LA BICICLETA VERDE (Wadjda, Arabia Saudita-Alemania, 2012)

La bicicleta verde

La bicicleta verde

Dirección y Guión. Haifaa Al-Mansour / Fotografía en color. Lutz Reitemeyer/ Música. Max Richter/ Edición. Andreas Wodraschke/ Diseño de producción. Thomas Molt/ Vestuario. Peter Pohl/ Dirección de Arte: Tarik Saaed/ Con. Waad Mohammed (Wadjda), Reem Abdullah (la madre de Wadjda), Abdullrahman Algohani (Abdullah, el amigo de Wadjda), Ahd (Srita. Hussa), Sultan Al Assa (el padre de Wadjda), Nouf Saad (la maestra de Corán), Mohammed Zahir (Iqbal, el chofer), Alanoud Sajini (Fatin, el intendente de la juguetería)/ Duración. 94 mins.

SINOPSIS

Wadjda es una niña de diez años, alegre, emprendedora y rebelde, habitante de los suburbios de Riad, la capital de Arabia Saudita. Ella vive en un mundo machista y conservador con severas leyes religiosas del Islam, donde las mujeres no pueden conducir un automóvil y a su vez, tienen que cubrirse el rostro, evitar que los hombres las vean y las oigan hablar en voz alta. Por su parte, las adolescentes no pueden pintarse las uñas y verse a escondidas con jóvenes de su edad y peor aún, las niñas suelen contraer matrimonio muy pequeñas y se les tiene prohibido utilizar una bicicleta, ya que además de ser un vehículo o juguete destinado para hombres y niños, corren el riesgo de perder la virginidad. Pese a ello, Wadjda es divertida, le encanta la música oprohibida que llega de los Estados Unidos y a su corta edad, es capaz de enfrentar los límites de todo aquello que está vedado para el sexo femenino en su país. Wadjda suele competir y jugar con su vecino, un pequeño llamado Abdulalh, quien le presta a escondidas su bicicleta, para que la maneje en la azotea donde no pueda ser vista. Un día, la pequeña descubre una hermosa bicicleta verde que cuesta 800 riyales –cerca de tres mil pesos mexicanos-, y decide ahorrar para comprarla, aunque ello provoque la furia de su madre y de su profesora, la señorita Hussa: mujeres atractivas e inteligentes que pese al rechazo que manifiestan por las costumbres misóginas de su país, se ven obligadas a acatar las reglas establecidas. Wadjda elabora pulseras y cobra pequeñas cantidades de dinero por llevar recados, pero lo que reúne no es suficiente para comprar la bicicleta. Por ello, decide participar en un difícil concurso sobre las leyes del Corán, organizado  por su colegio y cuyo premio son mil riyales, poco más de lo que cuesta la bicicleta con la que pretende retar en una carrera a su vecino Abdullah, con quien, en teoría, no debería jugar. En paralelo, su padre a quien ve muy poco, está por conseguir una nueva esposa: una costumbre común en Arabia Saudita. Su bella mujer hace todo lo posible por retenerlo, pero sabe en el fondo, que sólo cuenta con su pequeña y valiente hija Wadjda.

Se trata de la primera película dirigida por una cineasta árabe, que se filma además enteramente en territorio de Arabia Saudita. La bicicleta verde se llevó el premio a la Mejor Opera Prima en el Festival de Los Ángeles y el de Mejor Actriz y Película en el Festival de Dubai. Fue nominada a Mejor Película de habla no inglesa en los BAFTA y en los Spirit Award. A su vez, obtuvo la presea Dioraphte en el Festival de Rotterdam y en el de Venecia conquistó los premios: CICAE, Interfilm y CinemAwenire 

Quería darle al debate intelectual un rostro humano. Una historia que la gente pudiera comprender y sentirse identificada. La película presenta una historia sobre las emociones de un pequeño grupo de personajes. Una niña y su madre y sus vidas dentro de la sociedad. No creo que a los espectadores les apetezca sentarse a ver una película para ser sermoneados. En su lugar, desean asistir a una aventura que inspire y emocione. A pesar de la simpleza de la historia, creo que se integran temas complejos. Para mí fue importante que la historia fuese un retrato real de la situación de la mujer en Arabia Saudita y que los personajes fueran creíbles y reflejasen las maniobras que tienen que hacer para manejarse dentro del sistema.

Una historia que habla de mis experiencias pero también de la de los habitantes de a pie. Fue importante que los personajes masculinos no fueran presentados como simples estereotipos o villanos. Tanto las mujeres como los hombres en la película, están en el mismo barco. Ambos son presionados a actuar y comportarse de cierta manera y también son forzados a lidiar con las consecuencias del sistema, dependiendo de cómo se comportan. Me gustan mucho las escenas de la madre e hija cuando cocinan o cantan juntas. Hay algo muy bello en esas imágenes. 

Yo me crié en una familia muy liberal, que me apoyaba. Recuerdo que cuando era una niña, mi padre me llevó, junto con mis hermanos, a comprar bicicletas y yo escogí una verde. Soy extremadamente afortunada por haber tenido un padre empeñado en que me sintiera digna como mujer, pero mi vida distaba mucho de las historias de mis compañeras y amigas, que jamás hubieran soñado en pedir una. Creo que el corazón de la historia es algo con lo que todo el mundo se puede identificar. La idea de ser tildado como diferente o anormal por querer algo que está fuera de lo que tradicionalmente se considera aceptable. La cultura árabe puede ser especialmente brutal y implacable ante aquellas personas que se salen de lo establecido, así que hay un temor real de ser un paria. En cierta manera, la historia es parte de mi vida y de las cosas que he vivido. Muchas de mis experiencias, junto con la de mis amigos y familia, están reflejadas en esta película.

            –fragmento de una entrevista a la realizadora Haifaa Al-Mansour aparecido en el portal web mysofa- 

Al igual que otros cineastas de oriente medio, en particular los realizadores iraníes, la directora debutante Haifaa Al-Mansour, se ha valido de niños como protagonistas de su película. Sin embargo, a diferencia de cineastas como: Abbas Kiarostami, Majid Majidi o Jafar Panahi, su enfoque resulta más sencillo y cotidiano que político, en su intento por capturar las rígidas e inflexibles leyes islámicas cuya tendencia misógina alcanza ribetes de locura y fanatismo, a través de una suerte de pequeña fábula moral y ordinaria sobre la dignidad femenina e infantil, para cuestionar los absurdos machistas y religiosos. Y ejemplos brutales sobran como la referencia al matrimonio de una pequeña de diez años, el pavor de la madre cuando la protagonista cae de la bicicleta y sangra pensando que se ha roto el himen y sobre todo, la escena de aquel repulsivo albañil que entre risas intenta seducir a la pequeña Wadjda (“Deja que juegue con tus peritas”, le comenta).

Lo curioso, es que lo que narra la directora en La bicicleta verde, está lejos de ser un panfleto maniqueo y excesivo. Incluso existen los personajes masculinos que rompen con el esquema, como lo sería el intendente de la boutique de ropa a donde acude la madre de Wadjda para comprarse un vestido que impacte a su marido, asimismo, el afable dueño de la juguetería que conecta con la niña, el pequeño Abdullah que es capaz de abandonar a sus amiguitos varones, e incluso, el agresivo chofer.

Y es que, la realizadora Haifaa Al-Mansour, ha construido una historia honesta, sin pretensiones y de enorme simpleza pero con muchos niveles de emoción cotidiana que se conectan con el espléndido trabajo de sus mujeres protagonistas, en particular la pequeña Wadjda y su guapa madre, en un colegio donde las estrictas profesoras tienen a su vez que esconderse para recibir de manera clandestina a sus amantes. 

El filme habla de la enorme solidaridad, comunicación y entendimiento que madre e hija tienen y a su vez, de la emancipación que la niña busca en sus juegos, en sus tenis tipo Converse al estilo estadunidense, en su insistencia en escuchar rock y en evitar el velo que debe cubrir su rostro y sobre todo, su fuerza de voluntad para obtener lo que desea; esa recompensa que deviene en una bicicleta verde: metáfora de una liberación femenina adolescente justo en el momento en que queda claro que el progenitor tendrá otra familia. 

La bicicleta verde propone una alegoría acerca de “las voces de todas las mujeres que como yo, quieren hacerse oír, pero sin necesidad de confrontación” –Haifaa Al Mansour, dixit-, en una sociedad que evita la convivencia en público entre hombres y mujeres y en la que éstas, resultan presencias invisibles y sin una voz propia. Sin duda, lo mejor de la película es que, sin sumergirse en la radicalidad religiosa y política del Islam, presenta estos mismos elementos de una manera sutil y cotidiana. Es decir: muestra el control y la represión ejercida por la sociedad y el Estado y un buen ejemplo es aquella escena de las dos jóvenes alumnas del colegio a quien Wadjda se niega a inculpar. Cuando la profesora finalmente las condena en público como pecadoras, una de ellas es rechazada con violencia por otra alumna, cuando se tocan sin querer, ya que la inculpada  ha sido considerada impura, como lo sería toda mujer que rechace el velo o pretenda montar una bicicleta.

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

28 de enero 2014

MI HISTORIA ENTRE TUS DEDOS (Populaire, Francia, 2012)

Mi historia entre tus dedosDirección. Régis Roinsard/ Guion. Régis Roinsard, Daniel Presley y Romain Compingt/ Fotografía en color. Guillaume Schiffman/ Música. Robin Coudert y Emmanuel D’Orlando/ Edición. Laure Gardette y Sophie Reine/ Diseño de producción. Sylvie Olivé/ Dirección de arte. Jimena Esteve/ Vestuario. Charlotte David/ Con. Romain Duris (Louis Échard), Déborah Francois (Rose Pamphyle), Bérénice Bejo (Marie Taylor), Shaun Benson (Bob Taylor), Mélanie Bernier (Annie Leprince-Ringuet), Miou-Miou (Madeleine Échard), Nicolas Bedos (Gilbert Japy), Sara Haskell (Susan Hunter)/ / Duración. 109 mins.

Sinopsis

Francia. Primavera de 1958. Rose Pamphyle, es una ingenua joven de provincia cuyo mundo se reduce al bazar de su malhumorado padre viudo con el que vive. Comprometida con el hijo del mecánico local, su existencia parece destinada a la quietud y a la monotonía de un ama de casa. Sin embargo, esa no es la vida que Rose anhela, por ello se aferra a la vieja máquina mecanográfica marca Triumphe que su padre mantiene en el aparador de la tienda y con la que practica día a día. La oportunidad se presenta cuando hace un viaje a Lisieux en la Baja Normandía, lugar, donde Louis Échard, carismático jefe de una agencia de seguros está buscando a una secretaria. La entrevista que tiene con él, es un desastre: queda claro que Rose Pamphyle no tiene las cualidades necesarias para hacerse cargo del puesto. No obstante, revela un extraño y especial don: la joven puede escribir a máquina a una velocidad extraordinaria, a pesar de utilizar solo dos dedos. Su habilidad, despierta de nuevo el espíritu de competencia que vive latente en Louis, quien ha permanecido soltero, desde que su novia de la infancia se casó con Bob, su mejor amigo, un estadunidense que llegó a Francia con el ejército de su país, durante los años de la segunda guerra mundial. Louis, le ofrece el puesto de secretaria a Rose con la condición de que participe en un concurso nacional de velocidad mecanográfica. Mientras Louise va transformando poco a poco a Rose en una verdadera competidora, al mismo tiempo ambos van enamorándose entre sí. Para llegar a la cima, Rose tendrá que sacrificar muchas cosas y dedicarse de lleno a aprender a escribir con todos los dedos, lecciones que combina con el ejercicio físico y clases de piano. Cuando logra ganar la competencia a nivel nacional y tener la oportunidad de dirigirse a Nueva York para enfrentar a la gran campeona estadunidense Susan Hunter, cuyo record es de 512 caracteres por minuto, Louis se hace un lado para que una marca de máquinas, la Japy que lanza una máquina en su honor llamada la popular, la apoye y pueda concentrarse por completo en él concurso. Sin embargo, ambos saben que están hechos, el uno para el otro.

Mi historia entre tus dedos fue nominada a cinco premios César, que otorga la Academia de Cine Francés, entre ellos, el de Mejor Ópera Prima. Asimismo, se hizo acreedora al Premio del público en el Festival de Cine de San Francisco. Y su director, obtuvo el Trofeo Revelación del cine francés por su debut.

 

En 2004 vi un documental sobre la historia de las máquinas de escribir, que incluía una pequeña secuencia mostrando concursos de mecanografía. Esos 30 segundos fueron tan fascinantes que vi el potencial al momento. En seguida empecé a escribir borradores de las historias. Este mundo de la mecanografía me parecía una locura, me parecía increíble que pudiera ser un deporte y me cautivaba la complicidad entre el hombre y la máquina. Al principio solo tenía el personaje de la chica, el hombre no existía. Pero ya había imaginado que ella era de un pequeño pueblo y le había puesto el nombre de una de mis abuelas. Debería añadir que, como Rose, vengo de un pequeño pueblo de Normandía y que París representaba una gran metrópolis fuera de mi alcance –fragmento de entrevista al realizador Régis Roinsard-

En la primera oportunidad de un trabajo real más allá del Bazar Pamphyle en su pequeño pueblo, la protagonista escucha en labios de otras jovencitas que pelean por el mismo puesto, lo siguiente: “Poco perfume y un maquillaje sobrio. Peinado sencillo para el trabajo y anteojos para dar la apariencia de seriedad”. Es decir: se trata de algunas de las características que definían a las aspirantes a aquel modernísimo oficio de secretaria en la Francia de finales de los años cincuenta, según el desbordante y festivo divertimento de Mi historia entre tus dedos, que marca el debut del joven Régis Roinsard (Louviers, Normandía, 1972). Uno de los más recientes fenómenos de taquilla del cine francés, que continúa con la racha de éxitos obtenidos de manera reciente, por comedias como: El artista (Michel Hazanavicius, 2011) y Amigos (Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011).

