POR AMOR O POR DESEO (Samaria/ Samaritan Girl, Corea del sur, 2004)

Dirección. Kim Ki-Duk/ Guión. Kim Ki-Duk/ Fotografía en color. Sun Sang-Jae/ Música. Park Ji, Ji Bark/ Edición. Kim Ki-Duk/ Dirección de arte. Kim Ki-Duk/ Diseño de Producción. Kim Ki-Duk/ Vestuario. Seung Hee Im/ Producción. Bae Jeong-Min, Yun-ho Kim, Cineclick Asia, Kim Ki-Duk Film / Con. Kwak Ji-min (Yeo-jin), Seo Min-jung (Jae-young), Lee Eol (Yeong-ki), Kwon Hyun-min (vendedor), Young Oh (músico), Gyun-ho Im (el jovencito ordenado), Jong-Gil Lee (el joven feliz), Taek-ki Shin (suicida), Gul-seon Kim (segundo vendedor), Jun-gi Park (víctima de asesinato), Seung won Seo (treintañero)/Duración. 95 mins.

SINOPSIS

Dos colegialas descubren que la prostitución es el modo más fácil y rápido para conseguir el dinero deseado para ir a Europa. De este modo, una se encarga de buscar a la clientela y la otra de vender su cuerpo, y ambas se inician en un negocio tan lucrativo como peligroso. Yeo-jin es una adolescente que vive feliz con su padre Yeong-ki que es detective. Su mejor amiga, Jae-young, se prostituye mientras Yeo-jin la ayuda como manager y en guardar el dinero para el viaje que tienen planeado en conjunto. Jae-young le cuenta una vieja historia india a Yeo-jin, dónde una prostituta llamada Vasumitra se convirtió en hombre luego de haber practicado el sexo con unos Budistas llenos de fe. Jae-youyng le propone a Yeo-jin llamarla Vasumitra a partir de ahora. Jae-young acaba enamorándose de uno de sus clientes y ello provoca el enojo de Yeo-jin debido a que ha intimado de más con su cliente y ella renuncia a él.

Un día, cuando la policía acude al motel en busca de prostitución de menores, Jae-young se escapa por una ventana y cae al suelo bruscamente. En su lecho de muerte le pide a Yeo-jin que traiga al hombre del que se había enamorado. Cuando Yeo-jin lo localiza, éste no quiere saber nada de Jae-young. El responde que si Jae-young quiere verle, ella tendrá que acostarse con él. Para satisfacer a su moribunda amiga Yeo-jin accede. Sin embargo, Jae-young muere antes de que lleguen al hospital. Traumatizada por la muerte de su amiga, Yeo-jin empieza a a acostarse con cada uno de los clientes de Yeo-jin y en lugar de cobrarles, Yeo-jin devuelve el dinero a los clientes de Jae-young. Los hombres se quedan sorprendidos con tal conducta y más tarde sienten remordimientos por lo que le han hecho a una joven estudiante. Un día, el padre de Yeo-jin descubre accidentalmente a su hija con un hombre en un hotel. El padre de Yeo-jin comienza a seguirle. A partir de ese acosa y agrede a todos los clientes de Yeo-jin hasta que un día acaba matando a uno. Una noche, él pregunta a Yeo-jin si ella quiere hacer un viaje con él…

 

Ganadora del Oso de Plata al Mejor Director en la 54º edición del Festival de Cine de Berlin.

 

“Antes de que nuestra preciosa y vibrante juventud pueda aprender los caminos de la vida, estos tiempos de dolor, maltrato y masoquismo los habrán transformado. ¿Quién puede tirar la primera piedra a esta chica samaritana?” –Kim Ki-Duk, Lahiguera.net-

 

 

Kim Ki-Duk nació en 1961 en una zona rural al norte de Kyungsang, en Corea del Sur, destinado a la vida agrícola, su experiencia en el ejército durante el servicio militar provocó un cambio radical en él. Decidido a convertirse en artista, se fue a París, donde subsistió pintando cuadros que vendía por la calle. Esto influiría decisivamente en su estilo como director de cine, concibiendo los planos como obras pictóricas. De regreso a Corea empezó a escribir guiones y consiguió sus primeros premios. Poco después, sin noción alguna de realización, dirigió su primera película, Cocodrile. Con esta ópera prima marcó lo que será la tónica en su carrera: polémica, osadía, capacidad para ver belleza donde nadie la ve. Desde entonces ha dirigido una película por año, desarrollando su peculiar visión del comportamiento humano junto con una visión poética y visual, por lo general, cargadas de violencia física y sicológica y a su vez, para él, todo acto perverso oculta una particular concepción de la belleza y jamás juzga a sus personajes, sólo refleja sus errores y sus consecuencias.

