EL PEQUEÑO BUDA (Little Buddha/ PIccolo Buddha, Italia-Francia-Gran Bretaña-Liechtenstein, 1993)

Dirección. Bernardo Bertolucci/ Guión. Bernardo Bertolucci, Rudy Wurlitzer, Mark Peploe/ Fotografía en color. Vittorio Storaro/ Música. Ryuichi Sakamoto/ Edición. Pietro Scalia/ Diseño de Producción. James Acheson/ Diseño de arte. Bruno Cesari y Manohar Shrestha/ Vestuario. James Acheson/ Producción. Jeremy Thomas/ Con. Keanu Reeves (Siddhartha), Bridget Fonda (Lisa Conrad); Ying Ruocheng (Lama Norbu), Geshe Tsultim Gyelsen (Lama Dorje), Chris Isaak (Dean Conrad), Alex Wiesendanger (Jesse Conrad), Raju Lal (Raju), Greishma Makar Singh (Gita), Sogyal Rinpoche (Kempo Tenzin), Jo Champa (María), Jigme Kunsang (Champa)/ Duración. 123 mins.

SINOPSIS

Un día de regreso a su casa del trabajo, el arquitecto de Seattle, Dean Conrad, se encuentra a dos hombres vestidos de monjes budistas sentado en su sala de estar hablando con su esposa Lisa. Guiados por una serie de sueños perturbadores, los monjes han viajado desde Nepal a Seattle porque creen que Jesse, el hijo de dos años de los Conrad, pudiera ser la reencarnación de un budista legendario místico. Según el monje Champa, tuvo un sueño en el que se le aparecía un lugar muy hermoso, en el que había una colina y en donde estaba el Lama Dorje. Cuando llegaron a la dirección donde estaba la colina, descubrieron que la casa de Jesse estaba situada en esa colina con la que él había soñado tantas veces. El matrimonio, en un inicio, escépticos, sobre todo cuando los monjes pretenden llevarse al niño a Bhután dudan, ello coincide con el suicidio del socio de Dean, quien tiene un despertar religioso y accede a que Jesse viaje con los monjes y el padre lo acompaña. Allá, el Norbu Lama ofrece a Jesse un libro para niños que narra la historia de Siddharta Buda, quien lleva una vida protegida y sin problemas, hasta que se encuentra con un par de mendigos que le llevan a recorrer una senda de pobreza y hambre. Después de esta revelación, Siddharta decide que ese es su destino para aliviar todos los seres humanos del dolor y el sufrimiento. Jesse ha crecido con la enseñanza del budismo al igual que otros dos niños: Raju y Gita, quienes a su vez, muestran signos de ser la reencarnación del budista místico. Luego de pasar varias pruebas, el Lama Norbu está cada vez más convencido de que los tres tienen algo que ver con el Lama Dorje y descubre que los tres niños son una parte del Lama Dorje: Jesse, la mente; Raju, el cuerpo y la niña india Gita, es el habla o el espíritu. El Lama Norbu después de meditar varios días, muere y sus cenizas son repartidas entre los tres niños para que sean esparcidas; cada uno lo hace en su lugar de origen y de una forma diferente: en el agua, el aire y la tierra. Al final los niños vuelven a sus hogares. Jesse vuelve a Seattle con su padre y se reúnen con su madre, que está esperando un bebé.

Por ésta película, el realizador italiano Bernardo Bertolucci obtuvo la Cámara de oro en Alemania. Y el cinefotógrafo Vittorio Storaro fue condecorado con el listón de plata que otorga el Sindicato de Periodistas Cinematográficos de Italia.

 

 

La fascinación por el Tibet y la filosofía budista que se desprende de esa suerte de paisaje imperturbable tanto físico como anímico, ha llevado a cineastas muy opuestos a realizar los más arriesgados actos de fe -pirotecnia visual incluida-, rayando incluso en los excesos como sucedió con Justicia roja (1997) de Jon Avnet. Tan sólo, un vehículo de lucimiento para Richard Gere; un estadunidense que se enfrenta a la brutalidad e intolerancia del gobierno chino como alegoría del acoso sufrido por el Dalai Lama y su pueblo.

Aún más objetable resulta Siete años en el Tibet (1997) de Jean-Jacques Annaud con Brad Pitt como impetuoso alpinista austriaco y simpatizante nazi que emprende el ascenso a los Himalayas. Llega al Tibet, conoce al mismísimo Dalai Lama niño y comparte con él siete años de fortalecimiento espiritual. Kundun por su parte, también de 1997, era el nuevo acercamiento a una cultura tan fascinante como compleja por parte de un realizador siempre dispuesto a correr riesgos como lo es Martin Scorsese. En efecto, se trata de un filme contemplativo y altamente religioso que intenta mantenerse imparcial ante las políticas tibetanas.

Curiosamente y a pesar de tratarse de una épica espectacular con actores desconocidos, el cineasta mantiene intacta su visión personal de brutalidad y redención sello de su filmografía, así como sus antihéroes, casi mártires, fieles a sus cerrados y complejos códigos de honor en las situaciones más apremiantes. De hecho, en palabras del propio cineasta se trata de un estudio sobre la naturaleza del hombre y uno de los conceptos más revolucionarios: la no violencia.

El filme arranca hacia 1937 cuando un niño proveniente de una empobrecida familia rural en el Tibet es reconocido como la decimocuarta reencarnación del Buda de la compasión; el Dalai Lama. A partir de entonces comienza la educación espiritual de un niño destinado a enfrentar la irracionalidad del gobierno chino bajo el mandato de un petulante Mao Tse Tung convencido de que “la religión es un veneno y el opio de los pueblos”. Prosigue con la resistencia pacífica del Dalai Lama solo en el escenario mundial hasta su exilio en 1959 en la frontera con la India.

En ese sentido, Kundun coincide con El pequeño Buda en un relato donde no faltan las imágenes exóticas, las fuertes dosis de orientalismo y el impactante cine-espectáculo que suele atrapar a todo tipo de audiencias. A diferencia del cineasta italiano, Scorsese deja de lado las recreaciones fantásticas y de algún modo consigue mostrar en imágenes el dilema sobre la búsqueda de la verdad y del espíritu y la renuncia al ego personal, a cambio de encontrar la felicidad en la nada, entre otros preceptos budistas.

Por su parte, Bertolucci, harto de la corrupción del gobierno italiano, abandonó su país para internarse en el oriente, de ahí, que algunos de sus trabajos, intenten extraer el misterio que aquellas lejanas tierras encierran. Motivado por la filosofía budista; la meditación y la observancia lógica del mundo, el cineasta dedicó todos sus esfuerzos en la realización de El pequeño Buda, un relato épico de gran producción, que pretende mostrar paradójicamente, una sencilla fábula de trascendencia espiritual.

Hijo de un matrimonio intelectual progresista, Bertolucci, encuentra en el cine, el medio idóneo para expresar su visión contestataria en contra de la burguesía italiana y sus prejuicios. Con un inicio que parece divagar entre Freud y Marx, Bertolucci abandona por fortuna su tono radical izquierdista y conecta con esa gran obra irónica y amarga, El último tango en París (1972). A partir de entonces, inicia una segunda etapa épica-intimista, hasta su rompimiento con La tragedia de un hombre ridículo (1981) y su triunfal regreso con El último emperador (1987).

El pequeño Buda, es un relato hasta cierto punto infantil, protagonizado por niños y jóvenes, que ilustra la leyenda de un joven Buda y de paso, el choque cultural de dos mundos opuestos. Moribundo, pero aún animoso, el Lama Norbu, recibe la noticia de la posible reencarnación de su viejo maestro, en Seattle. El monje tibetano, viaja a los Estados Unidos para conocer al pequeño Jesse Conrad, hijo de una pareja de yuppies que atraviesan por una crisis de valores y entrega al simpático niño, un libro ilustrado que contiene la vida del joven príncipe Siddharta, de la dinastía Gautama, quien rodeado de felicidad, descubre la pobreza y la vejez y decide abandonar su vida de riqueza para convertirse en Buda, el iluminado.

