CITA CON LA MUERTE/ CON LA MUERTE EN LA MIRA (Rendezvous mit dem Tod: Warum John F. Kennedy sterben musste, Alemania, 2006)

Dirección. Wilfried Huismann/ Guión. Wilfried Huismann/ Fotografía en color. Tobias Baader y Reinhard Gossmann/ Música: Pino Donaggio y Claudius Bruese/ Edición: Nikole Kortlüke/ Diseño de Producción. Bettina Kapune/ Producción. Heribert Blondiau, Wilfried Huismann, Gus Russo/ Con: Laurence Keenan (él mismo), Fidel Castro (él mismo, pietaje de archivo), Alexander Haig (él mismo), John F. Kennedy (él mismo, pietaje de archivo), Lee Harvey Oswald (él mismo, pietaje de archivo), Jack Ruby (él mismo, pietaje de archivo), Lyndon B. Johnson (él mismo, pietaje de archivo)/ Duración. 88 mins.

SINOPSIS

22 de noviembre de 1963. John F. Kennedy es acribillado en Dallas, Texas, aparentemente, por un fanático marxista-leninista, Lee Harvey Oswald, quien es detenido de inmediato y asesinado en menos de 48 horas por Jack Ruby, un gángster menor, ligado a negocios de prostitución y alcohol. Éste, uno de los mayores magnicidios de la historia, acabó con el sueño americano y la inocencia del estadunidense medio. La muerte de JFK abrió la cloaca de los recovecos del poder y del dinero: las oscuras fuerzas que planearon el crimen, siguen reptando en la oscuridad, incluso, contaron con el apoyo de la llamada Comisión Warren, impuesta por el presidente que tomó el lugar de Kennedy, Lyndon B. Jonson, misma que manejó la teoría del asesino solitario y sicópata y que enfrentó la vehemencia de Jim Garrison, Fiscal del Distrito De Nueva Orleáns, quien puso en tela de juicio la muerte del carismático presidente. 43 años después del asesinato de JFK, aparece una nueva teoría, sustentada más por la imaginación y la sorpresa que por hechos contundentes, aunque deja al descubierto, quizá sin proponérselo, los pantanosos secretos de la política mexicana y sus instituciones de seguridad.

 

 

Se trata de Cita con la muerte conocida también como Con la muerte en la mira, del documentalista germano Wilfried Huismann, cuyas credenciales lo colocan como un especialista en temas histórico-políticos: autor de la serie televisiva Politische Morde (Asesinatos Políticos) y documentales para la TV como: El secreto alrededor del atentado en las Olimpiadas de 1972, Querido Fidel: la historia de Marita, El caso Henry Kissinger, Sangre Fría: El Plan Z de Pinochet, Traición en Santiago- Quien Mató a Salvador Allende y Ruleta Rusa: Los agentes, el Kremlin y los Cancilleres.

El filme de Huismann apoya la vieja teoría de Oswald como asesino, pero centra su investigación en la participación directa del gobierno de Fidel Castro en la planeación y ejecución del crimen, con el apoyo del Servicio Secreto cubano, conocido como G-2. Al estilo de aquellos intrigantes Documentos prohibidos, hábiles mezclas de realidad y ficción, entresacados de archivos fílmicos franco-alemanes, Cita con la muerte, resulta un filme inquietante y apasionante, sobre todo, por aterrizar buena parte de su investigación en tierras mexicanas donde quedaron sellados en apariencia, los destinos de Kennedy-Oswald y Fidel Castro.

Laurence Keenan, ex agente del FBI, que participó en la investigación de los sucesos ocurridos en 1963, comenta a bordo de un taxi ecológico que circula por el centro histórico: “La ciudad de México, es como una Caja de Pandora. Sus secretos nunca han sido revelados”, para trasladarse después al tercer piso del Hotel “Comercio”, en el primer cuadro de la ciudad, donde estuvo hospedado Lee Harvey Oswald, quien según revelan, anónimos ex agentes del servicio de inteligencia del G-2 afincados en nuestro país, Oswald -quien vivió un tiempo en Rusia donde conoció a su esposa Marina-, fue apoyado por el gobierno de Castro, incluso, se le vio varias veces salir de la Embajada cubana en México, al lado de Silvia Durán, otra cubana arraigada en nuestro país, cuya voz vía telefónica –y sin acento-, niega toda relación con los hechos.