Lo más curioso, es que Populaire, es un relato que no puede ocultar su fascinación por aquel cine galo complaciente y nostálgico que rechazaban los enfants terribles de la llamada nueva ola francesa, al que aludían de forma peyorativa con el nombre de “cine de papá”. Y al mismo tiempo, la cinta resulta un encendido homenaje por aquellas comedias hollywoodenses de la época a cargo de Stanley Donen (Cantando bajo la lluvia, Siempre hay un día feliz, Funny Face) y Billy Wilder (Sabrina, Una Eva y dos Adanes, Bésame tonto), algunas de ellas, protagonizadas por Audrey Hepburn, cuyo rostro aparece en una fotografía en la habitación de la protagonista. Y a su vez, muestra una cálida admiración por ese notable y ligero cine musical del gran cineasta francés Jacques Demy, el mismo de: Los paraguas de Cherburgo, Las señoritas de Rochefort, Piel de asno.

Desde el arranque mismo seguido por una colorida secuencia de créditos muy en la línea de Almodóvar, queda claro que Mi historia entre tus dedos no tiene mayor pretensión que entretener, rindiendo tributo a un cine de comedia que cada día se vuelve un objeto de nostalgia retro. Más curioso aún, que en este relato inspirado en el síndrome de Pigmalión, se mezclen a su vez algunas referencias a ese cine de eficaz fórmula de competencias deportivas y superación personal, como lo muestran las sagas de Rocky y de Karate Kid y asimismo, intenta aportar algunos curiosos apuntes acerca de una incipiente era de liberación femenina y rebeldía juvenil, en una cinta de cinefilia pura en la que abundan los colores pastel.

“Desde 1958-59 que precedieron a la liberación de la mujer. Dos o tres años después las faldas se hicieron más cortas y la posición de la mujer en el trabajo empezó a cambiar. Me gusta esta época, porque es un tiempo crucial que anuncia los siguientes 60 años. También es cierto en cuanto a la moda: hoy todavía llevamos un icono como las gafas Ray Ban. Es una época obsesionada con la velocidad: se establecen los records de velocidad automovilísticos, y los primeros planes supersónicos son desarrollados. Esta obsesión por la velocidad aún nos afecta hoy…

       … Vimos muchos spots americanos y franceses de los años cincuenta y vimos la mayoría de películas en color hechas en Francia en esos años. No fue fácil porque en ese tiempo aún se rodaba casi todo en blanco y negro y pocas de las hechas en color se hacían en estudio. El globo rojo y Zazie en el Metro fueron fuente de inspiración, pero hicimos un poco de trampa, también vimos películas de la nouvelle vague como Una mujer es una mujer de Jean-Luc Godard…”

     

         Sin duda, buena parte del encanto del filme radica en el trabajo histriónico. Destaca la guapa Déborah François, sobresaliente en El niño de los hermanos Dardenne, a partir de un estilo y la belleza de Shirley MacLaine y Audrey Hepburn, así como su fragilidad, su encanto y su fuerza y voluntad. Es un personaje que irradia magnetismo y tiene momentos geniales como ese entrenamiento mecanógrafico, en el cual se volvió casi una experta. Por su parte, Romain Duris, no es el típico rostro bonito. Tiene carisma y una personalidad extraña pero atractiva y sobre todo, muestra un buen timing para la comedia.

Mi historia entre tus dedos es una suerte de cuento de hadas contemporáneo con todo y Cenicienta francesa, que trata de apegarse a los lineamientos de la época, aunque arriesga en un tono más audaz y moderno en lo referente a la liberación sexual y las asfixiantes ataduras de provincia. Resulta difícil creer que el personaje de Rose pudiera salirse de su casa así, sin más, para vivir en la mansión del protagonista y más aún, atreverse a esa escena de sexo y cambiar al amante por otro, en un tiempo relativamente corto. No obstante, se trata de un esquema que funciona para acelerar ciertas situaciones como el cambio de la protagonista y su encuentro final con el héroe.

Más allá de una historia simpática, entretenida y previsible, buena parte de la gracia de la película, radica en la química de la pareja protagónica. Asimismo, destaca la estupenda fotografía de Guillaume Schiffman –esa secuencia virada al rojo y al azul en la escena de amor es impresionante- y la banda sonora a cargo de Robin Coudert y Emmanuel D’Orlando, que incluye un curioso cha-cha-cha francés de aquellos años. A su vez, el enorme trabajo de diseño de producción, no en balde su presupuesto de 15 millones de euros aproximadamente, en este eficaz, original y divertido homenaje a la ingenuidad de la época, a la comedia francesa y al cine de Audrey Hepburn, en especial Mi bella dama”América para los negocios, Francia para el amor…”

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de noviembre de 2013

LA COMEDIA DEL PODER (L’ivresse du pouvoir, Francia, 2006)

La comedia del poderDirección. Claude Chabrol/ Guion. Claude Chabrol y Odile Barski/ Fotografía en color. Eduardo Serra/ Música. Matthieu Chabrol/ Edición. Monique Fardoulis/ Dirección de arte. Francis Benoit-Fresco/ Vestuario. Mic Cheminal/ Con. Isabelle Huppert (Jeanne Charmant-Killman), Francois Berléand (Michel Humeau), Patrick Bruel (Jacques Sibaud), Maryline Canto (Erika), Robin Renucci (Philippe Charmant-Killman), Thomas Chabrol (Félix), Jean-Francois Balmer (Boldi), Pierre Vernier (Presidente Martino)/ Duración. 109 mins.

Sinopsis

La acción tiene lugar en Paris, durante el 2005. Ahí, ser jueza de instrucción, significa que es una de las más poderosas en Francia. Ella puede arrestar y encarcelar a quien se le ocurra, buscar evidencias sin advertencia previa, allanar lugares , secuestrar toda clase de elementos, y casi siempre meter la nariz, donde suponga que pueda haber pruebas de abuso de poder, de tráfico de influencias, de malversación de fondos, etc. Los políticos y los hombres de negocios duermen en la misma cama, y Jeanne Charmant-Killman, jueza de instrucción, piensa que es tiempo de que alguien meta mano y cambie las sábanas. Pero los trapos sucios de alguien pueden ser, según el punto de vista de un tercero, o del gobierno, una práctica de rutina. Jeanne es la encargada de desentrañar un complejo caso de corrupción política y malversación de fondos a gran escala. Casada y sin hijos, ordena la detención de Michael Humeau, presidente de una importante corporación industrial, quien empieza a sufrir una severa dermatitis nerviosa durante el proceso, al tiempo que se enfrenta a una compleja red de complicidades. A medida que avanza la investigación y los interrogatorios, se percata de que su poder es casi absoluto. Pero, al mismo tiempo, y por causa de su adicción al trabajo, su vida privada se vuelve más frágil y empieza a desquebrajarse, al crearse una severa tensión con su marido y un acercamiento ambiguo con su sobrino Félix, divorciado y con un hijo. La jueza Jeanne, se apoya en su ayudante Erika: ambas, son un par de mujeres valientes y competentes, que realizan su trabajo profesional con gran solvencia, superando a los hombres que las rodean: un ayudante judicial mediocre, un jefe timorato, un procesado cobarde y frágil, un marido apocado y más. Brillante y obsesiva en su trabajo y prácticamente ausente frente a su situación afectiva, el caso le lleva a plantearse dos preguntas fundamentales: ¿Hasta que punto puede utilizar ese poder sin tener que enfrentarse a un dominio mayor que el suyo? ¿Hasta qué momento, la naturaleza humana puede resistirse al vértigo del poder? El personaje de Jeanne Charmant-Killman, se inspira en el de la jueza Eva Joly, a mediados de los años noventa, protagonista del sonado caso Elf en Francia, la compañía petrolera del estado. Los apellidos de Jeanne significan “encantadora matahombres”.

Lejos de la vertiente clásica, el veterano maestro francés abandona el modelo del típico relato policial o de thriller emocional tan cercano a su filmografía. Demarca muy bien los momentos de suspenso e intriga, sin embargo, el nivel de la trama no es lo más importante, sino sobre todo, el juego de poder que se establece entre protagonistas y antagonistas: es decir, entre la jueza de instrucción y sus acusados. De ahí, sobre todo, su final anticlimático y asimismo, el frío tratamiento de la crítica, para ésta película sobre la podredumbre en las altas esferas del poder, que mantiene un equilibrio punzante e irónico y al mismo tiempo, diálogos inclementes y situaciones muy cotidianas. La comedia del poder participó en el Festival de Berlín, donde fue nominada al Oso de Oro.

“Leí recortes de prensa y obras publicadas en la época en la que se produjo este escándalo. Pero en varias ocasiones me encontré con artículos que ofrecían versiones contradictorias, así que tomaba la que más encajaba con las necesidades del guión. En mi opinión, esto es lo que debe hacer cualquier buen historiador, y es por esa razón que en historia no existe una certidumbre completa…” –Claude Chabrol, director.

 “He intentado poner el acento en el vínculo trágico y cómico entre los personajes, en su derrotero; me preguntaba qué hay de específico en ese derrotero que nos permita reflexionar sobre un mundo contemporáneo que se escapa de la realidad. Es a partir de esa fuga de la realidad que la ficción puede apoderarse una vez más de nosotros para ayudarnos a volver a poner los pies sobre la tierra, haciéndonos reír un poco, si es posible…” –Odile Barski, co guionista.

Aunque en el extremo opuesto de algunas de sus mejores obras de misterio dramático como: La ceremonia, En el corazón de la mentira, La flor del mal, La dama de honor, o Una dama para dos, Claude Chabrol, ese gran maestro de las relaciones obsesivas y el suspenso, escarba de nuevo bajo la superficie de la pequeña burguesía francesa con todas sus mezquindades, temores y secretos, en otro de sus sobrios e intensos relatos de patologías enfermizas y personajes manipuladores en un contexto cotidiano y político. La comedia del poder resulta un drama y al mismo tiempo un thriller con elementos de comedia y de intriga y critica a la burguesía ociosa y enferma de poder, despilfarradora, que viste costosos trajes, veleidosa y vanidosa. La acción se mueve en relación a una idea central: el poder embriaga, ciega y corrompe a las personas. La visión del realizador es pesimista: resulta imposible no caer en esta tentación, la seducción del poder y del dinero. Entre la ironía y la denuncia, la cinta de Chabrol está puesta en los mecanismos del poder en sus distintas esferas: política, económica, judicial y también en lo íntimo y lo personal.

Chabrol realiza su película con el equipo habitual de sus últimas obras y de acuerdo a varias de sus constantes de siempre. Su cine es muy reconocible como sucede con Pedro Almodóvar, Woody Allen, o los hermanos Coen. A pesar de las complejidades de la trama, filma con sencillez y realismo cotidiano y sus diálogos resultan fundamentales: explican y hace avanzar la acción. Son claros y eficaces: “No me importa la imagen de la justicia, sino la justicia” y a su vez, utiliza elementos sugerentes: la dermatitis que sufre Humeau, por ejemplo o los guantes rojos de la jueza: son llamativos y ocultan imperfecciones. Y por supuesto, La comedia del poder se apoya en un trabajo de actuación magnífico, Francois Berléand como el acusado se encuentra notable como siempre y Thomas Chabrol como el sobrino, imprime ese extraño aire de ambigüedad. Pero sobre todo, destaca una vez más, el magistral histrionismo el de su protagonista, Isabelle Huppert, que otorga al personaje la apariencia de fuerza y al mismo tiempo de fragilidad que le corresponde a su papel. No en balde, Huppert ha sido ganadora de la mejor interpretación dos veces en Cannes, en Berlín, un BAFTA inglés, un César, en dos ocasiones también se ha llevado el David di Donatello y dos premios a la mejor interpretación femenina europea, entre muchos otros galardones. Más que por ambición o prestigio, la motivación de Jeanne Charmant-Killman es la obsesión de justicia, algo que no comprenden ni sus acusados, ni sus mismos superiores, que se mueven entre la hipocresía y las apariencias.

Fragmento de entrevista a Claude Chabrol a propósito de La comedia del poder

-En Francia se hacen muy pocas películas sobre escándalos político-financieros.
En los años 70 se hicieron trabajos de denuncia, como por ejemplo las cintas de Yves Boisset. Pero en mi caso, no he querido denunciar acontecimientos que todos conocemos, sino más bien mostrar cuáles pueden ser las repercusiones en el espíritu humano de un poder, sea el que sea, y hasta dónde puede arrastrar a los individuos.

-Da la impresión de que evita emitir cualquier juicio moral en relación con el escándalo. Se muestra mucho más duro con las relaciones entre clases sociales…
 Es el principio del “jefe”: cualquiera puede ser el jefecillo de alguien. Lo que me interesaba en la posición del juez de instrucción, es que -en teoría- es quién tiene todo el poder, mientras que en realidad, el único poder que tiene es el que le dan. Y esa realidad es cierta en todos los ámbitos: el conjunto de los personajes están borrachos de poder, aunque eso no se distinga a primera vista. En cuanto se pone en cuestión su poder, se convierten en marionetas que no saben qué hacer.

