EL ELEMENTO DEL CRIMEN/ ELEMENTOS DEL CRIMEN (The Element of Crime/Forbrydelsens element, Dinamarca, 1984

Dirección. Lars von Trier/ Guion. Niels Vorsel, William Quarshie, Steven Wakelam y Lars von Trier/ Fotografía en color. Tom Elling/ Música. Bo Holten/ Edición. Tómas Gislason/ Dirección de Arte y Diseño de Producción. Peter Hoimark/ Vestuario. Manom Rasmussen/ Efectos especiales. Peter Hoimark/ Producción. Per Holst, Det Danske Filminstitute/ Con. Michael Elphick (Fisher), Esmond Knight (Osborne), Me Me Lai (Kim), Jerold Wells (Kramer), Ahmed El Shenawi (psicoterapeuta), Astrid Henning-Jensen (ama de llaves), Janós Herskó (juez de instrucción), Stig Larsson (asistente del juez), Harry Harper (portero 1), Roman Moskowicz (portero 2)/ Duración. 104 mins.

SINOPSIS

El detective e inspector de policía danés, Fisher, quien vive exiliado en El Cairo, decide buscar a un psicoterapeuta y tomar una sesión de hipnosis para aclarar los extraños sucesos derivados de su último caso. Así comenzará a rememorar la visión de una Europa de pesadilla que recuerda entre el horror, la oscuridad y la decadencia y en la que sigue el rastro de un asesino en serie al que apodan El asesino de la lotería, quien suele estrangular y mutilar a jovencitas vendedoras de billetes de lotería. Su método de investigación policial se localiza en un libro titulado El elemento del crimen, escrito por Osborne, su antiguo mentor, y quien parece haber enloquecido. El método descrito en el libro del profesor Osborne requiere que el detective intente empatizar con la mente del homicida, lo que llevará a Fisher a comenzar a comportarse de manera idéntica al propio asesino, con consecuencias terribles e insospechadas.

 

 

El elemento del crimen compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes y obtuvo el Gran Premio Técnico por su contribución visual. Mejor debut para el cineasta Lars Von Trier en el Festival de Chicago. Asimismo, la Academia de cine danés le otorgo los galardones a: Mejor Película, Edición, Fotografía, Diseño de Producción, Sonido, Efectos Especiales y Vestuario.  Y el Premio al Mejor Director en el Festival de Fantasía Fantasporto en Portugal.

 

 

“Admiramos al criminal, más no a las víctimas. Ellas, se han ido y él, sigue ahí, dejando pequeñas pistas”… El elemento del crimen, palabras del Profesor Osborne.

 

El silencio de los inocentes (1990) de Jonathan Demme, inspirada en la novela homónima de Thomas Harris consiguió sacar del anonimato fílmico al asesino en serie. De hecho, el serial killer se transformó en una presencia constante del cine de la década de los noventa, ya sea como tema, como personaje o como objeto de estudio según lo muestran relatos tan opuestos como Mamá es una asesina, Henry, retrato de un asesino en serie, Kalifornia, Asesinos por naturaleza, o Besos que matan.

No obstante, la fascinación por el asesino serial y sus rituales de sexo, sangre y muerte había llegado antes a otras cinematografías con resultados curiosos e inquietantes. En España, Bigas Luna concibió uno de los sicópatas más perturbadores del género en Bilbao (1978) y en Angustia (1987) elaboraba una suerte de homenaje a Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock. Sin embargo, el danés Lars Von Trier en su magistral debut con El elemento del crimen (1984) se anticipaba a una obra clave del nuevo cine de los asesinos en serie, como lo sería Sabueso (1986) de Michael Mann, en la historia de un policía obsesionado con un asesino de niñas vendedoras de lotería en una Europa devastada y azotada por una lluvia apocalíptica, la locura, la pobreza y el desencanto.

En Sabueso, inspirada a su vez en la novela Dragón rojo de Thomas Harris, Mann conseguía difuminar la frontera entre Bien y Mal y al mismo tiempo hacer creíble la alienación del asesino, en una cinta que estilizaba al máximo sus imágenes recalcando la importancia de la tecnología forense. Dollarhyde, su protagonista, es un asesino de familias completas que desea transformarse y ser aceptado y no puede controlar los demonios que el mismo ha invocado, al igual que William Graham, el detective que sigue sus huellas; otro ser solitario que ha recorrido una vez más su lado oscuro.

 

 

“Una película debiera ser como una piedra en el zapato” -diálogo en su filme Epidemic/ Epidemia (1987) centrada en un director de cine y su guionista (interpretados por el propio Lars von Trier y su co argumentista Niels Vørsel) quienes escriben la historia de una película sobre una epidemia que se expande por el mundo. No obstante, mientras trabajan en ella, no se percatan de que una epidemia verdadera se propaga a su alrededor.

Responsable de cintas inclasificables como Europa (1991), El reino (1994) o Rompiendo las olas (1996) y posterior realizador de obras trascendentales y polémicas del nuevo milenio como: Dogville (2003), Anticristo (2009), Melancolía (2011), Ninfomanía primera y segunda parte (2013) y de manera reciente: La casa de Jack (2018) en la que retoma el tópico del asesinato en serie y la brutalidad del homicida sicópata en la historia íntima de un homicida serial y sus grotescos y sangrientos crímenes protagonizada por Matt Dillon, el director Lars Von Trier, no sólo ha heredado los delirios argumentales de un Carl Dreyer, sino los más oscuros vaticinios visuales de maestros como Fritz Lang y Orson Welles.

 

 

“Sobre El elemento del crimen, el crítico y académico de cine que se especializa en películas de horror y thrillers, James Kendrick, dijo: “Es un thriller de crimen absolutamente fascinante y completamente inconexo que trata más sobre el tono y el estilo que sobre su narrativa fragmentada”. Con esta película Lars Von Trier desgarró esa capa invisible que mantiene a ciertos cineastas fuera del ojo público; fue el primer paso para convertirse en ese director desagradable, torcido de mente y alma, que logra que sus películas sean, más que una piedra en el zapato, un zumbido en el hipotálamo que regresa a ti de vez en cuando, como invocado. Como una especie de íncubo. El elemento del crimen fue el primer filme de una trilogía que se completaría con Epidemia (1987) y Zentropa/Europa (1991)…” –Sofía Viramontes, Revista Gatopardo, Abril 30, 2019-

 

 

El elemento del crimen es sin duda una obra fundamental para comprender el estudio de la mente enferma y la sicopatía criminal a través de un relato laberíntico, hipnótico y bizarro que se mueve entre el sueño y la vigilia debido a sus atmósferas oníricas y sensuales, en la historia de un hombre acosado por sus propios temores, que se sumerge en el relato de su antiguo profesor de la Academia de Policía de Copenhague titulado El elemento del crimen que propone una investigación científica para rastrear y adentrarse en la mente criminal, adoptando incluso el punto de vista del asesino.

Fisher, policía que ha llegado del Cairo y alumno del profesor Osborne, toma como base el texto de éste, para atrapar a Harry Grey, el supuesto responsable de una serie de asesinatos rituales en los cuales desfigura los cuerpos de sus víctimas infantiles con una botella rota. A medio camino entre el cine fantástico más insólito y el policial negro clásico o film noir, El elemento del crimen se convierte en un filme brutal y reflexivo al mismo tiempo, que anticipa las atmósferas de Seven (David Fincher, 1995) y recuerda la artesanía visual de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), en el que relata un drama sobre las motivaciones del asesino en serie, la transferencia de culpas y sobre todo, una historia paranoica sobre la infancia abandonada, desprotegida y marginada. Y en ello, se asemeja a un par de perturbadoras obras posteriores sobre el tema: Juegos divertidos (Michael Haneke, 197) y la inquietante cinta ecuatoriana mexicana de Sebastián Cordero: Crónicas (2004), protagonizada por Damián Alcázar, como un asesino en serie de niños, inspirado en el caso del multi homicida colombiano Luis Alfredo Garavito Cubillos.

