EL ALMUERZO DESNUDO (Naked Lunch, Canadá-Gran Bretaña-Japón, 1991)

Dirección. David Cronenberg/ Guión. David Cronenberg, inspirado en la novela de William S. Burroughs/ Fotografía en color. Peter Suschitzky/ Música: Howard Shore, Ornette Coleman, Theloniuis Monk y otros/ Edición: Ronald Sanders/ Dirección de arte: James McAteer/ Diseño de Producción. Carol Spier/ Vestuario. Denise Cronenberg/ Producción. Gabrielle Martinelli y Jeremy Thomas/ Con: Peter Weller (Bill Lee), Judy Davis (Joan Frost / Joan Lee), Ian Holm (Tom Frost), Julian Sands (Yves Cloquet), Roy Scheider (Dr. Benway), Monique Mercure (Fadela), Nicholas Campbell (Hank), Michael Zelniker (Martin), Robert A. Silverman (Hans), Joseph Scoren (Kiki)/ Duración. 118 mins.

SINOPSIS

William Lee es un exterminador de insectos que ha dejado atrás las drogas y la mala vida. Sin embargo, su esposa Joan se ha vuelto adicta al polvillo con el que su marido mata a las cucarachas. Una noche, en medio de un juego, William mata accidentalmente a su esposa de un tiro en la cabeza. Consecuentemente el protagonista debe escapar a la Interzona, una versión alucinante de Tánger (lugar desde el que escribió la novela en la que se inspira esta película) un sitio donde las máquinas de escribir son insectos que hablan y donde un escritor amanerado llamado Tom Frost y su esposa –la propia Joan- son peones en un rompecabezas de espionaje bizarro entre los seres humanos y una raza de ciempiés gigantes que puede llegar a ocurrir solamente en la cabeza del protagonista. La trama consigue sumergir al espectador en esta vorágine y convertir todo un mundo de extrañas paranoias en imágenes. Todos los detalles son simbolismos, mareas paranoides y esquizofrénicas, que se materializan a través de alucinaciones.

 

Naked Lunch recibió 11 Genie Awards de la Academia de cine de Canadá. La Sociedad Nacional de Críticos Cinematográficos le concedió el Premio al Mejor Guión y Mejor Director. Un año antes la Sociedad de Críticos de Boston la premió como el Mejor Guión.

 

Versión, parcialmente autobiográfica, de la novela de William S. Burroughs, uno de los escritores experimentales más destacados, junto con Jack Kerouac y Allen Ginsberg, quien se dio a conocer a finales de los años cincuenta. El almuerzo desnudo es una mezcla de delirantes apuntes del escritor y los simbólicos tormentos y dificultades de la creación de una obra artística.

 

William S. Burroughs, escribió la historia original en 1959, era uno de los principales escritores de la denominada Generación Beat (Allen Ginsberg, Lucien Carr, Jack Kerouac). A principios de los cincuenta se autoexilió a Tánger. Después tendría lugar el accidente que provocó la muerte de su mujer, Joan, en 1951. En 1981 se mudó a Lawrence (Texas) donde continuaría escribiendo.

 

Los personajes de la película se inspiran en personas y acontecimientos reales de la vida de Burroughs. Al igual que Bill Lee, Burroughs era un exterminador y drogadicto que por accidente disparó y mató a su esposa. El fatídico accidente se produjo cuando ambos se encontraban completamente borrachos: el joven matrimonio jugaba a Guillermo Tell en un departamento de la Colonia Roma en la Ciudad de México. Luego del asesinato accidental de su mujer, el escritor permaneció 13 días en una prisión de México.

 

El personaje de Joan Lee está inspirado en Joan Vollmer, la mujer de Burroughs. Hank y Martin, los compañeros escritores de Bill, recuerdan a Jack Kerouac y Allen Ginsberg. El personaje de Tom Frost está claramente inspirado en Paul Bowles, y Kiki era en realidad el nombre de un joven con quien Burroughs tuvo una aventura durante su estancia en Tánger, mientras escribía la novela.

 

Burroughs se trasladó a una zona de Tánger conocida como Internacional Zone que da nombre al lugar en el que transcurre parte de la acción del film: Interzone.

 

William Lee es el pseudónimo con el que Burroughs firmó su primera novela: Junky. Uno de los fragmentos más famosos de esta novela: The Talking Asshole, aparece recitado casi literalmente en la película.

 

 

William S. Burroughs, el escritor, el junkie, el asesino involuntario, el profeta de los estupefacientes y de una interzona oscura entre la realidad y la alucinación, creador de una literatura alternativa, de una subcultura clandestina al lado de Kerouac y Ginsberg. Burroughs estudió arqueología y etnología antes de interesarse por la literatura y cuando lo hizo alteró el rumbo de las letras de posguerra y dio los primeros pasos hacia esa nueva cultura de la posmodernidad. En efecto, Burroughs fue un hombre adelantado a su momento capaz de evocar universos de pesadilla dignos de Lovecraft pero irónicamente realistas.

Sus adicciones tanto a las palabras como a las drogas, así como su ambigua sexualidad fueron calcadas en su obra; relatos de pasones sin fin, de homosexualidad descarnada y persecuciones policiacas mientras rodaba de París a Marruecos, de Londres a México o a Nueva York. Precisamente, fue en un viejo edificio de la ciudad de México allá en pleno Alemanismo donde Burroughs asesinó accidentalmente a su mujer Joan de un balazo en la cabeza mientras jugaba a Guillermo Tell utilizando un vaso y una pistola en lugar de una ballesta y una manzana.

Siempre se ha dicho que su literatura (Nova Express, Queer, Naked Lunch y otras) exige una suerte de contubernio síquico entre el lector y la obra muy en deuda con las ficticias experiencias del novelista Sutter Cane y sus lectores imaginadas por Michael De Luca guionista y John Carpenter director de la cinta En la boca del terror (1995). El cine no tardó en interesarse en él y lo retrató en documentales y filmes experimentales, a su vez, hizo breves apariciones en cintas comerciales y en el último videoclip del grupo irlandés U2, Last Night on Earth, pero nada comparado con lo que hicieron los cineastas de culto, Gus Van Sant con Drugstore Cowboy (1989) y David Cronenberg con El almuerzo desnudo

 

Máquinas de escribir trastocadas en escarabajos que hablan por bocas-esfínteres; mujeres cuya piel se cae a pedazos para dejar al descubierto cuerpos masculinos; humanoides con protuberancias fálicas que brotan de sus cabezas; ingestión de insólitas drogas duras como “polvo de insecto, carne negra y jissom de Mugwump”. Los universos de Burroughs y Cronenberg parecen hechos a la medida, un encuentro feliz y malsano que dio como resultado una obra maldita, El almuerzo desnudo, que no es tanto una versión de la novela homónima publicada en Paris hacia 1959, sino una interpretación de ésta y de los procesos creativos de Burroughs.

De nueva cuenta un retrato de la adicción como forma de vida, de los conectes, de una sexualidad ambigua y del acoso de la autoridad. Peter Weller abandona la piel de Robocop para manifestarse como un aspirante a escritor, William Lee creador de mundos anómalos, sumido en una inquietante espiral de droga. Naked Lunch remite a esos misterios del organismo creados por Cronenberg; obsesiones de un cineasta que ha llevado a terrenos inimaginables la discordia entre mente y cuerpo, cerebro y carne como detonador de un poder maligno que surge del interior del cuerpo mismo, cual metáfora artística de una leyenda como Burroughs.

