COPIA FIEL ( Roonevesht barabar asl ast, Francia-Italia-Bélgica-Irán, 2010)

Dirección. Abbas Kiarostami/ Guión. Abbas Kiarostami y Caroline Eliacheff/ Fotografía en color. Luca Bigazzi/ Música. Enrico Cannio/ Edición. Bahman Kiarostami / Dirección de Arte. Stefano Picciarelli/ Diseño de Producción. Giancarlo Basili y Ludovica Ferrario/ Vestuario. Sandra Berrebi/ Maquillaje. Fabienne Robineau/ Con. Juliette Binoche (Ella), William Shimell (James Miller), Jean-Claude Carriére (el hombre en la plaza), Agathe Natanson (la mujer en la plaza), Gianna Giachietti (dueña del café), Adrian Moore (el hijo), Angelo Barbagallo (el traductor), Andrea Laurenzi (el guía), Filippo Trojano (el novio), Manuela Balsimeli (la novia),/ Duración. 100 mins.

SINOPSIS

En, un pueblo de la Toscana italiana, el escritor y ensayista británico James Miller llega tarde a la presentación de su libro Copia fiel/Copia certificada, pese a que su hotel se encuentra en el mismo lugar donde se presenta su nuevo trabajo. Sin embargo, tiene la habilidad y el encanto para atrapar al escaso público que se encuentra en el improvisado auditorio, mientras habla del valor de la copia de obras de arte. Entre los asistentes, una atractiva mujer de mediana edad, acompañada de su hijo adolescente, lo escucha y observa con enorme atención, pero sale antes de que acabe la presentación y deja sus datos para que el autor la contacte y asista a su tienda de antigüedades. Él se presenta ahí y ella lo lleva a dar un paseo por Lucignano, un pueblo cercano, mientras hablan del arte y del valor de las copias, la vida de en pareja y los hijos.

En una trattoria, donde hacen una pausa luego de visitar un museo, se produce una extraña vuelta de tuerca narrativa. La dueña del lugar, una mujer madura “muy al tanto de las vulnerabilidades y flaquezas del corazón humano” -como apunta Carlos Bonfil en La Jornada-, confunde a la pareja con un matrimonio y sin pedirle opinión, le da a ella, varios consejos acerca de cómo sobrellevar los problemas y las dificultades de la vida de casados. Lejos de corregirla, siguen el juego y poco a poco escenifican con gran verosimilitud su crisis matrimonial y sus desencuentros amorosos, en una plaza, en la calle, en el pórtico de una casa, en la habitación de un hotel. Se trata de un extraño rompecabezas argumental entre la realidad y la ficción: dos desconocidos escenificando un drama, una pareja dejándose seducir poco a poco a través de un simulacro de la realidad? ¿O en verdad, estamos ante un matrimonio moderno con separaciones y altibajos, sorteando una de tantas crisis debido a los varios años de vida en común con las dificultades que ello conlleva?

 

Copia fiel compitió por la Palma de Oro en Cannes y ganó el Premio de la Crítica joven. Ahí, Juliette Binoche obtuvo el Premio a la Mejor Actriz (galardón que conquistó a su vez en los Festivales de Georgia y Hawaii). En el Festival de Valladolid, España, la película se llevó La espiga de oro. Asimismo, la cinta conquistó el Premio a la Mejor Cinta Extranjera dentro del Círculo de Críticos de San Francisco.

 

¿Usted ha rodado con grandes cineastas, Kieslowski, Godard, Téchiné, Malle, Haneke, Boorman, Minghella… ¿Qué tiene Kiarostami de especial, si lo tiene?

 

“Bueno, esta película nació de una amistad. La verdad es que yo no sabía si iba a acabar rodando con él: él es iraní, yo francesa; él solo habla farsi, yo no lo hablo… Me resultaba bastante improbable trabajar con él, aunque adoraba sus películas y además le había conocido precisamente en Cannes, a través de Jean-Claude Carrière. Abbas me pidió que fuera a Teherán, y fui, y comprobé por mí misma, no a través de los medios de comunicación, cómo es ese país, lo hospitalarios que son los iraníes, cómo les apasiona el arte, cómo están llenos de alegría de vivir… ¡En eso se parecen mucho a los italianos! Durante mi visita, se me acercaron tres mujeres que vestían burka, todo de negro de la cabeza a los pies, ¡me empezaron a tocar y a pedir autógrafos y a gritarme: “Hemos visto sus películas”!”.

