EL NUDO DEL DIABLO (Devil’s Knot, EU-Canadá, 2013)

Dirección. Atom Egoyan/ Guión. Paul Harris Boardman y Scott Derrickson, inspirado en el libro de Mara Leveritt/ Fotografía en color. Paul Sarossy/ Música. Mychael Danna/ Edición. Susan Shipton/ Dirección de arte. Thomas Minton/ Diseño de Producción. Phillip Barker/ Vestuario. Karen Perkins/ Efectos especiales. Troy Cloud/ Producción. Armen Aghaeian, Paul Harris Boardman, Elizabeth Fowler, Scott Jurgensmeyer, Shara Kay, Clark Petersen, Richard Saperstein, Bab Simmons, Paula Graybill Smith, Christopher Woodrow/ Con. Reese Whiterspoon (Pam Hobbs), Colin Firth (Ron Lax), Alessandro Nivola (Terry Hobbs), James Hamrick (Damien Echols), Seth Meriwether (Jason Baldwin), Kristopher Higgins (Jessie Misskelley), Amy Ryan (Margaret Lax), Robert Baker (Detective Brain Ridge), Collette Wolfe (Glori Shetties), Rex Linn (Inspector en Jefe Gitchell)/ Duración.114 mins.

SINOPSIS

La historia real: En 1993, tres niños de 8 años fueron brutalmente asesinados en un barrio de Memphis en Arkansas. Las autoridades locales se vieron sometidas a una gran presión popular para que encontrarán lo antes posible a los culpables. Una serie de pruebas circunstanciales unidas a las habladurías de la gente dieron pie a una auténtica caza de brujas contra tres jovencitos que solían vestirse con indumentaria gótica y tenían interés por el satanismo y el rock pesado y metalero. “Los tres de West Memphis” eran los sospechosos perfectos para satisfacer a la opinión pública. Sin embargo, ni la madre de una de las víctimas ni un vehemente investigador que trabajaba para la defensa estaban convencidos de que ellos fueran los verdaderos responsables. La afición al heavy metal y a las novelas de terror de los sospechosos fue suficiente para acusarlos, incriminarlos y encerrarlos en la cárcel de por vida, y en el caso de uno de ellos, Damien Echols, el único mayor de edad, sentenciarlo a muerte; Jason Baldwin, de 16 y Jessie Misskelley fueron condenados a cadena perpetua.

Al horror y paranoia provocada por la carnicería de niños se sumaba el espanto por la injusta encarcelación de tres jóvenes inocentes víctimas de la superstición, el revanchismo, la ineficacia y en último término, la estupidez. Las pruebas de ADN realizadas entre 2005 y 2007 no encontraron ninguna evidencia que vinculara a los tres jóvenes con las muertes, pero sugirieron la posible presencia de otras personas en la escena del crimen. La película se inspira en los hechos y personajes reales.

 

 

El nudo del diablo fue nominado a la Concha de Oro, galardón principal del festival de San Sebastián, España

 

 

Relatos como: El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez y secuela, Jeepers Creepers/El demonio 1 y 2, ambas de Victor Salva, La cabaña sangrienta de Eli Roth, Camino hacia el terror de Rob Schmidt, La casa de los mil cuerpos de Rob Zombie, la australiana Wolf Creek de Greg McLean y La matanza de Texas del cineasta debutante Marcus Nispel que recuperaba y actualizaba con inteligencia la cinta de culto de Tobe Hooper, Masacre en cadena (1974), acuden a aquella teoría. Sitios que pueden esconder situaciones violentas y demoniacas; espíritus malignos y horrores primigenios con clanes dementes de carniceros caníbales. Un entramado, que apuntó en su momento Amarga pesadilla (1972) de John Boorman.

En efecto, mucho antes de que Jason, Krueger y Michael Myers, hicieran acto de presencia, la pesadilla más violenta ya tenía nombre: Leatherface o Cara de cuero, el robusto descuartizador de la sierra de motor que se trastocó en uno de los máximos horrores del inconsciente colectivo en aquel afortunado debut de Tobe Hooper, cuyo crédito como productor ejecutivo, ligado al de Michael Bay (La roca, Dos policías rebeldes, Pearl Harbor), aparece en el remake de Marcus Nispel. El cineasta conseguiría con Masacre en cadena, uno de los espectáculos sanguinolentos más repulsivos y violentos en la historia del género. Las andanzas de una familia tejana de caníbales dedicada a agredir y a masacrar a un grupo de jóvenes, no sólo propició varias copias, sino que coincidió con el surgimiento de una nueva generación de realizadores como: Wes Craven, John Carpenter, Brian De Palma, o Abel Ferrara, quienes encontraron en el cine de bajo presupuesto y en los excesos del horror y la sangre, la materia prima de las oscuras obsesiones del espectador.

