LA PIANISTA (La pianiste/ Die Klavierspielerin, Francia-Austria-Alemania, 2001)

Dirección. Michael Haneke/ Guión. Michael Haneke, inspirado en la novela de Elfriede Jelinek escrita en 1983/ Fotografía en color. Christian Berger/ Música. Franz Schubert/ Edición. Nadine Muse y Monika Willi/ Diseño de Producción. Christoph Kanter/ Dirección de Arte. Hans Wagner/ Vestuario. Annette Beaufays/ Producción. Yvonee Crenn, Cristine Gozlan, Veit Heiduschka, Michael Katz/ Con. Isabelle Huppert (Erika Kohut), Annie Girardot (la madre), Benoit Magimel (Walter Klemmer), Susane Lothar (Sra. Schober), Udo Samel (Dr. George Blonskij), Ana Sigalevitch (Anna Schober), Cornelia Köndgen (Madame Gerda Blonskij), Thomas Weinhappel (barítono)/ Duración. 125 mins. Clasificación C

SINOPSIS

Erika Kohut es una profesora de piano, solterona de cuarenta y tantos años, que trabaja en un prestigioso conservatorio de Viena. Vive con su madre, una mujer amargada y dominante con quien mantiene una difícil y en ocasiones violenta relación de amor-odio. Una anciana que ha construido un hipotético futuro para su hija como gran concertista de piano y cuya principal ocupación es la bebida y sus largos ratos de soledad y ocio frente a un televisor. Por su parte, Erika, detrás de su aspecto conservador y disciplinado y para aliviar la frustración causada por el excesivo control emocional que ejerce su madre, oculta extraños comportamientos sexuales de tendencia masoquista: visitas a cabinas de sex-shops, voyeurismo en auto-cinemas, pornografía. Todo ello cambia, o se agudiza con la presencia de Walter Klemmer, un apuesto e impulsivo joven y talentoso pianista autodidacta, que al escucharla tocar en un concierto privado, no sólo le proclama su admiración, sino que se propone conquistarla y obtener su pasión, para ello se inscribe en su clase y la asedia. Cuando Walter se percata de un hecho terrible provocado por Erika contra una alumna, aprovecha para seducirla. A partir de ese momento, ambos iniciarán un enfermizo y violento juego de atracción, amor, rechazo y sexo extremo, que los llevará a un angustioso, agresivo, sádico y tórrido amorío entre alumno y maestra.

 

 

La pianista obtuvo en el Festival de Cannes varios premios trascendentales: Mejor Actriz y Mejor Actor para Isabelle Huppert y Benoit Magimel y el Premio Especial del Jurado para su realizador Michael Haneke. La veterana Annie Girardot se llevó el César a Mejor Actriz Secundaria en los premios que otorga la Academia de Cine en Francia. A su vez, Haneke y Huppert obtuvieron los trofeos respectivos en lo Mejor del Cine Europeo y Michael Haneke ganó el Premio a Mejor Director otorgado por la Academia alemana de cine, entre muchas otras estatuillas más obtenidas en diversos festivales alrededor del mundo.

 

 

 

-Elfriede Jelinek (Austria, 1946) en literatura y usted en cine han explorado las facetas más oscuras y veces monstruosas de la naturaleza humana. ¿Es una coincidencia o una conexión creativa?

 

-En principio, se trata más bien de una coincidencia y un cliché para utilizar a la hora de etiquetar. Elfriede y yo compartimos quizá personalidades no muy ligeras, una visión crítica de la sociedad austríaca y también el hecho de que incluso las posibles virtudes de esa comunidad las vemos desde parámetros asfixiantes, lo cual nos lleva a observarlas desde similares perspectivas negativas.

 

-La protagonista de La pianista es Erika Kohut, profesora en el Conservatorio de Viena y también particular, esclavizada por su madre y la música a las que ha sacrificado su vida, tanto la personal y sentimental como sexual.

