REQUIEM POR UN IMPERIO (Taking Sides/ Le cas Furtwängler/ Der Fall Furtwängler, Gran Bretaña-Francia-Alemania, 2001)

Dirección. István Szabo/ Guión. Ronald Harwood, inspirado en su propia obra de teatro/ Fotografía en color. Lajos Koltai/ Música: Beethoven, Schubert, Bruckner/ Edición: Sylvie Landra/ Dirección de arte: Anja Müller/ Diseño de Producción. Ken Adams/ Vestuario. Györgyi Szakács/ Producción. Jeremy Isaacs, Maureen McCabe, Rainer Mockert, Yves Pasquier, David Rogers, Jacques Rousseau, Rainer Schaper/ Con: Stellan Skarsgård (Willhelm Furtwängler), Harvey Keitel (Mayor Steve Arnold), Moritz Bleibtreu (Teniente David Wills), Birgit Minichmayr (Emmi Straube), Ulrich Tukur (Helmut Alfred Rode, Violinista segundo), Oleg Tabakov (Coronel Dymshitz), Hanns Zischler (Rudolf Otto Werner, oboísta), Armin Rohde (Schlee, timbalero), R. Lee Ermey (General Wallace), August Zirner (Capitán Ed Martin)/ Duración. 108 mins.

SINOPSIS

La trama se ambienta en Berlín, Alemania, al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Ahí es enviado el Mayor del ejército estadounidense, Steve Arnold, para interrogar a los integrantes de la Orquesta Filarmónica de esa ciudad y a su director, Wilhelm Furtwängler, para demostrar su colaboración con el régimen nazi. Furtwängler defiende su posición neutral dentro de ese ambiente de paranoia en el que decidió seguir trabajando. El afamado director de orquesta, no sólo cuenta con el apoyo de sus músicos, sino de los colaboradores contratados al servicio de Arnold: el Teniente David Wills y la secretaria Emmi Straube, ante la necedad y los excesos del Mayor estadunidense.

Wilhelm Furtwängler (1886-1954), es reconocido ampliamente como uno de los grandes directores de orquesta del siglo XX. Tan notables sus interpretaciones sobre obras de Beethoven y Wagner dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Berlín o de Viena, como su decisión de permanecer en su natal Alemania luego del ascenso de Hitler al poder, en el momento en que otros artistas y músicos alemanes elegían el exilio. Precisamente, esa determinación lo convirtió en blanco de sospechas de complicidad con el régimen Nazi, lo que le llevó a ser interrogado e investigado, consiguiendo un ambiente de hostilidad y rechazo a su alrededor a pesar de haber conseguido la exoneración de las acusaciones en su contra.

 

Réquiem por un imperio obtuvo el premio a Mejor Director, Actor (Stellan Skarsgård) y Fotografía en el Festival de Mar del Plata. El director István Szabó ganó el Premio de la crítica en Hungría, su país natal.

 

 

Este episodio verídico e intrigante, es justo la base argumental de Réquiem por un imperio, a partir del montaje teatral del reconocido dramaturgo y guionista Ronald Harwood (El vestidor, El pianista, El llanto de la mariposa), con la que el realizador István Szabó, continúa explorando varios de los temas por excelencia de su filmografía: la tentación y la ética del poder y el estudio fatalista de la Historia europea del siglo XX a través de la historia cotidiana de personajes fuera de serie. De hecho, lo primero que llama la atención es la total austeridad de la película en una cinta cercana al telefilme: un puñado apenas de personajes y locaciones, ausencia de flashbacks explicativos y un mínimo de decorados en contraste con las fastuosas producciones del responsable de Mefisto (1981) y El amanecer de un siglo (1999).

