DARK WATERS. EL PRECIO DE LA VERDAD

(Dark waters, Estados Unidos, 2019)

DarkWaters1

Dirección. Todd Haynes/ Guión. Matthew Carnahan, Mario Correa, Nathaniel Rich, inspirados en una serie de reportajes de Nathaniel Rich publicados en el New York Times y en la autobiografía de Rob Bilott/ Fotografía en color. Edward Lachman/ Música. Marcelo Zarvos/ Edición. Affonso Goncalves/ Diseño de Producción. Hanna Beachler/ Dirección de arte. Jesse Rosenthal/ Vestuario. Christopher Petterson/ Maquillaje y prostáticos. Jody Byrne, Anthony Canonica, Lindsay Gelfand/ Producción. Killer Films, Participant Media, Focus Features, Timothy Bird, Pamela Koffler, Christine Vachon, Mark Ruffalo/ Con. Mark Ruffalo (Rob Bilott), Anne Hathaway (Sarah Bilott, su esposa), Tim Robbins (Tom Terp), Bill Pullman (Harry Dietzler), Bill Camp (Wilburt Tennant), Victor Garber (Phil Donelly), Mary Winningham (Darlene Kigger), William Jackson Harper (James Ross), Louisa Krause (Carla Pfeiffer), Kevin Crowley (Larry Winter)/ Duración. 127 mins.

A partir de una serie de artículos publicados en el New York Times, El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont y en el propio libro autobiográfico de Rob Bilott, se narra la estremecedora y heroica historia de un abogado que arriesga su carrera y su familia para descubrir un oscuro secreto oculto por DuPont, una de las mayores corporaciones del mundo y ofrecer justicia a una comunidad expuesta durante décadas a una terrible amenaza de productos químicos mortales…

         El abogado defensor medioambiental corporativo Rob Bilott recién se ha convertido en socio de un prestigioso bufete de Cincinnati, gracias a su trabajo defendiendo a algunas de las compañías más importantes del sector químico. Cuando Wilbur Tennant y su hermano, Jim, dos granjeros de un pueblo de Virginia Oeste, le piden ayuda para investigar la planta química local ya que supuestamente está acabando con su ganado. Bilott se muestra reacio, y explica que él representa a las compañías del sector químico, no a los demandantes. Aun así, algo de su historia cala en Rob, sobre todo cuando se da cuenta de que algunos de sus veranos más felices de niño los pasó en una granja vecina.

       Cuando se desplaza a la zona, se da cuenta de que prácticamente todos los miembros de la comunidad deben mucho a la planta química local de Parkersburg, administrada por DuPont. Los Tennant creen que, aquello de lo que se está deshaciendo DuPont, contamina el arroyo y ha acabado con su rebaño de casi 200 reses. Aun así, muchos de sus vecinos se aferran a la idea de que la compañía no deja de velar por ellos, como viene sucediendo desde varios años atrás. Con el apoyo de su socio supervisor del bufete, Tom Terp, Bilott presenta una queja, con la que emprende una demanda dirigida que develará exactamente qué está sucediendo en Parkersburg. Varios años más tarde, Bilott descubre que su obsesión por averiguar la verdad no solo ha puesto en peligro a su familia, sobre todo su relación con su mujer, Sarah, sino también su reputación, su salud y su sustento.

Dark Waters. El precio de la verdad, filme inspirado en hechos reales, narra una increíble trama de David vs Goliat; la de un abogado con una convicción inquebrantable, que luchó durante décadas para obtener justicia para una comunidad víctima de una corporación movida por la codicia. La película obtuvo varias nominaciones a galardones importantes como el César a Mejor Película Extranjera que otorga el cine francés.

 

“Por complicada que pudiera resultar dramatizarla, contaba claramente una saga reciente y todavía en curso de abusos corporativos con una clarísima relevancia cultural y política, un proyecto para el que se te podían ocurrir múltiples directores de talento. Pero, por alguna inexplicable razón, Mark Ruffalo, protagonista y productor de Dark Waters, pensó en mí. Lo que Mark no se podía imaginar era que yo fuera en realidad un gran aficionado en secreto a ese género, el de las películas de informantes, como la «trilogía de la paranoia» de los años setenta dirigida por Alan J. Pakula: Klute/ Mi pasado me condena, Asesinos S.A. y Todos los hombres del presidente, o algunos títulos que la seguirían en las décadas posteriores, como Silkwood, de Mike Nichol, o El dilema, de Michael Mann. Pero esas películas tenían algo que siempre me atrapaba, más allá de las historias de poder descontrolado. No cabe duda de que saldrán a la luz abusos de poder, amenazas y encubrimientos, ya sean corporativos, industriales o gubernamentales. De hecho, es lo que se espera narrativamente de este tipo de cine, expectativa que se cierne a menudo fuera de la pantalla por delante de la historia. Pero en lo que en verdad e se centran las películas de informantes es en esas personas comunes, su proceso y el peligro -psíquico, emocional, cuando no mortal- que afrontan esos individuos que plantan cara a la verdad”… -Entrevista a Todd Haynes, Lahiguera.net-

