EL GRAN CALAVERA

(México, 1949)

ElGranCalavera1

Dirección. Luis Buñuel (y Fernando Soler sin crédito)/ Guión. Janet y Luis Alcoriza, inspirados en la pieza teatral homónima de Adolfo Torrado/ Fotografía en blanco y negro. Ezequiel Carrasco/Música. Manuel Esperón/Edición. Carlos Savage/ Diseño de producción. Luis Moya/ Dirección de arte. Darío Cabañas/ Producción. Óscar Dancigers, Fernando Soler, Ultramar Films/ Con. Fernando Soler (Ramiro de la Mata), Charito Granados (Virginia hija de Ramiro), Rubén Rojo (Pablo), Gustavo Rojo (Eduardo, hijo de Ramiro), Andrés Soler (Ladislao hermano de Ramiro), Maruja Griffell (Milgaros, esposa de Ladislao) Francisco Jambrina (Gregorio, hermano de Ramiro y Ladislao), Luis Alcoriza (Alfredo, pretendiente de Virginia), Antonio Monsell (Juan, el mayordomo), María Luisa Serrano (madre de Alfredo), Antonio Bravo (don Alfonso, el administrador) /Duración. 90 mins.

 

SINOPSIS

Todo el mundo se aprovecha de Ramiro de la Mata, un gracioso, borrachín y viudo millonario. Sus hijos, Virginia, a la que sólo le interesa casarse bien y ser una gran señora, y Eduardo, al que solo le importa gastar el dinero sin trabajar, su vago hermano Ladislao que se aprovecha de la situación de su hermano, y su cuñada Milagros, que finge todas las enfermedades; todos pretenden no hacer nada y vivir a su costa. Su otro hermano Gregorio, intenta ayudarle haciendo creer a todos que Ramiro se ha arruinado y ha perdido su fortuna y por ello, su familia debe trabajar para sobrevivir, lo que generará una gran situación en la que su familia se verá obligada a cambiar. En la vecindad a dónde han ido a vivir conocerán al entusiasta, trabajador y noble Pablo que en poco tiempo enamorará a Virginia.

 

…”Llevaba mucho tiempo sin trabajo y no tenía un centavo en la casa. Fernando Soler iba a actuar y a dirigir para Dancigers El gran Calavera, pero finalmente consideró que hacer las dos cosas era demasiado trabajo y pidió un director: el que fuese, con tal de que funcionara técnicamente. Dancigers me llamó y me propuso la película. Acepté. El argumento lo habían escrito Luis Alcoriza y su esposa Janet…Es mi única película en cuyo guión no he colaborado (Yo he trabajado ya con veintidós escritores)…Me divirtió porque me ejercitaba técnicamente. Me entretuve con el montaje, la estructuración, los ángulos…Todo eso me interesaba, porque aún era yo un aprendiz en el cine digamos ‘normal’…Se me ocurrió dar a conocer al personaje de una manera interesante. Sus zapatos son elegantes, caros, y contrastan mucho con los de los vagabundos y borrachines que hay en la celda. Es un prólogo corto. Hay que mostrar a un ‘catrín’, dormido en la celda entre esos ‘pelados’. Recuerdo esa palabra ‘catrín’, porque la aprendí por entonces. Significa lo mismo que en España ‘señorito’ ¿no?…” –Luis Buñuel. Prohibido asomarse al interior de José de la Colina y Tomás Pérez Turrent (Joaquín Mortiz, 1986)-

 

          … A partir del 9 de junio de 1949 arrancaba en los Estudios Tepeyac El gran calavera adaptada por Janet y Luis Alcoriza a partir de una pieza del español Adolfo Torrado y en la que su protagonista Fernando Soler participaría como una suerte de co director de Buñuel ya que él mismo producía junto con Dancigers para Ultramar Films. Interpreta aquí al adinerado Ramiro de la Mata, un recién viudo borrachín que saca de quicio a su indolente y parasitaria familia, su hermano abusivo y flojo Ladislao que practica “el quietismo: no te muevas, ¿para qué?, si ya todo está inventado…” y su cuñada la hipocondriaca Milagros y sus hijos banales con aire de grandeza aunque de buen corazón: Virginia y Eduardo. Después de varios meses se presenta en la casa Gregorio, el otro hermano y médico siquiatra, quien reclama enterado por Don Alfonso -el honrado administrador del despacho de Ramiro-, de las parrandas, idas a la cárcel, despilfarros y desastre que suceden en la familia… “¡Viva la alegría!, el padre barranca abajo, los hijos divirtiéndose y ustedes dándose la vida padre…” les dice a Ladislao y a su mujer, enfurecido.

