ILUSIÓN NACIONAL (México, 2014)

Dirección. Olallo Rubio/ Guión. Olallo Rubio/ Fotografía en color. Varios archivos de fotografía/ Música: Javier Umpierrez/ Edición: Juan Fontana/ Investigación iconográfica: Genoveva Corro Millán/ Diseño de Sonido: Javier Umpierrez/ Efectos Visuales: Raúl Prado/ Producción. Carlos Meza, José Nacif, Olallo Rubio, Abraham Meme, José María Yazpik/ Con: Antonio Carbajal (él mismo), Javier Aguirre (él mismo), Carlos Albert (él mismo), Cuauhtémoc Blanco (él mismo), Felipe Calderón Hinojosa (él mismo), Carlos Salinas de Gortari (él mismo), Vicente Fox (él mismo), Miguel de la Madrid Hurtado (él mismo), Hugo Sánchez (él mismo), Jorge Campos (él mismo), Bobby Charlton (él mismo), Diego Armando Maradona (él mismo), Edson Arantes Do Nascimento Pelé (él mismo)/ Dur. 100 mins.

SINOPSIS

México tuvo la fortuna de organizar dos Copas del Mundo, en la primera alojó a Pelé, y en la segunda se consagró Maradona. Los dos mejores jugadores en la historia del futbol, los dos ganaron un Mundial y dejaron huella de su futbol en México, el primero en 1970 y el segundo 16 años después. Los dos enamoraron a un estadio Azteca repleto que los hizo vibrar de emociones. Ilusión Nacional es una película acerca de la participación de México en los mundiales en donde el director nos presenta los triunfos del pasado con una mirada hacia el futuro pero también nos recuerda las derrotas más dolorosas.

Narra la participación de México en la Copa del Mundo y presenta las humillaciones y los triunfos del pasado y una mirada hacia el futuro. El documental reconstruye dramáticamente el pasado y nos lleva desde 1928 hasta 2012 por un recorrido emotivo, didáctico y dinámico que captura y recrea la energía de los partidos más emocionantes; la intensidad de un Estadio Azteca totalmente lleno; la euforia colectiva de la afición en México 1970 y México 1986; el suspenso provocado por las cardiacas sesiones de penaltis; y toda la acción del deporte más popular del mundo. No se trata de un recuento árido televisivo que simplemente recopila datos históricos, Ilusión Nacional es una obra dramática que cuenta una historia llena de acción y emociones nacionalistas, sin pasar por alto un poco de contexto social y político; fundamental para entender en qué punto de la historia estamos ubicados y los antecedentes de los diferentes temas que abarcamos dentro de la cultura del balompié.

 

Para Olallo Rubio: “Existe el prejuicio de que un documental debe ser únicamente material periodístico de denuncia, pero aunque Ilusión Nacional no es ingenua o ilusa, el objetivo central consistió en hacer una película emotiva que celebre el fútbol sobre todas las cosas. Citando al escritor uruguayo Eduardo Galeano ‘El futbol como fiesta de los ojos que lo miran y como alegría del cuerpo que lo juega’. Ilusión Nacional resalta la pureza poética del futbol y demuestra que, a pesar de todo aquello que gira alrededor del negocio, es y seguirá siendo un signo primordial de identidad colectiva.

“A través de Ilusión Nacional, los adultos recordarán grandes momentos de la historia del futbol, y los niños y adolescentes podrán ver por primera vez en la pantalla grande imágenes que nunca han visto. Creemos que aún, cuando en México han habido varios intentos de llevar el futbol al cine, Ilusión Nacional es la primera película mexicana que se enfoca directamente en la esencia del deporte y en la fiebre mundialista”.

 

Es sabido que el deporte y el cine mantienen una curiosa relación de respeto. Atletas, jugadores, entrenadores y todo tipo de eventos deportivos aportan a la pantalla grande un cierto toque dramático. En cambio, el cine puede transformar el simple acto deportivo en un relato de epopeya e incluso en una metáfora de la desilusión de un país y ya, en el peor de los casos, convierte en efímeras estrellas de la pantalla a disparejos baluartes del deporte.

Deportes como el box, el fútbol americano, las carreras automovilísticas, el atletismo, o el beisbol, tienen sus obras notables y ahí están para demostrarlo respectivamente, Toro salvaje (1980) con Robert De Niro en el papel de Jack la Motta, El número uno (1969) en la que Charlton Heston encarna a un maduro quarterback de los Santos de Nueva Orleans. En Un hombre y una mujer (1966) que oscila entre el drama romántico y el nihilismo de la pasión amorosa, un circuito automovilístico separa a una pareja. Asimismo, en La soledad del corredor de fondo (1962), una carrera de atletismo se transforma en alegoría de liberación y con ellas, obras como Fuera de línea (1988) sobre la tragedia de los Medias Negras en 1919 donde política y deporte se funden sutilmente.

Curiosamente el patito feo de los deportes vistos por el cine era sin duda el fútbol soccer. Ningún deporte acumulaba las películas más bobas, mediocres y previsibles como lo demuestra, El chanfle (1978) y secuela con el equipo de Roberto Gómez Bolaños Chespirito. Es decir, al llamado “juego del hombre”, le ha ido de la patada en la pantalla y ello se entiende por varias razones. De entrada, el balonpie resulta cinematográficamente anticlimático. No tiene la vertiginosidad de un round o los dramáticos dos minutos finales de un partido de fútbol americano, tampoco se rompen listones en la meta, ni se escuchan disparos de salida. Incluso, como el soccer funciona como un simple relleno en la cultura estadunidense, Hollywood lo ha visto con reserva, no ha sido así en otras cinematografías como la inglesa.

 

“Este no es un trabajo periodístico, no soy periodista. Trato de hacer películas dramáticas o es en lo que intento enfocarme. Y eso hice en Ilusión Nacional, traté de reconstruir dramáticamente el pasado de la selección y trasladarte ahí, no recordarlo y nada más. Queríamos provocar el efecto de ‘máquina del tiempo’, ver la evolución del futbol y la cobertura del mismo. No quería hacer una crítica, la verdad no me considero una autoridad del futbol. Para eso están los especialistas. Además yo sería el último en ser el aguafiestas, quería hacer de esta película algo celebrativo, que no es nada fácil con la historia de la selección mexicana. Básicamente la película es algo así como ‘que mal se siente cuando pierden, ¿pero a poco no se siente bien padre cuando ganan?’ Ese es uno de los mensajes”.

 

 

Cine y fútbol son quizá las expresiones populares de mayor arraigo y las que más pasiones despiertan en los espectadores. Lo curioso, es que el fútbol y el cine se llevan poco y combinan mal. Por ello, resulta toda una sorpresa el cuarto docudrama de Olallo Rubio: Ilusión nacional, filme de enorme eficacia para retratar el concepto de fanatismo y derrota que persigue al mexicano.

Olallo deja de lado las típicas cabezas parlantes y las discusiones estériles. Con un extraordinario material de archivo de diversas calidades, de los años veinte a la fecha, construye una épica del fracaso, la enajenación y también de la euforia que el futbol representa en una sociedad como la nuestra, donde pan, circo e ilusión, siguen a la alza.

A partir de un vigoroso montaje, una poderosa banda sonora y una irónica narración a cargo del propio Olallo, Ilusión nacional ofrece el panorama de una quimera deportiva. Asimismo, de manera sutil, la forma en que el futbol corrompe y enajena, el poder de los medios, el enorme negocio comercial que representa, así como imágenes elocuentes de la frustración, el enojo y también la grandeza del juego del hombre.