 

 

Nadie imaginaría que un realizador como Todd Haynes, sería el más indicado para llevar a tan buen puerto un relato como Dark Waters. El precio de la  verdad, sobre todo por sus notables antecedentes fílmicos como cineasta interesado en temas de diversidad sexual. Desde sus primeras obras se dedicó a explorar la intimidad y los demonios interiores de personajes melancólicos y humillados por la sociedad (como sería el mismo Bilott o el granjero Wilburt Tennant); a su vez, los misterios del mundo del espectáculo, la amargura detrás de las “estrellas” y las paranoias sociales han sido la constante del cine de Haynes, un autor que ha conseguido mantenerse en la marginalidad apostando por proyectos descabellados pero siempre perturbadores.

      La historia de horror real protagonizada por la verdadera Karen Carpenter vista literalmente como una muñeca de plástico en Karen Carpenter Superstar (1987) así como el impacto del glam rock en los setenta en el inquietante musical Velvet Goldmine (1998) con personalidades de la talla de David Bowie, Lou Reed, Brian Slade y Roxy Music en una vorágine visual de barroquismo exacerbado, hablan de su fascinación por los relatos “off the record” del “show business”. No obstante, resultan más sugerentes sus metáforas sobre el sida y la vocación de martirio de sus personajes en cintas como Poison (1991) y Safe (1995). La primera, inspirada en la ironía de Jean Genet, integra varios relatos (El de un niño que asesina a su padre golpeador. Una pareja de presos y su relación sadomasoquista. Una fantasía homosexual en un alegre resort y el de un leproso que contagia con su mal a quien se cruza en su camino). En Safe, Julianne Moore es una mujer que lleva una vida confortable en apariencia y que sufre las consecuencias de su existencia monótona: sus múltiples alergias la conducirán a un extraño centro de tratamiento fantástico y por supuesto metafórico. Seguida de filmes como: Lejos del cielo, Carol y Mi historia sin mi, para hablar de nuevo de historias de sexualidad prohibida y acerca de las diversas facetas de Bob Dylan…

          …Lo primero que sorprende en Dark Waters. El precio de la verdad, es la forma en la que Haynes y sus guionistas convierten a un abogado sin el menor atractivo físico o emocional en un héroe silencioso. Un hombre de una tenacidad y una obsesión inquebrantable cuyo mayor mérito es ayudar a seres desconocidos (la escena de las miles de cajas de archivo resultan significativas e importantes para describir su personalidad). No sólo eso, trastoca una situación rutinaria y explicativa en verdaderos momentos de tensión que rozan con el thriller, el horror y el suspenso, como sucede en la escena donde Bilott explica a su esposa la historia secreta, oculta, perversa y exitosa del teflón. Así como el encuentro con el dueño y director de la empresa DuPont, y por supuesto la escena aquella donde una de las reses de Tennant enloquece e intenta embestirlo, acompañado de Bilott que se refugia aterrorizado dentro de la camioneta del granjero.

        Todo ello no sería posible sin el extraordinario montaje de imágenes a cargo del editor de origen brasileño, Affonso Goncalves, responsable del montaje de títulos como: Carol, Patterson, La hija oscura o la notable serie noir True Detective. Y por supuesto, gracias también a la aparente discreta actuación de Mark Ruffalo, que con una mínima expresión y contención emocional logra transmitir su frustración, sus miedos e inseguridades, así como sus breves triunfos, cuyas presunciones sobre las prácticas corporativas se vienen abajo cuando descubre la historia detrás de DuPont, desde su punto de vista desconfiado, imparcial y cauteloso por naturaleza. Y finalmente, más curioso aún, la participación incidental de varios de los personajes involucrados en la historia real, como el hermano de Wilburt Tennant, Bucky Bailey el otrora niño nacido con una deformación física luego de que su madre embarazada estuviera expuesta al llamado C8, compuesto del teflón, y el propio Bilott y su esposa Sarah, en una historia verídica que inicia en 1998 y finaliza en 2015 con ecos de otros relatos como El veredicto/Será justicia (Sidney Lumet, 1982), centrada en un abogado maduro y alcohólico (Paul Newman), que sobrevive gracias trabajos rutinarios y un día decide enfrentarse a un poderoso bufet para defender el caso de una negligencia médica.

