LA CULPA LA TIENE VOLTAIRE (La faute à Voltaire, Francia, 2000)

Dirección y Guión. Abdellatif Kechiche/ Fotografía en color. Dominique Brenguier y Marie-Emmanuelle Spencer/ Música. Georges Brassens, Dahmane El Harrachi / Edición. Anick Bali, Tina Baz, Amina Mazani/ Diseño de Producción. Quentin Prévost/ Dirección de Arte. Benjamin Lavarone y Laurent Legall/ Vestuario. Catherine d’Halluin/ Producción. Jean-Francois Lepetit/ Con. Sami Bouajila (Jallel Brahimi), Élodie Bouchez (Lucie), Bruno Lochet (Frank), Aure Atika (Nassera Younez), Olivier Loustau (Antonio), Virginie Darmon (Leila), Mustapha Adouani (Mostfa), Sami Zitouni (Nono), Carole Frank (Barbara), Jean-Michel Fete (Philippe)/ Duración. 130 mins.

SINOPSIS

Jallel Brahimi es un tunecino de 27 años, que se encuentra retenido en una comisaria en el centro de París, a donde llega como inmigrante clandestino. Se hace pasar por argelino que ha huido de su país por problemas políticos y logra conseguir una visa y un pasaporte. Es así como comienza su aventura como inmigrante vagabundo por la gran ciudad. Jallel aspira a la residencia francesa y sus esperanzas reposan en una mentira -decir que es argelino- y en el lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, del que tanto se vanaglorian en la tierra de Voltaire. Sin embargo, sólo obtiene una residencia temporal de tres meses y un trabajo informal como vendedor ambulante de fruta en el Metro de París. Su última esperanza, que le costará 30 mil francos, es el matrimonio “arreglado” con Nassera Younez, una guapa aunque recelosa madre soltera de un pequeño de tres años, Kevin, de ciudadanía francesa y origen tunecino, que trabaja en un bar árabe Alhambra y que le enseña, que en las calles parisinas, “La dicha no es más que un sueño, y el dolor, la realidad”, parafraseando al filósofo de la ilustración francesa. Para más complicación, conoce a Lucie, joven desaliñada y ninfómana drogadicta, con un muy ligero retraso mental, sedienta de afecto como Jallel, con quien recita versos del poeta Pierre de Ronsard para mejorar la venta de flores en el Metro, y con la que aprenderá que la vida en Francia para un inmigrante ilegal no tiene mucho que ver con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que proclama Voltaire, es por ello que Jallel, luego de la boda frustrada, abatido por la depresión, termina recluido en una sala de urgencias para casos mentales en un hospital siquiátrico de beneficencia pública. Todos los episodios de este retrato naturalista de adaptación y conexión entre el inmigrante recién llegado y su nuevo país de residencia se suscitan a través de sus relaciones personales, con el grupo de amigos donde habita en una pensión para inmigrantes, con las mujeres que se cruzan en su camino y con los nuevos compañeros que hace en la clínica de rehabilitación. El proceso de integración es complicado, repleto de vericuetos y sin embargo esperanzador aunque agridulce, como ocurre con cualquier relación amorosa donde las diferencias y los encuentros hacen el día a día.

 

 

La culpa la tiene Voltaire, notable y sensible filme que denuncia el estilo de vida de la población magrebí en Francia y que bien podría extenderse a otros países europeos, ya que la pobreza acepta a todo el mundo por igual, sin distinción de raza, sexo o religión, obtuvo en el Festival de Cine de Venecia el Premio de la Paz y el galardón Luigi de Laurentiis para su director Abdellatif Kechiche. Y a su vez, el León de Oro al mejor debut.

 

 

Nacido en 1960, Kechiche, actor, director de cine y guionista, llegó a Niza, Francia, procedente de Túnez con tan sólo seis años de edad. Estudió drama en el Conservatorio de Antibes. Trabajó como actor y también como Director de escena. Más tarde logró debutar como actor en la pantalla grande, cuando le ofrecen el papel principal en Té a la menta (Abdelkrim Bahloul, 1984), donde interpretaba a un inmigrante argelino. Después de trabajar bajo las órdenes de André Techiné en Los inocentes (1987) y con Nouri Bouzid en Bezness (1992), decide saltar a la realización. Fue un proceso largo y finalmente consigue llevar a cabo su ópera prima como director con La culpa la tiene Voltaire, a la que seguiría: La esquiva/ La escurridiza (2003), que obtuvo los premios César a la Mejor Película y Mejor Director. En el 2007 dirige La Graine et le Mulet con la que gana el Gran Premio Especial del Jurado en Venecia y de nuevo el César a Mejor Director y Película.

