KIKA (España-Francia, 1993)

Dirección. Pedro Almodóvar/ Guion. Pedro Almodóvar/ Fotografía en color. Alfredo Mayo/ Música. Dámaso Pérez Prado, Enric Granados, Manuel Alejandro, Álvaro Carrillo, Bernard Herrmann, Xavier Cugat, entre otros/ Edición. José Salcedo/ Dirección de arte. Alain Bainée, Javier Fernández/ Diseño de Producción. Pedro Almodóvar/ Vestuario. de sonido. Philip Nicolai Flindt/ Efectos visuales. Jean Baptiste Bonetto/ Producción. Agustín Almodóvar, El Deseo, CiBy 2000/ Con. Verónica Forqué (Kika) Victoria Abril (Andrea Caracortada) Alex Casanovas (Ramón) Peter Coyote (Nicholas), Rossy de Palma (Juana) Santiago Lajusticia (Pablo), Anabel Alonso (Amparo), Bibiana Fernández (Susana) Jesús Bonilla (policía), Karra Elejalde (policía)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Kika es una maquilladora de carácter ingenuo optimista y vital que un día recibe un encargo muy especial: ha de maquillar a un muerto, un atractivo fotógrafo llamado Ramón. Sin embargo, éste en realidad no está muerto y sólo sufre un ataque, por lo cual el trabajo de la maquilladora motiva que reaccione y se enamore de ella. Se quieren pero no se entienden. Ramón está obsesionado con el fallecimiento de su madre. El padrastro de Ramón, es Nicholas, un hombre turbio y seductor estadunidense y a ojos del fotógrafo es el responsable de la muerte de su mamá. Kika tiene una amiga con muy pocos prejuicios, Amparo; una acérrima enemiga, Andrea Caracortada, directora y presentadora de un “reality show”; un amante americano que es el padrastro de Ramón; una criada bigotuda, Juana, enamorada de ella en secreto, y hermana de un actor porno que, tras fugarse de la cárcel, se esconde en la casa donde trabaja ésta. El hermano de Juana no tardará en violar a Kika y, en consecuencia, convertirla en protagonista del serial televisivo de la cruel y resentida, Andrea.

 

Kika fue nominada a 8 Goyas, la máxima presea del cine español y obtuvo el de Mejor Actriz para Verónica Forqué

 

 

 

“Estábamos en 1981 y Madrid era nuestro”: la frase es del realizador en crisis Salvador Mallo, interpretado por Antonio Banderas y saturado de dolores físicos y emocionales en la más reciente película de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria (2019) y sin embargo bien pudiera ser la voz del verdadero Almodóvar, en ese instante libertario de una España sacudida por la muerte de Franco y la censura. Justo al inicio de esa década en la que el cineasta debutaba con Pepi, Lucy y Bom y otras chicas del montón (1980) y se sumaba a la llamada movida madrileña.

Cada nuevo filme de Pedro Almodóvar es un enigma. Una pieza más a un rompecabezas infinito donde el realizador manchego no sólo repite sus temas y obsesiones, sino que paradójicamente aporta nuevas preocupaciones y depura más su impecable estilo visual. Así, después de una obra suma de inquietante belleza como La piel que habito (2011) y de ese ácido cóctel hedonista que fue Los amantes pasajeros (2013), seguiría Julieta (2016) relato de una sencillez desconcertante, previa a Dolor y gloria.

 

Luego de 21 largometrajes en casi 40 años de carrera, Almodóvar ha dejado atrás el humor enloquecido de sus primeras obras, a la que pertenece justamente Kika, su décima película, para dar paso a dramas cotidianos que rozan con ironía, la tragedia. Sus películas son cada vez menos fársicas y se han vuelto más profundas, elaboradas y dolorosas sin perder el delirio que lo caracteriza. En los años noventa, época de Kika, Almodóvar, se había convertido en institución fílmica de exportación, destacando en su país, no tanto por sus delirantes e inclementes sátiras, sino por su especial sensibilidad para acercarse a la realidad española. Se trataba entonces de un cineasta, que había conseguido identificar a sus personajes-freaks con los seres comunes en situaciones cotidianas, explotando la parte más perversa y/o escandalosa de esos actos del día a día rutinario.

 

 

“Almodóvar reconoció ayer la dificultad de calificar su filme. Mientras el director manchego empleaba palabras como comedia corrosiva, comedia thriller, comedia negra, Rossy de Palma, la única actriz que parece recién salida de la pantalla, fue mucho más directa: “Kika habla de todo lo que vemos en la vida”. Y todo lo que vemos en la vida, según el filme de Almodóvar, es corrosión, perversión, dolor y ternura, mucha ternura. Kika, que ha contado con un presupuesto de 700 millones de pesetas y con el más largo rodaje de todas las películas de Almodóvar, es una mezcla de distintos personajes, pertenecientes cada uno a distintos géneros” –Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Las relaciones familiares de amor-odio; los triángulos homosexuales que acaban en asesinato; el incesto o la violación, como actos tragicómicos; las relaciones de traición y solidaridad entre mujeres; o el machismo, como una cotidiana realidad española. Kika no podía ser la excepción; se trata de una farsa enloquecida, que hace eco en los llamados reality shows, según la historia de otro par de mujeres antagónicas al estilo de Tacones lejanos (1991) y una fauna maniática que los acompaña.

 

“Es una película insólita…con mujeres emocionales extremas. Es como Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987), pero más pesimista” (Almodóvar dixit). En efecto, en uno de los extremo se encuentra Andrea Caracortada, conductora de un programa siniestro titulado Lo peor del día, donde presenta, cámara en mano, todo tipo de crímenes y violaciones, en busca del amarillismo más atroz para esparcimiento de un público abúlico y consumista. Y por el otro, la propia Kika, mujer sensual pero ingenua, deseada y engañada por todos, cuya fuerza radica no tanto en su pródiga sexualidad, sino en su optimismo.

Luego de la conmoción causada por Mujeres al borde de un ataque de nervios, del hedonismo artificialmente violento de ¡Atame! y del thriller hitchcockiano Tacones lejanos, Almodóvar sorprende con éste propositivo acercamiento a la España moderna; el de la cultura popular, la televisión enajenante y sobre todo el sexo. De manera sorprendente, el cineasta resume lo mejor de su filmografía, recuperando los delirios tremendistas de Laberinto de pasiones (1982) y la terrible emotividad de su excepcional La ley del deseo (1984).

 

“Es en el personaje interpretado por Victoria Abril, vestida por el innovador Jean Paul Gaultier, sobre el que Almodóvar construye su más ácida y feroz crítica contra lo que califica de “mercados del dolor y de la sangre”. “No he querido hacer crítica contra la prensa ni contra unos profesionales concretos, sino contra los llamados programas de reality show, en los que la capacidad de corrupción es tan grande que obliga a las gentes a vender hasta su dolor. Si te quitan el dolor, ya no te queda nada”, dijo Almodóvar, que quiso resaltar la benignidad de su película, frente al tremendismo de los programas reales” -Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Prueba de ello, son las múltiples relaciones de personajes insólitos alrededor de la parlanchina Kika, una maquillista infantiloide e ingenua y Andrea, la perversa depredadora de las penas ajenas. Entre ellos: Ramón, novio de Kika y fotógrafo-voyeur de prendas íntimas, cuya pasiva madre ha muerto brutalmente en extrañas circunstancias al lado de su padrastro Nicholas, el escritor estadunidense. Completan el cuadro, Juana, la criada lesbiana y bigotuda enamorada de Kika, su patrona y Paul Bazzo (Lajusticia), el violador de ésta, un enfermizo actor porno hermano de Juana.

