LOS NIÑOS DEL CURA (Svecenikova djeca, Croacia, 2013)

Dirección. Vinko Bresan/ Guión. Vinko Bresan y Mate Matisic, inspirados en la obra teatral homónima de éste último/ Fotografía en color. Mirko Pivcevic/ Música. Mate Matisic/ Edición. Sandra Botica/ Dirección de arte. Zehad Jujic/ Diseño de Producción. Damir Gabelica/ Vestuario. Zeljka Franulovic/ Producción. Ivan Maloca, Lazar Ristovski, Maja Vukic/ Con. Kresimir Mikic (don Fabián), Niksa Butijer (Peter, el dueño del quiosco), Marija Skaricic (Marta, mujer de Peter), Drazen Kuhn (Marin, el farmacéutico), Goran Bogdan (Jura, el seductor de la isla), Zdenko Botic (don Jacobo, el anciano párroco), Ivan Brkic (Luka, aldeano), Filip Detelic (don Simón), Ana Maras (Vesna, la joven embarazada), Lana Huzjak (Cristina. La chica del coro), Tihana Lazovic (Trubacica, la mujer de la trompeta), Lazar Ristovski (obispo)/ Duración. 96 mins.

SINOPSIS

Luego de que un nuevo decreto del Papa permite el uso parcial de los preservativos, don Fabián, un joven sacerdote católico en un pequeño pueblo de una isla Dalmacia en el Adriático, frustrado por la popularidad que el anciano cura, don Jacobo, próximo a retirarse, tiene entre los feligreses y a su vez por la bajísima tasa de natalidad en la isla, empieza a agujerear los condones, que el devoto Peter, vende en su quiosco. A esa tarea, emprendida por don Fabián y Peter, se une el maniático farmacéutico local, Marin, un conservador que empieza a poner pastillas de vitaminas en lugar de anticonceptivos en su farmacia.

Para mantener todo bajo control, los tres diseñan una suerte de gráfica sexual de toda la población. Controlando, por tanto, la vida sexual de los hombres y mujeres y aboliendo prácticamente el control de la natalidad de la localidad y a su vez descubren la orientación sexual y manías de los habitantes. Los indeseados embarazos empiezan a suceder y el joven cura hace lo imposible para casar a esas parejas de forma cristiana, incluso contra su voluntad; por ejemplo: le consiguen marido a Vesna, la chica embarazada de un turista noruego y eligen a Jura, el galán de la isla.

Los tres están convencidos de estar haciendo lo correcto y la isla cobra fama entre los turistas por sus “aguas de fertilidad” y el viejo cura don Jacobo, entusiasmado con el grupo de coro de los jóvenes y sin saber nada de la operación secreta de don Fabián, está satisfecho por el aumento de matrimonios y población. Sin embargo, Martha, la esposa de Peter que trabaja en la parroquia, descubre el secreto, al encontrar un condón en los pantalones de don Fabián. Los tres se ven forzados a explicarle, pero Martha ya ha enviado el condón como prueba del delito al obispo. Ello coincide con la aparición de un bebé abandonado a las puertas de la iglesia que Martha y Peter deciden quedarse fingiendo que la mujer está embarazada para después aparecer con el bebé. Con todo ello, don Fabián se percata de que todo se le ha escapado de las manos, lo que lleva al protagonista a una desilusión absoluta, al tiempo que salen a relucir varias situaciones dramáticas y terribles que involucran no sólo a varios de los habitantes, como la adolescente Cristina, sino a los jerarcas de la propia iglesia católica como don Jacobo y que llevan a don Fabián a un hospital siquiátrico y a confesarse con un cura aún más joven.

 

 

  • Los niños del cura es una verdadera rareza. Un filme que arranca como divertida comedia costumbrista, prosigue como feroz farsa del absurdo y remata en un tono dramático y terrible para hablar de los fanatismos religiosos, la doble moral cristiana y algunos de los excesos de la iglesia católica o la pedofilia que aborda de manera serie y respetuosa. Se trata de la segunda película más taquillera en la historia de Croacia, dirigida por Vinko Bresan, responsable de una larga trayectoria de éxitos en su país natal como: Marsal/ El espíritu del mariscal Tito (1999) o Kako je poceo rat na mom otoku/ Cómo se inició la guerra en mi isla (1996). A su vez, está protagonizada por el popular actor croata Kresimir Mikic (Kino Lika, Tiempo de sandía).

