LA COMEDIA DEL PODER (L’ivresse du pouvoir, Francia, 2006)

La comedia del poderDirección. Claude Chabrol/ Guion. Claude Chabrol y Odile Barski/ Fotografía en color. Eduardo Serra/ Música. Matthieu Chabrol/ Edición. Monique Fardoulis/ Dirección de arte. Francis Benoit-Fresco/ Vestuario. Mic Cheminal/ Con. Isabelle Huppert (Jeanne Charmant-Killman), Francois Berléand (Michel Humeau), Patrick Bruel (Jacques Sibaud), Maryline Canto (Erika), Robin Renucci (Philippe Charmant-Killman), Thomas Chabrol (Félix), Jean-Francois Balmer (Boldi), Pierre Vernier (Presidente Martino)/ Duración. 109 mins.

Sinopsis

La acción tiene lugar en Paris, durante el 2005. Ahí, ser jueza de instrucción, significa que es una de las más poderosas en Francia. Ella puede arrestar y encarcelar a quien se le ocurra, buscar evidencias sin advertencia previa, allanar lugares , secuestrar toda clase de elementos, y casi siempre meter la nariz, donde suponga que pueda haber pruebas de abuso de poder, de tráfico de influencias, de malversación de fondos, etc. Los políticos y los hombres de negocios duermen en la misma cama, y Jeanne Charmant-Killman, jueza de instrucción, piensa que es tiempo de que alguien meta mano y cambie las sábanas. Pero los trapos sucios de alguien pueden ser, según el punto de vista de un tercero, o del gobierno, una práctica de rutina. Jeanne es la encargada de desentrañar un complejo caso de corrupción política y malversación de fondos a gran escala. Casada y sin hijos, ordena la detención de Michael Humeau, presidente de una importante corporación industrial, quien empieza a sufrir una severa dermatitis nerviosa durante el proceso, al tiempo que se enfrenta a una compleja red de complicidades. A medida que avanza la investigación y los interrogatorios, se percata de que su poder es casi absoluto. Pero, al mismo tiempo, y por causa de su adicción al trabajo, su vida privada se vuelve más frágil y empieza a desquebrajarse, al crearse una severa tensión con su marido y un acercamiento ambiguo con su sobrino Félix, divorciado y con un hijo. La jueza Jeanne, se apoya en su ayudante Erika: ambas, son un par de mujeres valientes y competentes, que realizan su trabajo profesional con gran solvencia, superando a los hombres que las rodean: un ayudante judicial mediocre, un jefe timorato, un procesado cobarde y frágil, un marido apocado y más. Brillante y obsesiva en su trabajo y prácticamente ausente frente a su situación afectiva, el caso le lleva a plantearse dos preguntas fundamentales: ¿Hasta que punto puede utilizar ese poder sin tener que enfrentarse a un dominio mayor que el suyo? ¿Hasta qué momento, la naturaleza humana puede resistirse al vértigo del poder? El personaje de Jeanne Charmant-Killman, se inspira en el de la jueza Eva Joly, a mediados de los años noventa, protagonista del sonado caso Elf en Francia, la compañía petrolera del estado. Los apellidos de Jeanne significan “encantadora matahombres”.

Lejos de la vertiente clásica, el veterano maestro francés abandona el modelo del típico relato policial o de thriller emocional tan cercano a su filmografía. Demarca muy bien los momentos de suspenso e intriga, sin embargo, el nivel de la trama no es lo más importante, sino sobre todo, el juego de poder que se establece entre protagonistas y antagonistas: es decir, entre la jueza de instrucción y sus acusados. De ahí, sobre todo, su final anticlimático y asimismo, el frío tratamiento de la crítica, para ésta película sobre la podredumbre en las altas esferas del poder, que mantiene un equilibrio punzante e irónico y al mismo tiempo, diálogos inclementes y situaciones muy cotidianas. La comedia del poder participó en el Festival de Berlín, donde fue nominada al Oso de Oro.

“Leí recortes de prensa y obras publicadas en la época en la que se produjo este escándalo. Pero en varias ocasiones me encontré con artículos que ofrecían versiones contradictorias, así que tomaba la que más encajaba con las necesidades del guión. En mi opinión, esto es lo que debe hacer cualquier buen historiador, y es por esa razón que en historia no existe una certidumbre completa…” –Claude Chabrol, director.