Kika es un delicioso cóctel, sobre lo alucinante de la moda actual (vestuario ciberpunk de Jean-Paul Gaultier, la televisión “tabloide”); acerca también de la ilusión de la imagen (el fotógrafo de lencería, las lecciones de maquillaje de Kika, el actor de filmes porno, la cámara de video que Andrea lleva como casco); y a su vez, una farsa sobre la íntima relación entre sangre y semen, mostrado en el trabajo mismo de Andrea, la violación, los asesinatos y las novelas negras de Nicholas. Kika era sin duda, de un genial regreso de Almodóvar; una inquietante comedia negra de aventuras, que el mismo había definido entonces como: “una especie de Indiana Jones casero”, que incluye un bello homenaje a la mexicana Chavela Vargas.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 de agosto de 2019.

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EL CULPABLE (Den skyldige, Dinamarca, 2018)

Dirección. Gustav Möller/ Guión. Emil Nygaard Albertsen, Gustav Möller/ Fotografía en color. Jasper Spanning/ Música. Carl Coleman, Caspar Hesselager/ Edición. Carla Luffe Heintzelmann/ Dirección de arte. Sarah Gad Wøldike Sørensen/ Diseño de Producción. Gustav Pontoppidan/ Vestuario. Ida Skov Gudmundsen-Holmgren/ Editor de sonido. Philip Nicolai Flindt/ Efectos visuales. Christian Schandorph/ Producción. Lina Flint, Henrik Zein/ Con. Jakob Cedergren (Asger Holm, el operador de la central telefónica), Jessica Dinage (voz de Iben), Omar Shargawi (voz de RashidI), Johan Olsen (voz de Michael), Jacob Lohmann (voz de Bo), Katinka Evers-Jahnsen (voz de Mathilda), Simon Benebejrg (voz del junkie), Laura Bro (voz de la periodista)/ Duración. 82 mins.

SINOPSIS

Asger Holm, un oficial de policía, ha sido suspendido temporalmente de sus funciones y relegado a operador del servicio de emergencias telefónicas. Por su aspecto físico es evidente que no está muy acostumbrado a una tarea que no implique acción, movimiento y dinamismo. Es decir; una labor que no va con él y que literalmente cuando más mira el teléfono, más se incrementa su mal genio. Sobre todo cuando los timbrazos no tienen mayor urgencia o trascendencia y menos para llamar a la policía. Sin embargo, durante su rutinario turno de noche, recibe la extraña llamada de una mujer aterrada que al parecer intenta hablar con su hija. ¿Se tratará de un error? No obstante, algo desentona en esta conversación. Los sentidos del policía se agudizan, se dispara su alarma interna de peligro inminente, su atención se concentra y hasta sus músculos se tensan. Algo va mal. A pesar de su reacción de sorpresa, Asger se da cuenta de que la mujer al otro lado del teléfono ha sido secuestrada, y es entonces cuando comenzará la búsqueda. Recluido en su mesa en la central telefónica de emergencias, Asger tendrá que localizar y ayudar a la mujer en peligro con la ayuda de sus compañeros en todo el país. Conforme pasan los minutos, Asger tendrá que enfrentarse no sólo a la precipitación de los acontecimientos relacionados con el caso, sino también a sus propios demonios personales.

 

El culpable un intrigante thriller danés que concentra su acción en un solo personaje obtuvo el Premio del público en el Festival de Sundance. Premio Descubrimiento a la Primera Película en lo Mejor del Cine Europeo, donde además estuvo nominado a Mejor Actor y Guion. Festival de Valladolid Premio a Mejor Guion. Ganadora del Premio del Público y del Jurado joven en el Festival de Rotterdam.

 

 

“La idea de la película se me ocurrió cuando me topé con una llamada real al 911 de una mujer secuestrada. La mujer viajaba en coche y, como estaba sentada a lado de su secuestrador, hablaba en clave. Al principio me intrigó el suspense de la llamada, como a cualquier otro oyente. Pero después empecé a reflexionar sobre lo que la hacía tan intrigante. A pesar de que solo había escuchado una grabación de sonido, tuve la impresión de haber visto las imágenes. Había visto a la mujer, el coche en el que estaba, la carretera por la que iba el coche, e incluso al secuestrador sentado a su lado. Me di cuenta de que cada persona que escuchara esa llamada telefónica vería imágenes diferentes: una mujer diferente, un secuestrador diferente, y así sucesivamente. Así que empecé a darle vueltas. ¿Qué pasaría si se utilizara esa idea de imágenes mentales en una película? –Gustav Möller, Lahiguera.com-

 

Inspirado en un podcast de ficción que a su vez centraba su relato en hechos reales acerca del presunto asesinato de una joven. La creación radiofónica iba dosificando las revelaciones de manera intrigante y cualquier oyente hubiese caído en la tentación de crear su propia historia y buscar al culpable. El realizador no sólo se enganchó a la serie sino que decidió que filmaría una película. Es así como Gustav Möller conforma un drama sicológico muy inquietante y al mismo tiempo, un thriller minimalista que se apoya prácticamente en las expresiones faciales del protagonista y sobre todo en los sonidos de las llamadas telefónicas. Ello a cargo de un promisorio realizador y guionista de origen sueco de treinta años de edad, y con tan solo un cortometraje en su haber, quien con este potente thriller, se coloca entre los directores a seguir de cerca. En 2015 se graduó por la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca con el corto In Darkness, ganador del Premio Next Generation Award en Haugesund.

 

 

“Mi objetivo con El culpable, era hacer un thriller de suspense basado en los personajes reales, pero también una película que ofreciera a cada espectador una experiencia completamente única” –Gustav Möller, Lahiguera.com-.

 

El cineasta necesitó tan sólo 13 días de rodaje, 3 cámaras, 2 despachos de la comisaría y un notable actor, Jakob Cedergren, para sumergir al espectador en una trama en la que no puedes parpadear siquiera, de una intensidad milimetrada tal y con un suspenso in crescendo. La originalidad y minimalismo de la propuesta al igual que la estructura narrativa se conecta con otras miradas similares como las de: Enlace mortal (Joel Schumacher, 2002), Celular (David R. Ellis, 2004), Enterrado (Rodrigo Cortés, 2010), Locke (Steven Knights, 2013) o El desconocido (Dani de la Torre, 2015) que enlazan tiempo, espacio, una sola locación y confinamiento.

Es decir: en todos los filmes arriba citados, los protagonistas, todos ellos masculinos, se enfrentan a una llamada inesperada que los coloca en una situación límite, o por el contrario, se ven en la necesidad de ayudar a alguien a través de una llamada telefónica como sucede en Celular, por ejemplo, vertiginoso y muy entretenido y desparpajado thriller, como un regreso a ese cine serie B de bajo presupuesto, en el que Chris Evans, recibía la comunicación de una mujer que le dice que ha sido secuestrada y que la van a asesinar muy pronto. Además, sus captores buscan también a su marido y su hijo. Ella necesita ayuda, pero no sabe dónde está y las baterías del celular están por agotarse.

