LA DAMA DE ORO

(Woman in Gold, Gran Bretaña-Estados Unidos-Austria, 2015)

LaDamadeOro1

Dirección. Simon Curtis/ Guion. Alexi Kaye Campbell, E. Randol Schoenbergy Maria Altmann/ Fotografía en color. Ross Emery/ Música. Martin Phipps y Hans Zimmer/ Edición. Peter Lambert/ Dirección de Arte. Andrew Ackland-Snow, Caty Maxey/ Diseño de Producción. Jim Clay/ Vestuario. Beatrix Aruna Pasztor/ Producción. David M. Thompson, Kris Tykhier, Joanie Blaikie, Peter Heslop, Origin Pictures, BBC Films/ Con. Helen Mirren (Maria Altmann), Ryan Reynolds (Randy Schoenberg), Daniel Brühl (Hubertus Czernin), Katie Holmes (Pam Schoenberg),

Tatiana Maslany (Maria Altmann joven), Max Irons (Fritz Altmann), Charles Dance (Sherman), Antje Traue (Adele Bloch-Bauer), Elizabeth McGovern (jueza Florence Cooper), Jonathan Pryce (presidente del tribunal supremo) / Duración. 109 mins.

SINOPSIS

Tras huir de Viena sesenta años atrás en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, una anciana judía llamada Maria Altmann, emprende hacia 1998, un viaje para reclamar las posesiones que los nazis robaron a su familia, entre ellas la célebre obra de Gustav Klimt: Retrato de Adele Bloch-Bauer I. El cuadro, un retrato de su tía Adele, se convirtió en un tesoro nacional austriaco, hasta el punto de que el país lo considera su Mona Lisa.

       Indagando entre las pertenencias de su difunta hermana, Maria descubre una carta que hace referencia a varios intentos infructuosos por recuperar cinco obras de Klimt. Los cuadros en cuestión pertenecieron en tiempos a su familia y por entonces estaban expuestos en la reconocida Galería Belvedere en Austria. Convencida de que las obras deben ser devueltas a su familia para rectificar las injusticias del pasado, Maria se pone en contacto con un joven abogado de procedencia austriaca: Randy Schoenberg.

        Randy acaba de estrenarse como padre y como licenciado en un importante bufete de abogados y, de entrada, este caso tan poco convencional le provoca dudas. No obstante, el encanto de las célebres obras y el deseo de honrar a sus antepasados le hacen cambiar de opinión. El joven abogado echa mano de la tenacidad para suplir su falta de experiencia y descubre que el gobierno austriaco lleva años intentando enterrar el caso y haciendo todo lo posible por evitar que los cuadros salgan del país, sin embargo, recibe la ayuda de Hubertus Czernin, un periodista que logra encontrar la pieza faltante.

        Maria y Randy se embarcan en una ardua batalla legal que los llevará hasta el corazón del gobierno austriaco y ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Por el camino, Maria revivirá los felices recuerdos de la familia que dejó en Viena, el dolor que sintió al perder lo que más quería y su estresante huida hacia Los Ángeles, California, junto con su marido Fritz. Randy encontrará la medida exacta a las disputas legales y conseguirá que Maria recupere los cuadros, una victoria agridulce en vista de todo lo que su familia perdió por el camino.

La dama de oro, es un thriller histórico, inspirado en una apasionante historia real: el de una mujer que superó múltiples obstáculos con la ayuda de un joven abogado y logró corregir un agravio ocurrido seis décadas atrás. Con ésta película, Helen Mirren obtuvo la nominación a la Mejor Actriz por parte del Sindicato de Actores/Actrices.

La verdadera historia de Maria Altmann

Maria Altmann, la menor de cinco hermanos, nació en Viena en 1916, nueve años después de que Gustav Klimt completara el retrato dorado de la hermana de su madre, Adele. Las hermanas Bauer se habían casado con los hermanos Ferdinand y Gustav Bloch, y los cuatro vivían en un apartamento señorial en una de las principales avenidas de la capital, Elisabethstrasse. Los Bloch-Bauer (sobre todo Adele y su marido Ferdinand) eran destacadas figuras de la floreciente comunidad judía vienesa y fueron grandes mecenas del arte. La propia Adele organizó una exposición en Viena que visitaron figuras de la talla de Gustav Mahler, Arthur Schnitzler y Gustav Klimt.

          Klimt fue uno de los alumnos aventajados de la escuela del Art Nouveau de Viena. Sus obras eran conocidas por su erotismo, y Adele Bloch-Bauer fue una de sus modelos favoritas. El retrato dorado convierte a la tía de Maria en una reina egipcia vestida con oro y joyas. Adele murió de meningitis en 1925, pero años después Maria recibió el collar que luce Adele en la obra como regalo de bodas de parte de su tío. Cuando tenía 21 años, Maria se casó con un cantante de ópera en ciernes llamado Fritz Altmann. Seis semanas más tarde, el 13 de marzo de 1938, la Alemania de Hitler anexionó Austria al Tercer Reich. Los nazis austriacos entraron a la fuerza en empresas y domicilios judíos, y los Bloch-Bauer lo perdieron todo. Después de que Fritz fuera detenido y pasara un corto periodo retenido en Dachau, uno de los primeros campos de concentración, él y Maria diseñaron un plan para huir de Viena. Su primer destino fue Inglaterra y de ahí, rumbo a Estados Unidos.