 “He intentado poner el acento en el vínculo trágico y cómico entre los personajes, en su derrotero; me preguntaba qué hay de específico en ese derrotero que nos permita reflexionar sobre un mundo contemporáneo que se escapa de la realidad. Es a partir de esa fuga de la realidad que la ficción puede apoderarse una vez más de nosotros para ayudarnos a volver a poner los pies sobre la tierra, haciéndonos reír un poco, si es posible…” –Odile Barski, co guionista.

Aunque en el extremo opuesto de algunas de sus mejores obras de misterio dramático como: La ceremonia, En el corazón de la mentira, La flor del mal, La dama de honor, o Una dama para dos, Claude Chabrol, ese gran maestro de las relaciones obsesivas y el suspenso, escarba de nuevo bajo la superficie de la pequeña burguesía francesa con todas sus mezquindades, temores y secretos, en otro de sus sobrios e intensos relatos de patologías enfermizas y personajes manipuladores en un contexto cotidiano y político. La comedia del poder resulta un drama y al mismo tiempo un thriller con elementos de comedia y de intriga y critica a la burguesía ociosa y enferma de poder, despilfarradora, que viste costosos trajes, veleidosa y vanidosa. La acción se mueve en relación a una idea central: el poder embriaga, ciega y corrompe a las personas. La visión del realizador es pesimista: resulta imposible no caer en esta tentación, la seducción del poder y del dinero. Entre la ironía y la denuncia, la cinta de Chabrol está puesta en los mecanismos del poder en sus distintas esferas: política, económica, judicial y también en lo íntimo y lo personal.

Chabrol realiza su película con el equipo habitual de sus últimas obras y de acuerdo a varias de sus constantes de siempre. Su cine es muy reconocible como sucede con Pedro Almodóvar, Woody Allen, o los hermanos Coen. A pesar de las complejidades de la trama, filma con sencillez y realismo cotidiano y sus diálogos resultan fundamentales: explican y hace avanzar la acción. Son claros y eficaces: “No me importa la imagen de la justicia, sino la justicia” y a su vez, utiliza elementos sugerentes: la dermatitis que sufre Humeau, por ejemplo o los guantes rojos de la jueza: son llamativos y ocultan imperfecciones. Y por supuesto, La comedia del poder se apoya en un trabajo de actuación magnífico, Francois Berléand como el acusado se encuentra notable como siempre y Thomas Chabrol como el sobrino, imprime ese extraño aire de ambigüedad. Pero sobre todo, destaca una vez más, el magistral histrionismo el de su protagonista, Isabelle Huppert, que otorga al personaje la apariencia de fuerza y al mismo tiempo de fragilidad que le corresponde a su papel. No en balde, Huppert ha sido ganadora de la mejor interpretación dos veces en Cannes, en Berlín, un BAFTA inglés, un César, en dos ocasiones también se ha llevado el David di Donatello y dos premios a la mejor interpretación femenina europea, entre muchos otros galardones. Más que por ambición o prestigio, la motivación de Jeanne Charmant-Killman es la obsesión de justicia, algo que no comprenden ni sus acusados, ni sus mismos superiores, que se mueven entre la hipocresía y las apariencias.

Fragmento de entrevista a Claude Chabrol a propósito de La comedia del poder

-En Francia se hacen muy pocas películas sobre escándalos político-financieros.
En los años 70 se hicieron trabajos de denuncia, como por ejemplo las cintas de Yves Boisset. Pero en mi caso, no he querido denunciar acontecimientos que todos conocemos, sino más bien mostrar cuáles pueden ser las repercusiones en el espíritu humano de un poder, sea el que sea, y hasta dónde puede arrastrar a los individuos.

-Da la impresión de que evita emitir cualquier juicio moral en relación con el escándalo. Se muestra mucho más duro con las relaciones entre clases sociales…
 Es el principio del “jefe”: cualquiera puede ser el jefecillo de alguien. Lo que me interesaba en la posición del juez de instrucción, es que -en teoría- es quién tiene todo el poder, mientras que en realidad, el único poder que tiene es el que le dan. Y esa realidad es cierta en todos los ámbitos: el conjunto de los personajes están borrachos de poder, aunque eso no se distinga a primera vista. En cuanto se pone en cuestión su poder, se convierten en marionetas que no saben qué hacer.