Al contrario a las convenciones del cine comercial estadunidense, Möller consigue darle la vuelta al género de suspenso con un vigor pocas veces visto sin caer en las típicas tramas hollywoodenses, al concentrarse no sólo en los gestos del protagonista, sino en la crisis interior que el hombre vive fuera de cuadro, ya que al día siguiente se prepara para un juicio en su contra en relación a la muerte de un joven en donde él es el posible responsable. No sólo ello, sino que además, le otorga un giro inesperado a la terrible historia de secuestro que rebota en su cabeza: la de una mujer alterada, la de un ex marido irritado y desesperado y en medio de ellos los hijos de ambos: Mathilda una pequeña de seis años con la que Asger consigue hablar y su hermanito Oliver un bebé de poco más de un año.

 

Todo ello, a través de un portentoso y angustiante montaje emocional que no disminuye en ningún instante en su concentrado metraje que apenas rebasa los ochenta minutos apoyado en un trabajo sonoro extraordinario para contar la expiación de culpa que intenta realizar un hombre a través de una historia dramática que trata de solucionar a toda costa aunque para ello tenga que romper las reglas una vez más haciendo incluso, uso de la fuerza policiaca, para ayudar a la mujer que se supone corre un peligro inminente.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

30 de julio 2019

EVA (España-Francia, 2011)

Dirección. Kike Maillo/ Guion. Sergei Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca, Aintza Serra, Kike Maillo/ Fotografía en color. Arnau Valls Colomer/ Música. Evgueni Galparine y Sacha Galparine/ Edición. Elena Ruiz/ Dirección de arte. Laia Colet y Germma Fauria/ Vestuario. María Gil/ Diseño de Producción. Toni Carrizosa/ Producción. Canal + España, Escándalo Films, Generalitat de Cataluña, Televisión Española, Wild Bunch, Aintza Serra, Jerome Rougier/ Con. Daniel Bruhl (Álex Garel), Marta Etura (Lana Levy), Alberto Ammann (David Garel), Claudia Vega (Eva), Lluis Homar (Max), Anne Canovas (Julia), Sara Rosas Losilla (Prototipo 519), Manuel Dueso (professor), Peter Vives (Eric), Jordi Díaz (médico) / Duración. 94 mins.

SINOPSIS

Año 2041. Un futuro cercano, donde los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas. Álex, un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene con un encargo muy específico de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot. Proyecto que abandonó cuando se fue, dejando solos a su hermano David y a su amiga Lana, quienes colaboraban con él. En estos diez años de ausencia, la vida ha seguido su curso para su hermano David y para Lana que, tras la marcha de Álex, ha rehecho su vida, ya que ambos se amaban.

Ahora Álex los encuentra casados y parecen muy felices, por lo que él prefiere instalarse en la antigua casa de sus padres para trabajar allí, siéndole asignado por la Facultad un robot-asistente personal, Max, creado por su hermano David y que tiene numerosas habilidades, siendo una gran compañía para Álex, junto con su gato-robot.

Ninguno de los niños que le proponen como modelo le convence, por lo que se dedica a buscarlo él, descubriendo a la salida del colegio a una niña que, por su espontaneidad y alegría llama su atención, pese a que ella le considera un pervertido.

La volverá a ver esa misma noche cuando cena en casa de su hermano, descubriendo que es su sobrina, aunque no les dice nada del proyecto. Eva niña especial y magnética, va a verlo a su casa y Álex se lo cuenta a ella, comenzando a hacerle pruebas, aunque cuando la niña se lo cuenta a su madre esta le prohíbe que siga yendo a casa de su tío.

David comprueba la mutua atracción que ella y Lana sienten. Aparece entonces David con el que tiene una fuerte pelea, pidiéndole éste que se marche. Y, en efecto, al día siguiente Álex va a ver a Julia, que es la persona que lo contrató para el proyecto y le dice que no seguirá con el mismo. Posteriormente le echa en cara a Eva que le mintiera al decirle que sus padres no vivían juntos, comunicándole su deseo de irse, lo que entristece mucho a Eva.

Lana acude a ver a Álex. Se besan de nuevo tras lo que ella le confiesa que Eva se parece a los dos porque es hija de los dos. Y esta, que lee sus labios de su madre desde lejos huye hacia la montaña, perseguida por Lana, que la encuentra finalmente tirada en la nieve, abriendo un pequeño dispositivo en su espalda y descubriendo que es un robot, al que le cambia una pieza para que vuelva a la vida, sin poder evitar que tras ello la niña la empuje hacia el vacío, haciendo que se despeñe por un barranco.

Julia le cuenta entonces a Álex que Lana terminó el proyecto que estaban desarrollando juntos, que no pasó el control de seguridad, pese a lo cual ella quiso quedarse con ella, de la que le indica deben deshacerse, pidiendo Álex que le permita hacerlo a su manera.

 

 

Eva marca el debut del joven cineasta catalán Kike Maillo. Fue nominada a 12 premios Goya de los cuales obtuvo tres: Mejor Director Debutante, Mejores Efectos Especiales, Mejor Actor Secundario (Homar). Premio a los Mejores Efectos Visuales en el Festival de Sitges. 16 Nominaciones a los Premios Gaudí del cine catalán de los cuales obtuvo cinco: Mejor Película, Mejor Actor Secundario (Homar), Mejor Fotografía, Mejor Dirección de Arte y Mejores Efectos especiales. Mención Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia.

 

“El germen del proyecto nació hace mucho tiempo, cuando tenía unos diez u once años. Una tarde, después de ver un capítulo del Dr. Who, me lancé a construir robots con cosas que había por casa: cartones, lápices, rollos de papel de wáter, coladores, etc. Eso fue mucho antes de que decidiera que quería hacer cine y estudiar en la ESCAC, la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya.

Cuando acabé de estudiar en la ESCAC estaba mucho más enamorado de las historias que de las máquinas, pero seguía soñando con rodar una película ligada a la fantasía, a la ciencia ficción. Pensaba que, con mucha suerte, mi segunda o tercera película podría ser una cinta de robots. Pero enseguida me enteré de que Sergi Casamitjana, productor ejecutivo de Escándalo Films (productora asociada a la ESCAC), estaba intentando impulsar un proyecto de ciencia ficción. Así es como arrancó todo.

Con Martí Roca empezamos a escribir lo que sería la base de los personajes de Eva. Tras varias versiones, nos dimos cuenta de que, si bien los personajes eran interesantes, necesitábamos un núcleo dramático consistente, fuerte y universal. Fue esa razón la que nos llevó a contactar con Sergi Belbel, reconocido dramaturgo catalán y actual director del TNC de Barcelona. Él, junto a Cristina Clemente, dieron a la película esa base dramatúrgica que creíamos imprescindible. A partir de esa sólida base trabajamos con Aintza Serra en la concreción de cada secuencia para crear el documento final que hemos rodado” –Kike Maillo, Lahiguera.com-

 

 

Eva es un relato fantástico alejado de los tópicos del género. Es una historia de amor y una aventura dramática que plantea un debate de absoluta actualidad y que recupera uno de los temas más tratados por la ciencia ficción: la rebelión de las máquinas como lo muestran cintas tan distintas como: El Golem, Metrópolis, Oestelandia, Blade Runner, Terminator, Yo Robot o Ex Machina. Se trata en apariencia de una trama muy simple y sencilla, local pero universal, con personajes cercanos, dramas tangibles y en un marco idílico para despertar el imaginario del espectador. Eva resulta una historia de cine fantástico, de amor y de muerte.