Y es que, obras como M, el vampiro de Düsseldorf (1931) de Fritz Lang, El elemento del crimen de Lars Von Trier o Ciudadano X (1995) de Chris Gerolmo, coinciden no sólo en la premisa del asesino en serie de infantes, sino en historias inspiradas en hechos verídicos mucho más impactantes, al tratarse de trasgresiones contra menores de edad.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 11 de noviembre de 2019

EL ÚLTIMO CAZADOR/ EL CAZADOR (The Hunter, Australia, 2011)

Dirección. Daniel Nettheim/ Guión. Alice Addison, Wain Fimeri y Daniel Nettheim, inspirados en la novela de Julia Leigh/ Fotografía en color. Robert Humphreys/ Música. Andrew Lancaster, Michel Lira, Matteo Zingales, Vivaldi, Dvorak, Bruce Springsteen/ Edición. Roland Gallois/ Dirección de Arte. Amanda Sallybanks/ Diseño de Producción. Steven Jones-Evans/ Vestuario. Emily Seresin/ Producción. Vincent Sheehan, Porchlight Films, Screen Australia, Screen Tasmania/ Con. Willem Dafoe (David Martin), Frances O’Connor (Lucy), Sam Neill (Jack), Morgana Davis (Sass, la niña), Fin Woodlock (Bicicleta, el niño), Callan Mulvey (el cazador rival), John Brumpton (el dueño del bar), Dan Willye (el jugador de billar), Sullivan Stapleton (Doug), Dan Spielman (Simon)/ Duración. 97 mins.

SINOPSIS

Una poderosa y secreta corporación de biotecnología envía a David Martin, un mercenario y hábil cazador en una misión secreta en Tasmania: localizar a un tilacino o tigre de Tasmania, una especie prácticamente extinta cuyo código genético guarda el secreto de un arma peligrosa. El cazador a sueldo llega a una remota zona de la isla de Tasmania. Su lugar de residencia será una aislada casa en la que habita Lucy, una profesora universitaria y sus dos hijos pequeños: la niña Sass y su hermano al que apodan Bicicleta, cuyo padre zoólogo desapareció en la selva. Su enlace es un cazador de la región: Jack. Su llegada genera tensión y violencia, ya que una buena parte de los hombres de la zona, trabajan principalmente en la tala de árboles. Éstos, no sólo se enfrentarán a Martin, sino a Lucy y a otros compañeros suyos, todos ecologistas que intentan detener la destrucción de los bosques.

 

 

El último cazador fue ganadora de los premios a: Mejor Fotografía y Música por parte de la Academia de Cine y Televisión de Australia y nominada a Mejor Película, Guion, Dirección, Actor, Actriz, Actor de Reparto y Producción. A su vez, ganadora a Mejor Actriz por parte del Círculo de la Crítica del cine australiano.

 

 

“Dafoe es una presencia poderosa, y en su mayor parte, se trata de una película intrigante y atmosférica, que mantiene la persistencia del misterio” – Steve Rose, The Guardian-

 

 

El Tigre de Tasmania, Tilacino o Lobo de Tasmania

 

“El último Tigre de Tasmania conocido murió en el Zoológico de Hobart en 1936. La especie fue perseguida hasta la extinción en particular por los agricultores indignados ante el número de ovejas muertas por esos animales carnívoros.

Sin embargo, en décadas posteriores se han reportado miles de avistamientos en Tasmania y de Australia continental. En 2005, la revista The Bulletin ofreció una recompensa de un millón de dólares por la captura de un Tigre de Tasmania vivo. –con información de BBC.com-

 

El Tigre de Tasmania estaba condenado a la extinción mucho antes de que los humanos comenzaran a cazar a este marsupial australiano, informaron un grupo de científicos, quienes indicaron que su ADN mostraba que sufría problemas de salud. Los científicos elaboraron un mapa del genoma del animal, también conocido como lobo marsupial o tilacino, utilizando los restos de un cachorro guardados durante un siglo en un frasco. La investigación mostró que la criatura comenzó a sufrir una declive en la diversidad genética hace más de setenta mil años, lo que lo hizo menos resiliente a los cambios del entorno, antes de la llegada del hombre a Australia, que ocurrió hace cerca de 65.000 años. –con información de Infobase.com-

“El lobo marsupial o tilacino (Thylacinus cynocephalus), también conocido como lobo de Tasmania, tigre de Tasmania o tilacín, fue un marsupial carnívoro, surgido en el Holoceno. Era nativo de Australia, Tasmania y Nueva Guinea y se cree que se extinguió en el siglo XX. Se trataba del último miembro viviente de su género, cuyos otros miembros vivieron en tiempos prehistóricos a partir de principios del Mioceno.

Son fáciles de distinguir de un perro auténtico por las rayas de la espalda, pero el esqueleto es más difícil de distinguir. Aun cuando ya llevaban mucho tiempo extintos en el continente australiano cuando llegaron los colonos europeos, los lobos marsupiales sobrevivieron hasta la década de 1930 en Tasmania. En tiempos de la primera colonia europea, la zona de población más densa de los lobos marsupiales era el norte de la isla. Desde los primeros días de colonización europea, los lobos marsupiales eran poco comunes, pero poco a poco se los empezó a culpar de numerosos ataques a ovejas; esto llevó a ofrecer recompensas en un intento de controlar su número.

Una compañía, la Van Diemen’s Land Company, ofreció recompensas por matar lobos marsupiales desde 1830 y entre 1888 y 1909, el gobierno de Tasmania pagó una libra esterlina por cabeza. En total se pagaron 2184 recompensas, pero se cree que se mataron muchos más lobos marsupiales de los que se reclamaron. Su extinción suele atribuirse a estos esfuerzos constantes de los granjeros y cazadores de recompensas.  Aun así, es probable que múltiples factores contribuyeran a su declive y su extinción definitiva, incluyendo la competencia con perros salvajes (introducidos por los colonos),  la erosión de su hábitat, la extinción de especies que eran sus presas, y una enfermedad parecida al moquillo que afectaba a muchos ejemplares en cautiverio en aquellos tiempos.

Fuera por el motivo que fuese, el animal ya era extremamente raro en estado salvaje a finales de los años veinte. Hubo varios intentos de salvar la especie de la extinción. En 1928, el comité de consejo de la fauna nativa de Tasmania recomendó proteger a todos los lobos marsupiales que quedaban, en zonas como los ríos Arthur y Pieman, al oeste de Tasmania. El último lobo marsupial salvaje conocido fue abatido en 1930 por un granjero.

El último lobo marsupial en cautiverio, conocido más adelante como “Benjamin” (aun cuando nunca se confirmara su sexo), se capturó en 1933 y fue enviado al zoológico de Hobart, donde vivió tres años. Este ejemplar murió en 1936. Se cree que murió por negligencia; aislado en el exterior de su refugio, quedó expuesto durante un raro evento meteorológico en Tasmania de calor sofocante durante el día y temperaturas glaciales por la noche. Este lobo marsupial aparece en la última película conocida de un ejemplar vivo; 62 segundos de filmación en blanco y negro lo muestran moviéndose de arriba a abajo en su recinto fueron rodados en 1933 por el naturalista David Fleay.