 

De hecho, nacido en Toronto en 1943, Cronenberg se forma en la literatura fantástica y la biología, dos disciplinas aparentemente opuestas que darán pie a una de las obras más sugestivas dentro del cine de horror contemporáneo. Obsesiones de un realizador que llevará a terrenos inimaginables la ruptura del interior, la discordia entre mente y cuerpo, cerebro y carne como detonador de un poder maligno que surge del interior del cuerpo.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de mayo de 2018

Anuncios

ASCENSOR PARA EL CADALSO (Ascenseur pour l’échafaud, Francia-Alemania, 1958)

Dirección. Louis Malle/ Guión: Louis Malle y Roger Imier, inspirado en la novela de Nöel Calef/ Fotografía en blanco y negro. Henri Decaë/ Música: Miles Davis/ Edición: Lëonide Azar/ Dirección de arte: Jean Mandaroux y Rino Mondellini/ Diseño de Producción. Irenée Leriche/ Efectos especiales. Pierre Lax/ Producción. Jean Thuillier/ Con: Jeanne Moreau (Florence Carala), Maurice Ronet (Julien Tavernier), Georges Poujouly (Louis), Yori Bertin (Veronique), Jean Wall (Simon Carala), Elga Andersen (Frieda Bencker), Sylviane Aisenstein (Yvonne, la muchacha del bar), Micheline Bona (Genevieve), Giseline Grandpré (Jacqueline Mauclair), Jacqueline Autap (Anna), Marcel Cuvelier (el recepcionista del hotel), Lino Ventura (comisario Cherrier)/ Duración. 88 mins.

SINOPSIS

París, 1957. Julien Tavernier es un antiguo paracaidista de la Guerra de Indochina que mantiene una relación amorosa con Florence, la esposa de su jefe, el acaudalado empresario Simon Carala. Cansados de mantener su idilio oculto, la pareja de amantes decide asesinar a Simon de manera que todo parezca un suicidio. Al mismo tiempo, Louis es un joven delincuente que conoce a Véronique, la joven empleada de la florería situada enfrente del gran edificio de oficinas de la empresa de Carala. La casualidad provocará un inesperado cruce de destinos entre ambas parejas y el meticuloso comisario Cherrier. Tavernier olvida descolgar una soga que puede levantar sospechas, así que regresa al edificio justo en el momento en que el guardia de seguridad corta la llave de la luz y cierra las puertas. Como resultado, el protagonista queda atrapado en el ascensor entre dos pisos y para colmo, en la calle, Louis roba su automóvil para pasear despreocupadamente con Veronique.

 

 

 

Ascensor para el cadalso de Louis Malle, fue merecedora del Premio Louis Delluc, galardón cinematográfico francés, otorgado anualmente por un jurado compuesto por veinte críticos de cine y cineastas de Francia, al mejor filme francés del año. Es un trofeo esencialmente al cine de autor. Lleva su nombre en homenaje a Louis Delluc (1890-1924), quien fuera cineasta, guionista y el primer periodista francés especializado en cine y fundador de los cineclubes a finales de los años dieces del siglo pasado El premio fue otorgado por primera vez en 1937 a la cinta Los bajos fondos de Jean Renoir.

 

El joven e inquieto aspirante a cineasta Louis Malle -tenía 24 años-, ayudó a Robert Bresson a codirigir sin crédito Un condenado a muerte se escapa en 1956 y unos meses antes en 1955 había dirigido con Jacques Cousteau El mundo del silencio que obtuvo el Oscar al Mejor Documental de Largometraje, así como la Palma de Oro en el Festival de Cannes. En 1958 y con tan sólo 26 años cumplidos debutaba en solitario en la dirección de Ascensor para el cadalso, inspirado en una novela policiaca de Noël Calef que Malle convirtió en un atmosférico thriller intimista que inauguraba junto con otras cintas más el llamado cine de la nueva ola francesa. El tema central: una pareja de amantes que deciden asesinar al marido de ella y unos jovenzuelos que viven la vida de manera indolente. Más interesante aún el fondo ambiental: Paris, sus alrededores y una sofisticada y melancólica banda sonora de jazz compuesta por el legendario trompetista Miles Davis, cuyos acordes marcan el tono sensual y sin esperanza de este film noir francés, en el que participaron junto con Miles Davis: el pianista René Urtrager, el saxofonista Barney Wilen, Pierre Michelot al contrabajo y Kenny Clarke a la batería.

 

 

Stéphane Lerouge, creador de la colección discográfica Ecoute le cinéma ! del festival de Cannes nos narra este encuentro…

Cómo se conocieron Louis Malle y Miles Davis?

Fue un encuentro mágico, organizado por el destino: a Louis Malle le fascinaban los discos de Miles Davis, especialmente Miles Ahead, de 1957. Tenía en mente el sonido de su trompeta única durante el rodaje de Ascensor para el cadalso. Cuatro meses más tarde, Miles Davis visitó París para ofrecer una serie de conciertos en el Club Saint-Germain. Louis Malle se encontraba en la fase final del montaje del film y aprovechó la oportunidad para entrevistarse con él y proponerle que escribiese la música.

 

La elección del jazz para una banda sonora fue un tanto audaz para la época, ¿no?

Sí y no. En Francia, unos meses antes, ya Roger Vadim había elegido para su película Sait-on jamais (No Sun in Venice) música de John Lewis, interpretada por el Modern Jazz Quartet. La originalidad procede del “sonido Davis” en una película de deambular nocturno, de la unión insólita entre el timbre de Miles y la elegancia de Jean Moreau, recorriendo las calles de París en blanco y negro. Como si la trompeta fuese la voz interior del personaje.

 

Esta música es única. ¿Cuál cree usted que sea la razón?

Porque no fue escrita. Miles Davis vio la película una o dos veces, tomó algunos apuntes, luego reunió a sus músicos tres días más tarde en el estudio del Poste Parisien. La sesión comenzó a las 11 de la noche, improvisaron frente a la pantalla, en base a las secuencias elegidas por Louis Malle. A las 8 de la mañana estaba listo. Se trata de un hito en la historia de la música en el cine: Ascensor para el cadalso contiene la primera banda sonora original de jazz improvisada a partir de la imagen.  – http://www.festival-cannes.com/es/69-editions/retrospective/2015/actualites/articles/cannes-classics-ascensor-para-el-cadalso-encuentro-entre-louis-malle-y-miles-davis-

 

 

Al inicio de los años cincuenta se extendía una nueva manera de abordar la crítica de cine con la revista Cahiers du Cinema. Los teóricos fílmicos y críticos: André Bazin y Jean Doniol-Valcroize –después realizador-, crean los conceptos de puesta en escena y política de autor, seguidos de otros colaboradores de la revista y aspirantes a cineastas: Jean Luc Godard, Francois Truffaut, Claude Chabrol. Idolatran el western, el thriller noir, el musical y la Serie B estadunidense. Un travelling es cuestión de moral decía Godard. Cortes abruptos, rompimientos de ejes de acción, encuadres extravagantes. La utilización de actores desconocidos. Uso enorme de locaciones en exteriores. Cine social e intimista. Estilo reportaje. Cinema Verite. No hay estrellas aunque terminarían convirtiéndose en Dioses de la pantalla: Jean Moreau, Brigitte Bardot, Maurice Ronet, Jean Paul Belmondo, Alain Delon, Jean Pierre Leaud, etc. Un cine intelectual sobre la crisis de la pareja, los perdedores sociales y la infancia extraviada con realizadores como: Francois Truffaut, Claude Chabrol, Jean Luc Godard, Alain Resnais, Roger Vadim y más.

 

 

En las notas hipnóticas y alucinantes de Ascensor para el cadalso, compuestas por Miles Davis se localizan el estilo emocional de un filme que sigue al pie de la letra el típico relato policiaco estadunidense al estilo de El cartero llama dos veces o Pacto de sangre: la pareja de amantes, los equívocos que provocan incertidumbre, el detective que logra ver más allá de las pistas, la culpa como motivación, la historia de amor condenada al fracaso y la relación muy sugerente entre crimen y sexualidad, como lo es la propia novela del búlgaro radicado en Francia Noël Calef, todo ello en un tono frío, distante y muy sensual. De hecho la primera y la última toma encuadra el rostro melancólico de Moreau hablando del amor y la complicidad de esa misma historia amorosa que tendrá un final trágico.

