KALIFORNIA (Kalifornia, Estados Unidos, 1993)

Dirección. Dominic Sena/ Guión. Stephen Levy, Tim Metcalf, Dominic Sena/ Fotografía en color. Bojan Bazelli/ Música. Carter Burwell/ Edición. Martin Hunter/ Dirección de arte. Jeff Mann/ Diseño de Producción. Michael White/ Vestuario. Kelle Kutsugeras/ Efectos visuales. Tony Bradley/ Producción. Steve Golin, Aristides McGerry, Mitch Sacharoff, Sigurjon Sighwatsson/ Con. Brad Pitt (Early Grayce), David Duchovny (Brian Kessler), Michelle Forbes (Carrie Laughlin), Juliette Lewis (Adele Corners), Kathy Larson (adolescente de los zapatos rojos), John Zarchen (Peter), David Milford (conductor), David Rose (Eric), Tommy Chappelle (anciano), Patricia Sill (Carol)/ Duración. 117 mins.

SINOPSIS

Un periodista llamado Brian Kessler autor de un breve artículo sobre criminales sicópatas, prepara un libro sobre los asesinos en serie más famosos de los Estados Unidos. Por ello, acompañado de su novia, la fotógrafa Carrie, decide recorrer los lugares emblemáticos en los que varios de estos sicópatas vivieron o sacrificaron a sus víctimas o que guardan relación con el crimen real más sangriento. Para ello, deciden colocar un anuncio en el que invitan a otra pareja a realizar con ellos el viaje para compartir gastos de gasolina y comida. Un asesino en libertad condicional, Early Grayce y su novia Adele, se aventuran con ellos con el propósito de huir del Estado y de su agente de libertad condicional y acepta la proposición, lo que no sólo traerá consigo numerosos problemas a la pareja, sino que cambiará su perspectiva sobre la visión clínica, social y moral del asesinato.

 

 

Kalifornia obtuvo en el Festival de Montreal el Premio a la Mejor Contribución Artística, el Premio Fipresci para el realizador Dominic Sena y el galardón a la Mejor Fotografía. El guion de Tim Metcalf, Stephen Levy y Dominic Sena se hizo acreedor al premio correspondiente en el Festival de Tesalónica.

 

 

A partir de los años sesenta, el crimen se convirtió sin duda en la carne de cañón más celebrada por la pantalla: sicópatas, asesinos seriales y crímenes sin resolver surgidos de la nota roja, pasaron a formar parte de la mitología fílmica más delirante, una cultura criminal que trastocó en ídolo pop a Charles Manson, el más célebre asesino de la historia moderna sin que haya manchado sus manos de sangre, quien pronto encontró eco en la pantalla además de ser citado en decenas de filmes: la más reciente Había una vez en Hollywood (2019) de Quentin Tarantino con el propio Brad Pitt y Leonardo DiCaprio. Una cultura criminal que ha dado pie a fascinantes relatos cinematográficos inspirados en crímenes multi publicitados o inspirados lejanamente en estos  y sobre todo en esa nueva raza fílmica, los serial killers, elevados a categoría de culto a partir de la película El silencio de los inocentes (1990) de Jonathan Demme.

 

 

A pesar de ejemplos notables de un cine que parece extraer lo mejor del thriller, el horror, el porno, el suspenso policiaco y el drama sicológico, el subgénero de criminales sociópatas, sólo es tomado en serio cuando aparece la citada El silencio de los inocentes que consiguió extraer del anonimato fílmico al asesino serial. De hecho, el serial killer se convirtió en una presencia constante del cine de la década de los noventa principalmente, ya sea como tema, como personaje o como objeto de estudio según lo muestran obras como: Mamá es una asesina, Henry, retrato de un asesino en serie, Seven o Kalifornia.

 

Asesinos por naturaleza (1994) una suerte de farsa realista, acerca del crimen trastocado en demencial objeto de cultura popular, fue un soberbio e inquietante apuesta de Oliver Stone, por crear la mayor y más incisiva película, sobre las motivaciones del asesinato en serie y su impacto en la sociedad. En paralelo, Kalifornia, con K de killer o de killing, del debutante Dominic Sena, posterior realizador de filmes como: 60 segundos, Operación Swordfish, o En tiempos de brujas, consiguió con una propuesta más bien modesta, una intensa e inteligente reflexión, no sólo, sobre las oscuras razones del asesino serial, sino sobre la fascinación que despiertan.

