LA CHISPA DE LA VIDA (España-Francia-Estados Unidos, 2011)

La chispa de la vidaDirección. Alex de la Iglesia/ Guión. Randy Feldman, adaptación española Alex de la Iglesia/ Fotografía en color. Kiko de la Rica/ Música. Joan Valent/ Edición. Pablo Blanco/ Dirección de arte. Arturo García y José Arrizabalaga/ Vestuario. Iván Marquerie/ Con. José Mota (Roberto Gómez), Salma Hayek (Luisa), Blanca Portillo (Mercedes, Directora del Museo), Juan Luis Galiardo (Alcalde), Fernando Tejero (Johnny), Antonio Garrido (Dr. Velasco), Antonio de la Torre (Kiko Segura), Carolina Bang (Pilar Álvarez)/ Duración. 94 mins.

 

 

 

SINOPSIS

Roberto Gómez es un publicista desempleado en vísperas de su aniversario de bodas, que varios años atrás fuera el principal creador responsable del famoso slogan de Coca-Cola: La chispa de la vida” y Luisa, su entusiasta esposa de origen mexicano quien lo alienta y conforta. Desesperado por no encontrar trabajo, decide ir a su antigua agencia para solicitar al menos un empleo de medio tiempo o de free lance. Ahí, termina siendo humillado y rechazado. De regreso, decide visitar Cartagena, en Murcia, a buscar el viejo hotelito donde pasó su luna de miel. Al llegar ahí, se encuentra con que el hotel ya no existe y se ha erigido un museo de sitio sobre las ruinas de un antiguo teatro romano recién descubierto. Por accidente y en su afán de salir de ahí, sufrirá un absurdo accidente. Al no poder sostenerse de una antigua y colosal estatua que se balancea sujetada por una grúa periférica, caerá sobre las estructuras del museo en construcción y terminará con una varilla clavada en su cabeza. Incapacitado para desplazarse de ahí, ya que cualquier movimiento puede ser fatal, se creará un caos a su alrededor que aprovecharán los medios. El propio Roberto, hábil publicista al fin, tratará de sacar partido de la situación trastocada en noticia de impacto en toda España y su accidente se convertirá en melodrama televisivo. No obstante, su mujer, acompañada de sus hijos, hará todo lo posible por rescatar la vida y la dignidad de su marido y de su familia por encima del circo mediático que se levanta sobre ellos.

Algunos creen en la dignidad. Que nadie se engañe: esto no es una comedia. Es un drama terrible sobre un hombre desesperado porque no encuentra trabajo y que cree que todavía es posible tener algún tipo de dignidad. Pero ya no es posible. De eso trata la película. Él tiene un accidente, se queda atrapado con un hierro en la cabeza, sobrevive y decide vender la exclusiva de su muerte. Quiere negociar con su propio dolor, algo que yo hago todos los días; mis películas son eso. Los únicos personajes positivos son los de Salma Hayek y Carolina Bang. Ellas creen todavía en la dignidad, en que es posible ser una persona respetable en este mundo. Yo ya no lo creo; mis personajes, sí”… -Alex de la Iglesia dixit-

De nueva cuenta, con La chispa de la vida, el director bilbaíno Álex de la Iglesia, continúa desarrollando su particular universo tragicómico al lado de una pareja un tanto insólita: el afamado comediante manchego José Mota y la exuberante actriz mexicana-libanesa Salma Hayek. Ambos recibieron sendas nominaciones al Goya a Mejor Actor Revelación y Mejor Actriz, por su trabajo. El primero fue vencido por Jan Cornet y Salma derrotada por la hermosa Elena Anaya, ambos ganadores por la película La piel que habito de Pedro Almodóvar.

“Somos peligrosos, somos guerrilleros, terroristas diletantes, tiembla mientras puedas, este no es un juego, es Acción Mutante”. Con ese himno de batalla, un grupo de torpes anarquistas minusválidos intentaban combatir a los pijos y niños bonitos en un hipotético año 2012 en Madrid. Delirante y esperpéntica farsa negra muy en deuda con Buñuel, fue Acción mutante (1993) producida por Pedro Almodóvar, que mostraba la otra cara de un cine español alternativo y a su vez, confirmaba la posición de provocador por parte del joven realizador Álex de la Iglesia, nacido en Bilbao, en el País Vasco en 1965, cuyo primer cortometraje Mirindas asesinas (1990) sátira gore fantástica, lo había colocado ya como la vanguardia del nuevo cine ibérico.