        Ramiro se presenta alcoholizado en la pedida de la mano de su hija por parte de Alfredo, un catrincito interesado interpretado por el propio Luis Alcoriza, a quien Ramiro rechaza. Los corre e insulta a todos, en especial a la madre de Alfredo, una señora con bigotes y después pierde el sentido. Por ello, para salvar a Ramiro del alcoholismo y la ruina, propone un plan para regenerarlo: hacerle creer que ha estado inconsciente a lo largo de un año, debido al alcohol y por lo tanto ahora son pobres. Abandonan la casa de Las Lomas y “montan el teatro” en una vecindad cerca de la Romita, vestuario incluido: Gustavo Rojo como Pepe El Toro, por ejemplo, Virginia dice haber comprado su vestido en La Lagunilla y Ramiro con un cordón por cinturón… “en sus lágrimas está su salvación”, comenta Gregorio.  Sin embargo, el mismo Ramiro se percata pronto del engaño gracias a Pablo, humilde electricista que lo salva del suicidio y decide entonces capitalizar la comedia los obliga a trabajar, los arrea argumentando que él trabaja en una funeraria aunque en realidad se va a su casa a descansar y a comer langosta y vino y consigue cambiar a sus ociosos hijos, hermano y cuñada en personas de bien obligándolos a trabajar haciéndolos creer que en efecto están quebrados. Virginia se ha enamorado de Pablo (Rubén Rojo), quien además, arregla radios, hace anuncios comerciales en una camioneta con altavoces, les lleva comida y trabajo y además, logra interrumpir la boda de Virginia con Alfredo con quien se va a casar por tristeza aunque en realidad ama a Pablo. Sin embargo, poco antes de la boda, el mayordomo Juan, le confiesa a Ramiro que Alfredo le obligó a decirle la verdad. La película cierra con una suerte de final feliz en la que retoman su riqueza pero con una actitud distinta ante la vida caminando por la hoy Avenida Cuauhtémoc en la colonia Roma.

          Pese a la simplicidad de la trama y la manera tan elemental como se resuelve la lucha de clases, se trata de una eficaz comedia moral con uno que otro toque dramático en la que destaca el trabajo histriónico que sostiene la historia, así como los detalles de la puesta en escena y el excelente ritmo de unos diálogos muy graciosos: Ladislao le comenta a Ramiro: “Anoche estuviste de parranda ¿Cómo estuvo?: “¡Atómica, atómica!”, responde. Y aprovecha para darle la estocada de dinero: “Como estaba medio desnudo, me mandé hacer unos trajecitos…Nada, unos 1,800 pesos…”. Aquí, el personaje de Fernando Soler vive con la sonrisa permanente y una copa en la mano y todos se aprovechan de él: Gustavo Rojo choca su Cadillac simplemente compra otro y abandona la universidad, sus empleados desobligados no hacen nada en su despacho, ni en la residencia, la criada o el mayordomo que juega cartas. Los únicos conscientes del desastre son Gregorio y don Alfonso que a veces le habla de usted y otras de tú: “A ti no te importa nada. Vas a la ruina…Tu familia te desprecia, hasta tus propios hijos. Tu sin voluntad entregado al vicio que es lo que más te gusta…”…

 

