EL ÚLTIMO CAMINO/ LA CARRETERA

(The Road, Estados Unidos-Gran Bretaña, 2009)

ElUltimoCamino1

Dirección. John Hillcoat/ Guión. Joe Penhall, inspirado en la novela de The Road de Cormac McCarthy/ Fotografía en color. Javier Aguirresarobe/ Música. Nick Cave, Warren Ellis/ Edición. Jon Gregory/ Diseño de producción. Chris Kennedy/ Dirección de arte. Gershon Ginsburg/ Vestuario. Margot Wilson/ Producción. Erik Hodge, Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz, Mike Upton, Nick Weschler, Dimension Films, 2929 Productions/ Con. Viggo Mortensen (el hombre), Kodi-Smit McPhee (el chico), Charlize Theron (la mujer), Robert Duvall (el viejo), Guy Pearce (el veterano), Molly Parker (la mujer maternal), Michael Kenneth Williams (ladrón), Garrett Dillahunt (miembro de la pandilla), Bob Jennings (hombre barbado), Buddy Sosthand (Archer) / Dur. 111 mins.

 

SINOPSIS

Hace más de diez años que el mundo fue destruido por algo que todos ignoran. Podría haber sido un suceso nuclear, o el choque de la Tierra con otra entidad cósmica. O puede que el sol haya tenido una implosión y afectado el planeta como daño colateral de su propia extinción. Cierto día hubo una gran llamarada luminosa, y luego, la nada. La consecuencia de ese cataclismo, fuera lo que fuera, ha significado la desaparición de la energía, de la autoridad y el orden, de la vegetación, de los alimentos. Millones de personas han fenecido, destruidas por el fuego y las inundaciones, o abrasadas en sus propios vehículos, donde se hallaban sentadas cuando aconteció el desastre, o extinguidas por inanición y desespero en una lenta muerte de la civilización tras el colapso de todo orden concebido.

       Un hombre y su hijo “el uno para el otro, todo cuanto tienen en el mundo” como el propio McCarthy les describe en su novela, se desplazan con todas sus preciadas posesiones: todo alimento y ropa que puedan conseguir, utensilios y herramientas, bolsas de plástico, lonas, mantas y cualquier otra cosa que les mantenga calientes en un exterior gélido, carente de sol y lleno de cenizas por todas partes. Llevan todo eso a sus espaldas y en un carro de supermercado abandonado, equipado con un espejo de bicicleta para poder ver quién se acerca tras ellos. Su desesperado e improvisado equipo de viaje y sus cuerpos sucios y desaliñados les otorgan el aspecto de vagabundos. Y eso es lo que son en esta frontera inerte.

       Avanzan penosamente a pie en dirección al oeste, hacia el océano, recorriendo lo que una vez fue el magnífico sistema de autopistas, se ocultan en bosques y en viejas estructuras abandonadas, en cualquier cobijo que puedan improvisar que les mantenga a salvo de los elementos y de las bandas errantes que buscan despojarles de todo. Se cruzan con toda suerte de personas desesperadas: una pandilla de carretera, un grupo de hombres violentos que de algún modo han logrado hacer funcionar su gran camión. Carroñeros y cazadores de todo cuanto se mueve, algunos caníbales bien alimentados que mantienen, en una gran casa encima de una colina, una bodega llena de carne que apenas se identificaría como humana. Y también todo tipo de ladrones. Un anciano a quien se encuentran frente a ellos con calzado hecho de trapos y cartones. Aquel hombre le cae bien al chico, que persuade a su padre para que compartan con él algo de la comida y el campamento. El anciano, quien dice llamarse Ely, se muestra igualmente sorprendido con el chico, asombrado de su existencia como padre e hijo lo están de la de él. Les dice que está en la carretera para siempre, y que cuando vió al chico, pensó que había muerto y ascendido al cielo, pues le parecía estar viendo a un ángel.

        Incluso en este mundo sombrío, existen momentos de felicidad. En ocasiones, padre e hijo se encuentran con algo de comida largo tiempo olvidada en un armario, o atesorada en un refugio antinuclear. Mientras el padre hurga en un centro comercial desolado, se topa con una lata de Coca Cola abandonada que ha quedado adherida en las entrañas de una máquina expendedora puesta patas arriba. Cuando el padre le pasa esa delicia al hijo, quien jamás ha podido permitirse algo así, siente alegría ante el asombro del mismo por el sabor dulce y picante de la bebida. Y cuando se encuentran un salto de agua relativamente limpia, ambos se zambullen desnudos sin titubear.