Es cierto que al principio sentimos más simpatía hacia la juez. Pero poco a poco, Jeanne nos parece una especie de Robespierre con faldas, mientras que sentimos compasión por Humeau …
 Por supuesto el título de la película también se puede aplicar a: persigue un ideal de justicia, pero el poder que encarna la embriaga. Llega a decir con enorme satisfacción que un juez de instrucción es el personaje más poderoso de Francia. Por el contrario, quería que Humeau resultara bastante patético, sobre todo cuando le descubren inmovilizado en el sillón del hospital… Para mí, la situación ideal es que al final de la película, ambos personajes se apiaden el uno del otro. Es en ese momento cuando comprende la inanidad de todo el escándalo, mientras que él lo comprende a la fuerza, a base de encajar golpes. Se da cuenta de que el poder siempre está entre bastidores y que siempre algún poder por encima del personaje, por muy poderoso que sea…

-Philippe, el marido (Robin Renucci) es un personaje muy complejo…

Es un personaje que se muestra totalmente desesperado a lo largo de la película: no logra recuperar a su mujer porque ella tiene cierto poder, mientras que él tiene que hacer concesiones. Además, se ha casado mal ya que Jeanne es la “hija de la portera”, mientras que él proviene de un ambiente burgués.

Félix (Thomas Chabrol) encarna una especie de conciencia y un hipotético amante para Jeanne…
 Como indica su nombre, Félix es un hombre feliz. Es feliz porque no le preocupa nada y no le interesa la ambición en un ambiente totalmente opuesto. Es un personaje que se parece un poco a Thomas. Y esa peculiaridad es lo que atrae a Jeanne. Por el contrario, él sólo siente afecto por ella y le gustaría ayudarla de verdad. Me gusta mucho ese tipo de relaciones ambiguas que no son sexuales, pero que tienen algo de misterioso.

 

Fragmento de entrevista con Isabelle Huppert

-Jeanne descubre un poco más tarde que no tiene tanto poder como creía.
Y este descubrimiento le duele aún más porque los suyos la abandonan. No sólo se trata de que la máquina contra la que lucha se le resista. La abandonan desde dentro y eso es aún más desgarrador. No tanto por ella sino porque se ponen de manifiesto las relaciones extraordinariamente perversas entre la política y la justicia. De ahí viene su frase al final de la película: “¡Que se busquen la vida!”.

-Sus accesorios están muy estudiados: lleva un bolso y unos guantes rojos y también gafas rosas…
Sus gafas, bastante originales, son un símbolo de autoafirmación y también un toque de feminidad. A ella le gusta representar, a imagen de la teatralidad que se produce en las vistas judiciales. Además, es más fácil imaginarse a un juez bien vestido que a un poli: a diferencia de un policía, el juez no necesita anonimato y se puede permitir el lujo de llamar la atención. Puede mostrar los signos de su poder y de sus certidumbres. Y además, cierta elegancia da a Jeanne la seguridad que necesita ante los hombros que desfilan ante ella.

En La comedia del poder, Claude Chabrol hace cómplice al espectador de su mirada irónica para denunciar los códigos secretos que mueven la relación entre la política y los negocios sucios. A medida que Jeanne, quien viene de un medio social modesto, comienza a atar cabos entre los influyentes socios y sus compinches menores, la notoriedad del caso la catapulta y lo que de inicio parece un triunfo inminente sobre los privilegiados, empieza a adquirir un carácter dudoso. El marido empieza a sentir que vive a la sombra de la esposa rodeada de guardaespaldas y en el personaje del sobrino, ella encuentra una suerte de alivio. Jeanne está obsesionada con la limpieza, tanto en su casa como en la oficina. Odia el polvo, la suciedad, siempre mira debajo de la alfombra. Ella desea ver desde una ubicación demasiado cercana una realidad que sólo puede ser vista a distancia. Piensa que tomando partido por el orden, estará siempre más cerca de la verdad, pero termina intoxicada por esa obsesión. La comedia del poder es la historia de venganza de una mujer, pero su éxito resulta ambiguo.

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Martes 29 de octubre 2013

EL REGRESO DE TAMARA DREWE (Tamara Drewe, Gran Bretaña, 2010)

El regreso de Tamara Drewe

El regreso de Tamara Drewe

Dirección. Stephen Frears/ Guion. Moira Buffini, inspirada en la novela gráfica Tamara Drewe de Posy Simmonds/ Fotografía en color. Ben Davis/ Música. Alexandre Desplat/ Edición. / Diseño de producción. Maslodov Farosatshoev/ Vestuario. Marina Yakunina/ Dirección de Arte: Jamshed Usmonov / Con. Gemma Arterton (Tamara Drewe), Luke Evans (Andy Cobb, el jardinero), Roger Allam (Nicholas Hardiment, el escritor policiaco), Dominic Cooper (el baterista Ben Sergeant), Bill Camp (Glen McCreavy, el académico estadunidense), Tamsin Greig (Beth Hardiment, esposa de Nicholas), Jessica Bardem (Jody Long, la adolescente obsesionada), Charlotte Christie (Casey Shaw, su cómplice) Duración. 105 mins.

SINOPSIS

Todo sucede en el transcurso de un año al ritmo de las cuatro estaciones. La acción se sitúa en un bucólico y tranquilo pueblecito de la campiña inglesa, en Dorset. De manera más precisa, en una residencia rural ubicada Lejos del mundanal ruido, erigida con el fin de que cualquier escritor puede retirarse ahí para escribir y buscar inspiración para su obra. El lugar lo administra la cálida Beth, esposa perfecta del muy exitoso y misógino escritor de novelas policiacas, Nicholas Hardiment, creador del personaje detectivesco Ichcombe. Nicholas es un sujeto engreído y dependiente de su mujer a quien engaña constantemente. Beth lidia con el agente literario de su marido e incluso corrige y arregla sus obras y le ayuda a trazar los personajes femeninos. En la residencia, todos envidian las ventas de Nicholas, quien suele tener tertulias literarias una vez al mes con sus admiradores y discípulos. Entre los escritores, se encuentra Glen, un académico estadunidense que intenta terminar una investigación sobre el escritor Thomas Hardy y poco a poco se va enamorando de Beth, quien cada día se percata más de las infidelidades de su marido. Sin embargo, la tranquilidad de la residencia rural y el pueblo mismo, se desquicia con la llegada de la guapa y sensual periodista de espectáculos y oriunda del lugar, Tamara Drewe, quien regresa,

con motivo de la venta de su casa donde creció y en la que antes vivía el apuesto jardinero Andy Cobb, con quien tuvo un breve amorío juvenil. Cuando Tamara abandonó el pueblo, era una adolescente poco agraciada con una enorme nariz, pero regresa transformada en una deslumbrante mujer, sin prejuicio alguno, que desata en el pueblo una tormenta de envidias, deseos y chismes, sobre todo en una adolescente traumada y obsesionada con un baterista de un grupo de rock al que Tamara se liga de inmediato. La llegada de la joven, supone un trastorno para la pequeña y tranquila población. Hombres y mujeres, bohemios, escritores y gente del campo, el autor de best-sellers, el profesor universitario frustrado, una estrella del rock, el propio jardinero y dos adolescentes, se sentirán atraídos por la hermosa Tamara, quien no parece medir su impacto sexual.

El regreso de Tamara Drewe, se llevó el Premio del Público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Por su parte, el actor Roger Allam obtuvo el Premio Peter Sellers al mejor comediante en el Festival Británico Evening Standart, en este traslado cinematográfico de la popular historieta y novela gráfica inglesa Tamara Drewe de Rosemary Elizabeth Posy Simmonds.

Adaptar una historieta (que se publica en The Guardian) es terriblemente liberador. Puedes hacer lo que quieras: te libera, en el mejor sentido de la palabra. Los cómics suelen ser sobre todo de superhéroes, pero este es inteligente y trata sobre temas que todos podemos reconocer. Nunca había hecho una película así, tuve que replantearme cómo hacerlo todo. Encontrar a la voluptuosa Tamara Drewe de la novela gráfica en versión carne y hueso era primordial. Cuando conocí a Gemma Arterton, me recordó de inmediato a los dibujos. Tiene tantas curvas, es cálida, divertida… es como un dibujo. Y pensé que querría verla en pantalla durante 90 minutos. Tan sencillo como eso…Filmar ésta película, ha sido como un milagro: el clima era bueno, los actores encantadores… ¡incluso las vacas hicieron lo que les decíamos!” -Stephen Frears-

“La promiscuidad de Tamara es lo que nos separa. Y la antigua nariz adolescente de Drewe: De alguna manera, todo se centra en su nariz. Las inseguridades que ella tenía son muy comunes en las chicas de hoy, en su necesidad de ser bellas, de tener éxito, de ser amadas” –Gemma Arterton-

“Los escritores son todos unos ladrones y unos mentirosos”Nicholas Hardiment, personaje del filme-

Muchos han sido los realizadores británicos preocupados por los personajes comunes y corrrientes del cine de los años noventa a la fecha, en relatos que van de la comedia a la tragedia como aquellos Reyes del ritmo/The Commitments (1991) que Alan Parker descubrió en Irlanda, sobre un curioso grupo de soul. Con éste, el díptico de Ken Loach integrado por Riff-Raff (1991) -sobre la relación entre un joven obrero y una aspirante a cantante- y Lluvia de piedras (1993), centrada en una familia católica cuya hija se prepara para la primera comunión. Así como: Todo o nada/El Full Monty (1997) de Peter Cattaneo y La camioneta (1996) de Stephen Frears que completa la trilogía creada por el escritor y guionista Roddy Doyle autor de los argumentos de Los reyes del ritmo y Esperando al bebé (1994) del propio Stephen Frears, nacido en Leicester, Inglaterra en 1941, realizador de filmes tan exitosos como: La Señora Henderson presenta, La reina o Mi hermosa lavandería.

Frears, ex ayudante de dirección de Karel Reisz y Lindsay Anderson -baluartes del llamado free cinema inglés- ha retratado por igual las crisis cotidianas de la gente común de Inglaterra o de Irlanda, o realizado cintas hollywoodenses de gran producción como: Las relaciones peligrosas, The Grifters, Héroe accidental, El secreto de Mary Reilly, Negocios entrañables, o La edad del deseo/ Chéri. Inmigrantes ilegales, ya sean africanos, chinos, turcos o paquistaníes, homosexuales, raterillos, izquierdistas, obreros desempleados, madres solteras y otras víctimas del ultraliberalismo británico que iniciaron con la era Thatcher para instalarse cotidianamente en la sociedad inglesa de hoy en día, integran la emotiva jungla de personajes del cine de Stephen Frears, obra de una compleja sencillez que ha sabido sacar provecho tanto de historias hollywoodenses como de aquellas que le afectan emocionalmente, a partir de relatos que combinan la comedia y el drama social con un encanto particular, como sucede en El regreso de Tamara Drewe que mezcla con habilidad la comedia costumbrista, el humor negro y cierto dramatismo.

Como en casi toda su obra, Frears un cineasta que sabe involucrar al espectador con el drama, las angustias y los momentos felices de sus personajes, se preocupa por mostrar la dignidad de aquellos que se encuentran en situaciones adversas: ya sea la pareja homosexual e interracial de Mi bella lavandería, la relación entre la inglesa marginal y un hindú en Sammy & Rosie Get Laid, la hija embarazada en Esperando al bebé, el desempleado empeñado en poner su puesto ambulante de comida en La camioneta, o la esposa que decide detener los abusos y chantajes de su marido petulante cuyos éxitos literarios se deben más a ella, que al ingenio de él en El regreso de Tamara Drewe, al igual que lo que acontece con el atractivo jardinero quien, consigue con su actitud tranquila e inteligente, extraer hacia el final, lo mejor de esa joven confundida y dispuesta a comerse al mundo, la protagonista Tamara Drewe.

 

Aquí, no resultan casuales las referencias al escritor británico Thomas Hardy, el mismo de Tess adaptada por Roman Polanski en 1979. De ahí, la cita a la residencia para escritores que intenta localizarse Lejos del mundanal ruido de la ciudad de Londres –como el título de la novela de Hardy-, así como las historias de varios personajes sumidos en situaciones complicadas que habitan antiguas casonas en la campiña británica, típicas del escritor. El propio Hardy, fue impulsado por su esposa a dejar la arquitectura para dedicarse de lleno a la escritura y la poesía. No obstante, El regreso de Tamara Drewe guarda a su vez, muchos puntos en común con aquella comedia de Woody Allen, Comedia sexual de una noche de verano (1982) y Vidas cruzadas (1994) de Robert Altman, pero en plan de comedia. Es como si Stephen Frears hubiera intentado filmar una comedia agridulce al estilo de Woody Allen pero con el humor, el acento y la idiosincrasia inglesa, a partir de la convulsión que provoca aquella ex jovencita pueblerina, en esa pequeña comunidad rural que la vio nacer, a partir de su actitud altiva, su desbordante sensualidad, su operación de nariz y su cinismo para adentrarse en el periodismo escandaloso, mientras intenta escribir su autobiografía. Es justo debido a su rinoplastia que Jody, la jovencita fanática del baterista rockero, la bautiza con el nombre de la farsante plástica. Y es que Tamara no deja indiferente a nadie. Todos son arrastrados por su actitud y desfachatez.

