LLUVIA DE PIEDRAS/ LLOVIENDO PIEDRAS (Raining Stones, Gran Bretaña, 1993)

Dirección. Ken Loach/ Guion. Jim Allen/ Fotografía en color. Barry Ackroyd/ Música. Stewart Copeland/ Edición. Jonathan Morris/ Diseño de producción. Martin Johnson/ Vestuario. Anne Sinclair/ Dirección de Arte: Fergus Clegg/ Producción. Sally Hibbin, Parallax Pictures/ Con. Bruce Jones (Bob), Julie Brown (Anne, su mujer), Gemma Phoenix (Coleen, hija de Bob y Anne), Ricky Tomlinson (Tommy, el amigo de Bob), Tom Hickey (Padre Barry), Mike Fallon (Jimmy), Jonathan James (Tansey), Ronnie Ravey (Carnicero), Lee Brenan (el irlandés), Geraldine Ward (Tracey)/ Duración. 85 mins.

SINOPSIS

La trama se ambienta a fines de los años ochenta en una de las épocas más duras del desempleo en Gran Bretaña en un barrio pobre de Manchester. Narra la historia de Bob, un hombre dedicado a su familia y ferviente católico, quien, al igual que su vecino Tommy se dedica a todo tipo de labores informales para llevar un poco de dinero a su casa. Todo ello coincide con la preparación de la Primera Comunión de su pequeña hija Coleen. Como buen católico, a Bob le importa poco su situación económica en exceso precaria y se empeña en comprarle un lindo vestido a su hija para cumplir con la ceremonia religiosa, pese a la negativa de Anne su mujer y del propio sacerdote, el Padre Barry, quien le sugiere que alquile un vestido o que Coleen luzca un modelo usado o regalado. La dignidad y el orgullo de Bob pesa más: destapa caños, vende carne de cordero en los pubs y para colmo, le roban su camioneta con la que trabaja, incluso, se emplea como guardia de seguridad en una discoteca donde observa como la hija de su amigo Tommy vende droga a la joven clientela y trata de impedirlo, por lo que es despedido del trabajo. Bob adquiere una deuda de 150 libras para pagar el vestido y comprarse otra camioneta para poder trabajar. Anne, por su parte, intenta emplearse como costurera pero es despedida y hornea pastelitos junto con su pequeña hija para ayudarse. En paralelo, la deuda de Bob, junto con la de varios otros, es comprada por un violento usurero mafioso, Tansey, que amenaza con brutalidad a Anne para cobrar el compromiso monetario de Bob que ha crecido al doble. El orgullo de Bob, resulta un defecto trágico que le lleva a arriesgar todo lo que ama como su familia, incluso sus propios valores y la salvación de su alma desde el punto de vista católico que tiene, más aún cuando decide enfrentar al mafioso que ha amenazado a su familia. Bob estalla contra el usurero, quien trata de huir y sobreviene un accidente que le cuesta la vida, con lo que Bob ha saldado su deuda, no obstante, se siente culpable sin embargo el Padre Barry le anima y le ayuda a salir del trance. Al final celebran con alegría la Primera Comunión de su hija.

 

 

Lloviendo piedras obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. A su vez, fue nominada a la Mejor Película Extranjera en los Premios César del Cine Europeo y asimismo, nominada a Mejor Película en los BAFTA a lo más destacado del cine británico.

 

 

“Yo no soy un quijote ni un político. Mi trabajo no es denunciar sino contar historias. Pero tengo una idea muy clara de las historias que merecen ser contadas. Siento cierta rabia por el estado de las cosas y empatía por la gente, y quiero contar historias que conecten con ellos”. –Portal web El Periódico entrevista a Ken Loach por Nando Salva-

 

 

El cine de los noventa abrió la veta de la clase obrera como protagonista en el cine británico. Un planteamiento argumental que apostó por diversos registros y géneros: la comedia, la tragedia, el melodrama agridulce, el cine musical, el cine social. Así, por ejemplo, Alan Parker el mismo realizador de Pink Floyd The Wall y Melody, narra la historia de un atípico grupo musical de soul en Irlanda a través de la cinta Reyes del ritmo/The Commitments (1991). El propio Ken Loach filmó en esa década Riff-Raff (1991), centrada en la relación entre un joven obrero y una aspirante a cantante, Lluvia de piedras (1993) y Ladybird, Ladybird (1994), acerca de una mujer con varios hijos de diversos matrimonios que se involucra con un joven hispanoamericano, enfrentada a la burocracia de la asistencia social que intenta recuperar la custodia de sus vástagos.

Asimismo, aparecieron en esos mismos años noventa una serie de comedias británicas que bajo un barniz de farsa social dejaban entrever la tragedia del desempleo y la marginación y su repercusión en el núcleo familiar como sucede en: Todo o nada/El Full Monty (1997) de Peter Cattaneo, La camioneta de Stephen Frears (1996) sobre un panadero desempleado con tres hijos que decide comprarse una camioneta con el dinero de su despido, para vender comida de manera ambulante, o Liam (1999) del mismo Frears sobre una familia en duros años de la depresión económica inglesa durante la década de los treinta.

