HISTERIA: LA HISTORIA DEL DESEO (Hysteria, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suiza, Luxemburgo, 2011)

Dirección. Tanya Wexler/ Guión. Stephen Dyer y Jonah Lisa Dyer, inspirados en la novela de Howard Gensler/ Fotografía en color. Sean Bobbitt/ Música. Gast Waltzing/ Edición. Jon Gregory/ Dirección de arte. Bill Crutcher, Philip Elton, Keith Slote, James Wakefield/ Diseño de Producción. Sophie Becher/ Vestuario. Nic Ede/ Producción. Tracey Becker, Bob Bellion, Judy Cairo, Sarah Curtis, Jimmy de Brabant, Anouk Nora/ Con. Hugh Dancy (Mortimer Granville), Maggie Gyllenhaal (Charlotte Darlympie), Jonathan Price (Dr. Robert Darlympie), Felicity Jones (Emily Darlympie), Rupert Everett (Edmund St. John-Smythe), Ashley Jensen (Fannie), Sheridan Smith (Molly), Georgie Glenn (Sra. Parsons)/ Duración. 100 mins.

SINOPSIS

Gran Bretaña, Siglo XIX. Mortimer Granville es un joven médico que a diario enfrenta problemas con sus colegas debido a sus puntos de vista modernos sobre la medicina. Granville es contratado como asistente del Dr. Dalrymple, cuyo consultorio se especializa en el tratamiento de la histeria, diagnosticado por lo general a las mujeres de la época y cuyo tratamiento consistía en masajes en la zona genital que conducían a “convulsiones paroxísticas” (en realidad orgasmos). Ahí mismo, Mortimer conoce a las hijas del doctor: Emily una chica ingenua y bien educada y Charlotte, una aguerrida feminista que administra una casa de beneficencia en uno de los barrios más pobres de Londres.

Granville resulta hábil en los masajes y la clientela femenina sube. Al mismo tiempo, el Dr. Dalrymple propone un matrimonio entre Emily y su asistente Granville. Una noche, Charlotte llega al consultorio con su amiga Fannie quien se ha roto un tobillo y Granville se ofrece a curarla. Sin embargo, Dalrymple prohíbe al joven ayudar a su hija, con el fin de que ello la disuada de seguir trabajando en los barrios marginales. El alto volumen de pacientes empieza a afectar los músculos de las manos de Granville por lo que es despedido. Sin embargo, cuando visita a su amigo Lord Edmund St. John-Smythe, descubre que este ha inventado un plumero eléctrico cuyas vibraciones le dan la idea a Granville de usarlo como un masajeador eléctrico. Después de probarlo exitosamente con Molly, sirvienta del Dr. Dalrymple y ex prostituta que Charlotte ha colocado ahí, Granville convence al doctor para usarlo en sus pacientes, con enorme éxito masivo. Gracias a ello, Mortimer y Emily se comprometen, mientras que Charlotte lucha para poder mantener la casa de beneficencia. En la fiesta de compromiso, Charlotte es arrestada cuando trata de defender a Fannie de un policía. Emily y Dalrymple le piden a Mortimer que testifique que su hija mayor sufre de histeria para que no sea condenada a cadena perpetua. Durante el juicio, el fiscal recomienda que sea recluida en un sanatorio y sometida a una histerectomía, sin embargo, Mortimer la defiende. El juez concuerda con la defensa y sentencia a la joven a sólo 30 días de prisión.

Emily decide terminar su compromiso al percatarse que lo hacía solo para complacer a su padre. Mientras tanto, el vibrador se convierte un producto médico de amplia distribución, reduciendo el tiempo de tratamiento e incrementando la satisfacción de las clientas. Las regalías de su venta hacen que Granville obtenga muchos beneficios económicos mismos que ofrece a Charlotte de la que se ha enamorado, para apoyarla en sus obras benéficas.

 

La realizadora Tanya Wexler fue nominada a Mejor Directora en el Festival de Roma.

El masaje genital había sido un remedio médico desde la antigüedad y la histeria siguió siendo reconocida como una enfermedad por la Asociación Estadunidense de Psiquiatría hasta 1952. Joseph Mortimer Granville solicitó la primera patente para un vibrador electromecánico con el nombre de Granville’s Hammer (Martillo de Granville) en 1883, pero no con la intención de usarse para el tratamiento de la histeria sino para desórdenes musculares. Serían otros doctores quienes lo empezarían a usar como un masajeador para el área genital. –con información de Wikipedia-

 

Paroxismo: Exacerbación o acceso violento de una enfermedad. Exaltación extrema de los afectos y las pasiones. Accidente peligroso, en el que el paciente pierde el sentido o la acción por largo tiempo. Vehemencia, intensidad, pasión, calor, fogosidad, éxtasis, frenesí, arrebato. –Diccionario ideológico de la Lengua Española.