Los resultados de búsquedas posteriores indican que la especie pudo haber sobrevivido en Tasmania hasta los años sesenta. Eric Guiler y David Fleay buscaron ejemplares vivos en el noroeste de Tasmania y encontraron huellas y excrementos que podrían haber sido del animal, escucharon voces animales que correspondían a la descripción de la de los lobos marsupiales y reunieron relatos anecdóticos de gente que afirmaba haberlos visto. No obstante, ninguna de estas pruebas arrojó datos concluyentes sobre su existencia en estado salvaje. –Wikipedia-

 

El último cazador resulta un intrigante y bello filme australiano que propone un relato metafísico y al mismo tiempo hace coincidir el cine de aventuras al estilo de Las minas del Rey Salomón (Compton Bennett y Andrew Marton, 1950), La reina africana (John Huston, 1951) o Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990), con drama interior en el exótico escenario de la isla de Tasmania. No sólo eso, sino que además la historia, muestra la transformación del protagonista, un cazador solitario y muy profesional, aislado del mundo (su comentario sobre las cosas que hay que ver en París, por ejemplo, lo pintan de cuerpo entero) obsesionado con localizar al supuesto último ejemplar de Tigre de Tasmania que queda vivo, cuando entra en contacto con esa mujer devastada y deprimida por la desaparición de su marido activista ecológico y sobre todo con los pequeños y sensibles hijos de ese matrimonio. Así, Martin, de a poco establece un vínculo emocional con la familia, al tiempo que pasa algunos días en los bosques de Tasmania colocando trampas, cámaras de video y rastreando a su presa.

 

La segunda película del director Daniel Nettheim, dedicado de lleno a la realización de series televisivas en su natal Australia (Vidas secretas, La princesa elefante, Rush, La tierra de las mareas y algunos episodios de Dr. Who), no sólo muestra a un sólido protagonista como lo es el siempre eficaz Willem Dafoe (Vivir y morir en Los Ángeles, La última tentación de Cristo, La sombra del vampiro, Spiderman, Passolini, Van Gogh a las puertas de la eternidad), cuya presencia es esencial para mantener el suspenso y el interés en la trama. Sino que El último cazador va ganando en emoción con un tercio final muy revelador y reflexivo y un final inquietante y al mismo tiempo conmovedor. En el que entendemos que tanto el cazador como su presa son en suma muy parecidos y a su vez una suerte de especie similar en total peligro de extinción, donde ambos se reconocen y saben su destino está sellado, ello en un final excepcional.

 

La cinta avanza con muchas acciones y pocos diálogos y algunos saltos extraños que involucran al muy ambiguo personaje de Sam Neill. Y también con algunas escenas muy bellas como el momento en que Martin consigue echar a andar el generador de la planta de luz y la voz de Bruce Springsteen suena en los altavoces que el padre de los niños ha colocado en el jardín exterior de la casa. Y sobre todo el momento en que el protagonista y el Tigre de Tasmania se observan por vez primera y él lo sigue con su arma en el bosque nevado. Todo ello, para enfrentar al espectador con la naturaleza y con el horror que también puede estar no sólo en la cacería, sino en la ciencia misma que busca evolucionar a través de una situación brutal como sería liquidar familias enteras o especies en extinción por el bien de la “ciencia”. A su vez, la fotografía enmarca el espectacular paisaje de Tasmania en un relato místico metafísico sobre el encuentro de un hombre consigo mismo y con la belleza que le rodea cuando descubre esa otra inasible belleza de ese ser prisionero de sí mismo y de su especie moribunda, al tiempo que Martin logra dar sentido a su existencia en el último minuto de la película.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

29 octubre 2019

LISTA DE ESPERA (Cuba-España-México-Francia-Alemania, 2000)

Dirección. Juan Carlos Tabío/ Guión. Arturo Arango, Juan Carlos Tabío, Senel Paz, sobre un cuento de Arturo Arango/ Fotografía en color. Hans Burmann/ Música. José María Vitier/Edición. Carmen Frías/ Dirección de arte. Onelio Larralde/ Diseño de Producción. Belén Barnuy, Humberto Hernández, Julien Laffon, Myriam Marin-Celibert/ Vestuario. Nancy González/ Producción. ICAIC / Tornasol Films S.A. / DMVB / Tabasco Films / Producciones Amaranta / Road Movies Film Producktion, Ignacio Cobo, Ulrich Felsberg, Thierry Forte, Gerardo Herrero, Jorge Sánchez, Camilo Vives/ Con. Vladimir Cruz (Emilio), Tahimi Alvariño (Jacqueline), Jorge Perugorria (Rolando), Noel García (Fernández), Alina Rodríguez (Regla), Saturnino García (Avelino), Antonio Valero (Antonio), Jorge Alí (Cristóbal)/ Duración. 105 mins.

SINOPSIS

Un grupo variopinto de pasajeros colapsan en una terminal de autobuses de un pueblo cubano porque todos los vehículos pasan llenos y no recogen viajeros. Para poder emprender el viaje, todos trabajan en la reparación del único transporte destartalado que queda en la terminal. Una experiencia en la que cada uno va a descubrir lo mejor de sí mismo. Emilio queda prendado de Jacqueline, quien llega igual que él a la espera de un autobús: ella desea ir a La Habana y él a Santiago. Arriba al lugar Rolando, quien finge ser invidente para salir más rápido de ahí. Todos discuten por salir y un camión se va vacío. Finalmente llega otro para La Habana pero se descompone. Emilio es quien propone arreglar el único autobús para poder finalmente dejar la estación. Jacqueline discute con Emilio, ya que ella desea dejar la isla para irse a España con su novio. Todos buscan la pieza que falta para arreglar el motor, Rolando parece ser el único que lo sabe, pero como está ciego no le hacen caso. Unos niños la encuentran y su padre la tira al océano sin saber. Rolando descubre que uno de los pasajeros oculta carne, otros encuentran una langosta, otro más ponen fruta, etcétera y comparten entre todos. Jacqueline y Emilio hacen el amor, ocultos en un autobús y proponen a todos pintar la estación y remozarla en lo que esperan. Antonio, novio de Jacqueline llega a la estación. Un hombre muere, una pareja resuelve sus problemas, Antonio pide a Jacqueline que se decida entre él y Emilio….

 

 

Tahimi Alvariño obtuvo el Premio a Mejor Actriz en el Festival de Málaga y Jorge Perugorria el de Mejor Actor de Reparto en el Festival de Cartagena y la película de Tabío obtuvo el Premio a Mejor Guion en el Festival de La Habana.

 

 

Lista de espera sucede en el año 1993. Se trata de un reflejo de lo que ocurría en ese momento en Cuba: existía un gran problema de transporte con los autobuses o guaguas. O eran mínimos o estaban descompuestos, o prevalecía el problema del combustible. Las personas esperaban muchísimas horas, incluso días y discutían por ver quien saldría primero. La trama trata entonces de mostrar el lado humano y la importancia de la colectividad. Una maltrecha terminal de autobuses en un pueblo perdido de Cuba se convierte en una suerte de microcosmos de la nueva realidad de aquel país en este filme del exitoso y eficaz Juan Carlos Tabío, un cineasta que encontró en el humor el mejor cauce para la crítica social desde su debut en la divertida comedia Se permuta (1983) protagonizada por Rosita Fornés.