        Asimismo, los abundantes flashbacks sobre la vida del padre con su esposa antes del gran desastre, antes de que ella se quitara la vida para no presenciar cómo se la quitaba aquello o aquello que ella sabía estaba por llegar. El hombre se aferra a esos recuerdos que le alimentan el espíritu en su lucha por lograr algo de seguridad para su hijo. El dulce recuerdo de su vida antes del desastre, y de sus días felices en la infancia son algunos de los puntos luminosos que avivan el terreno para él y para su vástago.

 

El último camino, relato épico pos apocalíptico sobre la supervivencia de un padre y su hijo, mientras viajan a lo largo de un Estados Unidos yermo destruido por un cataclismo misterioso, imagina un futuro en el que los hombres se ven empujados a lo peor y lo mejor de que son capaces, un futuro en el que un padre y su hijo se sostienen gracias al amor que se profesan, fue nominada al BAFTA a Mejor Fotografía. Asimismo, el premio a Mejor Dirección y Fotografía en el festival Cine Euphoria y de la asociación de críticos de Denver y Utah.

 

“También creí ver que habían algunos buenos elementos de género: el suspense y la tensión que se derivan de la necesidad de sobrevivir en un mundo extremadamente hostil, elementos verdaderamente evidentes en una película. No me preocupaba en absoluto el aspecto referido a la crueldad. Creía que un mundo apocalíptico es inclemente y que el canibalismo en un mundo apocalíptico es atroz, sin embargo, el alma emocional de la obra resultaba vigorizante y poderosa hasta tal punto que es eso lo que brillaría de principio a fin en la realización de la película». –John Hillcoat, lahiguera.net-

 

 

En un futuro cercano el planeta fenece. Animales y plantas se extinguen y el frío es insoportable. Los escasos sobrevivientes se juegan la vida por combustible, refugio y comida. La antropofagia se ha vuelto una opción. En ese panorama desolador, un hombre intenta proteger a su hijo de la inopia moral y social que prevalece en ese caótico y violento mundo. Esta situación entresacada de El último camino, inspirada en la brutal novela The Road (2006) –ganadora del Pulitzer- remite alegóricamente a las propias decisiones de vida de su autor: el brillante Cormac McCarthy, quien decidió separarse voluntariamente de su familia y del universo de los negocios y la burocracia para poder dedicarse a escribir. En breve, apartado del mundo, todas las limitaciones y la pobreza se recompensaron con su libertad.

       Nacido en Providence, Rhode Island en 1933, aunque su infancia la vivió en Knoxville Tennessee, Cormac McCarthy, comparado con escritores como Faulkner, Hemingway, Melville, London, Conrad o Salinger, se trastocó en uno de los autores favoritos de Hollywood en muy poco tiempo desde que Joel y Ethan Coen adaptaran su novela No Country For Old Men (2005), bajo el título en español de: Sin lugar para los débiles (2007) con la que Javier Bardem se llevó el Oscar a Mejor Actor de Reparto, interpretando a un metódico asesino psicópata que sigue las huellas de un vaquero (Josh Brolin), quien se ha hecho de un maletín con dos millones de dólares, saldo de un fallido y sangriento enfrentamiento entre narcos, mientras busca refugio en una pequeña población mexicana.

        Con el tópico del viejo oeste, uno de los grandes mitos estadunidenses, pero retratado con ironía y nostalgia, enfrentando el asunto de la tradición y la modernidad, McCarthy ha construido prácticamente toda su obra con ese gran tema que incluso puede convertirse en metáfora pos apocalíptica como sucede en El último camino. Su primera experiencia con la pantalla, se inicia hacia 1977 cuando escribe el guión para el telefilme El hijo del jardinero dirigido por Richard Pearce, para la serie Visions, drama sobre la educación y la paternidad con Penelope Allen y Kevin Conway. Pese a contar con varias obras desde la década de los sesenta: su primera novela, El guardián del vergel es de 1965, Cormac McCarthy no es adaptado al cine sino hasta el año 2000 con Espíritu salvaje dirigida por el actor Billy Bob Thorton, con Matt Damon, Henry Thomas y Penélope Cruz, inspirada en All the Pretty Horses de 1992.

