SEÑOR SABELOTODO (Monsieur Je-Sais-Tout, Francia, 2018)

Dirección. Stéphan Archinard y François Prévôt-Leygonie/ Guión. Stéphan Archinard y François Prévôt-Leygonie, inspirados libremente en la novela de Alain Guillot/ Fotografía en color. Pierre-Hugues Galien/ Música. Matthieu Gonet/ Edición. Hervé Schneid/ Dirección de arte. Laure Cottin/ Diseño de Producción. Jean Claude Champian/ Vestuario. Aurore Pierre/ Maquillaje. Lucas Coulon/ Producción. Gaumont / Wy Productions, Wassim Béji y Sidonie Dumas/ Con. Arnaud Ducret (Vincent Barteau), Max Baissette de Malglaive (Léo) Alice David (Mathilde, la doctora), Jean Francois Carey (Louis Germain, el caza talentos), Caroline Sihol (Francoise Barteau, la madre de Vincent), Féodor Atkine (Antonio), Marina Tomé (Lidia, mujer de Antonio), Bruni Makaya (Omar), Hugo Chalan Marchio (Kevin), Sayyid El Alami (Sherif)/ Duración. 95 mins.

SINOPSIS

Vincent Barteau, es un ex futbolista de 35 años, retirado por una lesión y que ahora se dedica a entrenar a un equipo de fútbol de adolescentes. Barteau disfruta plenamente de su trabajo y sobre todo de su soltería. Vive totalmente alejado de su madre y en breve partirá a China donde será contratado para entrenar a un equipo juvenil. Su día a día da un vuelco cuando debe encargarse de su sobrino Léo, hijo de una hermana de la que nadie sabe nada. Barteau desconocía por completo la existencia de ese niño de trece años que padece síndrome de Asperger y que resulta un gran jugador de ajedrez. El choque entre ambos será inminente.

 

 

Señor sabelotodo es una eficaz y optimista mezcla de drama y comedia que participó en el Tour de Cine Francés 2018

 

 

“Cada persona con Asperger, como cada persona neurotípica, es diferente. El grado y tipo de afectación varía, como también varían las circunstancias del entorno social y familiar, y la manera como cada cual responde y se adapta a estas afectaciones. El espectro de los trastornos generales del desarrollo es muy amplio y multidimensional, y las fronteras que separan un trastorno de otro, y todos juntos con la “normalidad”, son borrosas. A veces resulta difícil saber si determinada característica es típica del trastorno, o específica de la persona… Pero al final la única manera de entender el Asperger es entender a la persona que hay detrás”. -Federación Asperger España-

 

 

 

Historia y antecedentes

En 1943 Hans Asperger, un físico Austriaco, publicó un informe en el que describía a niños de inteligencia y desarrollo de lenguaje típico con interacciones sociales y capacidades comunicativas deterioradas. El término “Asperger” fue definido en la cuarta edición del manual de diagnósticos y estadísticas de los trastornos mentales por la asociación, American Psychiatric Association (APA). En 1994 apareció por primera vez el término “Asperger” como un síndrome separado y distinto al “trastorno autista” o autismo. Sin embargo, aún existía controversia en cuanto al reconocimiento del Asperger como síndrome propiamente dicho o una forma de autismo. En 2013, los síndromes de Asperger, Autismo y otros trastornos del desarrollo y los unió en el mismo diagnostico llamado el Espectro de Desórdenes de Autismo.

 

Los criterios del Asperger son los siguientes:

Problemas para comprender los sentimientos de otras personas o para expresar sus propios sentimientos.

Dificultades para entender el lenguaje corporal.

Evitan el contacto visual.

Desean estar solos o quieren interactuar pero no saben cómo hacerlo.

Tienen intereses muy específicos, a veces obsesivos.

Hablan sólo acerca de ellos mismos y de sus intereses.

Hablan de forma poco usual o con un tono de voz extraño.

Dificultad para hacer amigos.

Nerviosismo cuando están en grupos sociales grandes.

Torpes o con descuido.

Presencia de rituales que se niegan a cambiar, como una rutina muy rígida para irse a dormir.

Realizan movimientos repetitivos o extraños.

 

Lo que distingue el síndrome de Asperger del autismo son las características y la ausencia de retrasos de lenguaje. Niños con el síndrome de Asperger tienen habilidades del habla e inteligencia promedio. Niños con autismo son percibidos como distantes y como individuos que no tienen interés en los demás. Sin embargo, personas con el síndrome de Asperger quieren ser aceptados e interactuar socialmente con los demás, pero muy a menudo no saben cómo hacerlo. Pueden no comprender las reglas sociales y demostrar la empatía. Puede mostrar contacto visual limitado, parecer desinteresado en una conversación, y no entender el uso de gestos y el uso de lenguaje simbólico.

 

 

No hay duda de que el cine resulta un extraordinario vehículo para acercarnos a otras realidades y reflexionar sobre ellas, situaciones muy duras incluso, como la eutanasia, el suicidio, el Alzheimer y más. Las historias de la pantalla grande resultan instrumentos útiles y entretenidos en ocasiones –como es el caso de Señor sabelotodo- para comprender, conocer y observar aspectos de ciertos síndromes como el de Tourette: recordemos por ejemplo al personaje que encarna Edward Norton en la película Huérfanos de Brooklyn (2019), dirigida por él mismo. Norton interpreta a Lionel Essrog, un investigador privado de una agencia ilegal, afectado por el síndrome de Tourette incapaz de dominar expresiones faciales, corporales y palabras; con una cierta similitud a esa risa incontrolable del protagonista de Joker (Todd Phillips, 2019) que compone Joaquin Phoenix.