        El día de la bestia (1995) confirmaba las expectativas de un cineasta atípico con un relato centrado en la violencia madrileña impuesta por los skin heads de aquel momento, la influencia del mentalismo y las ciencias ocultas, el asunto del rock satánico, así como la subcultura del fanzine de horror gore. Ángel Berriartúa, un maduro y pequeñito cura y catedrático de teología en la Universidad de Deusto, ha pasado toda su vida descifrando el Apocalipsis de San Juan: descubre que el Anticristo nacerá en Madrid el día de Navidad de 1995. Dispuesto a terminar con Satanás, el sacerdote viaja a Madrid y entra en contacto con el obeso dependiente de un negocio especializado en heavy metal y un tal profesor Cavan, parasicólogo que conduce un amañado programa de TV, quienes le ayudarán a enfrentar al maligno.

De la Iglesia tomaría la estafeta abandonada por Almodóvar y más tarde por el genial Bigas Luna en la realización de Perdita Durango (1997) protagonizada por Rosie Pérez –aunque originalmente se contempló a Salma Hayek- y un estupendo Javier Bardem. Inspirada en la novela de Barry Gifford colaborador habitual de David Lynch (Salvaje de corazón, Por el lado oscuro del camino), la historia servía al cineasta para insistir en sus anómalos retratos de perversión y violencia, sexualidad y muerte, aderezados con un humor negrísimo y endemoniadas escenas de acción. En la historia de Perdita, insensible joven, cuyo mayor deseo es hacer el amor con un jaguar y Romeo Dolorosa, un delincuente salvaje que práctica la magia negra ligado a un santero vudú -el genial bluesero “Screaming” J. Hawkins de El tren del misterio-. Una pareja que enfrentaba un destino trágico en un road movie narcosatánico, a medio camino entre David Lynch y John Waters.

Con homenajes que iban de Tod Browning a la comedieta española televisiva de los años setenta, su cuarta película, Muertos de risa (1999) centrada en dos cómicos de esa década, con patillas y pantalones acampanados protagonizados por Santiago Segura y José Manuel Monzón El Gran Wyoming, fue un fracaso comercial, como sucedió con La comunidad (2001) con Carmen Maura: un thriller de corte fantástico con mucha sangre e ironía que pasaba revista a Hitchcock y a La guerra de las galaxias. 800 balas (2002), en cambio, era otra comedia de humor negro en la que De la Iglesia homenajeaba el spaguetti western a través de un extraño grupo de personajes, entre ellos, Carmen Maura, madre de un chiquillo fanático del cine, Sancho Gracia, el abuelo y extra de varios westerns y Eusebio Poncela, un ambicioso empresario. La cinta se ambientaba en Almería, lugar donde se rodaron varias de las películas del italiano Sergio Leone.

Crimen ferpecto (2004) era una farsa negrísima muy divertida, sobre un vendedor estrella de unos grandes almacenes al que le gusta la buena ropa y las mujeres hermosas, chantajeado por una joven horrible que lo convierte primero en su amante, su marido y su esclavo, hasta que aquel ejecutaba un plan para deshacerse por completo de aquella pesadilla. Los crímenes de Oxford (2008), por el contrario, era un sobrio relato de suspenso de producción estadunidense, sobre un joven universitario y un profesor que descubrían una serie de códigos matemáticos que los conducían a seguir los pasos de un asesino en serie. Seguida de la magistral y excesiva Balada triste de trompeta (2010), con la Alex de la Iglesia regresaba a su humor sádico y sarcástico y a sus estilizados relatos de hiperviolencia, ambientada en los últimos años del franquismo, en el aterrador y luminoso escenario de un circo. Dos payasos (Carlos Arces y Antonio de la Torre) se disputan la intimidad de la voluptuosa trapecista que encarna Carolina Bang, en ésta suerte de homenaje al cine freak de Tod Browning y Rafael Azcona. Un filme agresivo, descarnado y suicida, que se sumergeía entre galones de sangre y maquillaje, con una espléndida secuencia de créditos que valía por toda la película y una delirante escena con el cantante Raphael interpretando el tema homónimo.

Hacia 1951 en pleno apogeo del macartismo y en la etapa más oscura y desesperanzadora del llamado cine negro que prevalecía en Hollywood, el cineasta Billy Wilder dirigía una de sus mayores y más incomprendidas obras. Cadenas de roca protagonizada por un notable Kirk Douglas, era el oscuro retrato del reportero ambicioso de un pequeño pueblo que mantenía a un hombre atrapado en una mina derrumbada, con el fin de obtener la gran noticia para su beneficio personal. Wilder –El ocaso de una vida (1950) y Días sin huella (1945)- no sólo mostraba la decadencia emocional de su protagonista, sino la exploración de los medios como fuente de corrupción sensacionalista y de histeria de las masas. Casi 50 años después, el griego-francés Constantin Costa-Gavras actualizaba la trama básica de aquella, para adentrarse en la irresponsabilidad de los medios televisivos que alimentan a un público frívolo y consumista de la desgracia ajena con El cuarto poder (1997), en una historia ambientada en un pequeño pueblo de California. Ahí, en el interior de un pequeño museo y en un arranque de locura, un guardia (John Travolta), despedido de su trabajo dispara accidentalmente contra su compañero, un policía negro. De ello, es testigo el maduro y colmilludo reportero Dustin Hoffman, quien decide convertir aquello en su gran reportaje personal mientras el inestable Bailey toma como rehénes a su jefa, al propio Brackett y a un grupo de niños.

