En el corazón de la mentira. (Au coeur du mensonge, Francia, 1999)

Dirección. Claude Chabrol/ Guión. Claude Chabrol y Odile Barski/ Fotografía en color. Eduardo Serra/ Música: Matthieu Chabrol/ Edición: Monique Fardoulis/ Con: Sandrine Bonnaire (Viviane Sterne), Jacques Gamblin (René Sterne), Antoine de Caunes (Germain-Roland Desmont), Valeria Bruni Tedeschi (Frédérique Lesage), Bernard Verley (Inspector Loudin), Bulle Ogier (Évelyne Bordier)/ Duración. 113 mins.

Sinopsis.

El cuerpo de Eloise Michel, una niña de 10 años, es localizado con signos de estrangulamiento y violación en el claro de un bosque en el pueblo de Saint-Malo en Bretaña. La jefa de policía de la región, la parisina Frédérique Lesage inicia su interrogatorio con René Sterne, pintor sin éxito, obligado a sobrevivir ofreciendo clases de dibujo y última persona que vio con vida a la pequeña. Aunque René y en especial su mujer, Viviane, que trabaja como enfermera a domicilio, son respetados en el pueblo, no son originarios de la región y las sospechas se ciernen sobre ellos, debido a que él se siente cada vez más atormentado por los crecientes rumores sobre lo ocurrido. A su vez, Viviane inicia una breve relación con Germain-Roland Desmot, un exitoso periodista y escritor local que se vende al mejor postor al tiempo que defiende a su marido frente a las investigaciones de Lesage, que escucha con atención a todos los vecinos del pueblo. Más tarde, un segundo y violento asesinato termina por crear un halo de paranoia en el lugar.

A fines de los años cincuenta surgiría en Francia uno de los movimientos cinematográficos más revolucionadores en la historia fílmica mundial denominado simplemente nouvelle vague o nueva ola francesa. En 1960, la proyección en el Festival de Cannes de Sin aliento de Jean Luc Godard y Los 400 golpes de Francois Truffaut -ambas de 1959- colocan al movimiento en la cresta internacional. Elipsis brutales, una cámara siempre móvil, locaciones auténticas, iluminación natural, escenarios parisinos en su mayoría, relatos personales, poéticos, intimistas e intelectuales, historias de amor al límite y una serie de obras como: Los primos de Claude Chabrol, Ascensor para el cadalso de Louis Malle, El año pasado en Marienbad e Hiroshima mi amor de Alain Resnais, a los que se sumaban importantes filmes de otros realizadores como: Agnes Varda, Éric Rohmer, Jacques Rivette, Chris Marker y Jean Pierre Melville como precursor del movimiento, entre otros, otorgan a ese nuevo estilo visual y esa particular manera de narrar, editar y exponer la sicología de los personajes, el ambiente idóneo para que esa propuesta atípica y novedosa, superior incluso al expresionismo alemán o al neorrealismo italiano, se instalara como marca de fábrica de un nuevo cine que hoy casi 60 años después, aún perdura.

Correspondiente a su tercera etapa cinematográfica una de las más extensas y exitosas: las obras realizadas bajo el apoyo de productor Marin Karmitz y a la que pertenecen títulos notables como: Un asunto de mujeres, La ceremonia, Madame Bovary, El Infierno y La flor del mal, entre otras, protagonizadas en buena medida por atractivos personajes femeninos, En el corazón de la mentira es un relato en el que confluyen prácticamente todos los aspectos de la obra de Claude Chabrol, uno de los pilares de la nueva ola francesa desde su promisorio debut con El bello Sergio (1958). Con 80 años de edad y en plena actividad y lucidez, Chabrol abandona aquí sus coqueteos hitchcokianos, sus comedias negras y sus buenos intentos de serie noir con ambiciones comerciales y regresa con un filme suma de sus temas y obsesiones: la claustrofobia, las verdades a medias y en particular esa plácida y enfermiza vida burguesa de provincia como un Mal que va corrompiendo a un pequeño pueblo.

Chabrol el ex crítico de la afamada revista Cahiers du Cinema y gran admirador de Henri-Georges Clouzot uno de los grandes maestros del cine de suspenso francés, a quien homenajeó con El infierno, filme que debió realizar Clouzot sobre el tema de los celos patológicos, consigue darle la vuelta a su etapa anterior plagada de tramas policiales en la que el autor de Landrú, El carnicero, o Las ciervas, abandona sus relatos urbanos para situar sus acciones en una zona rural como microcosmos de la nación entera. De esa manera, sus historias de novela negra del tipo Pollo en vinagre, Inspector Lavardin o Gracias por el chocolate, ocurren en provincias asfixiantes y en donde la ley es un simple ejercicio de moral. Así, En el corazón de la mentira, los juegos de pistas y búsquedas del asesino al igual que las indagaciones policiacas típicas del género hollywoodense pasan a un plano menor, ya que a Chabrol, le interesa ahondar más en la sicología de los personajes y en sus contradicciones, que centrar el discurso narrativo del filme en resolver la escalofriante intriga.

