BAARIA. AMOR Y PASIÓN (Baaria, Italia-Francia, 2009)

Dirección. Giuseppe Tornatore/ Guión. Giuseppe Tornatore/ Fotografía en color. Enrico Lucidi/ Música. Ennio Morricone/ Edición. Massimo Quaglia/ Diseño de Producción. Maurizio Sabatini/ Dirección de Arte. Maurizio di Clemente, Cosimo Gomez, Maurizio Sabatini/ Vestuario. Luigi Bonano/ Producción. Tarak Ben Ammar, Mario Cotone/ Con. Francesco Scianna (Peppino Torrenuova), Margareth Madé (Mannina), Lina Sastri (Tana/ Beggard), Ángela Molina (Sarina), Nicole Grimaudo (Sarina joven), Salvo Ficarra (Nino), Valentino Picone (Luigi), Gaetano Aeronica (Cicco), Alfio Sorbello (Cicco joven), Giovanni Gambino (Peppino niño), Giuseppe Garufi (Pietro niño), Lollo Franco (Don Giacinto)/ Duración. 163 mins.

SINOPSIS

La película cuenta una historia divertida e inteligente de grandes pasiones y apasionados sueños utópicos. Una leyenda llena de héroes. Una familia siciliana representada a través de tres generaciones: desde Cicco, a su hijo Peppino y llegando hasta su nieto Pietro. Con un leve toque a la vida privada de estos personajes y la de sus familias, la película evoca los amores, los sueños y las decepciones de toda una comunidad en la provincia de Palermo desde finales de los años veinte hasta la década de los ochenta: durante el período fascista. Cicco es un humilde pastor de cabras que, sin embargo, encuentra tiempo para alimentar su pasión: los libros, los poemas épicos, las grandes y populares novelas románticas. En aquellos días en los que las personas sufría la pobreza y el hambre durante la segunda guerra mundial, su hijo Peppino es testigo de innumerables casos de injusticia y descubre una pasión por la política. Después de la guerra, ocurre su fatídico encuentro con la mujer de su vida: Mannina. Una relación a la que todos se oponen porque Peppino se ha convertido en comunista. Pero los dos jóvenes enamorados lograrán cumplir su sueño. Todo ello, con el telón de fondo de los cambios sociales dentro del pequeño pueblo siciliano de Bagheria (llamado coloquialmente Baaría): la vida bajo los fascistas, la influencia de la mafia y el dominio de la Iglesia Católica y de los Demócratas Cristianos.

 

Baaria fue nominada al Globo de Oro: Mejor película de habla no inglesa. En la entrega de los premios David di Donatello obtuvo el David de la Juventud y el Premio a Mejor Música y 14 nominaciones. En los premios del Cine Europeo fue nominada al premio del público mejor film europeo. Mejor Fotografía, Edición, Diseño de Producción y Efectos visuales en los Premios Flaiano. Premio a Mejor Director en los Globos de Oro italianos. Premios Kineo, Italia: Mejor Director.

 

“Una de las innumerables etimologías posibles es que el Bagheria pueda también derivar de Bab el gherid, que aparentemente significa el paso del viento en árabe. Pero, desde tiempos inmemoriales, siempre lo hemos llamado Baaría. Baaría, en la provincia de Palermo, es la ciudad donde nací y crecí, y donde viví hasta los veintiocho años de edad. Demasiado viejo de acuerdo con Don Fabrizio Salina, el Príncipe en El gatopardo de Lampedusa, quien alegaba que los hombres jóvenes debían dejar Sicilia antes de los diecisiete años de edad para evitar que su persona absorbiera los defectos típicos de los sicilianos. –Giuseppe Tornatore, Lahiguera.com-

 

 

Giuseppe Tornatore saltó a la escena mundial con la celebrada y multipremiada Cinema Paradiso (1989) filme emblemático no sólo del nuevo cine italiano, sino de esa cinematografía en general. Luego de los fracasos comerciales y de crítica de obras como: Estamos todos bien (1990) y Una simple formalidad (1994), Tornatore, recuperaba la fórmula de Cinema Paradiso con El fabricante de estrellas (1995), nuevamente nominado al Oscar y ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia, con otra mirada sensiblera al cine, sus estrellas, sus admiradores y a los miles de extras que suelen pasar inadvertidos fascinados ante la llamada fábrica de sueños. Tornatore, es sin duda un cineasta con una gran capacidad narrativa y mucha inclinación por los relatos almibarados que nunca acaban por arrancar, representa la dosis exacta de melodrama, humor, nostalgia, fotografía preciosista y una complacencia tan gratificante que oculta sin problemas cualquier análisis profundo, capaz de rozar las “fibras íntimas” del espectador como lo muestran: Malena o el espléndido fresco italiano Baaria. Amor y pasión.

