LAS TORTUGAS PUEDEN VOLAR/ LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN (Lakposhtha ham parvaz mikonand, Irán-Irak-Fraancia, 2004)

Dirección y Guión. Bahman Ghobadi/ Fotografía en color. Shahriar Assadi/ Música. Housein Alizadeh/ Edición. Moustafa Khergheposh y Hayedeh Safiyari/ Diseño de Producción. Bahman Ghobadi/ Producción. Bahman Mij Film Co., Babak Amini, Hamid Karim, Hamid Ghavami, Abbas Ghazali/ Con. Soran Ebrahim (Soran alias Satélite), Hiresh Feysal Arman (Henkov), Abdol Arman Karim (Rega), Avaz Latif (Agrin), Saddam Hossein Feysal (Pasheo), Ajil Zibari (Shirko)/ Duración. 98 mins.

SINOPSIS

En un campo de refugiados kurdos en la frontera turco-iraquí, Soran, un adolescente conocido como Satélite se erige como el líder de los niños huérfanos de ese lugar, entre los que destacan Shirko, chiquillo proclive siempre a las lágrimas y Pasheo que suple la falta de una pierna con una muleta, a los que envía a recoger y limpiar las minas sin detonar estadounidenses enterradas en las zonas cercanas, para venderlas en el mercado negro. El entusiasta, noble y práctico niño al que apodan Satélite, debido a su habilidad para colocar antenas, monta una parabólica para seguir por CNN las decisiones del presidente Bush y el desarrollo de la guerra, con el fin de dar seguimiento a las noticias sobre la inminente invasión estadunidense, aunque nadie de ellos habla inglés, sin embargo, Satélite que sabe algunas palabras traduce lo que transmite el Canal Fox News. Llegan al refugio kurdo, la bella adolescente huérfana Agrin, su hermano sin brazos Henkov que desarma minas con la boca y el niño ciego Rega, hijo de ella, provenientes del campamento de Halabcheh y de inmediato Satélite se siente atraído por la chica. Muy pronto, empieza a rivalizar con el solitario adolescente mutilado Henkov, dueño de un extraño poder de clarividencia, capaz de predecir el inicio de la guerra entre Irak y Estados Unidos o la caída de Hussein. Pese a los intentos de Satélite por acercarse a la joven, ella lo evita, ya que se encuentra severamente traumatizada por el brutal asalto a su casa en el que sus padres fueron asesinados y ella ultrajada. Rega es fruto de la violación masiva de mercenarios e invasores iraquíes. Todo ello, bajo un mundo sin esperanza que se colapsa.

 

 

 

Emotivo, profundo, crudo y escalofriante retrato sobre los conflictos bélicos, la infancia y sus demoledoras consecuencias, proclive a la reflexión, por más triste y terrible que éste sea, ganador de la Concha de Oro a la Mejor Película en el Festival de San Sebastián, España. Las tortugas pueden volar, obtuvo a su vez el Premio de la Paz y el Oso de Cristal al Mejor realizador debutante para Bahman Ghobadi en el Festival de Cine de Berlín. El Premio del Público en el Festival de Rotterdam, Holanda. Y el Premio del Público y del Jurado Internacional para su director en el Festival de Sao Paulo, Brasil, entre otros galardones.

 

 

“Cuando estaba filmando la película le dije a los niños que expresaran su vivencia y no hicieran una fantasía, que no hicieran un papel, que vivieran su vida delante de la cámara. Por otra parte como soy kurdo y mi infancia ha estado llena de sufrimiento y de avatares de la vida, he podido contactar con estos niños kurdos que están rodeados y atrapados en un campo de refugiados. No les pedí que hicieran fantasías, sino que repitieran su experiencia personal, uno a uno, delante de mi cámara. Sabéis todos que trabajar con los niños es muy difícil, porque no son gente profesional y no son personas con experiencia delante de las cámaras… para mi ha sido muy gratificante trabajar con ellos”. –Entrevista al director Bahman Ghobadi en el portal: http://chacchandosuenos.blogspot.mx

 

 

