ADIÓS SEÑOR HAFFMANN

(Adieu Monsieur Haffmann, Francia-Bélgica, 2021)

AdiosSeñorHaffmann1

Dirección. Fred Cavayé/ Guión. Fred Cavayé, Sarah Kaminsky, inspirados en la obra teatral homónima de Jean Philippe Daguerre/ Fotografía en color. Denis Rouden/ Música. Christophe Julien/ Edición. Mickael Dumontier, Stéphane Garnier/ Diseño de producción. Philippe Chiffre/ Dirección de arte. Cecile Arlet Colin/ Vestuario. Chloé Amirouche/ Producción. Vendome Production, Dai Dai Films, Pathe, Orange Studio, France 2 Cinema, Belga Productions, OCS, France Télévision, La Banque Postale Image 13, Cinéaxe 2, Cinémage 15, Indéfilms 9, La Banque Postale Image 14, Philippe Rousselet, Ardavan Safaee/ Con. Daniel Auteuil (Joseph Haffmann), Gilles Lellouche (Francois Mercier), Sarah Giraudeau (Blanche Mercier), Nikolai Kinski (Comandante Jünger), Mathilde Bizzon (Suzanne, la amiga de Jünger), Anne Coessens (Hannah, la mujer de Haffmann), Yoan Blanc (el carnicero), Claudette Walker (Señora Rosenberg), Pierre Reggiani (señor Rosenberg), Philippe Weisert (solado alemán balón 1), Jean-Cyril Dureux (soldado alemán balón 2)/ Duración. 115 mins.

 

SINOPSIS

En el París amenazado por la guerra hacia 1941, François Mercier es un hombre corriente con un defecto en la pierna que sólo desea formar una familia con la mujer que ama, Blanche. Y así mismo, Mercier es el modesto empleado de un talentoso joyero franco-judío: el señor Joseph Haffmann. Pero ante la ocupación alemana, los dos hombres no tienen más remedio que llegar a un acuerdo cuyas consecuencias, a lo largo de varios meses, cambiarán el destino de los tres personajes, demostrando que en la guerra, el amor, la orfebrería y los negocios, todo se vale…

Más que un drama histórico, se trata de una lección ética y moral que sabe darle la vuelta al manido tema de la segunda guerra mundial, el nazismo y el holocausto para relatar una trama diferente y original.

 

“Relato moral sobre el resentimiento, la ambición, el poder y la pérdida de la humanidad, es contado por Cavayé con gran habilidad, manteniendo la tensión de principio a fin y aprovechando al máximo a sus actores” -André Didyme-Dome: Rolling Stone-

 

Fue a fines del siglo XX e inicios de éste, cuando las pantallas mundiales recuperaron por enésima ocasión un tema aparentemente agotado: el horror del segundo conflicto bélico, el holocausto judío y la barbarie nazi. Tan sólo, en 1998, tres películas exitosas acapararon las principales nominaciones en los Oscares: La delgada línea roja, Rescatando al soldado Ryan y La vida es bella, que abordaban los horrores de la guerra, pero desde perspectivas muy opuestas. Terence Malick apostaba por la poesía y la reflexión interior, Steven Spielberg por el homenaje y la visceralidad y Roberto Benigni concebía una emotiva y polémica fábula a medio camino entre la farsa, el comentario social y el humor negro.

         Después, llegó El pianista (2002) de Roman Polanski, una obra tan vigorosa como impersonal en su estilo narrativo que impactó al público con la historia real del pianista Wladyslaw Szpilman superviviente del guetto de Varsovia durante la ocupación nazi, al igual que el documental Sobibor (14 de octubre de 1943, 16.00 horas) (2001) de Claude Lanzmann, que narraba el levantamiento de un grupo de judíos contra sus celadores en dicho campo de exterminio. Y Tom Cruise filmaba bajo las órdenes de Bryan Singer, Valkyrie (2008) en la que interpretaba al Coronel Claus Graf Schenk von Stauffenberg, oficial y aristócrata alemán ejecutado después de un fallido intento de asesinato contra Adolfo Hitler ocurrido el 20 de julio de 1944.

         Y antes, en otra perspectiva: la del thriller, el drama romántico, el suspenso y el horror, coincidían en el tema de la segunda guerra y la ocupación nazi otras tres películas muy opuestas entre sí: La lista negra (2006) de Paul Verhoeven, El buen alemán (2006), película independiente del estadunidense Steven Soderbergh y Hannibal Rising (2007) de Peter Webber, sobre la infancia y juventud del asesino en serie Hannibal Lecter, en un intento por recuperar la figura del refinado psiquiatra criminal durante su juventud durante los años del nazismo. Por supuesto, el tópico sigue generando más propuestas, algunas originales como Adiós señor Haffmann cuya trama claustrofóbica se ambienta en la calle Androuet en París y en la que se narra una suerte de pacto Fáustico entre dos hombres y en medio de ellos la mujer de uno que estaría dispuesta a tener al hijo del otro…

 

 