Los socios productores de Malle le impusieron una sola condición: a Jeanne Moreau como protagonista, cuyo personaje vaga por las calles parisinas reflexionando sobre el amor, la culpa, el asesinato acompañada de la trompeta de Miles Davis como su propia voz interior. La imposición de Moreau sería fundamental en su carrera ya que la gran actriz francesa se convertirá en la protagonista de sus notables y posteriores trabajos: Los amantes, Fuego fatuo –con el propio Maurice Ronet-, o ¡Viva María!

Louis Malle dirigiría otras obras espléndidas y trascendentales como: Zazie en el Metro (1959), William Wilson segundo episodio del largometraje Historias extraordinarias dirigida en 1967 por Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini. El corto de Malle es una magistral reflexión sobre el tema del doble interpretada por Alain Delon. Asimismo: Lacombe Lucien, la polémica Soplo al corazón, Adiós a los niños y en Hollywood la también polémica Pretty Baby con Brooke Shields y la espléndida Atlantic City con Burt Lancaster y Susan Sarandon.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

24 de abril 2018

DESEANDO AMAR (In the Mood for Love/ Fa yeung nin wa, Hong Kong-Francia, 2000)

Dirección. Wong Kar-wai/ Guión. Wong Kar-wai/ Fotografía a color. Christopher Doyle, Pung Leung Kwan y Ping Bing Lee/ Música. Michael Galasso, Shigeru Umebayashi/ Edición. William Chang/ Diseño de Producción. William Chang/ Vestuario. William Chang/ Producción. Wong Kar-wai, Yo-cheng Chang, Jacky Jee Wah Pang/ Con. Tony Leung (Chow Mo-Wan), Maggie Cheung Man-yuk (Su Lizhen, Sra. Chan), Roy Cheung (Sr. Chan), Paulyn Sun (Sra. Chow), Ping Lam Siu (Ah Ping), Man –Lei Chan (Sr. Koo), Tung Cho Cheung (hombre invitado al departamento del Sr. Koo), Rebecca Pan (Sra. Suen),Kelly Lai Chen (Sr. Ho), Szu Ying Chien (Amah), Duración. 95 mins.

SINOPSIS

La acción tiene lugar en Hong Kong al inicio de los años sesenta. Chow Mo-Wan, redactor en jefe de un periódico local y su mujer, alquilan un departamento en un edificio de Shangai el mismo día que Su Lizhen, secretaria de una compañía naviera y su marido. Son vecinos. Por motivos de trabajo sus respectivas parejas los dejan solos durante largo tiempo del día. Chow y Su se encuentran a menudo a solas en sus habitaciones y entablan una amistad. Chow descubre que sus respectivas parejas mantienen una relación extra-matrimonial con otras parejas. A partir de este instante ambos empiezan a pasar cada vez más tiempo juntos, reconfortándose el uno con la presencia del otro. Chow invita a Su a ayudarlo a escribir una serie de historias de artes marciales que escribe para un periódico. La relación se vuelve cada día más íntima y los vecinos se percatan de ello. Con todo, ambos intentan persuadir al otro para que no abandonen a su respectiva pareja.

 

 

Deseando amar fue nominada a la Palma de Oro en Cannes. En ese mismo certamen obtuvo el Premio del Jurado a la Mejor Fotografía, Edición y el Premio a la Mejor Interpretación Masculina para Tony Leung. A sui vez, el realizador Wong Kar-wai obtuvo el Premio a Mejor Director en lo Mejor del Cine Europeo. Mejor Película Extranjera en los Premios César, Francia. Mejor Fotografía y Edición en el Festival Asia-Pacífico. Premio Mejor Película Extranjera en el Festival de Cine Británico Independiente. Mejor Fotografía, Actor y Actriz en lo mejor del cine Chino.

 

 

Sin menospreciar los géneros típicos hongkoneses: el cine de gángsters, la comedia, las historias épicas, incluso los relatos de fantasmas y de artes marciales, Wong Kar-wai (1958) recupera algunos de éstos temas para crear un nuevo delirio visual apoyado en el trabajo de su extraordinario fotógrafo el australiano Christopher Doyle, con personajes límite, e historias que se entrecruzan como es el caso de Chungkin Express (1994) y sobre todo Ángeles caídos (1995). Perfeccionista hasta el exceso, el realizador suele decir: “Mientras otros directores construyen una película, yo filmo por intuición y luego la deconstruyo. Estudio todos los planos que he acumulado y elimino lo que considero que no es bueno”.

En su cine, coexiste una reflexión pesimista sobre la sexualidad y la imposibilidad de las relaciones personales que recuerda al mejor y primer Jean-Luc Godard; el de Sin aliento y Vivir su vida. A su vez, persiste un regodeo en las escenas de violencia, en las masacres que se suscitan como actos cotidianos: esa catarsis de la adrenalina y la brutalidad cuyos derechos de autoría parecen ser reclamados por Scorsese, Ferrara y Tarantino. No obstante, la intención de Wong Kar-wai supera ese ritual de la sangre y la venganza y adquiere un matiz filosófico y sensitivo como sucedía por ejemplo en Ángeles caídos.

En Happy Together (1997), por ejemplo, es un relato de deseo homosexual que se desarrolla en los arrabales de Buenos Aires. Se trata de nueva cuenta, de un filme sensible y emotivo que se expresa en aparente voz baja si se compara con las energéticas Chungkin Express y Fallen Angels, pero cuya fuerza interna confirma las dotes de un inteligente cronista de la soledad y el desamor en ese marasmo de la locura urbana.

Como ocurre en sus anteriores obras, un tema musical a manera de leit motiv, marca el vaivén del estado de ánimo de los protagonistas. En este caso la canción Happy Together simboliza la curiosa relación de auto exilio de una pareja homosexual integrada por Lai-Yu-Fai ( Tony Leung) y Ho-Po-Wing (Leslie Cheung), quienes han dejado atrás su natal Hong Kong para vivir su historia de amor en Buenos Aires, una pasión que empieza a tener conflictos durante un viaje a las famosas cataratas de Iguazú. Un romance en el límite del mundo a un nivel físico y emocional, en un filme que muestra una notable sensación de melancolía y desolación en un país extraño y con un idioma diferente.

 

 

 

“El pasado es algo que puede verse, pero no tocarse”, dicha sentencia, plasmada casi al límite de los créditos finales de Deseando amar, séptima película de Wong Kar-wai, se convierte en la enigmática premisa de un relato sobre la imposibilidad amorosa. Una sencilla y pequeña joya que captura de manera sorprendente, elementos intangibles como el instante fugaz que quema los corazones de una pareja, la melancolía del enamoramiento, o el impulso sexual reprimido que se desvanece como la letra de un bolero: “Quizás, quizás, quizás”… -del compositor cubano Olwaldo Farrés-

Al lado de realizadores clave del cine hongkonés de la década de los noventa como Tsui Hark, Ronnie Yu Tan, Ringo Lam o Chin Man Kei, resalta la excepcional figura de Wong Kar-wai (1958), ejemplo de una nueva e insólita cultura visual a partir de sus relatos sobre la crisis de la pareja, donde queda claro su obsesión por la manipulación de la imagen. Un cine que ha dejado atrás la estilización del videoclip para depurar un estilo muy personal y de una elegancia fuera de serie. De hecho, puede decirse que Deseando amar, su película más sobria y sencilla, ejemplifica la culminación de ese estilo en donde la imagen, sonido, montaje y puesta en escena se orientan a la búsqueda de las emociones.

