ESCÁNDALO (Notes on a Scandal, Gran Bretaña, 2006)

Notes on a Scandal

Notes on a Scandal

Dirección. Richard Eyre/ Guión. Patrick Marber, inspirado en la novela homónima de Zöe Heller/ Fotografía en color. Chris Menges/ Música. Phillip Glass/ Edición. John Bloom y Antonia van Drimmelen/ Dirección de arte. Hannah Moseley y Mark Raggett/ Vestuario. Tim Hatley/ Con. Judi Dench (Barbara Covett), Cate Blanchett (Sheba Hart), Bill Nighy (Richard, marido de Sheba), Andrew Simpson (Steven Connolly), Joanna Scanlan (Sue Hodge), Philip Davis (Brian) Juno Temple (Polly Hart), Max Lewis (Ben Hart)/ Duración. 92 mins.

SINOPSIS

Barbara Covett es una madura, amargada y solitaria profesora de una escuela secundaria pública en un suburbio londinense. Sola, encerrada en su departamento, acompañada tan sólo de su pequeña gata Portia y odiada por alumnos y profesores, se dedica a ironizar y a burlarse de quienes le rodean a través de sus agudos comentarios, agrios pensamientos y su diario privado. No obstante, su vida dará un giro radical cuando ingresa en el colegio la atractiva, joven y desinhibida profesora de Arte, Sheba Hart, cuyo carisma resulta fascinante para toda la comunidad escolar. Aunque al inicio Barbara se muestra reticente y crítica ante ella, poco a poco se percata que Sheba –a quien ayuda a controlar un pleito entre alumnos durante su clase-, podría convertirse en su confidente y su alma gemela y quizá, tal vez en un futuro, su pareja. Sheba por su parte, casada con un hombre agradable pero veinte años mayor que ella, con una hija adolescente rebelde y explosiva y un hijo menor con síndrome de Down, siente la necesidad de escapar y liberarse y por ello inicia sin detenerse a pensar en las consecuencias, un apasionado e irresponsable romance con un adolescente problema de tan sólo 15 años, Steven Connolly. Cuando Barbara descubre el secreto de su amiga, amenaza con revelarlo y enviarla a la cárcel. No obstante, aprovecha la situación para chantajearla emocionalmente, hasta que todo se sale de control y Bárbara empieza a esparcir el rumor que destruirá la vida de Sheba al tiempo que salen a la luz los propios secretos de la veterana Bárbara, quien encontrará la manera de salir adelante.

Inquietante y ambigua mezcla de drama moral y thriller con polémicos elementos de pedofilia y lesbianismo, sostenido sobre todo por el trabajo y el prestigio de sus protagonistas más que por una sólida intriga dramática, inspirada en asuntos cotidianos típicos de los periódicos tabloides, Escándalo llamó la atención de la Academia de Hollywood que le otorgó cuatro nominaciones al Oscar a pesar de tratarse de un filme no estadunidense. Judi Dench portentosa en su papel de maestra cincuentona, severa y cruel, perdió el Oscar a Mejor Actriz ante su compatriota la también extraordinaria Helen Mirren protagonista de La reina de Stephen Frears. Por su parte, una fascinante Cate Blanchett, tampoco se llevó la estatuilla como Mejor Actriz de Reparto, tal y como sucedió con el brillante músico Phillip Glass y el guionista Patrick Marber, también nominados. Asimismo, recibió importantes nominaciones para los Globos de Oro y los Premios Bafta a lo mejor del cine británico. No obstante, Escándalo obtuvo el Teddy Bear al mejor filme de temática homosexual en el Festival de Berlín, Cate Blanchett ganó el Premio a Mejor Actriz de Reparto en el Festival de Toronto y en el de Vancouver y Dench el de Mejor Actriz en los Premios británicos del cine independiente

“Lo vi como un relato de amistad e intoxicación sexual. Una historia de dos obsesiones, de un par de mujeres atrapadas en sus propias pasiones, autodestructivas e incontrolables”. Todo el mundo quiere a Judi Dench y las personas suelen identificarla con esa persona generosa, bella y brillante que a menudo encarna a reinas y que tiene una enorme dignidad personal. De modo que experimentar el lado cáustico y más bien miserable de ella, sería una impresión maravillosa y vigorosa. Quiero decir que su retrato de Barbara sigue siendo profundamente vulnerable, pero ésta no es una mujer agradable y creo que, desde el punto vista del espectador, ver a Judi dándole vida será muy refrescante” –Richard Eyre, director-

“Es un relato tremendo. El reto de llevarlo a cabo me emocionaba a más no poder. Fue fascinante que me pidieran que hiciese algo que no podía ser más distinto a cualquier cosa que había interpretado antes” –Judi Dench.

