EL DUQUE

(The Duke, Gran Bretaña, 2020). 

duke

Dirección. Roger Michell/ Guión. Richard Bean y Clive Coleman/ Fotografía en color. Mike Eley/ Música. George Fenton / Edición. Kristina Hetherington/ Dirección de arte. Robert Haynes y Liz Simpson/ Vestuario. Dinah Collin/ Diseño de Producción. Kristian Milsted/ Efectos especiales. Alistair Anderson/ Producción. Neon Films, Pathé, Screen Yorkshire, Great Bison Productions, Ingenious Media, Nicky Bentham, Michael S. Constable, Andrew Wright/ Con. Jim Broadbent (Kempton Bunton), Helen Mirren (Dorothy Bunton), Fion Whitehead (Jackie Bunton), Matthew Goode (Jeremy Hutchinson, el abogado defensor), Charles Edwards (Sr. Spencer jefe de la policía), Charlotte Spencer (Pammy), Sian Clifford (la sicóloga), Anna Maxwell Martin (Sra. Gowlin), John Heffernan (Neddie Cussen), Andre Havill (Philip Hendy)/ Dur. 96 mins.

SINOPSIS

En 1961, Kempton Bunton, un taxista de 60 años y aspirante a dramaturgo, oriundo de Yorkshire, robó el retrato del Duque de Wellington, pintado por Francisco de Goya, de la National Gallery de Londres. Éste fue el primero y el único hurto en la historia de la galería. Kempton envió notas de rescate al Daily Mirror explicando que devolvería la pintura a condición de que el gobierno invirtiera más en el cuidado de los ancianos. Lo que sucedió a continuación se convirtió en algo legendario. La inspiradora historia de cómo un hombre decidido a cambiar el mundo, que puso en marcha el robo más insólito, y lo que sucedió después.

 

Esta agradable comedia con toques de drama y suspenso, escrita a partir de hechos reales, compitió el año pasado en el Festival de Venecia.

 

El caso real

Al inicio de los años sesenta: el magnate petrolero estadunidense Charles Wrightsman, anunció que adquirirá por 140 mil libras el retrato de El Duque de Wellington, pintado por el español Francisco de Goya. La noticia de que aquel tesoro nacional británico fuera a abandonar el país causó un gran revuelo. Por ello, el gobierno decide financiar con fondos públicos la compra de dicha obra con el fin de retenerla y exhibirla en la National Gallery.  

          En paralelo, un conductor de taxis jubilado llamado Kempton Bunton, enfrentaba su propia batalla personal contra un inspector de licencias de televisión, la BBC por una causa que consideraba injusta y abusiva: el pago para poder ver televisión por cable, un impuesto que se volvió impopular. Bunton se negó a pagar las 4 libras anuales y su punto de vista sobre el carácter abusivo de la televisora no era compartido por los tribunales de justicia, que le condenaron a 13 días de cárcel. 

           Su indignación creció al ver que el gobierno acrecentaba la presión contra ellos para aumentar la recaudación, y a su vez, incurría en derroches como la compra del retrato de El Duque. Bunton se percató que las alarmas de la National Gallery se desconectaban una hora para que el personal de limpieza hiciera su trabajo. Visitó el museo a última hora y dejó la ventana del baño abierta, la misma por la que entró en la madrugada cuando se realizaban las labores de limpieza. Kempton abandonó el museo por la misma ventana por la que había entrado portando el voluminoso retrato en sus manos.

           De inmediato se anunció una recompensa de 5 mil libras a quien aportara pistas sobre su paradero, robado tan sólo 19 días de expuesto. Y los fallos de seguridad supusieron que el director del museo se viera forzado a dimitir. Se aseguraba que el cuadro había salido del país y estaba en manos de traficantes de arte. La misma Interpol concluyó que el retrato, con total seguridad, estaba en el extranjero. Y tras una búsqueda por tierra, mar y aire con la participación de perros, buques e incluso aviones la policía británica reconoció no contar con ninguna pista. Las especulaciones sobre el destino del cuadro se incluyeron en una curiosa secuencia de El satánico Dr. No (Terence Young, 1962), la primera película de James Bond.  Sean Connery como 007, se percata del retrato apoyado en un caballete en el interior de la guarida submarina de su archienemigo, el Doctor No interpretado por Joseph Wiseman.

          El cuadro de El Duque de Wellington se encontraba en el departamento del propio Kempton, envuelto en papel y escondido dentro del armario de su dormitorio oculto incluso para su propia mujer. Entonces, envío cartas a la policía y varios medios donde reclamaba que la obra sería devuelta, por el pago de 140 mil libras que deberían ser repartidas entre los más necesitados y en particular los ancianos. Las misivas fueron ignoradas, pero insistió y mencionó su indignación con la tasa de la BBC, argumentaba que el dinero del rescate sería utilizado para sufragar el costo de dicho impuesto para jubilados y pobres. 

