EL GRAN CONCIERTO (Le Concert, Francia-Italia-Rusia-Rumania-Bélgica, 2009)

Dirección. Radu Mihaileanu/ Guión. Radu Mihaileanu, Alain-Michel Blanc, Matthew Robbins, inspirados en un relato original de Héctor Cabello Reyes y Thierry Degrandl/ Fotografía en color. Laurent Dailland/ Música: Armand Amar, Mozart, Mahler, Khachaturyan y otros/ Edición: Ludo Troch/ Dirección de arte: Arnaud Denis y Vlad Roseanu/ Diseño de Producción. Christian Niculescu/ Vestuario. Viorica Petrovici, Maira Ramedhan Levi/ Producción. Alain Attal, Michael Blakey, Valerio De Paolis, André Logle, Radu Mihaileanu, Vlad Paunescu/ Con: Aleksey Guskov (Andrei Simonovich Filipov), Dmitri Nazarov (Aleksandr Sasha Abramovich), Mélanie Laurent (Anne-Marie Jacquet), Francois Bérleand (Olivier Morne Duplesiss), Miou-Miou (Guylene de la Riviere), Valery Barinov (Ivan Gavrilov), Lionel Abelansky (Jean-Paul Caérrere), Laurent Bateau (Bertrand), Anna Kamenkova (Irina Filipova)/ Duración. 117 mins.

SINOPSIS

El reconocido director de la Orquesta del Teatro del Bolshói, Andreï Simonovich Filipov, ve su carrera pública destruida por Leonid Brezhnev por defender a músicos judíos y ahora se ve reducido a trabajar como conserje en el mismo teatro donde alguna vez dirigió. Mientras Filipov limpia la oficina del gerente del teatro, intercepta una invitación oficial del prestigioso Théatre de Chatelet en París para sustituir un concierto de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles cancelado en el último momento. Filipov crea un plan para reunir a su antigua orquesta compuesta ahora por viejos músicos judíos y gitanos, que sobreviven trabajando como mudanceros o conductores de taxis y así tomar el trabajo de París y completar una interpretación del Concierto para violín de Tchaikovski interrumpido treinta años atrás por el entonces agente de la KGB, Ivan Gavrilov, quien ahora forma parte del plan de Filipov como representante de la orquesta, a pesar de las protestas y sospechas de Aleksandr ‘Sasha’ Abramovich Grossman, ya que Gavrilov tiene sus propios planes para el viaje a París.

Gavrilov y Filipov exigen del Châtelet muchas condiciones que se ven forzados a aceptar, ya que el concierto con el Bolshoi es mucho más barato; una de las condiciones es que la solista sea Anne-Marie Jacquet, quien nunca ha interpretado el Concierto de Tchaikovski porque le tiene miedo, pero ha soñado desde hace mucho interpretarlo con el Bolshoi y particularmente con Filipov, cuya fama fuera de Rusia nunca ha disminuido. Su agente, Guylène de La Rivière -quien también ha sido la madre adoptiva de Anne-Marie- está renuente a permitir que suceda el concierto, porque conoce a Filipov y su pasado, pero ante la insistencia de Anne-Marie, acepta. Para pagar sus gastos de traslado, la orquesta se ve forzada a aceptar la participación de un conocido jefe de la mafia aficionado a tocar el cello.

La falta de profesionalismo de los músicos rusos y las impresiones de Anne-Marie de que el concierto es una catarsis para Filipov, la fuerzan a cancelar el concierto, pero Sasha la convence de volver al teatro porque el concierto contiene una clave sobre su pasado y sus padres, a quienes nunca conoció. Resulta que Filipov y su esposa Irina eran los mejores amigos de Lea e Yitzhak Strum, músicos judíos. Lea era una concertista de violín y la solista al momento del concierto interrumpido hace tres décadas en Moscú; su protesta terminó en su deportación a Sibería. La bebé Anne-Marie logró huir con Guylène, entonces representante de una orquesta francesa de visita a Rusia.

En el último momento, la orquesta aparece en el teatro a pesar de que no han realizado ni un solo ensayo. Mientras tanto, el verdadero gerente del Bolshoi, que se encontraba de vacaciones en París, quien casualmente se entera del concierto, se presenta en el teatro para impedirlo. El concierto arranca mal pero de a poco empieza a cobrar fuerza y armonía cuando Anne-Marie hechiza a todos con su magnífica interpretación. El concierto es un gran éxito y Filipov puede reconstruir su carrera como director de la nueva Orquesta Andreï Filipov, junto con Anne-Marie, quien se une a él en un tour mundial –con información de Wikipedia-

 

El gran concierto obtuvo los Premios César a lo Mejor del Cine Europeo: Mejor Banda Sonora y Mejor Sonido y nominada a Mejor Guión, Película y Director. A su vez, el galardón David Di Donatello a la Mejor Película de la Unión Europea. Fue nominada al Globo de Oro a Mejor Película Extranjera

