LOS NIÑOS DEL CIELO (Bacheha-Ye aseman/Children of Heaven, Irán, 1997).

Dirección y Guión. Majid Majidi/ Fotografía en color. Parviz Malekzade/ Música. Keivan Jahanshahi/ Edición. Hassan Hassandoost/ Diseño de arte. Saaed Ahangarani/ Producción. Amir Esfandiari y Mohammad Esfandiari, Instituto de Cine Iraní/ Con. Mohammad Amir Naji (padre de Alí y Zahara), Amir Farrokh Hashemian (Alí), Bahare Sediqi (Zahara), Fereshte Sarabandi (madre de Ali y Zahara), Nafise Jafar-Mohammadi (Roya, la amiguita de Zahara), Mohammad-Hasan Hosseinian (el padre de Roya), Dariush Mokhtari (el maestro de Alí), Behzad Rafi (profesor de deportes), Abbas-Ali Roomandi (el zapatero), Jafar Seyfollahi (el dueño de la verdulería)/ Duración. 85 mins.

SINOPSIS

Ali un niño de 9 años, es enviado con el zapatero a remendar los zapatos de su hermanita Zahara. Al igual que él y que la mayoría de los niños iraníes los hermanos sólo cuentan con un par de zapatos y sus sandalias. De ahí, Alí pasa a la verdulería por unas papas que la madre le ha encargado. Al dejar momentáneamente el envoltorio de los zapatos en el puesto, el hombre de la basura los recoge por error y los arroja a su carrito. Alí, desesperado mueve todas las cajas de la verdulería y las tira y es corrido por el furioso dueño. Regresa a casa desconsolado y habla con su hermana para pedirle que no diga nada a sus padres: la madre está enferma y tiene dificultades para hacer las tareas del hogar, el marido es un hombre severo pero comprensivo que hace múltiples trabajos. Para evitar ser castigado y evitarles a su vez el enojo a sus padres, Alí, propone a Zahara que mientras encuentra los zapatos, ella se lleve las sandalias de él e intercambien los únicos zapatos a la salida de clases aprovechando que el entra al mismo tiempo que ella sale de la escuela. Todo se complica ya que para hacer el intercambio tienen que verse a la mitad del camino y él llega tarde a clases pese a que es un alumno de excelencia y el Director de la escuela piensa por ello, que es un flojo, sin faltar otras dificultades que surgen día a día. Sin embargo, en paralelo a la experiencia de acompañar a su padre a hacer trabajos de jardinería en la ciudad y de la investigación que Zahara hace con los zapatos de sus compañeras buscando quien podría tener unos igual a los suyos, surge la oportunidad de obtener un par de zapatos nuevos, ya que Alí convence a su profesor de deportes para que le permita participar en una carrera infantil donde el Tercer Lugar ganará unos tenis.

 

Los niños del cielo es la tercera película del director iraní Majid Majidi ganadora de 13 premios y tres nominaciones en diversos festivales alrededor del mundo. Obtuvo la nominación al Oscar a la Mejor Película Extranjera y se llevó el Premio a la Mejor Película en el Festival de Montreal. En el Festival de cine de Fajr el principal de Irán, obtuvo las estatuillas de Mejor Película, Director, Guión y Edición.

La película fue filmada en su totalidad en Teherán, el rodaje se mantuvo en secreto para tratar de obtener una imagen lo más real y cotidiana posible de la ciudad y sus habitantes. Su costo fue mínimo: alrededor de dos millones de pesos.

“Siempre he estado obsesionado con su inocencia y espontaneidad, y creo que la mayoría de los adultos puede aprender mucho de ellos” –Majid Majidi, ABC guionistas.com

 

Al igual que otros realizadores iraníes, Majidi (Teherán, 1959), responsable de obras maestras como: El color del paraíso, Barán o Las cenizas de la luz, se ha valido de niños para protagonizar sus películas, sin embargo, a diferencia de cineastas como: Abbas Kiarostami, Bahman Ghobadi, o Jafar Panahi, su enfoque siempre resulta más humano que político, en su intento por capturar el sufrimiento cotidiano y la poesía de la sencillez. Todo ello en esta simple en apariencia y bella fábula sobre la realidad de países tercermundistas como Irán a través de la historia de dos pequeños hermanos y como su vida se trastoca cuando los zapatos de la más pequeña se extravían: “Ya no eres un niño, tienes nueve años”, le dice la madre al protagonista, quien, al igual que su hermana cooperan en las tareas domésticas y en sus responsabilidades escolares.

