DE TAL PADRE, TAL HIJO (Soshite chichi ni Naru/ Like Father, Like Son, Japón, 2013)

Dirección. Hirokazu Kore-Eda/ Guión. Hirokazu Kore-Eda/ Fotografía en color. Mikiya Takimoto / Música. Takeshi Matsubara, Junichi Matsumoto y Takashi Mori/ Edición. Hirokazu Kore-Eda/ Dirección de Arte. Keiko Mitsumatsu/ Diseño de Producción. Keiko Mitsumatsu/ Con. Masaharu Fukuyama (Arquitecto Ryota Nonomiya), Machiko Ono (Midori, su mujer), Keita Ninomiya (Keita, el hijo), Riri Furanki (Yudai Saiki), Yoko Maki (Yukari Saiki, su mujer), Shogen Hwang (Ryusei Saiki, el hijo mayor), Jun Fubuki (Nobuco Nonomiya, madre de Midori), Kirin Kiki (Riko Ishizeki), Jun Kunimura (Kazushi Kamiyama)/ Duración. 120 mins.

SINOPSIS

Ryota Nonomiya es un arquitecto treintañero, obsesionado con el trabajo que vive cómoda y tranquilamente en un departamento de lujo en Tokio al lado de su mujer Midori y su hijo Keita de seis años. Sin embargo, todo ese pequeño universo se transforma, cuando la pareja recibe una llamada del hospital donde nació su hijo, en donde se les comunica que seis años atrás hubo un terrible error y les entregaron a un niño equivocado y que otro matrimonio tiene a su hijo biológico.

Ambas familias se ven perjudicadas por el descuido del hospital al intercambiar a sus niños. Más complicado aún que las familias son muy opuestas: por un lado están los Nonomiya, de clase alta, encabezada por un hombre que se exige mucho a sí mismo para triunfar profesionalmente y mantener un estilo de vida muy elevada y ofrecer así un mayor sustento a su mujer y su hijo, al que trata con cariño pero de forma estricta con el fin de que en un futuro siga sus pasos. Todo lo opuesto a los Saiki, una familia humilde de clase media con una casa pequeña cuyo padre, Yudai, es propietario de un modesto establecimiento de aparatos electrónicos, que dedica gran parte de su tiempo en ofrecer a sus tres hijos el amor y el afecto que necesitan.

Tanto los Nonomiya como los Saiki aceptan conocerse y decidir qué es lo mejor para ambas familias y para sus hijos. Por una parte, intercambiar los niños con sus familiares reales para que éstos convivan con sus padres biológicos, pese a la complicada adaptación que ello supone para los pequeños Keita y Ryusei. O, dejar las cosas tal como están aunque no se traten de sus hijos de nacimiento, con breves estancias de los hijos con sus padres: una decisión en extremo difícil para los dos clanes.

Ryusei tiene varios rasgos genéticos de su padre Ryota: es alto y de enorme inteligencia, sin embargo, éste, al ser tan metódico y severo, poco imaginativo, apenas puede ganarse el afecto de ese niño que ha crecido en un hogar de comerciantes sencillos y felices, capaces de apreciar y transmitir el goce de las simpleza de la vida y que de inmediato obtienen el afecto de Keita, un niño sensible y cariñoso. Todos, pero en particular Keita y Ryota aprenderán al gfinal una lección de amor sobre los lazos familiares.

 

 

De tal padre, tal hijo obtuvo en el Festival de Cannes el Premio Especial del Jurado. Asimismo, se llevó el Premio del Público en el Festival de San Sebastián, España y en el de Sao Paulo, Brasil. En el Festival de Yokohama, Japón, ganó el Premio a Mejor Guión, Mejor Actor y Actor Secundario. Fue merecedora a su vez de los principales premios de la Academia de Cine de Japón: Mejor Película, Director, Guión, Actor y Actriz Principal y Secundario. Y en el Festival Asia-Pacífico obtuvo el Premio a la Mejor Película y Dirección.

 

 

Usted es uno de los directores orientales más conocidos y populares en occidente. ¿Puede que esto se deba a que el concepto de familia es una idea transnacional?

 

No, realmente no creo que sea eso. Elegí el tema de la familia porque es el que me interesa. Me pasó más bien lo contrario. Cuando hice Un día en familia (2008), me decían que había hecho un filme de una temática y un tratamiento de la sociedad japonesa demasiado localista, y que los occidentales no serían capaces de comprenderlo. Curiosamente, cuando vine a San Sebastián a exhibirla, me encontré con un señor cuyo nombre no recuerdo, pero que era definitivamente muy vasco, y recuerdo que me dijo: “¿Cómo sabías cómo era mi madre?” Entonces me di cuenta que las personas, en el fondo, deben ser parecidas en cualquier parte del mundo. Pero eso entonces no lo sabía. Pensaba que influiría más la brecha oriental que el lenguaje universal, aunque felizmente no ha sido así… -Portal electrónico Sensacine-

 

 

Reza un refrán cinematográfico: “Nunca hagas películas, con mascotas, ni con niños”. Hirokazu Kore-Eda, uno de los más sensibles y brillantes cineastas japoneses del nuevo milenio -junto con Shion Sono (Pez mortal, Himizu, Vamos a jugar al infierno) y el ya veterano Takeshi Kitano (Sonatina, Fuegos artificiales, Kid Return)-, parece romper una de estas reglas esenciales como lo muestra buena parte de su filmografía y en particular, De tal padre, tal hijo, en la que el realizador hace gala de una asombrosa intuición y sensibilidad.

