EL AÑO ROJO (The Year of the Gun, Estados Unidos, 1991)

Dirección. John Frankenheimer/ Guión. David Ambrose, inspirado en la novela de Michael Mewshaw/ Fotografía en color. Blasco Giurato/ Música: Bill Conti, Giuseppe Verdi/ Edición: Lee Percy/ Dirección de arte: Luigi Quintili/ Diseño de Producción. Aurelio Crugnola/ Vestuario. Ray Summers/ Producción. Edward R. Pressman, Eric Fellner/ Con: Andrew McCarthy (David Raybourne), Sharon Stone (Alison King), Valeria Golino (Lia), John Pankow (Italo Bianchi), Mattia Sbragia (Giovanni), George Murcell (Pierre Bernier), Francesca Prandi (chica terrorista), Carla Cassola (Lena), Pietro Bontempo (segundo hombre), Luigi Di Fiore (primer terrorista)/ Duración. 111 mins.

SINOPSIS

En 1978, David Raybourne es un novelista estadounidense que vive en Roma y trabaja como periodista en un pequeño periódico en inglés. Él está involucrado sentimentalmente con Lia, la esposa separada de un industrial italiano y amiga de Italo Bianchi, un profesor de izquierda política en una universidad romana. Son años de tensión política e inquietudes estudiantiles, en la que las infames Brigadas Rojas cometen ataques violentos, culminando en el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro, ex primer ministro italiano.

Como parte de un plan para escribir una novela comercial y recaudar dinero para casarse con Lia, Raybourne investiga las actividades y organización de las Brigadas Rojas. Escribe el borrador de una novela, realista pero ficticia, con el argumento centrado en el secuestro de una figura política a cargo de las Brigadas. Durante este tiempo, David Raybourne se encuentra con una bella y sexualmente provocativa fotoperiodista joven, Alison King. Ella está ansiosa por una noticia y Raybourne la presenta a Italo Bianchi. Alison se convence de que Raybourne sabe algo acerca de las Brigadas Rojas y le oculta una posible primicia, por lo que después de un coqueteo sexual, ella busca en su departamento y encuentra el nuevo borrador de Raybourne.

Resulta que Bianchi, en realidad colabora con las Brigadas y entrega el borrador a un contacto de tan violenta célula y la similitud de su trama ficticia con sus planes de secuestro reales los lleva a concluir que sus planes se han filtrado. No obstante, Lia está incluso más involucrada con las Brigadas Rojas y por ello, Raybourne y King son capturados, al tiempo que ocurre el secuestro de Aldo Moro. Acusan a Lia de la filtración y le disparan por su aparente traición antes de los ojos de Raybourne y King y obligan a ésta a fotografiar el cuerpo e instruir a Raybourne para publicitar la historia como una advertencia a cualquier traidor en el futuro.

 

 

  1. El año de las Brigadas Rojas, año de terrorismo y confusión política, de luchas internas y pugnas por el poder. Demócratas cristianos y comunistas infiltrados en universidades, y el terrorismo como arma política de doble filo, en una Italia sumida en el caos. El tema, explotado por varios realizadores italianos en un registro que oscila entre el thriller de denuncia y la reflexión concienzuda sobre los mecanismos del poder político, es retomado por el veterano realizador estadunidense John Frankenheimer, en un filme fuera de contexto pero en la línea de lo mejor de su filmografía.

 

El caso de John Frankenheimer es similar al de otros notables veteranos de Hollywood, aquellos realizadores que luego de un arduo trabajo en televisión, lograron dar el salto a la pantalla grande a finales de los años cincuenta. Es decir, una extraña generación carente de los atributos de las grandes leyendas y sin las pretensiones de las generaciones de cineastas amparados bajo el revolucionario concepto de cine de autor de los sesenta. Frankenheimer, al igual que realizadores como Arthur Penn, Robert Aldrich o Don Siegel, demostraron su valía como eficaces artesanos, capaces de dejar de lado su capacidad autoral para ofrecer sus dotes como grandes orquestadores de relatos poderosos y en ocasiones, sobrellevando los desplantes de grandes estrellas.

Con una versatilidad y una firmeza envidiable, Frankenheimer recorrió todos los géneros desde el más bajo presupuesto a la superproducción; de Llegaron los paracaidistas a Ronin pasando por Grand Prix. Luego de un dudoso debut hacia 1957 con El joven extraño, el realizador neoyorquino, no destaca sino hasta 1962 cuando tiene la oportunidad de dirigir al entonces gran veterano Burt Lancaster en La celda olvidada, la historia de un asesino que en sus años de prisión se convierte en un experto ornitólogo. No obstante, la leyenda de Frankenheimer puede situarse con un par de intrigantes relatos de la guerra fría que azotaba Hollywood y el país entero.

Si Siete días en mayo (1964) escrita nada menos que por Rod Serling, el creador de la Dimensión desconocida, se centraba en un hipotético golpe de estado militar contra el presidente estadunidense, nada más delirante que El embajador del miedo (The Manchurian Candidate, 1962), quizá la obra maestra del cine de la paranoia política que surgía como una inquietante alegoría de la terrible “caza de brujas” que el macartismo trajo hacia 1952. El filme abre justamente en ese año para contar la historia de una pequeña patrulla de soldados estadunidenses en Corea, el regreso a su patria y las pesadillas recurrentes de varios de ellos, ya que en realidad fueron traicionados por un guía y obligados a cometer atrocidades a partir de un lavado de cerebro.