 

“Todo gira en torno al personaje de Rob Bilott, el insospechado héroe por excelencia…como la mayoría de los clásicos informantes, ya es una figura solitaria cuando empieza la historia. Y, como de costumbre, el desarrollo de los acontecimientos no hace sino aumentar dicho aislamiento. Que ese aislamiento, ese estigma, se refleje en el elemento desencadenante de la historia, Wilbur Tennant, y pueda verse propagándose por la red de implicados interdependientes, sorteando diferencias de clase, afectando a su paso a la vida pública, la vida familiar y la vida religiosa, demuestra lo especialmente insidioso de este contagio. Pese a esos vínculos, enfrentarse a esos poderosos intereses hará que su mundo se reduzca y mermará tus facultades…El resultado es un paisaje estadounidense complejo, y a veces contradictorio, aunque uno en el que las diferencias de poder económico están claramente marcadas, incluso cuando se encuentran afrontando sus límites…” –Entrevista a Todd Haynes. Lahiguera.net-

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 abril 2022

 

SINOPSIS

En 1954, un escuadrón de cuatro detectives del Departamento de Policía de Los Ángeles, frustrados con las reglas y las debilidades del sistema legal que les impide combatir el crimen de manera más agresiva, hacen una extradición extrajudicial cuando arrojan a Jack Flynn, un poderoso gángster de Chicago, de un acantilado en Mulholland Drive, apodado «Mulholland Falls» por todos los criminales que han arrojado a la muerte. El líder del escuadrón, el teniente Maxwell Hoover, y sus compañeros: Ellery Coolidge, Eddie Hall y Arthur Relyea son contratados para investigar la muerte sospechosa de una joven cuyo cuerpo es encontrado en un sitio de construcción. Un examen revela que todos los huesos de su cuerpo están rotos y el forense comenta que parece que «saltó de un acantilado» a pesar de que no hay acantilados cerca. La mujer resulta ser alguien que Hoover conocía muy bien: una aspirante a actriz y prostituta ocasional llamada Allison Pond. Los detectives reciben una película de Allison teniendo sexo en la habitación de un motel, tomada por una cámara escondida detrás de un espejo de dos vías. Un amigo gay de Allison, Jimmy Fields, admite que él y Allison hicieron numerosas películas de este tipo, incluida una con Hoover.

        En un pie de Allison se encuentra vidrio radiactivo, lo que lleva a los detectives a un sitio de pruebas atómicas de Nevada, donde la seguridad de la base los captura. Su superior, el coronel Fitzgerald, amenaza con arrestar y procesar al escuadrón por invadir una instalación secreta del gobierno, pero el equipo puede escapar de su situación cuando el hombre de la película es identificado como el comandante civil de la base, el general retirado Thomas Timms, jefe de la Comisión de Energía Atómica que confirma su relación con Pond, pero tiene una coartada para el día de su muerte. Un agente del FBI visita la policía de Los Ángeles y pide al jefe que detenga la investigación; cuando se niega su solicitud, el hogar de Hoover es saqueado por agentes federales con una orden de registro y no logran recuperar la película, éste entonces, agrede brutalmente al agente del FBI, quien después le hace llegar a su esposa Kate, una película de su esposo y Allison teniendo sexo en el motel.

       El chantajista resulta ser Fitzgerald, quien exige, le lleven la película de Timms con Allison. Hoover se percata que las imágenes de la película de Timms y Allison incluyen imágenes de militares que Fitzgerald utilizó como conejillos de indias para las pruebas de la bomba atómica antes de ser trasladados a una sala de hospital militar. Hoover y Coolidge vuelan a la base y entregan en secreto la película a Timms, que tiene una enfermedad terminal de cáncer, para que pueda exponer las fechorías de Fitzgerald.

         En su viaje de regreso a Los Ángeles, Hoover y Coolidge abordan un avión de carga C-47, donde se les unen Fitzgerald y su ayudante. Durante el vuelo, Hoover deduce cómo fue asesinado Pond e intuye que Fitzgerald los matará de la misma manera, arrojándolos fuera del avión en pleno vuelo. En una lucha feroz, los detectives pelean por sus vidas. Antes de morir, Coolidge celebra el aterrizaje hasta darse cuenta que ha sido herido. Con la noticia de que su unidad ha sido disuelta para proteger la imagen de la policía de Los Ángeles, Hoover se queda sin nada…

 

“Un noir magistralmente atmosférico…” –Roger Ebert: Chicago Sun Times-

«Contundente thriller de cine negro de ambientación deslumbrante. Reparto inmejorable…” -Javier Angulo: Cinemanía, España

 

La ciudad de Los Ángeles, a mediados de los cincuenta. Estados Unidos acaba de salir de dos contiendas terribles: la segunda guerra mundial y la de Corea y Hollywood, Meca del cine, se nutre de un nihilismo desesperanzador reflejado en la pantalla a través del cine negro. Un país de perdedores sociales con seres traumatizados por la guerra y centenas de aspirantes a actrices que llegan por oleadas a California para encontrar salidas sórdidas y deprimentes.