En Nadie sabe (2004), por ejemplo, Kore-Eda narraba la historia de niño casi adolescente obligado a hacerse cargo de sus tres hermanitos de distintos padres al ser abandonados también por la madre, en un pequeño departamento. En Milagro (2011), dos hermanos separados por el divorcio de sus padres, esperan que el cruce de trenes entre las ciudades que los aíslan, provoque el prodigio de reconciliar a sus progenitores. Y en De tal padre, tal hijo, dos pequeños de seis años enfrentarán las crisis de sus respectivas familias: la consanguínea y la de crianza.

Pocos realizadores como Kore-Eda para extraer tanta naturalidad en sus niños protagonistas y su interacción con el universo de los adultos. No obstante, De tal padre, tal hijo es sobre todo, un estudio sobre la banalidad del éxito profesional ante el triunfo de la paternidad, en la figura de un exitoso y joven arquitecto que cohabita con su mujer y su único hijo Keita, un niño sensible y tímido al que le cuesta trabajo avanzar en sus lecciones de piano y en la fotografía, pasatiempo en el que su padre se empeña en cultivarle, en esa búsqueda de tener al hijo ideal.

Sin embargo, el director Kore-Eda coloca a sus personajes en un complejo dilema moral y personal, cuando Ryoata recibe una llamada del hospital donde nació su hijo para decirle que su bebé fue cambiado: el niño que crio no es el suyo, sino de otros padres y su hijo biológico ha crecido con una familia modesta y feliz con dos niños más. Cuando las parejas y los hijos se conocen entre sí, Ryoata, descubre que su verdadero hijo es alto como él, aprende muy rápido y es cuestionador y Keita pronto se acostumbra a ese otro mundo sencillo y sin presiones.

 

 

Steven Spielberg ha hecho público que está interesado en realizar un remake de su película.

En realidad el proyecto todavía no es oficial. Estamos en ello, tanteando el terreno, pero aún no es seguro. Lo que de momento sí vamos a hacer es llevar la mía a Estados Unidos, la versión original, pero es verdad que aún no se sabe quién dirigirá el remake, quién formará el casting, parte del equipo, cuál será mi papel en el proceso… -Portal electrónico Sensacine-

¿Cómo se le ocurrió el argumento de la película?

A veces cuento cosas que parten de mi experiencia personal. Ya lo hice en Un día en familia que tiene mucho que ver con la última etapa de vida de mi madre que murió unos meses antes de presentar la película. En De tal padre, tal hijo, me inspiré en mi hija de 6 años. La pregunta que planteo en la película es ¿cuándo un hombre se convierte realmente en un padre? Una mujer siempre está íntimamente ligada a su hijo desde el primer momento, pero el hombre tiene un proceso distinto.

Los dos padres que se presentan en la película son muy diferentes…

Esa era mi intención. Dar facilidad al espectador para meterse en uno de los dos personajes. Uno es un padre que dedica mucho tiempo a su hijo, más jovial y comunicativo, mientras que el otro es más hermético y vive absorbido por el trabajo. Creo que con esta película se hace cercana una experiencia que cada uno vive de una manera muy distinta.

En esta película hay una narrativa muy fluida compatible con una contemplación poética muy sencilla

Le agradezco que haga esta observación porque realmente he procurado esforzarme en que sin perder mi estilo personal la película mantenga un ritmo y un interés que no decaiga. Suceden muchas cosas pero intento que todas ellas ayuden a entender mejor a los personajes. –Portal electrónico Fila Siete-

 

Y es que, Kore-Eda, está más cerca de las crisis entre padres e hijos vistas en Historia de Tokio (1953) de Yasujiro Ozu, que de aquella azarosa relación afectiva entre un niño y un adulto de El verano de Kikujiro (1999) de Takeshi Kitano. El cineasta japonés sumerge al espectador en una fábula moral, tan feroz como emotiva en De tal padre, tal hijo, con la que incursiona en el tema de los afectos, la consanguineidad y la paternidad.

Todo ello, para mostrar la manera en que los lazos de amor y la educación en esos mismos pequeños han afectado sus vidas al convivir con la familia equivocada. Pero sobre todo, De tal padre, tal hijo, se interna con mucha intuición e inteligencia, en la manera que esa noticia provoca la devastación de los progenitores, en particular, uno de ellos. Y es que, la reacción de Ryota, hasta cierto punto cruel y gélida, tiene que ver con su propia educación. Su padre era y sigue siendo un hombre frío, sin sensibilidad, severo que abandonó a su esposa para volver a casarse y ese sentimiento de desapego lo ha transmitido a su vida cotidiana.

¿Qué es más importante: el padre biológico perfecto en apariencia. O el padre que sin ser consanguíneo ha otorgado todo su amor a un niño al que creía suyo? ¿Ambiente o herencia? Interrogantes como éstas se materializan en la historia central. Escenas como aquella de la primera reunión con los niños, aquella del restaurante donde Ryota prácticamente propone comprar a su hijo y quedarse con el otro, la secuencia del paseo dominical donde Yudai, el padre comerciante le comenta que “el tiempo es todo para los niños” y sobre todo, el descubrimiento que hace Ryota de su papel como padre en los últimos minutos, hacen de éste uno de los mejores filmes estrenados en México.

Alejado quizá de otros trabajos más innovadores como Muñeca de aire o Hana del propio Kore-Eda, De tal padre, tal hijo, es un inteligente y emocional relato sobre los vínculos familiares y el amor que une a padres e hijos, más allá de las absurdas expectativas de los padres respecto a sus vástagos. Una hermosa lección de sutileza.

 

 

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Martes 26 de agosto 2014

 

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