 

-Hay dos tiranos: la madre castradora y la música social. Esta segunda hace que se establezca entre las profesoras de piano y la alta cultura una relación de dependencia humillante que en términos hegelianos se describiría como “de dueño y esclavo”. La alta cultura musical sería el dueño y señor y las profesoras de piano, sus esclavas. Como tales, carecen de cualquier derecho de energía creativa y por supuesto, del derecho a una vida privada. Esto último está llevado al extremo en la película. –Entrevista a Michael Haneke. El cultural, España-

 

 

Sexo y brutalidad, son algunos de los temas que el cine europeo ha retratado a partir del nuevo milenio y por ello a nuestras pantallas han llegado películas insólitas, que a fines de los noventa parecían imposible de concebirlas en nuestros cines, abordando la experiencia de los límites entre sexualidad y violencia y esa fina línea que separa erotismo sutil y pornografía extrema. Es el caso de títulos como: Romance (Catherine Breillat, 1999), Viólame (Virginie Despentes y Coralle, 2000), Irreversible (Gaspar Noé, 2002), El despertar del miedo (Alexandre Ajá, 2003). Con éstas, La pianista del brillante y siempre polémico cineasta austriaco Michael Haneke, recupera algunos de estos temas pero lo hace desde un ángulo muy inquietante para hablar de la represión sexual y sus consecuencias límite en una madura, austera y al mismo tiempo sensible profesora de piano interpretada magistralmente por Isabell Huppert, (Les valseuses, Un asunto de mujeres, La ceremonia, Malina –adaptación a cargo de la propia Jelinek-), que entabla una relación sadomasoquista con un talentoso alumno suyo, mientras recorre locales de sex shops para consumir pornografía dura.

 

Si El video de Benny (1992) era una de las obras más insólitas y crudas sobre la psicopatía y la cultura de la brutalidad, no fue sino hasta el surgimiento de Funny games/Juegos divertidos (1997) que Haneke consiguió llamar la atención con una obra anómala, cuya constante obsesión es justamente la crítica de la violencia en países de primer mundo en apariencia. Más allá de especular con la brutalidad como fenómeno-espectáculo, Haneke intenta distanciarse de manera radical consiguiendo relatos de un realismo en verdad aterrador rodeados de un entorno sociópata: una sociedad protegida por una cultura del placer y el consumismo.

Si Juegos divertidos arrancaba en una apacible zona residencial a las orillas de un hermoso lago donde habitan familias acomodadas aisladas del mundo, en La pianista, el escenario es la capital europea de la alta cultura como es Viena, sus salones de concierto y en paralelo, sus pequeños locales de sexo donde se consumen imágenes escabrosas y gráficas de sexualidad explícita y se alimenta las fantasías con objetos de sadomasoquismo para mentes enfermas como Erika Kohut, una exigente y severa profesora de piano, cuya pasión por ese instrumento y erudita frialdad sintetizan esa dualidad que le llevan a extraer su lado más oscuro y vulnerable al mismo tiempo.

En esta ocasión, la premisa de Haneke no es la representación de la violencia audiovisual, sino un relato que se adentra en la tormentosa y autodestructiva sexualidad de esa madura profesora de piano especialista en Schubert que mantiene una relación masoquista emocional con su anciana y castradora madre (una notable Annie Girardot), que es capaz de rasgar sus vestidos nuevos o controlar su horario, incluso de dormir con su hija en la misma cama, así como una relación obsesiva y enfermiza con un exaltado y lúcido estudiante de piano, que se trastorna al escucharla tocar y que de a poco inicia una escalada de sexualidad reprimida y violenta como sucede en la brutal escena de los baños, donde ella lo masturba y le obliga a quedarse quieto y luego le hace una felación en una escena de dominación que tiene como contraparte la secuencia en la recámara de Erika donde ella le propone que la esclavice: “Siempre lo he deseado. Lo esperé por mucho tiempo”.