Con una fotografía del maestro Storaro que recupera el colorido de la India y los tonos azules posindustriales de una urbe fría y desolada como Seattle; un contraste que se nota en la banda sonora compuesta por el talentoso Ryuichi Sakamoto, que mezcla sonidos orientales con música electrónica new age, El pequeño Buda narra dos historias: la contemporánea, sobre el niño que termina en el Tibet al lado de su padre y la leyenda del joven Siddharta, protagonizado curiosamente, por Keanu Reeves.

Con una trama, que contó con la bendición del propio Dalai Lama, más cerca de la fábula infantil, Bertolucci consigue mostrar en imágenes el dilema sobre la búsqueda de la verdad y del espíritu, la religión sin dios y la renuncia al ego personal, a cambio de encontrar la felicidad en la nada. El pequeño Buda, no deja de ser un cuento didáctico para niños, pero a su vez, se trata de un espectáculo fascinante en escenarios exóticos e imágenes de leyenda épica.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa 15 de agosto 2016

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EL FARO/ EL EXTRAÑO (L’équipier, Francia, 2004)

Dirección. Philippe Lioret/ Guión. Philippe Lioret, Emmanuel Courcol y Christian Sinniger con la colaboración de Claude Faraldo, inspirado en un argumento de Gilles Legrand/ Fotografía en color. Patrick Blossier/ Música. Nicola Piovani/ Edición. Mireille Leroy/ Dirección de arte. Thierry Roussel/ Diseño de Producción. Yves Brover/ Vestuario. Pierre Bechir/ Producción. Christophe Rossignon, Philipe Boeffard/Con. Sandrine Bonnaire (Mabé Le Guen), Philippe Torreton (Yvon Le Guen), Grégori Derangère (Antoine Cassendi), Émilie Dequenne (Brigitte, hija del dueño de la taberna), Anne Consigny (Camille, hija de Mabé e Yvon hoy en día), Martine Sarcey (Jeanne en la actualidad), Nathalie Besançon (Jeanne en el pasado), Emmanuel Courcol (el cura), Thierry Lavat (Tinou), Béatrice Laout (Nicole), Christophe Kourotchkine (Lebras)/ Dur. 99 mins.

SINOPSIS

Época actual: Camille llega de París a la isla de Ouessant, comuna francesa de Bretaña, lugar en el que nació, para ocuparse de la venta de la casa de sus padres Mabé e Yvon, ambos ya fallecidos. Ahí se encuentra con su tía Jeanne, hermana de Mabé; sin embargo, esa misma noche y después de quedar con unos posibles compradores de la casa, descubre un secreto íntimo y familiar a través de un libro centrado en el faro de la isla llamado La Jument, enviado a su madre y escrito por un tal Antoine Cassendi. En 1963, un extraño (Antoine) llegó a la isla para unirse al grupo de fareros del que su padre era el jefe. Aquel hombre, Antoine había participado en la guerra de Argel y pronto encuentra el rechazo de los lugareños. De oficio relojero, Antoine se convierte en el blanco de burla y de la ira de los bretones de la isla. No obstante, de a poco, el ebanista y farero Yvon, empieza a brindarle su amistad y ambos se apoyan y ayudan en momentos complicados en el interior de La Jument. Sin embargo, la atracción y el amor entre Antoine y Mabé, crece hasta límites insospechados, Antoine sabe que no podrá permanecer ahí y por ello sólo se queda un par de meses; tiempo suficiente para trastornar el lugar y sus cerradas costumbres y a su vez, cambiar el curso de los acontecimientos y las vidas de los habitantes de la isla, en particular el matrimonio de Mabe e Yvon. En las páginas del libro, Camille descubre su verdadero origen y una historia de amor prohibido y de amistad incomprendida y decide no vender la casa familiar y quedarse con ella.

 

 

El faro, conocida a su vez como El extraño fue exhibida en el tour de cine francés en 2006. Recibió las nominaciones a Mejor Actor (Philippe Torreton), Mejor Música (Nicola Piovani) y Mejor Actriz Secundaria (Émilie Dequenne)

 

El realizador Philippe Lioret (París, 1955), se inició cómo ingeniero de sonido, trabajando en alrededor de treinta películas. En 1993, escribió y dirigió En Tránsito con Jean Rochefort y Marisa Paredes, con la que ganó el Premio del Festival de San Sebastián al Mejor Director. Autor de uno de los 12 episodios del filme comunitario Racismo cotidiano (1998), en 1997 dirige Tenue Correcte Exigee, con Jacques Gamblin, Elsa Zyberstein y Zabou Breitman. Su tercera película fue Mademoiselle/ El desliz (2001), protagonizada por Sandrine Bonnaire y Jacques Gamblin, seguida de El faro (2004) y de los filmes: Je vais bien, ne t’en fais pas (2006) con Mélanie Laurent, Welcome (2009) y Toutes nos envíes (2011) –ambas con Vincent Lindon- y Le fils de Jean (2016). A su vez, ha dirigido alrededor de sesenta anuncios publicitarios.

En México sólo se ha podido ver El faro y El desliz, al igual que aquella, un relato sobre el fracaso amoroso, la frustración erótica y los encuentros casuales, que narra el brevísimo encuentro romántico entre dos perfectos desconocidos que tienen que convivir juntos por varias horas, lo que le servía al ex sonidista Philippe Lioret para incidir en el tema de la frustración amorosa con personajes derrotados e insatisfechos.

Una mujer camina por los pasillos de un mercado, una de sus rutinas como ama de casa, sin embargo, al salir de éste y al toparse con el anuncio de una obra de teatro los recuerdos se agolpan repentinamente. Claire Cancelier (Bonnaire), exitosa visitadora médica, casada y con dos hijos asiste a la convención anual de la empresa donde labora. Ahí, conoce a un extraño mesero, Jean-Pierre (Jacques Gamblin), que arma un escándalo, se trata de una farsa improvisada a cargo de un trío de actores, “La compañía de la improvisación” que amenizan fiestas y reuniones. Claire pierde el tren y el autobús que la llevará a su hogar y además tiene que cargar con el regalo de un amigo que se ha jubilado: un pequeño faro marino. El trío se ofrece a llevarla hasta Lyon, pero en ese viaje, al lado de Jean-Pierre, su vida dará un giro inesperado: una revitalizadora aventura amorosa de una sola noche (“Hace mucho que no me llamaban Mademoiselle”), para regresar de nuevo a la rutina cotidiana.

 

¿Toda la acción ocurre en esta diminuta isla?: -Sí, la Isla de Ouessant es un lugar sorprendente y el faro de La Jument es estremecedor. Fue difícil asegurarnos que los exteriores no dominaran la acción. Emmanuelle Courcol, mi co-guionista, y yo queríamos centrarnos en esta pequeña comunidad, que la gente pudiera identificarse con el grupo en su totalidad y con los individuos que pertenecen a él. Pero como telón de fondo estábamos buscando un lugar que fuera algo así como “el fin del mundo” y como el mar siempre me ha atraído, Ouessant era el lugar perfecto” -Entrevista con el realizador Philippe Lioret, http://www.labutaca.net/films/54/elextrano1.htm-

El faro es un filme que sin serlo ni plantearlo de esa manera, recuerda el tono y las fórmulas del western clásico: Un forastero ajeno totalmente a la isla aparece en alguna parte lejos de su camino y es recibido con hostilidad. Sin embargo, uno de los lugareños, jefe del faro de la isla rompe con esa situación. Trabajan juntos, empieza a conocer a este extraño y se hacen amigos. Después, una mujer se enamora del forastero, por desgracia, se trata de la esposa del farero.