…“Frente a Gilles Lellouche, pensé en Daniel Auteuil, porque me encanta enfrentar a dos grandes talentos del cine entre sí… El encuentro de estos dos hombres, cada uno en la cima de su generación, me emocionó. Como Daniel es mayor, su relación en la jerarquía se desarrolló de forma natural. Respecto a Sarah Giraudeau, conocía su trabajo y rápidamente se convirtió en la elección principal. Desarrollé el personaje de Blanche porque es porque es a través de sus ojos por donde entramos en la narración. Con su fragilidad casi infantil, al principio la vemos como una mujer romántica, escuchando canciones de amor en el gramófono… Pero termina siendo el personaje más fuerte…” –Fred Cavayé, Lahiguera.net-…

 

 

       …¿Cómo puede una persona normal convertirse en un monstruo, no por ideología, sino por codicia o algo así? Francois Mercier, un hombre sin carisma, sin atractivo, estéril, que pasa inadvertido incluso pese a su cojera y el aparato en su pierna, se le abre una oportunidad con la que ni en sueños podría imaginar, trata de existir para su mujer Blanche, una joven dulce, retraída, melancólica y romántica (escucha todo el tiempo la canción Parlez-moi d’Amour de Jean Leonir, interpretada por Lucienne Boyer) y que lo único que desea es tener a un hijo de ambos. Y, sin quererlo, el patrón de Mercier, el maduro, talentoso y justo joyero judío Joseph Haffmann trastoca sin querer a Mercier en un monstruo. Y es que Haffmann le propone una transacción a la persona equivocada con la llegada de la ocupación nazi en Francia hacia 1941 en la figura de su empleado y es justo Blanche, la mujer de Mercier quien se percata de ese “error”, incluso le dice: “No debió de haberle vendido la tienda. Antes no teníamos nada, y ahora quiere todo». Y es que Haffmann elige sin saber a un desquiciado en potencia, un hombre frustrado que sueña con una oportunidad y reconocimiento y que con seguridad no se habría vuelto loco si no hubiera sido elegido para “convertirse” en el dueño de la joyería y de la casa de Haffmann. Todo ello, como una suerte de préstamo de honor mientras terminara la guerra y la invasión, al tiempo que Haffmann pudiera reunirse con su familia. Situación que no ocurre y es entonces que el dueño tiene que habitar el sótano al ser buscado por los alemanes y a su vez recibir la propuesta de embarazar a Blanche…

 

“Es curioso que menciones un pacto fáustico porque eso es precisamente lo que le dije a Gilles Lellouche durante la escena cuando regresa con las joyas robadas a los judíos. Esto es ¡directamente de la obra de Fausto para mí! Hay un elemento de chantaje pero sobre todo una dinámica terrible por la que Francois invierte los papeles para compensar lo que le falta. No sólo espera que Joseph Haffmann tenga un hijo con su mujer, sino que también le roba su talento, su identidad… Para existir, debe asegurarse de que Haffmann ya no existe… Sobre la rebelión de éste, creo que se ha rendido. Se ha doblegado, pero acaba por mantenerse en pie. El miedo cambia de bando. Es tanto un acto de sacrificio como un acto de valor. Y él lo sabe muy bien…Y en cuanto a la desilusión de la mujer es cuando se percata de que el hombre que ella amaba se ha desvanecido lentamente. Ella llega a pedirle a Haffmann que mienta: que diga que su marido era un héroe porque aceptó esconderlo. Lo hace menos por ella misma que por su hijo, para que pueda crecer con el recuerdo de un padre valiente…” –Fred Cavayé, con información de Lahiguera.net.-

El director Fred Cavayé responsable de filmes como: Cruzando el límite, Cuenta atrás, Los infieles, Mea culpa, Manual de un tacaño, consigue crear un ambiente de tensión y suspenso. Un thriller a momentos conmovedor sin necesidad de recurrir a imágenes violentas o a escenas de guerra o acción, sino centrada en el comportamiento humano; como aquella secuencia de los soldados alemanes que irrumpen en la ahora joyería de Mercier, buscando un balón de soccer que ha caído en el sótano y que debido a que Mercier no entiende alemán, está a punto de delatar a Haffmann. Lo mismo sucede cuando Mercier es detenido y confundido con Haffmann cuando él mismo ha puesto su fotografía en los documentos oficiales de éste. Y a su vez, en el manejo del sonido: el personaje de Haffmann, atrapado en el sótano, puede entender el mundo exterior sólo a través del sonido. Por lo tanto, escucha e interpreta el más mínimo ruido: gritos, música, timbres, voces…Más que un relato sobre la guerra o la segregación de raza, se trata de un drama moral sobre lo peor y/o lo mejor del individuo que consigue hacer partícipe al espectador, confrontarlo e incluso, observar a través de los ojos de los personajes…

 

…”Es una relación en la que la dinámica del poder cambia inmediatamente. Es lo que me gustó cuando leí el guion por primera vez. El trato que el Sr. Haffmann intenta hacer es salvaje. Pero eran tiempos salvajes. No había un comportamiento normal. Era la ley de la supervivencia. La guerra y el peligro crean un contexto en el que reaccionas como puedes a la violencia loca que te rodea. Cuando Haffmann sale del sótano actúa como un loco. No puede aguantar más. Porque hay un momento en que la gente que es perseguida necesita rebelarse. Incluso si pone su vida en peligro. En fin, así es como lo viví… o como lo interpreté en el personaje…” –Daniel Auteuil, La higuera.net-

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de julio 2022

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