LITTLE JOE/ LA FLOR DE LA FELICIDAD

(Little Joe, Austria-Gran Bretaña-Alemania-Francia, 2019-20)

LittleJoe1

Dirección. Jessica Hausner/ Guion. Géraldine Bajard, Jessica Hausner/ Fotografía en color. Martin Gschlacht/ Música. Teiji Ito/ Edición. Karina Ressler/ Dirección de arte. Francesca Massariol, Conrad Reinhardt/ Vestuario. Tanja Hausner/ Diseño de Producción. Katharina Wooperman/ Efectos Especiales. Anthony Platt, Markus Kircher/ Maquillaje. Eiko Shmidt/ Producción. Coop 99, The Bureau, Essential Filmproduktion, Philippe Bober, Bertrand Faivre, Martin Gschlacht, Jessica Hausner, Geraldine O’Flynn, Bruno Wagner/Con. Emily Beechman (Dra. Alice), Ben Whishaw (Chris), Kerry Fox (Bella), Kit Connor (Joe, hijo de Alice), David Wilmot (Karl), Phénix Brossard (Ric), Sebastian Hulk (Ivan), Lindsay Duncan (la sicóloga), Jessie Mae Alonzo (Selma), Andrew Rajan (Jasper) / Duración. 105 mins.

 

SINOPSIS

Alice es una científica botánica que vive sola con su hijo y se dedica a cultivar y transformar genéticamente plantas en una empresa que busca desarrollar nuevas especies e inundar el mercado con ellas debido a su especial naturaleza. Alice es la responsable del exitoso último diseño de su compañía: una bella flor rojiza de gran valor terapéutico: si se encuentra en las condiciones óptimas, garantiza a quien la consuma sentir algo parecido a la felicidad. Un día, Alice decide ir en contra de las normas de su empresa y lleva una planta a Joe, su hijo. Ambos la bautizan como «Little Joe». A medida que crece, Alice comienza a entender que tal vez su nueva creación no es tan inofensiva como sugiere su nombre.

 

Inquietante relato fantástico, científico y de suspenso y a su vez un drama psicológico y familiar, cuya protagonista Emily Beechman obtuvo el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes. Ganadora de los galardones a Mejor Diseño de producción, Edición y Maquillaje a lo mejor del cine austriaco. Mejor película Festival de Helsinki, Finlandia. Mejor Directora, Festival de Strasburgo. Nominada a Mejor Película premios Gaudi Europa.

 

 

Nacida en Austria, en 1972, Jessica Hausner estudió dirección en la Academia de Cine de Viena. En 1995, dirigió su primer corto, Flora, con el que obtuvo el Leopardo de Plata en Locarno. En 1999, se graduó con Inter-View y obtuvo mención especial del Jurado de Cinéfondation. Ese mismo año, creó la productora Coop99 junto con Barbara Albert, Antonin Svoboda y Martin Gschlacht. En 2001, presentó Lovely Rita en el Festival de cine de Cannes. Y en 2004: Hotel, seguida del mediometraje Toast en 2006. En 2009, compitió en Venecia con el largometraje Lourdes, y obtuvo el Giraldillo de oro a la mejor película en el Festival de Sevilla. La historia gira en torno a una mujer discapacitada arrumbada en una silla de ruedas, que, para salir de su aislamiento, viaja al santuario de la Virgen de Lourdes, en los Pirineos, buscando consuelo o quizá un milagro y una mañana se despierta curada. Parece un milagro. El jefe del grupo de peregrinos, un apuesto voluntario de la Orden de Malta, empieza a interesarse por ella. Por lo demás, la curación provoca en los demás tanto envidia como admiración. Con esta película, su protagonista ganó el Premio a la Mejor Actriz en los premios de Cine Europeo.

        Por su parte, Amour fou, vista en Cannes en 2014, se ambienta en el Berlín del siglo XIX. El joven poeta trágico Heinrich aspira a vencer el carácter ineludible de la muerte gracias al amor. Por esta razón intenta convencer a su prima Marie de que si se suicidan juntos conseguirán eludir el destino. El escepticismo y la falta de sensibilidad de Marie, deprime a Heinrich. Sin embargo, Henriette, una joven casada, cuando se entera de que padece una enfermedad incurable, se muestra dispuesta a aceptar la propuesta del poeta. Relato inspirado libremente en el suicidio de Heinrich von Kleist, en 1811. Su más reciente filme es: Little Joe (2019-20).