        El padre de Maria se quedó en Austria y murió al poco de marcharse ella. El apartamento de Elisabethstrasse se quedó vacío y los nazis lo saquearon. El collar de Adele, el regalo de Maria, acabó en posesión de Emmy, la mujer de Hermann Goering. En 1943, bajo el auspicio de los nazis austriacos, aquellas obras de Klimt se incluyeron en una exposición y fue entonces cuando el Retrato de Adele Bloch-Bauer I se convirtió en La dama de oro. Al llegar a Estados Unidos, Maria y Fritz se instalaron en California, donde tuvieron cuatro hijos. En su testamento, el tío de María legó todas sus pertenencias a las tres sobrinas que seguían con vida, pero el gobierno austriaco medió para que las herederas renunciaran a los cuadros de Klimt a cambio de recuperar las obras menores de la colección de Ferdinand. En 1998, Maria contactó a Randy Schoenberg, un joven abogado amigo de la familia (nieto de otro refugiado vienés, el compositor Arnold Schoenberg), y le pidió que montara un caso contra el gobierno austriaco para impugnar la apropiación indebida de la obra de Klimt. El origen de los cuadros fue motivo de gran polémica, puesto que la voluntad de Adele Bloch-Bauer había sido legar las obras a la Galería Nacional de Austria. Adele murió en 1925, años antes de la invasión nazi, y su marido Ferdinand redactó un nuevo testamento legal en el que nombraba como herederas a sus sobrinas. Cuando Austria rechazó la petición de Maria, ella y Schoenberg decidieron tramitar el caso a través del sistema judicial estadounidense, que permite a sus ciudadanos iniciar un proceso legal para llevar a juicio a un gobierno extranjero.

        Al ver que la sentencia favorecía a Altmann, Austria accedió a presentarse ante un panel de arbitraje compuesto por tres jueces austriacos. Todo parecía estar a favor de Austria, pero el 17 de enero de 2006 se anunció la sentencia: los cinco cuadros de Klimt debían ser devueltos a Maria Altmann y su familia. Ese mismo año, las obras se expusieron en Los Ángeles, la ciudad adoptiva de Maria, antes de ir a subasta y venderse a colecciones privadas. El magnate de la cosmética Ronald Lauder compró el Retrato de Adele Bloch-Bauer I por 135 millones de dólares para exponerlo en la Neue Galerie, su galería de Nueva York. Maria murió en 2011 a los 94 años.

Coincidieron en el año 2015, algunas películas que proponían nuevas aristas al tema del nazismo y el holocausto. En este caso, el robo de piezas artísticas llevado a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra. Así lo muestra Mortdecai (David Koepp, 2015), sobre una pintura de Goya que oculta el número de una cuenta secreta de los alemanes. Y Operación Monumento (George Clooney, 2014), acerca del saqueo germano de obras de arte ocultas en minas y castillos. A éstas, se sumaría La dama de oro, con la que el cineasta Simon Curtis (Mi semana con Marilyn) se sumergía una vez más en la cotidianidad del pasado. En este caso, para narrar la odisea de una mujer judía que regresa a Austria, para recuperar su herencia: el celebérrimo Retrato de Adele Bloch-Bauer I de Gustav Klimt, confiscado por los nazis de su propia casa y rebautizado por ellos como: La dama de oro…

        … “A la hora de elegir el reparto Curtis lo tuvo claro desde el principio: quería que Helen Mirren diera vida a Maria Altmann, una mujer indomable, testaruda y luchadora. “Conocía a Helen, pero no había trabajado con ella. Fue estupendo comprobar que compartía mi entusiasmo por el guión. El papel le viene como anillo al dedo porque es una mujer muy inteligente e independiente. No se anda con tonterías. Es de origen ruso, por lo que resulta creíble al interpretar a una mujer de ascendencia judía. Ha sido una suerte enorme poder contar con ella. Helen es una intérprete de lujo que borda todos los papeles que interpreta…Es muy sutil y delicada, pero también graciosa e irreverente. Tiene todo lo que buscábamos en Maria, hasta ese espíritu inconformista…”  -Lahiguera.com-

       La película es sobre todo un ajuste con el pasado que destaca por una producción impecable en la que se dan cita con eficacia todos los lugares comunes del género: los personajes dedicados a obstaculizar, la protagonista empeñada en recuperar la dignidad robada, el joven abogado que lucha por una causa justa, el periodista astuto que descubre la pieza clave. A su vez, los momentos de humor como ese diálogo en el que se dice: “Esto parece una película de james Bond”, y por supuesto de intriga y suspenso. Sin embargo, Curtis los engarza con tal eficacia que La dama de oro resulta inquietante y muy entretenida. Pero sobre todo, la verdadera historia de María Altmann, brilla por el siempre vigoroso y verosímil trabajo histriónico de Helen Mirren.

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

13 de abril de 2021

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