“Me resultaba imposible soltar el libro de Heller. Todo se cuenta desde el punto de vista de Barbara por lo que el reto a que nos enfrentábamos Patrick Marber como guionista y yo como actriz consistía en liberar a Sheba de la perspectiva de Barbara para la película, hacer que viviera y respirase por sí misma. Me parece que, al fin y al cabo, en la pantalla, cada mujer pone un espejo delante de la otra”. –Cate Blanchett.

Ni la eficaz y nerviosa cámara del notable veterano Chris Menges (La Misión, Los tres entierros de Melquiades Estrada, Tan lejos, tan cerca), ni la inquietante banda sonora de Philip Glass (Mishima, Kundun, Las horas), alcanzan a opacar la magistral actuación de la británica Judi Dench, cuya soberbia interpretación de Barbara Covett, una resentida y perturbada profesora de una escuela secundaria pública dedicada a manipular, clasificar y probar a las personas, cuya única confidente es su vieja gata, le valió su sexta nominación al Oscar –anteriormente nominada por: Su majestad, la Sra. Brown, Shakespeare apasionado, Iris, Chocolate, La Sra. Henderson presenta-, en un filme de una impresionante economía de medios, capaz de proporcionar toda clase de aristas sórdidas y escandalosas, cuya premisa es la manipulación, la seducción y el horror de la prensa amarillista como epílogo y la doble moral de los medios de comunicación en relación al  morbo y al escándalo ajeno.

“En los viejos tiempos, confiscábamos cigarros y revistas porno. Ahora son cuchillos y rocas de cocaína”…”Ahí vienen una vez más los proletarios pubescentes, futuros plomeros y dependientas y sin duda un futuro terrorista también…”, son los duros comentarios de la educadora Barbara respecto a sus alumnos, en un trabajo actoral impresionante de Dench, en el extremo opuesto a sus roles simpáticos, tiernos, o de acción para la saga de James Bond 007 como M responsable del servicio británico de espionaje, no por ello, menos emotivo y emocional, en un filme en el que su realizador, el también inglés Richard Eyre (Iris, El amante), traza un itinerario de engaños y deseos ocultos, transformando un sórdido drama, en una suerte de thriller de suspenso hormonal que involucra un triángulo amoroso compuesto por: Sheba Hart, una profesora aún joven y atractiva, un “amante pubescente” de 15 años y una maestra solitaria y frustrada que a duras penas oculta las pasiones lésbicas que vierte en su diario íntimo, mientras se enamora poco a poco de quien considera su contraparte y olvida poco a poco a su antiguo amor: otra profesora joven que tuvo que renunciar al colegio, aterrorizada por el acoso que Barbara ejercía sobre ella.

A partir de la novela homónima de Zoë Heller, inspirada en un caso similar ocurrido pocos años atrás, Patrick Marber, guionista de la también corrosiva Closer/Llevados por el deseo (Mike NIchols, 2004) inspirada en su propia obra teatral y protagonizada por Natalie Portman y Jude Law, se apoya en unos diálogos espléndidos y corrosivos (“Soy una arpía”, “No soy un desperdicio tóxico…”), para construir un ácido retrato de la frustración sexual, en el que caben las ansias de una educadora que desea salir un poco de la rutina familiar que la asfixia y las de la envejecida y estricta profesora que destila ironía y menosprecio y que llama a sus alumnos “torrecitas de testosterona” –la escena de la muerte de la mascota es brillante- y cuyas armas de seducción son el acoso y el chantaje emocional y que no se tienta el corazón para cubrir de escándalo al objeto de su malogrado amor, luego de descubrir su amasiato con un adolescente calenturiento y en el fondo machista, que intenta a su vez ganarse a su profesora Sheba haciéndose pasar por un joven incomprendido y maltratado con un hogar en crisis.