Pese a algunos personajes interesantes que se pierden en el primer cuarto de la trama, como lo serían la escritora lesbiana que intenta escribir novelas policiacas lésbicas, o aquella madura aprendiz de escritora, que no ha publicado absolutamente nada, la historia consigue mantener el interés a partir de todas las historias que se entrecruzan: la del académico escritor con bloqueo creativo y su contraparte: el exitoso y condescendiente con múltiples premios y traducciones de su obra a distintos idiomas, quien enamorado/obsesionado de Tamara con la que ha podido iniciar una relación sexual, decide eliminar a su célebre personaje literario. Asimismo, la esposa engañada, el joven apuesto de pasado oscuro con una hermosa amante ocasional, la adolescente traumada por el abandono del papá y enamorada de un imposible, la amiga de ésta pasada de peso y la propia protagonista que parece actuar por impulsos viscerales sin medir las consecuencias de sus actos.

Lo interesante de Tamara Drewe es que se encuentra más allá de una parodia sobre la pedantería intelectual o sobre la exaltación de la vida de provincia con su paz y sus virtudes. Por el contrario. Demuestra que en esos ambientes intelectuales pueden crecer las emociones más sinceras y que en la vida melancólica y tranquila rural también puede haber personajes presuntuosos, falsos e incluso lastimosos, fascinados por la superficialidad y el chisme. Todo ello apoyado por una espléndida fotografía que intenta trasladar la paleta de colores del cómic original a la pantalla, incluyendo algunos efectos visuales propios de la historieta y otra notable banda sonora a cargo del talentoso músico francés Alexandre Desplat.

A pesar del tono de comedia, El regreso de Tamara Drewe resulta una historia que no puede ocultar cierta amargura –los últimos 15 minutos, sobre todo-, de corte más bien realista y plena de diálogos brillantes y directos, que abre de manera espléndida y cierra a su vez con el mismo brío su historia. Un lugar donde incluso, los animales corren peligro y a su vez, son peligrosos, al tiempo que forman parte de uno u otro bando: el de los personajes perdedores orientados al sufrimiento y aquellos exitosos que provocan con ello, la caída de los otros. Todo ello, en una película sostenida sin duda por su buen ritmo y por el indudable encanto y talento de sus actores, en particular la carismática y atractiva protagonista Gemma Arterton.

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

24 Septiembre 2013

EL ANGEL DE MI DERECHA (Fararishtay kifty ros/ L’Ange de l’epaule droite, Tayikistán, Francia, Italia, Suiza, 2002)

El angel de mi derechaDirección y Guion. Jamshed Usmonov/ Fotografía en color. Pascal Lagriffoul/ Música. Michael Galasso/ Edición. Jacques Comets/ Diseño de producción. Maslodov Farosatshoev/ Vestuario. Marina Yakunina/ Dirección de Arte: Jamshed Usmonov / Con. Uktamoi Miyasarova (Halima), Maruf Pulodzoda (Hamro), Kova Tilavpur (Yatim, el pequeño), Mardonkul Kulbobo (alcalde), Malohat Maqsumova (Savri, la enfermera), Furkat Burlev (cantinero), Orzuqui Kholikov (el adolescente de la cabra), Hokim Rakhmonov (Dervish)/ Duración. 88 mins.

 

 

 

SINOPSIS

 

Luego de pasar diez años en una prisión de Moscú, Hamro, un matón violento e intratable, decide volver a su aldea natal en la villa de Asht en Tayikistán, al enterarse de que Halima, su madre, se encuentra a punto de morir y es por ello, que le pide como último deseo convertirse en un hombre de bien y remodelar la casa en la que vive. No obstante, pronto se revela que se trata de una artimaña ideada por el alcalde del pueblo, para que Hamro salde sus deudas. La madre quien decide colaborar en la farsa, se finge enferma y exagera sus dolencias y para ello, se apoya en el propio alcalde, así como en un médico y una enfermera que se prestan a la comedia. Inclusive, se llevan a cabo sus preparativos funerarios. Sin embargo, el asunto se complica cuando le entregan a Hamro al pequeño Yatim, un hijo que engendró sin saberlo. En tanto, la población sigue con recelo al hombre que abandonó a su pequeño vástago y a su madre para probar fortuna en Rusia, muy probablemente como delincuente o como traficante de drogas y ahora, es acosado por acreedores y por Tarzan, el líder de un grupo mafioso. Lo curioso es que Hamro, un hombre egoísta, cruel y hedonista, al descubrir el engaño, no tiene mucho interés en resolver los problemas y las situaciones que crecen a su alrededor. Sólo una combinación de suerte y destino podrían hacer que el joven encuentre su camino en la vida y descubrir que lo único y lo mejor que tiene, es el amor incondicional de su madre y de su hijo a quien nunca conoció. Hamro está a punto de descubrir o de rechazar al ángel de su derecha.

 

El ángel de mi derecha compitió en la Selección Oficial de Cannes. Fue ganadora del Premio al Mejor Director Debutante en el Festival de Angers, Francia. Premio Fipresci “Por su auténtica visión de la sociedad” en el Festival de Cine de Londres. Premio al Mejor Actor y Premio del Jurado Ecuménico en el Festival fílmico de Bratislava. Presea Silver Screen al Mejor Director Asiático en el Festival de Cine de Singapur.

 

 

“Existen dos historias que son el origen y el corazón de El ángel de mi derecha: de acuerdo con una antigua leyenda islámica, todos tenemos dos ángeles invisibles, uno en cada hombro. El ángel de la derecha escribe todas nuestras buenas acciones y en tanto que el ángel de la izquierda toma nota de los malos pensamientos y acciones negativas. En el día del juicio, los hechos buenos y relevantes y las acciones incorrectas serán sopesadas en la Balanza de la Justicia y es entonces cuando se determina si la persona debe ir al cielo o al infierno. En mi país, éste relato se les cuenta a los niños para motivarlos s convertirse en buenas personas. A mí me dejó marcado para siempre, tanto que mi próxima película hablará sobre el ángel de la izquierda –Para llegar al cielo, primero debes morir (2006)-. Asimismo, otra historia verdadera que también me impactó mucho, es la del poeta Attar, que vivió en el siglo XIII. Attar llevaba una vida cómoda y tranquila como boticario en la aldea de Nishapur, antes de convertirse en poeta. Sin embargo, un día, después de que se rehusó a dar una limosna a un mendigo, éste le dijo que a pesar de que estaba agobiado por la pobreza era inmensamente rico en otros aspectos y que no necesitaba llevarse al otro mundo ninguna posesión material. Luego de haber dicho esto, el hombre se recostó en la tierra invocó a Dios y murió. Conmovido por el hecho, Attar renunció a su vida confortable y se volvió poeta y vagabundo” –palabras del realizador Jamshed Usmonov, licenciado en la Escuela de Bellas Artes de Dusambé, capital de Tayikistán y egresado de la Escuela de Cine de Moscú-

 

 

Pese al impacto de Hollywood y a la evolución de fuertes industrias fílmicas como la japonesa, la francesa o la británica, el inicio del nuevo milenio mostró el vigor de  cinematografías marginales. Así, países como Irán, China, Corea, Tayikistán, e incluso el nuevo cine mexicano independiente, han llamado la atención de la crítica y de los Festivales internacionales, enfatizando en su sencillez, sus carencias como nación y como industria, o en sus propuestas naturalistas visualmente atractivas, unidas a sus peculiares tradiciones y cultura. El ángel de mi derecha, escrita y dirigida por el joven debutante tayiko, Jamshed Usmonov (1965) uno de los realizadores más importantes de la cinematografía persa, ubica su historia en la propia aldea natal del realizador, Asht, en Tayikistán, país de Asia Central, ubicado al este de China y al sur de Afganistán, al norte de Kirguistán y al oeste de Uzbekistán. Se trata de una de esas pequeñas naciones que recuperaron su independencia del bloque soviético a principios de los noventa. Ello, en un relato que tiene todo para cautivar a las paternalistas cinematografías de occidente.

No faltan aquí, los pintorescos contratos verbales donde se regatean precios y condiciones, seguidos de vigorosos apretones de manos. Tampoco, el retrato costumbrista de una provincia adormecida, en una aldea cuya máximo acontecimiento es el pobretón cinito local, o las tradiciones funerarias que se transforman en un exotista ritual. Como en toda sociedad empobrecida y cerrada, la fuerza bruta está por encima de la razón y las mujeres aceptan su condición de objetos o de seres de segunda, responsables de las labores domésticas mientras los hombres beben, pelean o hacen uso de su sexualidad en el momento que lo deseen.

Por supuesto, como en toda película de una cinematografía marginal que se precie de serlo, no puede faltar el infante de rigor. El niño de mirada inocente, víctima de las circunstancias y en buena medida, responsable directo de la redención del o los protagonistas, que en muchas de las ocasiones consigue transformar la vida de quienes lo rodean o engendran. Y ejemplos en cinematografías marginales sobran: El globo blanco, Luna papa, El color del paraíso, Niños de Kosovo, Ni uno menos, todos, espléndidos relatos alejados de la melcocha hollywoodense.

       La cinta fue filmada en el invierno con un propósito especial según indica el realizador, ya que ésta es la época más dura del año y la desesperación más visible, que es justo lo que se quería proyectar. El protagónico resulta un reflejo de los problemas de ese momento de la sociedad tayika que ha enfrentado varias crisis sociales, económicas y políticas a raíz de las guerras civiles a lo largo de una década, como lo explica el crítico Carlos Bonfil: “…Relato sobre la pérdida de valores espirituales en la sociedad surgida del colapso de la Unión Soviética. Hamro pertenece a una clase, nada nueva, pero ya muy avezada, de oportunistas y vividores profesionales -los mercenarios del nuevo orden, con ambiciones de crear una mafia local, semejante a las de Rusia, sometiendo la voluntad de sus conciudadanos. Todo a la escala de un pueblo muy pequeño, donde persisten las tradiciones seculares y la creencia de que todo hombre, por perverso que sea, tiene siempre un ángel a su derecha que consigna sus buenas acciones, facilitándole el ingreso al cielo”.

 

En El ángel de mi derecha, todo el peso de la trama se concentra en la llegada de ese violento y machista personaje que es Hamro a su pueblo, luego de una larga estancia. Su regreso, obedece a la enfermedad de su madre, moribunda en apariencia. Y cuando parece que él hombre está a punto de enmendarse, regresa a sus viejos hábitos al enterarse del engaño, sin embargo, el hijo que desconoce, el amor de su madre y la docilidad de una bella enfermera, provocan un cambio de actitud sin inclinarse jamás por un final feliz, que resulta aquí más bien ambiguo.

Con aportes que van de la riqueza interpretativa del niño a las actuaciones naturalistas a cargo de actores no profesionales -varios de ellos parientes del realizador, como lo es el propio protagonista, hermano del director Usmonov-, o escenas curiosas que informan, además de la pobreza y limitantes de aquel país, sino del racismo de que son objeto en Rusia (la secuencia inicial en el taxi, por ejemplo), o la tradición del escarmiento popular, El ángel de mi derecha resulta una película agradable e interesante que intenta equilibrar sus apuntes humanos y cotidianos.

Más allá de la aparente falta de pericia del director para enlazar las vidas no sólo de Hamro y el niño, sino de los otros personajes femeninos importantes como sería la madre, Halima y la hermosa Savri, la enfermera, se trata de un relato sin pretensiones y atractivo cuyo mayor mérito se encuentra en su sencillez y en su belleza poética que se desprende de las escenas cotidianas en esa su intrigante mezcla de drama y comedia, que permite asimismo, conocer casi desde un punto de vista mitad ficción, mitad documental, un poco más de una cinematografía prácticamente inédita que ha ofrecido títulos relevantes como: Luna papa (Bakhtiyar Khudojnazarov, 1999) o Sexo y filosofía (Mohsen Makhmalbaf, 2005).

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

Tarde lluviosa del 26 de agosto de 2013

 

HADEWIJCH. ENTRE LA FE Y LA PASIÓN (Hadewijch, Francia, 2009)

HadewijchDirección y Guión. Bruno Dumont/ Fotografía en color. Yves Cape/ Música. Armand Amar/ Edición. Guy Lecorne/ Diseño de producción. Jean-MarcTran/ Vestuario. Alirol Manon/ Dirección de Arte: Vincent Amiel y Pauline Gracia/ Con. Julie Sokolowski (Céline / Hadewijch), Yassine Salihine (Yassine Chikh), David Dewaele (David), Karl Sarafidis (Nassir Chikh), Brigitte Mayeux-Clerget (la Madre Superiora), Marie Castelain (la madre de Céline), Luc Francois-Bouyssonie (el padre de Céline), Henri Cretel (albañil), Duración. 97 mins.

SINOPSIS 

Céline, hija de un pudiente diplomático y una madre distante, es una joven novicia veinteañera que decide rebautizarse como Hadewijch, nombre religioso que toma en honor de una monja, mística y poetisa del medievo. Céline confunde la abstinencia con el martirio, como lo muestran sus constantes actos de auto penitencia. Debido a su excesivo amor por Cristo y al verla entregada a una fe ciega y a un fervor desmedido, la Madre Superiora, le obliga a abandonar el convento donde vive confinada y decide regresarla a la sociedad secular con la esperanza de que logre encontrar su “verdadero yo”. De vuelta en París, Hadewijch vuelve a ser Céline, quien se ha tomado muy en serio su intención de convertirse en esposa de Dios. Para ella, Cristo es el amante ausente y se ha mantenido virgen para servirle. Es entonces cuando conoce a dos hermanos musulmanes que habitan en las afueras de París: Yassine, un jovencito impulsivo al que le gusta enfrentar a la autoridad y Nassir, el mayor, quien dirige un grupo de estudio de fe islámica, mismo que terminará por definir el sacrificio amoroso de Hadewijch, cuya rabia interior y crisis existencial, la conducirán por caminos peligrosos, ya que Nassir es en realidad un terrorista que encuentra en ella a la persona ideal para llevar a cabo sus teorías de fanatismo extremo. Así, la historia sigue a Hadewijch a lo largo de su viaje más allá de los muros del convento en su búsqueda de la gracia divina y el encuentro con Dios, de la manera que sea.