 

La transformación social, cultural y política de Bagheria, municipio de Palermo al que los sicilianos llaman Baaria: sirve de pretexto a Giuseppe Tornatore, el afamado cineasta italiano de la llamada línea blanda, para recuperar una vez más la fórmula de su exitosa Cinema Paradiso. Justo en el momento en que se aprecia a un grupo de niños intercambiando fotogramas de filmes como El bueno, el malo y el feo, Salvatore Giuliano, o El evangelio según San Mateo, queda claro que se trata de un relato autobiográfico de un cinéfilo empedernido.

En efecto, Baaria. Amor y pasión, vista a través de los ojos de tres generaciones de una familia, desde el ocaso de la década de los años veinte hasta los años ochenta: el fascismo, el comunismo, la mafia, o los cambios urbanos del pequeño pueblo y su pintoresco grupo de habitantes, funciona como una suerte de Amarcord (Federico Fellini, 1973) para un realizador nacido precisamente en esa localidad de Sicilia. Todo ello, bajo una excesiva y almibarada banda sonora de Ennio Morricone y cameos de estrellas como Monica Belucci o Raoul Bova y cuyo punto central es la figura de Pepino Torrenuova, quien se aferra a las ideas socialistas por necesidad hasta convertirse en un implacable militante del partido.

 

 

“Ante la responsabilidad de escribir la banda sonora de una película tan importante, yo necesitaba encontrar el tono correcto. Incluso antes de ver el montaje de la película, ya había escrito algunos de los temas musicales más importantes. A Tornatore le gustaron y una vez más nos dimos cuenta que desde el principio habíamos estado totalmente de acuerdo con la dirección que debía tomar el trabajo. No sólo estoy haciéndole un cumplido a Peppuccio; realmente me ha encantado esta película. No sólo se trata de otra película más en su extraordinaria filmografía, sino que es más bien una obra que puede hacer que el tiempo se detenga; es un punto de llegada con todo lo necesario para que sea una gran obra de arte. El público no dejará, y de eso estoy seguro, de apreciar la gran fuente de inspiración que emana de cada una de las escenas y la naturaleza épica y poderosa de esta película que está impregnada con un profundo humanismo integral”. –Ennio Morricone, Lahiguera.com-

 

 

Baaria, representa la dosis exacta de melodrama, humor, nostalgia, fotografía preciosista y una complacencia tan gratificante que opaca cualquier análisis profundo. Se trata de un cine capaz de entretener y emocionar, en ésta nueva declaración de amor a la cinefilia, a los grandes nombres del cine italiano: De Sica, Rosellini, Lattuada, Fellini y el Francesco Rosi de Tres hermanos (1981) y sobre todo, a la familia como espina dorsal del individuo.

El filme es un nuevo retrato de la colectividad, plagado de personajes delirantes: la vidente y su hijo tonto, el herrero mudo, el gigante de la huerta y por supuesto el propio protagonista, su padre y el nieto de éste, fascinado con la fotografía. Ello, en medio de imágenes muy atractivas como el paseo de las estatuas monstruosas, la toma de los predios por los comunistas, la brutal muerte del bisabuelo a cargo de la mafia, la escena de la mosca viva en el trompo y sobre todo, la secuencia final, que enlaza el pasado y el presente en ese pueblo de ensueño visto con humor agridulce, ternura y melancolía: justo el toque Tornatore.

 

 

“Bueno, tal vez para volver a la inocencia que perdí el día que me bajé del barco proveniente de Sicilia o, peor aún, para ser coherente con los defectos que tengo por ser baariòto, y que, por más de veinte años (ya han surgido algunas huellas en mis obras con un fondo siciliano), he estado pensando en hacer una película acerca de la temporada única e intemporal de mi vida en la que el universo comenzaba en Via Gioacchino Guttuso 114, seguía por la Piazza Madrice a lo largo del callejón de Corso Umberto I° y terminaba en la rotonda di Palagonia. Si los contamos todos, son sólo unos cientos de metros. Pero si caminas por esas calles arriba y abajo durante años, podrías aprender lo que el mundo en su totalidad nunca podrá enseñarte” –Giusepe Tornatore, Lahiguera.com-

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México, 13 de noviembre de 2018

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