KANSAS CITY (Kansas City, Estados Unidos-Francia,1996)

Dirección. Robert Altman/ Guión. Robert Altman y Frank Barhydt/ Fotografía en color. Oliver Stapleton/ Música: Craig Armstrong. Canciones varias de Ray Charles, Georgia on My Mind, de Hoagy Carmichael y Stuart Gorrell y un extracto de la Sonata Claro de luna de Ludwig van Beethoven/ Edición: Geraldine Peroni/ Dirección de arte: Richard L. Johnson/ Diseño de Producción. Stephen Altman/ Vestuario. Dona Granata/ Producción. Robert Altman, Matthew Seig, David C. Thomas, CiBy 2000, Sandclastle 5 Productions/ Con: Jennifer Jason Leigh (Blondie O’Hara), Miranda Richardson (Carolyn Stilton), Harry Belafonte (Seldom Seen, jefe mafioso), Michael Murphy (Henry Stilton, el consejero del Presidente Roosevelt), Dermot Mulroney (Johnny O’Hara), Steve Buscemi (Johnny Flynn), Brooke Smith (Babe Flynn), Jane Adams (Nettie Bolt), Ajia MIgnon Johnson (Pearl Cummings), Martin Martin (Blue Green), Albert J Burnes (Charlie Parker), Joshua Redman (Lester Young), Craig Handy (Coleman Hawkins). Músicos del Hey-Hey Club: Saxofones: James Carter, David Murray, Jesse Davis y David Fathead Newman Jr. Clarinete: Don Byron. Trompetas: Olu Dara, Nicholas Payton y James Zollar. Trombones: Curtis Fowlkes y Clark Gayton. Batería: Victor Lewis. Pianos: Geri Allen y Cyrus Chestnut. Bajos: Ron Carter, Tyrone Clark y Christian McBride. Guitarras: Russell Malone y Mark Whitfield. Voz: Kevin Mahogany. / Duración. 110 mins.

SINOPSIS

Ciudad de Kansas, finales de 1933. Se aproximan las elecciones: Estados Unidos empieza a salir poco a poco de la gran depresión económica del 32. John O´Hara, joven delincuente se pinta de betún para cometer un robo estúpido contra un negro adinerado que juega en la casa de apuestas del mafioso negro Seldom Seen y muy pronto es capturado y llevado ante éste, quien lo mantiene vivo mientras decide la manera de como escarmentarlo, al tiempo que ordena asesinar a puñaladas a su chófer Blue Green, cómplice de O´Hara. Blondie O’Hara, locuaz pareja de éste, manicurista y empleada en la oficina de telégrafos de Wester Union y fanática del cine, en particular de Jean Harlow, intenta convencer al mafioso de que le devuelva a su marido. Seen se lo niega, por lo que Blondie decide secuestrar a la despistada Carolyn Stilton, adicta al opio y esposa de Henry Stilton, consejero del Presidente Roosevelt, como medida de presión para que interceda por su amado Johnny. Mientras Henry Stilton intenta mover sus influencias entre mafiosos italianos y políticos menores para recuperar a su esposa, ésta y Blondie recorren la ciudad, discuten, van a una gasolinera donde son testigos de un enfrentamiento entre delincuentes y se meten a una sala de cine para ver Hold your Man (Sam Wood, 1933) con Clark Gable y Jean Harlow. En paralelo, se narra la breve historia de Pearl Cummings, una adolescente embarazada de raza negra que llega a Kansas City y es ayudada por un entusiasta jovencito, enamorado del jazz que suele pasar largas horas en el Hey Hey Club donde alternan y compiten genios del jazz como Lester Young y Coleman Hawkins, entre otros. Finalmente el mafioso negro decide soltar a Johnny O’Hara no sin antes darle una fatídica lección.