 

 

“En una buena medida la gracia, el misterio y la fuerza del cuento reside en la forma en que está narrado. El autor asiste a la historia como a través de un cristal nevado, como si mirara lo que está sucediendo a través del ojo de una cerradura. Los personajes no tienen nombre (en una cola la gente no sabe el nombre de los demás, nadie es Juan o Pedro o María sino “el muchacho del pullover negro”, “el de la gorra de pelotero”, “la gordita del pañuelo rojo”, etcétera). Para escribir el guion tuvimos que acercarnos a los personajes —incluso meternos en el baño con algunos—, conocer no solo sus nombres sino también, en la medida de lo posible, cómo pensaban y sentían, cuáles eran sus mentiras. Porque si no, ¿qué íbamos a darles a los actores?” –Juan Carlos Tabío en Ibermedia.com-

 

A partir del cuento homónimo de Arturo Arango incluido en La Habana elegante (1995), adaptado por éste, el propio Tabío y el galardonado escritor Senel Paz, el filme se erige como una metáfora menos irónica que Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993) y Guantanamera (1994), aunque igualmente efectiva, sobre una sociedad que se debatía entre la esperanza y la resignación. Muy lejos de la excepcional -y en realidad la gran cinta crítica de la revolución cubana- Alicia en el pueblo de las maravillas (1990) de Daniel Díaz Torres y carente de los dogmatismos revolucionarios de Mi socio Manolo (Julio García Espinoza, 1992), Lista de espera transita por un terreno riesgoso debido a lo obvio de su crítica que se inclina por ciertos tintes didácticos y concesiones eróticas y una ingenua orientación política. No obstante, sus diálogos chispeantes y precisos, su sencillez, sus ocurrentes vueltas de tuerca, sus personajes entrañables y su divertida propuesta, la convierten en una comedia atractiva y disfrutable como su reparto.

 

 

“El 85 por ciento de una buena dirección de actores consiste en escoger buenos actores. Y en este caso me puedo dar con una piedra en los dientes. Para Emilio (“el muchacho del pullover negro”) siempre pensé en Vladimir Cruz: su personaje fue escrito pensando en él, y el propio Vladimir, con sus comentarios, participó en la elaboración de su personaje. Cuando Jorge Perugorría llegó a convertirse en El Ciego, ya casi finalizado el guion, hizo que los autores le confirieran a este personaje una mayor dimensión, la dimensión que siempre debió tener este personaje. Jacqueline fue el último de los personajes protagonistas en encontrar su encarnación: Tahimí Alvariño” –Juan Carlos Tabío en Ibermedia.com-

 

Si Guantanamera (la obra póstuma de Tomás Gutiérrez Alea, co dirigida con Tabío), era una farsa inteligente y crítica sobre la Cuba actual, una sátira mordaz acerca del entierro del castrismo y los vicios de un sistema agotado al máximo en un país regido por el dólar y un estilo de vida surgido de la clandestinidad, Lista de espera elige un tono más bien amable, políticamente correcto, e incluso escapista, para narrar una serie de apuntes sobre el  bloqueo económico a la isla, la crisis de transporte que se agudizó allá por 1993-94, la burocracia como sello del socialismo cubano, la escasez de alimentos y su contraparte, el mercado negro como nuevo modo de vida y por supuesto, la solidaridad revolucionaria como último bastión de un pueblo que se ríe de sus problemas.

 

Como si se tratase de una paráfrasis satírica de aquella brillante, claustrofóbica y paranoide teleserie de finales de los años sesenta, El prisionero, creada y protagonizada por Patrick McGoohan, acerca de un grupo de personajes controlados por el gobierno e impedidos para escapar de una idílica villa, o quizá de aquel absurdo surrealista que Luis Buñuel encaraba en su inquietante farsa sobre los prejuicios burgueses, El ángel exterminador citada por Tabío, Lista de espera hace coincidir a un grupo representativo de una Cuba en crisis. Varados, desesperados, hartos por la larga espera, un falso ciego (Jorge Perugorría en otro papel metáfora), un ingeniero que desea emigrar a provincia (Vladimir Cruz, su co protagonista en Fresa y chocolate), un acaparador abusivo, una pareja madura que ha perdido el entusiasmo sexual, una curandera, una atractiva joven que espera la llegada de su novio español para salir del país, un grupo de ancianos, un sujeto radical y negativo y más, terminan por renovar sus votos revolucionarios y domésticos en esa semi abandonada terminal como una visión de la propia Cuba. “Si aquí todo el mundo quiere hacer lo que le de la gana a dónde vamos a parar”.

Para Tabío, Arango y Paz,  la única manera de sobrevivir en ese universo caótico y empobrecido es a través de la solidaridad, el buen humor y la esperanza metaforizada en una lluvia que cambia el panorama de todos, quienes trastocan ese reducto oscuro en una comunidad modelo con dormitorios cómodos, biblioteca, festines, e incluso tolerancia sexual. En Lista de espera, Tabío ha cambiado la ironía y la crítica ácida por la fábula social aunque ha elegido un final no tan feliz en esa suerte de imposible sueño colectivo. Lo más atractivo, es que a pesar de los evidentes problemas de producción, el cine cubano es capaz de entretener, de brindar un mensaje de optimismo a Cuba y al mundo y sobre todo, de burlarse de sus problemas como última salida para una nación cuya apertura al exterior se antoja inminente.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de octubre 2019

ÚTERO/ CLON (Womb/ Clone, Hungría-Alemania-Francia, 2010)

Dirección. Benedek Bence Fliegauf/ Guión. Benedek Bence Fliegauf/ Fotografía en color. Péter Szatmári/ Música. Max Richter/ Edición. Xavier Box/ Dirección de Arte. Seth Turner/ Diseño de Producción. Erwin Prib/ Vestuario. Mariano Tufano/ Producción. Gerhard Meixner, Marc Baschet, Cédomir Kolar, András Muhi, Roman Paul/ Con. Eva Green (Rebecca), Matt Smith (Thomas), Lesley Manville (madre de Thomas), Peter Wight (papá de Thomas), István Lenart (abuelo de Rebecca), Hannah Murray (Mónica, novia de Thomas), Ruby O. Fee (Rebecca de 9 años), Tristan Christopher (Thomas de 10 años), Natalia Tena (Rose, amiga de Thomas)/ Duración. 105 mins.

SINOPSIS

En un pueblo costero británico, Rebecca una niña de ocho años toma unas vacaciones en casa de su abuelo. En uno de sus recorridos se encuentra con Tommy, niño de ojos azules y pecas de su misma edad  que vive ahí con sus padres. Ambos entablan a partir de ese momento, una relación que parece inseparable. Sin embargo, Rebecca debe abandonar el lugar ya que las vacaciones de verano terminaron y su familia se mudará a Japón donde su padre ha encontrado un trabajo. La separación es dolorosa y Tommy sólo alcanza a besar sus labios y no puede entregarle su regalo: un caracol.

No obstante, 12 años más tarde, en un futuro próximo, Rebecca regresa al pueblo en busca de Thomas, convertido en un joven adulto, biólogo y activista en favor de la ecología que vive con una joven, sin embargo, ante la llegada de Rebecca, su mirada solo se concentra en ella. Inician una relación en busca de esa enigmática atracción que sentían de niños. Thomas convence a Rebecca de acompañarlo a un acto de terrorismo ecológico. En el camino ella le pide que se detenga para poder orinar y Thomas desciende también del auto y al bajarse, sufre un accidente fatal ante la gélida mirada de Rebecca.

La muerte de Thomas cambia la vida de Rebecca y ella, propone a los padres del joven, llevar a cabo un novedoso proceso de clonación, gestar a Thomas en su propio vientre. Los padres lo rechazan en un inicio, sin embargo tiempo después, el padre accede. Ellos se irán de ese pueblo y ella gestará al niño allí, su padre le dice “Thomas amaba el mar, y lo amará otra vez”. Rebecca es fecundada in vitro y tiene un niño idéntico a Thomas y lo llama igual. En efecto, un nuevo Thomas nace y Rebecca cree que todo podrá ser como antes. Sin embargo, nada saldrá como pensaba. Cuando Tommy crece y más tarde consiga una pareja, Rebecca entrará en crisis y parecerá condenada a sufrir y a repetir el mismo esquema.

 

Útero/Clon obtuvo el Premio Junior del Jurado en el Festival de Locarno, Suiza y estuvo nominada al Leopardo de Oro el mayor premio de dicho Festival.