En 1920, el escritor checo Karel Capek concibió el término robot en alusión a esa suerte de imitación metálica del hombre vista tanto como una máquina maravillosa, como un peligro latente para la humanidad. Es decir, desde Capek se planteaba ya la disyuntiva de que los robots pudieran suplantar al hombre, revelándose a sus creadores como sucedía en la espléndida novela de Mary Wollstonecraft Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo escrita hacia 1816, cuya criatura, pese a no estar hecha de metal y plástico, sino de trozos de cadáver, mostraba abiertamente una inquietud fundamental que más tarde formaría parte esencial del imaginario de la ciencia ficción: la complicada relación entre las máquinas y sus creadores.

Que es justo lo que le sucede a Álex, ya que el origen de los conflictos de la película se remontan a la época en que Lana, David y Alex eran estudiantes de robótica en la Universidad de Santa Irene. El trío decide crear un niño, ya que a un niño se le debe educar, enseñar y darle mucho amor. Eso es lo que les resulta esencial y atractivo, pero también lo que empezó a generar diferencias entre Lana, David y Alex, no sólo creativamente, sino sentimentalmente. Eva es un relato distinto, el primero con temática robótica filmado en España. Una trama que elige un drama humano para contar una historia de ciencia ficción y amor.

 

 

“El género de ciencia-ficción normalmente formula preguntas que proponen nuevas reglas del juego, nuevos mundos. Esos mundos de fantasía, en ocasiones utópicos, en otras distópicos, suelen invitarnos a la reflexión. Cuando empecé a darle vueltas a la idea de realizar una película de ciencia ficción con trasfondo robótico llegué a la conclusión de que lo que más me interesaba era reflexionar sobre la relación entre humanos y máquinas: ¿es posible que los humanos nos lleguemos a sentir tan atraídos o tan próximos a las máquinas, por perfectas y por parecidas a nosotros, que podamos llegar a establecer lazos emocionales tan poderosos como con otros humanos? ¿Se dará en algún momento, en un futuro cercano o lejano, la posibilidad de que nos podamos enamorar o querer a una máquina aun sabiendo que se trata de un emulador? ¿Cómo afectarán esas “nuevas” relaciones a las “viejas” relaciones con humanos? ¿Se dará un fenómeno de progresiva sustitución? A partir de estas cuestiones nace la trama de Eva. Alex quiere crear un robot tan sofisticado que sea capaz de robar el corazón de una persona” -Kike Maillo. Lahiguera.com-

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de julio de 2019

SIN AMOR (Nelyubov/ Loveless, Rusia-Francia-Alemania-Bélgica, 2017)

Dirección. Andréi Zvyagintsev/ Guión. Andréi Zvyagintsev y Oleg Negin/ Fotografía en color. Mijail Kritchman / Música. Sasha y Evgueni Galperine/ Edición. Anna Mass/ Diseño de Producción. Andréi Ponkratov/ Dirección de arte. Andréi Ponkratov/ Vestuario. Anna Bartuli/ Producción. Why No Production, Pascal Cauchetex, Gleb Fetisov, Sergei Melkumov, Olivier Peré y Alexander Rodnyansky/ Con. Maryana Spivak (Zhenia), Aleksey Rozin (Boris), Matvey Novikov (Aliosha), Marina Vasileva (Masha), Andris Keiss (Anton), Aleksey Fateev (Iván), Natalya Potapova (la madre de Zhenia), Anna Gulyarenko (la madre de Masha), Tatyana Ryabokon (la oficial)/ Duración. 121 mins.

SINOPSIS

Zhenia y Boris se encuentran medio de un amargo divorcio de constantes enfrentamientos y humillaciones, en el que prima el resentimiento, la frustración y las recriminaciones. Los dos se han embarcado en una nueva vida: ella desea continuar su camino con un amante mayor. Él, tiene ya una relación con una joven que espera un hijo suyo y esperan con impaciencia el momento en que puedan liberarse el uno del otro y empezar de nuevo, incluso si eso implica abandonar a su hijo Aliosha, de doce años, que ambos rechazan y a quien nunca toman en cuenta. No obstante, deben aunar fuerzas para encontrarlo, cuando Aliosha desaparece sin dejar rastro alguno, luego de ser testigo de otra de sus terribles discusiones. Zhenia saca a relucir su rechazo por ese niño no deseado en su momento y antes de su desaparición quiere enviarlo a un reformatorio y el padre sólo desea que su jefe, un hombre cristiano y ortodoxo no se entere de ese desliz matrimonial que implicaría su despido. La policía pasa de la incredulidad ante la denuncia rutinaria a la alarma absoluta y la búsqueda exhaustiva cuando la ausencia de pistas es inminente.

 

 

Sin amor obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. Ganadora de los galardones a Mejor Fotografía y Banda Sonora a lo Mejor del Cine Europeo. Nominada al Óscar y al Globo de Oro a la Mejor Cinta de Habla no Inglesa.

 

 

“El cine no es nacionalista, no tiene fronteras. No me intereso por un cine concreto, como puede ser el cine ruso, estadounidense, francés o alemán. Me interesan los directores que hacen buenas películas, poco importa la escuela nacional en la que han estudiado. Un buen realizador atrae a un público universal, su cine se entenderá en Rusia, Estados Unidos y cualquier otro país. Si mis películas son aceptadas y entendidas en Occidente, significa que hablo un idioma común para personas de diferentes nacionalidades”. -Andréi Zvyagintsev, Lahiguera.com-

 

 

Sin amor resulta una devastadora y brutal alegoría intimista, social y política de ese gran cineasta ruso contemporáneo que es Andréi Zvyagintsev (El regreso, Elena, Leviatán). La historia de un matrimonio en disputa quienes intentan rehacer sus vidas con nuevas parejas y en medio de ellos, su hijo, un niño desatendido en lo absoluto, que resulta una suerte de incómodo objeto entre ambos que un día desaparece de la nada, la carga que para sus padres representa Aliosha es lo que los separa de la “felicidad”.

Luego de su debut con El regreso (2003) ganadora en el Festival de Venecia, centrado en el tema de la ausencia paterna que marca de manera absoluta la personalidad de los hijos, dirige El destierro (2007), estrenada en el Festival Cannes, ganadora del Premio a la Mejor Actuación para Konstantin Lavronenko, quien hiciera el papel del padre en El regreso. En 2008 realizó el corto Apocrypha en Estados Unidos, originalmente integrante de uno de los fragmentos de Nueva York, te amo. En 2014 realiza Leviatán/ Leviathan sombría historia sobre la corrupción y la violencia de tintes bíblicos nominada al Oscar a Mejor Película de habla no inglesa. Ganadora del Globo de Oro a Mejor Película de habla no inglesa y Ganadora del Premio a Mejor Guión en el Festival de Cannes donde fue nominada a la Palma de Oro.

 

“Me gustaría decir que existe un paralelismo entre Sin amor y Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman, trasplantado a otra época y con personajes diferentes: gente citadina carentes de complejos y de dudas, la típica pareja de clase media: “Cambiaré de vida. No volveré a cometer los mismos errores que me llevaron a vivir semejante decepción. Empezaré desde cero”. Eso piensan las personas que culpan a otras de sus fracasos. Pero solo es posible cambiarse a sí mismo. Entonces, el mundo que nos rodea volverá a brillar, y tal vez lo único que lo haga posible sea una terrible pérdida”.