 

¿Quizá por eso Kiarostami decidió rodar en la Toscana su primera película fuera de Irán?

Abbas se encuentra muy cómodo en Italia, se siente un poco en casa, es el país europeo en el que mejor se siente.

 

En Copie conforme nada es lo que parece. Los personajes se mueven entre verdad y mentira, entre apariencia y realidad… Un poco como en la vida, siempre entre dos orillas, ¿no?

 

“Eso es. Nosotros también mentimos. Aunque la mentira tenga ese componente de culpa tan grande. Sin embargo, fíjese, los niños no le dan tanta importancia a esas diferencias entre crear y contar, entre inventar cosas y decir las verdades. El niño establece la relación entre esos dos mundos de forma natural. Pero perdemos muy pronto esa capacidad, por culpa de nuestra educación, de lo que es malo y lo que es bueno”   -Entrevista a Juliette Binoche a cargo de Borja Hermoso, aparecida en el diario El País-

 

El tema del primer filme rodado fuera de su país por parte del notable cineasta iraní Abbas Kiarostami (A través de los olivos, ¿Dónde está la casa de mi amigo?, El sabor de las cerezas), es sin duda el del fracaso amoroso, un tópico que en la pantalla, se convirtió en una premisa común a partir de los años sesenta, a pesar de algunos antecedentes aparecidos una década antes, por el cine negro en su fase sicótica. De algún modo, Sin aliento (1959) de Jean-Luc Godard, inaugura una suerte de nueva y realista temática, en la que va a prevalecer el nihilismo, la desesperanza, la imposibilidad de las relaciones personales y el triunfo del desasosiego emocional sobre la historia de amor condenada al fracaso.

Los rompimientos románticos, la crisis de la pareja, la vehemencia del amor, sus personajes sumidos en un caos de sexualidad, historias ligadas a sentimientos de culpabilidad, frustración sexual y pérdidas físicas y amorosas, van a permear incluso en toda la obra de varios cineastas intrigantes y portentosos como Marco Ferreri, Atom Egoyan o Krzysztof Kieslowski, entre muchos otros, como lo muestran algunas de sus historias insólitas de fracaso amoroso que van de: La última mujer, Adiós macho a Escenas familiares, Partes habladas, No amarás (Breve película sobre el amor), Azul y Rojo.

No obstante, las cinematografías mundiales acentuaron su pesimismo y su ausencia de redención en torno a la imposibilidad del amor conforme se acercaba el nuevo milenio que hoy vivimos, como una suerte de tema símbolo y fetiche de fin de siglo y de la nueva era, según lo muestran obras tan dispares como: Los amantes del Puente Nuevo de Leos Carax, con Juliette Binoche, por cierto. Happy Together, Deseando amar, o 2046 de Wong Kar Wai, Los amantes del círculo Polar y Habitación en Roma de Julio Medem, o más recientemente, El árbol de la vida y Deberás amar de Terrence Malick.

Lo interesante de Kiarostami, autor de un cine sencillo y poético a medio camino entre la fábula social y el documental, es la sutileza con la que aborda el tema, no sólo para hablar de una situación tan manida y cotidiana, rodeándolo de un interés mayúsculo y de gran complejidad, sino, para trastocar lo que parece un juego de cambio de roles entre un hombre y una mujer, en un drama cotidiano de un matrimonio que intenta recuperar el rumbo perdido. Por ejemplo, cuando la pareja aparece junta por vez primera en el auto de ella, ésta le dice: “sólo estamos dando vueltas sin sentido, avanzando sin rumbo fijo” como alegoría de su propia historia personal.