Caben aquí: la tragedia de Maracana, el paso de nuestra selección por las distintas copas mundiales, el surgimiento de una estrella como Hugo Sánchez, un breve recorrido por la violencia y el salvajismo futbolístico. Las imágenes del descalabro, el enojo, el llanto, la frustración, la pena que la arrogancia y el triunfo efímero. A su vez, un recorrido además por las voces y presencias de enormes cronistas deportivos cuando el futbol era más pasión que negocio. Maradona adolescente, Hugo Sánchez cantando, presidentes como: Fox, Salinas, De la Madrid Calderon, Diaz Ordaz. Imágenes del Mundial en México 1986 y el terremoto de 1985. Incluyendo secuencias alucinantes de filmes: Patton, Que Viva México y Rambo. La importancia de los acervos y archivos fílmicos donde pueden surgir maravillas como esas escenas en Ixtapan de la Sal donde los seleccionados nacionales se preparaban para el mundial de Chile en 1962 o los anuncios publicitarios de: Cansadón y Pancho Pantera.

 

 

“Abordar el futbol en México es un tema delicado; además, otra razón por la que no buscamos a la Federación Mexicana de Futbol fue porque la película se enfoca -en un alto porcentaje- en los mundiales. Hay varias cosas, por ejemplo, el testimonio de los periodistas que hicieron público el tema de ‘Los cachirules’ es nuevo, esos testimonios no los habían soltado desde su transmisión. El gol de Maradona en el Azteca filmado detrás de la portería es prácticamente inédito, ese material no lo tiene la FIFA era de Demetrio Bilbatúa, en su momento se vio, pero nunca en cine. Hay material que no se ha visto en los últimos 40 años” –Olallo Rubio-.

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CASI UN GIGOLO (Fading Gigolo, EU-Francia, 2013)

Dirección. John Turturro/ Guión. John Turturro (y Woody Allen sin crédito)/ Fotografía en color. Marco Pontecorvo/ Música: Abraham Laboriel y Bill Maxwell/ Edición: Simona Paggi/ Dirección de arte: Sarah Frank/ Diseño de Producción. Lester Cohen/ Vestuario. Donna Zakowska/ Producción. Bill Block, Paul Hanson, Jeffrey Levy-Hinte, James Debbs/ Con: John Turturro (Fioravante) Woody Allen (Murray), Vanesa Paradis (Avigal), Liev Schreiber (Dovi), Sharon Stone (Dra. Parker), Sofía Vergara (Selima), Bob Balaban (Sol), Abe Altman (Primer Rabino), Teddy Bergman (Yossi), Max Casella (tipo del mostrador), / Dur. 98 mins.

SINOPSIS

Fioravante se adentra en el negocio de la prostitución masculina de la mano de su amigo Murray. Poco a poco sus andanzas en el oficio más antiguo del mundo le descubrirán algo de lo que no era consciente. A Murray se le ocurre esta disparatada idea cuando su despampanante dermatóloga, la Dra. Parker, le comenta que busca a un hombre para montarse un trío con su impresionante amiga Selima. Murray se encuentra en una situación financiera muy precaria tras el cierre de su librería y, con la mente puesta en el lado económico del negocio, intenta convencer a Fioravante de que es la persona más indicada para la tarea. Aunque la idea de convertirse en gigoló no le apasiona inicialmente, la economía de Fioravante tampoco anda muy boyante y se da cuenta de que hay peores formas de ganarse la vida que hacer felices a dos mujeres faltas de cariño. Así, se e convierten en socios y Fioravante se cita con la Dra. Parker para una sesión de prueba antes del trío.

Por su parte, Murray se topa con una clienta singular. Para su segunda incursión, Fioravante deberá encandilar a Avigal, la viuda de un conocido rabino con quien se casó siendo muy joven. Han pasado veinte años y ahora se encuentra con seis hijos a su cargo y los recuerdos de toda una vida confinada a las limitaciones de una comunidad muy cerrada y ortodoxa. Avigal ansía experimentar cosas nuevas y cuando Murray le propone visitar a Fioravante, acepta sin pensárselo, movida por la curiosidad de descubrir territorios desconocidos. La ternura de Fioravante al acariciar la espalda de Avigal despierta algo inesperado en ambos.

En tanto que Dovi un judío ortodoxo que maneja una patrulla de barrio, suspira por Avigal desde la adolescencia y busca a la viuda. Las restricciones de su religión y sus inseguridades le obligan a esconder su pasión bajo el manto de la vigilancia, velando constantemente por Avigal y sus hijos. Las sospechas que siente Dovi al ver a Avigal con Fioravante pronto darán paso a los celos. Mientras Fioravante hace la ronda por las habitaciones de la Dra. Parker y Selima y mantiene encuentros más castos con Avigal, Murray lidia con las dificultades que encierra el trabajo de representante. Muy pronto las desavenencias acabarán por hacer que la situación estalle.

 

Casi un gigolo obtuvo el premio a Mejor Director Debutante y Mejor Película en el Festival de Miami.

 

“Divertida y emotiva, la quinta película de John Turturro (tras Mac, Illuminata, Romance y Cigarettes y Passione), aborda la cruzada interminable, y nunca del todo satisfactoria, del ser humano por encontrar la felicidad en el sexo y el amor. –lahiguera.com

 

 

Actor de culto y uno de los mayores y mejores protagonistas de los filmes de los hermanos Coen (Barton Fink, De paseo a la muerte, ¿Dónde estás hermano, Identidad peligrosa), John Turturro (Brooklyn, Nueva York, 1957), estudió en la Escuela de arte dramático de Yale, En la televisión, obtuvo un premio Emmy por su aparición en la serie Monk y protagonizó The Bronx is Burning (2007), donde encarnó al entrenador de los Yankees, Billy Martin. Turturro ha interpretado más de sesenta películas, entre ellas, Cinco esquinas de Tony Bill; Haz lo correcto, Mo Better Blues, Fiebre de selva del cineasta afroestadunidense Spike Lee, El dilema de Robert Redford, El buen pastor de Robert DeNiro, Transformers de Michael Bay y obtuvo el galardón a Mejor Actor en el Festival de cine de Cannes por Barton Fink y a su vez el David D. Donatello por el mismo filme. Su debut como realizador fue con: Mac ganadora de la Cámara de oro en el Festival de cine de Cannes.

 

 

“La idea sobre la que se sustenta la nueva comedia de John Turturro Casi un gigoló surgió durante una comida con un amigo. “Me puse a improvisar un relato y vi que le hacía mucha gracia, así que seguí hilando la trama”, comenta Turturro. Sin embargo, no se dio cuenta del enorme potencial de la historia hasta hablarlo con otros amigos e incluso con su barbero. Éste se lo comentó a otro de sus clientes, que resultó ser Woody Allen. Allen se quedó tan prendado de la historia que se puso en contacto con John. Por aquel entonces Turturro no tenía más que las líneas generales de la historia. “Pasé por casa de Woody y le comenté la trama a grandes rasgos”, apunta Turturro. “Iba diciendo Gracioso o No me resulta gracioso o Podría ser gracioso”. Según Allen, “Me pareció que John había dado con una historia distinta y divertida protagonizada por un grupo de personajes muy amenos, con dosis de romanticismo y momentos muy reales que hablan de experiencias muy humanas”. –La higuera.com

 

 

En Casi un gigoló abundan muchas de las temáticas del primer Woody Allen hasta el inicio de su etapa agridulce entre dramática y humorística como sucede en Crímenes y pecados donde Allen hace un papel muy similar al del filme de Turturro: el ambiente judío en Brooklyn, los conceptos religiosos sobre la muerte y el sexo y los tabús en relación a la carnalidad. Todo ello a través de una comedia ligera en apariencia que en realidad se trastoca en una divertida y un tanto amarga fábula sobre la búsqueda de la felicidad y los traumas de la moral judeo-cristiana. De hecho son pocas las películas que tocan el asunto de la prostitución femenina: Vaquero de medianoche/Perdidos en la noche de John Schlesinger, Gigoló americano de Paul Schrader, Mi camino de sueños de Gus Van Sant, Dulces compañías de Óscar Blancarte o La piel misteriosa de Gregg Araki. Sólo que en este caso, Turturro y Allen sin crédito de co guionista apuestan por el humor y la ternura.  Aderezado a su vez con una extraordinaria banda sonora que incluye temas como: Atardecer canadiense, La violetera, Luna rosa, Mi romance.

