EL DIVO (Il Divo- La spettacolare vita di Giulio Andreotti, Italia-Francia, 2008)

Dirección. Paolo Sorrentino/ Guión. Paolo Sorrentino/ Fotografía en color. Luca Bigazzi/ Música. Teho Teardo, Sibelius, Fauré, Vivaldi/ Edición. Cristiano Travaglioli / Dirección de arte. Alessandra Mura/ Diseño de Producción. Lino Fiorito/ Vestuario. Daniela Ciancio/ Efectos visuales. Leonardo Cruciano/ Efectos de Maquillaje. Vittorio Sodano/ Maquillaje. Sara Avanzati, Francesco Fabiani, Rosella Gregorio, Andrea Lovarini/ Producción. Francesca Cima, Fabio Conversi, Maurizio Coppolecchia, Nicola Giuliano, Andrea Occhipinti/ Con. Tony Servillo (Giulio Andreotti), Anna Bonaiuto (Livia Danese), Giulio Bosetti (Eugenio Scalfari), Flavio Bucci (Franco Evangelisti), Carlo Buccirosso (Paolo Cirino Pomicino), Giorgio Colangeli (Salvo Lima), Alberto Cracco (Don Mario), Piera Degli Sposti (Señora Enea), Paolo Graziosi (Aldo Moro)/ Duración. 105 mins.

SINOPSIS

Elecciones amañadas, masacres terroristas, la muerte de Aldo Moro, acusaciones difamatorias… Es la Roma de inicios de los noventa y Giulio Andreotti, sinónimo del poder en Italia durante más de cuatro décadas, es un hombre que no le teme a nadie y que siempre emerge triunfador ante los retos de la política. El relato se centra justo sobre uno de los personajes más controvertidos de la política italiana: Giulio Andreotti, quien fuera jefe del gobierno en siete ocasiones. Narra las presuntas relaciones de Andreotti con la mafia siciliana, los delitos y crímenes por los que fue procesado en los años noventa, su relación con Aldo Moro y el espectacular juicio a su alrededor en Palermo. Andreotti se acerca a los setenta años y es un gerontócrata al que, con todos los atributos de Dios, no le da miedo nadie y no conoce el significado de intimidación, ya que está acostumbrado a verla en las caras de todos sus interlocutores. Su satisfacción es opaca, impalpable. Para él, la satisfacción es poder, con el que mantiene una relación simbiótica. El poder como a él le gusta. Inquebrantable e inmutable, desde el principio. Una biografía espectacular y atípica y un drama sobre la relación entre la mafia, la política y la religión en Italia.

 

 

 

El divo de Paolo Sorrentino obtuvo el Premio del Jurado en Cannes (Premio Técnico). 7 David di Donatello a lo Mejor del Cine Italiano: Actor, Actriz, Fotografía, Maquillaje, Música, Efectos Visuales, Peinado. Premio de Actuación principal para Tony Servillo en los galardones a lo Mejor del Cine Europeo. Mejor Guión Globos de Oro Italia. Las preseas a: Actor, Guion, Producción y Director por parte del Sindicato de Periodistas Cinematográficos italianos. Nominación al Oscar por Mejor Maquillaje.

 

“Lo leímos en los evangelios, Cuando a Jesucristo se le preguntaba lo que era la verdad, él nunca respondía” – Giulio Andreotti.

 

“Giulio Andreotti es el político más importante que ha dado Italia en el último medio siglo. La fascinación que ejerce reside en su ambigüedad, y su psicología es tan compleja que ha intrigado a todo el mundo durante años. Siempre he querido hacer una película sobre Andreotti, pero cuando empecé a leer sobre él, me topé con una literatura tan extensa y tan contradictoria, que la cabeza me daba vueltas. Durante mucho tiempo pensé que todo este “material” no podría sintetizarse para conformar la estructura esencial que exige una película. Además, la imagen de Andreotti como la quinta esencia de la ambigüedad no sólo ha sido difundida por especialistas, periodistas e italianos en general, sino que él también la ha cultivado… Lo primero que hay que decir es que su película favorita es Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. –Paolo Sorrentino, Lahiguera.com-

 

 

Paolo Sorrentino nació en 1970 en Nápoles. En 2001 dirigió su primer largometraje: Un hombre de pie que concursó en el Festival de Venecia. En 2004 le siguió Las consecuencias del amor seleccionada para participar en la competencia oficial de Cannes que más tarde obtuvo 5 premios David di Donatello: mejor película, mejor director, mejor guion, mejor actor, mejor fotografía.  En 2007 realizó El amigo de la familia y con El Divo (2008) consiguió el Premio del Jurado en Cannes. Fue tal su éxito, que Hollywood le llamó para dirigir Un lugar donde quedarse (2011), una rareza sobre un decrépito astro del rock encarnado por Sean Penn, a la que le sigue la que es quizá su obra cumbre: La gran belleza (2013) magistral retrato de la Italia moderna con un brillante Toni Servillo con la que obtiene el Oscar, el Bafta y el Globo de Oro a la Mejor Película de habla no inglesa, entre decenas de premios más, seguida de otra obra espléndida: Juventud (2015) y la extravagante biografía del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi de nuevo con Toni Servillo en el papel principal: Silvio y los otros (2018).