Brian Kessler, es un teórico y fanático del asesinato en serie, “todo lo que sabía sobre asesinos seriales, cabía en cuatro páginas, y eso, lo había aprendido en la biblioteca, un lugar donde la gente no se mata”. Para él, a diferencia de sus amigos, quienes los consideran seres enfermizamente malvados, aquellos, son sujetos que necesitan tratamiento e investigación y no la pena muerte. Sin embargo, cuando pasa de la seguridad de las aulas, a las experiencias de la vida real, su código ético, cambia.

Kalifornia, parte de una premisa inquietante, el estudio de la mente enferma, aquella, incapaz de diferenciar entre el bien y el mal, y construye una suerte de documental ficticio, sobre la canalización de la violencia, que adquiere un cariz de thriller sangriento y existencial, según los lineamientos del road movie y la estética de la carretera, elemento perturbador del cine estadunidense y a su vez, paisaje de esa cultura criminal y sus nuevos ídolos, los serial killers.

Luego de un inquietante prólogo, en el que Early Grayce, provoca un terrible y gratuito accidente, al arrojar una piedra sobre el parabrisas de una auto, el filme arranca verdaderamente, cuando Brian y su novia Carrie, deciden abandonar Kentucky y llegar a California en su viejo Lincoln convertible, compartiendo gastos con otra pareja que los acompañe, en un curioso tour de estudio, que sirva para dar forma a un libro sobre el asesinato en serie, visitando algunos de los lugares, donde se han cometido espeluznantes crímenes.

Brian, escritor incipiente y Carrie, fotógrafa, fascinada con situaciones sexualmente provocadoras; los típicos intelectuales paternalistas, que visten de negro y teorizan emociones, son confrontados por otra pareja, la integrada por sus acompañantes al azar, Early, un ex convicto sucio y vulgar, que resulta un asesino nato, inquieto y volátil, y su novia Adele, una mesera aniñada, casi subnormal violada a los 13 años, en otro papel sicológicamente anómalo, a cargo de Juliette Lewis, quien se encasillaría de algún modo en ese rol. Es decir: dos parejas, una de yuppies intelectuales y otra de criminales ignorantes: un estudioso y fanático del crimen y su novia fotógrafa y artista de la sexualidad, confrontados por un criminal que mata por instinto y casi por placer.

 

 

“El guion fue escrito por Tim Metcalfe y Stephen Levy en 1987. Metcalfe comentó que su intención era “aterrorizar a la audiencia y castigarme a mi mismo por mi morbosa obsesión por los casos de asesinato.”. El guion interesó al director Dominic Sena, sobre todo por el personaje de Early Grayce. Finalmente Metcalfe fue despedido y Sena completó el guion. –Los Ángeles Times, 25 octubre, 1993-

 

 

Fogueado en el campo del videoclip y los comerciales, Sena se entrega a la estética de la carretera y a la fascinación por el mal, apoyado en las elocuentes imágenes del húngaro Bazelli al tiempo que consigue una prometedora ópera prima, explotando algunos momentos terribles y fascinantes (el insecto achicharrado, la secuencia en los baños de la gasolinera, o la secuencia de la casa-muestra para experimentos nucleares en Nevada). Ello, mediante un notorio homenaje a David Lynch, el de Twin Peaks y Salvaje de corazón, de ahí, la grabadora de Brian como un personaje más, los violentos crímenes y los sujetos repulsivos y grotescos como el casero de Early que termina bajo tierra, o el oficial de custodia con un gancho en lugar de mano, como salido directamente del intrigante filme La piel que brilla (Philipp Ridley, 1990).

Kalifornia, pese a su final gratuito y convencional en la línea de Hollywood, consigue decir más, que toda la parafernalia excesiva de Stone y su Natural Born Killers. Asimismo y a diferencia de Mamá es una asesina de John Waters y su humor virulento, Sena elige la reflexión intelectual y el thriller emocional, sin embargo, al igual que Waters, se fascina con ese imperceptible momento que transforma a un ser común, en un monstruo sediento de sangre, que intenta sobrevivir en un mundo más absurdo, que el construido en su propia mente.

Esa suerte de vigilia entre la realidad y el sueño; la diferencia entre bien y mal en la que transitan los asesinos en serie, es para Sena y sus guionistas no sólo motivo de reflexión, sino de ironía. Brian, el supuesto especialista, no ha visto morir a nadie y mucho menos ha matado (“¿Cómo vas a escribir sobre algo de lo que no conoces nada?”), en cambio, Early, disimula con instintiva inteligencia el reguero de cadáveres que deja a su paso desde Kentucky hasta los límites fronterizos con California.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 15 septiembre 2019

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