HOLLYWOODLAND

Hollywoodland, Estados Unidos, 2006

Dirección. Allen Coulter/ Guion. Paul Bernbaum/ Fotografía en color. Jonathan Freeman/ Música. Marcelo Zarvos/ Edición. Michael Berenbaum/ Dirección de Arte. Patrick Banister/ Diseño de Producción. Leslie McDonald/ Vestuario. Julie Weiss/ Producción. Glenn Williamson, Focus Feature, Miramax, Back Lot Pictures, TJ Films Pfroductions/ Con. Adrien Brody (Louis Simo), Ben Affleck (George Reeves), Diane Lane (Toni Mannix), Bob Hoskins (Eddie Mannix), Robin Tunney (Leonore Lemmon), Kathleen Robertson (Carol Van Ronkel), Lois Smith (Helen Bessolo), Phillip MacKenzie (Bill Bliss), Larry Cedar (Chester Sinclair), Molly Parker (Laura Simo), Zach Mills (Billy Simo)/ Duración. 126 mins.

SINOPSIS

16 de Junio de 1959. El popular actor George Reeves, el heroico Hombre de Acero protagonista de la serie de televisión: Las aventuras de Supermán, fallece en circunstancias extrañas en su mansión ubicada en las colinas de Hollywood. Reeves pierde la vida debido a un disparo de bala en un aparente suicidio. Le sobrevive su novia, la aspirante a estrella Leonore Lemmon y millones de fans en estado de shock que no se explican su muerte. No obstante, Helen Bessolo, su desolada madre, se empeñará en averiguar las extrañas circunstancias de la muerte de su hijo. Helen quiere justicia, o al menos saber qué sucedió. El Departamento de Policía de Los Ángeles cierra el caso, entonces Helen contrata por 50 dólares al día al detective privado Louis Simo, quien espía a la esposa de un hombre llamado Chester Sinclair para saber si lo engaña y a su vez, descubre que la clave del fallecimiento se localiza en la tórrida relación que mantenía Reeves con Toni Mannix, la joven esposa de un alto y célebre ejecutivo de los Estudios de la MGM, Eddie Mannix. A medida que pasaban los años, Reeves se volvía cada día más amargado al sentirse un hombre mantenido y por el hecho de que Toni su amante, no usara su influencia para ayudarlo en su carrera como actor. Reeves destruye su traje de Superman para celebrar la cancelación del programa en 1958 y a su vez conoce a una joven en Nueva York, la actriz Leonore Lemmon, y deja a Toni por ella. Toni desconsolada y furiosa está dispuesta a todo.

          Y cómo la verdad y la justicia no son valores muy habituales en Hollywood, Simo divorciado y con un hijo pequeño, sigue algunas pistas, no exentas de peligro, tanto en las alturas como en los bajos fondos, y en su intento por averiguar la verdad, arriesga su propia vida. Asimismo, el caso de Superman, obliga al propio detective a replantear su propia vida y la de su ex mujer y su hijo; elabora tres hipótesis sobre la muerte del actor al tiempo que redescubre al verdadero Reeves: detrás de la estrella se ocultaba un hombre complejo al que Hollywood le arrebató la vida.

 

 

Hollywoodland intenta analizar a profundidad los problemas de la fama y la identidad a partir de una historia real: uno de los enigmas más trágicos del ambiente cinematográfico estadunidense. Ben Affleck obtuvo el galardón a Mejor Actor en el Festival de Venecia, y a su vez el premio de la Academia de cine de ciencia ficción, fantasía y horror de Estados Unidos y el de Hollywood Films.

 

“Llevaba años pensando en escribir un guión sobre él. La vida de Reeves fue apasionante, desgarradora y acabó en tragedia. Pero también quería contar el malestar que le producía ser Superman a pesar del enorme impacto que esto producía en sus fans. Es la historia de un actor que quería ser una estrella y que logró ser una de las más fulgurantes, mucho más de lo que él jamás había imaginado… pero sólo para los niños. Pero a pesar de vivir con esa frustración y con la amargura de saber que el papel de Superman le cerró las puertas de la carrera que él creía merecer, siempre supo valorar el lugar que ocupaba en millones de corazones infantiles. Nunca los defraudó. Para ellos siempre fue Superman, y para mí, esto le convierte en un héroe de verdad…” – Paul Bernbaum, lahiguera.net-

 

 

Como parte de una campaña publicitaria que pretendía promover una nueva urbanización en las colinas californianas de Los Ángeles, a Harry Chandler -editor de Los Ángeles Times-, se le ocurrió colocar en 1923 un imponente letrero de poco más de trece metros de altura, cuyas trece letras decían: “Hollywoodland”, que a la postre, se trastocaría en el signo de la Meca del cine y en la metáfora más cruel y despiadada de una de las industrias más poderosas del mundo, en la que coinciden sueños, fantasías, crímenes y horrores inconfesables. El anuncio, visible desde varios lugares de Los Ángeles, abandonó rápido su sentido inmobiliario -en cuya aventura participó activamente Mack Sennett descubridor de Chaplin-, para simbolizar el glamour de las grandes luminarias fílmicas. No obstante, nueve años después, esa suerte de atracción carnavalesca cobró sus primeros dividendos de sangre con el suicidio de la actriz Peg Entwistle, joven británica que llegó a Hollywood para probar suerte con tan mala fortuna, que el 18 de septiembre de 1932 escaló las colinas y sin dudarlo, trepó a lo alto de la inmensa letra H, para saltar al vacío.