 

 

El arranque de El Divo es impactante. En pocos minutos, Sorrentino con ese estilo fascinante y manierista recorre los crímenes de la mafia y su relación con el poder político en la figura de Andreotti, muy al estilo de lo que más tarde realizará Marco Bellocchio con El traidor (2019) centrada en la figura de Tommaso Buscetta: A principios de los años ochenta, se produjo una guerra entre los jefes de la mafia siciliana, Buscetta, un hombre hecho a sí mismo, decidió huir para esconderse en Brasil. Sus hijos eran asesinados mientras él era incapaz de hacer nada para impedirlo. Sorrentino, añade además un montaje vigoroso y una gran fotografía de Luca Bigazzi, cargada de claroscuros, más la extraordinaria caracterización del Toni Servillo como el impasible Giulio Andreotti.

Y es que el protagonista parece salir indemne de todo: de los procesos electorales, de las masacres terroristas, de las acusaciones que parecen calumniarlo. Lo atractivo del relato es la manera en que el protagonista emprende su estrategia para contrarrestar la declaración de guerra que le hace la Mafia, el otro lado del poder oscuro en Italia y sus redes que parecen extenderse hasta el lugar más oculto. Su vida cambia, sin embargo: ¿Se trastoca de verdad o sólo en apariencia?

 

“Me da miedo, pero ¿por qué? Este hombre me recibió con enorme cortesía, afectuosamente. Su ingenio me hizo reír a mandíbula batiente. No me dio la impresión de ser peligroso. Con esos hombros tan redondeados, como los de un niño. Con esas manos delicadas y largas, de dedos blancos como velas. Siempre estaba a la defensiva. ¿A quién le da miedo una persona enfermiza que se asusta de una tortuga? Tuvo que pasar mucho tiempo para que me diese cuenta de que eran precisamente esas cosas las que me asustaban. El verdadero poder no necesita arrogancia, ni una poblada barba ni una voz aterradora. El verdadero poder te estrangula con lazos de seda, con encanto e inteligencia”. –Oriana Fallaci sobre Giulio Andreotti-

 

Lo que hace Sorrentino en El Divo, es construir una suerte de crónica sobre llos entretelones del poder con escenas notables como esas caminatas nocturnas del protagonista y la relación con su mujer y su familia. Pero sobre todo, las casi surrealistas secuencias de los juicios contra Andreotti, más cercanos a una farsa negra que a un filme de juzgados. Incluso, las secuencias sangrientas que recuerdan mucho al más reciente Scorsese –el de El irlandés, por ejemplo- tienen ese tono entre el humor negro y la violencia brutal. Por supuesto, además de la prodigiosa puesta en escena, el mayor encanto reside en la interpretación sensacional que hace Servillo de un personaje en apariencia inocuo cargado de secretos y omnipotencia, que causa escalofrío.

Se trata de un drama íntimo, personal, familiar, social y político sobre el maquiavelismo del poder, donde se funde lo tenebroso y el humor fársico. Un retrato estilizado de un personaje clave para entender el poder político de Italia y sus relaciones con la mafia a través de un montaje de gran ritmo que juega con la imagen, la música y sobre todo con la ambigüedad, con escenas catárticas como aquella escena en la que Andreotti y su mujer miran por televisión al cantante pop italiano Renato Zero y observamos la distancia que existe entre ambos, o esa confesión a cámara ¿imaginada?, por el protagonista.

 

 

“El eje fundamental de mi visión del mundo (aunque parece un poco rimbombante) es la ironía, a la que recurro constantemente. La busco por todas partes. No sé si funciona. La vida es suficientemente trágica, y la ironía es el mejor antídoto…Mi forma de dirigir a Servillo se ha vuelto cada vez más mínima en cada película. No quiero decir que ya no le dirija, sino que nos conocemos tan bien que nos comprendemos inmediatamente sin necesidad de explicarlo todo con demasiado detalle. El secreto de nuestra colaboración, es la confianza. Es un elemento indispensable, sobre todo cuando se trata de un personaje tan delicado y tan cargado de significado como Andreotti. Me llamó mucho la atención la forma que tuvo Toni Servillo de meterse en la piel del personaje. Creo que lo más complicado era su impasibilidad, su compostura, ya que los pensamientos y los estados de ánimo debían comunicarse con mínimos cambios de expresión con el fin de mantener esa impasibilidad. No era un papel fácil” –Paolo Sorrentino, Lahiguera.com-

 

 

RAFAEL AVIÑA

Enero 28, 2020

Centro Histórico de la Ciudad de México

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