En ese sentido, la trama de En el corazón de la mentira pareciera retomar las enseñanzas de aquel viejo capítulo televisivo de La dimensión desconocida, Los monstruos están llegando a la calle Maple (1960) escrita y narrada por Rod Serling. La trama era más o menos la siguiente: en un tranquilo suburbio un extraño sonido y una falla de energía eléctrica alertaba al vecindario. La incertidumbre y el temor, provocaba que todos empezaran a sospechar y a tener miedo del otro hasta que unos a otros acaban despedazándose entre sí ante la mirada burlona de unos extraterrestres que conocían la principal debilidad humana: la paranoia y la desconfianza.

“El mundo está enfermo” comenta el forense a la huidiza y reservada comisaria Losange, un personaje gris en apariencia que poco a poco va colocando las partes de un rompecabezas emocional sostenido justamente por la paranoia y la desconfianza. Además del brutal y perverso primer asesinato, al que se suma uno más, así como el robo de piezas de arte sacras, Lesage se percata que en esa pequeña localidad abundan los celos, los resentimientos, los chismes y la frustración. Todo mundo ve la paja en el ojo ajeno menos en el propio. Así, Chabrol se aleja de los típicos telefilmes de suspenso y se concentra en una trama inquietante con personajes cargados de debilidades y temores.

Por un lado René, el pintor temeroso y hosco que arrastra una cojera permanente, producto de un accidente en un atentado y que empieza a percatarse de las pequeñas mentiras y ausencias de Viviane, su mujer de sonrisa melancólica, que intenta sobrellevar la frustración del marido y a pesar de que es evidente que ambos se aman y aún se gustan, termina enredada en los ingeniosos juegos de palabras (“Soy explosivo, combustible, sumergible”) y el falso encanto de Germain-Roland, ese cínico y arrogante entrevistador televisivo que poco a poco la va seduciendo: la secuencia de la cena entre los tres es muy ilustrativa, por ejemplo,

A ellos, se suman otros personajes menores aunque no menos atractivos: Regis Marchal, amigo de René y traficante que mantiene los costosos gustos de su novia, la propia Lesage y su particular trato, el comisario Loudin que sospecha de la gran figura local que es Desmot, la chismosa Sra. Bordier y su marido, o Víctor el jovencito con aspiraciones detectivescas que descubre el cuerpo de Eloise. A través de ellos, el cineasta reflexiona sobre las enfermedades del alma: es un poco como sacudir el árbol para derribar las frutas podridas bajo la hermosa y fría luz de Bretaña.

En el corazón de la mentira guarda varios puntos de contacto con La humanidad realizada el mismo año de 1999 por el también cineasta galo Bruno Dumont: un relato asfixiante casi minimalista, que centra su acción en un ingenuo y extraño inspector de policía a quien le asignan el sórdido caso de la violación y muerte de una niña en una pequeña localidad de provincia. Y, al mismo tiempo, como sucede en Un dulce olor a muerte (1998) –cinta mexicana de Gabriel Retes-, se retrata la monotonía de un pequeño pueblo sacudido por el asesinato y violación de una jovencita. Es en efecto, el mismo caso de la cinta de Chabrol, la radiografía oculta de un apacible pueblo –en apariencia- de la costa de Bretaña, donde coinciden un matrimonio en crisis, la sospecha de adulterio y una niña de 10 años violada y estrangulada.

A partir de una puesta en escena rigurosa el veterano realizador cuya filmografía supera los 50 títulos, va descubriendo una red cotidiana de hipocresías a través de un guión original suyo co escrito con Odile Barski argumentista de varias de sus cintas, cuyo hilo conductor es la cotidianidad de un matrimonio brillantemente interpretado por Sandrinne Bonnaire y Jacques Gamblin, así como la presencia de la enigmática y reservada mujer detective, Lesage (Valeria Bruni-Tedeschi), forastera con una hija pequeña que intenta resolver el asesinato, en el que aparece como sospechoso mayor René, sin duda el personaje más complejo, acosado a su vez por el intrigante y deshonesto periodista y escritor Germain Desmont.

En el corazón de la mentira es el retrato de una pareja que necesita la ilusión del amor entre sus vidas para salvar su convivencia natural en un ambiente que no les pertenece rodeado de hipocresía e insanidad. Una historia de sobrevivencia de la pareja, envuelta en una subtrama de suspenso policiaco en la que la crisis creativa del protagonista luego de un accidente se contrapone con la fatuidad de un escritor que elabora una serie de mentiras más dañinas quizá que el propio crimen: “Qué suerte que existe la mentira. Sin ella, la vida en sociedad sería insoportable”, comenta. Se trata sin duda de un relato turbador que se encuentra entre lo mejor de un cineasta magistral como Chabrol.

RAFAEL AVIÑA

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