 

El realizador húngaro Benedek Bence Fliegauf (Budapest, 1974), trabajó como reportero de cultura, realizó varios documentales para la televisión y a su vez, se desempeñó como asistente de dirección de algunas personalidades de su país como Miklós Jancsó (Salmo rojo, Vicios privados virtudes públicas). Fue rechazado por la Universidad de Teatro y Cine de Hungría por estar sobre calificado en apariencia, y por ello eligió toda clase de caminos para narrar sus historias. Extraño director autodidacta, realizó filmes de corte experimental como su cortometraje Hypnos (2001) y su ópera prima Bosque/ Forest comedia dramática de escasos recursos, cuyo éxito le permitió acceder a cintas de mayor presupuesto como Dealer (2004) con la que obtuvo su primer premio internacional. Con Vía láctea (2007), se sumergía en un relato filosófico-antropológico sobre el destino de la humanidad, para emprender después éste estilizado, elegante y bello relato de ciencia ficción y drama íntimo, protagonizado por la atractiva actriz francesa Eva Green: Útero/Clon centrado en una mujer que decide dar a luz a un clon de su marido fallecido.

En el extremo opuesto de Útero/Clon, se localiza Hungría 2011 (2011), un filme de varios episodios uno de ellos dirigido por Bence Fliegauf, sobre la degradación social y política en Hungría y El viento (2012), relato duro, seco, minimalista, de fotografía sucia y granulosa. Una cinta contemplativa en la que Fliegauf va sumergiendo al espectador en la paranoia y la desconfianza. Una historia de odios raciales, en la que es posible captar el sudor, la suciedad, el miedo. Su más reciente filme es Lily Lane (2016); al igual que en Útero, se narra la difícil y mágica relación entre una madre y un hijo. Una joven mujer, relata un cuento terrorífico a su hijo de diez años: desde estos primeros planos un poco nebulosos, el recuerdo y la imaginación se funden el uno con el otro, sin que puedan distinguirse… “este film no se dirige al intelecto del espectador, sino a una memoria oculta que se remonta quizás a la fase de fusión amniótica que precede al nacimiento” –Cineeuropa.com-

 

 

“No me interesan las películas estereotipadas en las que un ejército de clones ataca una ciudad, sino indagar en los sentimientos…la clonación es un buen instrumento para hablar de amor y de muerte. Womb narra la historia de una mujer que decide fecundarse con el tejido de ADN de su amante muerto y tener un hijo exactamente igual que el padre…” – Benedek Bence Fliegauf en Lainformación.com-

 

 

Útero/Clon es un relato que se aleja del lugar común de la ciencia ficción sobre el tema de la clonación, de hecho utiliza el tópico dela genética para proponer una serie de diatribas morales sobre la humanidad, la pareja, la relación madre e hijo, el amor, la maternidad, la muerte y el incesto. Todo ello a través de un drama intimista que sucede en un paisaje gélido de una isla británica –en realidad alemana- y sobre todo de aislamiento, que lleva a una madre y a un hijo y antes a una pareja, y antes a dos niños que se aman desde la infancia a crear una atmósfera de fascinación y a su vez de opresión. Por supuesto, el filme elige un tono pausado para sumergirnos en los emociones de los personajes y con enorme fortuna plantea un debate entre las pulsiones sexuales de la protagonista y el sentimiento protector de la maternidad, que se entrevé en escenas como la del baño en la tina que toman la madre y el hijo, o esos sentimientos encontrados de Rebecca en relación a Tommy adulto y de su vida sexual con la jovencita que ha llevado a casa. Y por supuesto la secuencia climática, polémica y devastadora.

 

Más allá de la espectacular fotografía, Útero/Clon tiene dos grandes puntos a su favor. Uno de ellos: un sólido argumento con una serie de vueltas de tuerca precisas y de momentos que no necesitan explicación mayor y que con tan sólo unos cuantos elementos hacen avanzar la historia, como la fascinación-amor-deseo de Rebecca por su hijo, la niña del conejo que entendemos se trata de un clon, o el rechazo de los “humanos” hacia el niño según se aprecia en la secuencia de la fiesta de cumpleaños. Y el otro factor esencial que eleva al filme es la potente y sugestiva interpretación de la bellísima, carismática y misteriosa actriz francesa Eva Green (Los soñadores, Casino Royale, La brújula dorada, Sin City. Una dama por quien matar, Basada en hechos reales). Realiza aquí una de sus más brillantes actuaciones con un personaje extraño, desconcertante e inquietante al mismo tiempo. Ello en una historia austera, minimalista de enorme atmósfera visual.

 

 

“Ya es posible clonar a personas, lo que no se ha conseguirlo hacerlo como en la película, que vamos más allá. Por eso, la sitúo en un futuro a corto plazo, lo que pasa es que cuando pueda a entrar la industria y alguien pueda beneficiarse la gente utilizará la clonación como ahora la cirugía plástica. La moralidad se pierde cuando hay dinero de por medio. Pero, llegado el día, ¿podrá dominar la moralidad al dinero..?

“Es como la historia del monstruo de Frankenstein, un ser compuesto de personas muertas. O en la no ficción, en los años cincuenta o sesenta te cortaban un brazo y lo daban por perdido, hoy pierdes una mano la pones en hielo con la esperanza de que en el hospital te la puedan devolver a su sitio; los mismos rostros destrozados y deformes que hoy recomponen, es otros ejemplo…

…”Sin embargo, con el dilema que marca la película: ¿Marido e hijo a la vez? Si lo ves desde el punto de vista de ella podría ser muy egoísta, desde punto de vista el él, altruista. Se podría juzgar a alguien por clonar a su amante, lo que yo no me atrevería nunca es a juzgar que una madre que pierda a un hijo, vuelva a dar a luz el mismo hijo. No es fácil. Filosóficamente es difícil de entender.” – Benedek Bence Fliegauf en Cineplay.com-

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

24 de septiembre 2019

KALIFORNIA (Kalifornia, Estados Unidos, 1993)

Dirección. Dominic Sena/ Guión. Stephen Levy, Tim Metcalf, Dominic Sena/ Fotografía en color. Bojan Bazelli/ Música. Carter Burwell/ Edición. Martin Hunter/ Dirección de arte. Jeff Mann/ Diseño de Producción. Michael White/ Vestuario. Kelle Kutsugeras/ Efectos visuales. Tony Bradley/ Producción. Steve Golin, Aristides McGerry, Mitch Sacharoff, Sigurjon Sighwatsson/ Con. Brad Pitt (Early Grayce), David Duchovny (Brian Kessler), Michelle Forbes (Carrie Laughlin), Juliette Lewis (Adele Corners), Kathy Larson (adolescente de los zapatos rojos), John Zarchen (Peter), David Milford (conductor), David Rose (Eric), Tommy Chappelle (anciano), Patricia Sill (Carol)/ Duración. 117 mins.

SINOPSIS

Un periodista llamado Brian Kessler autor de un breve artículo sobre criminales sicópatas, prepara un libro sobre los asesinos en serie más famosos de los Estados Unidos. Por ello, acompañado de su novia, la fotógrafa Carrie, decide recorrer los lugares emblemáticos en los que varios de estos sicópatas vivieron o sacrificaron a sus víctimas o que guardan relación con el crimen real más sangriento. Para ello, deciden colocar un anuncio en el que invitan a otra pareja a realizar con ellos el viaje para compartir gastos de gasolina y comida. Un asesino en libertad condicional, Early Grayce y su novia Adele, se aventuran con ellos con el propósito de huir del Estado y de su agente de libertad condicional y acepta la proposición, lo que no sólo traerá consigo numerosos problemas a la pareja, sino que cambiará su perspectiva sobre la visión clínica, social y moral del asesinato.