Lo más interesante del protagonista es que su atractivo no emana de su aspecto físico; es un hombre ya entrado en los cincuenta años; sino en su capacidad para entender y hacer sentir extraordinariamente a mujeres deseosas más que de sexo, de amor, de comprensión, de cariño y atención. “Hay tíos a los que les gusta el sexo pero no les gustan especialmente las mujeres. Fioravante está dispuesto a escucharlas, a ser muy tierno, paciente y cariñoso”, dice Turturro. Fioravante, es un hombre común y tranquilo que trabaja en una florería, no es consciente de su don, pero su gran amigo Murray sabe que Fioravante tiene algo especial. Cuando la dermatóloga de Murray, la Dra. Parker, le pregunta si conoce a alguien al que le interesaría cobrar por acostarse con ella y con su amiga Selima enseguida piensa en Fioravante; el asunto será convencerlo de participar.

 

 

“Cuando Turturro se sentó a escribir el guión, Allen se prestó a seguir dándole consejo. “Ha sido muy generoso con su tiempo”, comenta Turturro, “pero también ha sido muy despiadado, si algo no le gustaba me lo decía sin temor. Si alguien de la talla de Woody Allen se toma las molestias de ayudarme pensé que el guión tenía algo especial”. Y añade: “Creo que, de manera inconsciente, Woody me empujó a profundizar más en la historia y al final he vertido muchos aspectos de mí mismo en la película. Me animó a hacerlo de una manera en la que me sintiera cómodo. Al final ha salido una cinta con muchos matices, que dista mucho de una comedia disparatada”. –Lahiguera.com-

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de junio de 2018

CITA CON LA MUERTE/ CON LA MUERTE EN LA MIRA (Rendezvous mit dem Tod: Warum John F. Kennedy sterben musste, Alemania, 2006)

Dirección. Wilfried Huismann/ Guión. Wilfried Huismann/ Fotografía en color. Tobias Baader y Reinhard Gossmann/ Música: Pino Donaggio y Claudius Bruese/ Edición: Nikole Kortlüke/ Diseño de Producción. Bettina Kapune/ Producción. Heribert Blondiau, Wilfried Huismann, Gus Russo/ Con: Laurence Keenan (él mismo), Fidel Castro (él mismo, pietaje de archivo), Alexander Haig (él mismo), John F. Kennedy (él mismo, pietaje de archivo), Lee Harvey Oswald (él mismo, pietaje de archivo), Jack Ruby (él mismo, pietaje de archivo), Lyndon B. Johnson (él mismo, pietaje de archivo)/ Duración. 88 mins.

SINOPSIS

22 de noviembre de 1963. John F. Kennedy es acribillado en Dallas, Texas, aparentemente, por un fanático marxista-leninista, Lee Harvey Oswald, quien es detenido de inmediato y asesinado en menos de 48 horas por Jack Ruby, un gángster menor, ligado a negocios de prostitución y alcohol. Éste, uno de los mayores magnicidios de la historia, acabó con el sueño americano y la inocencia del estadunidense medio. La muerte de JFK abrió la cloaca de los recovecos del poder y del dinero: las oscuras fuerzas que planearon el crimen, siguen reptando en la oscuridad, incluso, contaron con el apoyo de la llamada Comisión Warren, impuesta por el presidente que tomó el lugar de Kennedy, Lyndon B. Jonson, misma que manejó la teoría del asesino solitario y sicópata y que enfrentó la vehemencia de Jim Garrison, Fiscal del Distrito De Nueva Orleáns, quien puso en tela de juicio la muerte del carismático presidente. 43 años después del asesinato de JFK, aparece una nueva teoría, sustentada más por la imaginación y la sorpresa que por hechos contundentes, aunque deja al descubierto, quizá sin proponérselo, los pantanosos secretos de la política mexicana y sus instituciones de seguridad.

 

 

Se trata de Cita con la muerte conocida también como Con la muerte en la mira, del documentalista germano Wilfried Huismann, cuyas credenciales lo colocan como un especialista en temas histórico-políticos: autor de la serie televisiva Politische Morde (Asesinatos Políticos) y documentales para la TV como: El secreto alrededor del atentado en las Olimpiadas de 1972, Querido Fidel: la historia de Marita, El caso Henry Kissinger, Sangre Fría: El Plan Z de Pinochet, Traición en Santiago- Quien Mató a Salvador Allende y Ruleta Rusa: Los agentes, el Kremlin y los Cancilleres.

El filme de Huismann apoya la vieja teoría de Oswald como asesino, pero centra su investigación en la participación directa del gobierno de Fidel Castro en la planeación y ejecución del crimen, con el apoyo del Servicio Secreto cubano, conocido como G-2. Al estilo de aquellos intrigantes Documentos prohibidos, hábiles mezclas de realidad y ficción, entresacados de archivos fílmicos franco-alemanes, Cita con la muerte, resulta un filme inquietante y apasionante, sobre todo, por aterrizar buena parte de su investigación en tierras mexicanas donde quedaron sellados en apariencia, los destinos de Kennedy-Oswald y Fidel Castro.

Laurence Keenan, ex agente del FBI, que participó en la investigación de los sucesos ocurridos en 1963, comenta a bordo de un taxi ecológico que circula por el centro histórico: “La ciudad de México, es como una Caja de Pandora. Sus secretos nunca han sido revelados”, para trasladarse después al tercer piso del Hotel “Comercio”, en el primer cuadro de la ciudad, donde estuvo hospedado Lee Harvey Oswald, quien según revelan, anónimos ex agentes del servicio de inteligencia del G-2 afincados en nuestro país, Oswald -quien vivió un tiempo en Rusia donde conoció a su esposa Marina-, fue apoyado por el gobierno de Castro, incluso, se le vio varias veces salir de la Embajada cubana en México, al lado de Silvia Durán, otra cubana arraigada en nuestro país, cuya voz vía telefónica –y sin acento-, niega toda relación con los hechos.

El realizador Huismann, con un buen dominio del español, habla con voces que se ocultan en las sombras: en la oscuridad de un taxi nocturno, tras la puerta de un viejo departamento de un edificio ruinoso, un teléfono, o las imponentes puertas de cristal del Archivo General de la Nación, en donde se localizan cerca de cuatro mil hojas de los llamados archivos desclasificados relacionados con el expediente JFK-Lee Harvey Oswald, de los cuales, Huismann, sólo tiene acceso a 30 páginas, atajado por la funcionaria Dulce María Liahut, responsable de los archivos internos del AGN, quien describe las reglas para obtención de documentos, apoyada en la negativa de Vicente Capello, titular de la Galería 1 del Archivo General de la Nación.