 

Kansas City compitió por la Palma de Oro en Cannes. A su vez, obtuvo el Premio de Mejor Música por parte de la Asociación de Críticos de Los Ángeles. El galardón a Mejor Actor de Reparto (Harry Belafonte) otorgado por la Asociación de Críticos de Nueva York y el Premio a Mejor Actriz de Reparto para Miranda Richardson de parte de la Asociación de Críticos de Texas.

 

 

Con un estilo que aglutina lo mejor del cine independiente estadunidense, la vocación europea actual y su rechazo en Hollywood, Robert Altman (1920-2006), se mostró siempre sensible e inclemente para hablar de las miserias y la enajenación de una urbe sometida a la hiperinformación y a los avances de la tecnología doméstica. Es cierto sí, que a pesar de su temprano impacto en Cannes con M.A.S.H –ganadora de la Palma de Oro-, ácida sátira política sobre la guerra de Vietnam, en la historia de un hospital en campaña durante la guerra de Corea, el cineasta nacido en Kansas, City, -como el título de uno de sus filmes-, se trastocó en un realizador de gran prestigio, al emprender aquella trilogía sobre la abatimiento de la nación estadunidense y sus mitos, iniciada con: El ejecutivo (1992), sobre la decadente cotidianeidad de Hollywood, Los caprichos de la moda (1994),centrada en el ilusorio mundo de las modas y Vidas cruzadas (1993), lúcida y terrible alegoría sobre la sociedad actual, que ofrecía coincidencias y correspondencias con el ácido pesimismo del polaco Kieslowski, cineasta que fallecería por aquel entonces y autor de una obra muy similar.

Altman, graduado en la Universidad de Missouri y piloto durante la Segunda Guerra Mundial, se fogueó al igual que muchos cineastas de su generación, en la incipiente televisión y en los reportajes documentales centrados en diversos aspectos del deporte. Pronto se convirtió en un habilidoso artesano, capaz de narrar historias intimistas y al mismo tiempo, sostener situaciones de acción en espacios abiertos, como lo demuestran sus intervenciones como realizador de populares programas televisivos como: Bonanza, Maverick, Rutta 66, Combate, Alfred Hitchcock presenta, o Peter Gunn, al tiempo que conseguía debutar como director en la industria del cine a fines de esa década de los cincuenta con: Vidas perdidas/The Delinquents (1956) y The James Dean Story (1957) –co dirigida junto con George W. George-, filmes cuyos temas sobre delincuencia juvenil no tuvieron impacto alguno, por lo que acabó refugiándose una década en la pantalla chica.

No obstante, Altman regresó al cine con: La conquista de la luna/ Countdown (1968), con Robert Duvall, James Cann y Michael Murphy, en donde aplica ya ese estilo fragmentario y dinámico, que se convertiría en sello de su obra, para reconstruir una parte de la vida de un grupo de astronautas, enfatizando en su trabajo profesional y sus vidas domésticas, seguida de la comedia melodramática, Aquel día frío en el parque, filmada en Canadá en 1969, año de su sorpresiva internacionalización con M.A.S.H., mordaz parodia del ejército y la medicina. Su cine desenfadado, irreverente y su naturaleza rebelde y contestataria, mostraron a un cineasta atípico, innovador, tendiente a escapar de las modas genéricas, como lo muestra: Brewster McCloud/ El volar es para los pájaros (1970), en la que combinó diversos géneros, en la historia de un joven cuyo mayor deseo es volar sobre el Astrodome de Houston, en ésta visión satírica del sueño americano, tópico clave del cine de esa década (Rocky, Fiebre de sábado por la noche, Taxi Driver y más).