Ello, en una trama que apuesta por una impecable sobriedad. Una elegancia sencilla y contundente en la que se inserta la delicada banda sonora del gran Nicola Piovani, la belleza y el encanto de Sandrinne Bonnaire, la estrella de La ceremonia y En el corazón de la mentira de Claude Chabrol, la impresionante belleza de la isla bretona y de ese enigmático faro que es como un personaje más; como lo es ese gatito Banco que habita en el faro y que se convierte en el elemento que une a esos dos hombres que viven bajo el dolor del pasado y la frustración, en un drama que mantiene el interés y el suspenso a lo largo de toda la película. Se trata de una obra de una enorme belleza visual que apuesta por una historia mínima, sobre los destinos cruzados y el azar y que incide con fortuna en la belleza plástica como se aprecia en el enorme trabajo fotográfico y de diseño de producción del filme. El faro es un relato muy bello y al mismo tiempo triste y melancólico a medio camino entre Breve encuentro (1946) de David Lean y las desesperanzadoras novelas románticas de Stefan Zweig en cuyas tramas la vida puede cambiar en unos cuantos minutos. Todo ello con referencias al horror de la guerra y los recuerdos de la bestialidad humana que los conflictos bélicos provocan como le sucede a Antoine, obligado a quebrar las manos de los lugareños en un pueblo argelino en un molino, acción que le es aplicada a él mismo por unos oficiales franceses cuando Antoine se niega a seguir realizando esa práctica de tortura.

“¿Estabas familiarizado con la isla? Todo lo contrario. Para evitar que resultara un documental, escribimos el guión sin poner un pie en Ouessant. Y lo mismo con respecto al faro. Nunca visitamos ningún faro. Queríamos contar la historia de dos hombres que se enamoran de la misma mujer. Viven y trabajan juntos, en este lugar remoto donde es difícil conocer a la gente y casi imposible escapar de ellos, pero lo que es verdad es que puede ocurrirle a cualquier persona y en cualquier lugar. Habiendo dicho esto, tengo que añadir que, por supuesto, investigamos y hablamos con fareros de Francia. Cuando llegué a Ouessant y fui a La Jument para empezar a rodar, tuve una especie de sentimiento de “déjàvu” como si todo me fuera familiar, aunque no hubiera estado nunca allí. De hecho, me encantó trabajar en Ouessant, con toda esa gente que no dicen mucho pero que verdaderamente salieron de su rutina para ayudarnos. Acabamos de hacer una proyección de la película para que ellos la vieran y su reacción ha sido maravillosa. Las condiciones para el rodaje deben haber sido muy difíciles. No esperábamos nada más. Partíamos cada mañana con una idea y casi siempre teníamos que cambiar a causa de la climatología o cualquier otra cosa” -Entrevista con el realizador Philippe Lioret, http://www.labutaca.net/films/54/elextrano1.htm-

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, 25 de julio 2017

AMÉN (Amen, Francia-Alemania-Rumanía, 2002)

Dirección. Constantin Costa Gavras/ Guión. Constantin Costa Gavras y Jean Claude Grumberg, inspirada en la obra teatral de Rolf Hochhuth/ Fotografía en color. Patrick Blossier/ Música. Armand Amar/ Edición. Yannick Kergoat/ Dirección de arte. Emita Frigato y Maria Miu/ Diseño de Producción. Ari Hantke/ Vestuario. Edith Vesperini/ Producción. Claude Berri, Andrei Boncea, Dieter Meyer/ Con. Ulrich Tukur (Kurt Gerstein), Mathieu Kassovitz (Riccardo Fontana), Ulrich Mühe (Doctor en campo de concentración), Michel Duchaussoy (Cardenal), Ion Camaritriu (Conde Fontana), Friedicht von Thun (padre de Gerstein), Anje Schmidt (mujer de Gerstein), Marcel Iures (Papa), Hanss Zischler (Grawitz), Sebastian Koch (Hoss)/ Duración.132 mins.

SINOPSIS

Dos sistemas: por una parte, la maquinaria nazi y, por otra, la diplomacia del Vaticano y de los Aliados. Ahí, hombres luchan desde dentro. Uno de ellos es Kurt Gerstein (personaje que existió realmente), químico y miembro de las SS que se encarga de suministrar el gas Ziklon B a los campos de la muerte durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, cuando descubre que el gas letal se utiliza para exterminar judíos, ello no le impide denunciar los crímenes nazis a los aliados, al Papa e incluso a los miembros de la Iglesia alemana a la que pertenece, jugándose de este modo su vida y la de su familia. El otro es Riccardo Fontana, un joven sacerdote jesuita que representa a todos los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie, pagando muchas veces con su propia vida. Kurt Gerstein sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo entero también lo supiera. . Luego de presenciar las atrocidades en Treblinka, Gerstein contacta por casualidad al barón sueco Göran von Otter y le pide ayuda que no obtiene. Luego de sufrir varios rechazos llega a la propia Nunciatura Apostólica en Berlín, con el fin de que el Papa denuncie públicamente esta matanza, y aunque allí el Nuncio se niega a escucharlo, el joven jesuita Fontana se interesa por su relato. Fontana viajará al Vaticano, pero nadie, ni siquiera el propio Papa Pío XII parece interesarse por la suerte de los judíos. La película denuncia la indiferencia de todos aquellos que sabían lo que estaba pasando y decidieron callarse

 

Amén recibió siete nominaciones en los Premios César a lo Mejor del Cine Francés y se llevó el de Mejor Guión. El Globo de Oro al Mejor Filme Europeo por parte de la prensa italiana y el galardón de Mejor Película en los Premios Lumiere en Francia.

 

“El tema es el silencio. El silencio de las jerarquías espirituales en el ámbito político. Un silencio que aún hoy continúa frente a la miseria, la tragedia, el genocidio. En Ruanda, por ejemplo, ante un millón de muertos. El silencio continúa. Éste es para mí el tema principal de la película, una metáfora del silencio de hoy” – Constantin Costa Gavras

 

“Apasionante capítulo del silencio vaticano…Y sin hacer una obra maestra (Costa-Gavras suele estar como director por debajo de los magnífico y ambiciosos asuntos que filma) nos sitúa ante el rostro de esta herida sangrante…” -Ángel Fdez. Santos: Diario El País

 

 

Desde su clásico thriller político Z (69) hasta Amén (2002) y títulos posteriores como: Arcadia (2007) o El capital (2012), Constantin Costa-Gavras (Atenas, 1933), se ha mantenido fiel a sus convicciones políticas y cinematográficas. Su cine perfeccionista y de gran eficacia visual ha sido vehículo de denuncia civil, que igual se erige contra magistrados franceses corruptos (Sección especial, 1975), torturadores profesionales (Estado de sitio, 1973), organizaciones de extrema derecha como en Z o Traicionados (1988), o regímenes militares (Desaparecido, 1981). Así, a partir de ésta última, combinando con habilidad la crónica periodística y el thriller Costa-Gavras encontró en los Estados Unidos el lugar propicio para desarrollar sus historias bajo la fachada de un cine liberal hollywoodense que intentaba sacudir las raíces del estadunidense medio como en Mucho más que un crimen (1990), que denunciaba a colaboracionistas nazis, o El cuarto poder (1997), sobre la irresponsabilidad de la prensa y la televisión amarillista que alimentan a un público frívolo y consumista de la desgracia ajena.

Lo interesante de un cineasta con altibajos pero con una obra prestigiosa, particularmente la realizada en la década de los setenta, dueño de un oficio técnico y narrativo impecable, capaz de mantener el suspenso en películas muy dialogadas de pocas y asfixiantes locaciones, es que, ya sea cuestionando instituciones por excelencia (familia, iglesia, Estado), filmando en Francia, México, o Estados Unidos, o ambientado sus relatos en Grecia, Checoslovaquia, Uruguay, Chile o la Alemania de Hitler, su estilo y sus preocupaciones no varían.