A medio camino entre el filme de Wilder, el amargo alegato social de Costa Gavras y la ácida visión del cineasta español Álex de la Iglesia, se localiza La chispa de la vida, filme de gran actualidad que reflexiona sobre la dura realidad económica en España, a partir de un tono mesurado, contenido y equilibrado, donde el cineasta lleva a consecuencias extremas la tragicomedia de un hombre común, angustiado por su situación y que termina accidentado y con una varilla clavada en la nuca, en las ruinas de un teatro romano en Murcia. Con un guión del artesano estadunidense Randy Feldman (Tango y Cash, Ganar o morir), adaptado al entorno español, De La Iglesia abandona sus excesivos y estilizados relatos de humor sádico y violento al estilo de: Perdita Durango, La comunidad o Balada triste de trompeta, para concebir una alegoría sobre la actual crisis económica de su país, la banalidad, voracidad y sensacionalismo de la televisión y el morbo de las masas, así como una pequeña épica sobre la dignidad.

Una serie de situaciones ominosas (un vagabundo que lo agrede, un limpia vidrios que lo baña, un portarretrato que se quiebra) se ciernen sobre el protagonista, otrora creador del celebérrimo slogan de la campaña de Coca Cola, “La chispa de la vida”. Sus conocidos y antiguos jefes, sujetos engreídos y superficiales, le dan la espalda a pesar de que prácticamente se encuentra en bancarrota. El azar y un impulso romántico lo colocan a un paso de la muerte balanceándose en el aire abrazado a una escultura milenaria que pende de una gigantesca grúa, lo que da pie al abuso de los medios, a la arrogancia y estupidez del poder (el alcalde, la directora del Museo) y a la fama efímera que crea la televisión.

Imposible negar la habilidad del cineasta para mantener el suspenso y el interés de la trama con espectacular eficacia y algunas pinceladas de humor negro o absurdo (la mujer que le ofrece desde una ventana un bocadillo), en un relato donde cabe la solidaridad y la integridad humana ante la estulticia y el abuso. La idea de utilizar el antiguo y famoso slogan de aquella exitosa campaña de Coca Cola sirve de paradójico detonante temático, ya que la vida del protagonista pende de un delgado hilo. El suceso congrega a una multitud de televisoras y curiosos que se agolpan para contemplar y narrar una posible muerte en directo. El desfile casi circense es constante: políticos oportunistas, museógrafos, intermediarios dispuestos a pagar una fortuna a la familia del accidentado, si ésta acepta vender la exclusiva del penoso espectáculo.
El cómico José Mota tiene momentos notables en esta tragicomedia que Alex de la Iglesia logra controlar sin que se desborde. No faltan algunos personajes exagerados como ese hijo adolescente que se autodefine como un “gótico siniestro”. Innecesaria es también quizá el lucimiento final de Salma, o la reacción de la guapa reportera que encarna Carolina Bang. Sin embargo, el cineasta recrea elementos que definen muy bien a la irreflexiva y manipulada sociedad actual donde todo se encuentra a la venta, incluyendo la dignidad. La chispa de la vida resulta sin duda un entretenimiento inteligente, moderado y muy actual.

RAFAEL AVIÑA

MIENTRAS DUERMES (España, 2011)

Mientras duermesDirección. Jaume Balagueró/ Guión. Alberto Marini/ Fotografía en color. Pablo Rosso/ Música. Lucas Vidal/ Edición. Guillermo de la Cal/ Dirección de arte. Javier Alvariño, Montse Soler/ Vestuario. Marian Coromina/ Con. Luis Tosar (César), Martha Etura (Clara), Alberto San Juan (Marcos), Petra Martínez (Sra. Verónica), Iris Almeida (Úrsula), Amparo Fernández (mujer de la limpieza), Roger Morilla (joven de la limpieza), Margarita Rosed (madre de César)/ Duración. 102 mins.