”Hago cine para expresar mi visión sobre los misterios de la vida”.

“El mal habita en nosotros, pero podemos convertirlo en bien y así alcanzar la gracia. Quería mostrar la belleza de ese amor puro por Dios que es una verdadera maravilla, pero también advertir cómo esa maravilla puede llevarnos a lo peor” -Bruno Dumont dixit-.

Hadewijch. Entre la fe y la pasión obtuvo el Premio Fipresci de la crítica internacional en el Festival Internacional de Toronto, Canadá.

El polémico realizador francés Bruno Dumont regresa de nuevo a sus temas de disyuntivas morales, de violencia y sacrificio. Un relato profundamente religioso y conmovedor que busca retratar el sufrimiento humano y la fe trastocada en un arma de dos filos. Se trata de una suerte de continuación de sus relatos y variantes acerca de la pasión y la brutalidad humana observada en toda su filmografía. La historia de una joven alma, torturada por un desasosiego cristiano que la carcome. Hadewijch de Amberes es a su vez, el nombre de una poetisa mística del siglo 13, fallecida posiblemente hacia el año 1260. Una beguina –mujeres laicas católicas- dedicada a la contemplación religiosa, a obras de caridad y a la ayuda a los desamparados. Inspirada en su devoción por Cristo escribió sus encendidos versos y poemas amorosos, algunos de ellos de carácter epistolar, que tomaron como punto de partida sus experiencias místicas. La verdadera Hadewijch no escribió en latín, sino en lengua vulgar, es decir en su natal neerlandés medio. Entre sus obras se encuentran los libros: El lenguaje del deseo. Poemas de Hadewijch de Ámberes, editado y traducido por Mará Tabuy y Dios, amor y amante de ediciones Paulinas.

Y es que el caso de Bruno Dumont es insólito. Al igual que el austriaco Michael Haneke (Juegos divertidos, Observador oculto, Amour), Dumont fue primero maestro en Filosofía y de ahí dio el salto al cine de manera tardía. Nacido en Bailleul, Francia en 1958, probó suerte en el periodismo, la publicidad y la televisión. Después, realizó infinidad de cortos y documentales institucionales y de esa experiencia surge su primera película realizada a los 39 años de edad: La vida de Jesús (1997) centrada en un grupo de jovencitos que vagan sin rumbo, uno de ellos con crisis epilépticas. Con ella obtuvo reconocimiento mundial, así como el premio de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. La humanidad (1999), su segundo filme, se inserta en esa vorágine experimental de un nuevo cine galo dispuesto a romper con las reglas establecidas. Desde el arranque mismo, el cineasta coloca al espectador ante la disyuntiva del horror y la exasperación como metáfora de nuestros propios temores. Un hombre asustado, el oficial Pharaon de Winter (Emmanuel Schotté), corre sin rumbo fijo para caer de bruces sobre un campo arado y en tanto, muy cerca de él, yace el cadáver de una niña asesinada con la vagina deshecha. En efecto, todo resulta enigmático en un filme que inicia como una cinta de investigación policiaca para tomar otros derroteros más inquietantes en la historia de un policía que se busca así mismo en los actos de los demás como una purga redentora de los males humanos. Dumont volvió a triunfar en Cannes, obteniendo el Gran Premio del Jurado y un doble reconocimiento a mejor actor. Para su tercer filme, Dumont abandonó su región natal en el norte de Francia y se trasladó a California para rodar 29 palmas (2003), relato de descarnada sexualidad sobre un fotógrafo independiente y una joven que se adentran en el desierto de Los Ángeles para llevar a cabo una audaz sesión fotográfica. Flandres (2006) con la que el realizador volvió a obtener el Gran Premio del Jurado de Cannes, describe la vida de provincia de unos muchachos, destrozada por la guerra. Después de Hadewijch. Entre la fe y la pasión, Dumont realizó la controversial Bajo el sol de Satán (2011), acerca de la extraña relación entre un joven solitario y una muchacha que vive en una granja. Su más reciente trabajo es: Camille Claudel 1915 (2013) inspirado en un episodio verídico sobre la vida de la escultora francesa hermana del poeta y dramaturgo Paul Claudel y amante del escultor Auguste Rodin. Protagonizada por Juliette Binoche, Dumont filmó esta historia en un manicomio real rodeado de pacientes con discapacidad mental verdadera.

“El poder del amor puede convertirse en delirio incluso en la propia religión. Es un sentimiento colosal que puede ir más allá dejando a Dios a un lado y amando a los demás, es la razón por la cual Hadewijch muere en Dios para poder nacer en el hombre….Dios es teatro, es un personaje de cine. En el cine hay que creer en lo que se ve. Dios es poesía, y puede ser cierta o falsa…Fui atraído por la belleza de los textos de esta poetisa de la Edad Media, para quien el amor puede ser el de una mujer con un hombre, pero para ella es el que le inspira Cristo, el amante perfecto, el amante ausente. Respecto a las historias de mis películas: no se trata de entender, sino de sentir. Hay muchas cosas que no son comprensibles. Habría que dejar la comprensión en el vestíbulo y tratar de sentir. Hadewijch es una película muy sencilla. No quise hacer una película intelectual porque es muy aburrido. Henri Bergson, el filósofo francés, ha criticado mucho la inteligencia: Él dice que uno debe ser más intuitivo. Para mí fue muy importante estudiar primero filosofía y después hacer películas. No me interesa ver muchas cintas, sino leer mucho sobre los temas de los que quiero hablar en la pantalla. Además, yo quise entrar a una escuela de cine y no me dejaron. Pero lo importante no es ir a la escuela y aprender a usar la tecnología, sino tener una visión particular de las cosas. Los grandes cineastas como Bergman, Dreyer, Bresson o Kubrick técnicamente tenían errores, pero también tenían esa visión de la que hablo. –fragmentos de una entrevista a Bruno Dumont por Leticia Carrillo-

Y es que en Hadewijch, Dumont apuesta por un personaje intrigante que pareciera entresacado de una película de Dreyer, Bresson o Godard. Y al igual que en sus anteriores obras, detalla la contemplación, el aburrimiento incluso, pero también la exacerbación de sentimientos en los barrios populares de París y en las zonas aristocráticas en donde aparentemente no sucede nada. Lo curioso es que su propuesta anímica tan exasperante como perturbadora de poca acción y mucha introspección consigue mantener en un hilo al espectador. En ese sentido, destaca sobre manera la intensidad dramática que impone el trabajo de la sensible debutante Julie Sokolowski y ahí está para demostrarlo, escenas como aquella en la que, Céline se monta en la parte trasera de una motocicleta robada conducida por Yassine, a quien conoce en un café del barrio, o en los escarceos sexuales que Yassine intenta con la joven ex novicia, quien rechaza sus avances, ya que reserva su virginidad para Cristo. Otra escena interesante es aquella donde Céline invita al joven árabe, a una cena en la mansión de sus padres, ante el evidente rechazo de su gélida madre y el indiferente padre, quien sólo interviene en la plática para comentar algo acerca de la posibilidad de conseguir un trabajo para Yassine.

Bruno Dumont regresa a los terrenos de La vida de Jesús para contar un oscuro relato de amor, sacrificio y fanatismo, en el cual los detalles cotidianos se convierten en actos terribles, en un drama extraño y conmovedor para retratar el sufrimiento humano, sus recovecos y sus escapes, en el que se sumerge en una historia sobre los peligros de la obcecación y el apasionamiento y lo hace con una sutileza y una fuerza arrolladora que desemboca en un clímax impactante y desolador. Y es que Hadewijch toma un impulso descomunal en su última media hora. Ese momento de la verdad, en el que la protagonista decide convertirse en un “soldado de Cristo”, cuando el hermano mayor, Nassir, propone en su clase de Islam, hablar de lo “invisible”: “Si tienes fe, deberás actuar. Debes continuar el trabajo del Creador”. Aunque ya antes, el espectador ha sido testigo de pequeñas señales: el jardín interior de la zona habitacional que parece una cruz, o el anuncio publicitario con la palabra “eternidad”.

El filme de Dumont ha sido visto como una oda al terrorismo en frases como: “Dios es la espada contra la injusticia” o “Lo más dulce del amor es su violencia”. Sin embargo, se trata de una interesante reflexión moral sobre la fe cristiana como modelo de vida, que bien pudiera compararse con obras como La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Dreyer, Teresa (1986) de Alain Cavalier, o Yo te saludo María (1984), otra interesante relectura cristiana traspolada a la actualidad a cargo de Jean Luc Godard. Hadewijch mezcla el  fundamentalismo islámico con la fe católica para hablar de las convicciones personales y también de la barbarie humana. Y cierra con una secuencia inquietante, hermosa y dolorosa. Primero, una explosión y después, el regreso de Céline/ Hadewijch al convento donde la novicia se reencuentra con un huraño albañil que trabaja dentro del claustro. ¿Qué es lo que sigue? El espectador sacará sus propias conclusiones.

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

Julio 30 2013

EL GUARDIA (The Guard, Irlanda, 2011)

El guardia

El guardia

Dirección y Guion. John Michael McDonagh/ Fotografía en color. Larry Smith/ Música. Calexico/ Edición. Chris Gill/ Diseño de producción. John Paul Kelly/ Vestuario. Eimer Ni Mhaoldomhnaigh/ Dirección de Arte: Lucy van Lonkhuyzen/ Con. Brendan Gleeson (Sargento Gerry Boyle), Don Cheadle (Agente Federal Wendell Everett), Mark Strong (Clive Cornell), Liam Cunningham (Francis Sheehy-Skelfington), Fionnula Flanagan (Eileen Boyle, la madre de Gerry), David Wilmot (Liam), Patt Short (Colum Hennessey), Rory Keenan (Agente Aidan McBride), Katarina Cas (Gabriela McBride)/ Duración. 95 mins.

SINOPSIS
El sargento Gerry Boyle, gran nadador, quien dice haber llegado en cuarto lugar en los 1500 libres de nado en las Olimpiadas de Seúl y que se hace llamar “El último independiente”, es un atípico policía de Galway, un pequeño pueblo costero en Irlanda. Se trata de un hombre con una personalidad conflictiva que le lleva a chocar constantemente con su jefe y con sus compañeros. Lo curioso, es que pese a su insolencia, a su inclinación hacia el alcohol y las drogas y su afición a contratar prostitutas, se toma muy en serio su labor y su responsabilidad como policía. Justo en el momento en que Boyle atraviesa una situación conflictiva debido a la enfermedad terminal de su madre, mujer de carácter afable y bromista ajena a cualquier chantaje y melodrama y al asesinato de su nuevo compañero, el policía Aidan McBride, recién llegado de Dublín, el sargento Boyle se ve en la necesidad de colaborar con un agente especial del FBI norteamericano, Wendell Everett a quien acosa con sus chistes racistas debido a sus orígenes afroestadunidenses. La misión de Everett, es atrapar a una importante banda de narcotraficantes británico-galeses, e interceptar un cargamento millonario de cocaína que supuestamente llegará a las costas de Galway. La aparente vida monótona y placentera de Boyle se ve interrumpida no sólo por la situación de su madre, la desaparición de su compañero y la llegada de ese agente negro del FBI y graduado en Yale, a quien todo mundo parece rechazar, sino además, por el asesinato de uno de los narcotraficantes y la presencia de la atractiva esposa de McBride, una joven croata, quien le confiesa que su marido era homosexual y que contrajo matrimonio con él, para cubrir las apariencias y para que ella obtuviera su visa. Boyle decide vengar la muerte de su compañero y colaborar en serio con el agente Everett quien tiene que enfrentarse a la corrupción policiaca que rodea al departamento de la guardia irlandesa.

Atractiva mezcla de thriller y amoral comedia negra, El guardia se convirtió en la película independiente irlandesa más taquillera de la historia de ese país, recaudando más de 4.1 millones de euros, apenas por debajo de Batman. El caballero de la noche asciende de Christopher Nolan. El guardia fue nominada a Mejor Guión en los BAFTA, que premia lo mejor del cine británico. En el Festival de Berlín, su realizador John Michael McDonagh obtuvo el premio al Mejor Cineasta Debutante y fue nominado al Gran Premio del Jurado en Sundance. Por su parte, el protagonista Brendan Gleeson ganó el Premio a Mejor Actor en el Festival de Valladolid y fue nominado por su papel en los Globos de Oro para Mejor Actor de Comedia, premio que finalmente obtuvo Jean Dujardin por El artista.

Hermano del cineasta Martin McDonagh, el mismo de En Brujas (2008) –con Colin Farrell y el propio Brendan Gleeson- y Siete sicópatas (2011), debuta como realizador con El guardia, luego de su paso como guionista del western posmoderno Ned Kelly (Gregor Jordan, 2003) con el desaparecido Heath Ledger y Orlando Bloom, centrado en el famoso bandido australiano homónimo, objeto de numerosas modificaciones que alejaron a John Michael McDonagh del cine para concentrarse en la escritura. El realizador, responsable del muy eficaz corto: Second Death/ Segunda muerte (2000), retomó sus propios personajes, entre ellos el sargento Boyle que encarnaba aquí Gary Lydon y que aparece en El guardia como el corrupto jefe de Boyle- y varios de los actores que lo acompañaron en esa aventura. Eliminó la subtrama dramática y aderezó la historia con un recalcitrante humor negro que arranca desde la secuencia inicial, para conseguir un filme muy divertido y poco convencional como lo es El guardia, pese a explotar un tema muy reconocible: el de la pareja-dispareja interracial que tuvo su máxima expresión en el filme de Walter Hill: 48 horas (1982) con Nick Nolte y Eddie Murphy y que John Michael McDonagh toma como modelo inicial, aunque suscribiéndolo al contexto irlandés contemporáneo.