“La idea de Sin amor nació de esto. Debo reconocer que la miniserie de Bergman me apasiona desde hace mucho. Hablé con Oleg Neguin, con el que escribo todos los guiones de mis películas, de la posibilidad de examinar una crisis matrimonial en la que una pareja, al cabo de vivir diez o doce años juntos, descubre que no puede seguir. Decidimos construirlo en torno a un acontecimiento que supera todas las contradicciones de los personajes: la desaparición de su hijo.- Andréi Zvyagintsev, Lahiguera.com-

 

 

En Sin amor como en sus trabajos previos, Andréi Zvyagintsev convierte a sus personajes en representantes de figuras sociales de la compleja Rusia actual: un país decepcionado de su pasado que desea seguir adelante, comenzar de nuevo y olvidarse de los problemas (por ejemplo las imágenes de Ucrania). La escena final de Zhenia en la caminadora y portando el nombre de su país en su chaqueta deportiva es muy sintomática, como lo es la hija de Anton que vive en Portugal y que sólo se comunica con su padre por Skype, así como el desinterés absoluto de Masha, la nueva pareja de Boris, por Aliosha el hijo desaparecido. A ello contribuye también una estética brutal y desoladora como serían las escenas iniciales y finales en la nieve y sobre todo en el hospital y en el depósito de cadáveres.

Sin amor tiene momentos terriblemente dramáticos como lo es justo la violencia que Zhenia ejerce contra su marido en la Morgue, o la discusión de ésta con su madre, una de las secuencias más duras de la película. No obstante, también resultan brutales las escenas donde la madre, Zhenia, insulta a su hijo llamándole enclenque o débil, a la hora del desayuno sin ni siquiera mirarlo y consultando obsesivamente su celular. O aquella del breve interrogatorio al amigo de Aliosha a cargo del jefe de policía encargado.

 

 

“Nuestra época posmoderna está habitada por una sociedad posindustrial inundada constantemente por un flujo de información destinada a personas con un mínimo interés hacia los demás, excepto por si les son útiles. Hoy en día, nadie piensa en nadie. La única forma de salir de esta tremenda indiferencia es dedicarse a otros, incluso si son extraños, como hace el coordinador del grupo de búsqueda que rastrea la zona en busca del niño desaparecido. No lo hace para obtener una recompensa, sino porque es su objetivo. Y por eso, cada uno de sus actos tiene un significado. Solo así puede uno luchar contra la deshumanización y la confusión del mundo actual”. – Andréi Zvyagintsev, Lahiguera.com-

 

En Sin amor cada encuadre y cada diálogo está perfectamente cuidado para mostrar esa falta de afecto y solidaridad, ese rechazo humano absoluto, como el diálogo que tiene Zhenia con Anton, su amante, que con seguridad no dudara en desecharla en breve. De hecho, la desaparición parece un alivio para todos: no hay amor, sólo crueldad, odio, rechazo, carencia absoluta de empatía. Una suerte de metáfora social. Un terrible relato sobre el abandono y el hedonismo como alegoría de una nación arribista y cínica.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

25 de junio de 2019

CUATRO DIAS EN SEPTIEMBRE (O Que é Isso, companheiro/ Four Days In September, Brasil-Estados Unidos, 1997)

Dirección. Bruno Barreto/ Guion. Leopoldo Bhering Serran, sobre novela de Fernando Gabeira/ Fotografía en color. Félix Monti/ Música. Stewart Copeland/ Edición. Isabelle Rathery/ Dirección de arte. Marcos Flaksman/ Vestuario. Emilia Duncan/ Diseño de Producción. Marcos Flaksman y Alexandre Meyer/ Producción. Lucy Barreto, Luiz Carlos Barreto, Mary Ann Braubach/ Con. Alan Arkin (Charles Burke Elbrick), Fernanda Torres (María), Pedro Cardoso (Fernando Gabeira/Paulo), Luiz Fernando Guimaraes (Marcao), Claudia Abreu (Renée), Nelson Dantas (Toledo), Matheus Natchergaele (Jonás), Marco Ricca (Henrique), Mauricio Goncalves (Brandao), Caiao Junqueira (Julio)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

En septiembre de 1969 y bajo el régimen de la dictadura militar de Brasil, el embajador de Estados Unidos Charles Burke Elbrick fue secuestrado durante cuatro días por un inexperto grupo insurgente que buscaba la desestabilización política pero, sobre todo, hacerse propaganda sobre su aparición en el traumático escenario nacional de entonces. Varios jóvenes idealistas, entre ellos, Fernando Gabeira deciden unirse al Movimiento Revolucionario 8 de Octubre. Pronto, los chicos descubren que unirse al grupo significa cambiar de identidad y renunciar a vivir con sus familias. La organización los utilizará para secuestrar al embajador. Su experiencia como plagiario quedó condensada en el libro autobiográfico ¿O que é isso, companheiro?/ Cuatro días en septiembre.

 

La película de Bruno Barreto fue nominada al Oscar como Mejor Cinta de habla no inglesa. Ganador del Premio a Mejor Cinta de contenido social en el Festival de cine político de Estados Unidos

 

“Hoy hemos detenido al Sr. Charles Burke Elbrick, el embajador de Estados Unidos, ocultándolo en algún lugar del país. Este acto no es un episodio aislado. Se suma a los innumerables actos revolucionarios ya llevados a cabo: asaltos a bancos, en los que se recaudan fondos para la revolución, recuperando de vuelta lo que los banqueros toman del pueblo y de sus empleados; ocupación de cuarteles y comisarías, donde se consiguen armas y municiones para la lucha por el derrocamiento de la dictadura; invasiones de cárceles, cuando se liberan revolucionarios, para devolverlos a la lucha del pueblo; explosiones de edificios que simbolizan la opresión; y el ajusticiamiento de verdugos y torturadores.

En realidad, el secuestro del embajador es sólo otro acto de la guerra revolucionaria, que avanza cada día y que aún este año iniciará su etapa de guerrilla rural. Con el rapto del embajador, queremos mostrar que es posible vencer la dictadura y la explotación, si nos armamos y organizarnos, apareceremos donde el enemigo menos nos espera y desapareceremos a continuación, desgastando la dictadura, llevando el terror y el miedo a los explotadores, la esperanza y la certeza de victoria para el medio de los explotados”… -Fragmento real del manifiesto del Movimiento Revolucionario 8 de octubre en relación al secuestro del embajador Charles Burke Elbrick-

 

 

 

El cine político con intenciones espectaculares se remonta a los inicios de la cinematografía cuando David Wark Griffith aporta su punto de vista reaccionario y esclavista sobre la guerra civil estadunidense en la magistral épica El nacimiento de una nación filmada en 1915. A partir de ese momento el análisis sobre las injusticias sociales amplían el espacio para un cine militante capaz de abrir un campo a la reflexión sin descuidar el aspecto comercial y de marketing.

A Constantin Costa-Gavras se le debe en buena medida la creación de un thriller político en el cual: suspenso y denuncia se encabalgan sin descuidar uno y otro. En ese sentido, Cuatro días en septiembre del brasileño Bruno Barreto, es sin duda la respuesta tardía -no exenta de interés- al trabajo realizado por Costa-Gavras desde finales de los años sesenta; en esencia sus obras clave como La confesión, Z y sobre todo, Estado de sitio en la que se narraba el secuestro y ejecución de un alto funcionario estadunidense en un país latinoamericano -léase Uruguay-.

Nominada al Oscar a la Mejor Cinta Extranjera y protagonizada por un estupendo Alan Arkin, Cuatro días en septiembre es la crónica intimista de un hecho social. El guion, inspirado en las memorias de Fernando Gabeira sobreviviente de la tortura militar en Brasil, describe un hecho verídico: el secuestro del embajador estadunidense en Brasil, Charles Elbrick ocurrido en septiembre de 1969, planeado y llevado a cabo por una facción más bien amateur del Movimiento Revolucionario 8 de Octubre.