En ese sentido, el filme no se permite sutilezas y eso lo coloca muy por arriba de tramas morales muy similares. Es decir, no ahorra detalles al presentar a Sheba  como una mujer frágil emocionalmente pero al mismo tiempo, irresponsable que con su comportamiento infantil no sólo atrae la desgracia a su familia y a ella misma, sino a la del propio jovencito con el que establece una aventura puramente sexual. Lo interesante es que los monstruos del relato ya no son unos sicópatas asesinos, sino una mujer que avanza hacia la tercera edad, una dulce y soñadora profesora con un hogar casi perfecto y un muchachito de la clase baja inglesa: es decir, personajes cotidianos y reales. Escándalo es un filme inclemente, que guarda inquietantes puntos de contacto con Infamia (1936) y La mentira infame (1961), ambas de William Wyler, inspiradas en una obra de Lillian Hellman, sobre el romance lésbico entre dos maestras y la indiscreción de una alumna chismosa y cuya cresta más alta, es sin duda la siniestra personalidad de una mujer enferma de una soledad e ira demoledora.

RAFAEL AVIÑA

Enero 2013. Centro Histórico, Ciudad d México

EL VIOLINISTA QUE LLEGO DEL MAR (Ladies in Lavender, Gran Bretaña, 2004)

Ladies in LavenderDirección. Charles Dance/ Guión. Charles Dance, inspirado en un relato corto de William J. Locke/ Fotografía en color. Peter Biziou/ Música: Nigel Hess/ Edición: Michael Parker/ Vestuario. Barbara Kidd/ Diseño de Producción: Caroline Amies/ Interpretaciones de violín a cargo de: Joshua Bell/ Con: Judi Dench (Ursula Widdington) Maggie Smith (Janet Widdington), Daniel Brühl (Andrea Marewski), Miriam Margolyes (Dorcas, la sirvienta) David Warner (Dr. Francis Mead), Natascha McElhone (Olga Daniloff), Clive Russell (Adam Penruddocke)/ Duración. 103 mins.

Sinopsis

A fines 1936 y pese a los grandes acontecimientos históricos que están a punto de explotar en el continente europeo como serían la segunda guerra mundial y los sentimientos antisemitas, el condado británico de Cornualles, cuyas costas colindan con el Mar Céltico al Norte y al Este y con el Canal de la Mancha al sur, se mantiene como un rincón alejado del mundo y el paso del tiempo, así como de los avatares del exterior. De las noticias que les llegan a través de la radio, granjeros, pescadores y algunas familias medianamente pudientes, sólo muestran interés por la predicción atmosférica y del estado de la mar. Sin embargo, el hallazgo de un joven náufrago en la playa localizada bajo la casona de las solitarias hermanas Widdington, no sólo trastocará a la cerrada comunidad que ve con malos ojos a los forasteros, sino a su vez, la tranquila vida emocional de las ancianas, Janet y Ursula. Arrojado por la borda de un barco, las intenciones primigenias de Andrea, el muchacho polaco que desconoce el idioma inglés, es empezar una nueva vida en Nueva York, no obstante, su lenta recuperación cambiará los sentimientos de las hermanas, quienes pasan de la protección a un idílico enamoramiento, sumado a la súbita y extraña presencia de una hermosa, moderna y joven pintora, que alaba el arte de ese joven, que resulta un virtuoso del violín.

