la historia de amor condenada irremediablemente al fracaso.

Los rompimientos románticos, la crisis de la pareja, la vehemencia del amor, sus personajes sumidos en un caos de sexualidad, historias ligadas a sentimientos de culpabilidad, frustración sexual y pérdidas físicas y amorosas, van a permear incluso en toda la obra de varios cineastas intrigantes y portentosos como Marco Ferreri, Atom Egoyan o Krzysztof Kieslowski, entre muchos otros, como lo muestran algunas de sus historias insólitas de fracaso amoroso que van de: La última mujer, Adiós macho a Escenas familiares, Partes habladas, No amarás (Breve película sobre el amor), Azul y Rojo.

No obstante, las cinematografías mundiales acentuaron su pesimismo y su ausencia de redención en torno a la imposibilidad del amor conforme se acercaba el nuevo milenio como lo muestran entere otras: Los amantes del Puente Nuevo (Les amants du pont-neuf, 1991) de Leos Carax, que sirvió sin duda para el detonante de una personalidad femenina, protagonista de decenas de relatos sobre el fracaso amoroso: la francesa Juliette Binoche, a partir de una historia terrible y a momentos fascinante, que conseguía rebasar el acercamiento hiperrealista a los vagabundos parisinos para centrar su discurso en un relato de amor frustrado.

El tema del fracaso amoroso, la frustración erótica y los encuentros casuales parecen ser un tópico constante en el más nuevo cine francés: Si te amo cuídate (1998) de Jeanne Labrune, relataba una anómala historia de amor entre una escritora aburguesada, cuarentona e independiente y un tipo semi desempleado de origen turco, vulgar, celoso y machista, de nuevo con la siempre atractiva Nathalie Baye. En La nueva Eva (1998) de Catherine Corsini, la protagonista, una estupenda Karine Viard, es una joven que intenta romper con las tradiciones sociales y familiares hasta que se enamora de un militante socialista, casado y con hijas.

El desliz (Mademoiselle, 2001) el brevísimo encuentro romántico entre dos perfectos desconocidos que tienen que convivir juntos por varias horas, sirve al ex sonidista Philippe Lioret para incidir en el tema de la frustración amorosa con personajes derrotados e insatisfechos. A diferencia de filmes recientes como Romance de Catherine Breillat, la estadunidense Infidelidad de Adrian Lyne y las citadas Una relación íntima e Intimidad, en la que destacan sus escenas eróticas, sus desnudos y su estética sensual y en ocasiones efectista, El desliz en cambio, apuesta por una impecable sobriedad.

 

Una relación íntima es un relato inteligente, sensible y melancólico. Lo más sorprendente, es que tanto Baye como Sergi López están a la altura con sus actuaciones naturalistas y sensitivas. En ese sentido la película de Fonteyne está muy por encima de varios relatos similares ya que crea una plena identificación con el espectador a través de sus diálogos chispeantes, sus momentos eróticos de buen gusto y sus notables actuaciones. Desde la propia secuencia de créditos, el realizador establece el tono epidérmico del relato que inicia con un apasionado encuentro sexual que sirve para crear confianza en una una pareja que se conoce a través del sexo más directo y crudo. Una obra notable.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa

Abril 2017

EL NUEVO ENTRENADOR (The Damned United, Gran Bretaña, 2009)

Dirección. Tom Hooper/ Guión. Peter Morgan, inspirado en la novela de David Peace, The Damned UTD/ Fotografía en color. Ben Smithard/ Música. Rob Lane/ Edición. Melanie Oliver/ Diseño de Producción. Eve Stewart/ Dirección de arte. Andrew Holden Stokes, Leon McCarthy/ Vestuario. Mike O’Neill/ Producción. Andie Harries, Grainne Marmion, Lee Morris/ Con. Michael Sheen (Brian Clough), Timothy Spall (Peter Taylor), Colm Meany (Don Revie), Jim Broadbent (Sam Longson), Elizabeth Carling (Barbara Clough), Gillian Waugh (Lilian Taylor), Henry Goodman (Manny Cussins), David Roper (Sam Bolton), Jimmy Reddington (Keith Archer), Oliver Stockes (Nigel Clough)/ Duración. 98 mins.