 

Bruno Barreto, saltó a los escenarios fílmicos internacionales con Gabriela, clavo y canela (1983) exitosa novela de Jorge Amado de enorme carga erótica, donde se fundía la sensualidad tropical y la belleza de la mujer brasileña, protagonizada por Sonia Braga y el italiano Marcello Mastroianni, en la historia de una joven de Bahía que causa conmoción no sólo por su refinado gusto culinario sino por su extraordinario erotismo. Al especial toque otorgado por la explosiva pareja bicultural, habría que agregar la espléndida fotografía del italiano Carlo Di Palma y la intensa banda sonora de Antonio Carlos Jobim con la participación de Gal Costa.

No obstante, Barreto ya había adaptado antes otra novela de Jorge Amado:

Doña Flor y sus dos maridos en 1976, con la participación estelar de Sonia Braga y José Wilker como el calenturiento marido que regresa de la tumba para velar por el cuerpo de su ardiente mujer. El filme no sólo representó la consolidación internacional de Sonia Braga –recuérdese que se le ligó sentimentalmente a Robert Redford con quien filmó El secreto de milagro-, sino que recuperó a nivel mundial el exotismo del cine carioca cuyos éxitos databan de la época de O cangaceiro y Orfeo negro coproducida con Francia.

 

En cuatro días en septiembre, Barreto no toma como punto de partida los ejemplos del cine militante latinoamericano (el cine de Fernando Solanas, Jorge Sanjinés, Miguel Littin, Leobardo López Aretche y otros). De hecho, recupera la esencia del thriller político a lo Costa-Gavras pero desde una perspectiva más íntima y emocional para describir y a su vez, reflexionar sobre el idealismo y la efervescencia revolucionaria de finales de la década de los sesenta.

La película de Barreto, abre con las imágenes del paraíso brasileño: un esplendoroso Río de Janeiro donde impera la samba, el bossa nova y el fútbol. Sin embargo, detrás de esa fachada de sensualidad y regocijo se oculta la represión estudiantil y un ingenuo radicalismo cuyas consecuencias terminan por pagarse muy caro. De hecho, los personajes de Barreto no se inclinan hacia el maniqueísmo; es decir, torturadores sádicos y heroicos terroristas urbanos. Por el contrario, el filme muestra los puntos de vista -todos muy discutibles- de los involucrados en un secuestro que marcó la pauta del terrorismo en Latinoamérica.

“Ustedes y los militares son como los extremos de una herradura: son la misma cosa pero nunca se juntan…”; se trata de una frase contundente en un filme que intenta cuestionar precisamente el absurdo de la violencia y la manera en que ésta pretende contrarrestarse. De hecho, la única posición sensata parece ser la del cautivo embajador, cuya vida depende de que el gobierno decida liberar a varios presos políticos y llevarlos a un punto seguro como México.

Cuatro días en septiembre dista mucho de una obra maestra del género como Estado de sitio (1973), incluso resulta evidente la falta de ritmo y de una eficiente puesta en escena. No obstante, el filme vale no sólo como reflexión de una época, sino por su mirada más humana sobre la violencia política y la cloaca del terrorismo y de los regímenes militares encabezados en muchas ocasiones por sicópatas frustrados y resentidos sociales.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 de junio 2019

EL ENGAÑO DEL SIGLO/ El ÍDOLO (The Program, Gran Bretaña-Francia, 2015)

Dirección. Stephen Frears/ Guión. John Hodge, inspirado en el libro del periodista David Walsh/ Fotografía en color. Danny Cohen/ Música. Alex Heffes/ Edición. Valerio Bonelli/ Diseño de producción. Alan McDonald/ Dirección de arte. Jeremy Conway, Andrew Rothschild, Dennis Schnegg/ Vestuario. Jane Petrie/ Producción. Studio Canal, Working Title, Raphael Benoliel, Tim Bevan, Eric Feliner, Tracey Seaward, Kate Solomon/Con. Ben Foster (Lance Armstrong), Chris O’Dowd (David Walsh), Guillaume Canet (Dr. Ferrari), Jesse Plemons (Floyd Landis), Lee Pace (Bill Stapleton), Dennis Ménochet (Johan Bruyneel), Edward Hogg (Frankie Andreu), Dustin Hoffman (Bob Hamman), Elaine Cassidy (Betsy Andreu), Laura Donelly (Emma O’Reilly)/ Duración. 99 mins.

SINOPSIS

Es 1993 y a sus 21 años de edad, el ciclista estadunidense Lance Armstrong hace su debut en el Tour de Francia. El periodista irlandés del Sunday Times, David Walsh lo entrevista. Lance es confiado y seguro de sí mismo, también muy competitivo. En la línea de salida en Bélgica, Johan Bruyneel le comenta al joven Lance que nunca va a ganar porque otros tienen más células rojas en la sangre – van dopados-. La carrera termina como predijo Bruyneel. Mientras tanto, en una sala de conferencias, el Dr. Michele Ferrari pregunta sobre el uso de EPO –eritropoyetina- en el deporte, pero le contestan que no sería ético.

Lance se acerca Ferrari y le dice que quiere unirse a su “programa”, pero el médico le aclara que él no tiene el físico para ser un buen escalador. Lance compra EPO para su equipo en una farmacia en Suiza. Un año más tarde de nuevo en Bélgica, Lance gana la carrera por un amplio margen. Sin embargo, después de las celebraciones, Lance empieza a toser sangre. Su médico le diagnostica cáncer testicular en la tercera y última etapa de la enfermedad.

Lance realiza una recuperación lenta pero decidida. Viaja a Italia, a la casa del Dr. Ferrari. Tras su enfermedad, ha perdido el peso requerido y Ferrari se convence por su voluntad de ganar para trabajar con él. Somete a Lance a una extensa serie de pruebas, análisis y ejercicios de entrenamiento. Lance contrata a Bruyneel como director de equipo y le explica que tras su enfermedad el único equipo que le ha contratado es el US Postal, un equipo menor y se asocia con el agente Bill Stapleton y le anuncia que quiere comenzar una asociación para recaudar fondos para la cura del cáncer.

Es 1999, David Walsh recuerda a sus colegas el escándalo de dopaje del año pasado y tiene sospechas sobre Lance, para quien tomar EPO se ha convertido en parte de su rutina. Cuando llegan a realizarle las pruebas antidopaje a Lance, éste, se conecta a un sistema de goteo para diluir la presencia de sustancias en sangre al tiempo que promociona su asociación “Livestrong”. Al año siguiente, gana el Tour de nuevo. La policía allana la casa del Dr. Ferrari y es acusado de conspiración criminal. David consigue una entrevista con Lance, este responde cortante y el Sunday Times no publica la historia de David por falta de pruebas contundentes.

La estrella en alza Floyd Landis hombre de una cerrada comunidad religiosa menonita, consigue un contrato con el equipo US Postal, y la tarea de proteger a Lance. Lance triunfa una vez más. Pero ahora hay pruebas antidroga más eficaces así que Lance y su equipo se realizan transfusiones de sangre para evitar la detección. En el Tour de 2003, Lance logra su quinta victoria y reitera su afirmación de que nunca ha dado positivo por drogas.