SINOPSIS
César trabaja como conserje en un antiguo y elegante edificio de departamentos en Barcelona. No sólo se encuentra al cuidado de la entrada, sino que arregla los desperfectos interiores y exteriores del inmueble. Tal vez no sea uno de los mejores oficios, sin embargo, no lo cambiaría por ningún otro, ya que éste trabajo le permite a César conocer a fondo a todos los inquilinos del lugar: sus movimientos, hábitos, horarios y sus puntos débiles. Desde su posición, resulta fácil controlar las llegadas y salidas de los condóminos, estudiarles, descubrir sus gustos y secretos. Si quisiera, podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera un Dios: abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha. Y es que César tiene un secreto, un juego particular: le gusta hacer daño, mover las piezas necesarias para crear dolor a su alrededor. La nueva vecina del 5ºB no deja de sonreír; entra y sale cada día radiante y feliz. Así que pronto se convertirá en el nuevo objetivo del conserje. Un reto personal. Una obsesión. No obstante, el pasatiempo de César va a empezar a complicarse más de lo debido: se volverá impredecible, peligroso. Incluso, puede revertirse en contra suya.

Mientras duermes obtuvo seis de los principales premios Gaudí a lo mejor del cine catalán de 15 nominaciones en las que participaba: Mejor Película española de lengua no catalana, Mejor Director, Guión, Edición, Sonido y Mejor Actor protagónico para Luis Tosar. Asimismo, el propio Tosar compitió por el Premio Goya a Mejor Actor que había ganado un año antes con Celda 211 y Petra Martínez, obtuvo el Premio a Mejor Actriz de Reparto, otorgado por el sindicato de actores españoles.

Una de las cinematografías más atractivas, innovadoras, tesoneras y dispuesta a apostar por múltiples caminos, es sin duda la española de hoy en día. El llamado destape del cine ibérico a fines de los años setenta y la proliferación de obras alternativas que dieron pie en muy poco tiempo a una nueva industria taquillera y triunfadora en festivales internacionales, trajo como consecuencia la creación de nuevos cineastas de culto, superando incluso a los mitos fílmicos ibéricos como: Luis Buñuel, José Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Carlos Saura o Víctor Erice.
Al cine español contemporáneo, el de las últimas tres décadas, se le deben personalidades radicales como las de: Vicente Aranda, Bigas Luna, Pedro Almodóvar, Julio Medem, José Luis Guerin, Agustí Villaronga, Alex de la Iglesia, Alejandro Amenábar, Fernando y David Trueba, así como una pléyade de jóvenes cineastas que han sorprendido por su eficacia, garra, originalidad y un renovado manejo de los géneros tradicionales, como serían: Fernando León de Aranoa, Benito Zambrano, Jaume Balagueró, Paco Plaza, o Nacho Vigalondo, entre muchos otros.

No obstante, es sin duda en el cine fantástico y de horror donde el cine español ha encontrado una veta inagotable explorando elementos como el fantástico, el suspenso, el drama, e incluso la comedia negra. La década de los noventa dio cabida a la resurrección de un género arrinconado por lo general al cine de bajísimo presupuesto y al softcore más cutre, ejemplificado en el infracine de realizadores como Jesús Franco, Juan Piquer y Paul Naschy, autores de una filmografía iniciada en los años sesenta y en la que se mezclaban de manera caótica todo tipo de temas que se desprendian del porno y del cine de terror más previsible.
En contraste, el nuevo cine fantástico y algunos de sus subgéneros como el horror y la ciencia ficción empezaron a tomar un original impulso en España, gracias, sobre todo, al trabajo de una novísima generación de realizadores como Juan Miñón, responsable de Supernova (1992), Alex de la Iglesia y Oscar Aibar, sin menospreciar por supuesto, la incursión en el horror por parte de maestros como: Vicente Aranda, Bigas Luna y Pedro Almodóvar, autores de La novia ensangrentada (1972) Angustia (1987) y La piel que habito (2011), respectivamente.
Atolladero (1995) de Oscar Aibar, por ejemplo, era heredera de las cintas apocalípticas al estilo de Mad Max, una producción catalana ambientada en el año 2048 y cuya acción tenía lugar en el desierto de Sonora perteneciente a Texas. Por su parte, El día de la bestia (1995) de Alex de la Iglesia, confirmaba las expectativas de un cineasta atípico que había elegido el camino del trash y la sangre a la ibérica. Desde su corto Mirindas asesinas (1990) y sobre todo en su debut industrial con Acción mutante (1993). De la Iglesia tomaría la estafeta que dejó Almodóvar y más tarde el genial Bigas Luna en la realización de Perdita Durango (1997) protagonizada por Rosie Pérez y un estupendo Javier Bardem. Basada en la novela de Barry Gifford colaborador habitual de David Lynch (Salvaje de corazón, Por el lado oscuro del camino). Seguida de obras inquietantes, divertidas e irónicas como: Muertos de risa, La comunidad, 800 balas, Balada triste de trompeta y La chispa de la vida.
La cinematografía española de la última década: es decir, el cine de transición al nuevo milenio que coincide con otras propuestas europeas, intentó renovar el concepto de sexualidad a través de la explosión de los sentidos y la sensualidad corporal en relatos que oscilan entre el sueño y la vigilia como lo muestran Los amantes del círculo polar, Lucía el sexo, Caótica Ana o Habitación en Roma de Julio Medem y/o Alas de mariposa, La madre muerta o Airbag de Juanma Bajo Ulloa. En ese sentido, vale la pena destacar una perturbadora concepción de la fatalidad del destino y acerca de esa fina línea que separa la razón de la locura cuando se encuentra de por medio una feroz liberación hormonal: Abre los ojos (1999) del joven Alejandro Amenábar quien saltó al estrellato internacional con Tesis (96) logrando algo que parecía remoto: que un thriller de horror y suspenso fuese aclamado por público y crítica no solo en España, sino en todo el mundo cuando el cineasta no llegaba a los 21 años, en un relato centrado en el cine snuff y la representación de la violencia. Amenábar realizaría también con enorme éxito y en la antesala de los Óscares: Los otros: atractivo e inquietante filme de fantasmas, Mar adentro sobre un tetrapléjico que desea morir con dignidad y el gélido relato de Historia antigua El ágora.

