EL ANGEL DE MI DERECHA (Fararishtay kifty ros/ L’Ange de l’epaule droite, Tayikistán, Francia, Italia, Suiza, 2002)

El angel de mi derechaDirección y Guion. Jamshed Usmonov/ Fotografía en color. Pascal Lagriffoul/ Música. Michael Galasso/ Edición. Jacques Comets/ Diseño de producción. Maslodov Farosatshoev/ Vestuario. Marina Yakunina/ Dirección de Arte: Jamshed Usmonov / Con. Uktamoi Miyasarova (Halima), Maruf Pulodzoda (Hamro), Kova Tilavpur (Yatim, el pequeño), Mardonkul Kulbobo (alcalde), Malohat Maqsumova (Savri, la enfermera), Furkat Burlev (cantinero), Orzuqui Kholikov (el adolescente de la cabra), Hokim Rakhmonov (Dervish)/ Duración. 88 mins.

 

 

 

SINOPSIS

 

Luego de pasar diez años en una prisión de Moscú, Hamro, un matón violento e intratable, decide volver a su aldea natal en la villa de Asht en Tayikistán, al enterarse de que Halima, su madre, se encuentra a punto de morir y es por ello, que le pide como último deseo convertirse en un hombre de bien y remodelar la casa en la que vive. No obstante, pronto se revela que se trata de una artimaña ideada por el alcalde del pueblo, para que Hamro salde sus deudas. La madre quien decide colaborar en la farsa, se finge enferma y exagera sus dolencias y para ello, se apoya en el propio alcalde, así como en un médico y una enfermera que se prestan a la comedia. Inclusive, se llevan a cabo sus preparativos funerarios. Sin embargo, el asunto se complica cuando le entregan a Hamro al pequeño Yatim, un hijo que engendró sin saberlo. En tanto, la población sigue con recelo al hombre que abandonó a su pequeño vástago y a su madre para probar fortuna en Rusia, muy probablemente como delincuente o como traficante de drogas y ahora, es acosado por acreedores y por Tarzan, el líder de un grupo mafioso. Lo curioso es que Hamro, un hombre egoísta, cruel y hedonista, al descubrir el engaño, no tiene mucho interés en resolver los problemas y las situaciones que crecen a su alrededor. Sólo una combinación de suerte y destino podrían hacer que el joven encuentre su camino en la vida y descubrir que lo único y lo mejor que tiene, es el amor incondicional de su madre y de su hijo a quien nunca conoció. Hamro está a punto de descubrir o de rechazar al ángel de su derecha.

 

El ángel de mi derecha compitió en la Selección Oficial de Cannes. Fue ganadora del Premio al Mejor Director Debutante en el Festival de Angers, Francia. Premio Fipresci “Por su auténtica visión de la sociedad” en el Festival de Cine de Londres. Premio al Mejor Actor y Premio del Jurado Ecuménico en el Festival fílmico de Bratislava. Presea Silver Screen al Mejor Director Asiático en el Festival de Cine de Singapur.

 

 

“Existen dos historias que son el origen y el corazón de El ángel de mi derecha: de acuerdo con una antigua leyenda islámica, todos tenemos dos ángeles invisibles, uno en cada hombro. El ángel de la derecha escribe todas nuestras buenas acciones y en tanto que el ángel de la izquierda toma nota de los malos pensamientos y acciones negativas. En el día del juicio, los hechos buenos y relevantes y las acciones incorrectas serán sopesadas en la Balanza de la Justicia y es entonces cuando se determina si la persona debe ir al cielo o al infierno. En mi país, éste relato se les cuenta a los niños para motivarlos s convertirse en buenas personas. A mí me dejó marcado para siempre, tanto que mi próxima película hablará sobre el ángel de la izquierda –Para llegar al cielo, primero debes morir (2006)-. Asimismo, otra historia verdadera que también me impactó mucho, es la del poeta Attar, que vivió en el siglo XIII. Attar llevaba una vida cómoda y tranquila como boticario en la aldea de Nishapur, antes de convertirse en poeta. Sin embargo, un día, después de que se rehusó a dar una limosna a un mendigo, éste le dijo que a pesar de que estaba agobiado por la pobreza era inmensamente rico en otros aspectos y que no necesitaba llevarse al otro mundo ninguna posesión material. Luego de haber dicho esto, el hombre se recostó en la tierra invocó a Dios y murió. Conmovido por el hecho, Attar renunció a su vida confortable y se volvió poeta y vagabundo” –palabras del realizador Jamshed Usmonov, licenciado en la Escuela de Bellas Artes de Dusambé, capital de Tayikistán y egresado de la Escuela de Cine de Moscú-

 

 