SINOPSIS

Luego de que la Selección de fútbol de Gran Bretaña es eliminada del Mundial de Alemania en 1974, el entrenador Alf Ramsey es cesado y en su lugar se contrata a Don Revie; un técnico que cosechó varios éxitos con el Leeds United. Su sustituto en el equipo es Brian Clough, ex entrenador del Derbie County y feroz crítico del Leeds, equipo que destacó por su estilo de juego físico y violento bajo las órdenes de Revie. Clough llega al equipo sin su asistente principal Peter Taylor, quien ha rechazado acompañarlo para fichar por el Brighton. El nuevo entrenador alterna los días de Clough en el Leeds así como su trayectoria en el Derby County.

A su vez, la película profundiza en la pésima relación entre Brian Clough y Don Revie, que se origina en apariencia, cuando el Derby County, equipo que permanece en los últimos puestos de la Segunda División, recibe en su cancha durante la temporada 1967/68 al Leeds United, líder de la liga inglesa. Clough se ilusiona con su visita porque le ve como una persona a la que admira y sin embargo, Revie se porta río y distante y el Derby County pierde 2 a 0. Luego de esa derrota, Clough hace todo por ascender a la primera división para derrotarlo en liga, y discute con Taylor la necesidad de fichar un jugador nuevo. Su asistente le recomienda al veterano Dave Mackay, junto a otros jóvenes jugadores de divisiones inferiores. Pese a la oposición del presidente del equipo, Sam Longson, por contratarlos, el Derby County remonta su situación y sube a la máxima división. El Derby County consigue derrotar al Leeds en su casa, en su temporada de debut. En 1972 se proclama campeón de liga y consigue jugar en la copa europea.

Días antes de un partido de la Copa de Europa contra el Juventus de Turín, el Derby tenía que enfrentarse en la liga frente al Leeds United de Don Revie. Pese a la advertencia de su presidente, que le pide jugar con los reservas para estar listos para Europa, Clough alinea a todos sus titulares por el orgullo de derrotar a su rival. En respuesta, el equipo de Revie desempeña un juego muy violento, varios jugadores del Derby se lesionan. Días después, los ingleses son eliminados del torneo europeo. Clough descalifica al presidente del club y le presenta su dimisión, con intención de presionarlo para conseguir sus objetivos. Sin embargo, la directiva no cede y acepta su renuncia. Pese a poner a los aficionados a su favor, tanto Clough como Taylor tienen que abandonar el equipo debido a la soberbia de Clough.

Peter Taylor logra convencerlo para fichar por el Brighton. El técnico acepta la oferta si el club le paga unas vacaciones en Palma de Mallorca con su familia. Durante su estancia en España, Clough recibe la visita de un representante del Leeds United, que le ofrece la plaza de Don Revie porque éste se marcha a dirigir la selección inglesa. Clough rompe su compromiso anterior con el Brighton y Peter Taylor rechaza marcharse con él, ambos discuten y desde ese momento toman caminos separados. La afición se pone en contra de Clough y pide el regreso de Don Revie. Clough termina siendo cesado por la directiva. Horas después, en una entrevista para la televisión de Yorkshire, Clough se ve obligado a debatir con Don Revie, a quien le recrimina no haberle saludado en aquel partido de 1968 que inició su rivalidad. La cinta termina con Brian Clough arrepentido pidiendo disculpas a su asistente Peter Taylor.

 

 

Premios Satellite: Nominada a mejor actor (Michael Sheen) y actor de reparto (Timothy Spall). Premios a lo Mejor del Cine Británico Independiente: Nominación a mejor actor de reparto (Jim Broadbent). Círculo de críticos londinenses: Timothy Spall Nominado a mejor actor de reparto. Sindicato de Guionistas ingleses: Peter Morgan nominado a mejor guión.

 

 

“Voy a darte un buen consejo, Brian. No importa lo bueno que crees que eres, o lo inteligente, o lo elegante que sales en la tele, la realidad en el fútbol es ésta: el presidente es el jefe. Después van los directivos, después los secretarios, después los aficionados, luego los jugadores, y finalmente, el último de todo, en lo más bajo de la lista, va el que, en definitiva, no necesitamos para nada, el jodido entrenador” – Sam Longson a Brian Clough en la película-

 

 