 

 

Kalifornia obtuvo en el Festival de Montreal el Premio a la Mejor Contribución Artística, el Premio Fipresci para el realizador Dominic Sena y el galardón a la Mejor Fotografía. El guion de Tim Metcalf, Stephen Levy y Dominic Sena se hizo acreedor al premio correspondiente en el Festival de Tesalónica.

 

 

A partir de los años sesenta, el crimen se convirtió sin duda en la carne de cañón más celebrada por la pantalla: sicópatas, asesinos seriales y crímenes sin resolver surgidos de la nota roja, pasaron a formar parte de la mitología fílmica más delirante, una cultura criminal que trastocó en ídolo pop a Charles Manson, el más célebre asesino de la historia moderna sin que haya manchado sus manos de sangre, quien pronto encontró eco en la pantalla además de ser citado en decenas de filmes: la más reciente Había una vez en Hollywood (2019) de Quentin Tarantino con el propio Brad Pitt y Leonardo DiCaprio. Una cultura criminal que ha dado pie a fascinantes relatos cinematográficos inspirados en crímenes multi publicitados o inspirados lejanamente en estos  y sobre todo en esa nueva raza fílmica, los serial killers, elevados a categoría de culto a partir de la película El silencio de los inocentes (1990) de Jonathan Demme.

 

 

A pesar de ejemplos notables de un cine que parece extraer lo mejor del thriller, el horror, el porno, el suspenso policiaco y el drama sicológico, el subgénero de criminales sociópatas, sólo es tomado en serio cuando aparece la citada El silencio de los inocentes que consiguió extraer del anonimato fílmico al asesino serial. De hecho, el serial killer se convirtió en una presencia constante del cine de la década de los noventa principalmente, ya sea como tema, como personaje o como objeto de estudio según lo muestran obras como: Mamá es una asesina, Henry, retrato de un asesino en serie, Seven o Kalifornia.

 

Asesinos por naturaleza (1994) una suerte de farsa realista, acerca del crimen trastocado en demencial objeto de cultura popular, fue un soberbio e inquietante apuesta de Oliver Stone, por crear la mayor y más incisiva película, sobre las motivaciones del asesinato en serie y su impacto en la sociedad. En paralelo, Kalifornia, con K de killer o de killing, del debutante Dominic Sena, posterior realizador de filmes como: 60 segundos, Operación Swordfish, o En tiempos de brujas, consiguió con una propuesta más bien modesta, una intensa e inteligente reflexión, no sólo, sobre las oscuras razones del asesino serial, sino sobre la fascinación que despiertan.

Brian Kessler, es un teórico y fanático del asesinato en serie, “todo lo que sabía sobre asesinos seriales, cabía en cuatro páginas, y eso, lo había aprendido en la biblioteca, un lugar donde la gente no se mata”. Para él, a diferencia de sus amigos, quienes los consideran seres enfermizamente malvados, aquellos, son sujetos que necesitan tratamiento e investigación y no la pena muerte. Sin embargo, cuando pasa de la seguridad de las aulas, a las experiencias de la vida real, su código ético, cambia.

Kalifornia, parte de una premisa inquietante, el estudio de la mente enferma, aquella, incapaz de diferenciar entre el bien y el mal, y construye una suerte de documental ficticio, sobre la canalización de la violencia, que adquiere un cariz de thriller sangriento y existencial, según los lineamientos del road movie y la estética de la carretera, elemento perturbador del cine estadunidense y a su vez, paisaje de esa cultura criminal y sus nuevos ídolos, los serial killers.

Luego de un inquietante prólogo, en el que Early Grayce, provoca un terrible y gratuito accidente, al arrojar una piedra sobre el parabrisas de una auto, el filme arranca verdaderamente, cuando Brian y su novia Carrie, deciden abandonar Kentucky y llegar a California en su viejo Lincoln convertible, compartiendo gastos con otra pareja que los acompañe, en un curioso tour de estudio, que sirva para dar forma a un libro sobre el asesinato en serie, visitando algunos de los lugares, donde se han cometido espeluznantes crímenes.

Brian, escritor incipiente y Carrie, fotógrafa, fascinada con situaciones sexualmente provocadoras; los típicos intelectuales paternalistas, que visten de negro y teorizan emociones, son confrontados por otra pareja, la integrada por sus acompañantes al azar, Early, un ex convicto sucio y vulgar, que resulta un asesino nato, inquieto y volátil, y su novia Adele, una mesera aniñada, casi subnormal violada a los 13 años, en otro papel sicológicamente anómalo, a cargo de Juliette Lewis, quien se encasillaría de algún modo en ese rol. Es decir: dos parejas, una de yuppies intelectuales y otra de criminales ignorantes: un estudioso y fanático del crimen y su novia fotógrafa y artista de la sexualidad, confrontados por un criminal que mata por instinto y casi por placer.

 

 

“El guion fue escrito por Tim Metcalfe y Stephen Levy en 1987. Metcalfe comentó que su intención era “aterrorizar a la audiencia y castigarme a mi mismo por mi morbosa obsesión por los casos de asesinato.”. El guion interesó al director Dominic Sena, sobre todo por el personaje de Early Grayce. Finalmente Metcalfe fue despedido y Sena completó el guion. –Los Ángeles Times, 25 octubre, 1993-

 

 

Fogueado en el campo del videoclip y los comerciales, Sena se entrega a la estética de la carretera y a la fascinación por el mal, apoyado en las elocuentes imágenes del húngaro Bazelli al tiempo que consigue una prometedora ópera prima, explotando algunos momentos terribles y fascinantes (el insecto achicharrado, la secuencia en los baños de la gasolinera, o la secuencia de la casa-muestra para experimentos nucleares en Nevada). Ello, mediante un notorio homenaje a David Lynch, el de Twin Peaks y Salvaje de corazón, de ahí, la grabadora de Brian como un personaje más, los violentos crímenes y los sujetos repulsivos y grotescos como el casero de Early que termina bajo tierra, o el oficial de custodia con un gancho en lugar de mano, como salido directamente del intrigante filme La piel que brilla (Philipp Ridley, 1990).

Kalifornia, pese a su final gratuito y convencional en la línea de Hollywood, consigue decir más, que toda la parafernalia excesiva de Stone y su Natural Born Killers. Asimismo y a diferencia de Mamá es una asesina de John Waters y su humor virulento, Sena elige la reflexión intelectual y el thriller emocional, sin embargo, al igual que Waters, se fascina con ese imperceptible momento que transforma a un ser común, en un monstruo sediento de sangre, que intenta sobrevivir en un mundo más absurdo, que el construido en su propia mente.

Esa suerte de vigilia entre la realidad y el sueño; la diferencia entre bien y mal en la que transitan los asesinos en serie, es para Sena y sus guionistas no sólo motivo de reflexión, sino de ironía. Brian, el supuesto especialista, no ha visto morir a nadie y mucho menos ha matado (“¿Cómo vas a escribir sobre algo de lo que no conoces nada?”), en cambio, Early, disimula con instintiva inteligencia el reguero de cadáveres que deja a su paso desde Kentucky hasta los límites fronterizos con California.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 septiembre 2019

EL PROFESOR MARSTON Y LA MUJER MARAVILLA (Professor Marston and the Wonder Woman, EU-Gran Bretaña, 2017)

Dirección. Angela Robinson/ Guión. Angela Robinson/ Fotografía en color. Bryce Fortner/ Música. Tom Howe/ Edición. Jeffrey M. Werner/ Dirección de arte. Adam Henderson/ Diseño de Producción. Carl Sprague/ Vestuario. Donna Maloney/ Maquillaje. Frank Barbosa/ Efectos visuales. Herve Desroches/ Producción. Terry Leonard, Amy Redford, Opposite Field Pictures, Boxsprint Entertainment, Stage 6 Films/ Con. Luke Evans (Dr. William Moulon Marston), Rebecca Hall (Elizabeth Holloway) Bella Heathcote (Olive Byrne), Oliver Platt (William M. Gaines), Connie Britton (Josette Frank), Monica Giordano (Mary), J.J. Field (Charles Guyette), Chris Conroy (Brant Gregory), Maggie Castle (Dorothy Roubicek), Alexa Havins (Molly Stewart)/Duración. 105 mins.

