LA BICICLETA VERDE (Wadjda, Arabia Saudita-Alemania, 2012)

La bicicleta verde

La bicicleta verde

Dirección y Guión. Haifaa Al-Mansour / Fotografía en color. Lutz Reitemeyer/ Música. Max Richter/ Edición. Andreas Wodraschke/ Diseño de producción. Thomas Molt/ Vestuario. Peter Pohl/ Dirección de Arte: Tarik Saaed/ Con. Waad Mohammed (Wadjda), Reem Abdullah (la madre de Wadjda), Abdullrahman Algohani (Abdullah, el amigo de Wadjda), Ahd (Srita. Hussa), Sultan Al Assa (el padre de Wadjda), Nouf Saad (la maestra de Corán), Mohammed Zahir (Iqbal, el chofer), Alanoud Sajini (Fatin, el intendente de la juguetería)/ Duración. 94 mins.

SINOPSIS

Wadjda es una niña de diez años, alegre, emprendedora y rebelde, habitante de los suburbios de Riad, la capital de Arabia Saudita. Ella vive en un mundo machista y conservador con severas leyes religiosas del Islam, donde las mujeres no pueden conducir un automóvil y a su vez, tienen que cubrirse el rostro, evitar que los hombres las vean y las oigan hablar en voz alta. Por su parte, las adolescentes no pueden pintarse las uñas y verse a escondidas con jóvenes de su edad y peor aún, las niñas suelen contraer matrimonio muy pequeñas y se les tiene prohibido utilizar una bicicleta, ya que además de ser un vehículo o juguete destinado para hombres y niños, corren el riesgo de perder la virginidad. Pese a ello, Wadjda es divertida, le encanta la música oprohibida que llega de los Estados Unidos y a su corta edad, es capaz de enfrentar los límites de todo aquello que está vedado para el sexo femenino en su país. Wadjda suele competir y jugar con su vecino, un pequeño llamado Abdulalh, quien le presta a escondidas su bicicleta, para que la maneje en la azotea donde no pueda ser vista. Un día, la pequeña descubre una hermosa bicicleta verde que cuesta 800 riyales –cerca de tres mil pesos mexicanos-, y decide ahorrar para comprarla, aunque ello provoque la furia de su madre y de su profesora, la señorita Hussa: mujeres atractivas e inteligentes que pese al rechazo que manifiestan por las costumbres misóginas de su país, se ven obligadas a acatar las reglas establecidas. Wadjda elabora pulseras y cobra pequeñas cantidades de dinero por llevar recados, pero lo que reúne no es suficiente para comprar la bicicleta. Por ello, decide participar en un difícil concurso sobre las leyes del Corán, organizado  por su colegio y cuyo premio son mil riyales, poco más de lo que cuesta la bicicleta con la que pretende retar en una carrera a su vecino Abdullah, con quien, en teoría, no debería jugar. En paralelo, su padre a quien ve muy poco, está por conseguir una nueva esposa: una costumbre común en Arabia Saudita. Su bella mujer hace todo lo posible por retenerlo, pero sabe en el fondo, que sólo cuenta con su pequeña y valiente hija Wadjda.

Se trata de la primera película dirigida por una cineasta árabe, que se filma además enteramente en territorio de Arabia Saudita. La bicicleta verde se llevó el premio a la Mejor Opera Prima en el Festival de Los Ángeles y el de Mejor Actriz y Película en el Festival de Dubai. Fue nominada a Mejor Película de habla no inglesa en los BAFTA y en los Spirit Award. A su vez, obtuvo la presea Dioraphte en el Festival de Rotterdam y en el de Venecia conquistó los premios: CICAE, Interfilm y CinemAwenire 

Quería darle al debate intelectual un rostro humano. Una historia que la gente pudiera comprender y sentirse identificada. La película presenta una historia sobre las emociones de un pequeño grupo de personajes. Una niña y su madre y sus vidas dentro de la sociedad. No creo que a los espectadores les apetezca sentarse a ver una película para ser sermoneados. En su lugar, desean asistir a una aventura que inspire y emocione. A pesar de la simpleza de la historia, creo que se integran temas complejos. Para mí fue importante que la historia fuese un retrato real de la situación de la mujer en Arabia Saudita y que los personajes fueran creíbles y reflejasen las maniobras que tienen que hacer para manejarse dentro del sistema.

Una historia que habla de mis experiencias pero también de la de los habitantes de a pie. Fue importante que los personajes masculinos no fueran presentados como simples estereotipos o villanos. Tanto las mujeres como los hombres en la película, están en el mismo barco. Ambos son presionados a actuar y comportarse de cierta manera y también son forzados a lidiar con las consecuencias del sistema, dependiendo de cómo se comportan. Me gustan mucho las escenas de la madre e hija cuando cocinan o cantan juntas. Hay algo muy bello en esas imágenes. 