Heredero de estos nuevos cineastas que han renovado los temas del suspenso a través de la violencia, la fantasía gore, la sexualidad y el erotismo, es sin duda el joven Jaume Balagueró, quien desde sus primeros cortos: Alicia (1994) y Días sin luz (1995), mostró una enorme habilidad para contar historias malsanas y siniestras, como sucede en su angustiante primer largometraje; La secta/Los sin nombre (1999) protagonizada por Karra Elejalde, acerca de una niña desaparecida en circunstancias extrañas, seguida por un extraño y fascinante relato de fantasmas: Darkness/Oscuridad (2002), sobre una extraña presencia agazapada en las tinieblas de una vieja casa. Frágiles (2005) con Elena Anaya era la historia de horror centrada en un viejo hospital infantil aterrorizado por las apariciones de una niña mecánica.
Vendría entonces REC (2007) co dirigida con Paco Plaza, que se trastocaría de inmediato en una película de culto, generando no sólo un remake estadunidense (Cuarentena, 2008), sino una insólita continuación: REC 2 (2009), que arrancaba minutos después del desenlace de la película original y cuya oferta argumental aportaba un nuevo giro a la trama que proponía su antecesora. El tono de horror y suspenso costumbrista centrado en un variopinto grupo de inquilinos de un viejo edificio barcelonés, una reportera de televisión conductora de un programa nocturno en vivo, desaparecía en esta continuación. El claustrofóbico escenario que albergaba una trama de zombies hambrientos y enloquecidos muy en deuda con Exterminio (2002) de Danny Boyle y La noche de los muertos vivientes (1968) de Georges A. Romero, se trastocaba en REC 2 en un literal reducto del infierno muy en deuda con el cine de posesiones satánicas como El exorcista (William Friedkin, 1973), con un estilo visual ultramoderno y un montaje frenético. REC 3 Génesis: desaforada y muy entretenida tercera parte que corre en paralelo a los eventos que propiciaban la demencial infección de muertos vivientes, sería dirigida únicamente por Paco Plaza para dejar a Balagueró la hechura de la cuarta parte: REC 4. Apocalipsis (2013).
Lo primero a destacar en Mientras duermes en la que Balagueró cambia el horror sangriento y lo sobrenatural por un realista thriller de suspenso, es la gran presencia de su actor principal, Luis Tosar, considerado como una de las figuras histriónicas más atrayentes del nuevo cine español junto con Javier Bardem, quien filma por lo general fuera de España: por cierto, ambos trabajaron juntos en Los lunes al sol (2002). Notable protagonista de Te doy mis ojos (2003), sobrecogedor relato de maltrato doméstico y de la violenta y estupenda Celda 211 (2010) en su papel del brutal reo Malamadre, estelarizó junto con el mexicano Gael García Bernal, También la lluvia (2010) de la actriz y directora Icíar Bolláin, escrita por el guionista de Ken Loach, Paul Laverty, un calculado panfleto demagógico, centrado en un equipo de producción que filmaba una cinta épica sobre el Descubrimiento de América en Bolivia, empobrecido país con gran población indígena donde los costos se abaratan al máximo, al tiempo que estalla la violenta Guerra del agua en Cochabamba.
En España, la fascinación por el asesino sicópata y sus rituales de sangre ha encontrado eficaz correspondencia fílmica con títulos como: La madre muerta de Juanma Bajo Ulloa, Tesis de Alejandro Amenábar, Las horas del día de Jaime Rosales, o Bilbao de Bigas Luna, cuyo retraído y depravado personaje principal se conecta de algún modo con el anómalo y mezquino protagonista de Mientras duermes. Intrigante relato de pulsiones asesinas donde Balagueró prueba suerte con un relato de suspenso, de corte clásico y enfermizo horror cotidiano, sobre un hombre dedicado a quebrantar con saña la vida privada de un grupo de inquilinos, a los que agrede física y emocionalmente mientras duermen.
“No puedo ser feliz. Lo único que me alivia es que los demás tampoco son felices”. De su soledad, de la relación con su anciana madre arrumbada en un hospital, de sus traumas y complejos ligados a su incapacidad de disfrutar la vida, César, el conserje de ese vetusto edificio de departamentos barcelonés, utiliza buena parte de su tiempo libre a transgredir la intimidad de los condóminos para quienes trabaja. Y en particular, elige como objeto experimental a Clara, esa guapa vecina del 5º piso, quien día a día, no deja de sonreír y César ve en ello, una afrenta, un reto, una obsesión.
Balagueró y su guionista Alberto Marini construyen otra historia de suspenso y maldad, de esas que se han contado infinidad de veces en la pantalla, que recuerda las perturbadoras atmósferas del primer Polanski (Repulsión, El inquilino, El bebé de Rosemary) y que a su vez, cae en las tentaciones de los efectismos dramáticos del nuevo Hollywood. Para su fortuna, se apoyan en un actor de temple magistral como lo es Tosar, quien consigue crear un fuerte vínculo con el espectador, a tal grado que la empatía resulta más atractiva con el sicópata que con las víctimas. Es cierto sí, que la trama no sólo se alarga demasiado, sino que al final, se vuelve reiterativa, previsible y excesiva en sus vueltas de tuerca, sin embargo, Mientras duermes resulta una disfrutable y perversa parábola erótico-patológica del individuo común de la sociedad contemporánea globalizada y una metáfora sobre el Mal y la Frustración con mayúscula.