La génesis del relato que se ambienta en Hong Kong en 1962 y finaliza en Camboya en 1966, tiene su origen hacia 1997 cuando el realizador y su equipo intentaron realizar dos cintas de manera simultánea sobre el Hong Kong del pasado y el del futuro: 2046 (2004)-, la primera, finalizaba originalmente en 1972 y fue escrita al tiempo que se filmaba lo que colocó a sus protagonistas: los excepcionales Tony Leung y Maggie Cheung, emblemáticas figuras del cine asiático, en una particular y enrarecida atmósfera que se conectaba con el argumento mismo. La historia de una pareja de vecinos que un día descubren que sus respectivos cónyuges tienen amoríos fuera del matrimonio al tiempo que el amor los sorprende.

En ese sentido, el contexto histórico resulta fundamental. Al igual que el Hong Kong de aquellos años, cuya estabilidad política y económica empezaba a sufrir los primeros vaivenes que culminarían con los efectos de rebote de la siniestra revolución cultural china de 1966 y su condición de colonia británica, la pareja sufre de alguna manera los embates de una represión amorosa que se adecua a los valores morales de la época. A Wong Kar-wai no le interesa tanto el posible adulterio de la pareja engañada, sino las dudas existenciales y sus sentimientos que van de la desilusión a la ira y el temor de convertirse ellos mismos en adúlteros.

No resulta casual que Deseando amar se ubique en una ciudad casi fantasmal y sus personajes se muevan con dificultad en estrechos pasillos, habitaciones, oficinas y restaurantes donde se siente el encierro. Un relato claustrofóbico cuyos protagonistas se debaten ante el peso de la atracción amorosa a partir de la rutina cotidiana como sucedía en Breve encuentro (1946) de David Lean y/o Amor a primera vista (1984) de Ulu Grosbard. Así, a partir de la repetición de una cotidianidad y los cambios casi imperceptibles en ésta: los encuentros en el pasillo y escaleras, los rozamiento, las miradas, los signos de cortesía, el acto de comer, e incluso, la repetición del leit motiv musical de Michael Galasso y el uso de añejos boleros interpretados en español por Nat King Cole, cuyas letras parecen resumir los sentimientos de la pareja: “…Labios de rubí…estás perdiendo el tiempo pensando, pensando…aquellos ojos verdes de mirada serena…”, rescatan la emoción por el instante amoroso que termina desvaneciéndose ante la realidad.

La manera en que la cámara captura en ritmo lento la lluvia o el estilizado caminar de la bellísima Maggie Cheung, se trastoca en una glamurosa representación de un universo casi irreal: ese paneo que los capta espalda con espalda separados por un muro, el hecho de mantener fuera de cuadro a las respectivas parejas como fantasmas que los arrastran hacia una obsesión que les impide consumar el acto amoroso, o el reloj como un tirano (“Y así pasan los días y yo desesperado y tu, tu contestando, quizás, quizás, quizás”). Deseando amar resulta una de las alegorías más contundentes acerca de la fragilidad y el desasosiego amoroso y sobre la imposibilidad de retener lo efímero. Un filme vibrante.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Abril 2018

EL GRAN CONCIERTO (Le Concert, Francia-Italia-Rusia-Rumania-Bélgica, 2009)

Dirección. Radu Mihaileanu/ Guión. Radu Mihaileanu, Alain-Michel Blanc, Matthew Robbins, inspirados en un relato original de Héctor Cabello Reyes y Thierry Degrandl/ Fotografía en color. Laurent Dailland/ Música: Armand Amar, Mozart, Mahler, Khachaturyan y otros/ Edición: Ludo Troch/ Dirección de arte: Arnaud Denis y Vlad Roseanu/ Diseño de Producción. Christian Niculescu/ Vestuario. Viorica Petrovici, Maira Ramedhan Levi/ Producción. Alain Attal, Michael Blakey, Valerio De Paolis, André Logle, Radu Mihaileanu, Vlad Paunescu/ Con: Aleksey Guskov (Andrei Simonovich Filipov), Dmitri Nazarov (Aleksandr Sasha Abramovich), Mélanie Laurent (Anne-Marie Jacquet), Francois Bérleand (Olivier Morne Duplesiss), Miou-Miou (Guylene de la Riviere), Valery Barinov (Ivan Gavrilov), Lionel Abelansky (Jean-Paul Caérrere), Laurent Bateau (Bertrand), Anna Kamenkova (Irina Filipova)/ Duración. 117 mins.

SINOPSIS

El reconocido director de la Orquesta del Teatro del Bolshói, Andreï Simonovich Filipov, ve su carrera pública destruida por Leonid Brezhnev por defender a músicos judíos y ahora se ve reducido a trabajar como conserje en el mismo teatro donde alguna vez dirigió. Mientras Filipov limpia la oficina del gerente del teatro, intercepta una invitación oficial del prestigioso Théatre de Chatelet en París para sustituir un concierto de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles cancelado en el último momento. Filipov crea un plan para reunir a su antigua orquesta compuesta ahora por viejos músicos judíos y gitanos, que sobreviven trabajando como mudanceros o conductores de taxis y así tomar el trabajo de París y completar una interpretación del Concierto para violín de Tchaikovski interrumpido treinta años atrás por el entonces agente de la KGB, Ivan Gavrilov, quien ahora forma parte del plan de Filipov como representante de la orquesta, a pesar de las protestas y sospechas de Aleksandr ‘Sasha’ Abramovich Grossman, ya que Gavrilov tiene sus propios planes para el viaje a París.

Gavrilov y Filipov exigen del Châtelet muchas condiciones que se ven forzados a aceptar, ya que el concierto con el Bolshoi es mucho más barato; una de las condiciones es que la solista sea Anne-Marie Jacquet, quien nunca ha interpretado el Concierto de Tchaikovski porque le tiene miedo, pero ha soñado desde hace mucho interpretarlo con el Bolshoi y particularmente con Filipov, cuya fama fuera de Rusia nunca ha disminuido. Su agente, Guylène de La Rivière -quien también ha sido la madre adoptiva de Anne-Marie- está renuente a permitir que suceda el concierto, porque conoce a Filipov y su pasado, pero ante la insistencia de Anne-Marie, acepta. Para pagar sus gastos de traslado, la orquesta se ve forzada a aceptar la participación de un conocido jefe de la mafia aficionado a tocar el cello.

La falta de profesionalismo de los músicos rusos y las impresiones de Anne-Marie de que el concierto es una catarsis para Filipov, la fuerzan a cancelar el concierto, pero Sasha la convence de volver al teatro porque el concierto contiene una clave sobre su pasado y sus padres, a quienes nunca conoció. Resulta que Filipov y su esposa Irina eran los mejores amigos de Lea e Yitzhak Strum, músicos judíos. Lea era una concertista de violín y la solista al momento del concierto interrumpido hace tres décadas en Moscú; su protesta terminó en su deportación a Sibería. La bebé Anne-Marie logró huir con Guylène, entonces representante de una orquesta francesa de visita a Rusia.