Con estudios en el I.D.H.E.C de París y asistente de cineastas como, René Clair, Yves Allegret y Jacques Demy, Costa-Gavras debuta con un relato de suspenso, el género que va a marcar prácticamente toda su obra: Crimen en el coche cama (1965) con un equipo de actores básicos en su filmografía: Yves Montand, Simone Signoret y Jean-Louis Trintignant, drama que sucede a bordo del expreso Marsella-París donde se descubre el cadáver de una mujer. Seguida de Sobra un hombre (1967), ambientada en tiempos de la ocupación nazi, acerca de un grupo de la resistencia que libera a 13 prisioneros, uno de ellos, ajeno a sus convicciones políticas.

Su tercera cinta lo consagra de inmediato y le lleva incluso a ganar el Premio Especial del Jurado en Cannes y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Z (1969) partía de un caso real: el asesinato del profesor de medicina y popular político griego Gregorios Lambrakis, de la Unión Izquierdista Democrática, ocurrido en 1963 con la complicidad del gobierno y su policía. Con un guión del propio Costa-Gavras y Jorge Semprún y una brillante partitura musical a cargo de su inseparable Mikis Theodorakis, conseguía encabalgar suspenso, acción y denuncia de los mecanismos fascistas.

Amén, polémico relato que escarba en los pecados de la iglesia católica en una tónica muy distinta a otro par de historias escandalosas como lo serían, Las hermanas Magdalenas y El crimen del Padre Amaro, centra su premisa en el papel jugado por la iglesia durante el nazismo y su orientación antisemita, a partir de la biografía de Kurt Gerstein, ingeniero, médico y oficial de la SS que intentó detener el genocidio de judíos cuando descubrió que su invento, el gas Ziklon B, no era utilizado para desparasitar campos de concentración, sino para aniquilar prisioneros.

Amén marcaba el regreso de Costa-Gavras a su cine comprometido, cuyo peso ideológico recae en el personaje ficticio del sacerdote jesuita interpretado por el actor y realizador Mathieu Kassovitz, violentado ante la pasividad o la complicidad del Vaticano en relación al genocidio perpetrado por los nazis y aquellos que levantaron su voz contra los métodos de Hitler como Gerstein, en un thriller de consecuencias morales donde pesan más los conflictos internos de sus protagonistas que la espectacularidad del holocausto y los campos de concentración, emparentándola en ese sentido, con El pianista (2002) de Roman Polanski y colocándose en el extremo de premisas comerciales no menos eficaces pero sí más cuestionables, como lo serían La lista de Schindler (1993) o La vida es bella (1997).

 

 

“Sólo intento plantear interrogantes sobre cuestiones humanas y de la sociedad, y no intento dar respuestas ni hacer juicios definitivos. No es el papel del arte ni de un director de cine’. Detesta el término cine político, aunque difícilmente puede quitarse de encima esta etiqueta. ‘Lo que llaman cine político cambia con el tiempo y con los temas. Los años setenta y ochenta fueron una época completamente diferente. Piense en una película como La confesión: sería absurdo hacerla hoy, porque sería un tema completamente superado, como hacer una película sobre el Imperio Romano. Si el cine consigue adelantarse a su tiempo y predecir acontecimientos, eso sí que tiene valor. Para mí hacer cine para contar cosas que todos sabemos y que ya son historia no tiene sentido” –Constantin Costa Gavras-

 

 

Desde las primeras imágenes que muestran a un grupo de monjas colaborando en el envío de discapacitados y enfermos mentales a los hornos crematorios, el filme inspirado en la obra teatral de Rolf Hochhuth, El vicario, deja en claro la tónica de denuncia de Amén, cuyo cartel promocional trastoca irónicamente la suástica nazi en una cruz cristiana. No hay duda que el guión enfatiza en la indiferencia de la iglesia, tanto católica como protestante, sin embargo, el eje de su relato recae en la trágica figura del ingeniero químico y oficial de la SS, Kurtz Gerstein encargado como se ha mencionado, de fabricar el gas Ziklon B para los campos de concentración, usado aparentemente para desparasitar las barracas.

La tragedia de Gerstein se inicia cuando descubre el uso de su invento al ser obligado a mirar desde una rendija donde las víctimas judías son gaseadas, en una secuencia en la que Costa Gavras decide distanciarse mostrando sólo el rostro horrorizado de su protagonista, todo ello, ante el cinismo de un militar nazi (Ulrich Mühe), que camaleónicamente se transforma en Doctor, Oficial y finalmente en Asesor, como alegoría de esa maquinaria del poder capaz de ocultar y al mismo tiempo de abonar en otros terrenos más propicios, su semilla de maldad.

Amoroso y justo padre de familia y hombre de probada conciencia cristiana, Gerstein empieza a preparar pruebas a la vez que fracasa en sus intentos por encontrar apoyo y una fuente de denuncia, primero en su comunidad protestante y más tarde en el Vaticano mismo. A diferencia del sadismo hollywoodense de La lista de Schindler, del horror trastocado en humor negro de La vida es bella, de las inclementes y brutales paradojas con las que Polanski recupera los acontecimientos del guetto de Varsovia en El pianista, o incluso de la distanciada frialdad, no menos terrible, de la obra de Claude Lanzmann sobre el tema (Shoah, Sobibor), Costa Gavras se interna por el conflicto moral de aquellos que rechazaban los métodos de Hitler o en su defecto, el silencio de la iglesia bajo el mandato de Pío XII.

A pesar de algunos momentos particularmente irónicos: los hebreos que son detenidos a unos pasos del Vaticano, el nuncio apostólico en Berlín que negocia impuestos con oficiales nazis mientras les sirve galletas, o la comilona de mariscos en el Vaticano mientras el joven padre Riccardo Fontana informa sobre los horrores del genocidio, Amén se convierte en un relato de expiación, cuyas culpas recaen en los únicos personajes que intentan detener el exterminio sin lograrlo: Gerstein y Fontana, quienes sólo encontraron el rechazo y el silencio de su comunidad.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, julio 2017.

PEQUEÑA VOZ/ VOCESITA (Little Voice, Gran Bretaña, 1998)

Dirección. Mark Herman/ Guión. Mark Herman, inspirado en la obra musical de Jim Catwiright/ Fotografía en color. Andy Collins/ Música. John Altman, canciones de Judy Garland, Frank Sinatra, Procol Harum, Elvis Presley, Shirley Bassey, Marilyn Monroe, Tom Jones y otras más, interpretadas por Jane Horrocks/ Edición. Michael Ellis/ Diseño de Producción. Don Taylor/ Dirección de arte. Jo Graysmark/ Vestuario. Lindy Hemming/ Producción. Laurie Borg, Elizabeth Karlsen, Scala Production, MIramax/ Con. Jane Horrocks (Laura Huff o LV/ Little Voice), Brenda Blethyn (Mari Hoff), Michael Caine (Ray Say), Jim Broadbent (Mr. Boo), Ewan McGregor (Billy), Phillip Jackson (George), Annette Badland (Sadie), Adam Fogerty (Bravucón), James Welsh (Bravucón 2), Karen Gregory (desnudista)/ Duración. 97 mins.

SINOPSIS

LV es una chica tímida y patética casi autista, con una madre vulgar, Mari Hoff, que la humilla y molesta día a día y no le presta demasiada atención. LV vive sumida en el silencio y encerrada en su propia burbuja: su habitación, lugar donde oye una y otra vez la enorme colección de discos LP que le heredó su difunto padre. Por las noches, sin embargo, cuando el fantasma de su padre la visita, LV interpreta covers perfectos de las canciones de las grandes divas como Judy Garland, Marilyn Monroe o Shirley Bassey. Una noche, LV es escuchada por uno de los amantes de su madre, un carismático y vulgar descubridor de estrellas efímeras, Ray Say, quien reconoce de inmediato su talento innato y se percata que esa jovencita pudiera ser su última gran oportunidad para hacerse rico y triunfar en el ambiente del espectáculo. Para ello, convence a su amigo Mr. Boo, dueño y presentador de un paupérrimo teatro local para que le ayude a que LV debute con sus imitaciones extraordinarias de distintas cantantes célebres. Todo ello, promete un gran negocio económico para todos, incluyendo a la enloquecida madre de LV y el sarcástico promotor de figuras. Sin embargo, nadie se da cuenta de la sensibilidad de esa triste muchachita a excepción de Billy, un joven que trabaja para la compañía telefónica al lado de su padre, dedicado a entrenar palomas. La noche del debut llega finalmente. Todo está preparado: una grandiosa orquesta, un teatro a reventar, incluso un importante agente que ha llegado desde Londres dispuesto a presenciar a esa chica maravilla, sin embargo ¿estará lista LV para esa gran noche?