En efecto, desde los primeros minutos queda claro el rumbo que tomará la película con ese grupo de mozalbetes que, drogados y alcoholizados corren a toda velocidad a bordo de un auto deportivo por un camino de Galway. Luego del inminente accidente, el sargento Gerry Boyle lo único que hace es tomar de los bolsillos de uno de los jóvenes, un sobre con anfetaminas. Las siguientes escenas son aún más ilustrativas: el fotógrafo forense enfermizo y fascinado con el crimen en apariencia ritual de un desconocido y los diálogos que se establecen entre Boyle, quien palpa los testículos del muerto alegando clarividencia (“Tengo un don. ¿No lo sabías?”), sólo para jugarle una broma a su nuevo y refinado compañero, Aidan McBride que ha sido trasladado de Dublín, la capital a Galway.
Se trata de una escena muy divertida y ácida en la que dialogan sobre la naturaleza de los asesinos en serie y una extraña inscripción: 5 ½ que da pie a reflexiones cinéfilas: 8 ½ de Federico Fellini o Seven de David Fincher. No obstante, más delirante resulta la discusión entre los narcotraficantes sobre filósofos y escritores célebres en donde citan a Friedrich Nietzche, Arthur Schopenhauer, Dylan Thomas y Bertrand Russell. O aquel personaje de un niño en bicicleta que parece tener mucha información sobre los narcotraficantes, armas y asesinatos, en un filme incorrectamente político, que lo hace más divertido.

-“Hay momentos de pura comedia, otros de acción, de thriller… hay incluso una componente social, como en la mayor parte de las películas británicas. También es una obra nostálgica, algo que suele gustar al público en general y al espectador irlandés en particular. En cierto modo sería un déjà-vu ofrecer una de policías en la que dos compañeros se desprecian continuamente y que el agente que debe pedir la identificación es un racista o un psicópata y pone trabas o impide directamente la colaboración. Con todo, estas características no suelen acompañar a un personaje hasta el final de una película. No debo ser el único que padece la frustración que me llevó a hacer El guardia, sin embargo a pesar de los problemas financieros que tuvimos, la película funciona y la gente se divierte y comprende perfectamente adónde quería llegar” – John Michael McDonagh dixit-.

“El racismo es parte de mi cultura. Soy irlandés”. Son las palabras que justifican la actitud de Gerry Boyle ante la presencia de un agente afroestadunidense del FBI que llega a Galway desde Wisconsin, para concretar una operación internacional contra un grupo de narcotraficantes galeses.-británicos que operan en esa región y que planean importar una cantidad cercana a los 500 millones de dólares en cocaína. Y en efecto, el agente federal Wendell Everett parece invisible para aquel pueblo costero. Algunos ni siquiera le dirigen la palabra. Otros le hablan en gaélico y para colmo, las altas autoridades policiacas lo engañan y le ofrecen pistas falsas, ya que han sido comprados por el trío de narcotraficantes, entre ellos: el sujeto cerebral y despiadado, Sheehy-Skelfington (Cunningham ), el sicópata e inestable emocionalmente, Liam (Wilmott) y el asesino frío y metódico, Cornell (Strong), como lo muestra aquella escena del acuario que resulta una suerte de homenaje-referencia a una escena similar de La dama de Shanghai (1948) de Orson Welles, en la que éste y la femme fatale que encarnaba Rita Hayworth tienen un encuentro testificado por morenas y tiburones que se mueven inquietantes detrás de ellos en el ventanal de un acuario.
Lo curioso es que en medio de situaciones de violencia, drama y crimen, el elemento de humor negro y corrosivo se mantiene incólume. Ejemplos: la escena donde Boyle visita a su madre en el hospital. La muerte de Liam, a quien le encomiendan la tarea de eliminar a Boyle, mismo que utiliza una treta tan vulgar como simpática y eficaz para escapar de la muerte. O la discusión entre Boyle y el niño, quien descubre un pequeño arsenal que Boyle ofrece a un miembro del ERI (Ejército Republicano Irlandés). Lo mismo sucede con las escenas de intimidad del protagonista, manejadas con mucho humor, como aquella de las dos hermosas, simpáticas y atractivas prostitutas disfrazadas de policías (Dominique McElligott y Sarah Greene), que contrata el sargento Boyle, o aquella donde la guapa Gabriela (Cas) se presenta en casa de éste para avisar de la desaparición de su marido y Boyle la recibe en ropa interior (“Disculpa. Voy a ponerme algo menos cómodo”), comenta.
El guardia es un filme cuyo interés jamás decae. Tiene un magnífico ritmo y cuenta una historia con eficacia pese a que se trata de un argumento previsible y de fórmula en apariencia, ya que sabe darle la vuelta al asunto y su incorrección política ayuda mucho (“Pensé que todos los narcos eran negros o mexicanos”, comenta Boyle). Pero sobre todo, tiene un trabajo de actuación extraordinario por parte de esos dos grandes actores que son Brendan Gleeson, quien tiene por primera vez la oportunidad de interpretar un protagónico, luego de varios trabajos memorables como actor de apoyo o secundario en cintas como: Pandillas de Nueva York, En Brujas, Corazón valiente y varias de los filmes de la serie dedicada al personaje de Harry Potter en el papel del Tuerto Alastor Moody. Al igual que el brillante y eficaz trabajo de Don Cheadle, figura importante del cine de Hollywood, en cintas como: Boogey Nights/ Juegos de placer, Alto impacto, Hotel Ruanda y las sagas de La gran estafa y Iron Man.
El guardia, no es por supuesto una obra maestra, pero si es un relato de enorme eficacia narrativa, irreverente y divertido, con un personaje de gran carisma. Un thriller y comedia negra que recuerda los westerns crepusculares con dos modernos alguaciles: uno irlandés y otro estadunidense. Una historia con mucha ironía que evita toda solemnidad y de paso, habla del choque de culturas europeo-estadunidense y explora con simpatía temas como la sexualidad y el tráfico de drogas, pero sobre todo, consigue crear un personaje excepcional que merece regresar de nuevo a la pantalla.

Rafael Aviña
Centro Histórico de la Ciudad de México 24 de junio 2013

EL LADRÓN (Der Räuber/ The Robber, Austria-Alemania, 2010)

Dirección. Benjamin Heisenberg/ Guion. Martin Prinz y Benjamin Heisenberg, inspirado en la novela del primero/ Fotografía en color. Reinhold Vorschneider/ Música. Lorenz Dangel/ Edición. Benjamin Heisenberg y Andrea Wagner/ Diseño de producción. Renate Schmaderer/ Vestuario. Stephanie Rieb/ Con. Andreas Lust (Johann Rettenberger), Franziska Weisz (Erika), Markus Schleinzer (oficial de libertad condicional) Florian Wotruba (Markus Kreczi), Johann Bednar (Comisario Lukac), Max Edelbacher (Comisario Seidl), Peter Velnai (anciano), Bernd Christian Althoff (Joven en el estacionamiento), Michael Christl (Secuestrada)/ Duración. 98 mins.

 

SINOPSIS

 

Luego de un par de intentos de escape, Johann Rettenberger pasa sus últimos días en prisión entrenándose en el patio. Se trata de un solitario e introvertido atleta maratonista que purga una condena por el asalto a un banco. Al salir, Johann se mantiene en un perfil bajo a pesar de que consigue ganar el maratón de Viena imponiendo un nuevo récord nacional amateur, un pretexto magnífico para evadir al oficial de libertad condicional que lo presiona para que consiga un trabajo y le informe de su nueva dirección. No obstante, Johann tiene otros planes muy alejados de su posible integración a la sociedad. Al tiempo que participa con éxito en competencias nacionales y de su reencuentro con Erika, una antigua amante con la que se muda a vivir a su casa, el callado Johann se dedica a asaltar toda clase de pequeños Bancos de Viena y de sus alrededores armado con una escopeta, una gabardina, una sudadera con capucha y una máscara de hule con el rostro de Ronald Reagan. El hombre trabaja en solitario sin lastimar a nadie y huye por lo general en autos robados o corriendo a campo traviesa y entre las callejuelas y estacionamientos. Sin embargo, el oficial de prisión lo presiona cada vez más y Erika lo descubre, orillándolo a terminar con todo ello. Al ser delatado por su novia, Johann es atrapado por la policía, sin embargo, de manera inesperada consigue escapar. Un anciano al que le roba el auto lo apuñala de gravedad con una navaja que oculta y Johann, herido y sangrante, termina siendo rodeado por más de 450 elementos de la policía en los alrededores de un bosque cercano a la carretera que conecta Viena y Salzburgo.

 

El ladrón, tercer largometraje de Benjamin Heisenberg (Alemania, 1974), se inspira en hechos reales. El creador de la afamada revista Revólver y cineasta ligado a la llamada Escuela de Berlín – aunque él pertenezca a la Escuela de Cine de Munich-, realizadores representantes del Nuevo Cine Alemán del Siglo XXI, entre los que se encuentran: Thomas Arslan, Angela Schanelec o Christian Petzold, desarrolla un sobrio thriller para sumergirse en las motivaciones del atleta y asaltante de bancos vienés, Johan Kastenberger quien murió a los 30 años. El filme, describe prácticamente paso a paso su vida y su carrera delictiva y obtuvo el Premio al Mejor Director en el Festival de Bavaria, luego de ser nominada al Oso de Oro en Berlín. A su vez, Heisenberg ganó el Premio al Mejor Director en la Viennale, festival dedicado a galardonar lo mejor del cine austriaco y también El ladrón se llevó la presea al Mejor Guion en el Festival de Gijón, España.

 

Breve datos biográficos del antihéroe protagonista del filme

Johan Kastenberger (Austria, 1958 – 1988) fue un ladrón de bancos austríaco, exitoso maratonista y asesino de un solo hombre, con una enorme adicción a la endorfina. Ingresó a los anales criminales de Austria bajo el apodo de “Pumpgun-Ronnie”. En la década de los ochenta ganó muchas competencias para aficionados en Austria. El 25 de enero 1977 llevó a cabo su primer asalto bancario, no obstante, fue reconocido por varios de los empleados del lugar y detenido cuando huía en un tren a Viena. Fue condenado a siete años de cárcel. Una vez cumplida su condena, regresó con su antigua novia y se mudó a su departamento. A partir de entonces inicia una escalada de robos, en ocasiones, incluso tres bancos el mismo día, armado con una escopeta y oculto bajo una máscara de látex con la imagen de Ronald Reagan –de ahí su mote criminal-. Finalmente, Kastenberger fue detenido el 11 de noviembre de 1988. El botín de sus asaltos estaba oculto en el departamento de su novia. Dos días después, la policía le hizo firmar su confesión y él aprovechó un descuido para huir de la comisaria escapando por la ventana del primer piso y cayendo sobre el toldo de un auto y salir corriendo con la velocidad y habilidad que lo caracterizaba. Se oculta, roba el auto de una mujer y después el de un hombre mayor, quien logra liberarse de las ataduras y herirlo y a su vez, dar aviso a la policía. Rodeado por una fuerza policiaca de más de 450 elementos, es alcanzado por un tiro mientras huía en otro auto robado. Finalmente se detiene y el mismo pone fin a su existencia disparándose en la cabeza.

 

Encapuchados, enmascarados, hombres que se cubren medio rostro con un pañuelo y que empuñan todo tipo de armas: revólveres, escopetas, metralletas, cuernos de chivo y que, tras el grito de: “¡Esto es un asalto!”, ejercen presión sicológica, momentos de ironía, crueldad, incertidumbre, nerviosismo, e incluso de compasión, sobre rehenes que intentan salir bien librados de una experiencia criminal como ésta, misma que el inconsciente colectivo ha trastocado en un escenario a todas luces romántico. El cine, a lo largo de su historia, no sólo ha creado y reforzado mitos y situaciones imitando a la realidad para más tarde superarla, enriquecerla o enfrentarla de manera insólita.

Desde sus primeros balbuceos, el cine pobló la pantalla de héroes, villanos y una mezcla de ambos: los antihéroes que encontraron su clímax durante los oscuros años del llamado cine negro estadunidense que pronto encontró vasos comunicantes en otras cinematografías como la inglesa, la francesa e incluso la mexicana. Así, antes de que Eisenstein y Griffith descubrieran el lenguaje fílmico en los albores del siglo XX, Edwin S. Porter inauguraba el cine de acción criminal y al mismo tiempo el western en 1903 con El gran asalto al tren; en ella, un grupo de bandidos atracaban una locomotora que transportaba hombres y dinero y al final, uno de los asaltantes se acercaba pistola en mano disparando contra la cámara, anticipando así lo que vendrá: un público inerme y fascinado ante la amenaza de una delincuencia que llevará a extremos de delirio fílmico el robo a todo tipo de instituciones financieras.

