ESTACION CENTRAL DE BRASIL

Central do Brasil, Brasil-Francia, 1998

EstacionCentral1Dirección. Walter Salles Jr./ Guion. Marcos Bernstein, Joao Emanuel Carneiro, Walter Salles/ Fotografía en color. Walter Carvalho/ Música. Antonio Pinto, Jacques Morelenbaum/ Edición. Felipe Lacerda, Isabelle Rathery/ Dirección de Arte. Moisés Alexandre/ Diseño de Producción. Cassio Amarante y Carla Caffé/ Vestuario. Cristina Camargo/ Producción. Arthur Cohn, Martine de Clermont Tornerre, Robert Redford, Walter Salles Jr., Ministerio de Cultura, Riofilme/ Con. Fernanda Montenegro (Isadora o Dora Teixera), Marilia Pera (Irene), Vinicius de Oliveira (Josué), Soia Lira (Ana), Othón Bastos (César), Otavio Augusto (Pedrao), Stela Freitas (Yolanda), Matheus Nachtergaele (Isaías), Caio Junqueira (Moisés), Socorro Nobre (cliente de Dora)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Isadora (Dora), es una profesora retirada de sesenta años, que se gana la vida escribiendo cartas en la Estación Central de Río de Janeiro. Se trata de una mujer fría y solitaria que no siente culpa al desechar las cartas por cuyo envío sus clientes pagaron. Un día, llega con Dora, una mujer con un niño y redacta una carta al padre de este, pero sorpresivamente la madre muere atropellada por un autobús al salir de la estación, y el niño, llamado Josúe queda solo. Dora se lo lleva con una amiga, y allí planea dejarlo en una supuesta casa de acogida donde le ofrecen dinero por Josué, dinero con el cual compra un televisor. Al ver el aparato, la amiga logra hacerla confesar y le hace entender que el futuro de Josué probablemente sea el de tráfico de órganos, por lo que Dora, arrepentida, rescata al niño. Sin muchas opciones, y contra la voluntad de ambos, Dora decide acompañarlo para buscar a su padre y es durante este viaje donde se percatan ambos de lo valioso que es la presencia del otro. Ese viaje por la geografía brasileña, sirve para que los dos recuperen la humanidad perdida, uno por su repentina orfandad y ella por su difícil vida. Dora, al creer que encontrarán al padre de Josué, le insiste en el hecho de que debe olvidarla, pues así ella lo hizo con su propio padre, pero el escenario cambia cuando no localizan al padre del niño. Ante esto, Dora le ofrece a Josué que se vaya con ella para formar una familia, cosa que ella anhela profundamente. Sin embargo, se encuentran con los medios hermanos de Josué, quienes, sin saber que el niño es su hermano, le ofrecen hospedaje a él y a Dora. Ahí se enteran por medio de una carta de los planes del hombre de vivir junto a todos sus hijos, y Dora decide dejar a Josué junto a sus hermanos, yéndose al amanecer y despidiéndose con una carta donde le explica que ellos le darán la familia que merece y pidiéndole que no la olvide jamás.

 

Estación central de Brasil obtuvo las nominaciones al Oscar por Mejor Película Extranjera y Mejor Actriz y ganó el Globo de Oro a Mejor Película de habla no inglesa y el BAFTA británico por la misma categoría. En el Festival de Berlín arrasó con los premios a Mejor Película, Actriz y Premio del jurado ecuménico, al igual que en el Festival de cine de La Habana donde obtuvo los galardones a: Mejor Película, Director, Actriz, Premio Especial del Jurado y Actuación infantil. En los Premios a lo más destacado del cine brasileño logró: Mejor Película, Director, Actriz, Guión, Fotografía, Música y Actor revelación. En San Sebastián obtuvo el Premio del Jurado y del público, y múltiples premios en diversos festivales más.

 

 

 

 

 

Con Tierra extranjera (1995 –co dirigido con Daniela Thomas-), Walter Salles Jr., recuperaba los postulados de un cine carioca que apostaba por una nueva identidad nacional en un momento particularmente difícil en la que emigraban más de 800 mil brasileños en busca de oportunidades que su país les negaba. El relato de un joven que viaja de Brasil a Portugal para obtener dinero y establecerse en San Sebastián, España, la tierra natal de su madre fallecida, servía a Salles Jr., para hablar de la crisis de identidad en esta crónica solidaria de la miseria brasileña, sus mitos y sus raíces culturales.

