LOS MUCHACHOS NO LLORAN (Boys Don’t Cry, Estados Unidos, 1999)

Dirección. Kimberly Peirce/ Guión. Kimberly Peirce y Andy Bienen/ Fotografía en color. Jim Denault/ Música: Nathan Larson/ Edición: Tracy Granger y Lee Percy/ Dirección de arte: Shawn Carroll/ Diseño de Producción. Michael Shaw/ Vestuario. Victoria Farrell/ Producción. John Hart, Caroline Kaplan, Eva Kolodner, Jeff Sharp, Morton Swinsky, Christine Vachon/ Con: Hilary Swank (Brandon Teena/ Teena Brandon), Chloe Sevigny (Lana Tisdel), Peter Sarsgaard (John Lotter), Brendan Sexton III (Tom Nissen), Alicia Goranson (Candace), Alison Folland (Kate), Jeannetta Arnette (madre de Lana), Rob Campbell (Brian), Matt McGrath (Lonny), Cheyenne Rushing (Nicole)/ Duración. 114 mins.

SINOPSIS

Brandon Teena es el muchacho nuevo y popular de una pequeña población rural de Nebraska. Él sale con sus amigos, bebe, dice leperadas y hace toda clase de desmanes viriles. A su vez, atrae a las muchachas del pueblo, entre ellas, la guapa y también popular Lana Tisdel, ex novia de su amigo John Lotter, quien de inmediato se enamora de él ya que nunca ha conocido a un muchacho tan sensible y considerado. El problema y el secreto que oculta Brandon Teena es que en realidad nació como mujer, llamada Teena Brandon. Cuando sus mejores amigos lo descubren, su vida se transformará en un infierno. El filme recrea el caso de Teena Brandon, una joven que deseaba convertirse en hombre. Es decir: un muchacho atrapado en el cuerpo de una mujer. Un marginado que se vestía y comportaba como varón y que hizo todo lo posible por adaptarse socialmente pero que la moralidad chata y la mentalidad machista de Falls City, pueblo de Nebraska, donde vivía, destruyó sus sueños. El relato evita el tono morboso y sensacionalista, su tono casi documental para describir las situaciones le otorgan mucha veracidad a una trama terrible que culmina con la violación y asesinato de Teena Brandon el 31 de diciembre de 1993 por sus amigos John Lotter y Marvin Nissen cuando descubren sus genitales femeninos.

 

 

Los muchachos no lloran filme independiente de bajo presupuesto, no sólo se convirtió en una de las obras más polémicas y censuradas, sino que se trastocó en un fenómeno de taquilla que obtuvo más de cincuenta galardones, entre ellos: el Oscar y el Globo de Oro a Mejor Actriz para Hilary Swank. Premio para Mejor Actriz y Mejor Actriz de reparto para Chloe Sevigny en los Independent Spirit Awards. El Premio Fipresci para la realizadora Kimberly Peirce en el Festival de Cine de Londres.

 

 

Es cierto que la década de los noventa consiguió llevar a la pantalla una suerte de revolución liberadora en términos sexuales. Travestismo, androginia, pasiones homosexuales llevadas a extremos. La ambigüedad de las relaciones sexuales, el erotismo como sinónimo de moda y los personajes varones entregados a todo tipo de sufrimientos fueron los temas de mayor coincidencia como lo demostraron: Orlando, Papá por siempre, Adiós a mi concubina, Priscilla, la reina del desierto, Reinas o Reyes, M. Butterfly y otras más, donde el común denominador fue el travestismo y su recorrido por terrenos de la ilusión: el aparentar ser algo distinto y a la vez, convertir ese espejismo en algo real. No obstante, el tema sigue siendo inagotable con ejemplos contundentes como los de la brasileña Madam Satá sobre un convicto de la justicia y notable travesti en los años 30-40, Mulan, Vestida para matar, El show de terror de Rocky, El silencio de los inocentes y más atrás, como es el caso de Psicosis. Un tema que ha mezclado burla, asombro y reflexión en filmes antológicos que abrieron y continúan ampliando la discusión de un fenómeno intrigante, como sucedió con esa pequeña joya de Los muchachos no lloran, filme que pertenece a ese puñado de cintas que no sólo fueron capaces de superar su condición de instantánea película de culto, sino que consiguió construir mitologías a su alrededor a partir de hechos verídicos.