RAFAEL AVIÑA

OBABA (España, 2005)

ObabaDirección. Montxo Armendáriz/ Guión. Montxo Armendáriz, inspirado en varios relatos del libro Obabakoak de Bernardo Atxaga/ Fotografía en color. Javier Aguirresarobe/ Música. Xavier Capellas/ Edición. Rori Sáinz de Rozas/ Dirección de Arte. Julio Esteban y Julio Torrecilla/ Con. Bárbara Lennie (Lourdes), Pilar López de Ayala (Profesora), Juan Diego Botto (Miguel), Eduard Fernández (Lucas), Peter Lohmeyer (Ingeniero), Héctor Colomé (Ismael adulto), Pepa López (Merche adulta), Txema Blasco (Tomás adulto), Mercedes Sampietro (Madre de Miguel), Lluís Homar (Esteban adulto)/ Duración. 100 mins.

Sinopsis

 

Lourdes de 25 años es una estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales en el País Vasco. Decidida a terminar su tesis escolar, emprende un viaje hacia la zona de Navarra y se sumerge en los territorios de un pueblo oculto en las montañas llamado Obaba, con el fin de realizar una investigación sobre una mina y un ingeniero que vivió en el lugar, tío abuelo de un compañero suyo de la Facultad. Con su cámara de vídeo se propone atrapar la realidad de Obaba, de su particular y cerrado universo, de la obsesión de los lugareños por las lagartijas verdes que abundan en los alrededores, de sus historias ocultas, del ayer y del presente actual. Sin embargo, Obaba no es el lugar que Lourdes ha imaginado, y pronto descubre que quienes viven allí, como Merche, Ismael, Lucas o Tomás, están anclados en un pasado del que no pueden –o no quieren- dejar atrás. A través de ellos y de Miguel, joven desenvuelto, alegre y fanático de la música, con quien establece una relación y cuyos padres también tienen una historia importante en Obaba, Lourdes empieza a armar el rompecabezas de ese pueblo y de los hombres y mujeres que habitan ahí: en su época de niños o en su etapa adulta y décadas después, cuando apenas les quedan ilusiones. Retazos de unas vidas que provocan pasiones, envidias y violencia. Como la joven maestra que pasea su soledad por las calles de Obaba. O la del adolescente Esteban que recibe extrañas cartas de una mujer alemana. O el inteligente niño Tomás que de adulto ha quedado afectado de la cabeza ya que una lagartija le comió el cerebro. Con todo ello, Lourdes intenta resolver el acertijo de Obaba que intenta atrapar con su cámara de vídeo. Pero siempre hay algo que falta, que se escapa, que no se alcanza a comprender. Como el misterioso comportamiento de aquellos lagartos verdes que habitan en la zona. Un misterio que nadie, ni siquiera la video cámara de Lourdes, es capaz de revelar.