Pese al impacto de Hollywood y a la evolución de fuertes industrias fílmicas como la japonesa, la francesa o la británica, el inicio del nuevo milenio mostró el vigor de  cinematografías marginales. Así, países como Irán, China, Corea, Tayikistán, e incluso el nuevo cine mexicano independiente, han llamado la atención de la crítica y de los Festivales internacionales, enfatizando en su sencillez, sus carencias como nación y como industria, o en sus propuestas naturalistas visualmente atractivas, unidas a sus peculiares tradiciones y cultura. El ángel de mi derecha, escrita y dirigida por el joven debutante tayiko, Jamshed Usmonov (1965) uno de los realizadores más importantes de la cinematografía persa, ubica su historia en la propia aldea natal del realizador, Asht, en Tayikistán, país de Asia Central, ubicado al este de China y al sur de Afganistán, al norte de Kirguistán y al oeste de Uzbekistán. Se trata de una de esas pequeñas naciones que recuperaron su independencia del bloque soviético a principios de los noventa. Ello, en un relato que tiene todo para cautivar a las paternalistas cinematografías de occidente.

No faltan aquí, los pintorescos contratos verbales donde se regatean precios y condiciones, seguidos de vigorosos apretones de manos. Tampoco, el retrato costumbrista de una provincia adormecida, en una aldea cuya máximo acontecimiento es el pobretón cinito local, o las tradiciones funerarias que se transforman en un exotista ritual. Como en toda sociedad empobrecida y cerrada, la fuerza bruta está por encima de la razón y las mujeres aceptan su condición de objetos o de seres de segunda, responsables de las labores domésticas mientras los hombres beben, pelean o hacen uso de su sexualidad en el momento que lo deseen.

Por supuesto, como en toda película de una cinematografía marginal que se precie de serlo, no puede faltar el infante de rigor. El niño de mirada inocente, víctima de las circunstancias y en buena medida, responsable directo de la redención del o los protagonistas, que en muchas de las ocasiones consigue transformar la vida de quienes lo rodean o engendran. Y ejemplos en cinematografías marginales sobran: El globo blanco, Luna papa, El color del paraíso, Niños de Kosovo, Ni uno menos, todos, espléndidos relatos alejados de la melcocha hollywoodense.

       La cinta fue filmada en el invierno con un propósito especial según indica el realizador, ya que ésta es la época más dura del año y la desesperación más visible, que es justo lo que se quería proyectar. El protagónico resulta un reflejo de los problemas de ese momento de la sociedad tayika que ha enfrentado varias crisis sociales, económicas y políticas a raíz de las guerras civiles a lo largo de una década, como lo explica el crítico Carlos Bonfil: “…Relato sobre la pérdida de valores espirituales en la sociedad surgida del colapso de la Unión Soviética. Hamro pertenece a una clase, nada nueva, pero ya muy avezada, de oportunistas y vividores profesionales -los mercenarios del nuevo orden, con ambiciones de crear una mafia local, semejante a las de Rusia, sometiendo la voluntad de sus conciudadanos. Todo a la escala de un pueblo muy pequeño, donde persisten las tradiciones seculares y la creencia de que todo hombre, por perverso que sea, tiene siempre un ángel a su derecha que consigna sus buenas acciones, facilitándole el ingreso al cielo”.

 

En El ángel de mi derecha, todo el peso de la trama se concentra en la llegada de ese violento y machista personaje que es Hamro a su pueblo, luego de una larga estancia. Su regreso, obedece a la enfermedad de su madre, moribunda en apariencia. Y cuando parece que él hombre está a punto de enmendarse, regresa a sus viejos hábitos al enterarse del engaño, sin embargo, el hijo que desconoce, el amor de su madre y la docilidad de una bella enfermera, provocan un cambio de actitud sin inclinarse jamás por un final feliz, que resulta aquí más bien ambiguo.

Con aportes que van de la riqueza interpretativa del niño a las actuaciones naturalistas a cargo de actores no profesionales -varios de ellos parientes del realizador, como lo es el propio protagonista, hermano del director Usmonov-, o escenas curiosas que informan, además de la pobreza y limitantes de aquel país, sino del racismo de que son objeto en Rusia (la secuencia inicial en el taxi, por ejemplo), o la tradición del escarmiento popular, El ángel de mi derecha resulta una película agradable e interesante que intenta equilibrar sus apuntes humanos y cotidianos.

Más allá de la aparente falta de pericia del director para enlazar las vidas no sólo de Hamro y el niño, sino de los otros personajes femeninos importantes como sería la madre, Halima y la hermosa Savri, la enfermera, se trata de un relato sin pretensiones y atractivo cuyo mayor mérito se encuentra en su sencillez y en su belleza poética que se desprende de las escenas cotidianas en esa su intrigante mezcla de drama y comedia, que permite asimismo, conocer casi desde un punto de vista mitad ficción, mitad documental, un poco más de una cinematografía prácticamente inédita que ha ofrecido títulos relevantes como: Luna papa (Bakhtiyar Khudojnazarov, 1999) o Sexo y filosofía (Mohsen Makhmalbaf, 2005).

 

Rafael Aviña

Centro Histórico de la Ciudad de México

Tarde lluviosa del 26 de agosto de 2013

 

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