 

…”Se trata de perfeccionar una cepa microbiana, genéticamente modificada, para inocularla en una flor de color rojizo y con la inquietante morfología de un virus, que a través del polen producirá, al aspirarlo, ese misterioso estado de bienestar. Como en un relato de terror científico (la novela El día de los trífidos, de John Wyndham, por ejemplo), la planta cobrará vida propia, producirá efectos contrarios a los de su diseño original y trastornará la existencia de sus creadores, en especial la científica Alice, quienes habrán de asistir a las modificaciones insólitas en la conducta de los supuestos beneficiarios de la planta bienhechora… “ –Carlos Bonfil, La Jornada-

 

En la filmografía de la austriaca Jessica Hausner se repite de manera constante un tema: la búsqueda del amor y la felicidad, un tópico llevado al extremo en Little Joe/ La flor de la felicidad; historia que combina el drama futurista, el relato sicológico e incluso el suspenso y el terror del cine de zombies y de invasiones alienígenas pero sin los elementos tradicionales de éstos dos últimos géneros, incidiendo sin embargo en los resortes del control y la enajenación mental. Y lo hace desde la perspectiva de un cine moderno para contar una historia de amor filial sui géneris entre una madre y un hijo adolescente y otro hijo generado en un laboratorio: una planta cuyo propósito es engendrar felicidad y compañía en las personas, provocando una dependencia que roza con el horror.

       Alice (espléndida, la actriz inglesa Emily Beechman, no en balde ganadora del premio a mejor actuación en Cannes) y su colega Chris (Ben Whishaw, el nuevo Q de la saga reciente de los filmes de James Bond 007), al frente de un equipo de científicos, crean genéticamente una planta, cuya flor, se supone, causa una sensación de bienestar en quien la aspira, en un laboratorio tan aséptico como claustrofóbico (las escenas en el interior del invernadero son en verdad atemorizantes). Ello produce que las personas se transformen, incluso les resultan ajenas a sus propios familiares, como lo muestran varias de las entrevistas que hacen a familias que se ha  apuntado para probar los efectos secundarios de los alérgenos de la planta bautizada como Little Joe, y que se refieren a los cambios de hijos o parejas después de aspirar el polen de la flor. Incluso, el propio hijo de Alice, Joe, se transforma de  manera radical. Joe deja de ser el niño empático fascinado con su arenero de hormigas y lejano a un padre solitario que vive en una apartada zona en el campo, para convertirse en un adolescente arisco, algo agresivo que desea irse a vivir con el padre, abandona por completo su arenero cuyas hormigas mueren, discute con violencia con la madre y pasa la mayor parte del tiempo con una compañera asiática de su escuela, fascinado con el Little Joe que Alice ha llevado a la casa, luego de aspirar su polen.

 En momentos, Little Joe/La flor de la felicidad coquetea con la trama del clásico de la ciencia ficción: Usurpadores de cuerpos (Don Siegel, 1956) –vuelta a hacer en 1978 y 1993-; en una pequeña localidad californiana suceden cosas muy extrañas: el comportamiento de algunas personas cambia de tal manera que causa estupor e incluso miedo entre sus parientes y amigos, debido a unas vainas vegetales venidas del espacio que suplantan los cuerpos e identidades de las personas. La histeria cibernética, las amenazas mutantes que se ocultan en la oscuridad, la humanidad en peligro, la tierra devastada y el asunto de la memoria y los recuerdos implantados o suprimidos, surgen aquí y de alguna manera en el filme de Hausner, ello aderezado con una muy inquietante banda sonora: música japonesa de Teiji Ito de los años setenta en cuyo diseño sonoro se suman ruidos intrigantes como una suerte de ladridos de perros que consiguen crear una atmósfera de peligro ominoso.

        En ese sentido, lo más inquietante del filme es su ambigüedad entre aquello que advertimos y aquello que sucede; tal como lo demuestran los análisis de la sicoterapeuta de Alice, quien concluye que su paciente no sólo es una obsesiva y adicta al trabajo, sino que tiene una problema de culpa en relación con su hijo, el hecho de no pasar mucho tiempo con él y por eso, concibe la idea de tener un hijo controlado y estático y “deshacerse” del real enviándolo finalmente con el papá. Asimismo, se trata de una alegoría de la crisis familiar provocada por el exceso de trabajo descuidando al hijo y a su vez, una metáfora del consumismo masivo: la búsqueda artificial de la felicidad y el bienestar; la oxitocina que podemos tener sin la necesidad de reír, pasar tiempo con los seres queridos, tener relaciones sexuales, meditar, acariciar mascotas, dar abrazos, externar lágrimas o ser generoso, con tan sólo aspirar el polen de una planta de flor roja incandescente, que en el filme genera más temor que satisfacción o comodidad. Ello, envuelto en unas imágenes poderosas y una iluminación tan artificial como fascinante…

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Junio 28, 2022

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