Después, La Venus negra (2010), impactante relato inspirado en la vida real de Saartjie Baartman, una mujer sudafricana exhibida como fenómeno de circo o bestia semi humana a principios del siglo XIX en la Academia Real de Medicina de París (1817). “No he visto nunca una cabeza humana tan parecida a la de un simio”, dijo el anatomista Georges Cuvier frente al cuerpo sin vida de Saartjie Baartman. No obstante, en 2013, Abdellatif Kechiche obtendría el reconocimiento mundial al triunfar en el Festival de Cannes con la Palma de Oro, el Premio Fipresci y el reconocimiento absoluto de la crítica, con La Vida de Adèle (Capítulos 1 y 2) (Blue is the warmest colour), centrado en una jovencita de 15 años, Adèle (Adèle Exarchopoulos) y sus dudas sobre su sexualidad, hasta que conoce y se enamora apasionadamente de Emma (Léa Seydoux), una joven dominante y artista plástica con el pelo azul, que le abre el camino a otras experiencias de madurez, aunque tendrá que atravesar por los prejuicios sociales y familiares, inspirada en la novela gráfica Blue de Julie Maroh, que por cierto, provocó muchos conflictos entre Kechiche y el reparto, técnicos incluso, que se quejaban de sus excesos al repetir escenas por varias horas hasta que el realizador quedara conforme.

 

La culpa la tiene Voltaire es sin duda uno de los más afortunados debuts cinematográficos que muestran ya a un realizador en vías de grandes logros y cuya historia se conectaba con otras películas de temáticas similares- Así, en

1974, el malogrado y brillante cineasta alemán Rainer Werener Fasbinder sorprendió al público y a la crítica con una obra polémica, Todos los demás se llaman Alí, que retrataba una historia de amor poco convencional: la relación entre un trabajador marroquí y una madura viuda alemana, y el rechazo emprendido por la sociedad.

En 1990, en Las Cartas de Alou, el español Montxo Armendáriz retomaba el tema del amor interracial abordando el conflicto de los jóvenes africanos que ingresaban ilegalmente a España en busca de trabajo y justicia. La culpa la tiene Voiltaire, exhibida en uno de los primeros festivales de Cine Francés en Acapulco, recupera, al igual que las arriba citadas, la premisa que permea en sus relatos y una problemática común que se ha mantenido por décadas: la búsqueda de oportunidades para jóvenes del continente africano que se insertan en urbes insensibles como podían serlo Berlín, Madrid o París, lugar donde se sitúa la acción.

Como el personaje de Cándido, escrito por Volatire en 1759, Jallel es un joven ingenuo que deambula por el mundo enfrentando una realidad cruel, un tunecino en busca de la tierra prometida, en este caso Francia. Jallel se topa con el otro París, el de los marginados, el de los vendedores ambulantes y el de los excluidos, que sin embargo, le dan color a esa ciudad fetiche. En su camino, recorrerá albergues y asilos mentales donde reina la solidaridad y la búsqueda de la comprensión y el cariño, en contraste con ese otro universo racista e inclemente con el que convive a diario.

La culpa la tiene Voltaire es un relato de sobrevivencia que en algo se conecta con la polémica película mexicana El milusos (1981) de Roberto G. Rivera. Aquí, al igual que el estupendo personaje que encarna Héctor Suárez, el sensible actor franco-africano Sami Bouajila enfrentará vejaciones, subempleo, represión y persecuciones, en una película que va del drama a la tragicomedia a través de un tono melancólico y al mismo tiempo agradable. De hecho, Kechiche, consigue sacar partido del exotismo y la exuberancia de los barrios árabes, elemento que se extiende a la música y que aportan un colorido especial a una urbe cosmopolita como lo es París.

Asimismo, enfatiza en el drama cotidiano como en la muy bien armada secuencia de la boda en la que el protagonista acaba en una suerte de hospital siquiátrico, momento en el cual el filme da un viraje hacia una suerte de Atrapado sin salida (MIlso Forman, 1975). No es casual tampoco la aparición de Botuajila, protagonista de Bye Bye (1995) de Dridi Karim, un intenso relato filmado en una Marsella desconocida, centrado en la historia de un joven franco-tunecino y su hermano adolescente que se involucraba en asuntos de drogas, en ambientes sensuales y fatalistas para reflexionar sobre la violencia y la explosión multirracial cercana al cine de Martin Scorsese y Abel Ferrara y sin el tono moralista de Spike Lee.

La culpa la tiene Voltaire es una historia que habla sobre el París de la precariedad, la de un hombre dividido entre dos mundos opuestos, e incluso entre dos mujeres de esos mismos universos: una sensual muchacha árabe y una jovencita francesa con problemas mentales que se acuesta por cigarros.

Se trata de un emotivo drama que evita sentimentalismos innecesarios, para adentrarse en la Ciudad Luz como tierra de las oportunidades para inmigrantes ingenuos y esperanzados en un futuro mejor y que muestran a un realizador sensible y a un reparto soberbio que incluye a dos de los entonces rostros femeninos más atractivos de aquel nuevo cine francés de principios de milenio: Eloide Bouchez (Los juncos Salvajes, Louise Toma 2 y La vida Soñada de los ángeles) y Aure Atika (Bimboland).

Luego de una serie de secuencias que dejan entrever una conclusión relativamente optimista, Kechiche decide cerrar con un desenlace duro y sobrio para hablar de la imposibilidad del sueño: la realidad del inmigrante, en un espléndido pero devastador final.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

15 de febrero de 2015

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