Hacia 1992, el exhaustivo programa de investigación, Kennedy, la otra historia, creado por el controvertido Jaime Maussán y dirigido y escrito por el periodista José Martín Sámano, mostraba un pasquín con la fotografía de frente y de perfil de John F. Kennedy que decía: “Se busca por traición”, mismo que circuló de mano en mano antes del fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando se llevó a cabo de manera perfecta el crimen del siglo, en contra del polémico, ambiguo y joven mandatario estadunidense, de quien se sabe ahora, planeaba acabar con la CIA, dar marcha tras al conflicto bélico en Vietnam y solucionar la enemistad con Cuba, a raíz de la llamada “Crisis de los misiles” ocurrida en 1962.

Un años antes, en 1991, JFK, la controvertida película de Oliver Stone, con Kevin Costner como el Fiscal Garrison, había puesto de nuevo el dedo en la llaga en una herida histórica aún sin sanar, apoyada en los libros de Jim Garrison (Tras la huella de los asesinos), del investigador Jim Marss (Fuego cruzado: el complot que mató a Kennedy) y en otros documentos valiosos, como la película en formato Súper 8 filmada por Abraham Zapruder. Como toda obra de ficción, JFK, dejaba de lado varios enigmas, tan intensos e impactantes, que cada uno de ellos pudo haber dado pie a otras películas. No obstante, Oliver Stone planteó muy claro, que la teoría de Oswald como único asesino, de la supuesta “bala mágica”, que provocó varios estragos en el cuerpo de Kennedy, cambiando de dirección en otras tantas ocasiones y de aquella célebre fotografía de Oswald, fusil en mano y con propaganda revolucionaria, eran inventos y trucajes de la Comisión Warren.

Cuando todo apunta a que la muerte de Kennedy se debió a un complot en el que pudieron haber participado de mayor a menor grado, la mafia con Sam Giancana a la cabeza, la CIA, el FBI, el Pentágono, los cubanos anticastristas y el propio Lyndon B. Jonson, quien aborrecía a JFK y que restituyó a Edgar J. Hoover como líder del FBI, Cita con la muerte –con una extraordinaria banda sonora a cargo de Pino Donaggio, músico del primer y mejor Brian De Palma-, propone un dudoso y poco verosímil, pero atractivo e intrigante documento, sobre la extraña personalidad de Oswald, el lado oscuro de Castro y algunos de sus hombres en el G-2 (Fabián Escalante, Rolando Cubera, Antulio Ramírez, Oscar Marino y otros –todos ellos entrevistados- y principalmente, el misterioso mulato pelirrojo del que todos hablan o niegan y que sirvió de contacto directo con Oswald). Pero, sobre todo, acerca de los secretos celosamente guardados por los archivos mexicanos, en particular, aquellos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, tópico que espera desde el fondo de una inmunda cloaca, ser rescatado algún día.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

17 de junio 2018

UN HOLOGRAMA PARA EL REY (A Hologram for the King, Alemania-EU-Gran Bretaña-Francia, 2016)

Dirección. Tom Tykwer / Guión: Tom Tykwer y David Eggers, inspirado en la novela de éste último/ Fotografía en color. Frank Griebe/ Música: Johnny Klimek y Tom Tykwer/ Edición: Alexander Berne/ Dirección de arte: Abdellah Baadil, Daniel Chour/ Diseño de Producción. Uli Hanish/ Vestuario. Pierre Yves Gayraud/ Efectos especiales. Marcel Caspers/ Producción. Stefan Arndt, Gary Goetzman, Arcadiy Golubovich, Tom Hanks, Tim O’Hair, Uwe Schott / Con: Tom Hanks (Alan Clay), Alexander Black (Yousef), Sarita Choudhury (Zahra), Sidse Babett Knudsen (Hanne), Tracey Fairaway (Kit), Jane Perry (Ruby), Tom Skerrit (Ron), Michael Baral (Ron joven), Lewis Rainer (Alan joven), Xara Eich (Kit joven)/  Duración. 98 mins.

SINOPSIS

En 2010, con los efectos de la recesión todavía muy presentes, el empresario estadunidense Alan Clay, está arruinado, deprimido y recién divorciado, pero acaba de aterrizar en Yeda (Arabia Saudí) para cerrar un trato con el que espera darle un giro a su vida. Su misión: vender un avanzadísimo sistema de teleconferencia por holograma virtual al gobierno saudí. Solo y desorientado en esta tierra desconocida, Alan hace buenas migas con Yousef, el taxista que le lleva hasta la “Metrópolis Real de Economía y Comercio”, una ciudad fantasma surrealista repleta de rascacielos deshabitados y edificios a medio construir en medio del desierto. El recibimiento burocrático que le aguarda en el “Centro de Bienvenida” le desconcierta casi tanto como encontrarse a su equipo de informática hacinado en una tienda de campaña con un calor insoportable, preparando su gran presentación sin aire acondicionado. Por si eso fuera poco, después de tantas idas y venidas, tampoco le queda muy claro si el rey va a hacer acto de presencia en la reunión. Al volver a Yeda, el estresado Alan acaba en el hospital, donde le trata una bella doctora musulmana llamada Zahra Hakem. Poco a poco, el empresario va entendiendo la cultura del país a través de sus nuevas amistades, tanto que comienza a plantearse la posibilidad de empezar de cero en un lugar donde tradición y modernidad se dan la mano de formas sorprendentes e inesperadas

 

Premios a lo Mejor del Cine Alemán. Mejor Edición y Mejor Sonido. Nominada a Mejor Película.

 

Todo empezó en 2012, cuando Tom Hanks tuiteó lo mucho que le había gustado la novela de Dave Eggers. Al ganador de dos premios Oscar se le planteaba una duda: “Había leído varios libros y artículos de Dave Eggers, incluida la publicación que sacó con McSweeneys”, comenta Hanks. “Devoré Un holograma para el rey de una sentada y al terminarlo una pregunta me rondaba la cabeza: ¿el autor vería bien que se hiciera una película basada en su libro?”. –lahiguera.com-

 

 

Dave Eggers (Boston, 1970) es uno de los escritores más destacados de la reciente literatura norteamericana y representante clave de las nuevas tendencias. Además, ha lanzado su propio sello editorial, y es fundador y editor en su país de revistas (Might, McSweeney’s y The Believer) de gran calado literario. Con la muerte prematura de sus padres, se vio obligado a dejar la carrera de Periodismo para quedarse a cargo de su hermano pequeño. Su primera incursión literaria refleja a modo de novela, precisamente esos momentos: Una historia conmovedora, asombrosa y genial le convirtió en finalista del Premio Pulitzer 2000 y en un gran best seller. Luego del volumen de relatos Guardianes de la intimidad, y las novelas Ahora sabréis lo que es correr, Qué es el qué, Los monstruos y Zeitoun, llegó Un holograma para el rey.

 

 

Desde la primera secuencia, Un holograma para el rey coloca al espectador frente a los temores y los ataques de ansiedad del protagonista. Y no es para menos: Alan Clay rebasa los cincuenta años, carga con una ex esposa cruel, una hija, Kit, a la que no le puede pagar la Universidad. El hombre tiene deudas, es cada vez más torpe, proviene de una empresa que vendió sus activos a China y ahora representa a otra que intenta venderle telecomunicaciones holográficas a un rey saudí.