La pianista pareciera ser la descripción de un caso clínico, el de una sexualidad reprimida que estalla de forma violenta comparable con las fantasías criminales del Dr. Jekyll y su doble Mr. Hyde, o la imaginería erótico-perversa que Ken Russell describe en Los demonios (1971), inspirada en los hechos verídicos que dieron pie a la novela ensayo de Aldous Huxley, Los demonios de Loudun ¿posesión satánica o furioso acto de sexualidad reprimida? Ejemplos sobran: la manera en que olfatea los kleenex sucios en la cabina de la sex shops, la forma en que humilla a su alumno o coloca los vidrios en el abrigo de su joven alumna para vengarse, o la relación de amo-esclavo y viceversa con Walter.

 

En el filme de Haneke, las fantasías sexuales de la protagonista no tienen nada de onírico, sino que son directas y dolientes (de ahí la automutilación de su clítoris, su lista de pedimentos eróticos basados en la sumisión, su manera de consumir pornografía, o su maldad con la alumna jovencita que le ha sonreído a su joven amante). Sin duda, la obra de este singular cineasta austriaco provoca escozor y una sensación de malestar, lo curioso es que sus imágenes frías, distantes en ocasione y en otras perturbadoramente cercanas, no se adhieren a conceptos de visceralidad, sino a planteamientos teórico-cerebrales y se vale para ello de un alejamiento casi brechtiano incluso fársico-sádico, con el que consigue un terrible tono de humor negro. Por su parte, Isabelle Huppert confirma su excepcional trabajo en una curiosa representación de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), en la que se trastoca en una suerte de aquel Norman Bates encarnado por Anthony Perkins, que convive sádicamente con su madre en ese infernal ático en que se ha trastocado su reprimida mente.

 

 

-Erika Kohut comparece como prisionera de sus perversiones sexuales, pero también la vemos sufrir…¿Es una enferma o una neurótica?

 

-Erika es una víctima de la agobiante cultura musical vienesa, pero no era ahí donde quería poner el acento… Cuando la novela se publicó, acusaron a la autora de haber escrito una novela pornográfica. Y no lo es en absoluto, es todo lo contrario. Erika ha renunciado a su libido por una carrera en la música, por eso ha llegado a vivir su sexualidad de una forma patológica como una voyeur en las salas de cine pornográfico y en los peep shows. Y en el dolor de la automutilación. A tal punto llega su separación de la vida real y en el deseo sexual. Esto la hace también una mujer distinta, porque el derecho de mirar es exclusivamente masculino.

 

-En la secuencia final y antes del concierto, Erika abandona el edificio tras infligirse una herida-

 

-Cada cual debe crear su final a través de lo mostrado en esa última secuencia. Cuando un espectador acude al cine en estos días, se le ofrece una serie de cierres y explicaciones que le devuelven el confort tras lo visto y sentido. Yo me niego a ello… Las infinitas reproducciones que se ofrecen de lo mismo le ha hecho perder su esencia: la posibilidad de vivir una catarsis. Quiero que cada uno intérprete el final por sí mismo… No quiero dar respuestas, sólo plantear preguntas… -Entrevista a Michael Haneke. El cultural, España-

 

 

Sin duda, la capacidad repulsiva y fascinante de la historia, no sólo reside en el carácter enfermizo de la relación apasionada entre la profesora y su pupilo, sino en la manera en que el cineasta, responsable de obras como: La cinta blanca (2009), o Amor (2012), se interna en esos elementos enfermizos de poder y degradación entre los personajes y las instituciones: La alta cultura y sus profesores. Madre e hija. Maestra y alumno, sin perder la capacidad de transmitir un halo de sensibilidad en un ambiente sórdido y brutal.

Ahora bien: ¿La supuesta enfermedad síquica, sexual y emocional de la protagonista, radica en su co dependencia con la institución castrante donde trabaja, en la falta de cariño por parte de su madre controladora, o por la sensación de que ha dejado ir su juventud y su propia sexualidad en aras de un sueño que no llegará a nada? La pianista es sin duda una obra maestra, intensa, catártica y profunda, el retrato de una neurosis y de una represión terrible y anómala.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

14 de enero 2015

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s