“El filme aborda la pasión amorosa vivida por dos mujeres mayores, sentimiento que el grueso de los productores, suponen que sólo lo experimentan los jóvenes ¿Porqué no podría enamorarse de nuevo una mujer de sesenta años o más? Todo este asunto de vivir enamorado rejuvenece: te sube la presión, te sientes flotar en el aire y te transporta a un delirio feliz. Pasar por esta vida sin haber vivido alguna vez esa experiencia, sería realmente atroz” –Charles Dance

A fines de la década de los ochenta y después de un estancamiento de casi dos décadas, la cinematografía británica tomaba un nuevo, moderno y crítico impulso. Heredera de una larga tradición representada por realizadores clave como: David Lean, Carol Reed y Michael Powell y aquellos autores del llamado free cinema inglés de los años cincuenta y sesenta, como: Karel Reisz, Ken Loach, Lindsay Anderson, Tony Richardson, John Schlesinger y Nicolas Roeg. En la actualidad, es palpable el resurgimiento de un nuevo cine inglés, altamente competetitivo, sensible y en ocasiones estridente, representado por personalidades como Peter Greenaway, Stephen Frears, Derek Jarman, Neil Jordan, Mike Leigh, David Leland, Mike Newel, Chris Menges, Danny Boyle, Guy Ritchie, Peter Cattaneo y Charles Dance, entre muchos otros.

Si en algo coinciden buena parte de los nuevos cineastas ingleses, es en la manera de abordar sus temas femeninos, una vocación liberadora de mujeres cansadas de entablar luchas inútiles con una sociedad masculina y represora. El relato de igualdad sexual en Orlando de Sally Potter, la adolescente malhablada que reta a la sociedad de la segunda posguerra en Ojalá estuvieras aquí de David Leland, la tragedia de odios racistas que inmiscuye a una madre y su hija en Un mundo aparte de Chris Menges, la vocación materna en Voces distantes, naturaleza muerta de Terence Davis, el relato pos victoriano de mujeres que asumen su libertad en Sueños de abril de Mike Newell, o el enamoramiento y la fascinación otoñal que un joven despierta azarosamente en dos ancianas, en una apartada zona costera en los años previos a la segunda guerra mundial en El violinista que llegó del mar.

Una nueva generación de cineastas que retrataban por igual lo exquisito y lo cotidiano rompiendo los convencionalismos, mirando al pasado para comprender el presente, o sumergiéndose en terribles problemas sociales. De hecho, muchos han sido los realizadores británicos preocupados por la clase obrera en el cine thatcheriano de la década de los noventa, en relatos que van de la comedia a la tragedia como aquellos Reyes del ritmo/The Commitments que Alan Parker descubrió en Irlanda, sobre un curioso grupo de soul. Al igual que los títulos realizados por Ken Loach, como: Riff-Raff, Lluvia de piedras, o La canción de Carla.  Otras comedias británicas, bajo su disfraz de farsa social ocultan la tragedia del desempleo y la marginación y su repercusión en el núcleo familiar, como lo muestran: Todo o nada/El Full Monthy de Peter Cattaneo y La camioneta y Esperando al bebé de Stephen Frears.

El caso del realizador Charles Dance resulta particularmente curioso. Nacido en Worcestershire, Gran Bretaña en 1946, es uno de los actores más destacados y prolíficos de su generación, con una filmografía que rebasa los setenta títulos y que incluye obras tan disímbolas como: Gosford Park de Robert Altman, Alien 3 de David Fincher, Hilary y Jackie de Anand Tucker, La piscina de Francois Ozon, Amor y muerte de Woody Allen, Michael Collins de Neil Jordan, o 007. Solo para tus ojos de John Glen, así como decenas de prestigiosas series televisivas y telefilmes como: Las joyas de la corona, Raffles, Enrique VIII o Titanic. El nacimiento de la leyenda, sin faltar importantes puestas en escena en los teatros londinenses con la Royal Shakespeare Company y que incluyen: Hamlet, Ricrado III, Enrique V, Como gustéis, entre otras, quien debuta tardíamente como director de cine a los 58 años y lo hace con enorme finura y sensibilidad.

Sin duda su experiencia como actor resulta clave en un filme como El violinista que llegó del mar, caracterizado por su bajo presupuesto, su flema inglesa, sus acertada ambientación y sobre todo por sus notables y profundas actuaciones. Dance muestra un oído muy refinado para los matices más delicados que sus maduras protagonistas aportan a las diferentes escenas, lo mismo sucede con la manera en que la trama se va hilando. Se intuye que Janet la mayor enviudó muy joven y no procreó hijos y en cambio, Ursula jamás llegó a tener pretendiente alguno en su lejana juventud. En la medida en que interaccionan con el joven náufrago polaco, al que rescatan y cuidan -el siempre expresivo y simpático Daniel Bruhl, estrella de la cinta alemana Adiós Lenin de Wolfgang Becker-, la historia va ganando en profundidad y en texturas.

