BYEBYE BRASIL (Brasil-Francia-Argentina, 1979-80)

Dirección. Carlos Diegues/ Guion. Carlos Diegues y Leopoldo Bhering Serran/ Fotografía en color. Lauro Escorel/ Música. Chico Buarque, Roberto Menescal y Dominguinhos/ Edición. Anisio Medeiros y Mair Tavares/ Dirección de arte. Anisio Medeiros/ Vestuario. Anisio y José Medeiros/ Diseño de Producción. Bruno Barreto, Lucy Barreto y Luis Carlos Barreto/ Coreografía. Carlos Machado/ Diseño de títulos. Fernando Pimenta/ Con. José Wilker (Lord Gitano), Betty Faria (Salomé), Fabio Junior (Cico), Zaira Zambelli (Dolores o Dasdó), Principe Nabor (Andorinha, el hombre fuerte), Emanoel Cavalcanti (presidente municipal), Carlos Kroeber (camionero), Catalina Bonakie (viuda), Rinaldo Gines (jefe indio), Marcus Vinicius (empresario), Cleodon Gondin (cliente en el prostíbulo-bar)/ Duración. 100 mins.

SINOPSIS

La Caravana Rolidei integrada por el seductor Lord Gitano, la sensual Salomé y el musculoso negro, Andorinha, conforman un trío de artistas errantes con un espectáculo paupérrimo y de mala calidad que a bordo de su maltratado camión se dedican a realizar funciones y llevar un poco de entretenimiento a los sectores más pobres y humildes de los diversos pueblos brasileños que no tienen acceso a la televisión –esqueletos de pescado como les llama Lord Gitano a las antenas televisivas. A ellos, se unen Cico, un pobre acordeonista de la zona del sertao y su mujer embarazada, Dolores, aquel, se ha fascinado con la explosiva sexualidad de Salomé. Por indicaciones de un camionero, la Caravana Rolidei intenta atravesar la autopista Transamazónica para llegar al poblado de Altamira que en apariencia es casi un paraíso en realidad inexistente y en donde Brasilia, se alza como la tierra de las oportunidades para el nuevo siglo, próximo a llegar. En su viaje, repleto de situaciones tragicómicas, no sólo se percatan de la pobreza, la ignorancia, la tristeza, el abuso, la enajenación televisiva, la destrucción ecológica, la destrucción de la civilización y también la esperanza y el ingenio de la población brasileña, sino que además, ellos mismos tienen que sobrevivir a duras penas, timando o recurriendo a la prostitución. Lugares donde coexisten la miseria y la abundancia, la tragedia y la belleza, el pasado y el futuro. Exhibidores de cine que recorren pueblo tras pueblo, indios del Amazonas que intentan mantener su dignidad, embaucadores, fábricas flotantes, contrabandistas, funcionarios públicos corruptos, trabajadores sociales y toda una extraña fauna social que enmarcan el Brasil de aquel momento que se preparaba para el llamado milagro brasileño que nunca llegó como ha ocurrido con todos los pueblos de Latinoamérica incluyendo México.

 

Bye Bye Brasil fue nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1980, año en que obtuvo la codiciada presea, la cinta francesa de Alain Resnais, Mi tío de América. Asimismo, en el Festival de la Habana, Cuba, Carlos Diegues obtuvo el premio a la Mejor Dirección y la película el premio Coral Especial a la Mejor Cinta de Ficción.

 

En nuestro país, Bye Bye Brasil, fue proyectada originalmente en la remota Muestra Internacional de Cine en 1982. De manera posterior la Cineteca Nacional en su nuevo conjunto ubicado en la llamada Plaza de los compositores la exhibió durante dos semanas y más tarde, el empresario Carlos Amador la estrenó el 24 de enero de 1986 en sus Telecines Palacio Chino B y Majestic, lanzándola como si fuera otra de las cintas procaces y semiporno que solía exhibir por aquellos años.

 

Bye Bye Brasil está considerada ya un clásico contemporáneo del cine latinoamericano y una de las favoritas por cierto, del escritor Gabriel García Márquez: a su vez, un entusiasta promotor y guionista del cine. Se trata sin duda de una de las mejores películas del cine brasileño y la obra maestra del cineasta carioca Carlos Diegues que cumple en este 2014, 35 años de realizada y por fortuna, no ha perdido absolutamente nada de su encanto, ironía y lo atractivo de su propuesta. Un filme alegre, desmadroso y crítico que auguraba una nueva civilización tropical para el siglo XXI. Un sueño de prosperidad económica, intelectual y sexual que derrochaba optimismo, dedicado a los marginados de la sociedad brasileña de 1980. En palabras del propio Diegues, significaba: “el adiós a los cangaceiros y al paraíso tropical”.