Cine y fútbol son quizá las expresiones populares de mayor arraigo y las que más pasiones despiertan en los espectadores. Lo curioso, es que de todos los deportes trasladados a la pantalla grande, justo es el balompié el menos afortunado. El fútbol y el cine se llevan poco y combinan mal. Sin duda, la imagen cinematográfica es capaz de transformar cualquier evento deportivo en una epopeya épica o dramática, como lo muestran los momentos climáticos de filmes como: Rocky (John G. Avildsen, 1976) y Carros de fuego (Hugh Hudson, 1981) con temas boxísticos y de atletismo. Al igual que en: El número uno (Tom Gries, 1969) con Charlton Heston como quarterback de los Santos de Nueva Orleáns y en las dos versiones de Golpe bajo (Robert Aldrich, 1974 y Peter Segal, 2005), con Burt Reynolds y Adam Sandler, respectivamente, también como mariscales de campo, liderando a equipos de reclusos sin redención que se enfrentan a sus custodios.

El fútbol soccer –al igual que nuestra selección nacional- está muy lejos de alcanzar esos clímax y alardes de epopeya en la pantalla por simples elementos de tiempo y suspenso. En el fútbol no existen los dos minutos finales. Tampoco hay campana que detenga los ya de por sí vertiginosos rounds. No existe un disparo que corta la respiración y marca la salida para jinetes y corredores. Ni la emoción de una bola que se va de hit hacia las gradas. Menos aún, la violencia extrema y circense acompañada de sangre, sudor y músculos a reventar sobre los encordados de un cuadrilátero como sucede en La bestia magnífica (Chano Urueta, 1952), o en El luchador (Darren Aronofsky, 2008).

Con todo, el fútbol ha sabido instalarse en el cine, aprovechando justamente el impacto popular que genera y en ocasiones, colocando a los ídolos de la afición como improvisadas estrellas o comparsas de tramas regulares o mediocres. Aunque, no todo está perdido en el “el juego del hombre”, como le decía el gran poeta de la crónica deportiva, Ángel Fernández (“Me pongo de pie”), colega de otros grandes como: Jorge Sonny Alarcón, Antonio Andere y Fernando Marcos.

Pocos son los filmes destacados que incluyen en su trama la pasión futbolera, sin embargo, algunas referencias futbolísticas funcionan de manera inquietante en algunas tramas que poco o nada tienen que ver con el deporte: es el caso de la ganadora del Oscar a la mejor cinta de habla no inglesa, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009): la escena en el estadio, o las cartas del asesino en las que hace referencia a jugadores del Racing.

Algo similar sucede con otro relato argentino ambientado durante la instalación de la dictadura militar a fines de los setenta: Cordero de Dios (Lucía Cedrón, 2008), en el que, a través de idas y venidas en el tiempo presente, la acción se detiene en 1978 durante el campeonato mundial de fútbol en Argentina que coincide con la extraña muerte de un cronista deportivo y activista político, en una historia sobre el duelo y la memoria.

En la también argentina, El camino de San Diego (2006), su realizador, Diego Sorín, elige un tono a medio camino entre el documental antropológico y cierto realismo mágico con un humor agridulce, para contar la vida de Tatí, un fanático del astro Maradona, quien se ha tatuado el 10 en la espalda y lleva siempre la camiseta de Diego: el nombre que le pondrá a su próximo hijo, justo cuando es despedido de su empleo y por ello acaba aprendiendo el oficio de la madera. Un día, Tati descubre una raíz de un árbol con la forma de Maradona en los momentos en que el jugador ingresa a la clínica Suizo-Argentina en Buenos Aires para restablecerse y el protagonista decide atravesar el país para homenajearlo con su regalo.

Se trata de obras que se encuentran en el extremo de relatos de fórmula como: Escape a la victoria (John Huston, 1981) con Sylvester Stallone como guardameta, al lado de Michael Caine, Max Von Sydow y veteranos futbolistas como Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y Pelé. Al igual que Gol (Danny Cannon, 2005), Gol. Viviendo el sueño (Jaume Collet-Serra, 2007) y Gol 3 (Andrew Morahan, 2009), con Kuno Becker como Santiago Munez/Muñiz, joven mexicano de orígenes humildes que termina como astro del balompié empezando desde abajo, en clubes como: Newcastle United y Real Madrid, así como en la Copa del Mundo en Alemania 2006.