Por su parte, Walsh, ha empezado a llamar la atención y acumula más pruebas contra Lance, al tiempo que es invitado a Texas por Bob Hamman, un asegurador de la compañía US Postal, que ahora tiene dudas de que Lance tenga derecho al bono de cinco millones de dólares que le deben por sus triunfos en el Tour. Lance trata de silenciar a todos los que han aportado pruebas y genera un caso de difamación contra el Sunday Times, quienes pierden el juicio contra él y deben pagar 300,000 libras esterlinas por daños y perjuicios. Hamman también pierde y se ve obligado a pagar los 5 millones. Lance gana su séptimo Tour consecutivo.

El siguiente Tour es ganado por Floyd, pero lo atrapan usando testosterona y es despojado del título. Mientras tanto Lance se dedica ahora a hacer anuncios estúpidos y discursos corporativos y decide que después de cuatro años, regresará a correr el Tour. Bruyneel le dice que es una mala idea. Floyd, intenta regresar al equipo, pero Lance se lo impide. Lance pierde ante la nueva estrella de su equipo, Alberto Contador y llega en tercer lugar.

Humillado, Floyd decide ir a hablar con la Agencia Antidopaje de Estados Unidos. Le cuenta todo sobre Lance, quien finalmente es reconocido como líder en una cultura de dopaje. Recibe una suspensión de por vida del deporte y admite que se ha dopado en cada Tour que ganó. Es despojado de sus títulos, el Sunday Times y Hamman recuperan su dinero y David Walsh su prestigio.

 

 

El cineasta británico Stephen Frears, responsable de filmes tan opuestos y atractivos como: Las relaciones peligrosas, The Griffters, Negocios entrañables, La reina y Filomena; realizador, que como en casi toda su obra, sabe involucrar al espectador con el drama, las angustias y los momentos felices de sus personajes, se preocupa por mostrar la dignidad de aquellos que se encuentran en situaciones adversas: ya sea la pareja homosexual e interracial de Mi bella lavandería, la relación entre la inglesa marginal y un hindú en Sammy & Rosie Get Laid, la hija embarazada en Esperando al bebé, el desempleado empeñado en poner su puesto ambulante de comida en La camioneta, o el periodista humillado por sus propios colegas y la opinión pública en El engaño del siglo/ El ídolo.

No sólo ello, con éste drama biográfico realizado para Amazon Pictures, Frears consigue un inquietante, ágil y fascinante retrato de ascenso deportivo y crisis emocional llevada al caos cuando entra en juego la vanidad y las argucias criminales. Lo adereza además con una espléndida banda sonora a cargo de Alex Heffes y varias canciones de artistas célebres como: Ramones (Blitzkrieg Bop) Paul Simon y The Lemonheads (Sra. Robinson), Radioheads (No Surprises) o Leonard Cohen quien interpreta el notable tema Everybody Knows, con el que cierra este relato fascinante de ambición desmedida, narcisismo y esfuerzo deportivo que le llevo a una figura como Lance Armstrong ocultar su evidente uso del EPO para ganar el Tour de France por varios años seguidos.

 

“Lance Armstrong analizaba la situación del ciclismo y pensaba ‘no se puede ganar sin dopaje’. Tenía que hacerlo y creía que sus compañeros de equipo tenían que hacerlo. Por lo tanto, en el equipo US Postal establecieron un sistema de engaño a través de la mejora de rendimiento con “drogas”. Se convirtió en el programa y si estabas en el equipo tenías que estar en el programa”. (David Walsh, autor de Los siete pecados capitales: Mi búsqueda de Lance Armstrong) –Lahiguera.com-

 

El engaño del siglo está realizada como una suerte de thriller de suspenso que enlaza la vida de dos personajes muy opuestos: el atleta ciclista de Austin Texas nacido en 1971, Lance Armstrong, que en los años noventa se reveló como campeón de los Estados Unidos y llegaba a Europa para comenzar a competir en los distintos eventos, en particular el Tour de Francia. Y el periodista deportivo, especialista en ciclismo, nacido en Irlanda en 1955: David Walsh; corresponsal de The Sunday Times, quien se encontró por primera vez con Armstrong por casualidad para una entrevista no planeada en 1993. A partir de este momento, la vida profesional de Walsh se entrelaza con la de Armstrong, destapando el rendimiento atlético alterado por las drogas.

De hecho, no fue del todo Walsh, quien derribó a Armstrong, fue él mismo quien se hundió solo. Justo en se cruce de caminos es donde radica el meollo de El engaño del siglo; un filme donde se hacen referencias a actores como Matt Damon o Jake Gyllehaal, como posibles histriones que interpretarían la vida de Armstrong en la pantalla; un papel que caería en manos de Ben Foster (El mensajero, Amores asesinos, Galveston, Enemigo de todos), quien realiza un espléndido trabajo como protagonista de este intenso y eficaz relato biográfico.

 

“John Hodge encontró esta manera de construir cuidadosamente un thriller bien ordenado en lugar de hacer una lección de historia del ciclismo –apunta Frears-, quien llega a la conclusión de que uno de los puntos fuertes de Hodge es su habilidad para extraer enormes cantidades de información de un lapso de tiempo de 20 años condensados en una película de menos de dos horas. “Él es muy elíptico; cubre una gran cantidad de cosas, y supongo que son las más importantes”. –Lahiguera.com-

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 28 de mayo 2019

CELDA 211 (España-Francia, 2009)

Dirección. Daniel Monzón/ Guión. Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón, inspirado en la novela del periodista Francisco Pérez Gandul/ Fotografía en color. Carles Gusi/ Música. Roque Baños/ Edición. Mapa Pastor/ Diseño de producción. Daniel Monzón/ Dirección de arte. Antón Laguna/ Vestuario. Montse Sancho/ Producción. Álvaro Augustín, Vérane Frédiani, Juan Gordon, Franck Ribiére, Emma Lustres, Borja Pena/ Con. Luís Tosar (Malamadre), Alberto Ammann (Juan Oliver), Antonio Resines (José Utrilla), Manuel Morón (Ernesto Almansa), Marta Etura (Elena), Carlos Bardem (Apache), Luis Zahera (Releches), Vicente Romero (Tachuela), Fernando Soto (Armando Nieto), Manolo Soto (director de la prisión), Jesús Carroza (Elvis), Xavier Estévez (Jefe Geos), Joxean Bengoetxea (el Profe)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Juan Oliver, funcionario de prisiones, cuya esposa Elena se encuentra embarazada, se presenta en su nuevo destino un día antes de su incorporación oficial en la prisión provincial de Zamora, ello con el fin de conocer las instalaciones y el ambiente de la cárcel. Una vez allí, y debido a las malas condiciones en que se encuentra el viejo edificio, recibe un golpe en la cabeza y queda inconsciente. En ese mismo instante, los presos inician un motín. Los compañeros de Juan, sin saber qué hacer para salvar sus vidas, le abandonan en la celda 211 (la única celda vacía) y huyen.

Al despertar, Juan descubre lo ocurrido y es llevado ante Malamadre, violentísimo líder de los presos. Para salvarse, Juan finge ser un recluso y estar allí condenado por asesinato en primer grado. Malamadre no parece estar convencido con la versión de Juan, pero ante su actitud desafiante y su inteligencia se gana su aceptación, recibiendo el apodo de Calzones.