Nada más alejado de la típica historia hollywoodense de triunfo. Se trata de un drama agridulce e independiente dirigido por el talentoso aunque irregular cineasta alemán Tom Tykwer (Corre, Lola corre, El perfume) a partir de la novela homónima del exitoso guionista y escritor Dave Eggers. Están presentes aquí, sus cuestionamientos sobre los verdaderos logros de la vida y las emociones y la honestidad por encima del éxito o el dinero.

 

Síntesis del mejor y más audaz cine interactivo de fin de siglo, mezcla de las corrientes más vanguardistas que la cinematografía ha arrojado en las tres últimas décadas, lección concisa y concreta sobre el manejo del tiempo real y el cinematográfico. Corre Lola corre (Lola rennt, 1998) confirmaba las expectativas puestas en el joven cineasta autodidacta Tom Tykwer desde su debut con la insólita fábula urbana María Mortal (1995) donde arrancaba ya su obsesión por la tiranía que el tiempo ejerce sobre la humanidad y en particular sobre sus personajes.

Tykwer se colocaba entonces a la cabeza del más original y dinámico cine europeo dedicado a revertir los esquemas tradicionales a través del uso de las nuevas tecnologías –el video, la animación, o la cámara ultrarápida para crear rupturas- sin perder la esencia básica del cine: emocionar. En efecto, Tykwer llevaba al espectador a recorrer por triplicado la trayectoria romántico-criminal de la protagonista –una excelente Franka Potente- quien corre frenéticamente contra un destino aparentemente cruel y despiadado.

Pocos años después vendría El perfume (2006), que estaba lejos de ser una simple transposición fílmica de las notables atmósferas literarias que emana el bestseller homónimo del alemán Patrick Süskind. Por el contrario, se trataba de una inquietante interpretación de una novela que se suponía infilmable, extrayendo no sólo lo mejor de sus elementos sórdidos, poéticos y sicológicos, sino que era capaz de crear en el espectador las sensaciones olfativas que llevan al protagonista a la desgarradora búsqueda del amor y del aroma perfecto.

 

“Un holograma para el rey” me tocó la fibra de una forma muy particular”, recuerda Tykwer. “Me pareció una novela muy actual, y por ese mismo motivo sabía que no había tiempo que perder: ¡había que llevarla al cine ya! Dicho lo cual, además de retratar a la perfección el mundo contemporáneo, también tiene ese aire de novela clásica, de obra que perdura en el tiempo. Esa combinación de actualidad y atemporalidad me cautivó, y me centré de lleno en poner en marcha la producción lo más rápido que pude” –lahiguera.com

 

 

En la película de Tykwer, el peso de la trama recae en un Tom Hanks que ha crecido mucho como actor. Es el hombre a punto del colapso con un inesperado quiste en la espalda, que se enfrenta a la desorganización de un mega proyecto económico en el desierto árabe y a la ausencia del monarca saudita. Sin internet, ni aire acondicionado, en una suerte de urbanización fantasma donde todo parece prohibido, hasta los sentimientos, encontrará las verdaderas claves de la vida. Todo ello, matizado por recuerdos de infancia, mientras se cruzan en su camino, un simpático y parlanchín chofer de taxi, Hanne, una atractiva danesa y una sensible y atractiva doctora árabe.

Entre discusiones estériles y problemas informáticos por la ausencia de wi-fi, los días transcurren lentos. Momentos que Alan aprovecha para revisar su pasado y en un intento de redención filial, escribir largas cartas a su hija. Pero oculto entre decepciones íntimas y ansias por seguir existiendo, siempre es posible hallar un pequeño resquicio a las buenas intenciones y a la esperanza, en un relato sobre las segundas oportunidades y la búsqueda de la verdadera felicidad.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

29 de mayo 2018

EL ALMUERZO DESNUDO (Naked Lunch, Canadá-Gran Bretaña-Japón, 1991)

Dirección. David Cronenberg/ Guión. David Cronenberg, inspirado en la novela de William S. Burroughs/ Fotografía en color. Peter Suschitzky/ Música: Howard Shore, Ornette Coleman, Theloniuis Monk y otros/ Edición: Ronald Sanders/ Dirección de arte: James McAteer/ Diseño de Producción. Carol Spier/ Vestuario. Denise Cronenberg/ Producción. Gabrielle Martinelli y Jeremy Thomas/ Con: Peter Weller (Bill Lee), Judy Davis (Joan Frost / Joan Lee), Ian Holm (Tom Frost), Julian Sands (Yves Cloquet), Roy Scheider (Dr. Benway), Monique Mercure (Fadela), Nicholas Campbell (Hank), Michael Zelniker (Martin), Robert A. Silverman (Hans), Joseph Scoren (Kiki)/ Duración. 118 mins.

SINOPSIS

William Lee es un exterminador de insectos que ha dejado atrás las drogas y la mala vida. Sin embargo, su esposa Joan se ha vuelto adicta al polvillo con el que su marido mata a las cucarachas. Una noche, en medio de un juego, William mata accidentalmente a su esposa de un tiro en la cabeza. Consecuentemente el protagonista debe escapar a la Interzona, una versión alucinante de Tánger (lugar desde el que escribió la novela en la que se inspira esta película) un sitio donde las máquinas de escribir son insectos que hablan y donde un escritor amanerado llamado Tom Frost y su esposa –la propia Joan- son peones en un rompecabezas de espionaje bizarro entre los seres humanos y una raza de ciempiés gigantes que puede llegar a ocurrir solamente en la cabeza del protagonista. La trama consigue sumergir al espectador en esta vorágine y convertir todo un mundo de extrañas paranoias en imágenes. Todos los detalles son simbolismos, mareas paranoides y esquizofrénicas, que se materializan a través de alucinaciones.

 

Naked Lunch recibió 11 Genie Awards de la Academia de cine de Canadá. La Sociedad Nacional de Críticos Cinematográficos le concedió el Premio al Mejor Guión y Mejor Director. Un año antes la Sociedad de Críticos de Boston la premió como el Mejor Guión.

 

Versión, parcialmente autobiográfica, de la novela de William S. Burroughs, uno de los escritores experimentales más destacados, junto con Jack Kerouac y Allen Ginsberg, quien se dio a conocer a finales de los años cincuenta. El almuerzo desnudo es una mezcla de delirantes apuntes del escritor y los simbólicos tormentos y dificultades de la creación de una obra artística.

 

William S. Burroughs, escribió la historia original en 1959, era uno de los principales escritores de la denominada Generación Beat (Allen Ginsberg, Lucien Carr, Jack Kerouac). A principios de los cincuenta se autoexilió a Tánger. Después tendría lugar el accidente que provocó la muerte de su mujer, Joan, en 1951. En 1981 se mudó a Lawrence (Texas) donde continuaría escribiendo.

 

Los personajes de la película se inspiran en personas y acontecimientos reales de la vida de Burroughs. Al igual que Bill Lee, Burroughs era un exterminador y drogadicto que por accidente disparó y mató a su esposa. El fatídico accidente se produjo cuando ambos se encontraban completamente borrachos: el joven matrimonio jugaba a Guillermo Tell en un departamento de la Colonia Roma en la Ciudad de México. Luego del asesinato accidental de su mujer, el escritor permaneció 13 días en una prisión de México.

 

El personaje de Joan Lee está inspirado en Joan Vollmer, la mujer de Burroughs. Hank y Martin, los compañeros escritores de Bill, recuerdan a Jack Kerouac y Allen Ginsberg. El personaje de Tom Frost está claramente inspirado en Paul Bowles, y Kiki era en realidad el nombre de un joven con quien Burroughs tuvo una aventura durante su estancia en Tánger, mientras escribía la novela.