En una de las secuencias de El niño del cabello verde (1948), dirigida por el entonces debutante Joseph Losey, un grupo de niños mutilados y huérfanos de guerra, parecen emerger de una serie de carteles realizados como protesta ante los conflictos bélicos mundiales, para animar al pequeño Dean Stockwell a lucir el extraño color de su cabellera, símbolo de la vida y la esperanza que ayudaría a los gobiernos, a reflexionar sobre las víctimas infantiles de las guerras. 56 años después, Las tortugas pueden volar dirigida por el cineasta kurdo- iraquí Bahman Ghobadi, deja de lado la alegoría social, para concentrarse en un relato inmisericorde que se mueve entre el realismo y la poesía, sobre el horror de la guerra y el impacto devastador en la población infantil, la más vulnerable, a partir de las absurdas decisiones de enfermos de poder como los gobiernos estadunidenses y sus aliados y otros más ignorantes y fanáticos con su religión machista y esclavista que comprometen la existencia de esos niños desde el día de su nacimiento.
 

Al igual que otros realizadores iraníes, Ghobadi se ha valido de niños como protagonistas de sus películas, sin embargo, a diferencia de cineastas como: Abbas Kiarostami (El sabor de los cerezos), Majid Majidi (El color del paraíso, Los niños del cielo), o Jafar Panahi (El globo blanco, El círculo), su enfoque resulta más humano y devastador, que político y tierno, en su intento por capturar el sufrimiento cotidiano y la zozobra de un grupo de refugiados kurdos en ese territorio ambiguo que es Kurdistán, en la frontera entre Irak, Turquía e Irán. Todo ello, en los días previos a la invasión de Irak por parte del ejército de la coalición liderado por Estados Unidos, donde sólo parece habitar ancianos y niños desplazados de sus hogares, sin familia, sin dinero, e incluso, algunos de ellos, sin piernas o brazos, y que sobreviven desactivando minas explosivas que venden como chatarra en el mercado negro por unas cuantas monedas, con los riesgos que ello implica.

 

En ese ambiente de precaria sobrevivencia, el realizador crea un microcosmos realista con verdaderos niños huérfanos y lisiados, y al mismo tiempo, apuesta por una suerte de fábula moral cuya belleza se confunde con el horror más inclemente, en el que cabe incluso el humor o el suspenso, como sucede en aquella secuencia del campo minado, donde Satélite, el protagonista, intenta alejar de ahí al pequeño y simpático niño ciego Rega, cuya madre adolescente rechaza. En ese sentido, Las tortugas pueden volar, mantiene puntos en común, con cintas como Paisaje en la niebla (1988) de Theo Angelopoulos, o El príncipe de la calle (2000) de Nabil Ayouch, obras que mezclan poesía y desesperanza en un tema tan sórdido y brutal como el de las injusticias y vejaciones cometidas contra la infancia.

 

“No quise elegir a la ligera un título, este título tenía que tener un significado. Cuando estaba haciendo las escenas, el chico que había perdido los dos brazos estaba en el estanque viendo las tortugas que no andan rápido pero que nadan ligeras. Tan ligeras como si volaran. Todo el tiempo salía en mi mente: tortuga, tortuga. Además hay una escena donde la madre violada lleva a su hijo ciego en su espalda. El hijo, debido a las condiciones de la chica, se había convertido en el caparazón de la tortuga. Le quitaba agilidad, le quitaba movimiento, le ralentizaba su vida, en ese sentido decir que las tortugas vuelan quería decir precipitarse, suicidarse, liberarse de esta vida”. –Entrevista al director Bahman Ghobadi en el portal: http://chacchandosuenos.blogspot.mx

 

Las tortugas pueden volar es una película devastadora e inclemente como la decisión fatal que toma Agrin, agobiada por el rencor. Sin embargo, el impacto de una obra como ésta, no radica tanto en su crudeza, o en la elección de verdaderos niños víctimas de guerra convertidos en improvisados y extraordinarios actores, sino debido a su capacidad para moverse con soltura, en esa suerte de línea divisoria casi invisible, que separa al melodrama sensiblero y exotista, del lirismo cotidiano y la solidaridad ante la peor de las situaciones. La fantasía y la fraternidad como escape a la miseria y el abandono, así como el encuentro entre inocencia y experiencias traumáticas de vida, en un filme que evita regodearse en el dolor, que es por desgracia, el pan de cada día, en aquellas fronteras de lo indecible.

 

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 de mayo de 2015

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