 

 

La tarde del 5 de mayo de 1993, en West Memphis en Arkansas, tres niños de ocho años: Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers, fueron reportados como desaparecidos. Los pequeños, salieron en bicicleta y se internaron por un bosque llamado Robin Hood y cruzaron por un tubo de desagüe en un arroyo conocido como “El nudo del diablo”. Esa misma tarde se reportó la presencia de un hombre negro, desorientado, que sangraba profusamente y con la ropa sucia de barro y lodo, quien se ocultó momentáneamente en el baño de mujeres de un restaurante de esa localidad.

Al día siguiente, el oficial Steve Jones encontró un zapato flotando en la zona más pantanosa del arroyo. Ahí mismo, fueron localizados los cuerpos de los menores. Estaban desnudos, atados de pies y manos a la espalda con las agujetas de su calzado y uno de ellos, había sufrido mutilaciones en el pene. Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley Jr., de 18, 16 y 17 años, fueron acusados del horrendo crimen catalogado como de ritual satánico. Pocos meses después fueron condenados a la pena de muerte el primero y los otros dos a cadena perpetua.

Los sucesos de West Memphis, mostraron un caso de miopía, ignorancia y rechazo a lo otro, en el que se condenaba a jóvenes inocentes por su aspecto, gustos y aficiones, sin ninguna prueba contundente que los incriminara en realidad. La policía de Arkansas apoyó su investigación en la confesión forzada de Misskelley Jr., que padecía retraso mental, quien a su vez, inculpó a los otros dos. Pero sobre todo, por el hecho de que Echolls llevaba cabello largo, vestía de negro, tenía cortes en los brazos y era fanático del Heavy Metal.

El nudo del diablo (Devil’s Knot, EU, 2013), inspirada en el libro homónimo de Mara Leveritt, resulta una sobria recreación de los hechos a cargo del armenio-canadiense Atom Egoyan. Un realizador potente y minimalista, responsable de títulos como: Partes habladas, Exótica, Dulce porvenir, seducido por los temas de infancia y adolescencia vulnerada y los procesos de duelo, a través de historias ligadas a sentimientos de culpa, frustración sexual, nota roja y pérdidas físicas y amorosas.

La película no es tanto un thriller de suspenso gore, que recree los asesinatos, sino un acucioso drama de juzgados. El tema central no es el homicidio infantil, sino la estupidez, la ignorancia y la irresponsabilidad de la justicia. A su vez, sugiere con cierta sutileza, los horrores que subyacen en la América profunda. Las tranquilas comunidades alejadas del caos urbano que ocultan horrores primigenios trastocados en familias disfuncionales adictas a la sangre o anómalos y amorales asesinos, vistas en filmes como en las citadas: Masacre en cadena, El proyecto de la bruja de Blair, La cabaña sangrienta y decenas más. No en balde, el guión está firmado por el realizador Scott Derrickson y Paul Harris: El exorcismo de Emily Rose, Siniestro, Líbranos del mal.

Además del absurdo testimonio de un niño cuya madre estaba en líos con la policía, la obstrucción deliberada del juez a cargo del proceso que rechazó pruebas como la de un joven vendedor de helados que había solicitado una foto de Stevie y la pérdida absurda de evidencias, El nudo del diablo, apunta que los padrastros de dos de los niños, pudieron ser los homicidas. De hecho, la muestra aportada por la madre de Stevie Branch (una navaja) logró que los jóvenes acusados fueran liberados en 2011 luego de 18 años en prisión. Tres documentales de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky: Paradise Lost (1996, 2000 y 2011) expusieron información importante y el documental de Amy Berg, West of Memphis (2012) propone, en efecto, que el padrastro de Stevie fue uno de los asesinos, en un filme sobre el horror, el linchamiento moral y la paranoia que la ignorancia provoca.

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Mayo 2017

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