EL CIUDADANO ILUSTRE (Argentina-España, 2016)

Dirección. Gastón Duprat, Mariano Cohn/ Guion. Andrés Duprat/ Fotografía en color. Mariano Cohn, Gastón Duprat/ Música. Toni M. Mir/ Edición. Jerónimo Carranza/ Dirección de Arte. Diana Marzal, María Eugenia Sueiro/ Diseño de Producción. Germán Garrido/ Vestuario. Laura Donari/ Producción. Arco Libre, Televisión Abierta, Magma Cine, A Contracorriente Films, INCAA, Televisión Española, Programa Ibermedia, ICAA, Adolfo Blanco, Mariano Cohn, Gastón Duprat, Giuseppe Flores D’Arcais, Juan Pablo Gugliotta, Fernando Sokolowicz, Natalia Videla Peña/ Con. Oscar Martínez (Daniel Mantovani), Dady Brieva (Antonio), Andrea Frigeiro (Irene), Nora Navas (Nuria), Manuel Vicente (Cacho, el intendente), Belén Chavanne (Julia), Marcelo D’Andrea (Florencio Romero), Gustavo Garzón (Gerardo Palacios), Julián Larquier (conserje), Emma Rivera (Emilse)/ Duración. 116 mins.

SINOPSIS

Daniel Mantovani, escritor argentino galardonado con el Premio Nobel de Literatura, abandonó hace cuarenta su país y partió hacia Europa, donde triunfó escribiendo sobre su localidad natal y sus personajes. Sus novelas se caracterizan por retratar con maestría y despiadada crudeza la vida en Salas, el pequeño pueblo de Argentina en el que nació y al que no ha regresado desde que era un joven con aspiraciones literarias. En el punto más alto de su carrera y entre la profusa correspondencia que recibe diariamente y múltiples invitaciones internacionales, le llega una carta de la municipalidad de Salas en la que lo conminan a recibir el máximo reconocimiento del pueblo: la distinción de “Ciudadano ilustre”. De forma sorprendente, Mantovani, contra todo pronóstico, decide cancelar su apretada agenda y aceptar la invitación para reencontrarse con su terruño, sus fantasmas y algunos viejos conocidos, incluyendo a su antigua novia. Lo que vivirá ahí, no lo olvidará jamás, entre las muestras de idolatría y rechazo.

 

 

 

Extraordinaria comedia negra sobre los inconvenientes de la cultura y la fama ganadora de múltiples premios importantes: Mejor Actor en el Festival de Venecia, Goya a la Mejor Película hispanoamericana. Mejor Guion y Película Festival de Valladolid y Festival de la Habana, Ariel Mejor Película iberoamericana. Premios Sur a lo Mejor del cine argentino: Actor, Actor de reparto (Brieva), Guion. Premios Fénix: Mejor Actor, Premios Platino: Actor, Guion, Película. Festival de Haifa Mejor Película Internacional.

 

“En la fama y la idolatría hay algo muy oscuro y perverso que nos fascina. Poner en un pedestal a otro ser humano a menudo tiene algo de cobarde, de gregario: inmediatamente te sitúas en una posición de inferioridad frente a tu ídolo y eso te sirve para eximirte de responsabilidades; asumes que tu ídolo encarna una serie de valores, como la solidaridad o el trabajo duro, y por tanto decides que no hace falta que tú los defiendas. Y luego está la ligereza con la que pasamos de amar a alguien a tenerle odio, a menudo por el mismo motivo. Eso pasa sobre todo en el deporte. Pensemos en Maradona o Messi… Al mismo tiempo intenta reflejar la idiosincrasia de nuestros paisanos, de revelar algunos mecanismos de pensamiento que son muy argentinos. Somos muy chovinistas pero a la vez lo criticamos absolutamente todo y nos vanagloriamos de decir lo que pensamos…” – Gastón Duprat y Mariano Cohn, entrevistados por Nando Salva –elperiodico.com-

 

La literatura suele ser una disciplina solitaria y silenciosa; en cambio, el cine, es un trabajo de equipo, cuyo bullicio puede ser incontenible. Ahí, el guionista es tan sólo un peón más en un arte colectivo, en el que confluyen cientos de ideas, e imposiciones comerciales y sobre todo: el público. El cine no sólo ha apostado por la recreación de obras literarias trascendentales, célebres o desechables. Ejemplos: La Odisea, Fahrenheit 451, o 50 sombras de Grey, sino que se ha sumergido en la mente de los escritores, sus fatigas, sus momentos de inspiración, sus recuerdos, sus frustraciones, sus temores y su lucha por plasmar en el papel sus obsesiones.

En ese sentido, la cinematografía y la literatura representan un juego de espejos. Se retan. Miden sus fuerzas. Se complementan. Se provocan y se adulan de manera mutua. Su tácita complicidad se asemeja a un amasiato amargo y dulce. En ocasiones divertido, y en otras, doloroso, que es de alguna manera lo que termina viviendo en carne propia el protagonista de El ciudadano ilustre, un filme en apariencia sencillo y previsible que va ascendiendo de una manera brutal y vertiginosa creando un complejo entramado de situaciones inesperadas. Al mismo tiempo, jugando e incomodando cada vez más al espectador, incidiendo en un humor negro y feroz para mostrarnos el lado pasivo y explosivo de los fanáticos y no fanáticos ante la presencia de una figura idolatrada a la que todos desean convertir en su fetiche personal.