 

 

Pequeña Voz, obtuvo la nominación al Oscar para Brenda Blethyn a Mejor Actriz Secundaria. Michael Caine ganó el Globo de Oro a Mejor Actor de Comedia y el filme obtuvo dos nominaciones más para Blethyn y Jane Horrocks. Asimismo, seis nominaciones en la entrega de premios a lo Mejor del Cine Británico: los BAFTA, incluyendo Mejor filme, Actor y Actriz. Tres nominaciones a los premios del Sindicato de Actores (SAG), incluyendo Mejor reparto. Michael Caine ganó el rubro de Mejor Actor que otorga el Círculo de críticos de Londres.

 

 

“De entrada, Pequeña voz, merece ya recomendarse por ofrecernos la mejor interpretación de la canción más amarga que uno recuerda en la historia del cine (la de un inmenso, impagable Michael Caine). Impresionante escena. Por lo demás, un gran retrato sobre la búsqueda de cariño a través de unos personajes con problemas que ven en la voz prodigiosa de una joven introvertida la solución a todos sus males” –Pablo Kurt, Filmafinity-

 

“Arrollador alarde de refinada escuela interpretativa, acaricia lo perfecto”

-Ángel Fdez. Santos: Diario El País-

 

“La película se inspira en la obra de teatro de 1992, The rise & fall of Little Voice, de Jim Cartwright. Mark Herman realizó el guion sin perder los momentos sustanciales de la obra, en especial la tensión que forma la relación entre Little Voice y su madre, Mari Hoff, quien a partir de su conservadurismo, reprende el talento de su hija. Mark Herman también es conocido por películas cómo: El niño con la pijama de rayas (2008) y Purely Belter (2000). Pequeña voz representa una etapa de su trabajo donde la música y los deseos de triunfar sirven cómo eje narrativo para llevarnos a través de una entretenida comedia británica”. –Cultura UNAM/TV UNAM-

 

 

 

El cine británico de finales del milenio parecía estar repleto de fábulas; algunas sórdidas como El niño carnicero de Neil Jordan; otras irónicas y desenfadadas como Full Monty/Todo o nada de Peter Cattaneo y algunas agridulces y conmovedoras como Lluvia de piedras de Ken Loach. Pequeña voz de Mark Herman, es otro relato que se mueve entre la magia y el realismo cotidiano sobre las posibilidades de la expresión. Una pequeña épica cotidiana sobre el encierro personal y de paso, un homenaje a los añejos discos de acetato como metáfora de un tiempo perdido e irrecuperable.

Inspirada en una exitosa obra teatral inglesa de Jim Cartwright para lucimiento de la privilegiada voz de Jane Horrocks, cuya ductilidad le permite imitar a talentos de la talla de Judy Garland, Ella Fitzgerald, Shiley Bassey y otras, Pequeña voz es una extensión del mundo claustrofóbico y musical de una frágil criatura apodada precisamente Little Voice (Vocesita). Horrocks es LV, la introvertida joven huérfana que vive recluida en su habitación en un apacible pueblo costero de Inglaterra, escuchando una y otra vez la magnífica colección de discos, herencia de su padre y único aliciente de su vida.

Pequeña voz es la historia de un sueño mágico por un día, animado únicamente por el recuerdo de un amor real y verdadero capaz de borrar la miseria moral y económica de una familia y de un país. Sin embargo, el perfecto universo de música y silencio en el que vive LV se desquebraja con la llegada de un embaucador protagonizado magistralmente por Michael Caine, el gran actor de Alfie o Archivo confidencial. Se trata de Ray Say un vulgar agente de artistas y amante ocasional de la no menos patética madre de LV –una extraordinaria Brenda Blethyn- adicta a los hombres y al alcohol.

En una búsqueda similar al cine de Ken Loach y Mike Leigh, el filme de Herman maneja a partes iguales la comedia con tintes de fábula y la descripción breve y tajante de fracaso y perdedores sociales que se aferran a fetiches y sueños ilusorios. Así, Mr. Boo (Broadbent) vive de sus ridículos y torpes chistes, mientras intenta mantener en pie su centro nocturno. Ray persigue el sueño de descubrir al gran talento. Mari, madre de LV se aferra a los desplantes de sexualidad irresponsable que le ofrece Ray. Y LV se escuda en el retrato de su padre y en las portadas de sus discos, de manera muy similar como lo hace Billy (McGregor), el retraído jovencito, ensimismado con sus palomas mensajeras.

No obstante, el principal atractivo de una cinta sobre una joven cuya gran timidez le impide hablar y sólo puede expresarse a través de las canciones, es precisamente la interpretación notable que hace Horrocks en la secuencia de su lanzamiento en el cabaret de Mr. Boo. A su vez, por encima de los homenajes vocales a Marilyn Monroe, Marlene Dietrich, Judy Garland, o de la increíble interpretación musical de Shirley Bassey entonando el tema de Goldfinger, destaca el gran trabajo interpretativo de Caine y Blethyn ambos, dueños indiscutible del filme, como en la graciosa secuencia en la que bailan un tema de Tom Jones.

Con algunas metáforas innecesarias –las palomas, el fuego purificador-, Pequeña voz es una pequeña joya sobre el triunfo de la dignidad, el fanatismo musical y la obsesión por la muerte en un relato original, divertido, y a la vez sórdido y conmovedor que consigue retomar de refilón el tema de la crisis económica y sus repercusiones en la vida familiar.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Junio 2017

LA VIDA Y MUERTE DE PETER SELLERS (The Life and Death of Peter Sellers, EU-Gran Bretaña, 2004)

Dirección. Stephen Hopkins/ Guión. Christopher Markus e Stephen McFeely, inspirado en el libro de Roger Lewis/ Fotografía en color. Peter Levy/ Música. Richard Hartley/ Edición. John Smith/ Dirección de arte. Chris Lowe, John Ralph, Lucy Richardson/ Diseño de Producción. Norman Garwood/ Vestuario. Jill Taylor/ Efectos especiales de maquillaje. Greg Cannom y Davy Jones/ Producción. Simon Bosanquet, Pilar DeMann, HBO Films, BBC Films, DeMann Entertainment Company/ Con. Geofrey Rush (Peter Sellers), Charlize Theron (Britt Ekland), Emily Watson (Anne Sellers), John Lithgow (Blake Edwards), Miriam Margolyes (Peg Sellers, mamá de Peter), Peter Vaughan (Bill Sellers, padre de Peter), Sonia Aquino (Sophia Loren), Stanley Tucci (Stanley Kubrick), Stephen Fry (Maurice Woodruff, el astrólogo), Henry Goodman (Dennis Selinger, agente de Peter)/ Duración.122 mins.

SINOPSIS

Richard Henry Sellers, mejor conocido como Peter Sellers (Hampshire, 8 de septiembre de 1925- Londres, 24 de julio de 1980) saltó a la fama en la serie de comedia de la BBC, The Goon Show. Su capacidad para hablar con diferentes acentos y su habilidad para dar vida a personajes cómicos, contribuyeron a su éxito como una figura de la radio y más tarde de la pantalla grande, lo que le valió nominaciones y premios nacionales e internacionales.