Su poco apego a Hollywood en esos años setenta e inicios de los ochenta, queda establecido con una serie de obras desmitificadoras de la cultura popular estadunidense, intrigantes y espectaculares, no del todo logradas, como serían: los westerns: Del mismo barro/ McCabe and Mrs. Miller, con Julie Christie y Warren Beatty –sobre el negocio de la prostitución en los primeros pueblos del viejo oeste- y Búfalo Bill y los indios, visceral e iconoclasta versión del célebre cazador de búfalos y astro circense protagonizado por Paul Newman. A su vez, El largo adiós, adaptación de la novela de Raymond Chandler, con Elliott Gould en el papel de Philipe Marlowe, Imágenes, retrato de una mujer perturbada con fascinante fotografía a cargo de Vilmos Zsigmond, Nashville, brillante mosaico del estilo de vida “americano” y seguimiento minucioso y caótico de un cierre de campaña electoral en la ciudad de Nashville paralelo al célebre festival de música folk-country, Healt, Tres mujeres y Popeye, con Robin Williams y Shelley Duvall, en los papeles de los curiosos personajes de la historieta homónima.

A pesar de cierta dispersión en esos años ochenta –Más allá de la terapia, por ejemplo-, la década siguiente y el nuevo milenio, fue para Robert Altman, la consolidación de un cine de autor total, como lo muestra, El ejecutivo/The Player con Tim Robbins en el papel de un productor ejecutivo en esa falsa Meca del cine y principalmente Vidas cruzadas/Short Cuts, acerca de la crisis de las relaciones personales y afectivas, la nueva cultura del crimen, la televisión y el sexo mediatizado, que derivan en frustración, sentimientos de culpabilidad, necrofilia y depresión, a partir de varios relatos de Raymond Carver, Kansas City, cuyo gran protagonista era el jazz y sus enormes intérpretes, Los caprichos de la moda, acerca de las top models y los secretos de la alta costura, Gosford Park/Muerte a la medianoche, inclemente tragicomedia negra y thriller de suspenso al estilo de Ágatha Christie, con un lúcido y octogenario Altman, o El acto/The Company, 2003), que sin ser lo mejor de su obra, proponía otra de sus acostumbradas visiones corales, en una filmografía siempre sorprendente.

 

 

En Kansas City, el jazz es el hilo conductor de un filme que tiene sus mayores virtudes no sólo en la música, sino en su excepcional diseño de producción, vestuario y ambientación. La trama en apariencia compleja resulta en realidad muy simple, casi una anécdota de historieta pulp. Los temas jazzísticos aportan un equilibrio emocional que carece el relato. Notable resulta el trabajo interpretativo de un excepcional y sorprendente Belafonte, como una suerte de Padrino negro, de una delirante Jennifer Jason Leigh siempre al borde la sobreactuación pero radiante y en particular la atractiva Miranda Richardson como la esposa drogadicta que se pierde en sueños de opio. En particular las discusiones cinéfilas entre Jason Leigh y Richardson alrededor de Jean Harlow, la rubia platinada de donde Blondie toma su nombre y el color de su cabello, son notables.

 

“Una secuencia de cinco minutos vale con creces el boleto, y es uno de los momentos climáticos de toda la historia del jazz en el cine: un duelo de saxofones tenores entre Lester Young (Joshua Redman) y Coleman Hawkins (Craig Handy) en la pieza Yeah, Man. Los frenéticos cambios de acordes y los salvajes riffs a toda velocidad casi vuelan el techo del mítico Hey-Hey Club con una descarga de euforia y gozo vital como sólo dos maestros del jazz pueden provocar. En ese breve, intenso y eufórico momento de delirio, Kansas City cumple con la promesa de lo que pudo llegar a ser” –Folleto de la Cineteca Nacional-

 

Kansas City resulta a su vez un doble homenaje no sólo a la ciudad en la que nació y vivió su infancia, en plena etapa del terrible crack económico, época en la que sucede la trama, sino a su vez, a los excepcionales compositores, músicos e intérpretes del jazz, que confluyeron en Kansas City durante ese período y la convirtieron en una de las capitales del género. Aquí, se aprecian algunos instantes musicales de primer orden en un filme eficaz sobre una época convulsa y cinéfila.

 

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

25 de octubre de 2016

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