SINOPSIS

Inspirada en la vida del Dr. William Moulton Marston, psicólogo y teórico de la Universidad de Harvard, quien ayudó a crear el detector de mentiras y el célebre personaje ficticio de la historieta de La Mujer Maravilla. La trama muestra parte de la relación poco convencional que compartió con dos mujeres: su esposa, la profesora e investigadora Elizabeth Marston y Olive Byrne, una sensible alumna del Profesor Marston, que invita a la pareja a una hermandad femenina, en donde exploran y comparten ideas sobre sexualidad y sumisión. A partir de este evento, William, Elizabeth y Olive integrarán un triángulo tanto amoroso como intelectual: la química entre los tres fue la clave para crear a la famosa heroína y dotarla de sus propios ideales feministas. Luchando contra aquellos que intentaron censurar la historieta por considerarla violenta y llena de perversión, el trío defendió firmemente la presencia de un personaje femenino que sirviera de inspiración para las mujeres de todo el mundo.

La trama arranca con un flashback, en el que se narran los testimonios que el Profesor William Moulton Marston expone hacia 1945 a Josette Frank, la representante de la Sociedad estadunidense de estudios infantiles sobre su trabajo como responsable del argumento de la historieta de La Mujer Maravilla. A mediados de los años veinte, William y su esposa Elizabeth enseñan y trabajan en sus investigaciones en Harvard y Radcliffe Colleges. Un día, William contrata a una de sus alumnas, Olive Byrne (hija de Ethel Byrne y sobrina de Margaret Sanger, dos sufragistas y feministas famosos del siglo XX) como asistente de investigación. Olive ayuda en el trabajo de los Marston en la invención del detector de mentiras y en la investigación sobre la teoría DISC de William sobre las interacciones humanas y entre los tres surge una apasionada atracción física e intelectual. Una tras otra las pruebas del detector de mentiras revelan que se han enamorado el uno del otro, y los tres comienzan a tener una relación poliamorosa.

 

 

El profesor Marston y la Mujer Maravilla obtuvo la nominación a Mejor Película Independiente por parte de la Academia de Horror, Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos. Asimismo, Angela Robinson fue nominada como Mejor Mujer Cineasta por la Alianza de Mujeres Periodistas estadunidense.

 

“La mente del hombre es limitada y por eso necesita a las mujeres. Debería someterse a ellas”. – Dr. William Moulton Marston-

 

 

William Moulton Marston nació el 9 de mayo de 1893 en Saugus, Massachusetts. En 1915, Marston contrajo matrimonio con su colega Elizabeth “Sadie” Holloway, y en 1925 inició una relación con Olive “Dotsie” Byrne, una estudiante de psicología que conocería cuando era su profesor. La relación tenía la aprobación de su esposa, y de hecho la joven fue a vivir con el matrimonio.

Entre 1928 y 1933 Marston tuvo dos hijos con su esposa: Pete y Olive Ann, llamada así en honor a su amante, y tres hijos con Olive: Byrne, Donn y Fredericka. Para guardar las apariencias, el matrimonio Marston adoptó legalmente a los hijos de Byrne. Al exterior se presentaban como una familia convencional con una niñera: Olive Byrne. Los hijos no supieron la verdad hasta 1963, en que Elizabeth Holloway les reveló que su padre adoptivo era su padre biológico.

William Moulton Marston murió de cáncer el 2 de mayo de 1947 en Nueva York. Luego de su muerte sus dos mujeres continuaron viviendo juntas: Olive se quedaba en la casa cuidando los niños mientras Elizabeth trabajaba como profesora universitaria y la convivencia duró hasta la muerte por causas naturales de Olive Byrne en 1985. –Con información de Wikipedia-

 

 

Fue hacia el año de 1947 cuando el editor William M. Gaines heredaba de su padre Max Gaines, los Entertaining Comics –los afamados EC Comics- y en breve, se daría a la tarea de perfeccionar una serie de historietas a medio camino entre el crimen, el horror, el erotismo y lo asombroso, que serían condenadas por las autoridades de la época. De hecho, el senador Joseph McCarthy las retiró de la circulación y el célebre siquiatra Frederic Wertham alertó acerca del daño “moral” que estos comic books dejaban a sus lectores.

En ese mismo año, fallecería el sicólogo, catedrático e inventor William Marston, creador del detector de mentiras y autor bajo el seudónimo de Charles Moulton de la historieta La mujer maravilla editada por Gaines padre en 1941, en la que Marston expondría sus teorías sobre la sumisión y la dominación sexual. Y a su vez, parte de su propia experiencia poliamorosa compartida con su esposa Elizabeth Holloway y la amante de ambos Olive Byrne.

El profesor Marston y la mujer maravilla desnuda literalmente a una de las heroínas más afamadas de la historieta y se sumerge además de manera ágil, inteligente e intrigante en la intimidad y en la doble moral de la sociedad estadunidense de la década de los cuarenta. No es casual que coincidan en ese periodo los años dorados del comic y del cinema noir; dos de las propuestas artísticas y populares más fascinantes y provocativas sobre legalidad, crimen y traumas sicológicos.

La realizadora Angela Robinson no sólo consigue un intrigante y eficaz relato feminista protagonizado por dos mujeres y un hombre en contra de la idea machista de dominación, sino que equilibra con eficacia el triángulo sexual planteado, la controversia alrededor de la historieta y la recreación de época apoyada a su vez en un atractivo reparto. No obstante, lo mejor se localiza en las insinuaciones de pulsante fetichismo erótico que rodean al comic y que pocos años después serán el baluarte de la sensual pin up Bettie Page y similares. Los créditos finales resultan notables e ilustrativos.

 

 

“Marston había desarrollado un modelo de conducta social y emocional en su etapa universitaria al que denominó DISC y que constaba de varios pasos: (1) Dominio (2) Influencia (3) Sumisión (4) Conformidad. Pronto se daría cuenta de que el comportamiento de las personas correspondía a una de estas categorías, y que las relaciones humanas atravesaban este patrón, como pudo comprobar aplicándolo a su propia familia. Mientras que Olive era el miembro sumiso (una sumisión siempre voluntaria), Elizabeth era la parte dominante. Y así se iban estableciendo una serie de relaciones de poder en la intimidad que en este caso se equilibraban hasta alcanzar la armonía. El problema residía en la autoridad como fuente de represión, en la imposición de pensamiento y en la imposibilidad de elección. Al fin y al cabo, una de las principales luchas de la súper heroína siempre había sido la de instaurar la justicia y la igualdad en un mundo regido por la violencia y el desequilibrio. –con información de Beatriz Martínez de Elpais.com-

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

27 de agosto de 2019

KIKA (España-Francia, 1993)

