KIKA (España-Francia, 1993)

Dirección. Pedro Almodóvar/ Guion. Pedro Almodóvar/ Fotografía en color. Alfredo Mayo/ Música. Dámaso Pérez Prado, Enric Granados, Manuel Alejandro, Álvaro Carrillo, Bernard Herrmann, Xavier Cugat, entre otros/ Edición. José Salcedo/ Dirección de arte. Alain Bainée, Javier Fernández/ Diseño de Producción. Pedro Almodóvar/ Vestuario. de sonido. Philip Nicolai Flindt/ Efectos visuales. Jean Baptiste Bonetto/ Producción. Agustín Almodóvar, El Deseo, CiBy 2000/ Con. Verónica Forqué (Kika) Victoria Abril (Andrea Caracortada) Alex Casanovas (Ramón) Peter Coyote (Nicholas), Rossy de Palma (Juana) Santiago Lajusticia (Pablo), Anabel Alonso (Amparo), Bibiana Fernández (Susana) Jesús Bonilla (policía), Karra Elejalde (policía)/ Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Kika es una maquilladora de carácter ingenuo optimista y vital que un día recibe un encargo muy especial: ha de maquillar a un muerto, un atractivo fotógrafo llamado Ramón. Sin embargo, éste en realidad no está muerto y sólo sufre un ataque, por lo cual el trabajo de la maquilladora motiva que reaccione y se enamore de ella. Se quieren pero no se entienden. Ramón está obsesionado con el fallecimiento de su madre. El padrastro de Ramón, es Nicholas, un hombre turbio y seductor estadunidense y a ojos del fotógrafo es el responsable de la muerte de su mamá. Kika tiene una amiga con muy pocos prejuicios, Amparo; una acérrima enemiga, Andrea Caracortada, directora y presentadora de un “reality show”; un amante americano que es el padrastro de Ramón; una criada bigotuda, Juana, enamorada de ella en secreto, y hermana de un actor porno que, tras fugarse de la cárcel, se esconde en la casa donde trabaja ésta. El hermano de Juana no tardará en violar a Kika y, en consecuencia, convertirla en protagonista del serial televisivo de la cruel y resentida, Andrea.

 

Kika fue nominada a 8 Goyas, la máxima presea del cine español y obtuvo el de Mejor Actriz para Verónica Forqué

 

 

 

“Estábamos en 1981 y Madrid era nuestro”: la frase es del realizador en crisis Salvador Mallo, interpretado por Antonio Banderas y saturado de dolores físicos y emocionales en la más reciente película de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria (2019) y sin embargo bien pudiera ser la voz del verdadero Almodóvar, en ese instante libertario de una España sacudida por la muerte de Franco y la censura. Justo al inicio de esa década en la que el cineasta debutaba con Pepi, Lucy y Bom y otras chicas del montón (1980) y se sumaba a la llamada movida madrileña.

Cada nuevo filme de Pedro Almodóvar es un enigma. Una pieza más a un rompecabezas infinito donde el realizador manchego no sólo repite sus temas y obsesiones, sino que paradójicamente aporta nuevas preocupaciones y depura más su impecable estilo visual. Así, después de una obra suma de inquietante belleza como La piel que habito (2011) y de ese ácido cóctel hedonista que fue Los amantes pasajeros (2013), seguiría Julieta (2016) relato de una sencillez desconcertante, previa a Dolor y gloria.

 

Luego de 21 largometrajes en casi 40 años de carrera, Almodóvar ha dejado atrás el humor enloquecido de sus primeras obras, a la que pertenece justamente Kika, su décima película, para dar paso a dramas cotidianos que rozan con ironía, la tragedia. Sus películas son cada vez menos fársicas y se han vuelto más profundas, elaboradas y dolorosas sin perder el delirio que lo caracteriza. En los años noventa, época de Kika, Almodóvar, se había convertido en institución fílmica de exportación, destacando en su país, no tanto por sus delirantes e inclementes sátiras, sino por su especial sensibilidad para acercarse a la realidad española. Se trataba entonces de un cineasta, que había conseguido identificar a sus personajes-freaks con los seres comunes en situaciones cotidianas, explotando la parte más perversa y/o escandalosa de esos actos del día a día rutinario.