Lo que da pie a un emotivo relato de fraternidad y amor familiar, un mayor acercamiento y solidaridad entre los hermanos y al mismo tiempo, una mayor comunicación entre el hijo y el padre en ese recorrido en una destartalada bicicleta a la gran ciudad donde el padre intenta realizar algunos trabajos de jardinería para obtener un dinero extra. Y es gracias a la inteligencia y la soltura del niño ante la poca prestancia e ignorancia del padre que lo consiguen, en unas imágenes que remiten de inmediato a los clásicos del neorrealismo italiano, en particular a Ladrones de bicicletas (1948) de Vittorio De Sica.

 

Con más de 50 premios internacionales, Majid Majidi trabaja siempre con presupuestos irrisorios en las peores condiciones técnicas, sociales y políticas, extrayendo relatos de la vida común de su país, en filmes que recuerdan por mucho el mejor cine mexicano de la época de oro por su sencillez y su contundencia para hablar de las carencias y la solidaridad de los estratos sociales más marginados. Ello, con finales agridulces, esperanzadores quizá, y al mismo tiempo realistas, no exentos de poesía como es el caso de Los niños del paraíso en esa secuencia en la que Alí introduce sus ampollados pies en la fuente al tiempo que unos pececillos naranja lo rodean.

 

“Improviso mucho con los que son o no son profesionales y siempre estoy dispuesto a cambiar una escena o un diálogo si ellos no se sienten cómodos. Generalmente los actores no profesionales nunca leen el guion antes de llegar al set y así me aseguro de su espontaneidad”…” “El problema de la pobreza es el más acuciante de nuestra sociedad. No hacemos sino dar vueltas en torno a las desigualdades económicas y a la ausencia de justicia social. Es deber del arte continuar atacando esos problemas” –Majid Majidi ABC guionistas.com

 

 

La trama de Los niños del cielo pareciera dispuesta a orientarse por el drama o el melodrama chantajista explorando la pobreza, la desigualdad, o la injusticia. Lo curioso, es que sin recurrir a esos géneros, expone esos mismos problemas de una manera encantadora e incluso, ágil y divertida en los recorridos que hacen los hermanos para encontrarse a mitad del camino para intercambiar sus zapatos. O en las aventuras que atraviesan como la escena en la que el zapato de Alí cae en la alcantarilla y Zahara trata de recuperarlo. La secuencia en la que padre e hijo intentan obtener un trabajo arreglando un jardín en las mansiones de Teherán. La exploración que hace Zahara en busca de sus gastados zapatos. O en esos pequeños regalos que Ali le obsequia a su hermana y sobre todo, en el desarrollo de la competencia deportiva y la desilusión del niño al no obtener el ansiado Tercer Lugar y la promesa que le ha hecho a su hermana, así como los esfuerzos del padre por otorgar mejores condiciones de vida a su familia.

 

Los niños del cielo es una película de enorme ternura, de gran profundidad social y de emociones encontradas que remite a los cintas más sencillas y las de mayor fuerza de espíritu como El chico de Chaplin, Ladrones de bicicletas de De Sica, El espíritu de la colmena de Erice, Bye Bye Brasil de Diegues, o Pueblerina del Indio Fernández. Una historia en la que un par de zapatos da paso a una épica de lo cotidiano. La lucha por sobrevivir al día a día, sin dramas, con esperanza y optimismo y sobre todo a través de los ojos de la infancia que forja precisamente ese espíritu, como con seguridad le sucedió a su vez una situación parecida al padre de los niños protagonistas.

 

Los niños del cielo es un filme de enorme riqueza intimista, plagado de pequeños y sutiles detalles que van conformando la personalidad de sus infantes protagonistas: en esa su aventura en busca de los zapatos extraviados, Ali y su hermanita Zahara, encuentran lecciones de aprendizaje para toda la vida: la dignidad, el esfuerzo, la puntualidad, la creación de metas, la solución pacífica, el entendimiento a través de la razón, la perseverancia, la solidaridad, el respeto a los padres y la fraternidad. Una obra de una sencillez y de una profundidad que conmueve y sorprende.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

28 de abril de 2015

 

 

 

 

 

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