En el último momento, la orquesta aparece en el teatro a pesar de que no han realizado ni un solo ensayo. Mientras tanto, el verdadero gerente del Bolshoi, que se encontraba de vacaciones en París, quien casualmente se entera del concierto, se presenta en el teatro para impedirlo. El concierto arranca mal pero de a poco empieza a cobrar fuerza y armonía cuando Anne-Marie hechiza a todos con su magnífica interpretación. El concierto es un gran éxito y Filipov puede reconstruir su carrera como director de la nueva Orquesta Andreï Filipov, junto con Anne-Marie, quien se une a él en un tour mundial –con información de Wikipedia-

 

El gran concierto obtuvo los Premios César a lo Mejor del Cine Europeo: Mejor Banda Sonora y Mejor Sonido y nominada a Mejor Guión, Película y Director. A su vez, el galardón David Di Donatello a la Mejor Película de la Unión Europea. Fue nominada al Globo de Oro a Mejor Película Extranjera

 

-“El tema de la impostura me persigue a mi pesar. Quizá se deba al hecho de que mi padre, que se apellidaba Buchman, tuvo que cambiarse de apellido durante la guerra para sobrevivir. Se convirtió en Mihaileanu para no perecer durante el régimen nazi y luego en el estaliniano. Pero yo viví todo aquello de una manera positiva, hay en mí un conflicto entre estas dos identidades. Por otra parte, he sufrido durante mucho tiempo por ser considerado un “extranjero”, da igual donde esté en Francia o en Rumanía -y, evidentemente, en cualquier otra parte. Hoy, lo veo como un elemento enriquecedor y estoy contento de estar en todas partes, al mismo tiempo dentro y fuera. Seguramente por eso mis personajes tienen muchas dificultades al principio y se hacen pasar por lo que no son, para liberarse de sí mismos y tratar de tender un puente hacia los demás”- -Entrevista con Radu Mihaileanu. La higuera.com-

 

 

Desde su primera película, el cineasta rumano Radu Mihaileanu apostó por un estilo burdo e irónico para mostrar los absurdos de la Historia social y política, así como la débil frontera que separa la tragedia de la comedia negra. Ya sean los años de terror en tiempos de Nicolau Ceaucescu en La traición (1993). Los horrores del holocausto vistos como una gran e inclemente farsa en El tren de la vida (1998), o la historia del niño etíope que se hace pasar por judío para escapar a Israel en Camina sin mi (2005).

El gran concierto mantiene prácticamente todos los elementos de sus anteriores obras: escenas efectistas, inconsistencias argumentales, momentos de chantaje sentimental y a su vez, consigue explotar con notable eficacia los puntos a su favor: un reparto de personajes atractivos y agradables, divertidos gags que encajan en el instante justo (la escena de los pasaportes en el aeropuerto, la conversión de fe del comunista ortodoxo), una notable utilización de la banda sonora, pero sobre todo, un encanto natural y una espontaneidad que perdona deslices técnicos y tramas inverosímiles.

En las antípodas de la inclemente Dulce Emma (1992) de István Szabó, El gran concierto se sumerge de manera amable y divertida en el mismo tema: la caída del comunismo y la transformación del bloque socialista. Andrei Filipov es el afanador del Teatro Bolshoi, institución de la que antes fungía como su prestigioso director de orquesta, hasta que fue retirado treinta años atrás, al negarse a expulsar a los músicos judíos que tocaban con él, dejando inconcluso su sueño y el de su primera violinista, la talentosa Lea (la misma Mélanie Laurent), quien muere en Siberia sin poder concretar el Concierto No. 1 para Violín y Orquesta de Tchaikovski.

Sin embargo, la oportunidad aparece cuando Andrei intercepta un fax en donde invitan a la Orquesta del Bolshoi a tocar en el Teatro Chatelet de París y Andrei decide reunir a sus antiguos músicos -quienes sobreviven a duras penas-, para cumplir sus sueños y de paso, ajustar cuentas con el pasado, ya que la hija de Lea, desconoce su historia y es una figura del violín. Radu Mihaileanu ha construido un entretenido filme sobre el triunfo de los olvidados. Una ágil comedia social sobre los perdedores que toman un segundo aire, a partir de un final grandioso digno de su título.

 

 

“¡El rodaje del concierto fue una pesadilla que duró seis meses! Tenía mucho miedo a esta escena porque la película termina con el concierto y es lo que marca con qué espíritu va a salir el espectador de la sala: no podía permitirme fastidiarla en esa escena. Sin contar con que nunca había rodado un concierto de música clásica. Empecé viendo todas las películas posibles sobre música, varios DVD de conciertos, clásicos, rock, etc. Y aprendí muchísimo: cuál es el “lenguaje” y la importancia de cada instrumento, en qué momento hay que filmar y de qué manera para que sea eficaz desde un punto de vista dramático. El reto consistía en intentar ser un poco más espectacular y moderno que en una retrasmisión, sin por ello dejar de ser fiel a la dramaturgia, a los personajes y no ir demasiado lejos tampoco. Luego trabajamos con coachs para hacer de los actores unos músicos creíbles. Preparamos las secuencias de escenas, plano por plano. Teníamos todos un montón de cuadros que indicaban el papel de cada uno, siempre en función de los compases musicales. En el momento del rodaje, trabajé con tres cámaras, cada una de ellas encargada de encuadrar a tal o tal músico o sección: era un trabajo mucho más difícil si teníamos en cuenta que sólo había cuatro días para hacerlo y que había que proteger al máximo a los actores de toda esa tensión. Por último, ya en el rodaje, tuve que tener en cuenta los flashbacks que había que insertar en el montaje al milímetro, en función de los diversos acentos musicales”. -Entrevista con Radu Mihaileanu. La higuera.com-

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

Marzo 27 2018

TERCERA LLAMADA (México, 2013)

Dirección. Francisco Franco. Guión. Francisco Franco y María Renée Prudencio, inspirados en la obra teatral Calígula probablemente de Francisco Franco e Ignacio Guzmán. Fotografía a color. Erika Licea. Música. Alejandro Giacomán. Supervisión musical. Lynn Fainchtein. Edición. Mariana Rodríguez. Dirección de arte. Alejandro García Castro. Escenografía teatral. Xóchitl González. Producción. Laura Imperiale, Julio Bárcenas, Armando Casas, Enrique Patiño, Juan Antonio Aguilar. Las Naves Producciones, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Difusión Cultural UNAM, Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC/UNAM), EEK Producciones, Eficine 226 (Gas Natural Fenosa, Medicus Santillana Ediciones Generales, Editorial Aguilar, Editorial Alfaguara, Punto de Lectura y Suma de Letras). Con. Karina Gidi (Isa, la directora), Mariana Treviño (Ceci, la asistente), Irene Azuela (Julia), Fernando Luján (Fernando), Anabel Ferreira (Georgina, la productora), Cecilia Suárez (Adrianita, vestuarista), Silvia Pinal (delegada sindical ANDA), Moisés Arizmendi (Óscar), Ricardo Blume (Eduardo), Kristyan Ferrer (Nachito, iluminador), Alfonso Dosal (Ángel), Eduardo España (Poquemon, jefe sindical), Jorge Adrián Espíndola (Parra), Víctor García (Chippen), Mauricio García Lozano (Collonier, escenógrafo), Rebecca Jones (Amanda), Jorge Poza (Daniel), Martín Altomaro (Adrián, pareja de Isa), Duración. 90 mins.

SINOPSIS

A mes y medio del estreno de la obra Calígula de Albert Camus, Isa, directora de teatro universitario decide transformar de manera radical la propuesta escenográfica y la puesta en escena. Desecha las imponentes estatuas escenográficas de hombres desnudos inspirados en las esculturas del alemán Arno Breker y deja atrás la investigación y la revisión de imágenes de la Italia fascista y de su líder Benito Mussolini con las que pretendía alegorizar sobre la figura de Calígula, el emperador romano, para concentrarse en una concepción más cercana a las intenciones del escritor y filósofo francés que veía en Calígula a un hombre cruel y omnipotente pero desprotegido y condenado a morir. Ese cambio radical provoca una crisis, no sólo en ella misma y en su pareja (ambos están buscando tener hijos y ella está en su periodo fértil), sino en el elenco de actores, en el escenógrafo, la vestuarista, técnicos y productores. Salen a relucir múltiples conflictos: un actor maduro con problemas de memoria, una actriz intrigante, otro actor con múltiples chambas, una asistente que acude a la marihuana para paliar su frustrada carrera como actriz, un joven iluminador que se oculta en el teatro amenazado por un grupo de jóvenes emos del Chopo, una vestuarista histérica que inicia un cachondeo con un técnico y ex stripper, una productora alcohólica, unos desconcertados promotores franceses, un arrogante protagonista que decide dejar la obra y la joven actriz que lo sustituye, dedicada a hacer castings para comerciales e hija de una actriz afamada con la que otro actor del elenco ya maduro, mantuvo un largo romance, un jefe sindical agresivo y para colmo, una Delegada de la ANDA que se presenta el día del estreno para detener la obra, justo cuando la protagonista llega en medio de una torrencial lluvia con teatro lleno, entre la segunda y la tercera llamada.

