JUVENTUD

(Youth/ La Giovinezza, Italia-Francia-Gran Bretaña-Suiza, 2015) 

Dirección. Paolo Sorrentino/ Guión. Paolo Sorrentino/ Fotografía en color. Luca Bigazzi/ Música. David Lang/ Edición. Cristiano Travaglioni/ Dirección de arte. Daniel Newton, Marion Schramm/ Diseño de Producción. Ludovica Ferrano/ Vestuario. Carlo Poggioli/ Efectos Visuales. Robert Viasse, Chromatica/ Maquillaje. Emanuele de Luca/ Peinados. Massimo Vadiali/ Producción. Vivien Aslanian, Carlota Calori, Elizabeth Karlsen, David Kosse, Francesca Cima, Fabio Conversi, Roman Le Grand, Nicola Giuliano, Jerome Seydoux, Manuel Sauzay, Anne Waiser, Stephen Woolley/ Con. Michael Caine (Fred Ballinger), Harvey Keitel (Mick Boyle), Paul Dano (Jimmy Tree), Rachel Weisz (Lena Ballinger), Jane Fonda (Brenda Morel), Alex Macqueen (el emisario de la reina), Roly Serrano (Maradonna), Madalina Ghenea (Miss Universo), Robert Seethaler (Lucca Moroder), Luna Zimic Mijovic (masajista), Gabriela Belisario (la joven escort), Paloma Faith (ella misma), Sumi Jo (ella misma)/ Duración. 122 mins.

SINOPSIS

El octagenario Fred Ballinger, un gran director de orquesta, pasa unas vacaciones en un hotel de lujo en los Alpes suizos con su hija Lena quien se encuentra en crisis matrimonial; su marido, es el hijo del mejor amigo de su padre: Mick, otrora gran director de cine al que le está costando terminar el guión de la que considera, será su última película. Fred hace tiempo que ha renunciado a su carrera musical, pero hay alguien que quiere que vuelva a trabajar: desde Londres llega un emisario de la reina Isabel, que debe convencerlo para dirigir un concierto en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe y a su vez, nombrarlo Lord. En ese hotel, se dan cita también: Jimmy Tree, un joven actor al que sólo reconocen por un papel como robot, una espectacular Miss Universo, el futbolista Diego Armando Maradonna, una pareja madura que jamás se habla, una joven y bella escort, una hermosa y joven masajista, un instructor de alpinismo, una antigua diva ex estrella del cine de Mick Boyle y otros personajes despreocupados o preocupados por el paso del tiempo.

 

 

Juventud obtuvo el premio a Mejor Película, Director y Actor (Caine) en lo Mejor del Cine Europeo, el David di Donatello a Mejor Música y canción original y nominada a los Oscares por ese mismo apartado.

 

“Después de La gran belleza, con su estudio de la decadencia del presente a través de la lente que ofrece la ciudad de Roma, Sorrentino ha elegido para contar su historia a un hombre octogenario que trata de resolver sus conflictos internos, ya que ve que su tiempo se está agotando…La película es, por encima de todo, una historia de amistad entre dos ancianos que juntos tratan de afrontar su futuro inmediato, su relación con sus hijos y los que son más jóvenes y su distinta perspectiva de las cosas. Junto a una narración lineal que busca la intimidad con los personajes, Sorrentino emplea una gran estructura visual imaginativa para investigar sus relaciones y tejer el drama de los lazos que les atan, continuando con el estilo formal que marcan sus obras anteriores. Por lo tanto, después de haber pintado un fresco urbano de Roma, el director eligió para su nueva película un hotel al pie de los Alpes, una ubicación sumamente evocadora donde el horizonte se define por la majestuosidad del perfil de las montañas. En este sentido, la propia naturaleza, en su constante renovación, es un importante elemento narrativo y visual…” –lahiguera.com-

 

 

A Juventud, la han tachado de arrogante, hueca y peor aún, que sus imágenes parecen sobrantes de La gran belleza (2013), como sabemos, la obra anterior del realizador italiano Paolo Sorrentino. Y sí, ambas tienen una temática similar: las cuentas pendientes con la vida o la búsqueda de la juventud y sin embargo una es consecuencia de la otra. Si La gran belleza era una celebración de la existencia y una reflexión sobre aquello que no se hizo, Juventud concluye en que pese al ineludible paso del tiempo lo último que nos mantiene jóvenes son las emociones y el coraje de seguir mirando hacia adelante. Así lo entiende el anciano y retirado director de orquesta Fred Ballinger, empeñado en mantenerse alejado del mundo, cuando su mejor amigo, Mick Boyle, un viejo y vital cineasta, toma una contundente decisión al enterarse de que su proyecto se viene abajo.