Verdaderos ídolos del fútbol como Edson Arantes do Nascimento, Pelé, aparece en varios filmes brasileños y en el documental dirigido por Francois Reichenbach, al igual que Garrincha, estrella de Garrincha: alegría del pueblo (1961) de Joaquim Pedro de Andrade. Lo mismo ocurre con el francés Eric Cantona quien ha trabajado en varias cintas de ficción, entre ellas, Buscando a Eric (2009) del británico Ken Loach, centrada en un cartero fanático del Manchester que inesperadamente se topa con su ídolo, Cantona. Al igual que el ex rudísimo delantero británico Vinnie Jones, a quien se le ve en: Juegos, Trampas y Dos Armas Humeantes y Cerdos y Diamantes, XMen 3, Tiro penal o El expreso de la muerte/ El tren de la carne de medianoche. El también inglés David Beckham, aparece brevemente y es la inspiración de Keira Knightley en la agradable cinta de fútbol femenil: Jugando con el destino/ Quiero ser como Beckham (2002).

Finalmente un par de reflexiones nostálgicas sobre la guerra y el fútbol: El Portero (1999) del español Gonzalo Suárez, sobre un guardameta de Primera División obligado a deambular en pequeños pueblos a causa de la guerra civil y cuyo espectáculo consiste en retar a los aldeanos a meterle un gol en improvisadas porterías. Y El milagro de Berna (2003) de Sonke Wortmann, relato-homenaje a la Selección alemana de fútbol que ganó el Campeonato Mundial en1954, en los momentos en que la Unión Soviética repatría a sus prisioneros de guerra, entre ellos, el padre de un niño alemán fanático del fútbol que ha encontrado como sustituto paterno al goleador Helmut Rahn, quien lo adopta como mascota.

 

 

En tono de humor negro, se narra en El nuevo entrenador la polémica historia de esos fatales 44 días del entrenador Brian Clough al frente del Leeds United, el equipo de fútbol soccer campeón de ese momento. Gracias al anterior entrenador, Don Revie, rival acérrimo de Brian, el club había vivido el período de más éxito de toda su historia; todo ello, a costa de practicar un fútbol agresivo, poco lucidor y por consiguiente, muy lejano al espíritu deportivo y lucidor de Brian. En efecto, Clough había logrado, con la colaboración de su ayudante y primer asistente Peter Taylor, éxitos sorprendentes con equipos de divisiones inferiores como el Hartlepool y el Derby County. Aceptar el trabajo del Leeds sin el apoyo de Taylor a su lado, con un equipo integrado con los futbolistas formados por Revie se trastoca en una tarea terrible.

El filme está dirigido con eficacia y gracia por el británico Tom Hooper quien después de este filme se llevaría el Oscar con el tema de la incapacidad de expresión y los problemas de comunicación oral y emocional, a partir de la tartamudez del Rey Jorge VI de Gran Bretaña y su posterior cura, en el brillante drama histórico El discurso del rey/ The King’s Speech (2010) protagonizada por Colin Firth y Geoffrey Rush, como el poco ortodoxo terapeuta del lenguaje. Más tarde, Hooper alcanzaría sonados éxitos comerciales y de crítica con el musical histórico Los miserables (2012) y La chica danesa (2015) con el tema del cambio de sexo.

Por supuesto, detrás de El nuevo entrenador se localiza el extraordinario guionista Peter Morgan responsable de tres películas trascendentes sobre la historia social y cotidiana inglesa: el fresco sobre el ejercicio del poder: La reina (Stephen Frears, 2006), Frost-Nixon. La entrevista del escándalo (Ron Howard, 2008) y El nuevo entrenador (2009): las tres protagonizadas por el espléndido Michael Sheen; respectivamente en los papeles del Primer Ministro Tony Blair, el periodista David Frost y el entrenador Brian Clough; ésta última en un filme que aborda no sólo la experiencia futbolística y las pasiones que ese deporte genera, sino lo que sucede en las gestiones de las directivas y los aspectos sicológicos de entrenadores, asistentes jugadores, aficionados y dueños de los equipos. Sin duda, se trata del retrato más certero sobre el universo del fútbol, la rivalidad, los nervios, las presiones fuera y dentro de la cancha y el poder que todo ello representa, no muy alejado de un drama Shakesperiano, cuando el dinero no influía tanto en el deporte y su total transformación en un negocio.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México 28 de marzo 2017

UNA Z Y DOS CEROS (A Zed & Two Noughts/ ZOO, Gran Bretaña-Holanda, 1985)