Billetes, bonos, joyas, fotografías, documentos cobrables y comprometedores. Enormes instituciones bancarias, pequeños bancos rurales, cajas de seguridad, camionetas de valores, bóvedas infranqueables, taquillas del hipódromo, incluso museos, se convertirán en la obsesión de un puñado de personajes, algunos trastocados en mitos cinematográficos como Butch Cassidy y Sundance Kid, Al Capone, Dillinger, Borsalino o Rififi, en una suerte de tema recurrente que el cine convertirá en uno de sus favoritos: el asalto a mano armada y el robo bancario (Cuatro contra el mundo, Casta de malditos, Sin ley y sin alma, Topkapi, Para atrapar al ladrón, Punto de quiebra –donde también aparece una máscara de Reagan para asaltar un banco-, Bestia salvaje y más), valiéndose del western, el thriller, el suspenso, el cine policiaco y el más escandaloso true crime, como es el caso de la cinta de Heisenberg, El Ladrón, inspirado en hechos de la vida cotidiana.

“Se trata de un personaje muy parecido al del Doctor Jekyll y Mr. Hyde”, explica en entrevista el cineasta: “La dualidad podría marcarse en las dos únicas actividades que aparentan llenar la vida de este ex presidiario: correr y robar. Tanto es así que Johann alcanza la cresta emocional cuando pone lo primero al servicio de lo segundo: el tipo llega a un banco, carga su bolso con dinero ajeno y huye por las calles, hasta perderse en la pasividad centroeuropea”. No obstante lo que rompe su rutina es el encuentro con su atractiva ex novia, encuentro que pone a temblar los cimientos sobre los que se afianza su modo de vida.

“Había algo fascinante en el sentido filosófico de esa manera de vivir. Johann es alguien que no puede sentirse y que necesita ir hasta el límite para saber quién es”. El realizador y su lacónico protagonista construyen un personaje fascinante a pesar de ciertas situaciones que parecieran errores de apreciación ¿Cómo es posible que la policía no sospeche desde un principio de un maratonista que acaba de salir de la cárcel por asalto bancario, por ejemplo. No obstante, esas inconsistencias resultan menores si comparamos la tensión que logra crear Heisenberg tanto en las escenas de acción física y persecución, como en los momentos de aparente calma y sobre todo de aquellos instantes donde el protagonista rompe su rutina para establecer una relación íntima con Erika, asistente social con la que se reencuentra de manera casual.

“Es casi una leyenda. Cuando la historia llegó a los medios fue discutida por mucha gente y aún está muy dividido entre los que piensan que era un maniático que simplemente engañaba a la gente, y los que lo ven como un revolucionario y un activista político contra el establishment, una suerte de moderno Robin Hood que no le daba dinero a nadie, ni a él mismo”, señala Heisenberg. “En relación a la realidad, el final es distinto. Otro aspecto es que el original no mató al oficial que controlaba su libertad condicional, pero sí a un compañero de celda al que se encontró luego de ser liberado. Considerábamos mucho más importante la historia afuera de la prisión que dentro. La tercera diferencia es la relación con su novia. En la vida real, ella no era tan atractiva como en la película, era una mujer todavía mucho más maternal que lo que se ve y tenía un trabajo totalmente distinto y finalmente, es que decidimos no ambientarla en los años 80 donde sucedieron los hechos, sino en época actual”.

Es un hecho que El ladrón se aleja de los mecanismos y los chantajes emocionales típicos del cine de Hollywood. El cineasta alemán procura no instalarse en la historia de amor y menos en la acción policiaca o persecutoria, no obstante consigue momentos de gran aliento emocional apoyado a su vez en una intensa y atípica banda sonora cargada de percusiones. De hecho, el montaje del filme resulta esencial para crear emociones y pulsiones en el espectador, moviéndose entre el vértigo y el reposo. Secuencias como aquella donde es seguido por un largo y excepcional travelling a campo traviesa, la escena donde es acosado en un estacionamiento, e incluso el momento en que consigue escapar de la comisaría. Pese a que elude la violencia, la secuencia con el oficial de libertad condicional es realmente brutal y sin embargo, pudiendo incidir en otra escena violenta, por ejemplo, cuando es agredido por el anciano, Heisenberg evita mostrar agresividad innecesaria.

Para el realizador, la idea era contar la historia de un reto personal, oblicuo y extraño, pero muy íntimo que llevaba a este hombre a robar y a correr por partes iguales, acumulando dinero que jamás usaba. Una manera de encontrarse consigo mismo y de probarse a sí mismo (“parece que viene desde adentro” comenta el antihéroe de El Ladrón). Y es que la realidad parece siempre superar a la ficción como sucede en este filme en el que el espectador tendrá que sacar sus propias conclusiones involucrándolo en el enigma que representa el protagonista (tanto el real como el ficticio). Por cierto resulta extraordinario el trabajo actoral de Andreas Lust quien físicamente se parece mucho al personaje verdadero cuya esencia de vida parece ser la de huir constantemente, correr para reencontrarse, quizá por ello, resulta imposible despegarse de la pantalla para observar a un personaje desesperado y cargado de adrenalina interior que necesita hacerla estallar para sobrevivir a la rutina cotidiana de un mundo cargado de reglas y restricciones.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de mayo 2013

 

LA CAZA (Jagten, Dinamarca-Suecia, 2012)

Jagten

Dirección. Thomas Vinterberg/ Guión. Thomas Vinterberg y Tobías Lindholm / Fotografía en color. Charlotte Bruus Christensen/ Música. Nikolaj Egelund/ Edición. Janus Billeskov Jansen y Anne Osterud/ Dirección de arte. Rasmus Balslev-Olesen/ Vestuario. Manon Rasmussen/ Con. Mads Mikkelsen (Lukas), Thomas Bo Larsen (Theo), Annika Wedderkopp (Klara), Lasse Fogelstrom (Marcus), Susse Wold (Grethe, la directora del colegio), Anne Louise Hassing (Agnes), Lars Ranthe (Bruun), Alexandra Rapaport (Nadja)/ Duración. 115 mins.

SINOPSIS

La historia arranca en época actual en el mes de noviembre en Dinamarca, en un lago helado donde un grupo de amigos se divierten. Uno de ellos sufre un calambre y es ayudado por uno de los hombres más entusiastas y queridos de la comunidad: Lukas, quien, luego del cierre de la escuela donde trabajaba como profesor y con un divorcio a cuestas, ha conseguido un empleo como asistente educativo en un jardín de niños, a donde asiste, Klara de cinco años, la hija de su mejor amigo Theo y su esposa Agnes. Lukas, está decidido a recuperar la convivencia con su hijo adolescente, Marcus y al mismo tiempo, se distingue como uno de los miembros más populares del grupo de amigos, la mayoría de ellos, padres de familia, que comparten principalmente su gusto por la cacería, una tradición local heredada a través de varias generaciones. La vida de Lukas avanza con buen rumbo, más aún cuando inicia una relación sentimental con Nadja una guapa asistente del kínder de origen ruso. No obstante, una mentira lanzada sin malicia por Klara y que se transforma en un terrible malentendido, alerta a las autoridades de la escuela en la posibilidad de que Lukas el maestro preferido de todos los niños, hubiera mostrado sus genitales a la niña e incluso abusado de ella. La mentira inocente y absurda creada en la mente confundida de la niña debido a otra equivocación y a unas imágenes pornográficas mostradas a ésta por dos irresponsables adolescentes, uno de ellos, hermano de Klara, se esparcen por toda la comunidad escolar y el pueblo entero, apoyados a su vez por la precipitada actitud de Grethe directora del plantel y de un amigo suyo, psicólogo infantil. En pocos días, el respetado amigo y maestro se transforma en un apestado que se ha ganado el odio y el rechazo de la comunidad. De nada valen sus argumentos ante la idea de que “Los niños no mienten”. El estupor y la confianza se disparan y la histeria colectiva avanza a pasos agigantados. Sus antes amigos lo evitan y atacan. En el supermercado local le es negada la entrada, Nadja su novia también duda de él y su mejor amigo Theo aún no acierta del todo a unirse a la cacería de brujas pública, sólo Bruun amigo y persona intachable lo apoya. Incluso, Marcus, el hijo de Lukas, sufre las consecuencias del linchamiento moral que recibe su padre y que llega a una violencia brutal y despiadada, mientras Lukas pelea por su vida y su dignidad, al tiempo que la comunidad se prepara para recibir la Navidad.

Debido a su impresionante interpretación protagónica, Mads Mikkelsen (estrella de Después de la boda, Valhalla Rising, La reina infiel y la exitosa teleserie Hannibal), obtuvo el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes, donde La caza nominada a la Palma de Oro, se llevó el Premio del Jurado Ecuménico y el de Mejor Contribución Artística para su directora de fotografía: Charlotte Bruus Christensen. El filme obtuvo a su vez, varias nominaciones a los Premios Europa y ganó el respectivo a Mejor Guión.

El prestigioso cineasta Thomas Vinterberg (Copenhague, 1969), relata que después del éxito de su primera película, Festen/ La celebración (1998) –premio del Jurado en Cannes-, recibió la visita de un psiquiatra infantil con un detallado informe que él creía con firmeza, debía ser tenido en cuenta para realizar una película. Agobiado con el impacto de Festen, Vinterberg no tomó en cuenta ese proyecto y lo archivó en un cajón, hasta que una década después, volvió a leerlo y se sintió fascinado y perturbado por el contenido que ahí se relataba. A partir de esa investigación, se exponía la teoría del pensamiento como una suerte de virus infeccioso y letal, con el que el realizador y su guionista Tobías Lindholm daban forma al argumento de La caza , explorando también el tema de las mentiras de los niños y la paranoia del abuso infantil.

En ese sentido, la esencia argumental de Jagten se aproxima a aquel añejo y extraordinario capítulo de la notable serie de televisión creada por Rod Serling, Dimensión desconocida/ Twilight Zone (1959-1964): Los monstruos están llegando a la calle Maple. En ese relato, ambientado en un tranquilo suburbio, un extraño sonido y una falla de energía eléctrica ponía en alerta a todo el vecindario. La incertidumbre y el temor provocaba que los vecinos empezaran a sospechar y a tener miedo de todos, hasta que unos y otros acababan despedazándose ante la mirada burlona de unos extraterrestres que sabían mucho sobre la principal debilidad humana: la paranoia y la desconfianza, tópico que La caza utiliza de manera soberbia para relatar lo que una irresponsable cacería de brujas puede provocar.

A partir de un estilo sucio, directo, casi amateur, la cámara se movía abruptamente por el interior y los exteriores de habitaciones que conectaban emocionalmente a un grupo de personajes enfermos, sobrevivientes del horror y la corrupción familiar en Festen, la celebración. Aquí, la fotografía granulosa que manejaba con exceso el gran angular, intentaba desnudar las miserias morales de un clan que ocultaba un terrible secreto de familia en una película de una belleza insólita y dolorosa. Se trataba quizá del experimento fílmico más arriesgado de fin de siglo desde que aparecieran aquellos conceptos transgresores de la llamada nueva ola francesa con Jean-Luc Godard a la cabeza de un grupo de jóvenes cineastas empeñados en desbaratar las reglas establecidas por un cine falso y comercial. Festen, era sin duda la punta de lanza de un curioso movimiento fílmico danés denominado “Dogma 95” del que formaban parte cineastas como: Lars Von Trier, Kristian Levring, Soren Kragh-Jacobsen y por supuesto Vinterberg.

Su manifiesto fílmico incluía un rechazo al cine de autor en el sentido académico del término: rodaje en locaciones auténticas, cámara en mano que evitara fijar el encuadre, iluminación natural que rechaza filtros y luces especiales -las escenas de sexo tienen mucho del cine porno, por ejemplo-, y la ausencia de música tramposa que supla el dramatismo natural de una situación. Es decir, una serie de principios estéticos o “votos de castidad “, en palabras del grupo, que consiguieran centrar la atención en el contenido temático por encima de la puesta en escena y el refinamiento técnico. Con todos esos elementos a bordo, el tratamiento que Vinterberg planteó en Festen se aproximaba mucho más al de una inquietante película de horror “serie B” al estilo de La última casa a la izquierda de Wes Craven o Masacre en cadena de Tobe Hooper, que a los nudos dramáticos, asfixiantes y claustrofóbicos de un realizador como Ingmar Bergman a pesar de los parecidos temáticos con el cine del afamado cineasta sueco. Festen creaba un ambiente cargado de violencia, brutalidad, infidelidad, racismo y pederastía tal y como sucedía en Felicidad de Tod Solondz; sólo que éste, elegía un tono irónico y cínico.

En ese sentido pero ya sin los adornos estilísticos del Dogma 95, La Caza al igual que lo hacía Festen, recorre la sordidez, la frustración y la imposición de normas caducas ya no en el seno familiar, sino en toda una comunidad respetable y no por ello terrible, en un crudo y doloroso retrato no exento de belleza, sobre los horrores domésticos y la complicidad del silencio. En la primera imagen de La caza, un grupo de hombres semidesnudos llevan a cabo uno de sus tantos rituales masculinos: lanzarse a las gélidas aguas de un río en época pre invernal. Adultos que siguen comportándose como adolescentes en una sociedad donde la violencia –representada en la cacería- y la ley de la masa sobre el individuo se trastocan en el único modo de vida. Eso es justo lo que hace el realizador Thomas Vinterberg y su guionista Tobías Lindholm con el espectador: arrojarle un balde agua helada en uno de los relatos más crudos, realistas y despiadados para la audiencia.