 

       Y en medio de ese par de amigos octagenarios, se localizan varios personajes periféricos que viven sus propias crisis: el joven actor hollywoodense Jimmy Tree quien cita a Novalis: “Siempre estoy yendo a la casa de mi padre…”, traumatizado porque todos lo reconocen por un fútil papel de una máquina cibernética y es quizá por ello, que en una de las escenas del filme decide cortarse el cabello y maquillarse como Hitler. Asimismo, Lena, la hija de Ballinger, que sufre su proceso de divorcio cuando su marido la deja por una cantante de pop Paloma Faith haciendo de ella misma, aclarando que es mucho mejor en la cama que Lena, lo que enloquece a ésta, aunque más adelante encuentra el amor en la figura de un introvertido maestro de alpinismo. Lo mismo sucede con el obeso futbolista argentino en clara referencia a Maradonna o a la espectacular Miss Universo, quien al parecer no es tan ignorante como Jimmy Tree piensa, al igual que ese matrimonio maduro que no se dirige jamás la palabra. Asimismo, la bella y jovencita escort que espera ser contratada en ese hotel de lujo, o ese grupo de jóvenes guionistas millenials que trabajan con Mick, quien les muestra con un telescopio la diferencia entre la vejez y la juventud, o el encuentro entre éste y su actriz: la diva Brenda Morell que encarna notablemente nada menos que Jane Fonda, quien deja la película de Mick por una serie televisiva que considera el futuro de la imagen como sucede hoy en día con las plataformas vía streaming…

 

 

“La música siempre ha sido un componente muy importante en las películas del director, y en esta juega un papel verdaderamente significativo, ya que el personaje principal es un famoso director de orquesta y compositor retirado. Aunque el afirma no echarlo de menos, el personaje siente la presencia de la música en todas partes y la busca de manera casi inconsciente. En este sentido, cabe destacar la colaboración con el compositor americano y ganador en 2008 del Pulitzer de Música, David Lang, cuya composición I lie nos introducía en las primeras escenas de La gran belleza, y que también ha compuesto la BSO de esta película. En esta ocasión, sin embargo, Sorrentino acompaña estas composiciones originales con una rica variedad de obras para completar la banda sonora, que cuenta, entre otros, con los cantautores Marcos Kozelek, y Paloma Faith, quienes se interpretan a sí mismos en la película. La soprano surcoreana Sumi Jo también aparece…” –lahiguera.com-

 

 

Si en La gran belleza, Sorrentino se inspiraba en Alberto Moravia y en el Federico Fellini de La dolce vita (1960), en Juventud voltea hacia el Fellini de 8 ½ (1963) -una secuencia, poco afortunada por cierto- y parece decantarse por La montaña mágica de Thomas Mann. Como en ésta, todo sucede en una clínica -y spa de lujo- en los Alpes Suizos, donde Fred y Mick coinciden con ese voluntarioso actor juvenil, al que sólo recuerdan por un papel de robot, y la hija de Caine quien en una lograda escena le reclama a su padre todo su egoísmo y los engaños (con hombres y mujeres) que tuvo que soportar su madre –ya fallecida en apariencia-, una ex cantante que empeñó sus joyas para ayudar a su entonces joven marido Fred para que se dedicara a componer: de ahí sus célebres Melodías simples  que la reina Isabel quiere escuchar dirigidas por el propio Ballinger en Londres, quien en otra gran escena manda a volar al emisario de la reina…

 

         …Aquí, la juventud está más allá del cuerpo espectacular de Miss Universo (la actriz y modelo rumana Madalina Diana Ghenea), de una joven masajista que prefiere tocar a hablar (la actriz y modelo yugoslava Luna Zimic Mijovic), de adolescentes que idolatran a Maradona o del recuerdo de montar en bicicleta por vez primera. Lo que transforma la opinión de Fred, obsesionado con la idea de que las emociones se encuentran sobrevaloradas, es el acto final de su amigo. Y entonces, se percata de que la única manera de alcanzar la juventud es poner la mirada en el porvenir (la invitación de su Majestad) en lugar de ver hacia el pasado: su empeño por jubilarse de la batuta. Es decir, la juventud se recupera cuando uno se mece de nuevo en el precipicio: la pasión por encima de la melancolía…

 

 

RAFAEL AVIÑA

27 de octubre 2020

Centro Histórico de la Ciudad de México

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