 

Burroughs se trasladó a una zona de Tánger conocida como Internacional Zone que da nombre al lugar en el que transcurre parte de la acción del film: Interzone.

 

William Lee es el pseudónimo con el que Burroughs firmó su primera novela: Junky. Uno de los fragmentos más famosos de esta novela: The Talking Asshole, aparece recitado casi literalmente en la película.

 

 

William S. Burroughs, el escritor, el junkie, el asesino involuntario, el profeta de los estupefacientes y de una interzona oscura entre la realidad y la alucinación, creador de una literatura alternativa, de una subcultura clandestina al lado de Kerouac y Ginsberg. Burroughs estudió arqueología y etnología antes de interesarse por la literatura y cuando lo hizo alteró el rumbo de las letras de posguerra y dio los primeros pasos hacia esa nueva cultura de la posmodernidad. En efecto, Burroughs fue un hombre adelantado a su momento capaz de evocar universos de pesadilla dignos de Lovecraft pero irónicamente realistas.

Sus adicciones tanto a las palabras como a las drogas, así como su ambigua sexualidad fueron calcadas en su obra; relatos de pasones sin fin, de homosexualidad descarnada y persecuciones policiacas mientras rodaba de París a Marruecos, de Londres a México o a Nueva York. Precisamente, fue en un viejo edificio de la ciudad de México allá en pleno Alemanismo donde Burroughs asesinó accidentalmente a su mujer Joan de un balazo en la cabeza mientras jugaba a Guillermo Tell utilizando un vaso y una pistola en lugar de una ballesta y una manzana.

Siempre se ha dicho que su literatura (Nova Express, Queer, Naked Lunch y otras) exige una suerte de contubernio síquico entre el lector y la obra muy en deuda con las ficticias experiencias del novelista Sutter Cane y sus lectores imaginadas por Michael De Luca guionista y John Carpenter director de la cinta En la boca del terror (1995). El cine no tardó en interesarse en él y lo retrató en documentales y filmes experimentales, a su vez, hizo breves apariciones en cintas comerciales y en el último videoclip del grupo irlandés U2, Last Night on Earth, pero nada comparado con lo que hicieron los cineastas de culto, Gus Van Sant con Drugstore Cowboy (1989) y David Cronenberg con El almuerzo desnudo

 

Máquinas de escribir trastocadas en escarabajos que hablan por bocas-esfínteres; mujeres cuya piel se cae a pedazos para dejar al descubierto cuerpos masculinos; humanoides con protuberancias fálicas que brotan de sus cabezas; ingestión de insólitas drogas duras como “polvo de insecto, carne negra y jissom de Mugwump”. Los universos de Burroughs y Cronenberg parecen hechos a la medida, un encuentro feliz y malsano que dio como resultado una obra maldita, El almuerzo desnudo, que no es tanto una versión de la novela homónima publicada en Paris hacia 1959, sino una interpretación de ésta y de los procesos creativos de Burroughs.

De nueva cuenta un retrato de la adicción como forma de vida, de los conectes, de una sexualidad ambigua y del acoso de la autoridad. Peter Weller abandona la piel de Robocop para manifestarse como un aspirante a escritor, William Lee creador de mundos anómalos, sumido en una inquietante espiral de droga. Naked Lunch remite a esos misterios del organismo creados por Cronenberg; obsesiones de un cineasta que ha llevado a terrenos inimaginables la discordia entre mente y cuerpo, cerebro y carne como detonador de un poder maligno que surge del interior del cuerpo mismo, cual metáfora artística de una leyenda como Burroughs.

 

De hecho, nacido en Toronto en 1943, Cronenberg se forma en la literatura fantástica y la biología, dos disciplinas aparentemente opuestas que darán pie a una de las obras más sugestivas dentro del cine de horror contemporáneo. Obsesiones de un realizador que llevará a terrenos inimaginables la ruptura del interior, la discordia entre mente y cuerpo, cerebro y carne como detonador de un poder maligno que surge del interior del cuerpo.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de mayo de 2018

ASCENSOR PARA EL CADALSO (Ascenseur pour l’échafaud, Francia-Alemania, 1958)

Dirección. Louis Malle/ Guión: Louis Malle y Roger Imier, inspirado en la novela de Nöel Calef/ Fotografía en blanco y negro. Henri Decaë/ Música: Miles Davis/ Edición: Lëonide Azar/ Dirección de arte: Jean Mandaroux y Rino Mondellini/ Diseño de Producción. Irenée Leriche/ Efectos especiales. Pierre Lax/ Producción. Jean Thuillier/ Con: Jeanne Moreau (Florence Carala), Maurice Ronet (Julien Tavernier), Georges Poujouly (Louis), Yori Bertin (Veronique), Jean Wall (Simon Carala), Elga Andersen (Frieda Bencker), Sylviane Aisenstein (Yvonne, la muchacha del bar), Micheline Bona (Genevieve), Giseline Grandpré (Jacqueline Mauclair), Jacqueline Autap (Anna), Marcel Cuvelier (el recepcionista del hotel), Lino Ventura (comisario Cherrier)/ Duración. 88 mins.

SINOPSIS

París, 1957. Julien Tavernier es un antiguo paracaidista de la Guerra de Indochina que mantiene una relación amorosa con Florence, la esposa de su jefe, el acaudalado empresario Simon Carala. Cansados de mantener su idilio oculto, la pareja de amantes decide asesinar a Simon de manera que todo parezca un suicidio. Al mismo tiempo, Louis es un joven delincuente que conoce a Véronique, la joven empleada de la florería situada enfrente del gran edificio de oficinas de la empresa de Carala. La casualidad provocará un inesperado cruce de destinos entre ambas parejas y el meticuloso comisario Cherrier. Tavernier olvida descolgar una soga que puede levantar sospechas, así que regresa al edificio justo en el momento en que el guardia de seguridad corta la llave de la luz y cierra las puertas. Como resultado, el protagonista queda atrapado en el ascensor entre dos pisos y para colmo, en la calle, Louis roba su automóvil para pasear despreocupadamente con Veronique.

 

 

 

Ascensor para el cadalso de Louis Malle, fue merecedora del Premio Louis Delluc, galardón cinematográfico francés, otorgado anualmente por un jurado compuesto por veinte críticos de cine y cineastas de Francia, al mejor filme francés del año. Es un trofeo esencialmente al cine de autor. Lleva su nombre en homenaje a Louis Delluc (1890-1924), quien fuera cineasta, guionista y el primer periodista francés especializado en cine y fundador de los cineclubes a finales de los años dieces del siglo pasado El premio fue otorgado por primera vez en 1937 a la cinta Los bajos fondos de Jean Renoir.

 

El joven e inquieto aspirante a cineasta Louis Malle -tenía 24 años-, ayudó a Robert Bresson a codirigir sin crédito Un condenado a muerte se escapa en 1956 y unos meses antes en 1955 había dirigido con Jacques Cousteau El mundo del silencio que obtuvo el Oscar al Mejor Documental de Largometraje, así como la Palma de Oro en el Festival de Cannes. En 1958 y con tan sólo 26 años cumplidos debutaba en solitario en la dirección de Ascensor para el cadalso, inspirado en una novela policiaca de Noël Calef que Malle convirtió en un atmosférico thriller intimista que inauguraba junto con otras cintas más el llamado cine de la nueva ola francesa. El tema central: una pareja de amantes que deciden asesinar al marido de ella y unos jovenzuelos que viven la vida de manera indolente. Más interesante aún el fondo ambiental: Paris, sus alrededores y una sofisticada y melancólica banda sonora de jazz compuesta por el legendario trompetista Miles Davis, cuyos acordes marcan el tono sensual y sin esperanza de este film noir francés, en el que participaron junto con Miles Davis: el pianista René Urtrager, el saxofonista Barney Wilen, Pierre Michelot al contrabajo y Kenny Clarke a la batería.