 

 

La historia real proclive a toda clase de excesos y sensacionalismos: la de una veinteañera, vagabunda y delincuente menor, Teena Brandon, que decide transformarse en hombre simplemente para dar cauce a sus impulsos biológicos. La manera en que entabla amistad con los hombres de un pueblo, siguiendo sus rituales masculinos y la forma en que seduce a las jovencitas de ese lugar con su galanura y su entusiasmo, fue convertida en un estudio minimalista sobre la intolerancia y la violencia innata de la América profunda.

El hecho real ocurrido en diciembre de 1993: la brutal violación y el posterior asesinato de Brandon Teena por parte de sus propios amigos, John Lotter y Marvin Nissen -quienes semanas antes celebraban su machismo-, al ser descubierta su verdadera identidad y su relación amorosa con Lana Tisdel, hermosa jovencita del lugar y ex novia de John, dio pie a varios alegatos feministas y de grupos de orgullo homosexual. Y a su vez, fue material para el notable documental, The Brandon Teena Story (1997) de Susan Muska y Greta Olafsdottir que reconstruía a partir de testimonios, la vida de Teena y su posterior cambio de identidad para dejar muy claro la homofobia y la brutalidad conservadora.

Kimberly Peirce joven estudiante de cine, obsesionada con un caso que convirtió en ícono de la intolerancia gay a su protagonista, realizo un primer acercamiento al tema con su cortometraje de graduación Boys Don’Cry en la Universidad de Columbia hacia 1995. Cuatro años después consiguió desarrollar Los muchachos no lloran con el extraordinario apoyo de Hillary Swank como Brandon y un guión co escrito con Andy Bienen que incluía centenas de entrevistas y recorridos por los lugares reales donde sucedieron los hechos -y dos asesinatos más; el de un muchacho negro y una amiga de Brandon-, para dar forma a este fascinante retrato de una “crisis de identidad sexual” a partir de la típica premisa del forastero que transforma por completo la vida de un pueblo perdido en el mapa como sucedía en Picnic (1955) con William Holden en su vertiente más machista.

No resulta casual la elección de Chloé Sevigny en el papel de Lana, actriz fetiche en la breve pero singular filmografía del joven Harmony Korine desde su debut como guionista en Kids de Larry Clark y en la realización con Gummo, relatos concebidos a partir de un estilo hiperrealista y sucio en apariencia como una suerte de falso documental. Visiones alejadas de todo glamour sobre la marginalidad, la ignorancia, el machismo, la homofobia y el racismo, así como la paranoia a lo diferente y a todo aquello que se opone a los códigos de normalidad en regiones perdidas y pueblos aburridos como ocurre en Gummo.

Más allá del conmovedor y a su vez entusiasta relato de aventuras de una joven que no era lesbiana, ni jugaba con los roles sexuales como un Ed Wood, sino que se trataba de un hombre enganchado en un cuerpo de mujer, Los muchachos no lloran describe con exactitud los ritos masculinos de esas localidades impasibles que ocultan en su interior explosiones de brutalidad e intolerancia mayúsculas. Las peleas de cantina, los chistes homofóbicos, el montar defensas de pick ups no son simples juegos, sino una manera de cubrir la violencia y el odio localizables no tanto en las insólitas poblaciones de David Lynch o el sur profundo de Masacre en cadena, sino en los programas tabloides como Misterios sin resolver que mostraban con veracidad el horror de esas comunidades apacibles sólo en apariencia, donde “los mentirosos la pagan”.

Peirce y Swank tienen una gran capacidad para crear escenas divertidas y crudas con personajes marginales enfermos de soledad y abandono como reflejo irónico de una humanidad enajenada e insensible por encima de la sociología y la denuncia radical. A su vez, retratan sin efectismos la violencia explosiva y la violación como triunfo machista con tintes homosexuales. El final es estrujante y anómalo como la sociedad enferma que el filme describe y que evoca con cielos extraños y torres de electricidad los sueños y la poesía cotidiana de un personaje común que vivió con emoción y sin miedo sus ideales, como lo muestra esta inquietante y atípica historia de amor.

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de julio de 2015

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