EL BESO MORTAL

(Kiss Me Deadly, Estados Unidos, 1955)

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Dirección. Robert Aldrich/ Guión. Albert Isaac Bezzerides, inspirado en la novela Kiss Me Deadly de Mickey Spillane/ Fotografía en blanco y negro. Ernest Laszlo/ Música. Frank De Vol, Albert Harris/ Edición. Michael Luciano/ Dirección de arte. William Glasgow/ Sonido. Jack Solomon/ Producción. Robert Aldrich, Victor Saville, United Artists/ Con. Ralph Meeker (Mike Hammer), Albert Dekker (Dr. Soberin), Maxine Cooper (Velda Wickman, la secetaria), Paul Stewart (Car Evello), Juano Hernández (Eddie Yeager), Wesley Addy (capitán Pat Murphy), Gaby Rodgers (Gabrielle/Lily Carver), Cloris Leachman (Christina Bailey), Marian Carr (Friday), Fortunio Bonanova (Carmen Trivago), Strother Martin (Harvey Wallace), Mady Comfort (la cantante del club nocturno)/ Duración. 106 mins.

 

SINOPSIS

El detective privado Mike Hammer oriundo de Los Ángeles y amante de la velocidad, las mujeres y la violencia, recoge en la carretera, en plena noche, a una muchacha: Christina Bailey, que huye de un peligro mortal y no lleva puesto más que una gabardina. Poco después son interceptados por los acosadores de ella, unos despiadados matones que, tras torturar y matar a la muchacha y dar una paliza al duro detective, les arrojan por un precipicio en su auto. Hammer logra salir indemne, y se dedicará a investigar este misterioso caso, que le lleva a descubrir un terrible secreto atómico.

 

 El beso mortal, thriller de culto noir, obtuvo en 1999, el Premio a la Mejor Preservación de un clásico cinematográfico estadunidense

 

 

Un Chevy Malibu 64, avanza por una solitaria carretera transportando en la cajuela cierta sustancia extraterrestre que desintegra al instante quienes reciben sus radiaciones, en la secuencia inicial de El reclamador/Repo Man dirigida en 1984 por Alex Cox. Vincent Vega (John Travolta) y Jules (Samuel L. Jackson), matones al servicio de un mafioso negro, recuperan un misterioso maletín cuya clave numérica es 666 y que al abrir despide un destello dorado que más tarde provoca la fascinación del raterillo que encarna Tim Roth en Pulp Fiction (1994) de Quentin Tarantino. Se trata de un par de referencias directas, al extraño baúl del que emana una radiación y que causa numerosas y violentas muertes en otra cinta de culto, El beso mortal/ Kiss Me Deadly, un thriller noir revelador y fascinante, decisivo para el arranque de la nueva ola francesa (Jean Luc Godard con Sin aliento y Francois Truffaut con La novia vestía de negro) y que ahora, a más de 65 años de su estreno, reaparece restaurado y con un final alternativo.

          Luego de cintas como Apache o Vera Cruz, Robert Aldrich, cineasta anárquico, atípico y vigoroso, autor de obras de una poderosa extravagancia visual y de una violencia casi paródica, consiguió en 1955 la mejor adaptación de una novela de Mickey Spillane, creador del cínico, brutal y ultraderechista detective Mike Hammer, dotando a El beso mortal de una aura apocalíptica y desesperanzadora. Ello, al mostrar a una ciudad como Los Ángeles corrupta y sin posibilidades de redención, con sus interminables escaleras y sus barrios nocturnos y peligrosos, como alegoría de una sociedad mutilada, agresiva y asustada por miedos atómicos, en los años  de la segunda posguerra, el surgimiento de la guerra fría y la cacería de brujas impuesta por el senador Joseph Mcarthy. Aldrich y su guionista I. A. Bezzerides, concibieron un anti Spillane del mismo Spillane, sustituyendo el robo de unas joyas por un material radiactivo que causa codicia, obsesión y homicidios brutales.