Y es que, no sólo se conjuntaban varias personalidades alrededor del filme, como lo sería el productor Bruno Barreto, productor y realizador de la exitosa Doña Flor y sus dos maridos, protagonizada entre otros, por: Sonia Braga, José Wilker, y Betty Faria, éstos dos últimos, protagonistas de Bye Bye Brasil. A lo que se sumaba la notable banda sonora de los prestigiosos músicos y compositores: Chico Buarque de Hollanda (Joanna Francesa, Doña Flor y sus dos maridos, Roque Santeiro, entre otras) Roberto Menescal (Xica Da Silva, Joana Francesa y autor de temas clásicos del bossanova como: O Barquinho y Voce) y Dominguinhos (Roque Santeiro), en un sensacional soundtrack que incluía a su vez temas como: Para Vigo me voy de Ernesto Lecuona, Duerme con la orquesta de Xavier Cugat, Blanca Navidad interpretado por Bing Crosby o Aquarela do Brasil de Ari Barroso.

 

El carnaval, las favelas, la ignorancia, la pobreza, la prostitución, el futbol y la música popular como la samba y el bossanova, dejaron de ser un folclorismo pintoresco, para convertirse en temas y testigos de la realidad imperante. Es decir, los problemas cotidianos de un país en vías de la militarización provocaron una renovación fílmica y una oleada de cineastas que pasaban del cineclubismo y la crítica a la realización (Glauber Rocha, Carlos Diegues, Leon Hirzman, Joaquim Pedro De Andrade y Ruy Guerra), inspirados en una obra sencilla y fresca realizada por el padre del llamado cinema novo brasileño: Nelson Pereira Dos Santos, responsable de su instantánea cinta de culto Río, 40 Grados (1955).

La fábula, la crítica social y la música como tema y apoyo, no son elementos aislados de esa gran metáfora lúdica que es Bye Bye Brasil, sino características de un cineasta interesado en contar la crónica solidaria de la miseria brasileña, sus mitos y raíces culturales. Desde su debut con el corto Escuela de samba, alegría de vivir (1962), Carlos Diegues (Maceió, 1940), autor de filmes tan importantes para la cinematografía carioca como: Ganga Zumba, Xica da Silva, Lluvias de verano, Quilombo, Orfeo, Tieta, ha explorado el principal problema del subdesarrollo, la subsistencia, cuya obra clave es el relato itinerante de la insólita caravana de artistas llamada Rolidei.

Bye Bye Brasil es el alucinante viaje de una troupe que recorre todo el país en un destartalado camión, llevando esparcimiento -erótico incluso- y esperanza por las regiones más abandonadas y multirraciales de Brasil. Salomé, la reina de la rumba y prostituta, Lord Gitano, emperador de los magos y videntes y Andorinha, rey de los músculos. A ellos, se suman, Cico, acordeonista obsesionado con Salomé y la ingenua Dolores, su mujer a punto de parir, para integrar un filme memorable que incluso anticipa algunos de los temas de Entrevista (Federico Fellini, 1981), en lo que respecta a la muerte del cine y la enajenante invasión de la TV y sus “espinas de pescado”.

Diegues intentó hacer una película sobre un país en declive y otro en estado embrionario, donde coexiste lo arcaico y lo moderno, la abundancia y la miseria, la amargura y el placer. El realizador, su caravana de actores y técnicos, viajaron a lo largo de quince mil kilómetros, cruzando tres de las cinco regiones del país. Ahí, padecieron las lluvias torrenciales que destruían los caminos en el Amazonas, o la sequía del sertón en el nordeste brasileño. “Mi película es una historia que escribí al cabo de mis años y mis viajes a través del Brasil…Encontramos a todo un pueblo del nordeste mirando la televisión y viendo un mundo totalmente diferente al suyo pero igualmente brasileño…”.

Como en toda película de Diegues, la música juega un papel decisivo -recuérdese un Tren para las estrellas u Orfeo. Por ello, la banda sonora de Roberto Menescal y más aún, el espléndido tema musical homónimo compuesto e interpretado por Chico Buarque, resultan un atractivo más de un filme que servía como metáfora de los dos Brasiles. Una emotiva e inteligente tragicomedia que consiguió unir en dosis exactas de ironía y evitando toda complacencia, el viejo paraíso agropastoral y el urbano de nuevos horizontes económicos. A 35 años de su experimento fílmico, la realidad hizo que el cine de Diegues dejara atrás el optimismo, por otras experiencias fílmicas más amargas e hiperrealistas. De todos los cineastas brasileños surgidos del cinema novo a la fecha, tal vez, sólo Carlos

Diegues se ha mantenido como el cineasta más completo y constante (Días mejores vendrán, Orfeo, Tieta), a pesar de sus altibajos (Cuatro canciones de Río, Dios es brasileño, El mejor amor del mundo), ha experimentado en carne propia los cambios, avances y retrocesos de ese notable y exuberante cine alternativo latinoamericano que surgió principios de los años sesenta para trastocar otras cinematografías como la cubana y la mexicana de ese momento único, moderno, experimental e independiente.

 

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

29 de abril de 2014

 

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