 

 

 

 

Tercera llamada se estrenó en marzo de 2013 en el 28 Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Fue merecedora de los Premios Mayahuel al Mejor Elenco Femenino, Guerrero de la Prensa a la Mejor Película Mexicana de Ficción y el Premio Infinitum del público en el 28 Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2013, Mejor Coactuación Masculina (Fernando Luján) y Mejor Actor de Cuadro Masculino (Ricardo Blume) en la 43 edición de las Diosas de Plata. A su vez, obtuvo el Premio al Mejor Guión Adaptado en la 56 entrega de los Arieles 2014. Mejor Edición en el Festival de La Habana.

 

 

En 2007, el joven director Francisco Franco Alba con amplia experiencia en el teatro, en la televisión comercial y egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), debutó con un sensible e inteligente drama ambientado en Zacatecas: Quemar las naves, que lanzaría en grande a una nueva y talentosa joven actriz, Irene Azuela. Su película, era una de esas tramas que iban creciendo desde un aparente anonimato, debido a la fuerza y sensibilidad de su argumento escrita por el propio Franco y la actriz María Renée Prudencio, que dejaba atrás la neurosis urbana para instalarse en el hastío de provincia.

De nuevo, Franco y Prudencio regresan a la pantalla grande con una ácida farsa tragicómica sobre los universos intelectuales urbanos universitarios y el difícil oficio de la creación, el teatro y la actuación. Y una vez más, en su aparente sencillez y en su combinación de actores teatrales, cinematográficos y televisivos (incluidas varias divas con gran experiencia como Silvia Pinal o Rebecca Jones), Tercera llamada oculta una sutil, sensible y en ocasiones muy divertida mirada sobre el caos cotidiano, los miedos, las envidias y la burocracia alrededor del arte realizado por personas comunes y corrientes que sin embargo tienen que exigirse esfuerzos extras en la vida común.

Todo ello, en una eficaz puesta en escena propositiva y funcional y pese a algunas escenas que no aportan gran cosa (los reclamos gestuales de Altomaro o los excesos de Suárez con el ex stripper), algunos otros momentos histriónicos por el contrario resultan muy atractivos y eficaces, como los de Anabel Ferreira y sobre todo el trabajo de Mariana Treviño como la delirante y nerviosa asistente de dirección -espléndida también en Amor de mis amores (Manolo Caro, 2014)-.

Un reparto muy eficaz y parejo en el que sobresale la siempre estupenda Karina Gidi, una espléndida fotografía y un buen uso de las locaciones tanto los exteriores en el Centro Cultural Universitario, como los interiores en el interior del Teatro, en un filme que jamás se siente acartonado, teatralizado o televisivo lo que resulta un enorme mérito pese a su trama del teatro dentro del cine y su reparto que quizá, con otro realizador podría acercarse más a un producto televisivo. Ello, en un filme sencillo en apariencia en el que además participan en breves papeles incidentales, figuras del medio como: Julieta Egurrola, Ana Ofelia Murguía, Regina Orozco, Paloma Woolrich, Ana Claudia Talancón, Ilse Salas, Julieta Venegas, Víctor Trujillo, Luis Couturier, incluyendo un bit de la conductora de Radio Educación y comentarista de cine Sonia Riquer.

Tercera llamada consigue colocarse en un modesto pero inteligente sitio más allá de la evidente referencia a otras películas sobre el arte del oficio de la realización, la actuación y el universo detrás de las bambalinas visto por cineastas como: Truffaut, Fellini, Saura, Scola y otros más. Y logra en el ambiente teatral lo que Gabriel Retes consiguió en el medio cinematográfico desde dentro, en la también irónica, corrosiva y sensible cinta Bienvenido-Welcome (1994).

 

Tercera llamada fue filmada prácticamente en su totalidad en el área del Centro Cultural Universitario y sus recintos culturales, un espacio arquitectónico de la UNAM más moderno, menos tradicional y de enorme belleza. Es decir, la película incluye múltiples locaciones en el exterior e interior de lugares como el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, la Sala Carlos Chávez. El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), el edificio de la Coordinación de Difusión Cultural y sus alrededores, pasillos, incluyendo la propia fuente en la explanada del Centro Cultural donde rondan los caricaturizados chavos emos. Destaca por ejemplo, la escena de la persecución que estos jóvenes emprenden contra el personaje de Krystian Ferrer desde la fuente a las escaleras y exteriores del Foro Juan Ruiz de Alarcón.

 

 

RAFAEL AVIÑA

15 de marzo. Centro Histórico de la Ciudad de México

CAFÉ SOCIETY (Cafe Society, Estados Unidos, 2016)

Dirección. Woody Allen/ Guión. Woody Allen/ Fotografía en color. Vittorio Storaro/ Música: Vince Giordano and The Nighthawks, Benny Goodman, Count Basie, Conal Fowkes y otros/ Edición: Alisa Lepselter/ Dirección de arte: Michael E. Goldman y Doug Huszti/ Diseño de Producción. Santo Loquasto/ Vestuario. Suzy Benzinger/ Producción. Letty Aronson, Helen Robin, Stephen Tenenbaum, Edward Walson/ Con: Jesse Eisenberg (Bobby Dorfman), Kristen Stewart (Vonnie), Steve Carell (Phil Stern), Black Lively (Verónica), Sheryl Lee (Karen Stern), Parker Posey (Rad), Jeannie Berlin (Rose), Ken Stott (Marty), Richard Portnow (Walt), Stephen Kunken (Leonard), Corey Stoll (Ben), Woody Allen (narrador)/ Duración. 95 mins.

SINOPSIS

Nueva York, década de los treinta, al joven Bobby Dorfman cada día le cuesta más soportar a sus padres, quienes no dejan de pelearse, así como a su hermano gánster y la joyería negocio familiar. Bobby siente que necesita un cambio de aires. Así que decide probar fortuna en Los Ángeles y por ello se va a Hollywood, donde su tío Phil, un poderoso agente y productor de cine lo contrata como chico de los recados. Como Bobby es un recién llegado a Los Ángeles, Phil le pide a Vonnie su secretaria que le muestre la ciudad. Después de realizar con él un recorrido por las casas de estrellas de cine y de compartir sus experiencias y opiniones sobre Hollywood, Bobby se queda prendado de inmediato; por desgracia la chica Vonnie, ya tiene novio. Bobby se conforma con su amistad, hasta el día en que Vonnie llama a su puerta para contarle que su novio acaba de romper con ella. De repente, la vida de Bobby da un nuevo giro, y es un giro muy romántico y muy complicado, ya que resulta que a punto de casarse con ella, ésta regresa con el ex novio y lo peor no es eso, sino que tanto el tío Phil como Bobby están enamorados de la misma jovencita oriunda de Nebraska: Vonnie. Asimismo, mientras se encuentra en Los Ángeles, Bobby se hace amigo de otros dos neoyorquinos, Rad Taylor una vivaz mujer dueña de una agencia de modelos, y su acaudalado marido productor Steve. Bobby tiene ocasión de experimentar por primera vez lo que podría depararle su vida en Hollywood. Una noche Rad le presenta a Bobby a Veronica una guapa mujer de la alta sociedad cuyo marido acaba de abandonarla por su mejor amiga. Todo ello, en medio de un caleidoscopio de personajes que abarca desde estrellas de cine, millonarios y playboys a profesores, prostitutas y mafiosos.

 

Café Society abrió fuera de concurso el Festival de Cine de Cannes en 2016. Fue nominada a Mejor Fotografía y Vestuario en el Festival de Crítica de San Louis y San Diego, respectivamente. Asimismo recibió las nominaciones a Mejor Casting y Diseño de Producción por parte del gremio de los Sindicatos correspondientes de Hollywood.