Ahí está por ejemplo, el hombre que necesita una silla especial para su hijo discapacitado, el joven recepcionista que en sus ratos libres escribe relatos, el boleador callejero que pide unas monedas para seguir mostrando un “arte” en vías de desaparición, la jovencita sexy que desea su propio trozo de carne del ídolo, el burócrata que propone cambiar el rumbo de su pueblo homenajeando a la celebridad, el supuesto pintor torpe y mediocre que siente un profundo odio ante la fama ajena, el ciudadano “x” que supone que su padre fallecido es uno de los personajes de Mantovani, y sobre todo, la ex novia de ese pueblo perdido que ha seguido religiosamente sus pasos así como el frustrado y sicópata amigo de la infancia que odia y ama al personaje por partes iguales, amén de otros personajes curiosos y periféricos como el chófer que va por Mantovani y termina utilizando un libro de éste para sus necesidades fisiológicas, o el novio idiota y violentísimo de la joven sexy cuyo nivel intelectual es de una bestia.

 

 

“Cohn y Duprat demuestran una vez más que están poderosamente dotados para lo que ellos mismos llaman la “comedia incómoda”, un híbrido tan original como difícil de mantener en equilibrio, dirigido a provocar tanto sonrisas como una sensación de helada inquietud, cuando no abiertamente desasosiego. He ahí tal vez la principal clave de su éxito: donde unos destacan la inteligencia de sus diálogos, su afán por hurgar sin miramientos en lo imprevisible de la condición humana o su calmosa puesta en escena, muy cercana al documental…” –programaibermedia.com-

 

 

Y en el centro de todo ello, un espléndido Óscar Martínez (Buenos Aires, 1949), ganador con justa razón del Premio a la Mejor Actuación en Venecia y en otros festivales más. Actor de afamadas cintas como: Asesinato en el senado de la nación, No te mueras sin decirme a dónde vas, El nido vacío, Relatos salvajes y Vivir dos veces, entre otras, logra equilibrar la sobriedad, la petulancia, la falsa modestia, el hastío o la alegría, componiendo a un autor exitoso no muy alejado de figuras literarias trascendentales como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Mario Vargas Llosa, en escenas tan inquietantes y conmovedoras como incómodas. Ejemplo de ello, su discurso al recibir el Premio Nobel, la secuencia en el antro-bar con el marido de Irene, aquel momento en que se reencuentra con Irene, su novia de juventud y sobre todo cuando se asoma por una ventana para observar la casa de sus padres. Y finalmente, el encuentro con la bella joven groupie o el concurso de pintura y la ceremonia de premiación de ésta.

La dupla de realizadores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn, con la colaboración de Andrés Duprat, guionista y hermano del primero responsables de una breve pero ejemplar muestra de cine de autor (El artista, El hombre de al lado, Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo y El ciudadano ilustre), no se tocan el corazón para mostrar una serie de situaciones de un patetismo mayúsculo que refuerzan esa idea de la ignorancia y el fanatismo y lo hacen con un humor agrio y cruel muy cercano a un realismo cotidiano casi documental. De ahí una de los mejores momentos: el video que homenajea la carrera del escritor y la entrevista que le hace precisamente el responsable del mismo para la televisión local con sus ridículos anuncios publicitarios de una bebida de frutas. En ese sentido, resulta espinoso dilucidar si El ciudadano ilustre hace una disección de la presunción de los intelectuales o de la envidia de los incultos. Es decir, la película se sumerge de manera inteligente en las miserias humanas y morales: en cualquier lugar de mundo se encuentran ignorantes que estiman más el éxito y los reflectores que el mérito, así como mediocres que envidian los logros ajenos…

 

…”La política, la cultura, los subsidios, el arte, el chauvinismo, cierto nacionalismo, cierto resentimiento, críticas al que tiene éxito por el sólo hecho de tener éxito, el rencor, las cuentas pendientes; mostrar que esos pueblitos del interior del país, con toda su sencillez y amabilidad y toda su calidad de vida, pueden esconder también otras cosas. Era una estructura hecha también para meter todo lo que forma la idiosincrasia argentina: el macho o patrón del pueblo, que más allá de quién sea la autoridad política, siempre hay uno que está por encima; o ese pensamiento muy hacia dentro, tradicionalista y desconfiado a la vez, que piensa que el que llega de fuera nos viene a colonizar… Creo que todo eso se ve en El ciudadano ilustre…”

…”…Nunca nos llega el Nobel por más que hayamos tenido a Borges, Cortázar, en fin. Entonces construimos a este personaje Mantovani y nos parecía que un punto cúlmine de esa ficción era que su obra literaria estuviese disponible en las librerías, que la ficción traspasase la realidad. Así fue como buscamos a un ghostwriter que se encargara de simular la pluma de Mantovani, y ahora vos podés comprar la novela El ciudadano ilustre impresa en papel. Estuvimos merodeando por librerías y vimos la reacción de la gente al ver la faja que dice: “Daniel Mantovani, Premio Nobel de Literatura argentino”, porque la editorial, Mondadori, se prestó al juego y la novela está editada en la colección de los Premios Nobel. ¡Había gente que googleaba para ver si era verdad! Además, en la película se ven varios libros de Mantovani; toda su obra literaria, digamos. Bien, este ghostwriter, que ha empezado por el último, ya está trabajando en los anteriores. –Entrevista a Duprat y Cohn, programaibermedia.com-

 

 

RAFAEL AVIÑA

25 de agosto 2020

Centro Histórico de la Ciudad de México

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