          A finales de los años cuarenta, el joven John Grady Colle (Damon) y su mejor amigo Lacey Rawlings (Thomas) deciden abandonar Texas y cruzar la frontera hacia México para trabajar en un rancho donde los caballos corren libres. John inicia una apasionada relación amorosa con la hermosa Alejandra hija del terrateniente que encarna el panameño Rubén Blades. Hollywood transformó en una historia de amor y nostalgia el viaje iniciático a caballo de dos primos en los estertores de la segunda guerra mundial, novela que iniciaba la llamada trilogía fronteriza, seguida por: The Crossing/ En la frontera (1994) y Cities of the Plain/ Ciudades de la llanura (1998).

        Esas últimas exhalaciones de las viejas tradiciones del oeste se aprecian en Sin lugar para los débiles que sintetiza con inteligencia el fracaso y la desilusión del gran protagonista: Tommy Lee Jones: un agotado alguacil, preocupado por las transformaciones del mundo, añorando un tiempo pasado e irrecuperable. El propio Tommy Lee Jones dirigiría el telefilme The Sunset Limited (2011), con él mismo y Samuel Jackson, sobre la relación que se establece entre dos hombres, cuando uno de ellos, evita que el otro se suicide arrojándose a las vías del Metro. Un relato filosófico, emocional y austero escrito por McCarthy directamente para la pantalla.

       En tanto que su novela Outer Dark/ La oscuridad exterior de 1968 fue llevada al cine en 2009 en un corto de 15 minutos dirigido por Stephen Imwalle, en el que se narraba una extraña historia de incesto ambientada a principios del siglo pasado, con ciertas conexiones con El último camino del mismo año que describe el estado bestial y salvaje de la humanidad. Por su parte, James Franco dirige y protagoniza la historia de McCarthy escrita en 1973: Child of God Hijo de Dios (2013), relato que narra la historia de un hombre agresivo y solitario que se va a vivir a una cueva en las montañas de Tennessee. Y: The Counselor/ El abogado del crimen (2013) de Ridley Scott con guión original de Cormac McCarthy, hombre reservado y profundo, cuya obra la ha escrito en una máquina mecánica portátil Olivetti, con un reparto que incluye a Michael Fassbender, Brad Pitt, Javier Bardem, Penélope Cruz y Cameron Díaz, centrada en un abogado involucrado en el tráfico de drogas…

 

            …Drama filial, historia de horror, mezcla de suspenso, ciencia ficción, neowestern y alegoría ecologista, El último camino, bebe de fuentes tan extremas como: Mad Max, El chico de Charles Chaplin, Voraz, el cine de zombies (de Seres de las sombras y Soy Leyenda a las metáforas de George A. Romero) y filmes milenaristas rusos como: El visitante del museo o Cartas de un hombre muerto. Todo ello, para contar una trama de desencanto, frustración y conciencia de la vulnerabilidad en una sociedad destinada al olvido. 

         En ese panorama desolador y gris, donde los árboles fallecen literalmente (gran trabajo fotográfico del español Javier Aguirresarobe), dos seres intentan sobrevivir conservando algo de humanidad (“la flama en el corazón”). Un hombre (Mortensen notable) que rememora fragmentos de vida con su bella esposa (Theron) y un chico (Smit-McPhee), su hijo, a quien protege de la pauperización moral y social que prevalece en ese caótico y violento mundo, en una trama de gran dimensión épica y universal que evita la obviedad y el melodrama y que mantiene un tono de horror y suspenso y al mismo tiempo una parábola filosófica de altos vuelos.

        Escenas bellísimas como la del baño en la tina, o aquella de la lata de soda, muestran además de la notable y sosegada química entre los protagonistas, la gran sensibilidad de un relato que traza una emocionante mirada filial. La de un padre que representa el último trozo de memoria de una conciencia moral en estado paranoico y la de un hijo que encarna el nuevo espíritu de una sociedad alienada como resquicio de esperanza ante lo inevitable. Junto con Districto 9 y Tierra de zombies, El último camino, ejemplificaba en aquel 2009, el estupendo momento por el que atravesaba el cine de horror fantástico estadunidense.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la ciudad de México

13 de noviembre 2022

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