 

“Nunca había mezclado champaña con bagels y salmón ahumado”, dice Bobby…“Bienvenido a Hollywood”…responde alguien.

 

 

En la década de los noventa, con la crisis del matrimonio Allen-Farrow y el intrigante salto a primer plano de la hija adoptiva de ambos, Soon-Yi, Woody Allen ofreció una nueva perspectiva, en algunos casos más amarga y desencantada, sin descuidar su humor cínico, acerca de las relaciones de pareja y la imposibilidad del amor duradero con Maridos y esposas (1992), a la que seguirán una serie de relatos donde la ficción y la realidad encuentran caminos insospechados, con intelectuales extravagantes, los complejos de culpa que aparecen en toda su obra, delirios persecutorios, conflictos existenciales y su obsesión por el arte y el sexo (Los enredos de Harry, El precio del éxito, El ciego). A su vez, en otras películas de esa misma etapa, surgían hábiles homenajes a algunas de sus enormes pasiones como lo es la música, el teatro y el cine (Un misterioso asesinato en Manhattan, Balas sobre Broadway, Todos dicen que te amo, El gran amante).

En la segunda mitad de los noventa, pero sobre todo a partir del nuevo milenio, Woody Allen orientó su trabajo a la búsqueda de nuevos y jóvenes actores. Ha echado mano de una cantidad de actores poco conocidos, así como de figuras juveniles encasilladas en burdas comedias de fórmula, extrayendo de ellos eficaces y naturalistas actuaciones, como es el caso de: Drew Barrymore, Mira Sorvino, Will Ferrel, Jason Biggs, Jimmy Fallon, Radha Mitchell, Jesse Eisenberg, Colin Farrell, o Christina Ricci y Chloe Sevigny, actrices cuyo enorme talento les lleva a brillar por igual, en obras comerciales, cintas independientes o películas de arte, como sucede a su vez con: Emma Stone, Kristen Stewart o Kate Winslet estrella de su más reciente filme: Wonder Wheel.

 

Café Society se refiere a los miembros de la alta sociedad, aristócratas, artistas y famosos, que se reunían en cafés y restaurantes de moda en Nueva York, París y Londres a finales del siglo XIX y principios del XX. El término se hizo popular en el Nueva York de los años treinta, tras el fin de la Ley Seca y la aparición de la prensa amarillista, que cubría con avidez a los integrantes de esa Café Society. Por aquel entonces, había docenas de clubes deslumbrantes en Nueva York, entre ellos algunos con orquestas de cincuenta instrumentos. Cada noche, los famosos lucían sus mejores galas y hacían el circuito desde los clubes de jazz de Greenwich Village a locales legendarios de los alrededores del centro como El Morocco, a la calle 142 en Harlem, donde se encontraba el Cotton Club. “Esa época siempre me ha fascinado”, admite Allen. “Fue uno de los momentos más apasionantes de la historia de la ciudad, con una tremenda vida teatral, vida en los cafés y restaurantes. De un extremo a otro, fueras por donde fueras, la isla bullía entera de sofisticadas actividades nocturnas” –Woody Allen Lahiguera.net-

En el Hollywood dorado también tenía sus puntos de encuentro para los millonarios y famosos, pero su vida nocturna era sensiblemente distinta de la de Nueva York. “Era el glamur de Cocoanut Grove y el Trocadero”, comenta Allen. “No había muchos lugares a los que ir, no duraba hasta tan tarde, la ropa era más ligera y todo el mundo iba a los sitios en auto. Había una parte que era muy glamurosa, porque contaban con las estrellas de cine, pero Nueva York poseía cierta sofisticación de toda la noche de la que Hollywood carecía”. –Woody Allen LaHiguera.net-

 

 

Rodeada de una capa de nostalgia y melancolía, Café Society es una revisión de una época fascinante y dorada de Hollywood pero vista desde un punto de vista agridulce, con referencias a una pléyade de figuras del estrellato de la Meca del Cine como: Joan Blondell, Robert Taylor, Barbara Stanwyck, James Cagney, Joan Crawford, Errol Flynn o Adolphe Menjou. No obstante, lo más trascendente de este aparente divertimento de nostalgia hollywoodense, radica en la habilidad de Woody Allen para proponer una historia sobre la frustración romántica y la relatividad del éxito en un filme desairado por la Academia debido a su tono amargo y melancólico similar al de La La Land de Damien Chazelle. Por cierto, ese mismo clima de fracaso amoroso también ese año de 2016, era trasladado a una atmósfera de sadismo, violencia y pesadilla de Animales nocturnos de Tom Ford, que remite a los ambientes sofocantes de trauma sexual, perversión erótica e historias paralelas de David Lynch como en Mulholland Drive; zona en la que habita la exitosa galerista y artista visual Susan (Amy Adams) cuyo vacío existencial, soledad y frustración se evidencian mientras lee la novela inédita que le ha enviado su ex marido (Jake Gillenhaal) en un primer matrimonio destruido por la juventud y ambición social de ella.

 

Café Society relata una historia de amor condenada al fracaso cuyos personajes se preguntan por las decisiones que toman y el rumbo que siguen sus vidas, en la que Woody Allen continúa en ascenso en sus relatos sobre la voluntad, el deseo y el azar. Pieza melancólica y luminosa sobre la imposibilidad del amor verdadero que suceden en tan sólo un abrir y cerrar de ojos. Memorable.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro histórico de la Ciudad de México, marzo 1 2018

EL AÑO ROJO (The Year of the Gun, Estados Unidos, 1991)

Dirección. John Frankenheimer/ Guión. David Ambrose, inspirado en la novela de Michael Mewshaw/ Fotografía en color. Blasco Giurato/ Música: Bill Conti, Giuseppe Verdi/ Edición: Lee Percy/ Dirección de arte: Luigi Quintili/ Diseño de Producción. Aurelio Crugnola/ Vestuario. Ray Summers/ Producción. Edward R. Pressman, Eric Fellner/ Con: Andrew McCarthy (David Raybourne), Sharon Stone (Alison King), Valeria Golino (Lia), John Pankow (Italo Bianchi), Mattia Sbragia (Giovanni), George Murcell (Pierre Bernier), Francesca Prandi (chica terrorista), Carla Cassola (Lena), Pietro Bontempo (segundo hombre), Luigi Di Fiore (primer terrorista)/ Duración. 111 mins.

SINOPSIS

En 1978, David Raybourne es un novelista estadounidense que vive en Roma y trabaja como periodista en un pequeño periódico en inglés. Él está involucrado sentimentalmente con Lia, la esposa separada de un industrial italiano y amiga de Italo Bianchi, un profesor de izquierda política en una universidad romana. Son años de tensión política e inquietudes estudiantiles, en la que las infames Brigadas Rojas cometen ataques violentos, culminando en el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, ex primer ministro italiano.

Como parte de un plan para escribir una novela comercial y recaudar dinero para casarse con Lia, Raybourne investiga las actividades y organización de las Brigadas Rojas. Escribe el borrador de una novela, realista pero ficticia, con el argumento centrado en el secuestro de una figura política a cargo de las Brigadas. Durante este tiempo, David Raybourne se encuentra con una bella y sexualmente provocativa fotoperiodista joven, Alison King. Ella está ansiosa por una noticia y Raybourne la presenta a Italo Bianchi. Alison se convence de que Raybourne sabe algo acerca de las Brigadas Rojas y le oculta una posible primicia, por lo que después de un coqueteo sexual, ella busca en su departamento y encuentra el nuevo borrador de Raybourne.