El realizador Huismann, con un buen dominio del español, habla con voces que se ocultan en las sombras: en la oscuridad de un taxi nocturno, tras la puerta de un viejo departamento de un edificio ruinoso, un teléfono, o las imponentes puertas de cristal del Archivo General de la Nación, en donde se localizan cerca de cuatro mil hojas de los llamados archivos desclasificados relacionados con el expediente JFK-Lee Harvey Oswald, de los cuales, Huismann, sólo tiene acceso a 30 páginas, atajado por la funcionaria Dulce María Liahut, responsable de los archivos internos del AGN, quien describe las reglas para obtención de documentos, apoyada en la negativa de Vicente Capello, titular de la Galería 1 del Archivo General de la Nación.

Hacia 1992, el exhaustivo programa de investigación, Kennedy, la otra historia, creado por el controvertido Jaime Maussán y dirigido y escrito por el periodista José Martín Sámano, mostraba un pasquín con la fotografía de frente y de perfil de John F. Kennedy que decía: “Se busca por traición”, mismo que circuló de mano en mano antes del fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando se llevó a cabo de manera perfecta el crimen del siglo, en contra del polémico, ambiguo y joven mandatario estadunidense, de quien se sabe ahora, planeaba acabar con la CIA, dar marcha tras al conflicto bélico en Vietnam y solucionar la enemistad con Cuba, a raíz de la llamada “Crisis de los misiles” ocurrida en 1962.

Un años antes, en 1991, JFK, la controvertida película de Oliver Stone, con Kevin Costner como el Fiscal Garrison, había puesto de nuevo el dedo en la llaga en una herida histórica aún sin sanar, apoyada en los libros de Jim Garrison (Tras la huella de los asesinos), del investigador Jim Marss (Fuego cruzado: el complot que mató a Kennedy) y en otros documentos valiosos, como la película en formato Súper 8 filmada por Abraham Zapruder. Como toda obra de ficción, JFK, dejaba de lado varios enigmas, tan intensos e impactantes, que cada uno de ellos pudo haber dado pie a otras películas. No obstante, Oliver Stone planteó muy claro, que la teoría de Oswald como único asesino, de la supuesta “bala mágica”, que provocó varios estragos en el cuerpo de Kennedy, cambiando de dirección en otras tantas ocasiones y de aquella célebre fotografía de Oswald, fusil en mano y con propaganda revolucionaria, eran inventos y trucajes de la Comisión Warren.

Cuando todo apunta a que la muerte de Kennedy se debió a un complot en el que pudieron haber participado de mayor a menor grado, la mafia con Sam Giancana a la cabeza, la CIA, el FBI, el Pentágono, los cubanos anticastristas y el propio Lyndon B. Jonson, quien aborrecía a JFK y que restituyó a Edgar J. Hoover como líder del FBI, Cita con la muerte –con una extraordinaria banda sonora a cargo de Pino Donaggio, músico del primer y mejor Brian De Palma-, propone un dudoso y poco verosímil, pero atractivo e intrigante documento, sobre la extraña personalidad de Oswald, el lado oscuro de Castro y algunos de sus hombres en el G-2 (Fabián Escalante, Rolando Cubera, Antulio Ramírez, Oscar Marino y otros –todos ellos entrevistados- y principalmente, el misterioso mulato pelirrojo del que todos hablan o niegan y que sirvió de contacto directo con Oswald). Pero, sobre todo, acerca de los secretos celosamente guardados por los archivos mexicanos, en particular, aquellos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, tópico que espera desde el fondo de una inmunda cloaca, ser rescatado algún día.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

17 de junio 2018

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