Lo mismo ocurre con síndrome de Asperger. La literatura, el teatro, pero sobre todo la producción fílmica se ha convertido en una suerte de eco que otorga visibilidad a varios aspectos, enfermedades y trastornos. Por medio de sus tramas y personajes es posible tener una idea de la manera en la que interactúan niños y adultos afectados por algún síndrome, su rechazo en el mundo, sus sueños e ilusiones. Si algo destaca en Señor sabelotodo es la extraordinaria interpretación del actor adolescente Max Baissette de Malglaive –estaba por cumplirlos 17 años en el rodaje-, quien debutara a los 10 años en la cinta Versalles (Pierre Schoeller, 2008). Max en el papel de Léo otorga una profunda dimensión a su personaje, con unos cuantos y perfectos trazos nos lleva a conocer el trastorno de Asperger. Lo que lleva al espectador a empatizar con él y a observar la exclusión o burlas de la que son objeto niños y adultos.

 

Lo atractivo de un filme como Señor sabelotodo es su desapego a la solemnidad, al narrar la trama con una perspectiva entretenida más cercana a la comedia que al melodrama edificante. Por supuesto, antes de ésta, el cine y la televisión han abordado desde diversas representaciones el tópico del síndrome de Asperger. Por ejemplo, Mi nombre es Radio (2003) narra la historia de un joven interpretado por Cuba Gooding Jr., que pasa inadvertido para un equipo de fútbol americano, hasta que el entrenador lo toma en cuenta y lo integra, en una muestra de aceptación del otro. En la teleserie The Big Bang Theory (2007) los protagonistas son un par de jóvenes genio a los que les cuesta entablar relaciones sociales cargados de tics y rituales mostrando una leve forma de Asperger.

Locos de Amor/ Mozart y la ballena (2005) narra la historia de amor entre Donald e Isabelle, el primero emprende un grupo de apoyo de personas con el síndrome de Asperger y allí conoce a Isabelle y las dificultades por las atraviesan. Mi nombre es Khan (2009) narra la historia de un joven de la India que se enamora de una madre soltera que vive en San Francisco, California. Al vivir en Estados Unidos, Khan es detenido por las autoridades debido a su comportamiento y actitudes “sospechosas”, cuando en realidad tiene un leve síndrome de Asperger. Adam (2009) es otro relato romántico en la que un muchacho con síndrome de Asperger aficionado a la astronomía, se enamora locamente de su vecina. La historia muestra los malos entendidos por los que pasa la pareja a causa del Asperger.

O Tan fuerte, tan cerca (2011), centrado en el punto de vista de un niño con síndrome de Asperger, quien ha superado sus temores gracias al apoyo y ayuda de un padre amoroso (Tom Hanks) y el equilibrio de una familia integrada, una alegoría, sobre el malestar y los temores creados a consecuencia del fatídico 11 de septiembre de 2001, en donde el mundo del niño se vienen abajo como las Torres Gemelas de Manhattan en los atentados ocurridos en esa fecha y la obsesión de éste por encontrar la cerradura que abre una llave oculta por su padre, víctima involuntaria del ataque terrorista.

 

Señor sabelotodo arranca como una película hollywoodense: surge una espectacular panorámica de la zona donde se lleva a cabo la acción –cerca de la región de Lille, Francia- al tiempo que se escucha una canción en inglés y la cámara encuentra a Vincent Barteau, ex jugador de fútbol retirado por una lesión, en su trote matinal cotidiano, hasta que llega a su confortable casa y recibe la llamada de uno de los dueños de un club juvenil de fútbol en China, a donde viajará en breve como entrenador, labor que hace con chicos franceses a los que abandonará en poco tiempo. En efecto, la película está pensada como un producto comercial de calidad. La diferencia estriba en su contenido, ya que lo que sigue, será el encuentro de este hombre egocéntrico y algo histérico que tendrá que lidiar con algo totalmente opuesto y desconocido a él y a su entorno: un sobrino del que ignoraba su existencia afectado por el síndrome de Asperger y a su vez, recuperar la convivencia con su madre.

En ese sentido, el filme se aproxima a la propuesta de la exitosa Amigos (2011) de Olivier Nakache y Eric Toledano, con Francois Cluzet y Omar Sy: la historia de un millonario que ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente que contrata como cuidador a domicilio a un inmigrante recién salido de la cárcel. El choque evidente marcado por sus diferencias sociales y culturales termina por forjar una amistad inesperada y sumamente divertida que supo darle la vuelta a un tópico difícil.

Es decir; Señor sabelotodo incide en un tema complicado pero se sumerge en él con inteligencia, humor y sensibilidad a través de una trama acorde a esos filmes cuya finalidad es buscar la reflexión y sobre todo, hacer sentir bien al espectador y a ello contribuye el trabajo histriónico de los protagonistas, en particular del simpático Léo y en medio de ellos, una guapa e inteligente médico que ayuda a que la relación del tío y el sobrino fluya, así como esa vuelta de tuerca familiar entre Vincent y su madre. Y es que, el niño, acostumbrado a sus rutinas y en especial a decir la verdad, sus observaciones que su tío ve como impertinencias, no siempre le sientan bien al ego de éste, por supuesto, las palabras del niño contrastan con sus frágiles emociones. Justo en esas diferencias –como sucede en Amigos- es donde se encuentra la clave de un argumento y una realización eficaz y conmovedora que nunca llega a lo sensiblero.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

26 de mayo de 2020

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