Raros son los filmes que consiguen mantener al público hipnotizado durante casi dos horas como lo hace La caza, cuyo título marca el vía crucis que va a padecer Lukas interpretado por un Mikkelsen extraordinario que carga con todo el peso dramático del filme, el solitario y agradable asistente de un kinder que intenta rehacer su vida luego de su divorcio: un nuevo trabajo, una nueva novia y recomponer la relación con Marcus, el hijo adolescente que vive con la madre, cuando es señalado como responsable de un caso de abuso infantil que sólo existe en la mente confundida de una pequeñita (notable Anikka Wedderkopp) y en una comunidad en apariencia tranquila y civilizada que estalla en histeria colectiva.

El co fundador de Dogma 95 y responsable de otros inclementes títulos como: Wendy/ Calles peligrosas (2004) y Submarino (2010) centrados al igual que La caza en la violencia y la agresividad humana, las atrocidades familiares y la culpa, reactualiza el tema de la cacería de brujas medieval, partiendo de la premisa que la mente de un adulto puede ser más paranoica y enfermiza que una fantasía infantil y propagarse como un virus sin control. El señalamiento moral de un hombre que en un inicio desconoce porque se le marca, se inicia con el rechazo de los vecinos, incluyendo la ex esposa y la novia y su mejor amigo, padre de la inocente Klara y prosigue con una serie de actos de violencia brutal que alcanzan incluso al propio hijo del protagonista.

De hecho, en una de las escenas claves al inicio, el protagonista apunta a su presa, un hermoso ciervo que descubre en el bosque a través de la mirilla de su rifle y con absoluta frialdad dispara. El ciervo cae fulminado sin que el cazador le haya otorgado la más mínima piedad. La situación en apariencia cotidiana en el ambiente de la cacería, adquiere una dimensión trágica, cuando la víctima, el que es acosado, cercado y cazado como una bestia salvaje, termina siendo el propio Lukas. Sin duda, este drama intimista inspirado en casos reales documentados por un sicólogo infantil, adquiere proporciones de dantesco relato de horror cuyas escenas van en ascenso brutal como lo muestran las secuencias del supermercado, la de la iglesia en Navidad y el aparente final feliz donde Vinterberg sintetiza de manera brillante la tesis de su demoledora premisa.

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

BLANCANIEVES (España-Francia, 2012)

Dirección. Pablo Berger / Guión. Pablo Berger, inspirado en el relato homónimo de los hermanos Grimm/ Fotografía en blanco y negro. Kiko de la Rica/ Música. Alfonso de Vilallonga/ Edición. Fernando Franco/ Dirección de arte. Alain Bainée y Andrea Calvé/ Vestuario. Paco Delgado/ Con. Maribel Verdú (Encarna, la enfermera y madrastra), Daniel Giménez Cacho (Antonio Villalta, el torero), Inma Cuesta (Carmen de Triana, su mujer embarazada), Macarena García (Carmen joven), Sofía Oria (Carmencita niña), Ángela Molina (Doña Concha, la tía), José María Pou (Don Carlos), Emilio Gavira (Jesusín, el enano envidioso)/ Duración. 95 mins.

SINOPSIS
España, años 20. La historia arranca en Sevilla en la Colosal Plaza de Toros, donde el arrojado, exitoso y próspero matador Antonio Villalta se enfrenta a seis toros. Entre el público, se encuentra su guapa mujer Carmen de Triana, bailarina de flamenco con un embarazo muy avanzado, acompañada de su tía Concha. En su faena final con el sexto toro llamado Lucifer, Villalta pierde el control deslumbrado por la chispa de una cámara fotográfica de un entrometido fotógrafo y es cornado. El nacimiento del hijo de ambos se precipita y Carmen da a luz a una niña pero muere en el parto. La atractiva y ambiciosa enfermera Encarna, al saber de la fortuna del torero, se lo gana poco a poco durante su convalecencia y se casa con él, aunque esté queda confinado a una silla de ruedas. Carmencita crece al cuidado de su amorosa tía abuela Concha, cuando ésta muere, se va al cortijo del padre: Monte Olvido acompañada de su mascota: un gallo. Ahí, Encarna le hace la vida imposible a la pequeña Carmen, la obliga a hacer los trabajos más pesados y le corta el cabello como niño, mientras que Encarna sueña con aparecer en las revistas de moda y le prohíbe ver a su padre, encerrado y prácticamente abandonado en un piso superior. Sin embargo, Carmen encuentra la manera de ver a escondidas a su padre quien le enseña a torear. Cuando Encarna se percata de ello, precipita la muerte del torero y acaba con las ilusiones de la niña, quien ya convertida en una joven, huye atacada por el amante de Encarna. Amnésica llega al carromato de una troupe de seis enanos toreros, entre ellos un travesti, quienes la cuidan a pesar del rechazo de uno de ellos: Jesusín. En una de sus presentaciones por un pueblo, Carmen demuestra sus habilidades como matadora y por ello es contratada por un empresario para debutar en la Colosal de Sevilla. En un acto de envidia, Jesusín cambia la vaquilla que le toca a Carmen por un tremendo bovino, pero ella lo enfrenta con valentía. Sin embargo, la narcisista y malvada Encarna se presenta en la Plaza de Toros para consumar su venganza.

La película de Pablo Berger (Torremolinos 73 -2003-), fue la selección española para competir en los Oscares de Hollywood, no obstante se quedó en el camino debido a que la producción inglesa-estadunidense-española, Lo imposible (2012) del cineasta ibérico Juan Antonio Bayona terminó compitiendo como película extranjera acreditada a España. Blancanieves arrasó en la pasada entrega de los Premios Goya a lo más destacado del cine español, obteniendo las estatuillas de: Mejor Película, Guión, Actriz (Maribel Verdú), Actriz Revelación (Macarena García), Diseño de Producción, Fotografía, Música, Canción, Dirección de Arte, Vestuario, Maquillaje y peinados. Asimismo, se llevó los principales premios Gaudí, los del Círculo de Escritores del Cine Español, Cine Latino de Palm Springs, así como la Concha de Plata a la Mejor Actriz (M. García) y el Premio Especial del Jurado para Pablo Berger en el Festival de Cine de San Sebastián.

“Antes que director soy espectador y el periodo de cine que más me interesa es el de los años 20, después de ver Avaricia (Erich Von Stroheim, 1924) en el Festival de Cine de San Sebastián me obsesioné con el cine silente y me dije: algún día me gustaría hacer una película muda. Yo quería cumplir esta experiencia mística con un público más amplio, quería convertir a un público que no ha visto nunca una película muda”.

…. “El origen de la película es una fotografía de unos enanos toreros y yo completé esa imagen, vislumbrando a una Blancanieves torera. No quería que fuese la hija del Rey de España o de un Conde, quería a una Blancanieves popular y dije: el Rey tiene que ser un torero, así fui tirando de la historia y todas las piezas comenzaron a encajar”.

…”Me gustan los finales abiertos y que la película quede dentro del imaginario del espectador. El final está abierto a la interpretación y es misterioso…”

El temor y la desconfianza al cine sonoro. El caso de varias y añejas luminarias del viejo Hollywood, cuyas voces ridículas contrastaban con la apostura que retrataban en la pantalla. La inclusión de nuevos elementos como la música. El cambio brutal que representó el sonido, no sólo en la manera de narrar y dialogar, sino de su impacto en taquilla, Y a su vez, los devastadores mecanismos de ascenso y caída del star system inventado por la Meca del cine y su eco en el público, fueron algunos de los temas retratados en filmes tan opuestos y magistrales, como: El ocaso de una vida (Wilder, 1950), Cantando bajo la lluvia (Donen-Kelly, 1952) y particularmente El artista (Francia-Bélgica, 2011) de Michael Hazanavicius, ganadora de múltiples premios como el de Mejor Interpretación en el Festival de Cannes para su protagonista, el francés Jean Dujardin, en su papel de George Valentin, exitoso actor del Hollywood silente, héroe de relatos y seriales acrobáticos y de aventuras al estilo de Douglas Fairbanks, que en pocos años queda eclipsado y relegado en la transición al cine sonoro.
No resultaba casual que El artista se ambientara entre 1927 y 1932: años en que sucedió ese complicado amasiato entre el cine mudo y el hablado y asimismo, la catastrófica depresión económica de 1929 que, entre otras cosas, daría pie a la creación de varias historias escapistas en la pantalla, como los filmes musicales, que hacían olvidar los problemas a agobiados espectadores que llenaban los bolsillos de los productores. El artista enfocó sus baterías hacia el homenaje nostálgico al cine y a la pureza y originalidad de géneros que se reinventaban una y otra vez, pero sobre todo, su mayor fortaleza recaía en su fotografía en blanco y negro y la ausencia de sonidos y diálogos.
Pese a que el proyecto de Blancanieves se planeó varios años antes que el filme de Hazanavicius, resulta interesante destacar la coincidencia de ambos proyectos por recuperar las raíces y los inicios del cine. No obstante, ante el conservadurismo y la mirada tradicional de El artista más cerca de la recreación de época y el reverencia al cine primigenio, el filme de Pablo Berger resulta una propuesta mucho más audaz, satírica y demoledora en algunos apartados como esa secuencia fúnebre de las fotografías esperpénticas que recuerdan lo más delirante y ácido del cine de Luis Buñuel pasando por la necrofilia y el cine snuff.
Y es que Blancanieves asume con brío su condición de cine silente, utilizando con verdadera maestría los típicos elementos visuales de aquel cine para suplir la ausencia de sonido: desde los tradicionales letreros, hasta la excesiva expresividad de los actores sin llegar al exceso de la sobreactuación, así como los primeros planos de los rostros, labios y ojos de sus intérpretes y varios guiños a filmes como Sangre y arena (Fred NIblo, 1922) y particularmente a Freaks (Tod Browning, 1932), pasando por varios cineastas pioneros en su estilo narrativo como: Erich Von Stroheim, Friedrich Wilhem e incluso Sergei M. Eisenstein. De hecho, más allá del homenaje, la cinta de Pablo Berger se erige como una obra original e intrigante que supera la trama básica inspirada en un relato infantil de gran éxito, dejando atrás cualquier referencia melosa cercana a Walt Disney aportando su propia moraleja y su punto de vista social y de época.
Resulta sorprendente la manera en que Berger trastoca en una versión andaluza plagada de elementos de angustia y violencia oscura, el clásico relato de los hermanos alemanes, Jacobo y Wilhelm Grimm, escrito a principios del siglo 19, que los Estudios Disney terminaron por infantilizar con su edulcorada versión animada de 1937. Más intrigante aún, que coincidan tres distintas adaptaciones del mismo cuento. Por un lado la vistosa cinta de entretenimiento familiar protagonizada por Julia Roberts como la malvada bruja narcisista y Lily Collins como Blancanieves en Espejito, espejito del cineasta indio Tarsem Singh. Por otra parte, el sórdido recuento de la jovencita huérfana de intachable pureza y belleza que debe enfrentar la ira de su vanidosa madrastra y salvar a su pueblo de la opresión en el oscuro thriller de acción Blanca Nieves y el cazador de Rupet Sanders, con Charlize Theron, como la reina y bruja que se alimenta de la juventud de hermosas doncellas y Kristen Stewart en el papel de su hijastra.
Más allá de las versiones fantástico-medievales de hadas y princesas y sus interpretaciones freudianas sobre la sexualidad adulta y adolescente, Blancanieves de Pablo Berger, narra una historia de brutal realismo aderezada con inquietantes escenas freak, como la citada sesión de fotografías con el torero muerto, el sacrificio del gallo, las perversiones eróticas de la lasciva y codiciosa Encarna, las envidias del enano torero quien termina arrepintiéndose y llevando a cabo una venganza cercana a la del clímax de Freaks, la insólita aparición de otro enano travesti, pero sobre todo, el extraño final, donde la bella y virginal protagonista es mostrada en un féretro de vidrio a la espera de un milagro con una vuelta de tuerca entre perversa y emotiva.
Finalmente, en buena medida parte del éxito y la sabiduría de esta obra magistral recae en dos notables elementos tanto técnicos como humanos. Por una parte el trabajo histriónico fuera de serie de todos los protagonistas. Nuestro compatriota Daniel Gíménez Cacho pasa del altivo torero al hombre frustrado en una silla de ruedas, pero las expresiones de amor hacia su pequeña hija son maravillosas, y es que el papel de valiente y rebelde niña que encarna Sofía Oria, es magnífico y lo obtuvo a partir de un casting con más de mil niñas. Tiene una mirada sumamente expresiva, al igual que la bella y dulce Macarena García notable como la joven Blancanieves, al igual que Maribel Verdú quien da varios tonos curiosos a su encarnación de bruja malvada y lo mismos sucede con el grupo de enanos.
Pero sobre todo el trabajo del fotógrafo Kiko de la Rica pleno de matices para encuadrar imágenes que parecen pinturas (las imágenes de la Plaza de Toros resultan hipnóticas), así como de sacar partido de las diversas tonalidades de los grises, y el contraste entre el rostro humano y la escenografía, apoyado a su vez en travellings y utilización de las grúas, como ocurría ya en el cine de los años 20. Mención aparte merece la encendida banda sonora de Alfonso de Vilallonga responsable de la música de filmes como: Transiberiano, Mi vida sin mi y Princesas, quien suplió al músico original del filme, Alberto Iglesias, colaborador habitual de Pedro Almodóvar. Blancanieves ha sido uno de los mayores éxitos del cine español de todos los tiempos superando incluso al propio Almodóvar. Un filme arrojado, insólito y audaz, que supera el homenaje y la recreación del clásico infantil para trastocarse en una obra tan dulce como amarga, que se mueve entre lo realista, lo fantástico y lo surrealista con intensidad y brío.

Rafael Aviña
Centro Histórico, Ciudad de México