         Hasta que, en 1965, decidió acabar con todo y dejó el cuadro en una estación de tren, dando aviso al Daily Mirror. Después, decidió entregarse en la comisaría. Su confesión, ignorada en un primer momento por los agentes, llamó la atención de los policías por incurrir en detalles que solo alguien cercano al robo podía conocer y Kempton acabó en los periódicos. Su lucha contra la tasa televisiva atrajo la simpatía del público en general. Y fue asistido legalmente de forma gratuita por uno de los mejores abogados del momento, lo que le valió una condena reducida de tan sólo tres meses de cárcel. El jurado se convenció de que siempre tuvo la intención de devolver el cuadro y no intentó en ningún momento guardar o vender la obra.

         En 2012 se supo que fue su hijo John/Jacky, quien escaló la pared de la National Gallery por una escalera dejada ahí por unos albañiles, entró en los baños del museo y se llevó el cuadro para entregárselo a su padre. “Se lo di a mi padre para que lo utilizara en su campaña por los pensionistas pero al final lo íbamos a devolver a la National Gallery. Me dijo que no confesara, me lo ordenó. Era su deseo”, dijo John Bunton a la policía, que no tuvo las suficientes pruebas para imputarle o enjuiciarlo…

 

 

Encapuchados, enmascarados, hombres que se cubren medio rostro con un pañuelo y que empuñan todo tipo de armas: revólveres, escopetas, metralletas, o hábiles ladrones de arte, ejercen presión sicológica, momentos de ironía,  crueldad, incertidumbre, nerviosismo, e incluso de compasión, sobre rehenes que intentan salir bien librados de una experiencia criminal como ésta, misma que el inconsciente colectivo ha trastocado en un escenario a todas luces romántico.

        Billetes, bonos, joyas, fotografías, documentos cobrables y comprometedores, pinturas. Enormes instituciones bancarias, pequeños bancos rurales, cajas de seguridad, camionetas de valores, bóvedas infranqueables, taquillas del hipódromo, incluso museos, se convertirán en la obsesión de un puñado de personajes, algunos trastocados en mitos cinematográficos a través del suspenso, el cine policiaco y el más escandaloso true crime. Por ello es que El duque destaca en ese tópico al trastocarse en un filme de crítica social, divertido y original que evita el chantaje melodramático y apuesta por la curiosa batalla del protagonista, una suerte de Don Quijote o Robin Hood que emprende una cruzada por los pensionados y necesitados de la Gran Bretaña.

        Como sucede en otros relatos ingleses similares, como sería Full Monty/ Todo o nada (Peter Cattaneo, 1997) el filme de Roger Michell acierta en el retrato de la clase obrera de Newcastle. Desempleados o pensionados que siguen trabajando para mantener a sus familias, esposas de la tercera edad que atienden el hogar o trabajan como empleadas domésticas en casas de matrimonios pudientes, como le sucede a Kempton Bunton y a su gruñona esposa Dorothy (espléndidos Jim Broadbent y Helen Mirren). Un choque social que provoca un robo tan inocente como espectacular.

          Lo mejor de El Duque no es tanto el ambiente de suspenso que se crea alrededor del hurto del famoso cuadro de Goya, o las escenas de cine de juzgados que resultan simpáticas y entretenidas, sino la devastación cotidiana del matrimonio como microcosmos de la sociedad inglesa de clase media o baja en su conjunto. Bunton, es un dramaturgo por afición empeñado en que una de sus obras se lleve al teatro, al cine o la televisión y pese a los rechazos constantes continúa con el mismo optimismo. No sólo eso, pesa en medio del matrimonio el recuerdo de la muerte de la única hija siendo una niña, atropellada en la bicicleta que el padre le regaló. Un recuerdo que importuna en el ánimo del matrimonio, sobre todo de Dorothy, que no ha podido superarlo. A lo que se suman sus otros dos hijos: Jackie un joven solidario con trabajos ocasionales y el mayor que trata de lidiar con el desempleo con una novia aprovechada.

              El Duque es una película sencilla de esas llamadas Feel Good Movie. Una comedia eficaz con toques dramáticos que conmueve y entretiene, sostenida por una eficaz dirección a cargo de Roger Michell en su última película (falleció hace unos días el pasado 22 de septiembre), realizador de espléndidas cintas como: Notting Hill, Morning Glory o Mi prima Rachel. Y sobre todo destaca sin lugar a dudas debido al espléndido trabajo histriónico de ese par de monstruos del cine británico como lo son: Jim Broadbent y Helen Mirren.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

28 septiembre 2021

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