En ese sentido, el cine británico de esa década y la siguiente, propone varias fábulas sociales; algunas sórdidas como El niño carnicero (1997) de Neil Jordan; sobre un adolescente enfrentado a un padre alcohólico y una madre depresiva. Otras irónicas y desenfadadas como Todo o nada de Peter Cattaneo y algunas agridulces y conmovedoras como: Pequeña voz (1998) de Mark Herman que narra la historia de una joven sumida en el silencio por la muerte de su padre que muestra una impresionante voz para imitar a cantantes notables y sobre todo Lluvia de piedras de Ken Loach.

 

 

Loach ingresa al cine bajo el cobijo estético y moral de ese revolucionario movimiento fílmico denominado Free Cinema que marcó definitivamente su obra, al debutar con la brillante Pobre vaca en 1967. De ahí, que se mantenga fiel a sus principios éticos y formales, insistiendo en historias de crítica social y filmando en locaciones auténticas en un registro muy cercano al documental, para hacer partícipe al espectador de la realidad de la historia: ya sean los relatos de la clase trabajadora (Riff-Raff, Lluvia de piedras, Ladybird, Ladybird), o sus indagaciones sobre los frentes de batalla que se libran en Nicaragua, España, Los Ángeles, o Irlanda.

Si en Tierra y libertad (1995), rescataba del olvido algunos aspectos de la guerra civil española, en La canción de Carla (1996), retrataba una historia de amor en plena revolución sandinista y en Pan y rosas (2000), elegía la sobrevivencia de inmigrantes mexicanos explotados en Estados Unidos. En Vientos de libertad (2006), por ejemplo, Loach se concentra en la lucha entre británicos e irlandeses hacia 1920 y el posterior enfrentamiento civil en Irlanda, bajo una metáfora algo obvia: la historia de dos hermanos que colaboran en el ejército republicano irlandés y más tarde se separan, cuando uno de ellos elige aceptar el tratado de paz con los ingleses y el otro prefiere continuar en la lucha armada.

 

 

“En el periodo de posguerra, en la mayoría de los países de Europa existía un sentido de deber social y de solidaridad. Mi país en concreto había sido bombardeado, y la gente entendía que la unidad era vital para combatir el fascismo. Pero en 1980 llegó Margaret Thatcher y empezó a decir que la sociedad no existe y solo somos un grupo de individuos; que hay que cuidar de uno mismo e ignorar al vecino; y que la competición es más importante que la cooperación. Y así ha sido desde entonces. La idea del bien común ha sido aniquilada. Es decir, mucha gente tiene un sentido del deber social pero eso no se refleja en los políticos. Ellos han cerrado la puerta” -–Portal web El Periódico entrevista a Ken Loach por Nando Salva-

 

 

Al igual que el propio Loach, Bob el protagonista de Lluvia de piedras se volvió hacia la izquierda en busca de respuestas sin dejar de lado su ferviente catolicismo, de ahí que el personaje del Padre Barry represente ese sentido de justicia social en contra del abuso que comete el usurero que aparece aquí como el personaje más desagradable y repulsivo de la trama, o el suegro comunista que rechaza los conceptos religiosos. Y es que la cinta no pretende ser una trama compleja de crítica social, sino retratar a un ser optimista y orgulloso que no deja de luchar y de apostar el todo por el todo en favor de la Primera Comunión de su hija que para él representa uno de los momentos clave en la vida futura de la niña.

Lluvia de piedras evita al máximo las situaciones melodramáticas por ello su postura gira hacia un humor agridulce representado en todas las situaciones en las que Bob se ve inmerso para conseguir dinero: la oveja que no pueden atrapar, las dificultades para sacrificar al animal, los encuentros con los vecinos del barrio adinerado donde pretende destapar las coladeras, e incluso el caño de la propia parroquia, o el chiste sobre el niño paralítico. En cambio, las escenas que tienden al drama procura mostrarlas a la distancia como esa conmovedora escena de Tommy, el amigo de Bob que estalla en llanto cuando nadie lo ve, avergonzado por aceptar el dinero de su hija, un dinero que él piensa que es fruto de un trabajo honesto y que más tarde se revela como dinero de la venta de drogas.

 

Lluvia de piedras es un relato entretenido con buen sentido del humor y a su vez, una película sensible y emotiva que Loach filmó en orden cronológico para evitar que los actores no supieran en que acabaría la historia en busca de un realismo cotidiano y una suerte de improvisación constante. De manera muy simple, el realizador plantea un fragmento cotidiano de la sociedad inglesa de ese momento. La apuesta de Bob no es sólo por una camioneta o un vestido de Primera Comunión, sino por una lucha personal a favor de la dignidad y la justicia.

 

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de julio de 2016

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