Impulsado por una madre posesiva y controladora, Peter Sellers, luchó siempre por conciliar su relación con las mujeres, su popularidad y sus varias personalidades. Nunca se mostró seguro de sí mismo, a pesar de sus numerosos matrimonios, sus alabanzas por parte de la crítica y sus éxitos profesionales. Peter Sellers, en realidad, tenía una vida tormentosa y llegó a confesar que odiaba todo lo que hacía. Sellers aparece aquí, como uno de los comediantes más prolíficos y con más talento del mundo, cuyo don para la mímica lo convirtió en un icono cultural. Pero también pone de manifiesto su atormentada vida personal. Quizá la extraordinaria habilidad de Sellers para adoptar diferentes personalidades explicaría su incapacidad para aceptarse a sí mismo.

Su fama llega gracias a la serie de películas británico-estadounidenses de La pantera rosa dirigidas por Blake Edwards. En total, filmó cinco películas de la saga bajo el mismo director y con las que generalmente se le asocia más en su carrera bajo el papel del divertido y torpe inspector francés Jacques Closeau. Sus diferentes personajes en Doctor Insólito (1964) de Stanley Kubrick quien lo dirigió en Lolita (1962) le otorgaron nominaciones en los Óscares y los BAFTA. Sellers filmaba de manera obsesiva sus casas, su familia, la gente que lo conocía, hasta el final de su vida. Being There/ Un jardinero con suerte (1979) de Hal Ashby, le mereció su segunda y última nominación a un Óscar mismo que ganó.

Pese a su trabajo cómico siempre fue señalado como inestable y con tendencia al abuso de drogas, superó un ataque cardiaco recién casado con la actriz sueca Britt Ekland y consultaba periódicamente al astrólogo Maurice Woodruff, quien ejercía mucha influencia en el actor. Su fuerte personalidad le llevaron a discutir con amigos como Blake Edwards y con sus mujeres como Anne Hayes, madre de sus hijos Michael y Sarah, la segunda Britt Ekland, se quejó del comportamiento obsesivo y los celos de Sellers. Tal vez por ello, el actor se culpaba a menudo del fracaso de su matrimonio. Tanto fue así que en una entrevista admitió que “No es fácil convivir conmigo”.

 

La vida y muerte de Peter Sellers fue merecedora del Globo de Oro a Mejor Película para televisión y Mejor Actor de telefilme (Geofrey Rush). Emily Watson y Charlize Theron fueron nominadas a Mejores Actrices de Reparto. Rush ganó además el Premio a Mejor Actor que concede el Sindicato de Actores y el Emmy a Mejor Actor en Película para televisión. Asimismo el guión de La vida y muerte de Peter Sellers obtuvo el Emmy a Mejor Guión de telefilme y el Premio otorgado por el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos. Y a su vez, la cinta fue nominada a Mejor Película en el Festival de Cannes.

 

Personalidad explosiva, delirante y anómala dentro de los cánones de la comedia, Peter Sellers encarnó al nuevo mimo de la contracultura inglesa de los sesenta y sin duda, la aportación más original del cine británico para un género tan sobreexplotado como lo es el humor. Aunque Sellers sólo pudo encontrar competencia con el estadunidense Jerry Lewis rebasó las expectativas de éste y otros cómicos brillantes, debido a su camaleónica capacidad para desarrollar todo tipo de personajes, inclusive siniestros como el de Never Let Go (1960) y Lolita

Un actor que impuso un estilo novedoso, casi histérico y multiparódico en cintas como: La persecución del zorro (After The Fox, 1966), Casino Royale (1967), El magnífico bobo (The Bobo, 1967), I love you, Alice B. Toklas (1968), o su último trabajo para el cine: Un jardinero con suerte, donde encarna a un hombre alejado de la contaminación mundana, en esta ácida crítica al american way of life y la enajenación televisiva.

Escrita por Neil Simon y bajo la dirección de un envejecido Vittorio de Sica, La persecución del zorro, por ejemplo, se trastocaba en una bizarra parodia del cine mismo debido al carisma de Sellers quien repite su hábil talento para interpretar varios personajes como líder de una estúpida banda de ladrones de oro. Casino Royale era a momentos, una inquietante sátira de una serie de espionaje, sexo y crimen que rozaba la autoparodia como lo era la saga del agente 007. Sellers encarnaba aquí a un falso Bond que rondaba eróticamente a Ursula Andress.

Detective frustrado a los 15 años, brillante animador para las tropas durante la segunda guerra, popular actor de radio capaz de imitar toda clase de voces en su legendario “Show de los Goon”, donde Sellers desarrolló su extraño humor esquizofrénico, aparece como el antecedente directo de otros brillantes comediantes ingleses como Rowan Atkinson mejor conocido como Mr. Bean. Compulsivo coleccionista de automóviles, marido, entre otras, de la atractiva modelo y actriz Britt Ekland -por cierto, chica Bond-, Sellers abandona en un arranque de histeria su compañía de music hall para trabajar en el cine su mayor meta.

Con tal de aparecer en pantalla hizo de todo a principios de los cincuenta. Aprovechando su capacidad de imitador dobló a Humphrey Bogart en una escena de La burla del diablo cuando John Huston necesitó un diálogo adicional. Interpretó a uno de los frustrados criminales en la farsa negra El quinteto de la muerte (The lady killers, 1955) de Alexander Mackendrick, al lado de Alec Guiness y Herbert Lom. Encarnó a un camarógrafo-proyeccionista en El espectáculo más pequeño del mundo (The smallest show on earth, 1957) de Basil Dearden, en la historia de una pareja que hereda una avejentada sala de cine junto con sus antiguos cinéfilos. Y muy pronto, en 1959, obtiene el Premio de la Academia de Cine Británico por su papel protagónico en I’Am all right, Jack de John Boulting, superando a Laurence Olivier, Richard Burton y Peter Finch.

El rugido del ratón (1959), La treta del dos por uno (1962), La pantera rosa (1963) donde hace una deliciosa interpretación del Inspector Closeau, Lolita, tragicomedia sobre la paranoia de la infancia erotizada, Doctor Insólito en la que encarna a un científico ex nazi, un oficial de la RAF y al presidente estadunidense y La fiesta inolvidable (68) forman parte de su legado.

En La vida y muerte de Peter Sellers, película producida por HBO, destaca no sólo la ironía de los guionistas para jugar con la capacidad camaleónica y la sicopatía histérica de Peter Sellers (la escena donde destruye los juguetes de su hijo, el rodaje de La persecución del zorro donde discute con Ekland, el juego infantil que mantenía con su primera mujer, la secuencia del baño en Casino Royale, o el último encuentro telefónico con su madre), sino sobre todo, el impresionante trabajo de actuación de Geoffrey Rush, el gran actor de Al mejor postor de Giuseppe Tornatore, El discurso del rey o Claroscuro.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Junio 2017

FUNDIDO A NEGRO (Fade To Black, Gran Bretaña-Italia-Serbia, 2006)

Dirección. Oliver Park/ Guión. John Sayles y Oliver Park, inspirado en el libro de Davide Ferrario/ Fotografía en color. John de Borman/ Música: Charlie Mole/ Edición: Guy Bensle/ Dirección de arte: Jasna Dragovic y Paul Ghirardani/ Diseño de Producción. Luciana Arrighi/ Vestuario. Louise Stjernsward/ Producción. Jonathan Olsberg, Massimo Pacilio, Barnaby Thompson, Piero Amati/ Con: Danny Huston (Orson Welles), Paz Vega (Lea Padovani), Diego Luna (Tomasso MOreno) Christopher Walken (Brewster), Anna Galiena (Aida Padovani), Violante Placido (Stella), Nathaniel Parker (Viola), Frano Lasic (Dellere), Paolo Lorimer (Tufano), Kwame Kwei-Armah (Joe Nero)/ Duración. 99 mins.

SINOPSIS

  1. Orson Welles termina el rodaje de La dama de Shanghai protagonizada por Rita Hayworth, de quien se separa. En un intento por recuperarse de su fracaso matrimonial y reiniciar su carrera, Welles viaja a Italia para protagonizar la película Black Magic/Cagliostro/El mago negro dirigida por Gregory Ratoff, junto a la bella actriz italiana Lea Padovani. Ahí, será atraído a una peligrosa red de intriga, asesinato y política cuando un actor es asesinado en plena filmación. Su llegada a Italia pasa casi inadvertida y uno de los periodistas insiste en llamarlo Sr. Hayworth.