Dirección. Peter Greenaway/ Guión. Peter Greeneway/ Fotografía en color. Sacha Vierny/ Música. Michael Nyman/ Edición. John Wilson/ Diseño de Producción. Ben van Os, Jan Roelfs/ Dirección de arte. John Gerritsen/ Vestuario. Dien van Straalen/ Producción. Kees Kasander, Peter Sansbury/ Con. Brian Deacon (Oswald Deuce), Eric Deacon (Oliver Deuce), Andrea Ferréol (Alba Bewick), Frances Barber (Venus de Milo), Joss Ackland (Van Hoyten), Jim Davidson (Joshua Plate), Agnes Brulet (Beta Bewick), Guusje Van Tilborgh (Catherina Bolnes)/ Duración. 115 mins

SINOPSIS

Un par de zoólogos y hermanos gemelos: Oswald Deuce y Olivier Deuce, sufren la muerte de sus respectivas esposas en un bizarro accidente automovilístico en el que el auto de las mujeres choca con un cisne. En ese mismo percance, otra mujer: Alba Bewick pierde una pierna. Al no soportar la culpa Alba se convierte en amante de los gemelos y decide amputarse la otra pierna debido a que rompe con el equilibrio geométrico de su cuerpo. Los hermanos Deuce obsesionados por la evolución empiezan a cultivar una fijación malsana por la descomposición de los organismos y empiezan a liberar animales del zoológico en el que trabajan. Finalmente toman una decisión drástica y filman su propia descomposición.

 

 

Una Z y dos ceros no sólo es una de las películas menos conocidas del atípico cineasta galés Peter Greenaway, sino una de sus propuestas más radicales, fascinantes y extrañas de un humor negro y erótico que alcanza momentos muy bizarros con una soberbia fotografía del excepcional veterano Sacha Vierny y una notable banda sonora de Michael Nyman.

 

“La decadencia del cuerpo es tan natural como el crecimiento” –Peter Greenaway-

 

 

Realizador nacido en Gales a quien se le debe buena parte de la renovación del cine inglés; escritor, pintor, matemático e ilustrador de libros, Peter Greenaway nacido en 1942, es uno de los realizadores contemporáneos más personales y obsesivos, capaz de sacar partido de temas casi abstractos y de personajes más abyectos que marginales. Un creador con una gran capacidad para retroalimentar su cine con las más diversas propuestas artísticas como la pintura, el teatro, la música, e incluso el video de alta resolución. En Los libros de Próspero/Prospero’s Book (1991), experimentó con escenarios tridimensionales mediante la ayuda del video y otras técnicas multidisciplinarias como en Goltzius and the Pelican Company (2012) y la serie de filmes realizados a partir de Las maletas de Tulse Luper (2003).

La panza de un arquitecto (1987) filme que lo internacionalizó, era una negrísima fábula moderna sobre la creación, a partir de la enfermedad estomacal de un maduro arquitecto de Chicago con una esposa adúltera, obsesionado con la obra de un colega francés del siglo XVIII. Por su parte, Ahogados en serie (1988) era un inquietante estudio semiótico-estadístico sobre el horror y la sexualidad. En cambio, ambientado en una suerte de infierno-purgatorio, El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989) se trastocaba en una insólita mezcla de arte, sexo, sangre y escatología. Y Una z y dos ceros alcanzaba insólitas proporciones con el tema de la evolución y la corrupción orgánica a partir de una trama delirante, digna del mejor cine de freaks como la cinta homónima de Tod Browning de 1932.

Greenaway, cineasta poseedor de un deslumbrante perfeccionismo técnico como lo muestran sus impecables puestas en escena y sus elegantes movimientos de cámara que se adecúan a las espléndidas bandas sonoras de Michael Nyman, o Wim Mertens, el de La panza de un arquitecto, encuentra en los excesos visuales y de la carne la razón de su cine. De hecho, se trata del único autor que ha concebido un estilo gore-intelectual con el tema de la descomposición del organismo, la sexualidad violenta y el crimen, bajo la influencia estética de los pintores del siglo XVII, concretamente Vermeer.