Dirección. Pedro Almodóvar/ Guion. Pedro Almodóvar/ Fotografía en color. Alfredo Mayo/ Música. Dámaso Pérez Prado, Enric Granados, Manuel Alejandro, Álvaro Carrillo, Bernard Herrmann, Xavier Cugat, entre otros/ Edición. José Salcedo/ Dirección de arte. Alain Bainée, Javier Fernández/ Diseño de Producción. Pedro Almodóvar/ Vestuario. de sonido. Philip Nicolai Flindt/ Efectos visuales. Jean Baptiste Bonetto/ Producción. Agustín Almodóvar, El Deseo, CiBy 2000/ Con. Verónica Forqué (Kika) Victoria Abril (Andrea Caracortada) Alex Casanovas (Ramón) Peter Coyote (Nicholas), Rossy de Palma (Juana) Santiago Lajusticia (Pablo), Anabel Alonso (Amparo), Bibiana Fernández (Susana) Jesús Bonilla (policía), Karra Elejalde (policía)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Kika es una maquilladora de carácter ingenuo optimista y vital que un día recibe un encargo muy especial: ha de maquillar a un muerto, un atractivo fotógrafo llamado Ramón. Sin embargo, éste en realidad no está muerto y sólo sufre un ataque, por lo cual el trabajo de la maquilladora motiva que reaccione y se enamore de ella. Se quieren pero no se entienden. Ramón está obsesionado con el fallecimiento de su madre. El padrastro de Ramón, es Nicholas, un hombre turbio y seductor estadunidense y a ojos del fotógrafo es el responsable de la muerte de su mamá. Kika tiene una amiga con muy pocos prejuicios, Amparo; una acérrima enemiga, Andrea Caracortada, directora y presentadora de un “reality show”; un amante americano que es el padrastro de Ramón; una criada bigotuda, Juana, enamorada de ella en secreto, y hermana de un actor porno que, tras fugarse de la cárcel, se esconde en la casa donde trabaja ésta. El hermano de Juana no tardará en violar a Kika y, en consecuencia, convertirla en protagonista del serial televisivo de la cruel y resentida, Andrea.

 

Kika fue nominada a 8 Goyas, la máxima presea del cine español y obtuvo el de Mejor Actriz para Verónica Forqué

 

 

 

“Estábamos en 1981 y Madrid era nuestro”: la frase es del realizador en crisis Salvador Mallo, interpretado por Antonio Banderas y saturado de dolores físicos y emocionales en la más reciente película de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria (2019) y sin embargo bien pudiera ser la voz del verdadero Almodóvar, en ese instante libertario de una España sacudida por la muerte de Franco y la censura. Justo al inicio de esa década en la que el cineasta debutaba con Pepi, Lucy y Bom y otras chicas del montón (1980) y se sumaba a la llamada movida madrileña.

Cada nuevo filme de Pedro Almodóvar es un enigma. Una pieza más a un rompecabezas infinito donde el realizador manchego no sólo repite sus temas y obsesiones, sino que paradójicamente aporta nuevas preocupaciones y depura más su impecable estilo visual. Así, después de una obra suma de inquietante belleza como La piel que habito (2011) y de ese ácido cóctel hedonista que fue Los amantes pasajeros (2013), seguiría Julieta (2016) relato de una sencillez desconcertante, previa a Dolor y gloria.

 

Luego de 21 largometrajes en casi 40 años de carrera, Almodóvar ha dejado atrás el humor enloquecido de sus primeras obras, a la que pertenece justamente Kika, su décima película, para dar paso a dramas cotidianos que rozan con ironía, la tragedia. Sus películas son cada vez menos fársicas y se han vuelto más profundas, elaboradas y dolorosas sin perder el delirio que lo caracteriza. En los años noventa, época de Kika, Almodóvar, se había convertido en institución fílmica de exportación, destacando en su país, no tanto por sus delirantes e inclementes sátiras, sino por su especial sensibilidad para acercarse a la realidad española. Se trataba entonces de un cineasta, que había conseguido identificar a sus personajes-freaks con los seres comunes en situaciones cotidianas, explotando la parte más perversa y/o escandalosa de esos actos del día a día rutinario.

 

 

“Almodóvar reconoció ayer la dificultad de calificar su filme. Mientras el director manchego empleaba palabras como comedia corrosiva, comedia thriller, comedia negra, Rossy de Palma, la única actriz que parece recién salida de la pantalla, fue mucho más directa: “Kika habla de todo lo que vemos en la vida”. Y todo lo que vemos en la vida, según el filme de Almodóvar, es corrosión, perversión, dolor y ternura, mucha ternura. Kika, que ha contado con un presupuesto de 700 millones de pesetas y con el más largo rodaje de todas las películas de Almodóvar, es una mezcla de distintos personajes, pertenecientes cada uno a distintos géneros” –Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Las relaciones familiares de amor-odio; los triángulos homosexuales que acaban en asesinato; el incesto o la violación, como actos tragicómicos; las relaciones de traición y solidaridad entre mujeres; o el machismo, como una cotidiana realidad española. Kika no podía ser la excepción; se trata de una farsa enloquecida, que hace eco en los llamados reality shows, según la historia de otro par de mujeres antagónicas al estilo de Tacones lejanos (1991) y una fauna maniática que los acompaña.

 

“Es una película insólita…con mujeres emocionales extremas. Es como Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987), pero más pesimista” (Almodóvar dixit). En efecto, en uno de los extremo se encuentra Andrea Caracortada, conductora de un programa siniestro titulado Lo peor del día, donde presenta, cámara en mano, todo tipo de crímenes y violaciones, en busca del amarillismo más atroz para esparcimiento de un público abúlico y consumista. Y por el otro, la propia Kika, mujer sensual pero ingenua, deseada y engañada por todos, cuya fuerza radica no tanto en su pródiga sexualidad, sino en su optimismo.

Luego de la conmoción causada por Mujeres al borde de un ataque de nervios, del hedonismo artificialmente violento de ¡Atame! y del thriller hitchcockiano Tacones lejanos, Almodóvar sorprende con éste propositivo acercamiento a la España moderna; el de la cultura popular, la televisión enajenante y sobre todo el sexo. De manera sorprendente, el cineasta resume lo mejor de su filmografía, recuperando los delirios tremendistas de Laberinto de pasiones (1982) y la terrible emotividad de su excepcional La ley del deseo (1984).

 

“Es en el personaje interpretado por Victoria Abril, vestida por el innovador Jean Paul Gaultier, sobre el que Almodóvar construye su más ácida y feroz crítica contra lo que califica de “mercados del dolor y de la sangre”. “No he querido hacer crítica contra la prensa ni contra unos profesionales concretos, sino contra los llamados programas de reality show, en los que la capacidad de corrupción es tan grande que obliga a las gentes a vender hasta su dolor. Si te quitan el dolor, ya no te queda nada”, dijo Almodóvar, que quiso resaltar la benignidad de su película, frente al tremendismo de los programas reales” -Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Prueba de ello, son las múltiples relaciones de personajes insólitos alrededor de la parlanchina Kika, una maquillista infantiloide e ingenua y Andrea, la perversa depredadora de las penas ajenas. Entre ellos: Ramón, novio de Kika y fotógrafo-voyeur de prendas íntimas, cuya pasiva madre ha muerto brutalmente en extrañas circunstancias al lado de su padrastro Nicholas, el escritor estadunidense. Completan el cuadro, Juana, la criada lesbiana y bigotuda enamorada de Kika, su patrona y Paul Bazzo (Lajusticia), el violador de ésta, un enfermizo actor porno hermano de Juana.

Kika es un delicioso cóctel, sobre lo alucinante de la moda actual (vestuario ciberpunk de Jean-Paul Gaultier, la televisión “tabloide”); acerca también de la ilusión de la imagen (el fotógrafo de lencería, las lecciones de maquillaje de Kika, el actor de filmes porno, la cámara de video que Andrea lleva como casco); y a su vez, una farsa sobre la íntima relación entre sangre y semen, mostrado en el trabajo mismo de Andrea, la violación, los asesinatos y las novelas negras de Nicholas. Kika era sin duda, de un genial regreso de Almodóvar; una inquietante comedia negra de aventuras, que el mismo había definido entonces como: “una especie de Indiana Jones casero”, que incluye un bello homenaje a la mexicana Chavela Vargas.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 de agosto de 2019.