ORFEO NEGRO

(Orfeu negro/ Orfeo do Carnaval, Brasil-Francia-Italia, 1959) 

OrfeoNegro2

Dirección. Marcel Camus/ Guion. Marcel Camus y Jacques Viot, inspirados en la obra Orfeu da Conceicao de Vinicius de Moraes/ Fotografía en color. Jean Bourgoin/ Música. Luiz Bonfá, Antonio Carlos Jobim/ Edición. André Feix/ Dirección de Arte. Loup Bonin/ Diseño de Producción. Pierre Guffroy/ Vestuario. Isabel Pons y Ketty Helene/ Producción. Sacha Gordine, Jacques Gibaut, Dispat Films, Gemma, Tupan Filmes/ Con. Marpessa Dawn (Eurídice), Breno Mello (Orfeo), Lourdes de Oliveira (Mira), Lea García (Serafina), Adhemar Ferreira da Silva (La Muerte), Waldemar de Sousa (Chico), Alexandro Constantino (Hermes), Jorge dos Santos (Benedito), Aurino Cassiano (Zeca)/ Duración. 107 mins.

SINOPSIS

En Rio de Janeiro, Orfeo se gana la vida como conductor de tranvías aunque su pasión es tocar la guitarra y componer canciones que cautivan a los vecinos de una favela. A su vez, Orfeo está a punto de casarse con su celosa novia Mira, y a su vez, Orfeo es deseado por varias mujeres. Durante la semana de carnaval, conoce a Eurídice, una jovencita que ha llegado a la ciudad en busca de su prima Serafina, huyendo de un acosador, y el flechazo amoroso entre Orfeo y Eurídice es inmediato, y para más, resulta que Serafina, es amiga de Orfeo y Mira y como todos viven en las favelas de Río de Janeiro, ambos no tardar en encontrarse de nuevo. Durante el carnaval, Serafina le cede su vestido y antifaz a Eurídice quien se acerca a Orfeo y Mira estalla en furia cuando descubre la identidad de ésta. No obstante, el acosador de la joven es La Muerte que sigue de cerca a Eurídice. Orfeo intenta salvarla al tiempo que se enfrenta a los celos de Mira; sin embargo, Eurídice terminará muriendo y Orfeo tendrá que descender a los inframundos de la morgue para rescatarla, incluyendo una visita a un culto religioso-pagano para recuperar a su amada y pese a ello, su final será dramático.

Orfeo negro es el traslado fascinante del mito griego de los amantes Orfeo y Eurídice al carnaval de Río de Janeiro, incluyendo su trágica historia de amor, en la que Orfeo desciende al inframundo en un intento por resucitar a su amada. Al igual que el Orfeo griego, capaz de calmar a las fieras y los peligros tocando su lira, el Orfeo de la película de Marcel Camus de 1959, logra hacer que salga el sol cuando toca su guitarra como se los muestra a sus pequeños seguidores, los niños Zeca y Benedito. Se trata de una  versión cinematográfica de la obra del brasileño Vinicius de Moraes, Orfeu da Conceicao estrenada en 1956 en la que participan en los diálogos y la música el propio Vinicius de Moraes, Roberto Paiva y Antonio Carlos Jobim. Célebres temas como: Mañana de carnaval y Samba de Orfeo, fueron compuestas por los jóvenes talentos Antonio Carlos Jobim y Luiz Bonfá para esta cinta ganadora de la Palma de Oro en Cannes, que a su vez, obtuvo el Oscar y el Globo de Oro a Mejor película de habla no inglesa, lanzando al mundo la riqueza de la música brasileña, en particular el bossa nova y el espectáculo impactante del carnaval de Brasil.

 

Como datos curiosos, Vinicius de Moraes entró en contacto con Jobim a partir de su obra Orfeu da Conceicao, iniciando una amistad y una colaboración que tiempo después, con la incorporación de João Gilberto daría lugar a un movimiento de renovación en la música brasileña. La bella actriz que interpreta a Eurídice, Marpessa Dawnn, nació en Pittsburgh, Pennsylvania y fue bautizada como Gitana Marpessa Dawn Menor. Más tarde viajó a Gran Bretaña y se convirtió en actriz de televisión y de ahí saltó a Francia donde conoció a Marcel Camus. Por su parte, Breno Mello abandonó su carrera como futbolista para dedicarse al cine luego del éxito de Orfeo negro… “Cuenta la leyenda que el papel le fue ofrecido cuando iba caminando por la calle cuando alguien lo invitó a participar en la película por su físico, Breno a pesar de creer era sólo un gancho de un homosexual para ligarlo, decidió darle un voto de confianza y tras vencer a cerca de 300 candidatos, se quedó con el papel, convirtiéndose en sex symbol…” –apunta Irving Torres Yllán-.