 

-“El tema de la impostura me persigue a mi pesar. Quizá se deba al hecho de que mi padre, que se apellidaba Buchman, tuvo que cambiarse de apellido durante la guerra para sobrevivir. Se convirtió en Mihaileanu para no perecer durante el régimen nazi y luego en el estaliniano. Pero yo viví todo aquello de una manera positiva, hay en mí un conflicto entre estas dos identidades. Por otra parte, he sufrido durante mucho tiempo por ser considerado un “extranjero”, da igual donde esté en Francia o en Rumanía -y, evidentemente, en cualquier otra parte. Hoy, lo veo como un elemento enriquecedor y estoy contento de estar en todas partes, al mismo tiempo dentro y fuera. Seguramente por eso mis personajes tienen muchas dificultades al principio y se hacen pasar por lo que no son, para liberarse de sí mismos y tratar de tender un puente hacia los demás”- -Entrevista con Radu Mihaileanu. La higuera.com-

 

 

Desde su primera película, el cineasta rumano Radu Mihaileanu apostó por un estilo burdo e irónico para mostrar los absurdos de la Historia social y política, así como la débil frontera que separa la tragedia de la comedia negra. Ya sean los años de terror en tiempos de Nicolau Ceaucescu en La traición (1993). Los horrores del holocausto vistos como una gran e inclemente farsa en El tren de la vida (1998), o la historia del niño etíope que se hace pasar por judío para escapar a Israel en Camina sin mi (2005).

El gran concierto mantiene prácticamente todos los elementos de sus anteriores obras: escenas efectistas, inconsistencias argumentales, momentos de chantaje sentimental y a su vez, consigue explotar con notable eficacia los puntos a su favor: un reparto de personajes atractivos y agradables, divertidos gags que encajan en el instante justo (la escena de los pasaportes en el aeropuerto, la conversión de fe del comunista ortodoxo), una notable utilización de la banda sonora, pero sobre todo, un encanto natural y una espontaneidad que perdona deslices técnicos y tramas inverosímiles.

En las antípodas de la inclemente Dulce Emma (1992) de István Szabó, El gran concierto se sumerge de manera amable y divertida en el mismo tema: la caída del comunismo y la transformación del bloque socialista. Andrei Filipov es el afanador del Teatro Bolshoi, institución de la que antes fungía como su prestigioso director de orquesta, hasta que fue retirado treinta años atrás, al negarse a expulsar a los músicos judíos que tocaban con él, dejando inconcluso su sueño y el de su primera violinista, la talentosa Lea (la misma Mélanie Laurent), quien muere en Siberia sin poder concretar el Concierto No. 1 para Violín y Orquesta de Tchaikovski.

Sin embargo, la oportunidad aparece cuando Andrei intercepta un fax en donde invitan a la Orquesta del Bolshoi a tocar en el Teatro Chatelet de París y Andrei decide reunir a sus antiguos músicos -quienes sobreviven a duras penas-, para cumplir sus sueños y de paso, ajustar cuentas con el pasado, ya que la hija de Lea, desconoce su historia y es una figura del violín. Radu Mihaileanu ha construido un entretenido filme sobre el triunfo de los olvidados. Una ágil comedia social sobre los perdedores que toman un segundo aire, a partir de un final grandioso digno de su título.

 

 

“¡El rodaje del concierto fue una pesadilla que duró seis meses! Tenía mucho miedo a esta escena porque la película termina con el concierto y es lo que marca con qué espíritu va a salir el espectador de la sala: no podía permitirme fastidiarla en esa escena. Sin contar con que nunca había rodado un concierto de música clásica. Empecé viendo todas las películas posibles sobre música, varios DVD de conciertos, clásicos, rock, etc. Y aprendí muchísimo: cuál es el “lenguaje” y la importancia de cada instrumento, en qué momento hay que filmar y de qué manera para que sea eficaz desde un punto de vista dramático. El reto consistía en intentar ser un poco más espectacular y moderno que en una retrasmisión, sin por ello dejar de ser fiel a la dramaturgia, a los personajes y no ir demasiado lejos tampoco. Luego trabajamos con coachs para hacer de los actores unos músicos creíbles. Preparamos las secuencias de escenas, plano por plano. Teníamos todos un montón de cuadros que indicaban el papel de cada uno, siempre en función de los compases musicales. En el momento del rodaje, trabajé con tres cámaras, cada una de ellas encargada de encuadrar a tal o tal músico o sección: era un trabajo mucho más difícil si teníamos en cuenta que sólo había cuatro días para hacerlo y que había que proteger al máximo a los actores de toda esa tensión. Por último, ya en el rodaje, tuve que tener en cuenta los flashbacks que había que insertar en el montaje al milímetro, en función de los diversos acentos musicales”. -Entrevista con Radu Mihaileanu. La higuera.com-

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

Marzo 27 2018

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