        El filme arranca con la entonces debutante Cloris Leachman en el papel de Christina Bailey -futura mujer de Mel Brooks y actriz de Dillinger o El joven Frankenstein-, quien huye descalza y desnuda, abrigada tan sólo con una gabardina en medio de la noche, hasta que es recogida contra su voluntad por Mike Hammer un espléndido Ralph Meeker que le dice: “No le bastaba el pulgar, ¿tenía que usar todo el cuerpo?”, a lo que ella responde en breve: “Eres uno de esos machos egoístas que sólo piensan en su ropa, en su coche, en sí mismos”, en el inicio mismo de la película, después de que éste la encuentre corriendo en plena noche en la carretera.

        En breves minutos y luego de una original secuencia de créditos a la inversa al estilo de La guerra de las galaxias/ Star Wars (George Lucas, 1977), Christina, le revela la clave de un misterio: “Recuérdame”, le dice, antes de ser torturada y asesinada salvajemente y más tarde, arrojada a un precipicio junto con Hammer a quien dan por muerto y cuyo enigmático asesino, sólo es reconocible por sus extraños mocasines, así como los matones a su servicio. Lo que sigue, es la obsesiva y enredada búsqueda de un misterio innombrable, que lleva a cabo ese detective de alcobas, frío, misógino e irónico, que no duda en usar como carnada sexual a su atractiva secretaria y amante Velda (la sensual debutante Maxine Cooper).

       Aldrich, responsable de títulos imprescindibles del cine estadunidense como: La venganza de Ulzana, ¿Qué pasó con Baby Jane? La pandilla Grissom, Doce al patíbulo o Golpe bajo, logró con El beso mortal su película más fascinante, ambigua y desconcertante, al equilibrar el homenaje a los clichés de una fórmula en apariencia gastada –el cine negro avanzaba hacia una etapa crepuscular- y una cinta de ruptura que analizaba con frialdad las consecuencias morales de sus personajes y del género mismo, logrando con ello una película adelantada a su tiempo, que años después traería consigo un revisionismo de esos mismos temas, con cintas que van de: El largo adiós (Robert Altman, 1973) y Chinatown de Roman Polanski a Terciopelo azul (David Lynch, 1986) -aquí por ejemplo, el personaje de Isabella Rossellini parece una mezcla de la cantante negra y la villana paranoica Lily Carver/Gabrielle de El beso mortal- y Abuso de poder (Lee Tamahori, 1996), que utiliza también violencia sexual y energía atómica.

       El thriller es quizá uno de los géneros más populares y a su vez, uno de los más indefinibles, ya que acepta por igual un relato de pasión erótica, una historia de horror, sangre y ciencia ficción, un policial negro Serie B, un exótico filme de aventuras selvático, o una historia de muertos vivientes. Gángsters, ladrones de bancos, asesinos en serie, ninfómanas, mujeres fatales o extraterrestres, han surcado las indefinibles fronteras del thriller. Y es precisamente El beso mortal, un excitante modelo para armar de ese subgénero del suspenso, con personajes repulsivos como el médico forense, Albert Decker como el siniestro malvado, sus matones y el jefe policiaco, incluyendo al propio Ralph Meeker como memorable protagonista y antihéroe de moral cuestionable como una suerte de adelanto JamesBondiano debido a su promiscuidad sexual.

        Todo ello, alrededor de esa enigmática Caja de Pandora, capaz de liberar los demonios del mundo o una Cabeza de Hidra que convierte en azufre y cenizas a quien le sostiene la mirada y que emite una terrible luz y un pavoroso bramido, en un filme expresionista, censurado en varios países debido a su violencia e insinuaciones eróticas. La  restauración y su final alternativo, permiten apreciar de otra manera esta joya nihilista, centrada en un personaje que diera pie a varias adaptaciones para cine, radio y televisión, pero ninguna capaz de albergar tantas alegorías paranoicas sobre la ciencia, el crimen y las pasiones humanas.

 

RAFAEL AVIÑA

14 diciembre 2021

Centro Histórico de la Ciudad de México

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