 

 

Stéphane Lerouge, creador de la colección discográfica Ecoute le cinéma ! del festival de Cannes nos narra este encuentro…

Cómo se conocieron Louis Malle y Miles Davis?

Fue un encuentro mágico, organizado por el destino: a Louis Malle le fascinaban los discos de Miles Davis, especialmente Miles Ahead, de 1957. Tenía en mente el sonido de su trompeta única durante el rodaje de Ascensor para el cadalso. Cuatro meses más tarde, Miles Davis visitó París para ofrecer una serie de conciertos en el Club Saint-Germain. Louis Malle se encontraba en la fase final del montaje del film y aprovechó la oportunidad para entrevistarse con él y proponerle que escribiese la música.

 

La elección del jazz para una banda sonora fue un tanto audaz para la época, ¿no?

Sí y no. En Francia, unos meses antes, ya Roger Vadim había elegido para su película Sait-on jamais (No Sun in Venice) música de John Lewis, interpretada por el Modern Jazz Quartet. La originalidad procede del “sonido Davis” en una película de deambular nocturno, de la unión insólita entre el timbre de Miles y la elegancia de Jean Moreau, recorriendo las calles de París en blanco y negro. Como si la trompeta fuese la voz interior del personaje.

 

Esta música es única. ¿Cuál cree usted que sea la razón?

Porque no fue escrita. Miles Davis vio la película una o dos veces, tomó algunos apuntes, luego reunió a sus músicos tres días más tarde en el estudio del Poste Parisien. La sesión comenzó a las 11 de la noche, improvisaron frente a la pantalla, en base a las secuencias elegidas por Louis Malle. A las 8 de la mañana estaba listo. Se trata de un hito en la historia de la música en el cine: Ascensor para el cadalso contiene la primera banda sonora original de jazz improvisada a partir de la imagen.  – http://www.festival-cannes.com/es/69-editions/retrospective/2015/actualites/articles/cannes-classics-ascensor-para-el-cadalso-encuentro-entre-louis-malle-y-miles-davis-

 

 

Al inicio de los años cincuenta se extendía una nueva manera de abordar la crítica de cine con la revista Cahiers du Cinema. Los teóricos fílmicos y críticos: André Bazin y Jean Doniol-Valcroize –después realizador-, crean los conceptos de puesta en escena y política de autor, seguidos de otros colaboradores de la revista y aspirantes a cineastas: Jean Luc Godard, Francois Truffaut, Claude Chabrol. Idolatran el western, el thriller noir, el musical y la Serie B estadunidense. Un travelling es cuestión de moral decía Godard. Cortes abruptos, rompimientos de ejes de acción, encuadres extravagantes. La utilización de actores desconocidos. Uso enorme de locaciones en exteriores. Cine social e intimista. Estilo reportaje. Cinema Verite. No hay estrellas aunque terminarían convirtiéndose en Dioses de la pantalla: Jean Moreau, Brigitte Bardot, Maurice Ronet, Jean Paul Belmondo, Alain Delon, Jean Pierre Leaud, etc. Un cine intelectual sobre la crisis de la pareja, los perdedores sociales y la infancia extraviada con realizadores como: Francois Truffaut, Claude Chabrol, Jean Luc Godard, Alain Resnais, Roger Vadim y más.

 

 

En las notas hipnóticas y alucinantes de Ascensor para el cadalso, compuestas por Miles Davis se localizan el estilo emocional de un filme que sigue al pie de la letra el típico relato policiaco estadunidense al estilo de El cartero llama dos veces o Pacto de sangre: la pareja de amantes, los equívocos que provocan incertidumbre, el detective que logra ver más allá de las pistas, la culpa como motivación, la historia de amor condenada al fracaso y la relación muy sugerente entre crimen y sexualidad, como lo es la propia novela del búlgaro radicado en Francia Noël Calef, todo ello en un tono frío, distante y muy sensual. De hecho la primera y la última toma encuadra el rostro melancólico de Moreau hablando del amor y la complicidad de esa misma historia amorosa que tendrá un final trágico.

Los socios productores de Malle le impusieron una sola condición: a Jeanne Moreau como protagonista, cuyo personaje vaga por las calles parisinas reflexionando sobre el amor, la culpa, el asesinato acompañada de la trompeta de Miles Davis como su propia voz interior. La imposición de Moreau sería fundamental en su carrera ya que la gran actriz francesa se convertirá en la protagonista de sus notables y posteriores trabajos: Los amantes, Fuego fatuo –con el propio Maurice Ronet-, o ¡Viva María!

Louis Malle dirigiría otras obras espléndidas y trascendentales como: Zazie en el Metro (1959), William Wilson segundo episodio del largometraje Historias extraordinarias dirigida en 1967 por Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini. El corto de Malle es una magistral reflexión sobre el tema del doble interpretada por Alain Delon. Asimismo: Lacombe Lucien, la polémica Soplo al corazón, Adiós a los niños y en Hollywood la también polémica Pretty Baby con Brooke Shields y la espléndida Atlantic City con Burt Lancaster y Susan Sarandon.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

24 de abril 2018

DESEANDO AMAR (In the Mood for Love/ Fa yeung nin wa, Hong Kong-Francia, 2000)

Dirección. Wong Kar-wai/ Guión. Wong Kar-wai/ Fotografía a color. Christopher Doyle, Pung Leung Kwan y Ping Bing Lee/ Música. Michael Galasso, Shigeru Umebayashi/ Edición. William Chang/ Diseño de Producción. William Chang/ Vestuario. William Chang/ Producción. Wong Kar-wai, Yo-cheng Chang, Jacky Jee Wah Pang/ Con. Tony Leung (Chow Mo-Wan), Maggie Cheung Man-yuk (Su Lizhen, Sra. Chan), Roy Cheung (Sr. Chan), Paulyn Sun (Sra. Chow), Ping Lam Siu (Ah Ping), Man –Lei Chan (Sr. Koo), Tung Cho Cheung (hombre invitado al departamento del Sr. Koo), Rebecca Pan (Sra. Suen),Kelly Lai Chen (Sr. Ho), Szu Ying Chien (Amah), Duración. 95 mins.

SINOPSIS

La acción tiene lugar en Hong Kong al inicio de los años sesenta. Chow Mo-Wan, redactor en jefe de un periódico local y su mujer, alquilan un departamento en un edificio de Shangai el mismo día que Su Lizhen, secretaria de una compañía naviera y su marido. Son vecinos. Por motivos de trabajo sus respectivas parejas los dejan solos durante largo tiempo del día. Chow y Su se encuentran a menudo a solas en sus habitaciones y entablan una amistad. Chow descubre que sus respectivas parejas mantienen una relación extra-matrimonial con otras parejas. A partir de este instante ambos empiezan a pasar cada vez más tiempo juntos, reconfortándose el uno con la presencia del otro. Chow invita a Su a ayudarlo a escribir una serie de historias de artes marciales que escribe para un periódico. La relación se vuelve cada día más íntima y los vecinos se percatan de ello. Con todo, ambos intentan persuadir al otro para que no abandonen a su respectiva pareja.