         … Si algo abunda en El gran calavera son los detalles pequeños y curiosos, que sin embargo redondean no sólo la personalidad de los personajes, sino de las situaciones; pinceladas geniales que se les debe tanto a Buñuel como al matrimonio Alcoriza. El hecho de que Gregorio le diga a Gustavo Rojo que baje la pierna del sofá en el cuartucho de vecindad donde viven, habla de que la indolencia del hijo es mayúscula. Las referencias a la publicidad de la época: cigarros Rialto o Gardenia, o paletas y helados Trébol. El discurso de Pablo cuando piensa que se han burlado de todos los de la vecindad. O esa situación tan insólita como grotesca para un cine mexicano familiar: la madre del personaje de Alcoriza con evidentes bigotes… En la fiesta del pedimento de mano, Ramiro alcoholizado le dice a ésta: “¡Señor mío!”. Ella responde: “¡Soy una señora!”… “¡Ah pues rasúrese porque no lo parece…!”.

          Y sobre todo, ese par de grandes escenas a bordo de la camioneta donde Pablo hace sus anuncios comerciales a través de altavoces: en la primera; él y Virginia no se dan cuenta que esta prendido el micrófono y por el altavoz todos escuchan la confesión de amor de Pablo. Y la segunda los comentarios que lanza a través del altavoz afuera de la iglesia neogótica de la Sagrada Familia en la colonia Roma y el increíble discurso machista del sacerdote que intenta casar a Virginia y a Alfredo, interrumpido por la voz de Pablo al micrófono…

 

           …“La muchacha va a casarse con otro y el muchacho cubre el sermón del cura y ataca esa boda con todo el sonido de los altavoces. En este final metí algo que no es muy original, que hemos visto mil veces en comedias norteamericanas: una boda que se deshace en el momento en que la novia va a decir: ‘Sí quiero’. Realicé la película en 18 días…Técnicamente me sentía un poco más seguro, más tranquilo…Yo tenía la mala fama de Gran casino, pero El gran calavera fue un buen éxito de público y gracias a ésta película pude seguir haciendo cine en México…” –op cit, José de la Colina y Tomás Pérez Turrent-. En efecto, El gran calavera se mantuvo tres semanas con buena taquilla en el cine Orfeón a partir de su estreno el 25 de noviembre de ese mismo año de 1949 para continuar después en otras salas…

 

            …Curiosamente, más de sesenta años después, se realizaría una suerte de nueva versión de El gran calavera en nuestro cine: Nosotros los nobles (2011) que se convertiría en una de las películas más exitosas del 2013 año en que se estrenó. De manera inteligente Gary Alazraki, nieto del cineasta Benito Alazraki e hijo del publicita Carlos Alazraki, tomó como modelo las desventuras de pobres y ricos de Ismael Rodríguez, pero sobre todo de El gran calavera (1949) de Buñuel. La lección que un empresario millonario Germán Noble (Gonzalo Vega), quiere darle a sus hijos: Barbara (Karla Souza), Javi (Luis Gerardo Méndez) y Charlie (Juan Pablo Gil), quienes siempre han vivido a sus costillas sin trabajar y de pronto, se ven en la necesidad de hacerlo sin tener la menor experiencia; es decir, ganarse literalmente el pan con el sudor de la frente.

      La película de Alazraki está bien narrada y actuada, tiene un ritmo eficaz y aprovechaba actores poco conocidos a excepción de la exitosa Karla Souza al tiempo que catapultaría la carrera de Luis Gerardo Méndez. Su inusitado éxito taquillero se debió tal vez a que se encuentra en el límite justo del exceso sin pasarse de la raya del lugar común televisivo. La utilización del tema de Luis Miguel, la escena de la comida cuando hablan de sus experiencias sexuales, pero sobre todo la secuencia del hospital donde discuten por Brad Pitt resultan eficaces en la historia de esos tres hijos: un jipioso irresponsable, un Mirrey bueno para nada y una niña banal. Cuando Bárbara llega por primera vez a la Central de Abastos dice: “Parece Tailandia”.

        El filme se burla de las ridiculeces de la espiritualidad, el reiki y otras modas similares. Los personajes abandonan Interlomas para internarse en las colonias populares. Nosotros los nobles logró que el planteamiento no se desgatara y llegara a un clímax casi de telenovela, pero acorde a la historia que Alazraki planteaba.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la ciudad de México

14 de junio 2022

 

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