El filme, es una descripción virulenta y feroz acerca de ese oscuro periodo dominado por el la paranoia del comunismo que desplegó el senador McCarthy para mantener libre de impurezas las conciencias más reaccionarias del estadunidense medio. La cinta tiene a su vez otra arista aún más inquietante como lo es la relación entre el protagonista y su madre (una estupenda Angela Lansbury); una máquina de verdadero horror que se encuentra detrás de su lavado de cerebro y cuyo clímax es el asesinato del candidato presidencial. Se trata de alguna manera de una extensión del Edipo de Psicosis de Hitchcock pero en clave de cine político.

A exitosos thrillers comerciales de los setenta como 99.44 % muerto, la secuela de Contacto en Francia y Engendro, se suma otro relato de corte paranoide: Domingo negro, basado en el primer bestseller de Thomas Harris, el futuro autor de El silencio de los inocentes, centrado en un atentado terrorista llevado a cabo durante un juego del superbowl. Los ochenta, lo mostraron como el hábil artesano que era, en cintas de fórmula que intentaban hacer una crítica irónica a los géneros en que se inscribían: El desafío, Herencia nazi, 52, enredo mortal o Armado hasta los dientes, con Don Johnson como un policía que vomita durante las persecuciones que lleva a cabo para atrapar delincuentes y acababa descubriendo una suerte de conspiración de un grupo pro nazi.

En los noventa y el nuevo milenioi Frankenheimer abrió con este extraordinario thriller erótico-político filmado en Italia y las pugnas por el poder entre demócratas cristianos y comunistas en El año rojo protagonizado por una muy guapa Sharon Stone en el papel de una sexy fotógrafa, un año antes de convertirse en símbolo sexual con Bajos instintos. La isla del Dr. Moreauy Operación Reno, son ejemplos de su capacidad artesanal y su estilo vertiginoso y violento, sin embargo, Ronin (1998), protagonizada por Robert De Niro, es la prueba exacta de su cine: ágil, inventivo, con una estructura dramática fluida y sorprendente, un muestrario de los alcances del thriller y su vehemencia paranoide que representa el indudable oficio de un cineasta extraordinario.

 

 

El año rojo, resulta una curiosidad que mezcla el tema del terrorismo (un asunto que se pondría de moda -en el contexto irlandés- con Juego de lágrimas y Juego de patriotas) y el glamour hollywoodense representado no sólo por Frankenheimer, sino por la guapa rubia Sharon Stone en el papel de una fotoperiodista. A su vez, un espléndido soundtrack a cargo de Bill Conti -sí, el mismo de Rocky y secuelas- que combina con eficacia coros gregorianos y sintetizadores.

Frankenheimer se adentra en el terrorismo pero muy alejado del suspenso gradual y los mecanismos más propios del thriller como lo hiciera en Domingo negro, retratando con desapego y una lograda intensidad, las contradicciones políticas y periodísticas relacionadas con el terrorismo italiano de finales de los setenta, a través de la historia de un reportero estadunidense y ex estudiante radical de los sesenta que trabaja sin permiso en un diario local de Roma con noticias en inglés y que pretende elaborar una novela de corte testimonial sobre las Brigadas Rojas y sus conexiones con la prensa, las universidades y el parlamento.

Sin la garra de un Bellocchio, en su retrato de una Italia enloquecida por comunistas y fascistas en Noticia de una violación en primera plana y sin la profundidad política de ese docudrama que revisa todas las posturas políticas alrededor del ex primer ministro democristiano Aldo Moro en El caso Moro (1988) de Giuseppe Ferrara, Frankenheimer deja de lado el lugar común de esa suerte de subgénero acerca del bienintencionado reportero sumido en el caos y el terror (El año que vivimos en peligro, El ocaso de un pueblo, Los gritos del silencio, Bajo fuego) para describir con frialdad las reacciones y mentiras de seres amorales, débiles o confundidos, como lo ejemplifica la magnífica escena del coito entre Raybourne y la fotógrafa nihilista que encarna Stone, despojado de sensualidad o cachondería artificial.

Terroristas que no dudan en matarse entre sí, un profesor timorato que oculta a duras penas su homosexualismo, una fotógrafa ambiciosa fascinada con la muerte (“mi trabajo es traer malas noticias y contar cadáveres”), una joven italiana amante del protagonista, que duda entre su relación amorosa, la fidelidad a su marido y su radical posición política y finalmente, un reportero petulante que sólo desea atinar con un bestseller en ese su afán inconsciente de fama, representando al héroe involuntario metido en las pantanosas aguas del terrorismo casi por coincidencia y que sale con vida para terminar como un escritor arribista, mientras que la guapa fotógrafa copartícipe de su éxito de librería continúa en su búsqueda nihilista en otro territorio de alarma como Beirut.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Prado Coapa 14 de febrero 2018

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