En un momento dado, la policía ve por medio de una cámara a unos presos de la ETA que Malamadre ha capturado, revelándose el auténtico motivo del motín: montar aquella reyerta y capturar a unos presos importantes para obligar al Gobierno a prestar atención a sus condiciones. Durante su estancia en la cárcel, mientras toma notas de las exigencias de Malamadre, Juan se entera que el anterior ocupante de la celda 211 se suicidó cortándose las venas al no soportar  el dolor que le provoca un tumor cerebral que el médico de la cárcel no diagnosticó.

Los policías envían a un negociador a hablar con Malamadre. Juan está también presente en la negociación, además de las condiciones escritas por Juan, Malamadre exige que Juan pueda hablar con su mujer, por teléfono. Juan está a punto de salir, pero en ese momento algo sale mal: un preso acaba con la vida de otro y la policía confunde a la víctima con uno de los presos de ETA. Juan reacciona rápido y saca a los etarras ante la cámara, impidiendo que los GEO (Grupo Especial de Operaciones de la Policía Española) entren. Juan se gana la admiración y el respeto de todos los presos, incluido Malamadre, aunque este está molesto de que Juan actuara sin esperar órdenes suyas.

Mientras sucede el motín, se produce una manifestación ante la prisión por la falta de información. Elena acude también a protestar, pero en ese momento, los antidisturbios se presentan, incluido el violento y corrupto jefe de servicio Utrilla que golpea a Elena. Malamadre consigue enterarse por medio del Apache de que Elena fue golpeada por Utrilla, quien entra en la cárcel para hablar con los presos, donde cae en una trampa. Lo que sigue es una serie de terribles y brutales vueltas de tuerca al tiempo que Juan y Malamadre, son traicionados y los GEO terminan por ingresar a la prisión y detener a los amotinados.

 

Celda 211 obtuvo 8 Premios Goya, la mayor distinción del cine español, entre ellos Mejor Película, Director y Actor (Tosar), Mejor Actor debutante (Ammann), Mejor Actriz (Etura) y 44 premios más en diferentes festivales internacionales y locales.

 

“Cuando Celda 211 cayó en mis manos, me la leí de un tirón y supe que quería llevarla a la pantalla. La novela tenía un contundente punto de partida, un universo poderoso, reconocible y humano y estaba construida sobre una tensión asfixiante con algunos giros memorables. Como película, constituía un reto narrativo de primer orden, dejaba poco margen a otra cosa que no fuera despojar la puesta en escena de artificio y poner la cámara al servicio de los personajes. Había por tanto que conseguir un reparto a prueba de bombas. A película terminada, me es difícil imaginar actores más sólidos y adecuados. Empezando por el dúo protagonista, la banda de presos, el grupo de funcionarios y cada uno de los figurantes entregados en cuerpo y alma a esta aventura.”  -Daniel Monzón, Lahiguera.com-

 

 

En su momento, la coproducción hispano-argentina, El secreto de sus ojos de Juan José Campanella, un thriller noir al estilo del cine negro policiaco estadunidense de los años cuarenta-cincuenta, filtrado a través de varios elementos políticos, sentimentales y románticos sobre la Argentina de la dictadura militar y Celda 211 del español Daniel Monzón, un violento, tenso y claustrofóbico drama carcelario, acapararon los premios Goya del cine español. La primera, se llevó los respectivos a Película Hispanoemaricana y Actriz Revelación y Celda 211 obtuvo 8 Goyas, entre ellos: Mejor Película, Director, Guión Adaptado y Actor protagónico. Y por si ello fuera poco, el filme del cineasta argentino responsable de la exitosa El hijo de la novia (2001), fue recompensada con el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa de este año, dejando en el camino a títulos como La cinta blanca de Michael Haneke y La teta asustada de Claudia Llosa.

 

A diferencia de El secreto de tus ojos, la nueva película de Daniel Monzón, Celda 211, resulta por el contrario, un trepidante relato de acción física y acción moral. Una reflexión sobre los mecanismos represivos del Estado con una extraordinaria cámara en perpetuo movimiento. El filme abre con el repulsivo suicidio de un presidiario, para mostrar poco a poco el infierno que se vive ahí dentro. Un microcosmos de horror subversivo, justo cuando estalla en esa cárcel zamorana, un violento motín que encabeza el carismático asesino recluso Malamadre (Luís Tosar asombroso) y en el que queda atrapado Juan Oliver (Alberto Ammann, estupendo), un joven funcionario de prisiones que visita el sitio en su primera jornada de trabajo. Es decir, el nuevo empleado quedará convertido en un preso más y observará su labor desde el otro lado, para darse cuenta que nada es lo que parece ser. Con el peligro de ser linchado en caso de descubrirse su identidad, Juan tendrá que ingeniárselas para sobrevivir.

 

Ex crítico de cine y responsable de títulos como: La sombra del guerrero y La caja Kovac, Daniel Monzón, vuelve a trabajar con el eficaz guionista Jorge Guerricaechevarría argumentista de cabecera de Alex de la Iglesia (Perdita Durango, Los crímenes de Oxford), en un relato que se inscribe en un inicio en el subgénero carcelario al estilo de Condena brutal (1989) o Sueño de fuga (1994), a partir de la novela de Francisco Pérez Gandul. No obstante, Celda 211 se convierte en un tenso drama y una crítica al aparato represor del Estado.

Con imágenes impactantes como el inicio del motín y el clímax de éste, así como los actos que Juan llevará a cabo para sobrevivir a la furia de los presos, Celda 211 se trastoca en un microcosmos de horror a la española muy en deuda con los pulsantes relatos de un Walter Hill (Los guerreros, Calles de fuego) y sobre todo de John Carpenter (Masacre en la crujía 13, Escape de Nueva York). Es decir: un relato Serie B de múltiples acciones concentradas en unas cuantas horas, donde los aparatos de comunicación tienen un protagonismo importante (walkie talkie, celulares, televisión) y antihéroes que descubren que la brutalidad vive en el hombre pero no siempre de manera gratuita.

La cinta de Monzón se vale de una cámara de movilidad permanente y un certero y gradual suspenso, al tiempo que mezcla las tensas situaciones que se viven dentro y fuera del penal con breves destellos de la relación entre Juan y su mujer. Quizá hacia el final y en aras de mantener la acción, se deja de lado la interesante subtrama de los presos etarras, no obstante su realizador ha construido una historia eficaz con personajes atractivos como el impresionante Malamadre que da vida un Luís Tosar en su mejor momento.

 

 

“Más que una película de género, Celda 211 es una tragedia en toda regla. En el sentido más clásico. La tragedia que cualquiera de nosotros viviría en una situación tan extrema como la que sufre Juan Oliver. Una historia del fatum, “de lo que es inexorable”, de cómo girar una esquina en lugar de otra puede cambiar tu vida para siempre. Aunque el corazón de esta Celda 211 es la relación de amistad al borde del precipicio entre Juan y Malamadre, dos hombres que no podrían habitar puntos más alejados de la existencia, pero que el giro del destino hermana en apenas un puñado de horas. Y les golpea como un huracán. Juan descubre que estar en un lado o el opuesto no es tanto una elección moral como una mera conjunción de circunstancias. Y que todo es relativo, el hecho de haber matado no está reñido con la integridad, y actuar como un guardián de la ley no está reñido con ser un hijo de perra. El viaje de Juan lo hace el espectador. Y el motivo por el que conmueve es porque hurga en una llaga que duele como pocas, la que nos habla de la fragilidad, de que en la vida pendes de un hilo.” –Daniel Monzón Lahiguera.com-

 

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México 13 de mayo de 2019