Resulta que Bianchi, en realidad colabora con las Brigadas y entrega el borrador a un contacto de tan violenta célula y la similitud de su trama ficticia con sus planes de secuestro reales los lleva a concluir que sus planes se han filtrado. No obstante, Lia está incluso más involucrada con las Brigadas Rojas y por ello, Raybourne y King son capturados, al tiempo que ocurre el secuestro de Aldo Moro. Acusan a Lia de la filtración y le disparan por su aparente traición antes de los ojos de Raybourne y King y obligan a ésta a fotografiar el cuerpo e instruir a Raybourne para publicitar la historia como una advertencia a cualquier traidor en el futuro.

 

 

  1. El año de las Brigadas Rojas, año de terrorismo y confusión política, de luchas internas y pugnas por el poder. Demócratas cristianos y comunistas infiltrados en universidades, y el terrorismo como arma política de doble filo, en una Italia sumida en el caos. El tema, explotado por varios realizadores italianos en un registro que oscila entre el thriller de denuncia y la reflexión concienzuda sobre los mecanismos del poder político, es retomado por el veterano realizador estadunidense John Frankenheimer, en un filme fuera de contexto pero en la línea de lo mejor de su filmografía.

 

El caso de John Frankenheimer es similar al de otros notables veteranos de Hollywood, aquellos realizadores que luego de un arduo trabajo en televisión, lograron dar el salto a la pantalla grande a finales de los años cincuenta. Es decir, una extraña generación carente de los atributos de las grandes leyendas y sin las pretensiones de las generaciones de cineastas amparados bajo el revolucionario concepto de cine de autor de los sesenta. Frankenheimer, al igual que realizadores como Arthur Penn, Robert Aldrich o Don Siegel, demostraron su valía como eficaces artesanos, capaces de dejar de lado su capacidad autoral para ofrecer sus dotes como grandes orquestadores de relatos poderosos y en ocasiones, sobrellevando los desplantes de grandes estrellas.

Con una versatilidad y una firmeza envidiable, Frankenheimer recorrió todos los géneros desde el más bajo presupuesto a la superproducción; de Llegaron los paracaidistas a Ronin pasando por Grand Prix. Luego de un dudoso debut hacia 1957 con El joven extraño, el realizador neoyorquino, no destaca sino hasta 1962 cuando tiene la oportunidad de dirigir al entonces gran veterano Burt Lancaster en La celda olvidada, la historia de un asesino que en sus años de prisión se convierte en un experto ornitólogo. No obstante, la leyenda de Frankenheimer puede situarse con un par de intrigantes relatos de la guerra fría que azotaba Hollywood y el país entero.

Si Siete días en mayo (1964) escrita nada menos que por Rod Serling, el creador de la Dimensión desconocida, se centraba en un hipotético golpe de estado militar contra el presidente estadunidense, nada más delirante que El embajador del miedo (The Manchurian Candidate, 1962), quizá la obra maestra del cine de la paranoia política que surgía como una inquietante alegoría de la terrible “caza de brujas” que el macartismo trajo hacia 1952. El filme abre justamente en ese año para contar la historia de una pequeña patrulla de soldados estadunidenses en Corea, el regreso a su patria y las pesadillas recurrentes de varios de ellos, ya que en realidad fueron traicionados por un guía y obligados a cometer atrocidades a partir de un lavado de cerebro.

El filme, es una descripción virulenta y feroz acerca de ese oscuro periodo dominado por el la paranoia del comunismo que desplegó el senador McCarthy para mantener libre de impurezas las conciencias más reaccionarias del estadunidense medio. La cinta tiene a su vez otra arista aún más inquietante como lo es la relación entre el protagonista y su madre (una estupenda Angela Lansbury); una máquina de verdadero horror que se encuentra detrás de su lavado de cerebro y cuyo clímax es el asesinato del candidato presidencial. Se trata de alguna manera de una extensión del Edipo de Psicosis de Hitchcock pero en clave de cine político.

A exitosos thrillers comerciales de los setenta como 99.44 % muerto, la secuela de Contacto en Francia y Engendro, se suma otro relato de corte paranoide: Domingo negro, basado en el primer bestseller de Thomas Harris, el futuro autor de El silencio de los inocentes, centrado en un atentado terrorista llevado a cabo durante un juego del superbowl. Los ochenta, lo mostraron como el hábil artesano que era, en cintas de fórmula que intentaban hacer una crítica irónica a los géneros en que se inscribían: El desafío, Herencia nazi, 52, enredo mortal o Armado hasta los dientes, con Don Johnson como un policía que vomita durante las persecuciones que lleva a cabo para atrapar delincuentes y acababa descubriendo una suerte de conspiración de un grupo pro nazi.

En los noventa y el nuevo milenioi Frankenheimer abrió con este extraordinario thriller erótico-político filmado en Italia y las pugnas por el poder entre demócratas cristianos y comunistas en El año rojo protagonizado por una muy guapa Sharon Stone en el papel de una sexy fotógrafa, un año antes de convertirse en símbolo sexual con Bajos instintos. La isla del Dr. Moreauy Operación Reno, son ejemplos de su capacidad artesanal y su estilo vertiginoso y violento, sin embargo, Ronin (1998), protagonizada por Robert De Niro, es la prueba exacta de su cine: ágil, inventivo, con una estructura dramática fluida y sorprendente, un muestrario de los alcances del thriller y su vehemencia paranoide que representa el indudable oficio de un cineasta extraordinario.

 

 

El año rojo, resulta una curiosidad que mezcla el tema del terrorismo (un asunto que se pondría de moda -en el contexto irlandés- con Juego de lágrimas y Juego de patriotas) y el glamour hollywoodense representado no sólo por Frankenheimer, sino por la guapa rubia Sharon Stone en el papel de una fotoperiodista. A su vez, un espléndido soundtrack a cargo de Bill Conti -sí, el mismo de Rocky y secuelas- que combina con eficacia coros gregorianos y sintetizadores.

Frankenheimer se adentra en el terrorismo pero muy alejado del suspenso gradual y los mecanismos más propios del thriller como lo hiciera en Domingo negro, retratando con desapego y una lograda intensidad, las contradicciones políticas y periodísticas relacionadas con el terrorismo italiano de finales de los setenta, a través de la historia de un reportero estadunidense y ex estudiante radical de los sesenta que trabaja sin permiso en un diario local de Roma con noticias en inglés y que pretende elaborar una novela de corte testimonial sobre las Brigadas Rojas y sus conexiones con la prensa, las universidades y el parlamento.

Sin la garra de un Bellocchio, en su retrato de una Italia enloquecida por comunistas y fascistas en Noticia de una violación en primera plana y sin la profundidad política de ese docudrama que revisa todas las posturas políticas alrededor del ex primer ministro democristiano Aldo Moro en El caso Moro (1988) de Giuseppe Ferrara, Frankenheimer deja de lado el lugar común de esa suerte de subgénero acerca del bienintencionado reportero sumido en el caos y el terror (El año que vivimos en peligro, El ocaso de un pueblo, Los gritos del silencio, Bajo fuego) para describir con frialdad las reacciones y mentiras de seres amorales, débiles o confundidos, como lo ejemplifica la magnífica escena del coito entre Raybourne y la fotógrafa nihilista que encarna Stone, despojado de sensualidad o cachondería artificial.

Terroristas que no dudan en matarse entre sí, un profesor timorato que oculta a duras penas su homosexualismo, una fotógrafa ambiciosa fascinada con la muerte (“mi trabajo es traer malas noticias y contar cadáveres”), una joven italiana amante del protagonista, que duda entre su relación amorosa, la fidelidad a su marido y su radical posición política y finalmente, un reportero petulante que sólo desea atinar con un bestseller en ese su afán inconsciente de fama, representando al héroe involuntario metido en las pantanosas aguas del terrorismo casi por coincidencia y que sale con vida para terminar como un escritor arribista, mientras que la guapa fotógrafa copartícipe de su éxito de librería continúa en su búsqueda nihilista en otro territorio de alarma como Beirut.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa 14 de febrero 2018