¿Se trata de una farsa improvisada por esos dos personajes, o más dramático aún?: es la historia de un matrimonio separado. Ella: una vendedora de arte y él, un ensayista inglés de visita en la Toscana para dar una conferencia, quienes se reúnen para evocar/revivir sus quince años de dispareja unión. Hace tiempo que no están juntos, viven en países separados, él no reconoce a su hijo y mantiene un lazo alejado con su mujer. Al principio todo parece una relación de trabajo para después, introducirnos en un una dramática cotidianidad.

Ello, a partir de una suerte de homenaje-relaboración-variante actualizada de un excepcional clásico del cine italiano de posguerra: Viaje a Italia (Viaggio in Italia, 1953), relato de desventura conyugal dirigido por Roberto Rossellini, protagonizado por su mujer la actriz sueca Ingrid Bergman y el actor británico George Sanders. Aquí encarnaban a los Joyce, un matrimonio británico que se dirige a Nápoles, Italia, para finiquitar la venta de una propiedad. Esa visita hace que su perspectiva cambie y afloren los sentimientos del pasado, con pequeños detalles como la visión de los amantes de Pompeya sorprendidos juntos en la erupción volcánica, trastocados en estatuas, o aquella de la procesión religiosa. Se trataba de un relato sobre la ilusión perdida y la decepción amorosa de una mujer, tal y como sucede con el personaje de Binoche en Copia fiel.

Tanto en la película de Rossellini como en la de Kiarostami se hace un retrato de la fragilidad de las relaciones, de las circunstancias cotidianas que van minando las ilusiones y el amor de la pareja, con apuntes sensibles e interesantes. No es casual que Copia fiel haga tanto hincapié en la obra de arte original, auténtica, genuina, como el amor, reproducida en múltiples copias imperfectas algunas, de ahí la escena en el museo para hablar de la Gioconda de la Toscana, bellísima y enigmática pintura de una mujer, que se creía original y resultó una copia.

¿O es que acaso, el espectador se encuentra ante una imaginativa y seductora mujer que acaba de conocer a un hombre, que lo desea y que tiene el valor de conquistarlo? ¿Y él, la desea? ¿La conoce? ¿Hace cuánto que se conocen, una hora o 15 años o tal vez más? ¿Qué sabe de ella? Copia fiel explora los sentimientos femeninos de frustración y de deseo, pero también de esperanza, como sucede en la escena final cuando ella se recuesta en la cama de hotel y le dice que es el momento de estar juntos. Y es que, con este filme, difícilmente una actriz podrá superar el trabajo de Binoche para jugar con los sentimientos más íntimos y profundos, como ocurre en aquella secuencia en la que el escritor le relata la anécdota de la mujer y de su pequeño vástago en Florencia, que al parecer no son otros más que la propia Binoche y su hijo. El rostro de desconsuelo, las lágrimas que ruedan por sus mejillas, representa un momento único y al mismo tiempo una copia fiel de millones de rostros femeninos.

Si en la película de Kiarostami, el diálogo de Binoche con la dueña del café para hablar de los sentimientos de los maridos, o el encuentro con la pareja madura en la plaza –por cierto, él es Jean-Claude Carriere, guionista de los últimos filmes de Buñuel, de Wajda y Zulawski-, o la escena del restaurante donde ella se pinta los labios y se arregla para él, resultan fundamentales, igualmente lo es, la escena de la pareja de ancianos que caminan con dificultad pero uno al lado del otro.

Pero sobre todo como lo muestra la extraordinaria secuencia final, en la que Binoche se despoja de sus zapatos y recarga su hombro en el de él. Minutos después, ella pide les dejen contemplar la habitación donde pasaron juntos su luna de miel en un pequeño hotel. La mirada de él ante el espejo de tristeza y el sonido de las campanas que marcan de forma irremediable un nuevo y quizá el definitivo rompimiento de la pareja, en uno de los filmes más inteligentes, sensibles, sutiles, evocadores y nostálgicos sobre el desencanto y el desencuentro amoroso.

 

RAFAEL AVIÑA

 

Centro Histórico de la Ciudad de México

Martes 29 de julio 2014.

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