Yo me crié en una familia muy liberal, que me apoyaba. Recuerdo que cuando era una niña, mi padre me llevó, junto con mis hermanos, a comprar bicicletas y yo escogí una verde. Soy extremadamente afortunada por haber tenido un padre empeñado en que me sintiera digna como mujer, pero mi vida distaba mucho de las historias de mis compañeras y amigas, que jamás hubieran soñado en pedir una. Creo que el corazón de la historia es algo con lo que todo el mundo se puede identificar. La idea de ser tildado como diferente o anormal por querer algo que está fuera de lo que tradicionalmente se considera aceptable. La cultura árabe puede ser especialmente brutal y implacable ante aquellas personas que se salen de lo establecido, así que hay un temor real de ser un paria. En cierta manera, la historia es parte de mi vida y de las cosas que he vivido. Muchas de mis experiencias, junto con la de mis amigos y familia, están reflejadas en esta película.

            –fragmento de una entrevista a la realizadora Haifaa Al-Mansour aparecido en el portal web mysofa- 

Al igual que otros cineastas de oriente medio, en particular los realizadores iraníes, la directora debutante Haifaa Al-Mansour, se ha valido de niños como protagonistas de su película. Sin embargo, a diferencia de cineastas como: Abbas Kiarostami, Majid Majidi o Jafar Panahi, su enfoque resulta más sencillo y cotidiano que político, en su intento por capturar las rígidas e inflexibles leyes islámicas cuya tendencia misógina alcanza ribetes de locura y fanatismo, a través de una suerte de pequeña fábula moral y ordinaria sobre la dignidad femenina e infantil, para cuestionar los absurdos machistas y religiosos. Y ejemplos brutales sobran como la referencia al matrimonio de una pequeña de diez años, el pavor de la madre cuando la protagonista cae de la bicicleta y sangra pensando que se ha roto el himen y sobre todo, la escena de aquel repulsivo albañil que entre risas intenta seducir a la pequeña Wadjda (“Deja que juegue con tus peritas”, le comenta).

Lo curioso, es que lo que narra la directora en La bicicleta verde, está lejos de ser un panfleto maniqueo y excesivo. Incluso existen los personajes masculinos que rompen con el esquema, como lo sería el intendente de la boutique de ropa a donde acude la madre de Wadjda para comprarse un vestido que impacte a su marido, asimismo, el afable dueño de la juguetería que conecta con la niña, el pequeño Abdullah que es capaz de abandonar a sus amiguitos varones, e incluso, el agresivo chofer.

Y es que, la realizadora Haifaa Al-Mansour, ha construido una historia honesta, sin pretensiones y de enorme simpleza pero con muchos niveles de emoción cotidiana que se conectan con el espléndido trabajo de sus mujeres protagonistas, en particular la pequeña Wadjda y su guapa madre, en un colegio donde las estrictas profesoras tienen a su vez que esconderse para recibir de manera clandestina a sus amantes. 

El filme habla de la enorme solidaridad, comunicación y entendimiento que madre e hija tienen y a su vez, de la emancipación que la niña busca en sus juegos, en sus tenis tipo Converse al estilo estadunidense, en su insistencia en escuchar rock y en evitar el velo que debe cubrir su rostro y sobre todo, su fuerza de voluntad para obtener lo que desea; esa recompensa que deviene en una bicicleta verde: metáfora de una liberación femenina adolescente justo en el momento en que queda claro que el progenitor tendrá otra familia. 

La bicicleta verde propone una alegoría acerca de “las voces de todas las mujeres que como yo, quieren hacerse oír, pero sin necesidad de confrontación” –Haifaa Al Mansour, dixit-, en una sociedad que evita la convivencia en público entre hombres y mujeres y en la que éstas, resultan presencias invisibles y sin una voz propia. Sin duda, lo mejor de la película es que, sin sumergirse en la radicalidad religiosa y política del Islam, presenta estos mismos elementos de una manera sutil y cotidiana. Es decir: muestra el control y la represión ejercida por la sociedad y el Estado y un buen ejemplo es aquella escena de las dos jóvenes alumnas del colegio a quien Wadjda se niega a inculpar. Cuando la profesora finalmente las condena en público como pecadoras, una de ellas es rechazada con violencia por otra alumna, cuando se tocan sin querer, ya que la inculpada  ha sido considerada impura, como lo sería toda mujer que rechace el velo o pretenda montar una bicicleta.

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

28 de enero 2014

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