El rodaje comienza en los legendarios Estudios de Cinecittà, todo es un caos, que el director Ratoff intenta controlar. Para empeorar las cosas, la co protagonista, la preciosa Lea Padovani, no parece sentirse a gusto con Welles. Dellere, actor secundario que ha recuperado las pastillas para adelgazar de Welles muere justo en brazos de éste y le susurra la palabra: Nero, al tiempo que descubre una lista con los nombres de destacados demócratas cristianos. La curiosidad hace que Welles siga los motivos detrás de las muertes, como la de Dellere, que resulta el padrastro de la Padovani. La policía intenta demostrar que se trata de un suicidio, pero a Welles, esta teoría no le convence.

Luego de la derrota del fascismo, Italia está en ruinas e intenta reconstruirse en medio de miles de refugiados que viven en la miseria y las pugnas entre el partido comunista con una fuerte presencia y los demócratas cristianos ligados a personajes oscuros como el estadunidense Brewster, algo que Orson Welles advierte enseguida. Con la ayuda de su joven chofer, Tommaso, Welles se sumerge en un territorio desconocido de violencia y poder político al tiempo que intenta enamorar a la bella Padovani y va descubriendo una red de situaciones muy peligrosas que le tocan de cerca.

 

 

Kenneth Branagh (Enrique V, Hamlet, Mucho ruido y pocas nueces, Thor) había sido contratado como el realizador original pero fue sustituido por el también británico Oliver Park (Otelo, Dorian Grey, Johnny English, recargado). Asimismo, Christopher Walken sustituyó a Kevin Bacon en el papel del siniestro y encantador Brewster.

 

 

A partir de un guión de John Sayles, riguroso realizador independiente y eficaz guionista de filmes de género (Lianna, Matewan, Fuera de línea, Hombres armados), el cineasta Oliver Parker mezcla realidad y ficción en una historia ambientada en la Italia de la segunda posguerra. Orson Welles que encarna con gran carisma Danny Huston, protagoniza Cagliostro bajo las órdenes del realizador Gregory Ratoff y se involucra en una conspiración que intenta impedir la victoria de los comunistas en las elecciones, en una trama que retoma varios elementos verdaderos de la carrera de Welles.

Poco antes del final del rodaje de La dama de Shanghai filmada en San Francisco y en Acapulco, en enero de 1947, Welles y Hayworth habían solicitaba su pasaporte para irse a Europa: él a filmar con el productor Alexander Korda y ella a buscar la posibilidad de hacer una película en Gran Bretaña. Los celos de Rita regresaron y ella siguió con los trámites de divorcio y Welles no hizo nada por impedirlo ya que no soportaba hacerle daño a quien quería tanto, según una de sus biógrafos, Barbara Leaming. Finalmente Welles no pudo irse a trabajar de inmediato con Korda, perdió a su mujer y acabó yéndose a Italia a protagonizar Cagliostro/El mago negro iniciada en 1947 y finalizada en 1949. Rita se quedó prudentemente en Hollywood filmando La diosa de la danza (1947), que le dio la oportunidad de interpretar a la Diosa Tepsicore, al tiempo que se hablaba de un idilio entre Welles y la actriz italiana Lea Padovani en Italia, quien en realidad no co protagonizó con él Cagliostro –fueron las actrices Nancy Guild, estadunidense y la italiana Valentina Cortese-.

Mientras Rita esperaba la sentencia del divorcio, disfrutó de unas vacaciones en Europa que costeó la Columbia y en compañía de su hija, en tanto que Welles preparaba el rodaje de Macbeth (1948), filme de bajo presupuesto para la compañía productora Republic, dedicada principalmente a realizar seriales de aventuras. Se trataba de una versión de su propia adaptación teatral sobre la obra de Shakespeare que había montado deslumbrando a la crítica en 1936. Welles puso la obra en Salt Lake City en el marco del festival de UTA Centennial Arts con un casting similar al que utilizaría en su película. Entre el 28 y el 31 de mayo de 1948 montó seis representaciones y el rodaje inició el 23 de junio y finalizó el 17 de julio de ese año en Hollywood. Filmó íntegramente en Estudio y con una banda pregrabada (para evitar que se volvieran a doblar los diálogos, cosa que ocurrió a fin de cuentas). Con una duración de 104 mins y un acento escocés en los diálogos la cinta tuvo críticas severas por lo que el colaborador de Welles, Richard Wilson, la redujo a 87 mins. Después, Welles partió para Europa para incorporarse a la supuesta filmación de Cyrano de Bergerac de Alexander Korda que no se llevaría a cabo y desde ahí intentó infructuosamente controlar el destino de Macbeth.

No obstante filmaría con Korda como productor, una de sus películas más celebradas: El tercer hombre (1949), bajo la dirección de Carol Reed, que arrancó en el invierno de 1948 y en la que interpretaría al misterioso y cínico Harry Lime. En ella, Joseph Cotten su co estrella en El ciudadano Kane, encarna al estadunidense Holly Martins, un escritor de novelas policíacas que llega a Viena de la posguerra ocupada por los aliados de la Segunda Guerra Mundial, para localizar a un amigo de la infancia, el propio Lime, que le ha prometido trabajo. Pero el mismo día de su llegada coincide con el supuesto entierro de Harry, involucrado con el mercado negro. Antes, en junio de ese mismo 1948 iniciaría su proyecto cinematográfico de Otelo que le llevaría cuatro años y finalizaría hasta 1952 y que lo ligaría sentimentalmente con la actriz Lea Padovani, prevista para el papel de Desdémona que acabaría en manos de Suzanne Cloutier.

 

Fundido a negro es una muy divertida y entretenida combinación de situaciones reales y otras totalmente inventadas por Davide Ferrario autor del libro y del propio e inventivo guionista estadunidense John Sayles que centra su premisa en la Italia destruida al término de la Segunda Guerra y de la rapiña política de que fue objeto por los demócratas cristianos que se apoyaron en personajes como el ficticio Brewster. Al término del conflicto bélico el país está en total agitación y grandes segmentos de la población viven en extrema pobreza. A esto se suma una amalgama suelta pero amenazadora de ex nazis, narcotraficantes, neofascistas, mercenarios de las fuerzas estadunidenses y de otras fuerzas aliadas que actúan bajo la apariencia del paraguas político llamado Demócratas Cristianos que supuestamente quieren democratizar a Italia y convertirla en una refugio seguro para la democracia, fuera del alcance del Partido Comunista de Stalin. Welles se tropieza con estos personajes a medida que avanza intentando encontrar más pistas que rodean el asesinato del actor Dellere, que le lleva a un traficante negro: Joe Nero. Lo que ve, escucha y aprende de uno de sus antiguos compañeros estadunidenses (el papel de Walken) y de otros en ese peligroso y oscuro grupo político que toma protagonismo en la última parte de la película. La idea del filme y esencialmente de Ferrario y de Sayles es imaginar si todos estos sucesos ocurrieron realmente en esos años caóticos de la Segunda Guerra Mundial en Italia.

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Ciudad de México 30 de mayo de 2017

EL NUDO DEL DIABLO (Devil’s Knot, EU-Canadá, 2013)

Dirección. Atom Egoyan/ Guión. Paul Harris Boardman y Scott Derrickson, inspirado en el libro de Mara Leveritt/ Fotografía en color. Paul Sarossy/ Música. Mychael Danna/ Edición. Susan Shipton/ Dirección de arte. Thomas Minton/ Diseño de Producción. Phillip Barker/ Vestuario. Karen Perkins/ Efectos especiales. Troy Cloud/ Producción. Armen Aghaeian, Paul Harris Boardman, Elizabeth Fowler, Scott Jurgensmeyer, Shara Kay, Clark Petersen, Richard Saperstein, Bab Simmons, Paula Graybill Smith, Christopher Woodrow/ Con. Reese Whiterspoon (Pam Hobbs), Colin Firth (Ron Lax), Alessandro Nivola (Terry Hobbs), James Hamrick (Damien Echols), Seth Meriwether (Jason Baldwin), Kristopher Higgins (Jessie Misskelley), Amy Ryan (Margaret Lax), Robert Baker (Detective Brain Ridge), Collette Wolfe (Glori Shetties), Rex Linn (Inspector en Jefe Gitchell)/ Duración.114 mins.