         Al final de su vida, Mello vivía en la pobreza absoluta y en 2005, fue rescatado por un par de documentalistas: René Letzgus y Bernard Tournois, quienes exhibieron en el Festival de Cannes su película En busca de Orfeo negro, que exploraba la repercusión social de Orfeo negro en Brasil desde su estreno hasta los años recientes, sobre todo en lo que respecta a la internacionalización del carnaval, la samba, la bossa nova y la obra de Vinicius de Moraes. En este documental, aparecen testimonios de figuras imprescindibles de la música y el cine de Brasil: Gilberto Gil, Milton Nascimento, Carlos Diegues quien filmara el espléndido remake de Orfeo negro, titulado Orfeo (2000) y el propio Breno Mello, que vivía en una humilde casa de Porto Alegre. De hecho fue llevado por los realizadores al Festival de Cannes, donde recibió un homenaje 46 años después de que la película obtuviera en ese festival la Palma de Oro. Tanto Mello como Dawn, fallecieron en 2008…

 

       …Violencia, marginalidad, drogas y delincuencia observadas a través de la mirada infantil, son algunos de los temas más explorados por el mejor y más contundente cine brasileño, desde el idílico Orfeo negro (1959) rodado en el carnaval de Río de Janeiro por el francés Marcel Camus, a la increíble y moderna versión del Orfeo/Orfeu (2000) de Carlos Diegues, pasando por la sensible Estación central (1998) de Walter Salles Jr. y sobre todo la polémica Pixote (1981) de Héctor Babenco. Ciudad de Dios (Cidade de Deus, Brasil, Brasil, 2002) de Fernando Meirelles (asistido por Katia Lund), reúne esos mismos tópicos y concibe una de las más descarnadas y fascinantes premisas sobre la desesperanza y la brutalidad cotidiana en una de las favelas míticas de la capital brasileña.

          Se trata sin duda, de los antecedentes y los notables resultados que aportó el cinema novo surgido en 1961 y cuyas principales precedentes se encuentra en el filme de Nelson Pereira Dos Santos, Río 40 grados (1955) y en parte en Orfeo negro de Camus. Fue éste, un movimiento de jóvenes cineastas brasileños provenientes del cine club y de la crítica de cine, interesados en demostrar que era posible realizar un cine alternativo, capaz de reflejar los problemas nacionales y latinoamericanos, mediante un presupuesto muy bajo y con un estilo de producción independiente tendiente a renovar el lenguaje fílmico.

          El carnaval, las favelas, la pobreza, la prostitución, el fútbol y la música popular dejaban de ser un simple folclorismo, para trastocarse en temas y testigos de una realidad imperante: la de un país en vías de la militarización. Dos Santos, Leon Hirzman, Ruy Guerra, Joaquín Pedro de Andrade, Carlos Diegues y Glauber Rocha, serían el pivote de una escuela de cine que no puede negar su parecido con la nueva ola francesa. De ellos, Diegues y Rocha se convertirían en líderes de un movimiento radical que alcanzaría la cúspide en la década de los sesenta para romper de manera drástica en los ochenta: años del llamado “milagro brasileño”.

           

          Orfeo negro, pareciera ser tan sólo una bella y a la vez trágica leyenda romántica como una suerte de espejismo europeo sobre el tercer mundo donde sus personajes viven en fiesta permanente como en el carnaval mismo, en un entorno de felicidad, música y baile. Y en particular, los temas de Bonfá y Jobim destacan los tonos de la trama y la alegría ante el carnaval o la melancolía amorosa. No obstante, a la distancia la película aparece como un retrato fiel del escapismo de la pobreza tal como lo dice una de las canciones principales: A Felicidade… “La tristeza no tiene fin. La felicidad sí. La felicidad es como una pluma que el viento mueve por el aire. Vuela ligero, pero tiene una vida corta y tiene que haber viento sin parar. La felicidad de los pobres, parece la gran ilusión del carnaval. Trabajamos todo el año, por un momento de sueño para hacer la fantasía: Rey o pirata o jardinero. Y todo termina el miércoles. La tristeza no tiene fin, la felicidad sí. La felicidad es como una gota de rocío sobre un pétalo de flor. Brilla tranquila después de ligeros cambios y cae como una lágrima de amor…”.

          No sólo eso, se trata del retrato de la marginación, la pobreza y la ignorancia (las macumbas religiosas) de un Brasil muy similar al México de aquellos años que ya había logrado su obra más importante nueve años atrás: Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), sin faltar claro, algunos momentos de enorme humor como ese encuentro erótico-gastronómico nocturno entre Serafina y Chico. Desde las primeras escenas se adivina la gran estatura fílmica de Camus y su fotógrafo Jean Bourgoin, donde se augura un entorno de peligro y tragedia como esa escena filmada desde una azotea que captura a una lejana Eurídice en calles solitarias rodeada de modernas edificaciones gigantescas y amenazadoras y por el encuadre se cruzan desde las alturas, algunas serpentinas –uno de los momentos más memorables del cine-. Como lo es también el descenso de Orfeo al inframundo; primero en ese edificio vacío repleto de basura y de papeles cuyo anciano mozo no podrá entender jamás por ser analfabeta. Después, en compañía de éste, Orfeo baja por las escaleras circulares como los propios círculos del Infierno y más tarde en el templo secreto que vigila el can Cervero como en el mito griego. Y por supuesto el trágico desenlace con el fondo de la bahía y el epílogo esperanzador de los dos pequeños amigos y la niña que bailan y tocan la guitarra de Orfeo mientras empieza a asomarse el astro rey.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

16 mayo 2021

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