    Abuso de poder segunda cinta del neozelandés Lee Tamahori, es un inquietante, sensual y violento ejercicio noir sobre aquellos años de aparente prosperidad social y política con sus rutilantes estrellas que miraban a los mortales desde sus pedestales. Una época de crimen, corrupción y ambigüedad judicial representada por una unidad policiaca de élite que existió realmente: la llamada «Brigada del sombrero»; elegantes y violentos policías cuyo objetivo era mantener la tranquilidad de Los Ángeles sin importar los medios utilizados.

    A partir de la investigación del asesinato de Allison Pond bellísima aspirante a actriz filmada de manera clandestina durante sus abundantes encuentros sexuales, Abuso de poder va develando una trama de corrupción en la que se halla implicada la policía, el ejército y un excéntrico científico experto en experimentos nucleares. Y al mismo tiempo, se centra en la impotencia de Max Hoover (un espléndido Nick Nolte) -líder de la Brigada y uno de los amantes de Pond-, ante los secretos de Estado que justifican los crímenes perpetuados con fondo de pruebas nucleares en el desierto californiano.

    Luego de su explosivo debut con Somos guerreros (1994), una cruda y descarnada radiografía de la tiranía masculina y el choque cultural en un suburbio neozelandés, Lee Tamahori, hijo de padre maorí y madre europea, llega al cine de Hollywood con un filme por encargo del que sale bien librado.  El desasosiego de una sociedad pos apocalíptica con sus deshuesaderos, paredes repletas de graffittis y cuerpos musculosos tatuados de manera espectacular es cambiado por la épica de una sociedad sin ley, descompuesta por los fantasmas de la ciencia, la mafia, el comunismo y el cine.

    Abuso de poder no sólo resulta una suerte de velada ficción sobre el caso criminal jamás resuelto de la Dalia Negra ocurrido en 1947, sino una reflexión-homenaje del cine negro y sus alegorías sobre la paranoia y la descomposición social con personajes marginados. En efecto, Jennifer Connelly -una de las mujeres más atractivas de Hollywood- resulta casi una calca de Elizabeth Short, la bellísima Dalia Negra, que soñaba con convertirse en actriz y que se prostituía como última salida, cuyo cuerpo fue encontrado partido en dos por la cintura y con evidentes señales de tortura.

     Al mismo tiempo, Tamahori ha recreado con enorme sensibilidad y vigor, una película de detectives con elementos de western y a la vez, un filme de grupo al estilo de La pandilla salvaje (Sam Peckinpah, 1969), o Los siete magníficos (John Sturges, 1960). No obstante, Abuso de poder se aproxima más a la brillante teleserie Historia del crimen creada por Abel Ferrara y ambientada a su vez en los cincuenta -uno de los episodios hacía referencia a los experimentos nucleares en California- y en parte a Los intocables (1987) de Brian De Palma. El retrato del antihéroe de ambigua moralidad perteneciente a un rudo equipo policiaco que enfrenta aquí la destrucción de su propio hogar.

     Aquí, más allá de las referencias noir que pueden encontrarse en Laura (Otto Preminger, 1944) -el detective obsesionado por la imagen de una mujer-, destaca el tema de la criminalidad legalizada por el propio estado (los soldados que agonizan de cáncer debido a experimentos atómicos, o la muerte de Allison Pond al percatarse de ello). Al margen de la sociedad civil y de los enfrentamientos entre el FBI y esa policía de élite, se encuentran los secretos gubernamentales y el intocable territorio militar con sus códigos legales.

    A partir de un ejercicio nostálgico que tiene tanto de Chinatown (Roman Polanski, 1974), como de varios clásicos noir de los cuarenta y cincuenta, Tamahori muestra de nuevo su endemoniada habilidad para las secuencias de violencia física. Golpizas brutales, muertes impactantes y personajes de dudosa moralidad en un relato donde las fronteras entre ley, criminalidad y abuso de poder parecen no existir. Se trata de una alegoría sobre una sociedad enferma, enajenada y poblada de chivos expiatorios: seres marginales fácilmente sacrificables como lo serían, un homosexual o una exuberante aspirante a estrella con un erotismo explosivo. Ese es el gran hallazgo de un filme romántico, melancólico, nihilista y desesperanzado con una de las bandas sonoras más bellas del nuevo Hollywood a cargo del enorme Dave Grusin.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de abril 2022

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