El relato se ambienta en Berlín, al término de la Segunda Guerra Mundial, lugar donde reina el caos y la destrucción –es particularmente ilustrativa la secuencia del concierto bajo la lluvia-. Hasta ahí, llega el Mayor del ejército estadunidense, Steve Arnold (Harvey Keitel eficaz), cuya misión es interrogar a los integrantes de la Filarmónica y al propio Furtwängler para demostrar su colaboración con el Tercer Reich, mientras éste y sus propios músicos insisten en su inocencia y en su posición neutra dentro de un escenario de pánico donde Goebbels y Goering se disputaban los asuntos de propaganda y política cultural.

Szabó (1938) el cineasta húngaro más reconocido dentro y fuera de su patria, autor de filmes excepcionales como Confianza (1979), Dulce Emma (1992), o esa obra cumbre sobre el ascenso del nazismo, Mefisto, ha mostrado siempre su fascinación por la tentación del poder al igual que sus ambiguos y complejos personajes, torturados por su sexualidad, su vanidad y/o su condición de clase, así como su inconsciente despolitización, en un mundo sacudido por los cambios sociales y económicos en una sociedad presa de angustia e inestabilidad. Furtwängler es sin duda otro personaje típico de la galería de Szabó, protagonizado por el siempre eficaz Stellan Skarsgärd (Rompiendo las olas, Ronin, Ninfomanía), cuya indecisión política le lleva a las alturas y a la desgracia por partes iguales.

Sin la grandilocuencia de anteriores trabajos, Szabó apenas ofrece unas cuantas pinceladas para mostrar la relación entre el individuo ajeno a la realidad político social y su condición de servidumbre hacia los hilos ocultos que detentan el poder. Así, Furtwängler, al igual que el arrogante actor en desgracia, Mefisto, el soldado Redl de Coronel Redl (1985), o el ilusionista Hanussen (1988),terminará convirtiéndose en chivo expiatorio. No obstante, éste relato, es sobre todo un estudio irónico sobre la conciencia moral representada en ese ignorante e impertinente soldado estadunidense que encarna Keitel: “Tenemos un deber moral…Tratamos con degenerados”, comenta, mientras lleva a cabo su humillante interrogatorio y se aferra a esas películas propagandísticas de su país tan intolerantes, enfermizas y fascistas como los delirantes imágenes Nazis.

 

“Las fetichistas de grabaciones históricas de sinfonías de Mozart, Beethoven, Brahms, Brückner y óperas de Wagner conocen bien al director de orquesta Wilhelm Furtwängler. Forma parte de toda una liga de grandes batutas alemanas de los primeros decenios del siglo XX. Bruno Walter, Heinz Tietjen, Fritz Busch, Hans Knappertsbusch, Karl Muck… Furtwängler llegó a ser el gran director musical, el favorito de la Alemania de los años 30. Y, más en particular, el favorito de Hitler (sería el lado morboso de presentarle).

Berlinés, hijo de un famoso arqueólogo, llegó a la cúspide de su fama ya en 1922, con sólo 36 años, cuando asumió la dirección de la Filarmónica de Berlín, sustituyendo a Arthur Nikisch. Acantilado acaba de publicar ‘Conversaciones sobre música’, compendio de entrevistas que le hizo el crítico Walter Abendroth, en 1937. El libro es una muestra de profundidad y espontaneidad de una figura de altísimo nivel. Una ventana a un mundo cultural perdido e incomparable.

El compositor y director Cristóbal Halffter explica a ELMUNDO.es: “El comienzo de una obra de Furtwängler era ya un acontecimiento. Había tensión entre orquesta y público antes de que sonara la primera nota”. Por su parte, el crítico de EL MUNDO y compositor Tomás Marco lo señala como el gran referente del “estilo clásico germánico. Crea toda una sistemática de la técnica de dirigir las grandes obras clásicas austro-alemanas. Un estilo de gran densidad, menos brillante que profundo. Lo opuesto a Toscanini, que era más brillante pero más superficial” . http://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/13/cultura/1315927231.html

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

13 de agosto de 2015

 

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