Traducida a más de 25 idiomas, elogiada por la crítica y el público, Obabakoak/ Obaba, es una joya literaria de imaginación arrebatadora, en la que su autor consigue sumergir al lector en los ambientes y situaciones que describe. El libro de cuentos, escrito en euskera, obtuvo el Premio Nacional de Literatura, el premio de la Crítica y el premio Euskadi entre otros. Se trata de un lugar imaginario creado por Bernardo Atxaga, seudónimo de José Irazu Garmendia (Guipúzcoa, 1951), hijo de un carpintero y una maestra y cuya obra abarca cuento, novela, ensayo y poesía. Atxaga, además de ser el autor en euskera más leído y traducido y de pertenecer a la Real Academia de Lengua Vasca, creó ese espacio extraño, misterioso e indeterminado llamado Obaba, en donde se sitúan algunas de sus narraciones más conocidas, como: Sugeak txoriari begiratzen dionean (Cuando la serpiente mira al pájaro) (1984), Bi letter (Dos letras) (1984), Bi anai (Dos hermanos) (1985) y en particular Obabakoak (1988) que inspiró la película Obaba con la que el cineasta vasco Montxo Armendáriz rinde un atractivo y emotivo homenaje a esa geografía imaginaria de Atxaga, que remite a espacios presentes en la infancia del autor que sirven de excusa narrativa para transmitir un mundo antiguo en el que no rige la causalidad lógica sino la mágica. La oposición entre naturaleza y cultura es la que condiciona el devenir de los acontecimientos en Obaba. En realidad, se trata de un mundo atrapado en el ayer, en el que no existen palabras como “depresión” o “esquizofrenia” y donde se recurre a los animales para explicar acontecimientos incompresibles para sus habitantes, como la creencia de que un lagarto puede volvernos locos tras introducirse por nuestro oído. La compleja estructura de la novela sirve al realizador para trazar un bello, pausado y absorbente caleidoscopio intimista de personajes. Un retrato colectivo y coral de corte nostálgico, en ocasiones emotivo, enigmático, poético, e incluso aterrador.

Luego de su explosiva cinta sobre una juventud abúlica, violenta y dependiente del sexo y las drogas, Historias del Kronen (1994) y de su exitoso y depurado trabajo Secretos del corazón (1997), una sensible visión de la infancia, ganadora del premio Ángel Azul en el Festival de Berlín y nominada al Óscar como Mejor Cinta Extranjera, el director nacido en Navarra hacia 1949, Juan Ramón Armendáriz Barrios, mejor conocido como Montxo Armendáriz, Premio Nacional de Cinematografía y ganador del Goya a Mejor Guión por Historias del Kronen, regresa con Obaba, al cine introspectivo de sus tres anteriores obras: Tasio (1984) 27 horas (1986) y Las cartas de Alou (1990). En una línea semi documental y semi realista, el ex documentalista Armendáriz (Carboneros de Navarra, 1981), intenta unir los relatos íntimos de seres marginales y olvidados rescatados por la cámara de su protagonista que encarna la guapa Bárbara Lennie.

Inconsciencia total, irresponsabilidad, ignorancia y una amoralidad que se traduce en situaciones violentas, según el punto de vista nihilista de Madrid a fin de milenio, eran los temas de Historias del Kronen. Secretos del corazón se adentraba en los temores infantiles a partir de una historia de aprendizaje y madurez que sucedía en Pamplona, España, en la década de los sesenta. Un país en las postrimerías de la dictadura franquista que empezaba a abrirse a la modernidad (las baladas juveniles, las medias de nylon, las llantas Michelin) y que al mismo tiempo mantenía intactos los insondables misterios de provincia. En Silencio roto (2001), narraba una historia de amor que remitía a los maquis, aquellos guerrilleros ocultos en la sierra, liderados, principalmente por el joven Manuel Girón, analfabeta pero valiente estratega. Personaje real que aparece en los recuerdos de los ancianos entrevistados por el realizador Javier Corcuera en La guerrilla de la memoria (2002) producida precisamente por Montxo Armendáriz y el equipo que hizo posible Silencio roto, en un afán de presentar la parte real y los rostros verdaderos que inspiraron su relato de ficción. A Escenario móvil (2004), roadmovie musical y documental, le siguió Obaba y más recientemente No tengas miedo (2011), drama sobre una joven traumatizada por una oscura infancia que intenta rehacer su vida.