 

Los niños del cura fue nominada a Mejor Comedia en lo más relevante del Cine Europeo. Ganó el premio a la Mejor Película en el Tróia International Film Festival de Portugal y el Premio a la Mejor película balcánica en el Festival de Cine de Tesalónica, Grecia. Así como el Premio al Mejor Actor de Cuadro en el Festival de Pula en Croacia.

 

  • “Adaptada de una controversial puesta en escena por el dramaturgo y guionista Mate Matisic , ésta áspera sátira, infunde diversión a temas éticos candentes, de una manera altamente cinemática y vivazmente establecida” – Alissa Simon, Variety-

 

Vinko Bresan, nació en 1964 en Zagreb (Croacia). Estudió Filosofía y Literatura Comparada en la Universidad de Zagreb. En la misma universidad se formó en Dirección de Cine y Televisión. Como estudiante, fue galardonado con el premio debutante Oberhausen por su cortometraje NASA burza/ Nuestra Bolsa de Valores (1988). Su primer largometraje Como se inició la guerra en mi isla arranca cuando Croacia declara su independencia. Para agilizar la salida del ejército yugoslavo de su pequeña isla, los lugareños montan un escenario para hostigar al comandante mediante canciones y recitales. Éste, amenaza con volarlo todo haciendo explotar el depósito de munición. Logró enorme reconocimiento internacional con El espíritu del Mariscal Tito que inicia con el entierro de un veterano comunista y surge el fantasma del mariscal Tito. Las noticias de este acontecimiento asombroso se esparcen por el continente y pronto la isla es invadida por los viejos veteranos, agentes secretos, policías, nacionalistas con la que obtuvo la Mención Especial en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 2000 y el premio al Mejor Director en el festival de Karlovy Vary con Testigos/Svjedoci (2003) ambientada en un pueblo en la frontera con Bosnia donde es asesinado el único vecino serbio de la localidad. No se detendrá ahí/ Nije kraj (2008) narra la historia de un detective privado en busca de una desaparecida actriz porno que protagonizó una versión hardcore de Caperucita roja.

 

Lo primero que sorprende en Los niños del cura, es el ingenioso uso de la farsa y la sátira para llevar a cabo una dura crítica al tema de la pedofilia en el interior de la iglesia y sus escándalos, y cómo esta institución religiosa se puede mostrar severa ante ciertos temas y, al mismo tiempo, ser condescendiente. El director croata lleva a la pantalla un tema polémico en todo el mundo, como lo es la posición de la iglesia ante el uso de anticonceptivos y el tema del aborto. Un tópico bien recibido por el público croata, ya que retrata una realidad social llena de contradicciones al interior de la Iglesia católica, en un país donde funciona como una institución de gobierno dominante, un asunto que no sólo es particular de Croacia, sino de todo el mundo, de ahí el éxito del filme, particularmente por abordar el tema con un humor recalcitrante, lo que la ha convertido en una cinta muy popular.

Se trata de un filme muy entretenido e hilarante con un ritmo eficaz cuyo interés jamás decae. Un relato sencillo realizado de manera independiente y con bajo presupuesto que a su vez, se concentra en otros temas como el concepto de la paternidad y la responsabilidad al respecto, o la cuestión étnica y religiosa en los pueblos balcánicos, tópico observado con cierta obsesión por el cineasta serbio Emir Kusturica. En Los niños del cura, es un hecho que la actitud de los protagonistas es torpe y absurda lo que ocasiona mayores problemas. Así lo entiende el padre Fabián ya que en su intento por ayudar a mejorar las cosas en la isla, las empeora y los alcances de su plan terminan por rebasarlos abruptamente. Una primera mita apuesta por una farsa ligera y agresiva en la línea de Chaplin, sin llegar jamás a sus alturas. La segunda parte es más brutal y reflexiva y enfoca sus baterías contra el catolicismo de m manera en ocasiones excesivas al generalizar el asunto de la pederastía. No obstante, se trata de un relato original, atrevido y exotista sobre todo por la casi total ausencia de cine balcánico en nuestras pantallas.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

27 de septiembre de 2016

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