       El carnaval, las favelas, la ignorancia, la pobreza, la prostitución, el futbol y la música popular, dejaron de ser un folclorismo pintoresco para convertirse en temas y testigos de la realidad imperante. Los problemas cotidianos de un país en vías de la militarización provocaron una renovación fílmica y una oleada de cineastas que pasaban del cineclubismo y la crítica a la realización: Glauber Rocha, Carlos Diegues, Leon Hirzman, Joao De Andrade y Ruy Guerra, inspirados en una obra sencilla y fresca realizada por el padre del cinema novo, Nelson Pereira Dos Santos, responsable de Río, 40 Grados (1955).

         Walter Salles Jr., se trastocó en el heredero natural de éstos cineastas y sus relatos sociales, como una suerte de metáforas lúdicas y sensibles, explorando algunos de los problemas sociales como el abandono infantil, la miseria, la tragedia de la tierra, la represión o la subsistencia en sociedades hostiles en las que aún suceden los milagros. A principios de los ochenta, Salles Jr. Inicia su carrera como realizador de comerciales, especiales de TV y documentales sobre cineastas y escritores latinoamericanos, hasta que recibe la oportunidad de realizar un proyecto de novela negra sobre la violencia en Brasil que tiene problemas debido a la crisis económica y es ahí cuando empieza a preparar Tierra extranjera, seguida de Estación central de Brasil, cuyo guión obtuviera el premio Cinema 100 que otorgaba el Sundance Institute y el NHK de Japón, centrado en una ex profesora que se gana la vida escribiendo cartas para una mayoría analfabeta y un niño de nueve años cuyo mayor deseo es conocer a su padre.

 

       Estación central de Brasil es una afortunada mezcla de fábula moral, película de carretera y drama neorrealista de crítica social, como una suerte de gran metáfora lúdica y sensible de sentimientos perdidos y recuperados en medio del caos humano y de una brutal ignorancia. Dora (una excepcional Fernanda Montenegro) es una ex profesora de Primaria que se gana la vida escribiendo cartas para una mayoría analfabeta que día a día recorre los pasillos de la Estación central de trenes de Río de Janeiro. Ella, es el puente de cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos que buscan desahogarse, compartir un trozo de esperanza, dictar cartas de amor, o simplemente contactar parientes lejanos como lo intenta Ana y su hijo de nueve años, Josué (Vinicius de Oliveira, toda una revelación), cuyo mayor deseo es conocer a su padre a quien nunca ha visto.

     La primera parte del filme sirve a Salles Jr. para mostrar a una urbe enloquecida, deshumanizada y cínica, donde un ladrón adolescente es abatido sin piedad, los niños son vendidos para despojarlos de sus órganos, o una redactora de cartas como Dora jamás coloca en el correo las misivas que escribe preocupada únicamente por su existencia miserable y reprimida. Sin embargo, una situación trágica -la muerte de la madre de Josué y la posibilidad de que éste sea vendido-, provoca un cambio en su vida vacía y egoísta que da pie a un viaje interior y al interior mismo de un país fantasmal cuando Dora y el niño emprenden la búsqueda del padre de éste.

         En efecto, Estación central de Brasil da un giro inesperado en su segunda mitad para avanzar por los caminos del cine de carretera o road movie de aprendizaje y conocimiento. El cineasta y sus personajes se adentran en las entrañas de un Brasil enigmático, paupérrimo y fanático, pero con mucha paz espiritual: una suerte de remanso cristiano en medio de rezos, cánticos, peregrinaciones e imágenes religiosas. Signos de esperanza en medio de la nada como el pañuelo de la muerta, un muro de peticiones, o un padre que parece no existir.

         Estación central de Brasil es una suerte de Paisaje en la niebla (Theo Angelopoulos, 1989) amable y tropical. Una mezcla de lo mejor del cinema novo brasileño y de las situaciones más disfrutables del neorrealismo italiano. Un filme efectista quizá, sensiblero, e incluso ambiguo en su descripción del fanatismo y la ignorancia, pero auténtico y honesto en el tratamiento de las emociones; y ahí está para demostrarlo el excepcional plano final de Dora, quien se reconcilia consigo misma y con su pasado cuando consigue escribir su primer carta personal.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 de marzo de 2021

 

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