El epicentro de un filme difícil de clasificar como lo es Obaba, es sin duda el viaje iniciático que encara la protagonista, quien no sólo va descubriendo varios de los aspectos emocionales del lugar y sus personajes: la soledad, la frustración, la locura, el desarraigo, la tristeza, el amor, sino que encuentra en ese paisaje atípico, onírico y fascinante la razón de su vida, apoyada en ese personaje que no quiere marcharse de allí, encarnado por Miguel, mismo que se trastoca en alegoría de la integración del pueblo. Con la ayuda del extraordinario cinefotógrafo Javier Aguirresarobe y una especial sensibilidad para dirigir actores, ya sean niños o histriones consagrados, en particular la estupenda y joven actriz Pilar López de Ayala, el cineasta vasco Montxo Armendáriz saca partido de las hermosas locaciones en Álava y Navarra y de un eficaz reparto, a pesar de que algunas historias son superiores a otras y que es evidente que no se les ha prestado la debida atención a todas –por ejemplo, la historia de los hermanos Pellot, o la del hijo del alemán en época actual-. Pese a ello, la maestría del realizador consigue sacar adelante un relato que compitió en San Sebastián y fue la elección española para concursar en la entrega de los Oscares.

Hay mucho de contemplativo en el cine de Armendáriz y en particular en Obaba. Lo interesante es que a través de la cámara de la protagonista y más aún de la propia cámara de Aguirresarobe descubrimos mucho más de aquello que salta a la vista, y así, poco a poco, se van desarrollando ante el espectador las pasiones y las verdades a medias del lugar a través de sus habitantes. Lo primero que Lourdes encuentra en ese camino a Obaba, surcado de curvas, es a un hombre (Ismael) acariciando a un lagarto verde. Más tarde por medio de lo que captura la lente de su cámara y de los testimonios de los lugareños, va descubriendo a personajes como la solterona Begoña, su hermano Tomás, quien ha quedado sordo y loco. El propio Ismael, responsable del Hostal “El Lagarto”. A la antigua profesora del pueblo, madre de Miguel casada con Manuel, un labriego más joven que ella. Lucas Pellot, cuya hermana Lucía murió ahogada durante una excursión escolar. O Esteban, profesor en una Universidad cercana, hijo de un inmigrante alemán ex responsable de una mina, ahora abandonada, hasta convertirse ella misma en otro personaje más de ese extraño, fascinante y cerrado universo que es Obaba.

La doble moral de los pequeños pueblos, las historias que se mueven entre lo real y lo imaginario en universos rurales, las fantasías infantiles desde la perspectiva de los adultos, los misterios insondables de la naturaleza y de los campos navarros. La aparente tranquilidad y bonhomía de provincia, cuyos parajes parecen en efecto, una fachada que oculta otras realidades vehementes y contenidas o secretos ocultos. Todo ello, bajo una extraña luz y una inquietante banda sonora –que incluye la canción Ella del mexicano José Alfredo Jiménez- que consigue crear una atmósfera asfixiante y enigmática, de ese pueblo que acaba por absorber a los lugareños y a sus visitantes. Al igual que en sus anteriores trabajos, Montxo Armendáriz recurre a la nostalgia como elemento catalizador de las historias, a través del flash back. De hecho, el realizador consigue estructurar con sensibilidad los diversos planos temporales: el pasado en el que se despliegan las historias que constituyen el trasfondo sobre el que se sustenta el mayor peso dramático de la película y un presente el que se interpreta y se otorga sentido a los relatos, amarrando sentimientos, relaciones y pensamientos ligados a ese pasado. Como en Tasio  y en Secretos del corazón, los niños y adolescentes adquieren un especial protagonismo. Y el personaje de Lourdes que no existe en el libro, quien trabaja con un material fragmentado, se convierte en una suerte de alter ego del propio cineasta: el elemento que da coherencia a todos los relatos para propiciar una reflexión sobre la propia creación cinematográfica. Desde las primeras escenas a través del auto de la protagonista que avanza por aquella carretera nocturna que recuerda a Twin Peaks (David Lynch, 1990), nos sumergimos en ese pueblo mágico que parece revivir o cobrar sentido justo al aparecer ante nosotros un lagarto: el animal fantástico, figura supersticiosa y pagana en que se transmuta el espíritu insondable y misterioso de Obaba.

RAFAEL AVIÑA