Un nuevo mito recorre las pantallas: el fantasma de la liberación femenina y la búsqueda del placer. Una nueva mujer capaz de subvertir los lineamientos de un cine falocrático: la eterna femeneidad libre de miedos y prejuicios, que ha encontrado eco en varias películas europeas recientes que exponen desde el drama intimista, la reflexión, la visión histórica, o la comedia, los puntos de vista de mujeres liberadas o en vías de emancipación, y/o de jovencitas y maduras amas de casa, o profesionistas atrapadas en los corsés machistas, o en los estrechos límites de una sociedad dispuesta a encapsular todo tipo de pensamientos y fantasías femeninas.

Lo curioso, es que incluso Hollywood, a través de sus obras destinadas al blockbuster veraniego, introdujo en el año de Histeria. La historia del deseo, a heroínas y personajes femeninos que rebasaban los estereotipos para colocarse en igualdad de condiciones con los varones protagonistas de sus relatos. Ahí está el caso de la indomable Merida, heroína medieval de Valiente (Mark Andrews/ Brenda Chapman/ Steve Purcell, 2012) de Disney/ Pixar, hábil arquera que decide romper con una añeja tradición en la que debe de aceptar por marido a uno de los hijos de los señores del reino, desencadenando el caos. Otra arquera que lucha por su vida, es la protagonista de Los juegos del hambre (Gary Ross, 2012) según la novela de Suzanne Collis, interpretada por Jennifer Lawrence: una joven que toma el lugar de su hermana menor para participar en una cacería humana, en esta mezcla de alegoría social y ciencia ficción.

Por supuesto, estas ficciones hollywoodenses caminan en direcciones opuestas a aquellas historias fílmicas europeas que han decidido explorar de manera reciente la perspectiva de la mujer, su mente, su cuerpo y su intimidad.

Como la resulta la interesante aunque irregular exploración del deseo, la fantasía erótica y la doble moral social. Ello, en una sociedad moderna, machista y de insatisfacción femenina que no ha cambiado nada desde el siglo XIX, como lo muestra Histeria de la cineasta estadunidense Tanya Wexler.

Sin duda el gran filme sobre la representación de la histeria como una condición de frustración sexual femenina lo aporta el perturbador relato de David Cronenberg, Un método peligroso (Gran Bretaña-Alemania-Canadá-Suiza, 2011), en el que pese a la filmografía de su autor, no explora la relación entre el cerebro y el cuerpo como detonador de un poder maligno que surge del interior de la carne, sino la crisis entre la mente y la transformación corporal ante los temores sexuales y el rechazo erógeno, en una trama que reúne a Sigmund Freud, Carl Jung y la paciente y amante de éste: Sabina Spielrein, en los albores del psicoanálisis. En cambio, Histeria, resulta un acercamiento amable y light al tema de la histeria victoriana como condición innegable de casi todas las mujeres en esta subversiva y sobre todo entretenida recreación de la invención del vibrador hacia 1880, que saltó de la terapia clínica al placer orgásmico llamado paroxismo.

Viudas, solteras, esposas insatisfechas, cuyo punto de encuentro era la frustración y la negación del placer, catalogadas como histéricas, descubren una nuevo tipo de revolución sexual al ponerse literalmente en las manos del Dr. Mortimer Granville, hombre de ideas científicas y experimentales aunque algo achatado en cuanto a la liberación femenina y los cambios sociales. Tal y como sucedía en Viaje al centro de la tierra (Henry Levin, 1959), en el que Alec, discípulo del Profesor Linderbrook (Pat Boone y James Mason), quienes encontraban por casualidad el camino hacia las entrañas de la tierra, en Histeria, Granville descubre por azar el centro del placer femenino, cuando su amigo Edmund St. John-Smythe experimenta con un plumero eléctrico que el médico utiliza para calmar los calambres de su mano y lo aplica con resultados efectivos en el clítoris de sus pacientes. Lo que sigue, es el creciente idilio entre Granville y Charlotte, la hija rebelde, liberal y feminista de su jefe y socio el Dr. Darlymple, convencida de que “La histeria es una invención para ocultar la frustración de las mujeres, condenadas a una vida doméstica y cuyos maridos egoístas y mojigatos no saben hacerles el amor…”

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 de enero 2017

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