 

 

“Almodóvar reconoció ayer la dificultad de calificar su filme. Mientras el director manchego empleaba palabras como comedia corrosiva, comedia thriller, comedia negra, Rossy de Palma, la única actriz que parece recién salida de la pantalla, fue mucho más directa: “Kika habla de todo lo que vemos en la vida”. Y todo lo que vemos en la vida, según el filme de Almodóvar, es corrosión, perversión, dolor y ternura, mucha ternura. Kika, que ha contado con un presupuesto de 700 millones de pesetas y con el más largo rodaje de todas las películas de Almodóvar, es una mezcla de distintos personajes, pertenecientes cada uno a distintos géneros” –Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Las relaciones familiares de amor-odio; los triángulos homosexuales que acaban en asesinato; el incesto o la violación, como actos tragicómicos; las relaciones de traición y solidaridad entre mujeres; o el machismo, como una cotidiana realidad española. Kika no podía ser la excepción; se trata de una farsa enloquecida, que hace eco en los llamados reality shows, según la historia de otro par de mujeres antagónicas al estilo de Tacones lejanos (1991) y una fauna maniática que los acompaña.

 

“Es una película insólita…con mujeres emocionales extremas. Es como Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987), pero más pesimista” (Almodóvar dixit). En efecto, en uno de los extremo se encuentra Andrea Caracortada, conductora de un programa siniestro titulado Lo peor del día, donde presenta, cámara en mano, todo tipo de crímenes y violaciones, en busca del amarillismo más atroz para esparcimiento de un público abúlico y consumista. Y por el otro, la propia Kika, mujer sensual pero ingenua, deseada y engañada por todos, cuya fuerza radica no tanto en su pródiga sexualidad, sino en su optimismo.

Luego de la conmoción causada por Mujeres al borde de un ataque de nervios, del hedonismo artificialmente violento de ¡Atame! y del thriller hitchcockiano Tacones lejanos, Almodóvar sorprende con éste propositivo acercamiento a la España moderna; el de la cultura popular, la televisión enajenante y sobre todo el sexo. De manera sorprendente, el cineasta resume lo mejor de su filmografía, recuperando los delirios tremendistas de Laberinto de pasiones (1982) y la terrible emotividad de su excepcional La ley del deseo (1984).

 

“Es en el personaje interpretado por Victoria Abril, vestida por el innovador Jean Paul Gaultier, sobre el que Almodóvar construye su más ácida y feroz crítica contra lo que califica de “mercados del dolor y de la sangre”. “No he querido hacer crítica contra la prensa ni contra unos profesionales concretos, sino contra los llamados programas de reality show, en los que la capacidad de corrupción es tan grande que obliga a las gentes a vender hasta su dolor. Si te quitan el dolor, ya no te queda nada”, dijo Almodóvar, que quiso resaltar la benignidad de su película, frente al tremendismo de los programas reales” -Diario El País, 16 de agosto de 1993-

 

 

Prueba de ello, son las múltiples relaciones de personajes insólitos alrededor de la parlanchina Kika, una maquillista infantiloide e ingenua y Andrea, la perversa depredadora de las penas ajenas. Entre ellos: Ramón, novio de Kika y fotógrafo-voyeur de prendas íntimas, cuya pasiva madre ha muerto brutalmente en extrañas circunstancias al lado de su padrastro Nicholas, el escritor estadunidense. Completan el cuadro, Juana, la criada lesbiana y bigotuda enamorada de Kika, su patrona y Paul Bazzo (Lajusticia), el violador de ésta, un enfermizo actor porno hermano de Juana.

Kika es un delicioso cóctel, sobre lo alucinante de la moda actual (vestuario ciberpunk de Jean-Paul Gaultier, la televisión “tabloide”); acerca también de la ilusión de la imagen (el fotógrafo de lencería, las lecciones de maquillaje de Kika, el actor de filmes porno, la cámara de video que Andrea lleva como casco); y a su vez, una farsa sobre la íntima relación entre sangre y semen, mostrado en el trabajo mismo de Andrea, la violación, los asesinatos y las novelas negras de Nicholas. Kika era sin duda, de un genial regreso de Almodóvar; una inquietante comedia negra de aventuras, que el mismo había definido entonces como: “una especie de Indiana Jones casero”, que incluye un bello homenaje a la mexicana Chavela Vargas.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 de agosto de 2019.

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