Es cierto que al principio sentimos más simpatía hacia la juez. Pero poco a poco, Jeanne nos parece una especie de Robespierre con faldas, mientras que sentimos compasión por Humeau …
 Por supuesto el título de la película también se puede aplicar a: persigue un ideal de justicia, pero el poder que encarna la embriaga. Llega a decir con enorme satisfacción que un juez de instrucción es el personaje más poderoso de Francia. Por el contrario, quería que Humeau resultara bastante patético, sobre todo cuando le descubren inmovilizado en el sillón del hospital… Para mí, la situación ideal es que al final de la película, ambos personajes se apiaden el uno del otro. Es en ese momento cuando comprende la inanidad de todo el escándalo, mientras que él lo comprende a la fuerza, a base de encajar golpes. Se da cuenta de que el poder siempre está entre bastidores y que siempre algún poder por encima del personaje, por muy poderoso que sea…

-Philippe, el marido (Robin Renucci) es un personaje muy complejo…

Es un personaje que se muestra totalmente desesperado a lo largo de la película: no logra recuperar a su mujer porque ella tiene cierto poder, mientras que él tiene que hacer concesiones. Además, se ha casado mal ya que Jeanne es la “hija de la portera”, mientras que él proviene de un ambiente burgués.

Félix (Thomas Chabrol) encarna una especie de conciencia y un hipotético amante para Jeanne…
 Como indica su nombre, Félix es un hombre feliz. Es feliz porque no le preocupa nada y no le interesa la ambición en un ambiente totalmente opuesto. Es un personaje que se parece un poco a Thomas. Y esa peculiaridad es lo que atrae a Jeanne. Por el contrario, él sólo siente afecto por ella y le gustaría ayudarla de verdad. Me gusta mucho ese tipo de relaciones ambiguas que no son sexuales, pero que tienen algo de misterioso.

 

Fragmento de entrevista con Isabelle Huppert

-Jeanne descubre un poco más tarde que no tiene tanto poder como creía.
Y este descubrimiento le duele aún más porque los suyos la abandonan. No sólo se trata de que la máquina contra la que lucha se le resista. La abandonan desde dentro y eso es aún más desgarrador. No tanto por ella sino porque se ponen de manifiesto las relaciones extraordinariamente perversas entre la política y la justicia. De ahí viene su frase al final de la película: “¡Que se busquen la vida!”.

-Sus accesorios están muy estudiados: lleva un bolso y unos guantes rojos y también gafas rosas…
Sus gafas, bastante originales, son un símbolo de autoafirmación y también un toque de feminidad. A ella le gusta representar, a imagen de la teatralidad que se produce en las vistas judiciales. Además, es más fácil imaginarse a un juez bien vestido que a un poli: a diferencia de un policía, el juez no necesita anonimato y se puede permitir el lujo de llamar la atención. Puede mostrar los signos de su poder y de sus certidumbres. Y además, cierta elegancia da a Jeanne la seguridad que necesita ante los hombros que desfilan ante ella.

En La comedia del poder, Claude Chabrol hace cómplice al espectador de su mirada irónica para denunciar los códigos secretos que mueven la relación entre la política y los negocios sucios. A medida que Jeanne, quien viene de un medio social modesto, comienza a atar cabos entre los influyentes socios y sus compinches menores, la notoriedad del caso la catapulta y lo que de inicio parece un triunfo inminente sobre los privilegiados, empieza a adquirir un carácter dudoso. El marido empieza a sentir que vive a la sombra de la esposa rodeada de guardaespaldas y en el personaje del sobrino, ella encuentra una suerte de alivio. Jeanne está obsesionada con la limpieza, tanto en su casa como en la oficina. Odia el polvo, la suciedad, siempre mira debajo de la alfombra. Ella desea ver desde una ubicación demasiado cercana una realidad que sólo puede ser vista a distancia. Piensa que tomando partido por el orden, estará siempre más cerca de la verdad, pero termina intoxicada por esa obsesión. La comedia del poder es la historia de venganza de una mujer, pero su éxito resulta ambiguo.

RAFAEL AVIÑA

Centro Histórico de la Ciudad de México

Martes 29 de octubre 2013

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