SINOPSIS

La historia real: En 1993, tres niños de 8 años fueron brutalmente asesinados en un barrio de Memphis en Arkansas. Las autoridades locales se vieron sometidas a una gran presión popular para que encontrarán lo antes posible a los culpables. Una serie de pruebas circunstanciales unidas a las habladurías de la gente dieron pie a una auténtica caza de brujas contra tres jovencitos que solían vestirse con indumentaria gótica y tenían interés por el satanismo y el rock pesado y metalero. “Los tres de West Memphis” eran los sospechosos perfectos para satisfacer a la opinión pública. Sin embargo, ni la madre de una de las víctimas ni un vehemente investigador que trabajaba para la defensa estaban convencidos de que ellos fueran los verdaderos responsables. La afición al heavy metal y a las novelas de terror de los sospechosos fue suficiente para acusarlos, incriminarlos y encerrarlos en la cárcel de por vida, y en el caso de uno de ellos, Damien Echols, el único mayor de edad, sentenciarlo a muerte; Jason Baldwin, de 16 y Jessie Misskelley fueron condenados a cadena perpetua.

Al horror y paranoia provocada por la carnicería de niños se sumaba el espanto por la injusta encarcelación de tres jóvenes inocentes víctimas de la superstición, el revanchismo, la ineficacia y en último término, la estupidez. Las pruebas de ADN realizadas entre 2005 y 2007 no encontraron ninguna evidencia que vinculara a los tres jóvenes con las muertes, pero sugirieron la posible presencia de otras personas en la escena del crimen. La película se inspira en los hechos y personajes reales.

 

 

El nudo del diablo fue nominado a la Concha de Oro, galardón principal del festival de San Sebastián, España

 

 

Relatos como: El proyecto de la bruja de Blair de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez y secuela, Jeepers Creepers/El demonio 1 y 2, ambas de Victor Salva, La cabaña sangrienta de Eli Roth, Camino hacia el terror de Rob Schmidt, La casa de los mil cuerpos de Rob Zombie, la australiana Wolf Creek de Greg McLean y La matanza de Texas del cineasta debutante Marcus Nispel que recuperaba y actualizaba con inteligencia la cinta de culto de Tobe Hooper, Masacre en cadena (1974), acuden a aquella teoría. Sitios que pueden esconder situaciones violentas y demoniacas; espíritus malignos y horrores primigenios con clanes dementes de carniceros caníbales. Un entramado, que apuntó en su momento Amarga pesadilla (1972) de John Boorman.

En efecto, mucho antes de que Jason, Krueger y Michael Myers, hicieran acto de presencia, la pesadilla más violenta ya tenía nombre: Leatherface o Cara de cuero, el robusto descuartizador de la sierra de motor que se trastocó en uno de los máximos horrores del inconsciente colectivo en aquel afortunado debut de Tobe Hooper, cuyo crédito como productor ejecutivo, ligado al de Michael Bay (La roca, Dos policías rebeldes, Pearl Harbor), aparece en el remake de Marcus Nispel. El cineasta conseguiría con Masacre en cadena, uno de los espectáculos sanguinolentos más repulsivos y violentos en la historia del género. Las andanzas de una familia tejana de caníbales dedicada a agredir y a masacrar a un grupo de jóvenes, no sólo propició varias copias, sino que coincidió con el surgimiento de una nueva generación de realizadores como: Wes Craven, John Carpenter, Brian De Palma, o Abel Ferrara, quienes encontraron en el cine de bajo presupuesto y en los excesos del horror y la sangre, la materia prima de las oscuras obsesiones del espectador.

 

 

La tarde del 5 de mayo de 1993, en West Memphis en Arkansas, tres niños de ocho años: Stevie Branch, Michael Moore y Christopher Byers, fueron reportados como desaparecidos. Los pequeños, salieron en bicicleta y se internaron por un bosque llamado Robin Hood y cruzaron por un tubo de desagüe en un arroyo conocido como “El nudo del diablo”. Esa misma tarde se reportó la presencia de un hombre negro, desorientado, que sangraba profusamente y con la ropa sucia de barro y lodo, quien se ocultó momentáneamente en el baño de mujeres de un restaurante de esa localidad.

Al día siguiente, el oficial Steve Jones encontró un zapato flotando en la zona más pantanosa del arroyo. Ahí mismo, fueron localizados los cuerpos de los menores. Estaban desnudos, atados de pies y manos a la espalda con las agujetas de su calzado y uno de ellos, había sufrido mutilaciones en el pene. Damien Echols, Jason Baldwin y Jessie Misskelley Jr., de 18, 16 y 17 años, fueron acusados del horrendo crimen catalogado como de ritual satánico. Pocos meses después fueron condenados a la pena de muerte el primero y los otros dos a cadena perpetua.

Los sucesos de West Memphis, mostraron un caso de miopía, ignorancia y rechazo a lo otro, en el que se condenaba a jóvenes inocentes por su aspecto, gustos y aficiones, sin ninguna prueba contundente que los incriminara en realidad. La policía de Arkansas apoyó su investigación en la confesión forzada de Misskelley Jr., que padecía retraso mental, quien a su vez, inculpó a los otros dos. Pero sobre todo, por el hecho de que Echolls llevaba cabello largo, vestía de negro, tenía cortes en los brazos y era fanático del Heavy Metal.

El nudo del diablo (Devil’s Knot, EU, 2013), inspirada en el libro homónimo de Mara Leveritt, resulta una sobria recreación de los hechos a cargo del armenio-canadiense Atom Egoyan. Un realizador potente y minimalista, responsable de títulos como: Partes habladas, Exótica, Dulce porvenir, seducido por los temas de infancia y adolescencia vulnerada y los procesos de duelo, a través de historias ligadas a sentimientos de culpa, frustración sexual, nota roja y pérdidas físicas y amorosas.

La película no es tanto un thriller de suspenso gore, que recree los asesinatos, sino un acucioso drama de juzgados. El tema central no es el homicidio infantil, sino la estupidez, la ignorancia y la irresponsabilidad de la justicia. A su vez, sugiere con cierta sutileza, los horrores que subyacen en la América profunda. Las tranquilas comunidades alejadas del caos urbano que ocultan horrores primigenios trastocados en familias disfuncionales adictas a la sangre o anómalos y amorales asesinos, vistas en filmes como en las citadas: Masacre en cadena, El proyecto de la bruja de Blair, La cabaña sangrienta y decenas más. No en balde, el guión está firmado por el realizador Scott Derrickson y Paul Harris: El exorcismo de Emily Rose, Siniestro, Líbranos del mal.

Además del absurdo testimonio de un niño cuya madre estaba en líos con la policía, la obstrucción deliberada del juez a cargo del proceso que rechazó pruebas como la de un joven vendedor de helados que había solicitado una foto de Stevie y la pérdida absurda de evidencias, El nudo del diablo, apunta que los padrastros de dos de los niños, pudieron ser los homicidas. De hecho, la muestra aportada por la madre de Stevie Branch (una navaja) logró que los jóvenes acusados fueran liberados en 2011 luego de 18 años en prisión. Tres documentales de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky: Paradise Lost (1996, 2000 y 2011) expusieron información importante y el documental de Amy Berg, West of Memphis (2012) propone, en efecto, que el padrastro de Stevie fue uno de los asesinos, en un filme sobre el horror, el linchamiento moral y la paranoia que la ignorancia provoca.

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa, Mayo 2017