De hecho, poco importa al director, que la película no se atreva a sumergirse un poco más en varias de las subtramas que anticipa la historia: el drama amnésico, el tema del espionaje, el universo de la música culta, la xenofobia, el posible romance entre el joven violinista y la señorita Daniloff, hermana del virtuoso concertista ruso, o el asunto de los albores de la Segunda Guerra Mundial. La propuesta, es incidir en los sentimientos y en las emociones de los personajes principales, e incluso de los secundarios, como es el caso del maduro médico que se encarga de los cuidados del muchacho y se enamora de la guapa pintora extranjera que lo rechaza y que centra su atención en el arte musical de Andrea empeñado en llegar a los Estados Unidos.

Fue durante un descanso en un rodaje en Budapest, donde el entonces maduro actor Charles Dance leyó el relato de William J. Locke (Guyana, 1863-París, 1930), un autor célebre en los años de la primera posguerra y hoy olvidado, pese a que se han hecho varias adaptaciones fílmicas de sus historias, en particular, Amado vagabundo  y La sombra alargada. Fue justo la contundencia de aquel cuento corto, Ladies in Lavender, en el que se prescinde de artificios y va directamente al punto para contar ese resurgimiento amoroso otoñal que viven las dos ancianas protagonistas –originalmente cuarentonas-, lo que le hizo a Dance dar el siguiente paso para preparar su ópera prima como realizador cinematográfico y lo hizo en grande pese al reducido presupuesto considerando a las extraordinarias actrices que convocó: Maggie Smith, célebre por sus interpretaciones en adaptaciones de la escritora Agatha Christie y como la profesora Minerva McGonagall en la saga de Harry Potter y Judi Dench, quien ha cobrado gran relevancia como la enigmática M, la superiora del agente James Bond 007 y en versiones fílmicas de celebres autores ingleses como William Shakespeare o Jane Austen.

El realizador confía pues en la eficacia de la historia y deja fluir las emociones que de ésta se desprenden. Al mismo tiempo, convierte aquel acantilado donde viven las hermanas Widdington y la comunidad misma de Cornualles, en un personaje más. Sus bellísimos paisajes terrestres y marítimos, al igual que la utilización de la luz son aprovechadas con gran belleza e impacto por el prestigioso fotógrafo británico Peter Biziou, responsable de las imágenes de brillantes filmes como: Pink Floyd The Wall, Mississippi en llamas, La ciudad de la alegría, Nueve semanas y media, o En el nombre del padre. Al tiempo que trastoca la música en otro punto trascendental en la historia, a cargo de Nigel Hess, orquestador y compositor de la afamada teleserie inglesa Maigret.

Lo que resulta sumamente conmovedor, es la manera en que poco a poco se revelan los nexos emocionales y protectores entre las dos hermanas protagonistas. Por un lado los sentimientos pragmáticos y lógicos de Janet, viuda de un combatiente de la Primera Guerra Mundial. Por otra parte, la visión soñadora y aniñada de la solterona hermana menor. De hecho, nunca se siente forzada la coquetería de Ursula y menos inapropiada para su edad, cuya pasión sigue viva, sino como una muestra de su vitalidad. Para la primera, el joven judío polaco, quien poco a poco es aceptado por la comunidad y que huyó de los horrores de un nazismo en ascenso, representa el hijo anhelado que jamás pudo tener y para la segunda, el amor de juventud que nunca llegó.

El violinista que llegó del mar es un filme de notable calidez, elegancia y sensibilidad que carece por completo del sentimentalismo y la manipulación impuesta por el cine de Hollywood como lo muestra la apacible secuencia final. Como bien apunta el crítico mexicano Carlos Bonfil: “Lo memorable en la cinta es su melancólica reflexión sobre el tiempo y el desgaste de las energías vitales; sobre las ilusiones románticas condenadas al fracaso, y su tenacidad de supervivencia”.

RAFAEL AVIÑA