Greenaway ha creado verdaderas orgías visuales no exentas de excesos estridentes como sucede en El bebé de Macon (1993); un carnaval de imágenes muy en deuda con aquellas del Satiricón (1969) de Fellini. Un cine escatológico, obsceno y delirante, en donde continúa explorando una vez más los procesos de degradación de sus personajes arribistas. La hija ambiciosa que saca provecho de su hermano en El bebé de Macon, el pintor que capta la escena del crimen de El contrato del dibujante (1982), o el vulgar ladrón de El cocinero…, cuyo remate: la terrible y apócrifa comunión final, es revivida en el descuartizamiento de El bebé de Macon.

Un genial creador de atmósferas extravagantes y abigarradas, capaz de imaginar los más excéntricos personajes y un cineasta con gran capacidad para dotar de horror a sus perturbadoras puestas en escena, no exentas de pedantería y arrogancia. Luego de su delirante mezcla de documental y ficción, The Falls (1980), una perversa investigación estadística sobre las víctimas de un Evento Violento Desconocido, el cineasta británico decidió abordar la ficción a través de imaginativos juegos visuales y corrosivos filme de suspenso anímico e intelectual.

Sus cintas tienen en común un clima de fatalismo en ascenso como lo muestra El libro de cabecera/ The Pillow Book (1996), otra historia de amor llevada a extremos; caligrafía orgánica en otra fascinante metáfora sobre la carne centrada en una joven japonesa obsesionada por tatuar en su piel y en la de los demás un relato escrito. Sus películas están estructuradas en base a las apariencias engañosas, el misterio y los motivos ocultos, la relación entre crimen y sexo y el papel del artista ante una sociedad voraz y consumista que termina por desplazarlo y acerca de la incapacidad de ese mismo artista para atrapar la realidad como en su más reciente película Eisenstein en Guanajuato (2015). Filme que aprovecha la belleza de una ciudad que no visitó en realidad el gran cineasta ruso responsable del filme maldito Que Viva México (1931) y concentra su trama en los devaneos amorosos entre Eisenstein y su guía guanajuatense el genealogista Jorge Palomino y Cañedo a lo largo de diez días a través de una serie de escenas muy gráficas y desnudos masculinos que no dejan nada a la imaginación.

 

 

“Cuántas partes de tu cuerpo puedes perder y aún reconocerte” –Dialogo de Una Z y dos ceros-

 

“La simetría lo es todo…” Una Zeta y dos ceros resulta un siniestro laberinto de dualidades y paralelismos que abre con un accidente absurdo, donde pierden la vida, al chocar su auto contra un cisne que ha huído del zoológico, las respectivas esposas de un par de zoólogos y hermanos gemelos -en realidad siameses-. Alma Bewick, la única sobreviviente y amiga de aquellas, a quien le amputan primero una pierna y después la otra, terminará siendo la amante de Oswald y Oliver, les dará hijos gemelos, pero acaba enamorada de un hombre sin piernas.

Todo ello, en medio de documentales sobre el origen de la vida, animales y frutas en descomposición captados por cámaras especiales, más una siniestra colección de personajes casi absurdos, como el cirujano obsesionado al igual que Greenaway, por el pintor holandés Vermeer, su mujer estéril que usa calzones de piel de cebra, el maniaco dueño del zoológico, encaprichado con una prostituta especialista en contar historias obscenas con todo tipo de fauna y a quien paga con carne de animales raros.

Greenaway, concibió, éste, su tercer largometraje, a partir de un documental de la BBC que mostraba con cámara rápida la descomposición de un ratón muerto; una chimpancé con una pata amputada; la fotografía de una mujer sonriente al lado de dos hermanos siameses, más la influencia estética de Vermeer. Una Z y dos ceros, es un filme abigarrado, tortuoso y fascinante, inspirador de genialidades como Dead Ringers (1988) del canadiense Cronenberg, otra fantasía de siameses y organismos en descomposición y la aberrante La prisión de Helena (Jennifer Lynch, 1993), por aquello de la combinación entre sexo y amputaciones. En la historia de esos gemelos, expertos en el comportamiento animal, obsesionados con la vida y la evolución, se dan la mano putrefacción y frescura, muerte y nacimiento, según un tono que oscila entre el sarcasmo y la tragedia.

Se trata de un filme que avanza entre el thriller, el documental científico y el cuento cruel, de manera perversa y que muestra la lucidez de un cineasta y su obsesión por la carne, el arte y las secreciones humanas en una de las filmografías más complejas y fascinantes del cine contemporáneo.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 de marzo de 2017