         A finales de 1949, el Estado de California decidió arrebatarle el tono de ensueño a ese impresionante anuncio iluminado por las noches con más 4 mil foquitos, retirando las últimas cuatro letras: “land”. No obstante, la realidad y la ficción contemporánea se han encargado de explorar y recuperar los efluvios y pesadillas que emanan de ese icono, que representa toda una abstracción del lado oscuro de Los Ángeles y del cine mismo y sus personalidades. Y así lo han entendido varios relatos actuales que se sumergen en sucesos conocidos o en alegorías oníricas para desembocar en los mismos laberintos de esos bosques sagrados, abonados con sangre, incesto, pornografía, chantaje, adulterio, asesinatos y suicidios, donde se ocultan terribles monstruos, reinas malvadas, brujas, héroes y princesas sin finales felices. Universos tenebrosos, sombríos y paralelos, donde se atraviesan espejos que desembocan en el traspatio de una Meca fílmica voraz, cuyos elementos suelen ser casi siempre los mismos: fama, talento, dinero, sexo, poder, crimen, envidia y estrepitoso derrumbe.

       Al igual que Orson Welles en El ciudadano Kane (1941), David Lynch –otro cineasta que como aquel, ha enfrentado el odio de la maquinaria hollywoodense-, inserta en ese nuevo cuento de hadas terrible y metacinematográfico que es El imperio (2007), un letrero que dice: “No cruzar. Propiedad privada”. Más intrigante aún, resulta aquella frase dicha por el anunciador William H. Macy: “Bienvenidos a Hollywood, California, donde Las estrellas hacen sueños y los sueños hacen estrellas”…

 

       “En Hollywoodland, Simo ha llegado a ese momento de la vida en el que mucha gente se encuentra a sí misma; quieren ver los resultados finales, pero es posible que no hayan dado los pasos necesarios para lograrlo. Simo es un poco infantil en sus relaciones con los demás, y tiene que madurar. Intenta dar buena impresión, pero está actuando. Tiene que dejar de lado lo superfluo y centrarse en lo verdaderamente importante. Tiene que recorrer un largo camino”. –Adrien Brody, lahiguera.net-

 

        …El 16 de junio de 1959, marcó el deceso de una popular figura de la incipiente televisión. Un héroe de los niños que tuvo que lidiar las presiones de esa tierra mágica capaz de devastar carreras y aniquilar incluso a hombres de acero, como fue el caso de George Reeves, muerto en extrañas circunstancias, luego de una mediocre carrera fílmica  y pequeños papeles en Lo que el viento se llevó o De aquí a la eternidad, que le llevó sin embargo, gracias a su irradiante sonrisa y su metro, noventa de estatura, a convertirse en el protagonista del célebre serial televisivo, Las aventuras de Supermán (1952-1958) a lo largo de 101 capítulos, luego de interpretar al superhéroe de Kryptón, en el telefilme Superman and the Mole-Men (Lee Sholem, 1951).

         Si Jack Nicholson encarnó a una suerte de Bogart posmoderno en Chinatown (Roman Polanski, 1974) y los protagonistas de Los Ángeles al desnudo (Curtis Hanson, 1997), extrajeron lo mejor del neo noir, en una historia hormonal y perversa que homenajeaba con crudeza las historias del Hollywood oscuro de los años cuarenta y cincuenta, Hollywoodland (2006), del debutante Allen Coulter, que pasó inadvertida en cartelera, resulta una inquietante alegoría sin nostalgias de ese boulevard de sueños rotos, que entrelaza el pasado y el presente, realidad y ficción, a través de las indagaciones del infaltable detective privado hard boiled que encarna con ironía Adrien Brody, quien, contratado por la madre de Reeves, sigue la huella del actor fallecido –Ben Affleck, sorprendente-, quien tal vez se disparó en la cabeza para terminar con la inmediatez de su frágil carrera condenada al olvido o a la repetición, o quizá, fue asesinado por órdenes del marido de su amante -la aún atractiva Diane Lane-, casada con un alto ejecutivo de la Meca del cine.

       Es la crónica negra y estimulante de un filme melancólico. Un thriller de suspenso, elegante y eficaz, que asume con inteligencia no sólo sus riesgos, sino la visión retro y sórdida de ese mundo de ensoñación y crimen: un paraíso malsano y ambiguo que alguna vez ostentó el apelativo de Hollywoodland, para marcar distancia con la realidad más cruda y vehemente.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

12 de febrero de 2021

 

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