 

 

Deseando amar fue nominada a la Palma de Oro en Cannes. En ese mismo certamen obtuvo el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía, Edición y el Premio a la Mejor Interpretación Masculina para Tony Leung. A sui vez, el realizador Wong Kar-wai obtuvo el Premio a Mejor Director en lo Mejor del Cine Europeo. Mejor Película Extranjera en los Premios César, Francia. Mejor Fotografía y Edición en el Festival Asia-Pacífico. Premio Mejor Película Extranjera en el Festival de Cine Británico Independiente. Mejor Fotografía, Actor y Actriz en lo mejor del cine Chino.

 

 

Sin menospreciar los géneros típicos hongkoneses: el cine de gángsters, la comedia, las historias épicas, incluso los relatos de fantasmas y de artes marciales, Wong Kar-wai (1958) recupera algunos de éstos temas para crear un nuevo delirio visual apoyado en el trabajo de su extraordinario fotógrafo el australiano Christopher Doyle, con personajes límite, e historias que se entrecruzan como es el caso de Chungkin Express (1994) y sobre todo Ángeles caídos (1995). Perfeccionista hasta el exceso, el realizador suele decir: “Mientras otros directores construyen una película, yo filmo por intuición y luego la deconstruyo. Estudio todos los planos que he acumulado y elimino lo que considero que no es bueno”.

En su cine, coexiste una reflexión pesimista sobre la sexualidad y la imposibilidad de las relaciones personales que recuerda al mejor y primer Jean-Luc Godard; el de Sin aliento y Vivir su vida. A su vez, persiste un regodeo en las escenas de violencia, en las masacres que se suscitan como actos cotidianos: esa catarsis de la adrenalina y la brutalidad cuyos derechos de autoría parecen ser reclamados por Scorsese, Ferrara y Tarantino. No obstante, la intención de Wong Kar-wai supera ese ritual de la sangre y la venganza y adquiere un matiz filosófico y sensitivo como sucedía por ejemplo en Ángeles caídos.

En Happy Together (1997), por ejemplo, es un relato de deseo homosexual que se desarrolla en los arrabales de Buenos Aires. Se trata de nueva cuenta, de un filme sensible y emotivo que se expresa en aparente voz baja si se compara con las energéticas Chungkin Express y Fallen Angels, pero cuya fuerza interna confirma las dotes de un inteligente cronista de la soledad y el desamor en ese marasmo de la locura urbana.

Como ocurre en sus anteriores obras, un tema musical a manera de leit motiv, marca el vaivén del estado de ánimo de los protagonistas. En este caso la canción Happy Together simboliza la curiosa relación de auto exilio de una pareja homosexual integrada por Lai-Yu-Fai ( Tony Leung) y Ho-Po-Wing (Leslie Cheung), quienes han dejado atrás su natal Hong Kong para vivir su historia de amor en Buenos Aires, una pasión que empieza a tener conflictos durante un viaje a las famosas cataratas de Iguazú. Un romance en el límite del mundo a un nivel físico y emocional, en un filme que muestra una notable sensación de melancolía y desolación en un país extraño y con un idioma diferente.

 

 

 

“El pasado es algo que puede verse, pero no tocarse”, dicha sentencia, plasmada casi al límite de los créditos finales de Deseando amar, séptima película de Wong Kar-wai, se convierte en la enigmática premisa de un relato sobre la imposibilidad amorosa. Una sencilla y pequeña joya que captura de manera sorprendente, elementos intangibles como el instante fugaz que quema los corazones de una pareja, la melancolía del enamoramiento, o el impulso sexual reprimido que se desvanece como la letra de un bolero: “Quizás, quizás, quizás”… -del compositor cubano Olwaldo Farrés-

Al lado de realizadores clave del cine hongkonés de la década de los noventa como Tsui Hark, Ronnie Yu Tan, Ringo Lam o Chin Man Kei, resalta la excepcional figura de Wong Kar-wai (1958), ejemplo de una nueva e insólita cultura visual a partir de sus relatos sobre la crisis de la pareja, donde queda claro su obsesión por la manipulación de la imagen. Un cine que ha dejado atrás la estilización del videoclip para depurar un estilo muy personal y de una elegancia fuera de serie. De hecho, puede decirse que Deseando amar, su película más sobria y sencilla, ejemplifica la culminación de ese estilo en donde la imagen, sonido, montaje y puesta en escena se orientan a la búsqueda de las emociones.

La génesis del relato que se ambienta en Hong Kong en 1962 y finaliza en Camboya en 1966, tiene su origen hacia 1997 cuando el realizador y su equipo intentaron realizar dos cintas de manera simultánea sobre el Hong Kong del pasado y el del futuro: 2046 (2004)-, la primera, finalizaba originalmente en 1972 y fue escrita al tiempo que se filmaba lo que colocó a sus protagonistas: los excepcionales Tony Leung y Maggie Cheung, emblemáticas figuras del cine asiático, en una particular y enrarecida atmósfera que se conectaba con el argumento mismo. La historia de una pareja de vecinos que un día descubren que sus respectivos cónyuges tienen amoríos fuera del matrimonio al tiempo que el amor los sorprende.

En ese sentido, el contexto histórico resulta fundamental. Al igual que el Hong Kong de aquellos años, cuya estabilidad política y económica empezaba a sufrir los primeros vaivenes que culminarían con los efectos de rebote de la siniestra revolución cultural china de 1966 y su condición de colonia británica, la pareja sufre de alguna manera los embates de una represión amorosa que se adecua a los valores morales de la época. A Wong Kar-wai no le interesa tanto el posible adulterio de la pareja engañada, sino las dudas existenciales y sus sentimientos que van de la desilusión a la ira y el temor de convertirse ellos mismos en adúlteros.

No resulta casual que Deseando amar se ubique en una ciudad casi fantasmal y sus personajes se muevan con dificultad en estrechos pasillos, habitaciones, oficinas y restaurantes donde se siente el encierro. Un relato claustrofóbico cuyos protagonistas se debaten ante el peso de la atracción amorosa a partir de la rutina cotidiana como sucedía en Breve encuentro (1946) de David Lean y/o Amor a primera vista (1984) de Ulu Grosbard. Así, a partir de la repetición de una cotidianidad y los cambios casi imperceptibles en ésta: los encuentros en el pasillo y escaleras, los rozamiento, las miradas, los signos de cortesía, el acto de comer, e incluso, la repetición del leit motiv musical de Michael Galasso y el uso de añejos boleros interpretados en español por Nat King Cole, cuyas letras parecen resumir los sentimientos de la pareja: “…Labios de rubí…estás perdiendo el tiempo pensando, pensando…aquellos ojos verdes de mirada serena…”, rescatan la emoción por el instante amoroso que termina desvaneciéndose ante la realidad.

La manera en que la cámara captura en ritmo lento la lluvia o el estilizado caminar de la bellísima Maggie Cheung, se trastoca en una glamurosa representación de un universo casi irreal: ese paneo que los capta espalda con espalda separados por un muro, el hecho de mantener fuera de cuadro a las respectivas parejas como fantasmas que los arrastran hacia una obsesión que les impide consumar el acto amoroso, o el reloj como un tirano (“Y así pasan los días y yo desesperado y tu, tu contestando, quizás, quizás, quizás”). Deseando amar resulta una de las alegorías más contundentes acerca de la fragilidad y el desasosiego amoroso y sobre la imposibilidad de retener lo efímero. Un filme vibrante.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Abril 2018