 

 

“Desde la perspectiva de un hombre que puede ser uno de estos agresores, traté de entender las dolorosas mentes de los padres que descubren que sus hijas se han prostituido en estos tiempos” –Kim KI-Duk, Lahiguera.net-

 

 

 

 

En un lejano 1950 Los Olvidados de Luis Buñuel, no sólo rompía con los moldes de una cinematografía que utilizaba las desventuras infantiles como burdo pretexto para un despliegue de relatos melodramáticos cargados de moralina, sino que planteaba una serie de viñetas de una crudeza y un realismo aterrador, como aquella imagen en la que Pedro (Alfonso Mejía), el protagonista, es observado desde el escaparate de una tienda, al tiempo que es abordado por un pederasta: una imagen poética de la opresión, la crueldad y la ambigüedad de una sociedad de doble moral capaz de generar víctimas infantiles, las más vulnerables del sistema. A principios del nuevo milenio y en el extremo opuesto del Hollywood más conservador, varias obras abordaron sin piedad no exentas de ternura, el abuso sexual contra menores de edad, ya sea desde la perspectiva de un pedófilo en busca de redención como sucede en Crimen inconfesable (The Woodsman, 2004) de la debutante Nicole Kassel, o a través de inquietantes relatos de prostitución adolescente que evitan cualquier esquema trillado: Por amor o por deseo (Samaria, 2004) del coreano Kim Ki-Duk, o la producción sueca Las alas de la vida (Lilja 4 ever, 2002) de Lukas Moodyson.

 

Al igual que en Las estaciones de la vida (2003), Kim Ki-Duk, narra una parábola moral y social en Por amor o por deseo, dividida como en aquella, en distintos capítulos que componen la personalidad y las expectativas de dos amigas adolescentes y el padre policía de una de ellas, trastocado en violento vengador, al enterarse de que su hija de 16 años se acuesta con diferentes hombres en moteles de mala muerte.

Con un tema que pudiera remitir a sórdidos y desesperados relatos de redención como Taxi Driver o ¿Dónde está mi hija? –ambos escritos por Paul Schrader-, que involucraban a niñas inmersas en abismos de perversión y a adultos que intentan limpiar con sangre la escoria de las calles, como padrotes y abusadores de menores, el cineasta coreano construye una intrigante y hermosa historia de amor filial que culmina con esa bellísima y triste secuencia en la que el padre enseña a su hija a conducir el auto familiar, poco antes de ser arrestado por los crímenes cometidos e inducidos buscando las claves de la conducta de su hija.

Jae-Young y Yeo-Jin son dos colegialas a quienes une el sueño de viajar a Europa y un amor que empieza a superar las caricias fraternas. Así, con el fin de reunir el dinero necesario para el viaje, la primera se prostituye y la segunda administra las ganancias y se encarga de los contactos vía internet. Nada más alejado de los clichés de la gráfica hipersexualidad que proveen los animé y las historietas hentai con lolitas asiáticas, así como de los infiernos de prostitución infantil que viven los países tercermundistas como México, Por amor o por deseo, es un relato de intensa belleza plástica que maneja por igual, un  tierno humor y una violencia visual, apoyada en una dulce banda sonora con Erik Satie a la cabeza, en ese camino de expiación de culpas que inicia Yeo-Jin, luego de la absurda muerte de su amiga quien salta por la ventana para evitar a la policía y que le lleva a acostarse con los antiguos clientes de la siempre alegre Jae-Young y a devolverles su dinero. Es decir, Yeo-Jin se trastoca en la Samaritana que alude el título original.

 

Kim Ki-Duk enfrenta ternura y sadismo, paz y violencia, pureza y perversión, belleza y crueldad, campo y ciudad, matizada por elementos como el agua que purifican el cuerpo, la mente y el espíritu. Se dan aquí, contrastes tan intensos como la escena de los baños públicos, donde el padre viudo de fuertes convicciones católicas, asesina a golpes a un cliente de su hija, con aquella secuencia, en la que el padre enfrenta a otro hombre en su propio departamento y rodeado de su mujer y de sus hijos, y cuyo violento clímax es sutilmente sugerido. Con un final a lo Takeshi Kitano (Fuegos artificiales), que arranca con el ritual funerario en la tumba de la madre de Yeo-Jin, Por amor o por deseo, es sin duda uno de los mejores estrenos del año, que plantea intensas incógnitas visuales y morales como la leyenda de Vasumitra, que provocaba el éxtasis sexual en los hombres, llevándolos a la sublimación religiosa.

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 marzo 2019

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s